¡Men Backers: ¿Makubex y Ban?

Plot: Ban y Ginji pelean por dinero, así que Ban decide terminar con los Get Backers y formar los Men Backers junto a Makubex! ¿Qué hará Ginji ahora…?

Disclaimer: ¡¿Por qué no son míos los Get Backers?

Capítulo 2. Pobre Ginji.

Hola! Gracias por seguir leyendo "La historia que está destinada al fracaso por no ser Yaoi"! Así es, ya hasta le cambié el nombre ¬¬

Bueno, sólo espero que esta vez, la página pueda interpretar mis cambios de escena, (lo intenté de todo para que se notaran y no lo logré!)

Pues me callo, lean: n.n

— Mis últimos cien yenes. — Ginji Amano, el antiguo Emperador Relámpago de la Fortaleza Ilimitada que se alzaba en Shinjuku, miró con tristeza las monedas que le quedaban de la penúltima recuperación que hizo con Ban; con esto me refiero a la que hicieron antes de la de la concha de los cinco millones que Ginji rompió por negligente… Por no decir otra cosa. Y hablando de eso, los clientes del trabajo de recuperación de la concha se encontraban sentados en una de las mesas del Honky Tonk, con las manos extendidas, y una furia interna que les desfiguraba las facciones a pesar de querer ocultar sus sentimientos. — u.u… Aquí tienen, señor y señora Shibata.

La pareja de clientes, quienes contaron su historia romántica a partir de esa legendaria concha (la cual quisieron tomar al mismo tiempo y así fue como supieron que era amor verdadero, según sus nervios), miraron a Ginji como si fuera inverosímil.

— ¡¿Y qué se supone que es ESTO? — exclamó el señor, más furioso que triste, a comparación de su esposa.

— Es una parte del dinero que les debo por… la concha. T-T — Ginji aguardó.

Después de eso, todo se volvió confuso. El señor Shibata enloqueció y salió hecho una furia, después de lanzarle los restos de café frío a Ginji. Natsumi se apresuró a limpiar el desastre, pero Ginji tuvo qué pagar los platos rotos, literalmente.

Ginji se sintió asfixiado, tenía tanto qué pagar… Además de la concha y la vajilla, todavía no recuperaba el Subaru 360. — ¡Paul-san, eres muy malo! — le recriminó, media hora después, con la cabeza sobre la barra del Honky Tonk, y ya empezaba a encontrarla cómoda. — ¡Estoy en medio de una crisis y no te compadeces de mí! ¡Al menos déjame dormir aquí esta noche, sobre el suelo!

— Ginji… -_- u — Paul le habló en un tono de decepción.

— Qué patético.

— ¡Shido-chan! — Ginji recuperó sus energías al ver entrar al antedicho junto a Kazuki y, de paso, Juubei. Chibi-Ginji corrió hacia ellos con las mejillas encendidas y la mirada decidida, luego saltó hacia Fuyuki, pero se quitó de en medio y Ginji se estrelló contra Kazuki. Los cascabeles volaron… — ¡Kazu-chan! ¡Gomen ne! u.u

— No te preocupes, Ginji-san, esas cosas pasan… — dijo rápidamente Kazuki, con una sonrisa amable mientras se colocaba los cascabeles que Juubei le recogió.

— No… ¡Sólo me pasan a mí! — Ginji se dejó caer sobre una de las sillas con el semblante entristecido, como la última vez que lo vieron en el parque y junto a la fuente; Shido decidió que no tenía humor para pasar por eso de nuevo, así que actuó impulsivamente, como quien cede ante el berrinche de un niño, incauto, y se sacó del bolsillo la cartera. - ¿Shido…?

— ¡TOMA! Tus cinco millones. — Shido puso el dinero sobre la mesa, sintiéndose triunfal; digno de admiración y alabanza por los sucios mortales.

— ¿Qué? ¡No puede ser cierto, Shido! — exclamó Ginji, esperando a estar seguro para desbordar su alegría.

— Shido-san… —- le dijo Kazuki, como en una especie de advertencia. Pero Shido ya había hecho su acto altruista, y no dejaría que nadie lo hiciera retractarse, él era una persona admirable. ¿Qué significaba el dinero para él? ¡Absolutamente nada! Él podía vivir entre los animales más salvajes de todos, pero no solamente entre ellos, sino como ellos. La mimesis de las bestias le confería un don poco común: el instinto animal, ¡la supervivencia del más apto! Prescindía de la cosa más vana de todas, la que él más aborrecía: el dinero. El causante de la avaricia y la envidia que terminaban con la pureza humana. Una bestia salvaje como él no entendería jamás la necesidad del dinero. — Shido — intentó Kazuki una vez más.

— ¡Cállate, Kazuki, ¿o qué, no quieres que Ginji deje de sufrir? No se diga más, Ginji Amano: Ve con tus clientes, y págales este dinero. — Shido adornó su acto con palabras alentadoras.

— ¿En serio, Shido-chan? — los ojos de Ginji estaban brillantes, enormes y desfigurados. — ¡GRACIAAAAS!

— ¡No, nada de abracitos! ¡Vete!

— ¡SÍ, ESO HARÉ! — Ginji se fue rápidamente, radiante de felicidad.

— n.n — Kazuki volvió a hablar hasta que ya habían dejado de sonar las pisadas de Ginji, calle abajo. Paul siguió preparando café y Natsumi quedó encantada con la bondad de los amigos de Ginji. — Me alegra que lo hagas feliz.

— También me hace feliz no tener qué verlo más — dijo Shido, sentándose para beber su café.

— n.n

— ¿Qué te pasa, Kazuki? Estás mirándome muy extraño… -_-U

— n.n… Shido-san, ese dinero que le diste a Ginji era el que Madoka te dio para que pagaras las cuentas de la casa. n.n

— …

— n.n

— ¿Qué…?

—: D

— ¡MALDICIÓÓÓÓÓÓÓN!

Ginji fue muy feliz ese día, pero solamente ese día. Después empezó a notar que Shido se la pasaba en el Honky Tonk a todas horas: entraba silenciosamente, se sentaba en la barra y se quedaba ahí, sin pedir nada. Su actitud claramente expresaba que tenía algún problema con Ginji, pero que no se lo diría hasta que el mismísimo rubio se lo preguntara específicamente; sin embargo, Ginji no quería ser imprudente metiendo la cuchara donde no lo llamaban, no quería causar más molestias, de por sí.

"Qué tierno, quizás quiere que le de algunos consejos sobre Madoka-chan pero le da pena preguntar n.n" pensó el ingenuo recuperador eléctrico, cuando lo vio enfurruñado sentado frente a Paul, quien se había cansado de insistir y ofrecerle café después de tres días con la misma rutina silenciosa, pero ya estaba determinado a poner un letrero que dijera: las sillas son sólo para los clientes. La verdad era que Shido empezaba a poner nerviosos a los clientes.

Ginji fue a sentarse donde siempre, y empezó a doblar una servilleta para hacer un barquito.

— ¡Bienvenido, Ginji-san! — dijo Natsumi, alegremente. — Ayer en la noche vino a buscarte Emishi-san, dijo que era urgente… Además…tienes suerte, Hevn-san vino a buscarlos ayer para darles un trabajo, ¡por fin tendrás dinero y podrás sacar el Subaru, viva!

— ¿"Buscarlos"? — Ginji recordó que Hevn seguramente no sabía nada sobre el desmembramiento de los Get Backers, y al recordarlo, la anguila parlante se derritió sobre su silla y se escurrió hasta el piso.

— ¡Ginji-san, lo siento! ¡No me acordaba! T-T

— Olvídalo, Natsumi-chan— reconvino Ginji. Se condensó de nuevo a un cuerpo normal y dio un saltito. — ¡Supongo que yo solito puedo hacer un trabajo de recuperación! ¿Quién necesita a Ban-chan?… — de pronto un resumen de todos los trabajos que habían hecho juntos le cruzó por la mente a velocidad luz, y se dio cuenta de que la mayor parte del trabajo era hecha por Ban. — ¡Ban-chaaaaan! ToT

— ¡¿A dónde vas, Ginji-san? — exclamó Natsumi, preocupada.

— ¡Voy a ocultarme! ¡Jamás en mi vida seré lo suficientemente bueno como para hacer un trabajo de recuperación solo! ¡No QuieRo MoRiR! ¡Nooooo!

— ¡Cálmate, Gin-san, ni siquiera has visto a Hevn aún como para ponerte así! — Natsumi trató de detenerlo y pidió ayuda de su jefe, pero a Paul le dio igual y siguió leyendo su interesante periódico. En medio del forcejeo de la camarera y el recuperador, la campanilla avisó de que la puerta había sido abierta por un posible cliente, y todos los antes mencionados (quienes eran los únicos ocupantes por el momento del Honky Tonk), se volvieron para ver a la exuberante señorita intermediaria.

Natsumi se apresuró a darle la acostumbrada bienvenida, alistándose y soltando a Ginji como si fuera una niñita bien portada que no mataba ni a una mosca, mientras Ginji aprovechó para escurrirse e irse a ocultar tras el menú de una de las mesas con el semblante pálido. Shido Fuyuki, por su parte, se levantó con decisión. Todos lo miraron como si fuera un mueble que de repente se levanta y resulta que tiene vida propia, pero las maravillas no acababan ahí: después de tantas horas que pasó sentado en el Honky Tonk, siendo parte de la decoración, el domador de bestias habló.

— ¡Lo tomo!

— -_- U

— ¿Qué tomas? — preguntó Hevn, girando hacia él y golpeándolo con su larga cortina de cabello rubio. Shido se cohibió por la atención recibida de golpe, que dejó el lugar más silencioso que un museo de arte abstracto mientras todos tratan de adivinar lo que interpretan las obras, y se sintió inspeccionado y violado. Hevn le sonrió para transmitirle confianza, pero eso sólo empeoró la situación para él, quien ni siquiera era capaz de regresar un gesto tan sencillo y mundano como una sonrisa. Sin embargo, le contestó atropelladamente:

— ¡El trabajo de recuperación que viniste a ofrecerle a Ginji!

— ¡OYE, SHIDO! — Ginji salió de su lugar secreto. — ¡No puedes tomar MI trabajo, MI trabajo que usaré para PAGARTE!

— Si mal no recuerdo, USTED no quería el trabajo en primer lugar — lo acusó Shido frente a Hevn, ¡y eso era traición!

— ¡No es cierto!

— ¡Claaaro que sí! ¡Dijiste que morirías y que no estabas listo! ¡Pues bien, YO SOY PROFESIONAL, tomaré el trabajo que Ginji despreció, y no sólo eso, si no que LO HARÉ TAAAN BIEN, QUE JAMÁS EN LA VIDA QUERRÁN CONTRATAR A NADIE MÁS! ¡YO SOY GET BACKERS!

—… ¿Qué le sucede…? ¬¬U

— ¡JAJAJAJAJAJA…!

— Eso nunca, Hombre Mono, el trabajo ya es nuestro. — una voz arrogante lo trajo a la tierra nuevamente, pero también lo dejó confundido.

—… ¿Eh…?

Shido se volvió y se topó con su Némesis: Midou Ban.

"El Señor Desaparecido". Y sonreía como si nada hubiera pasado, como si no hubiera dejado a Ginji a su suerte, siendo el rubio un ser indefenso y torpe que no podía valerse por sí mismo en el mundo; primero se los arrebataba de la Fortaleza, donde todos se sentían perdidos sin él, y cuando finalmente habían empezado a digerir que Ginji Amano era mucho más feliz y útil al lado de Ban, y como recuperador, el cabeza de serpiente simplemente se enojaba por DINERO y desechaba a Ginji como un enorme pañal venenoso y tóxico del que ya nadie quiere hablar, ni recordar que alguna vez supo de él, para no traumarse.

Su sonrisa de perfecta suficiencia no estaba alterada por ninguna clase de remordimiento, ni siquiera del más profundo e imperceptible… ¡Y esa maldita cabeza en alto! ¡Cómo lo detestaba Shido!

Pero… ¿qué demonios?... Midou Ban no venía solo: a su lado estaba parado nadie menos que Makubex…

La ira crispó sus nervios.

Quizás estaba en estado de choque, pues no creía que pudiese estar pensando tantas cosas cuando lo que quería hacer era lanzarse a él y destruirlo, y borrarle de la cara esa sonrisa inamovible que tanto lo frustraba y lo desesperaba. ¿Por qué Makubex estaba fuera de la Fortaleza, y acompañando a MIDOU BAN? ¿Qué no se daba cuenta de que Midou deseaba la destrucción de las personas inocentes de la Fortaleza, dejándola cada vez sin su líder? Jamás había pensado que Midou tuviera qué ver con la Fortaleza Ilimitada hasta ahora, cuando ocurrencias desfiguradas por las emociones destruyeron su sentido común, e imaginó que el largo plan de Ban estaba alcanzando su meta: ¡librarse de la competencia dentro de la Fortaleza para poder tomar control sobre ella y sobre todos los seres que la habitaban!

— ¡MALDITOOO!

— El rugido de las mil bestias ¬¬ Tus poderes son impresionantes.

— ¡YA CÁLLATE, SERPIENTE!

— Deja de hacer berrinche, de cualquier modo no te quedarás con el trabajo, ya lo tomamos nosotros.

— ¿Qué es esto? — exclamó Paul, cuya atención fue capturada desde la sección política del periódico al ver a Makubex. — ¿Una broma…?

— El maniático de las computadoras ahora es mi compañero — explicó Ban con una alegría insolente, rodeando los hombros de Makubex con un solo brazo.

— Así es, Midou, pero agradecería que me llamaras Makubex. — dijo el chico.

— ¡Nunca!

— -_-

— Makubex… Estás fuera de la Fortaleza… — Ginji sólo tenía capacidad para manifestar un sentimiento a la vez, y toda la atención era para su amigo de la Fortaleza. No entendía por qué estaba afuera, y tampoco entendía por qué no podía salir en primer lugar, pero no le importaba. Estaba aquí, y ahora. — ¡Makubex, qué feliz soy!

— Hola, Ginji-san : ) — Makubex le sonrió limpiamente, a pesar de que sentía que lo estaba traicionando al aceptar la propuesta de Ban y ser su reemplazo. Sin embargo, en el fondo de su corazón, deseaba que su participación en esta historia fuera la de servir de catalizador para que los Get Backers volvieran a ser los de antes.

— ¡Al fin, un momento de silencio! — Hevn aprovechó para utilizarlo: — Así es, Shido y Gin-chan. — explicó ella. — Vine aquí pero para darles los detalles a Ban-kun y a Makubex-san. Ayer se los quería ofrecer a los Get Backers, pero me enteré de que se separaron… Qué infantiles — murmuró.

— ¿Qué dijiste, intermediaria? — exclamó Ban, tan irrespetuoso con ella como siempre. — ¿Quieres que te mate?

— Lo dije, y lo sigo pensando: ¡IN-FAN-TI-LES! Qué horror. — Hevn se hizo el cabello hacia atrás para beber el té helado que Natsumi le puso enfrente, y sorbió por la puntita del popote para no arruinarse el lápiz labial — Si los clientes se enteraran de esto, jamás volverían a contratar a los Get Backers, y si eso pasara, mis finanzas también se verían afectadas. — Ban la miraba con un aura de maldad rodeándolo, y Shido puso cara de triunfo, lo cual hacía engrandecer esa aura malvada de Ban cada vez más. Ginji miraba como si cualquier cosa normal pasara. Es más, estaba ido. — No puedo permitirme eso; como Intermediaria, también es mi deber el de proteger el renombre de la Tercera Generación de los Get Backers… Aunque, según ustedes, ya no exista más. — En ese instante, Paul negó con la cabeza como un padre decepcionado frente a un berrinche de su hijo inmaduro, más no pequeño, lo cual es peor. – Además, yo creo que estoy siendo muy injusta con Gin-chan; después de todo, la idea de la separación fue TUYA, Ban. — le recriminó. — Siempre hablas de tu profesionalismo, pero esta vez nos demostraste a todos lo contrario. ¡Muchas veces han perdido el dinero de las recuperaciones, y han sido mucho más que cinco millones, incluso por un solo trabajo les han ofrecido más que eso, y lo han visto írseles de las manos! Por eso es que eres tan INFANTIL.

A estas alturas, el aura de maldad de Ban ya quemaba las cosas a su alrededor.

Entonces dio la media vuelta, y se fue con el sol, cuando murió la tarde.

Pero antes de eso, empujó a Makubex de la espalda y dijo a voz en cuello:

— ¡Volveremos mañana por la mañana para que nos hables de los malditos detalles, Hevn! Ya vámonos, COMPAÑERO.

Todos se cayeron a lo anime.

— ¡No puedo creer que haya dicho eso! — exclamó Hevn, pues ya le habían dado cuerda y ya nadie podría evitar su furia lingüística. — ¿Ven? ¡¿Ya lo ven cómo es infantil? ¡Eso es lo que hace: irse! ¡Ni siquiera le dedicó una mísera palabra a Gin-chan, ni siquiera lo volteó a ver, ¿qué? ¿Nadie se dio cuenta? ¿Por qué nadie se indigna conmigo? No se queden ahí parados!

— Mejor vámonos — Shido le señaló la salida a Ginji.

— ¡AÚN NO HE TERMINADO DE HABLAR, VUELVAN AQUÍ…!

Shido logró salvar de la furia de Hevn a Ginji, pero no pudo hacer más por Natsumi ni por Paul.

Cuando estuvieron afuera, Shido le contó lo que había pasado con el dinero que le prestó. Los cinco millones pertenecían a Madoka. Ginji se sintió muy mal por ello, y debió admitir que lo había sospechado desde un principio, pero su urgencia por salvar su vida lo alentó a pagarles inmediatamente a los señores Shibata el dinero correspondiente a la concha de mar. Sin mencionar que todavía no recuperaba el Subaru 360 ni pagaba los platos y vasos que el señor Shibata rompió en el Honky Tonk, Ginji seguía endeudado, al parecer.

— Esto es lo que haremos, Ginji — le dijo Shido. — Usurparemos el trabajo de esos dos, me refiero a Midou y a Makubex… Lo usurparemos para poder recuperar los cinco millones de Madoka.

— ¿No se lo has dicho a Madoka?

— ¡No podría hacer eso! — exclamó Shido. — ¡Ella confió en mí! ¡No quiero ser un mantenido! Ella me da tantas cosas… Y a cambio, sólo me encargó un pequeño e insignificante favor… ¡No! ¡No puedo hacer eso, no se lo diré jamás!

— Pero Shido, si el dinero era para pagar las cuentas, ¿no llegarán a la casa avisos y citatorios? :S

— ¡Mis animales se encargarán de ellos! Ahora, concéntrate, Ginji… ¿Usurparás conmigo el trabajo de recuperación de Midou y Makubex?

— ¡Sííí! — exclamó Ginji, el que se dejaba convencer y alentar fácilmente. — ¡HAGÁMOSLO!

— Claro que sí.

— Pero… Ban-chan es muy bueno… — recordó Ginji, saliendo a la superficie.

— No te preocupes por eso, nuestro equipo de recuperación será más grande que el de él. — Shido sonrió maliciosamente, dejándose arrastrar al lado oscuro.

¡SEPARACIÓN! … (a esto he llegado) u.u

Así fue como Shido y Ginji fueron en busca de Kazuki y Juubei.

El último quiso excusarse diciendo que para qué les sería útil un invidente, pero no había excusa: un hombre tan hábil como él no necesitaba del sentido de la vista, y lo habían comprobado con anterioridad en repetidas ocasiones. Kazuki luchó entre aceptar y negarse: su amabilidad le decía "no, esto no es más que una venganza infantil contra Ban Midou", pero otra parte de su consciencia le dijo: "¡sí, una venganza contra Ban Midou!". Shido lo sabía, Kazuki era transparente y obvio, así que le recordó lo grosero e irrespetuoso que Ban había sido con su técnica Fuuchouin de los hilos, y tampoco estaba de más que le recordara que también se burló de Juubei. Eso pareció convencer a Kazuki, quien se excusó diciendo que podía soportar que lo insultaran, pero jamás perdonaría a quien se burlara de cualquiera de sus amigos; sí, cómo no, "cualquiera".

Siendo el doble que el equipo de Ban, empezaron a usurpar.

Kazuki interceptó la información del trabajo esa misma noche, cuando Hevn se lo contó a Paul antes de marcharse del Honky Tonk, utilizando los hilos para robarse sus palabras y atraerlas a sus oídos metiches. Harían el trabajo más rápido que Makubex y Ban, pues ya sabían lo que debían hacer, y ellos sólo se enterarían hasta la mañana siguiente. Si el grupo de Ginji y Shido se ponía a trabajar esa misma noche, ni Ban ni Makubex podrían hacer nada al respecto.

—Bueno, chicos. — Kazuki entró al jardín trasero de la casa de Madoka Otowa, y se reunió con Ginji, Shido y Juubei, quienes descansaban bajo un árbol como si la luz plateada de la luna les molestara, nerviosos por la gran cantidad de animales que Shido poseía y que no deberían estar ahí, como… un león… — Ya tengo la información. Hevn-san le dijo a Paul-san que la clienta es la buena esposa de un yakuza.

— ¡¿Cómo va a ser buena si es la esposa de un mafioso? — exclamó Shido.

— Guarda silencio, Shido, aún no termino de hablar. — le dijo Kazuki seriamente, y cuando Kazuki se ponía serio, era mejor no replicar. — Su esposo interceptó un embarque de chaquetas rusas de mala calidad para venderlas a un precio mayor, pero también se llevó consigo las pertenencias personales de uno de los cargadores del puerto.

— ¿Con qué fin hizo eso?

— No lo sé, ¿para molestar...?

— ¿Y qué quiere la esposa del mafioso que se recupere? ¿Las pertenencias del cargador? Quieres decir que no se inmuta con las acciones de su esposo, que prácticamente se robó toda la embarcación para sacarles una ganancia millonaria, ¿pero sí se siente mal porque le vació los bolsillos a un cargador? — Juubei se quedó en silencio después de eso, tratando de encontrarle sentido.

— A nosotros no nos corresponde hacer esas preguntas, Juubei. Los Recuperadores son contratados para eso, no para averiguar los motivos. — Kazuki le regaló una sonrisa invisible para Juubei. — Esa mujer quiere contratar a los Recuperadores para que tomen las pertenencias del cargador de la mismísima casa del mafioso, y se las regresemos, ya que ella no puede hacerlo. O eso fue lo que dijo Hevn. Ella no quiere que su esposo sospeche de todo esto.

— La historia está rara. — fue lo único que pudo decir Shido, de mal humor.

— No importa cuán rara sea. — dijo Ginji. — Alguien me dijo una vez… Que la recuperación es como un rompecabezas, y cuando pongas la última pieza y tengas el cuadro completo, entonces puedes decidir qué hacer con lo que resultó. — el rubio sonrió con nostalgia. Todos se quedaron callados, incómodos por el sentimentalismo, pero entonces Amano se levantó del césped y se ajustó los guantes protectores. - ¡Muy bien! ¿Empezamos?

- n.n, claro que sí, Ginji-san. Aquí tengo apuntada la dirección del yakuza. — dijo Kazuki, sacándose una servilleta del bolsillo, doblada como un triangulito.

— ¡POR FIN! — Shido dejó a un lado al león con el que se sentó. — ¡Finalmente podremos vengarnos de ese… cabeza de serpiente!

Mientras tanto… (sí, eso se ve mucho mejor! Yaay!)

Justo como lo pensé. — dijo Makubex, utilizando una computadora de bolsillo. Estaba en el callejón que formaban el restaurante de comida china y la pizzería de una concurrida calle de Shinjuku. — Rastreé el celular de Ginji-san con el GPS, y me di cuenta de que está en la casa de Madoka Otowa…

— ¿Y eso qué? El que se debe de cuidar de eso es el CORNUUDO del Hombre Mono. ¬¬ — replicó Ban, comiéndose una pizza que alguien había botado ¡casi entera! — Oye, Computadora, no has comido nada desde ayer, ¿estás cien por ciento seguro que no quieres probar estas verduras con caldo de camarón, que le arrebaté a ese gato, especialmente para ti?

—No, gracias… Y no soy Computa… — Makubex, en ese preciso momento, decidió darse por vencido con el asunto del nombre. — ¡Pero Midou, me refiero a que Ginji-san debe estar con Shido, no con Madoka! ¿No crees que sea sospechoso? Hay muchas probabilidades de que estén tramando algo en contra tuya. -_-

— ¿En contra mía? ¡Eso no, nadie tiene ningún motivo para tramar algo en mi contra! Excepto ese idiota de Ginji… Seguramente se está haciendo la víctima para que sus amiguitos lo consuelen, a pesar de que él fue quien cometió el estúpido error de romper la concha de los clientes. — Ban terminó con la existencia de la pizza. — Por supuesto, Computadora… — de pronto su semblante era serio y razonable, y Makubex pensó que era bipolar y que era peligroso inmiscuirse con ese tipo de personas. Ban lo miró con indulgencia. — Ginji se reunió con todo el que pudo para robarnos el trabajo.

— ¡¿Qué? — y ahora salía con esas cosas. — ¡Midou, ¿por qué lanzas ese tipo de acusaciones como si fueran la mera verdad? ¡Ginji-san no es ese tipo de persona y, mucho menos, montonero! Yo conozco a mis amigos — concluyó, orgullosamente.

— ¡¿Otra vez vas a defender tus ideales, mocoso? No estoy suponiendo nada, te digo que lo sé. Pero no se las pondremos nada fácil. — Ban pareció emocionado por lo que estaba en su futuro, y Makubex lamentó seriamente haber aceptado una propuesta tan descabellada como: Ser el Reemplazo de Ginji. ¡Maldición! ¡¿Por qué se había dejado llevar por ese sujeto demente? — ¡Los haremos sufrir, ¿entendiste? ¡No, espera: los haremos llorar! — Ban enloqueció de poder. — ¡Desearán jamás haberse metido con Midou Ban-sama, jajajajaja!

— Midou… T-T

— ¿Qué esperas? ¡Si no nos movemos nos robarán el trabajo!

— Pero aún no sabemos nada del trabajo, Hevn-san quedó de decírnoslo mañana.

— ¡Pues entonces, vamos a seguir a Ginji!

— ¿A Ginji…? T-T — Makubex se guardó apresuradamente la computadora de bolsillo en la bolsa de la chamarra, y siguió a Ban como no queriendo hacia la calle. La ciudad se veía preciosa por la noche… Todo quedaba envuelto en la íntima oscuridad ilimitable, pero también era irregular, salpicada por las luces artificiales que le conferían un encanto especial: motas rojas, doradas, azules; combinándose de tal manera que la ciudad por la mañana ya no era la misma que esta ciudad nocturna. Makubex se maravillaba al pasar por los sitios que observaba desde algún punto privilegiado de la Ciudad Baja, en la Fortaleza, porque estar ahí era totalmente diferente: las cosas que las demás personas daban por hecho y que aborrecían, como la propaganda comercial, los puestos callejeros de comida, las calles atestadas de transeúntes que llevaban prisa y no se fijaban en lo que hacían, después de un día de trabajo… Todo esto era algo nuevo y especial para él; le daba ternura ver a la gente normal llevando su vida, trabajando para ganarse el pan, platicando unos con otros de cosas triviales; deseó quedarse una hora entera parado en la mitad de la banqueta, escuchando los fragmentos de las conversaciones ajenas… Pero Midou llevaba prisa, y el chico de las computadoras no tuvo otra opción más que dejarse llevar. — "Diga lo que diga, lo único que le interesa es saber que Ginji-san está bien" n.n

¡Eso fue todo! Qué largo… acortaré el próximo capítulo : )

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