¡Men Backers: ¿Makubex y Ban?
Plot: Ban y Ginji pelean por dinero, así que Ban decide terminar con los Get Backers y formar los Men Backers junto a Makubex! ¿Qué hará Ginji ahora…?
Disclaimer: ¡¿Por qué no son míos los Get Backers?
Hola, ¡sigo escribiendo la historia fracasada! n.n Gracias por los reviews, qué bueno que se tomaron su tiempo!
En las afueras de Shinjuku, perdida en un sitio rural, la casa de Kenji Kondo, honorable miembro de la mafia japonesa, los yakuza, se alzaba imponentemente como si quisiera retar a la naturaleza y decir que una creación hecha por el hombre era mucho mejor que ella. Se trataba de una villa de amplia fachada, construida en cantera y mármol blanco. Tenía dos entradas para los autos, por los extremos derecho e izquierdo de la residencia, desde la reja plateada hasta la casa, dejando a sus alrededores los jardines estrictamente cuidados y adornados con árboles y flores. Era una construcción sin muchos ornamentos, líneas limpias y simétricas.
También constaba de un complejo sistema de seguridad, y eso era lo que les interesaba a los recuperadores…
Ginji, Shido, Kazuki y Juubei merodeaban la residencia a una distancia de medio kilómetro, vigilando las ventanas que aún tenían las luces encendidas. Eran aproximadamente las doce y media de la mañana, y la luna estaba en cenit, y llena; ese era otro punto en contra, la luz plateada iluminaba las cosas tenuemente de un color azul pálido, y les daba un aspecto fantasmagórico a los recuperadores que intentaban usurpar el trabajo de Midou Ban y de Makubex. Por supuesto que lo malo del asunto era que no podrían entrar como sombras a la residencia de Kenji Kondo sin ser vistos por los guardias de seguridad.
— ¡Malditos Yakuza! — siseó Shido. — Tienen como veinte guardias de seguridad en los jardines.
— Ellos no son problema, ¿verdad? — dijo Ginji, sonriéndoles a sus amigos. — Pero lo mejor sería que no nos grabaran las cámaras de seguridad, ¡no queremos problemas con toda la organización de la mafia!
— Entonces… ¿Ya entramos? — preguntó Shido.
— Olvídalo, el dueño todavía está despierto. — contestó Kazuki con seguridad. Todos lo miraron así:
— O.o
— ¿Qué? — preguntó Kazuki, con el corazón limpio.
— ¡¿Puedes escuchar con tus malditos cascabeles hasta allá?
— ¿Eh? n.n ¡No, pero lo estoy viendo con estos binoculares!
Todos se cayeron a lo anime.
— Tracé un plan— dijo Juubei, quien se había mantenido calladito todo este tiempo. Kazuki ya se había sentido mal con el silencio de Juubei y empezó a pensar, como si fuera un personaje de Junjou Romántica: "¿Por qué no dice nada…? Seguramente cree que esto es muy infantil, y lo decepcioné al unirme al plan de Shido y Ginji-san. ¿Qué estoy haciendo?... Le mostré la cara que más odio a la persona que más quiero" (Disclaimer: esta frase ya salió idéntica a Junjou, luego me van a demandar... :S). El caso es que Kazuki se traumó con el silencio de Juubei, lo bueno es que al fin habló: — Shido puede distraer a los guardias con sus animales, entonces Ginji deshabilitará el sistema de seguridad por alto voltaje, y todos entraremos por las ventanas a la residencia.
— ¿Y cómo sabremos a dónde ir? ¿Dónde tiene guardadas el yakuza las pertenencias del cargador del barco?
Shido se volteó para otro lado, dándoles la espalda. Todos sospecharon de su actitud digna y lo obligaron a encararlos. Shido empezó a dar rodeos y excusas entre algodones, pero finalmente tuvo qué confesar que no tenía la más remota idea.
Otro acto impulsivo de Shido secundado por todos…
No sabían cuál de los dos hechos era peor.
Mientras tanto, Ban y Makubex se aproximaban al equipo de Ginji, ocultos entre los árboles de la zona.
Había empezado a llover y la visibilidad era un problema, también se enlodaba el suelo donde no había cobertura vegetal, propiciando cualquier traspié que los hiciera deslizarse sin control hasta que un tronco amigable les sirviera de freno.
El pequeño llevaba mucha desventaja al ser del tipo computacional, o sea sedentario, mientras Ban corría ágilmente al compás del viento, cual si fuera otra de las hojas desprendidas que se arremolinaban a su paso. Makubex daba lo mejor de sí para ser de ayuda al nuevo equipo de Recuperadores, cuyo nombre ahora presumía ser: Men Backers; ¿quién lo había decidido?... No estaba claro, pero había empezado siendo una broma; además, no tenía sentido… Tal vez, y sólo tal vez, el nombrecito había venido del ingenioso Haruki Emishi, quien no tenía nada qué hacer. De pronto, y sin darse cuenta, Makubex se estrelló contra el poseedor del jagan, haciéndolo enfadar.
— ¡Aaah, Computadora, ¿qué te pasa?
—… Nada… Midou-san… — Makubex sonrió con un dejo de disculpa, o sea así: — No vi que te habías detenido… ¡esas cosas pasan, ¿verdad? : )
— ¡Nooo! ¡Eso nunca pasa! ¡¿Cómo pudiste NO verme? — Ban parecía perplejo.
— : ( — "Definitivamente, no salí de la Fortaleza Ilimitada para que me trataran como nunca antes: como un niño."
— Oye, Computadora, muévete, ¡están mirando para acá! — Ban le señaló a la lejanía.
— No veo nada más que ese prado ¬¬ — dijo Makubex. —Y no cabe duda que allí no puede ocultarse nadie.
— ¡No seas tonto! — Ban lo giró. — La casa está en el claro del bosque, pero en la periferia hay más bosque. ¿No los ves allá? — Ban le mostró que, después de que acababa el prado y seguía el bosque, la lluvia lucía muy extraña en un punto debajo de uno de los árboles. Era como si cambiara de ángulo abruptamente antes de dar con el suelo.
Makubex entrecerró los ojos.
— Qué raro… Nunca había visto que la lluvia cayera de esa manera… — Makubex dio unos pasos adelante, y sacó la cabeza del tronco que le servía de escudo. — Qué raro, ¿verdad? ¿Por qué será?
— ¿"Por qué será"?
— ¡No me imites, Midou-san! — exclamó Makubex, histérico.
— ¡Es obvio que es un fenómeno eléctrico del fenómeno!
— ¿Te refieres a Ginji-san? ¬¬
— ¡PRECISAMENTE a Ginji-san! — repitió, triunfal. - ¡Eso significa que el muy tarado de la anguila eléctrica está parado justo allí, donde la lluvia se tuerce! Debe estar absorbiendo la energía del agua… Te lo dije. — Ban sonrió. Podría interpretarse que era una sonrisa decepcionada. — Vinieron a robarnos el trabajo. Porque supuestamente, nosotros lo trabajaríamos mañana. Si no fuera porque adiviné las intenciones de ese rubito cabeza hueca y su manada de monos, nos hubiéramos quedado como idiotas y desempleados.
—…Me cuesta trabajo creerlo. — dijo Makubex, en voz baja. Entonces frunció los labios, con enojo. — Creí que conocía a mis amigos… Pero siempre se guardan actitudes que sacan a la superficie cuando se alejan de mí… —- negó con la cabeza. — ¿Qué hacemos, Midou-kun?
— Entraremos a la casa antes que ellos. Sígueme.
Ban y Makubex siguieron corriendo ocultos por el bosque, hasta que llegaron a la altura de la casa. Ahora estaban separados de la residencia por escasos cincuenta metros.
— Ahora, Computadora. Desactiva el sistema de seguridad. Yo te cubro. — Makubex miró hacia ambos lados, como si se dispusiera a cruzar la calle, y corrió hacia la mansión. Ban lo siguió sigilosamente, esperando que los guardias de seguridad saltaran sobre ellos, pero no lo hicieron. Makubex sacó la computadora de bolsillo y conectó unos cables al sistema de seguridad que estaba instalado en los muros externos de la mansión del yakuza. Midou lo miró con curiosidad mientras empezaba a teclear a una velocidad monstruosa; sonrió y le dio en el hombro con el puño. — ¡Bien, Computadora!, tienes dotes especiales de secretaria. — lo felicitó.
— . ¿Qué? ¡¿De secretaria?
— No es momento para pelearte, ¡termina de desactivar el sistema!
— ¡Ya lo sé, pero tiene muchos números…!
— ¡Pues muévete! — Ban echó un vistazo a su alrededor y divisó al equipo de Ginji. — ¡Aborta, aborta! ¡Aquí vienen esos changos!
— ¡Midou!
— ¡Shh! — Ban lo jaló hacia atrás los cincuenta metros para volverse a ocultar en los árboles; mientras tanto, los traidores desesperados liderados por Shido Fuyuki alcanzaron la misma cajita de donde Makubex sacó los cables para conectarlos con la computadora. No les pareció raro que estuvieran fuera de lugar.
— VAMOS, GINJI. — Dijo Shido, por su parte, sin si quiera sospechar que Midou y Makubex estuvieran cerca. Los creían dormidos y soñando con los angelitos en estos mismos momentos, pero estaban a la vuelta del muro exterior de la mansión del mafioso, esposo de la cliente. — Haz tu magia. — lo dejó pasar.
—Aquí voy. — Ginji hizo un ademán con los brazos antes de tomar los cables con las manos y darles una descarga eléctrica. Las luces de la casa también fallaron, y se fue la luz. — Listo. El sistema falló. : )
— También la electricidad: tenemos unos cinco minutos antes de que empiece a funcionar. — calculó Kazuki.
— ¡No veo nada!
— No es problema para mí. — dijo Juubei. — Síganme y estarán bien.
— Vamos. — los alentó el de los cascabeles, y todos empezaron a correr tras de él.
— ¡MALDITOS! — exclamó Ban, con los ojos de serpiente que se cargaba. — ¡Makubex, entrarán por la puerta como es debido, pero nosotros nos vamos a cruzar la barda!
— No creo que pueda llegar a hacer eso… — dijo Makubex, disculpándose de ante mano. — ¡Vamos, Midou-kun! ¡Entra y resuelve todo, yo te esperaré aquí…!
— ¡¿A DÓNDE CREES QUE VAS? — Ban frustró su primer intento de retirada.
— T-T Midou-kun…
Entonces, Makubex se vio forzado a perseguir a Midou; era una carrera, y para acabarla de amolar, de obstáculos. Sólo veía la larga camisa blanca del poseedor del Jagan entre la negrura, como si fuera un fantasma al que seguía sonámbulo, y ya le estaba dando sueño… Y miedo.
¡¿Y si todo esto era un sueño? ¿Un maldito jagan… súper largo? Ahora, más que en ningún momento, podía creer que estaba afuera de su prisión.
De pronto, Makubex escuchó otros pasos.
— Midou… — le advirtió. Ban se detuvo. — Creí oír…
— Así es… Deben ser los guardias de seguridad… Estamos muy cerca de la caja fuerte donde el yakuza guarda las pertenencias del carguero: la habitación principal. — explicó Ban. Aguardaron mientras los pasos resonaban cada vez más fuerte. Makubex no sabía qué esperaba Midou que hiciera… Sólo era bueno utilizando las computadoras, no podría sobrevivir ni siquiera a una pelea callejera entre colegiales, ¡y los pasos se acercaban!... Cada vez más… — Aquí vienen… — Ban preparó su brazo derecho, y los pasos ya estaban a escasos centímetros. — ¡Snake… BITE!
— ¡Uwaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaah!
Ginji cayó al suelo, apenas rozado por el ataque mortal de su ex – mejor amigo. Ban acababa de morderlo, aunque hubiera sido superficialmente, gracias a los reflejos de Ginji-san, que lo apuraron a esquivarlo, tirándose al suelo.
Juubei, Kazuki y Shido se sorprendieron de encontrarse a los Men Backers en el mismo sitio, a pesar de haber creído que les llevaban ventaja. Luego, les cayó el veinte de que estaban ahí usurpándoles su legítimo trabajo, y a Kazuki se le caía la cara de vergüenza…
- ¡Ginji..! — exclamó Ban, evidentemente preocupado por él. Ginji identificó rápidamente su tono de voz, y se sintió conmovido. "¡Ban-chan aún me quiere! ¡Yaaaay! ¡Me quiere, y fui un tonto al pensar que no!". Amano sintió cómo todos se inclinaban hacia él, ansiosos de que dijera algo, cualquier cosa, sólo para saber que no tenía ninguna hemorragia cerebral, o algo… ¬¬. Pero Ginji no quería decir nada, ¡No, no…! Si lo hiciera, Ban-chan ya no se preocuparía por él, y le volvería a hacer la ley del hielo.
— ¡Ginji-san, responde! — Kazuki se arrodilló frente a él, con preocupación.
— Déjenme intentarlo. — pidió Juubei, el de las dotes medicinales (XD). Ginji pensó que mejor hablaría, o se preocuparían demasiado por él y no era justo.
— ¡Ban-chan…! — murmuró, como un anciano padre en su lecho de muerte, ante sus herederos. — ¡Me… me muero… Ban-chan…! — mintió por completo, y sin remordimientos.
— ¡Ginj…! — cayó redondito Midou.
— ¡Ginji-san, resiste! — por lo tanto, los demás también cayeron, y peor.
— ¡Midou! — rugió Shido Fuyuki, exasperado con él. — ¡¿Tanto lo odiabas como para asesinarlo? ¡¿Maldito… MATÓN?
— "¿Matón?" -_- — pensó Ginji, Todos empezaron a echársele encima a Ban, y para que no llegara a mayores, Ginji, quien notó que Midou se había quedado callado, tuvo qué confesar; dando un saltito, en su forma chibi, con las mejillas brillantes: — ¡Estoy vivoooo! : )
…
— Estás…
¡¿qué…
MALDITO
MISERABLE?
Ban se abalanzó a él, ahora sí, CON TODA LA INTENCIÓN del mundo de morderlo, pero fue detenido por los demás. Ginji se alejó con un pequeño saltito de él, temeroso, como un ratoncito agazapado en la esquina de su jaula. Pero tampoco él obtuvo compasión y lástima:
— ¡Ginji, ESTÚPIDO, ¿cómo te atreves a jugarnos una broma así?
— ¡Pude haber desarrollado diabetes!
— ¡Muérete!
— ¡GOMEN NE, GOMEN NEEE…! — sollozaba chibi-Ginji, dando vueltitas. Ban se pasó los dedos por el picudo cabello café, en un intento de recobrar la compostura completamente; mientras tanto, Makubex seguía escudriñándolos a todos: no podía creer que fueran tan desleales como para robarse el trabajo de alguien más. Esos no eran los amigos que él conocía. El mundo exterior estaba gustándole cada vez menos.
— ¿Estás disculpándote por RATERO? — no aguantó más la tensión Makubex, y lo soltó. Todos los culpables se mordieron la lengua.
— ¡Makubex! — finalmente se atrevió a hablar uno de ellos; Shido, por supuesto. — Mira, contra ti no tenemos nada, ES CONTRA ESTE DEMONIO DEL INFIERNO: MIDOU, quien dejó a su suerte a Ginji, como si fuera un noviecita caprichosa!
— ¡¿QUÉÉÉ? ¡REPITE ESO, HOMBRE MONO! — gritó Ban.
— ¡NO! Escucha esto, cabeza de serpiente: — Shido vislumbró el final del pasillo: la habitación del yakuza. — ¡EL QUE LLEGUE PRIMERO, COBRA!
— Con que así es…. — Midou lo miró fijamente, con ferocidad.
—…Sí, como siempre. — le contestó Shido sosteniéndole la mirada para no dejarse apabullar; nada era peor que desviar la mirada ante una persona como Ban Midou: agresiva, pretenciosa, orgullosa…
Para Ban, este pensamiento de Fuyuki le valió una sonrisa.
— Jagan — canturreó, burlándose de él ante el resto de sus amiguitos.
Los demás se cayeron al piso.
— ¡No puedo creer que Shido haya caído! — admitió Kazuki, pero desistió de ayudarle a reaccionar al saber eso imposible, y además, porque Ban empezó a correr hacia la habitación del yakuza, aprovechándose de la situación que él mismo provocó con sus ojos demoníacos. — ¡Espera…! ¡Midou-san! — Kazuki lo siguió, y Juubei, desorientado, sólo logró darse contra una pared. — ¡Juubei! — se giró Kazuki, como haciendo una evaluación entre cuál de las dos cosas era más importante.
— Kazuki… No te detengas por mí. — dijo Juubei, con la voz ronca, como si se fuera a morir de eso.
— ¡Juubei… Nunca te dejaré atrás! — Kazuki acudió a él.
— Oh… Kazuki…
— Nadie puede ayudarme… — Ginji supo que todo dependía de él. — ¡Tengo qué… GANARLE A BAN-CHAN! — Entonces, Ginji empezó a recorrer el pasillo, a la velocidad de la luz, mientras Juubei y Kazuki se quedaban tonteando, Shido seguía en su sueño de un minuto, y Makubex ni siquiera hacía el intento de correr… Sabía que sería sólo un estorbo: Ban era mucho más rápido que él, además, Makubex ya había hecho para lo que era bueno: había intentado desactivar el sistema de seguridad.
¡Y lo habría logrado de no ser por ese perro parlan… que diga, de no ser por la descarga eléctrica mucho más eficiente de Ginji!
— ¡NO ME DEJARÉ VENCER! — pensaba Ginji, mientras seguía corriendo con todas sus fuerzas, para ganarle a Ban. — ¡ESTE ES EL MOMENTO… SUPERARÉ A BAN-CHAN!
¡Final del capítulo!... Jeje, creo que tiene más o menos las mismas palabras que siempre, pero ya se ve más legible, porque los párrafos están más ligeros… ¿o nooo?
¡Dejen reviews, ¿qué les cuesta? :D|
