N/A: ¡Ciao!
Debido a la inclusión de Sweden/Suecia (Berwald) en este fanfic y para mantener la fidelidad a este personaje, he decidido hacer que el hombre hable tal y como lo hace en el anime y, dado que es muy dificil de entender, he decidido daros una pista al principio del capitulo para que entendáis lo que Berwald diga.
Como entender el lenguaje de Berwald
-Cada ' es una vocal. Esto se debe a que habla muy rápido. y solo la última vocal de cada palabra de puede escuchar de su boca.
**Ejemplo: -H'la - Hola
-¿H'go c'fé T'no? - ¿Hago café Tino?
Por deducción, y dado que el sueco habla poco, claro y directo, entenderéis sin problema todas sus frases.
Dicho esto, os dejo leer sin interrumpiros más~
Ojalá os guste~
Capitulo 2 - Una sonrisa que nunca desaparece
Por más que lo intentara, los recuerdos de todo lo que hice aquella noche nunca volvieron a mi mente.
Recuerdo...recuerdo el momento en el restaurante. Las miradas distantes que recibía de todos los clientes del local mientras acaparaba la atención de la camarera que se había asustado porque caí de la silla entre gemidos de dolor. Recuerdo los estremecedores sonidos de la calle. Recuerdo como estos me golpeaban la mente de tal manera que parecía que estuvieran insertando una estaca gigantesca por cada uno de mis oídos. Recuerdo haber visto la espalda del noruego alejarse lentamente, ignorando mis alaridos de dolor y mis suplicas. Recuerdo que ni siquiera se giró para verme...y aquello realmente me destrozó el corazón, la mente y aquella pequeña parte del cuerpo humano que contenía la racionalidad que nos diferenciaba de los animales.
En aquel momento lo perdí todo, incluso a mi mismo.
Todo era tan confuso...Al igual que las lagrimas surgían de mis ojos helando mis mejillas, los recuerdos venían a mi mente abrazándome en mi soledad. Ninguno de los recuerdos malos de la relación entre Lukas y yo vino a mi mente en aquellos momentos. Ninguno, y eso que hubo bastantes. Solo recordaba los momentos en los que el rubio sonreía a mi lado y me decía "te amo". Solo recordaba los momentos felices que vivimos en nuestra alocada relación que, o por lo menos solo yo, pensábamos que iba a durar para toda la vida. ¿Y por qué no? Ambos eramos jóvenes y nos amábamos. A pesar de que ambos ya habíamos tenido relaciones de amor fallidas en nuestros pasados sentíamos que aquella iba a ser la última y que tendría un final feliz. Pensábamos que seríamos tan inseparables como Berwald y Tino que, a pesar de ser los dos polos más opuestos del universo y de que Tino apenas tenía los diecisiete años, vivían juntos y se habían casado, no legalmente claro. Siempre pensemos que seríamos inseparables como ellos dos. Pero, si ambos pensábamos eso, ¿por qué sucedió aquello? ¿por qué me dejó solo en aquel lugar donde teníamos tantos recuerdos buenos depositados?
Quizás a la mayoría de la gente no le pueda parecer correcto lo que hice aquel día, quizás aquella tarde debería haber llamado a alguno de mis amigos para que me recogiera en la cafetería aquella mañana o simplemente, debí de haberme quedado quieto en aquel lugar hasta que mi corazón se hubiera repuesto del shock y las ideas de mi mente se hubieran ordenado.
Pero, como cualquier persona de este alocado mundo, me levanté dispuesto a luchar por aquello a lo que amaba. ´
A través de la cortina de lagrimas que empañaba mi rostro pude ver las letras que escribía en mi teléfono móvil. Aunque supiera que de poco serviría, me encontraba enviando un SMS al chico rubio por el cual mi corazón latió con fuerza durante aquel entonces. El mensaje era corto, pues nunca se me ha dado bien expresar mis sentimientos por más seguro que estuviera de que los sentía. Quizás aquello también fuera una de las causas por las que nuestra relación falló...
Como imaginé, no recibí respuesta de Lukas, y eso enloqueció más la rabia de mi interior. ¿Cómo podía dejarme y encima ignorarme como si nunca hubiera existido? En aquel entonces solo pensaba que debíamos de estar juntos para siempre, que tenía que haber una manera de que el noruego me perdonara y de que olvidara a la supuesta persona de la que se había enamorado mientras salían juntos.
Mientras el sol brillaba en el cielo, caminé de lado a lado de la ciudad, sin vida, dejándome arrastrar por la multitud apresurada que se apelotonaba en las aceras. Me encontré siendo zarandeando y obligado a avanzar a base de golpes que la gente le propinaba al pasar por su lado deseosa de llegar a algún lugar en especial donde deberían de estar en breve. Pero aquello a mi no me importaba. Realmente estaba ajeno a todo lo que transcurría a mi alrededor. En mi mente solo había espacio para Lukas y para el dolor de haberle perdido. Solo Lukas, el dolor y la vocecita que me impulsaba a mandarle SMS cada diez minutos esperando que se cansara de fingir que no existía.
Pero Lukas no contestó y la noche calló en la ciudad logrando que las calles por las que caminaba en solitario fueran abandonadas por las ajetreadas personas que ahora descansaba en sus casas, seguramente con sus parejas, sus amigos o sus familias. En cambio, yo estaba completamente solo. ¿A quién iba a recurrir? Mis amigos eran los mismos que los amigos de mi expareja, mis padres ya no se encontraban en este mundo y en mi casa ni siquiera me esperaba una triste mascota que me hiciera compañía en la primera noche de agonía a la que se sometería mi mente, mi cuerpo, mi corazón y mi alma.
Quizás no debí hacer aquello, quizás nunca debí entrar en el bar y pedir a gritos una jarra de cerveza alemana. Quizás no debí de haber intentado buscar los problemas en el fondo de la jarra de dorado licor que el hombre me tendió con una falsa sonrisa comercial. Pero lo hice, y el pasado nunca se puede cansar. Lo hice y luego busqué la felicidad en otra jarra. Y en otra...y después, en otra más...
Sin darme cuenta me entregué al alcohol directamente, sin pegas, como si fuera la medicina que curaría mi dolor. Me encontré ahogando mis penas en aquel licor tal y como había visto en demasiadas películas de tarde norteamericanas. Para ser exactos, incluso tenía un triste cigarrillo consumiéndose entre mis labios entre trago y trago, aumentando más mi aspecto melancólico.
Pero había algo que rompía ese aura triste que emitía. Algo que no encajaba en aquel momento. Sonreía. Sonreía como un poseso. Como si estuviera pasando el mejor momento de mi vida. Yo solamente me dedicaba a sonreír. Y no era cosa del alcohol, era cosa de mi personalidad. Desde que salí de la cafetería que me encontraba sonriendo, aunque por dentro mi vida se estuviera desgarrando y aunque las lagrimas cayeran sin parar de mi rostro.
Viera quien me viera, en aquel momento pensaría que lloraba de felicidad.
Mi sonrisa siempre ha sido una mascara en la que me rehuía de los problemas. Siempre ha sido el motivo por el cual la gente nunca me tomó, toma ni me tomará en serio. Siempre he sonreído ante las desgracias y la adversidad. Sonreí el día en el que murieron mis padres. Sonreí el día que mis tíos me echaron a la calle con doce años. Sonreí el día en el que mi primer amor me dijo que se había cansado de mi y que prefería a uno de sus amigos antes que a él. Y me encontré sonriendo el día en el que Lukas también le dejó por otra persona. Siempre sonreí, para proteger mi corazón del dolor.
El barman acabó cerrando el local antes de que yo me cansara de beber así que decidí buscar algún local que vendiera alcohol a aquellas horas y le ayudara a embriagarse de aquella inquietante felicidad que el alcohol le proporcionaba.
Y eso, es lo máximo que llego a recordar de lo que pasó aquella noche.
Durante mucho tiempo traté de recordar lo que pasó en aquel momento, pero no lo recordé nunca. Quizás nunca lo recordé por el echo de que ingerí exageradas cantidades de alcohol aquella noche o quizás fue por el echo de que mi subconsciente decidió borrar los recuerdos para librarme del tormento que sería recordarlas. Quizás, nunca llegue a recordarlo, pero esta bien, quizás el no conocer todos los datos exactos de la historia sea lo mejor...
Sea como sea, lo siguiente que recuerdo después de que el hombre cerrara el primer bar que pisé aquella noche fue una silueta rodeando mi cuerpo con sus duras manos de piedra para recogerme del frío suelo en el que me encontraba tendido.
-¡Ber...!-gritó una voz aguda despertándolo de su ensoñación.
¿Dónde estaría...? Aunque su curiosidad por descubrir el origen de la voz conocida le remordían la curiosidad, el danés siguió con los ojos cerrados mientras se centraba en controlar el inmenso dolor que se avecinaba sobre su mente. No era el típico dolor de los resfriados, el típico dolor que nacía en los costados de la frente y que recorría esta en su totalidad. No era aquel tipo de dolor, era de otro más intenso. Era de aquel tipo de dolor que nacía en la piel y que se introducía a la fuerza hacía el fondo de su cerebro, desgarrando su mente al completo.
Sentía que una fuertes manos le sujetaban por la espalda manteniendolo en el aire. Seguramente estaba en los brazos de alguien, cogido a volandas para evitar que se cayera. Sin abrir los ojos todavía, ni hacer ningún gesto, adivinó de quien eran las manos. Solo él era capaz de mostrar su cuerpo tan rígido y reacio, pero al mismo tiempo, cálido y agradable.
-Me lo 'nc'ntré 'sí c'rca de 'n c'nt'n'dor de b's'ra...-anunció la voz del hombre que lo sujetaba. El chico hablaba a una velocidad extremadamente rápida, cosa que confirmó sus sospechas sobre quien le sostenía en aquellos momentos.-R'alm'nte, d'b'ó de 'nc'jar m'l la r'pt'ra...-abrió los ojos despacio al oír esas palabras. ¿Ruptura...? Ah si, claro...Lukas le había dejado el día anterior...
El pensar en Lukas le provocó un nudo en el estomago que le hizo suspirar mientras sentía en su espalda el agarabale contanto de un colchón y unas cálidas sabanas sobre este.
Acostumbrándose a la luz del día que se filtraba por la ventana de la habitación, distinguió a su menudo amigo finlandés que le miraba de arriba a abajo con una expresión asustada en el rostro. Débilmente, le dedicó una sonrisa para enviarle un mensaje de tranquilidad mediante esta.
-¡Søren!-exclamó el menor lanzándose a sus brazos.-¿Estás bien? ¿Cómo fuiste tan idiota de irte de fiesta? ¡Podrías habernos llamado a mi y a Ber! ¡DIOTA! Nos tenias muy preocupados ¿Sabes?-el cuerpo del menor se abrazo al suyo afectuosamente ignorando el dolor que sentía en todo este.
-Yo...
Tino siempre fue así. Siempre se preocupaba por los demás de manera exagerada, sobretodo si se trataba de alguien de los nordic five, a los que consideraba como sus hermanos mayores. Se sintió culpable. Demasiado. Seguramente el finlandés no había dormido en toda la noche preocupado por lo que le estuviera pasando a él y, seguramente, el sueco se había pasado la noche recorriendo la ciudad de punta a punta buscándolo antes de que cometiera una locura que no recordaba si la había echo o no.
Lukas habría llamado a sus dos amigos contándoles lo ocurrido y alarmandoles de lo que podía ocurrir aquella noche. Tino, como siempre tan dulce y preocupadizo, habría convencido a Berwald para que le encontrara y este seguramente había pasado la noche en vela.
-Yo...lo siento...-susurró mientras revolvía los cabellos suaves del menor entre sus manos y le dedicaba una gran sonrisa mientras dos lagrimas se escapaban de sus ojos.-Lo siento...
-Sør...
-Realmente siento ser tan estúpido...-las lagrimas recorrían su rostro mientras atraía más el cuerpo de Tino para sentir su calidez y dejar de sentir ese sentimiento de soledad que asolaba su corazón. Pero, aunque no pudiera parar de llorar, la sonrisa del danés no desapareció de su rostro.- Por mi culpa...os habéis preocupado tanto...
-Siempre cuidaremos de ti...-protestó el finlandés correspondiendo al abrazo.
El danés fue a responder cuando sintió un abrazo rudo y violento, pero a la vez tan cálido y cariñoso, proveniente de su espalda. No le hizo falta girarse para darse cuenta que el sueco también le estaba abrazando. Por más duro que el chico pareciera, Berwald era un cacho de pan que, a causa de su aspecto y de su forma de hablar tan espeluznante, parecía una persona tosca y seca.
-S'empre...-susurró el sueco en su nuca mientras le abrazaba.
-Chicos...-sollozó el danés en el abrazo.-Gracias...
En aquel momento mi sonrisa no fue falsa. Realmente sonreí de felicidad en cuanto me di cuenta de que no estaba solo y de que podía contar con aquellos dos para todo lo que fuera, ya que, ellos dos eran mis amigos y nunca iban a dejarme solo en un momento como aquel. Me di cuenta de que podía confiar en ellos y de que sus abrazos eran mucho más cálidos y reconfortantes que una jarra de dorado licor.
En aquel momento, disfruté de la última vez que vería juntos a aquellos dos chicos dándome todo su apoyo...
N/A: Espero que os haya gustado nee~
!Ah! Y gracias a los que me escribisteis por los reviews~ aunque no lo parezca cada review me anima a continuar y encontrar seis de golpe poco después de haber escrito un minicapitulo me puso eufórico *^*
Marina, amor mío, me meo contigo xDDD "Den, pinche pendejo...sufre~" XDDDDD Nunca pensé que acabarías escribiéndome eso en un review xD Que sepas que este fic lo escribo solamente para tu retorcido disfrute, que yo me conformaba con un NorIce o IceNor xDDD
Y prometo que Denmark no sufrirá mucho más~ pero un poquitín si, vale le voy a hacer sufrir mucho DDDD: ¡Pero no es culpa mía! Jo... Es que les voy a hacer sufrir a todos...-modo Rusia- Quiero ver como sufren bajo el poder de mi retorcida mente...quiero verles...haciendo el amor (?) :/3 xDD
Bueno, espero que sigáis leyendo para que me podáis comentar los fallos ¿ne? Que yo ya sé que no soy perfecto en esto de escribir y necesito vuestra ayuda para mejorar u/ú
¡Sayounara!
Capitulo 3: Es mejor olvidar.
