DESPUÉS DE LA HISTORIA
CAPÍTULO 47
Apenas mi cuerpo sintió la luz del día, desperté de golpe.
Ciertamente, dormir en casa ajena no era lo mío.
Luego de haber llamado a mi madre antes de dormir, cerré los ojos, en la misma posición en la que amanecí.
Sua aún parecía encontrarse dormida.
Me levanté con sigilo, en dirección al baño con mi estuche y mi muda de ropa que pensaba usar ese día.
Me lavé y cambié lo más rápido posible, para salir de allí.
Estaba abriendo la puerta de la habitación, cuando de la nada se asoma una cabeza rubia con rapidez.
Nos miramos en silencio un instante, él con expresión de interrogante y yo media espantada por verlo aparecer tan de repente.
— ¿Llevabas mucho tiempo esperando afuera? -solté apenas salimos al pasillo y cerramos la puerta.
— Solo un par de minutos… supuse que durmiendo en un lugar extraño para ti, despertarías temprano… ¿Mi hermana te hizo sentir incómoda de alguna forma?
— ¿Qué? -esta última pregunta me inquietó un poco-. No, ¿porque lo preguntas?
— Hum… jeje nada en especial, pero si llegase a pasar, por favor ignórala, no es mala, pero su personalidad no es muy agradable para la mayoría…
— No entiendo bien a lo que te refieres, pero por como lo dices, me inquieta un poco -entre abrí un poco los ojos, sin saber si preocuparme en ese detalle o solo reírme, ya que no había notado nada especial, en lo que me había tocado interactuar con Sua-. ¿Es feminista radical o de una ideología sociopolítica extremista?
— ¡¿Eh?! -esta vez fue él quien reaccionó algo apenado- No, nada de eso -batió sus manos dobladas delante en modo de negación-. Es que… no sé cómo explicártelo… pero lo sabrás cuando suceda, aunque espero que eso nunca pase… Cambiando de tema, ¿salimos a desayunar?
— ¿Afuera?
— Uhm, hay unos cafés bonitos cerca. Y algunos tienen repostería de otros países. Hay uno donde tienen las paredes decoradas con famosos y te hacen café con las figuras que prefieras…
— Suena interesante, pero ¿no sería descortés que nos vayamos antes de que tus padres se despierten?
— Ellos despiertan tarde cuando no deben trabajar, seguramente ya estaremos de vuelta cuando se levanten.
Su respuesta no me convenció del todo, pero a mi estómago no le desagradaba la idea. Lo cierto es que se encontraba vacío, ya que mi extraño malestar que apareció el día anterior aún persistía. Me sentía como si hubiese comido las ciruelas que consumía mi madre por su estreñimiento.
Acepté y salimos como si estuviéramos escapando de algo… o alguien.
Nuestros pasos se escuchaban en la calle casi desierta. El clima aún nos brindaba las últimas brisas frescas, antes de que llegara el verano.
—Hay una cafetería con temática de futbol entre todas las cafeterías que se encuentran en esa calle… por si te gustaría conocerla. Sus dueños parecen ser de Latinoamérica, en su IG se puede ver que tienen decorada las paredes con sus jugadores y trofeos. También su repostería es distinta, le echan queso y un tipo de pasta untable que parece caramelo pero según las reseñas sabe a leche.
— ¿Futbol? La verdad no sé casi nada de ello –respondí a su sugerencia-. Creo que me gusta más el baloncesto. Pero si quieres podemos ir a ver. Me gusta probar gastronomía de otros países.
—A mí también me gusta probar sabores nuevos…
—Mientras no tengan ajo –agregué con gracia, recordando la cara de vómito que puso cuando comimos un postre salado condimentado en nuestra visita al departamento de Jumin.
—Si… aunque te parezca gracioso, no soporto el ajo –soltó con voz de puchero, ante el recuerdo-. Pero, dudo que en esta cafetería encontremos ajo en los postres. Y encima podríamos ver una firma original en un poster, de ese futbolista famoso que no hace mucho ganó el mundial. Mmm… no recuerdo como se llama pero siempre lo muestran en la tv y salía en la propaganda de una bebida energizante hace unos años.
Con esa descripción me bastó para saber de quien hablaba.
—Yoosung, ¿te gusta Messi? –pregunté directo mientras posaba mis manos en las mejillas y le guiñaba un ojo.
— ¿Eh? Mmm… no sé nada de futbol, pero he visto shots viendo como juega y es muy bueno… creo que… ah… oh… jeje –titubeó para luego reír mientras se sonrojaba al notar que mi pregunta hacía referencia a otra cosa.
Como suponía, había visto el hada del deporte.
Aunque muy posiblemente por voluntad propia, a comparación de mí, que terminé viéndolo obligada por qué era lo único decente que pasaban a esa hora en tv abierta, hace muchos años.
—No necesitas preguntarme sobre Messi, porque ya te quiero, pero me gustó que lo usaras –prosiguió hablando mientras se aferraba a mi brazo para abrazarme de costado mientras seguíamos caminando.
Desafortunadamente, la cafetería del futbol tenía como 2 cuadras de fila para entrar, así que tuvimos que optar por ir a otra cafetería sin temática, que se encontrase menos concurrida.
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Los dos se encontraban sentados en la sala, en espera de la devolución de su reporte.
Casi mueren pero lograron su objetivo principal que era destruir esa base petrolera. Aunque habían vuelto con equipaje extra.
Equipaje que se escapó apenas tocaron tierra firme en el país.
─ De seguro nos van a ordenar que los cacemos –expresó Vanderwood mientras se trenzaba el pelo para que no se viese lo descuidado que estaba por los días que pasó en la misión-. Esta porquería es de nunca acabar…
─ Hay cámaras en el puerto. Si los buscan bien podrían dar con ellos sin necesidad de mandarnos a nosotros –argumentó 707, tocando sus vendajes de las manos, para luego sacar su teléfono y notar con asombro que el chichón de su frente era más grande de lo que esperaba-. De todas las partes donde me podían golpear, eligieron mi bello rostro –gimoteó, seguido de apoyarse en el hombro de Vanderwood.
─ Rajá de acá –lo empujó este, aun armando su trenza, hablando en español.
─ ¿No sería "Apártate de mi lado"?
─ Vos no vas a decirme como hablar español latino, chucky.
─ Que no me parezco a ese muñeco, él es lacio y yo crespo…
Iban a empezar a pelearse de nuevo, cuando apareció en escena, la secretaria de los altos mandos.
─ Síganme, el superior quiere hablar con ustedes.
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─ Disculpe, ¿usted vive por la zona?
─ Si, aquí a la vuelta de hecho…
─ ¿Desde hace cuánto tiempo?
─ Eh… desde que tengo memoria –soltó con cierta gracia la anciana ante la pregunta de aquel desconocido que le ayudaba a cargar sus compras-. Pero ¿Por qué le interesa?
─ Nada especial, solo me pareció una buena zona –le respondió el hombre con voz tranquila, mientras caminaba a su ritmo lento-. Voy a mudarme a Busan próximamente por mi trabajo, y me convendría alquilar una casa por esta zona tranquila.
─ Entiendo… pero estamos muy lejos de la ciudad, ¿no le convendría vivir en un departamento cerca de esta?
─ No soporto el ruido de la ciudad, además mi trabajo es de forma remota, solo tendría que ir un par de veces a mi trabajo de forma presencial al mes –se explicó.
─ Ohhh… así que tienes de esos trabajos modernos. Bien por ti. ¿Ganas bastante bien? –siguió con sus preguntas la anciana, ahora más interesada en aquel extraño, ya que justo tenía una nieta a la cual quería ver casada antes de que muriese.
─ No me puedo quejar –sonrió a modo de mantener el personaje, entendiendo las intenciones de la anciana-. Sueño con casarme algún día y tener hijos, pero para eso debo ahorrar primero…
─ Hum, estas en lo cierto. Eres un muchacho bien centrado, ojalá mis nietos pensaran como tú…
─ Hablando de ahorro, esa casa de ahí –interrumpió a la anciana, para detenerse y apuntar hacia la casa vieja que parecía abandonada, en medio de la cuadra- ¿cree que se encuentre disponible para rentar? No se ve muy llamativa pero con una mano de pintura podría ser un lugar decente para vivir.
La anciana no le respondió de inmediato.
Junto a su silencio, la expresión amena de su rostro había desaparecido y ahora la inundaba con tristeza.
─ Es posible –se animó a responderle-. Pero no se la recomiendo. Ese lugar esta como maldito.
─ ¿Maldito? A mí no me asustan esas cosas sobre fantasmas…
─ No es ese tipo de maldición… -esta vez fue la abuela quien lo interrumpió, para seguir caminando-. Si quieres te puedo contar su historia, pero llegando a casa, vivo justo en la esquina, soy una anciana y el frio de la calle no me sienta muy bien…
El periodista encubierto asintió y la siguió sin queja.
Luego de poner dos tazas en su mesita de sala y sentarse a su lado en el viejo sillón del lugar, prosiguió con su relato.
─ Pasó hace más de veinte años si mi memoria no me falla –tomó un ligero sorbo de su té-. Las calles del barrio aún no estaban asfaltadas y más de la mitad de las casas no existían. Recuerdo que antes de que edificaran esa pequeña casa, los otros vecinos usaban el terreno para botar basura de forma ilegal. Yo no lo hacía porque me parecía mal. Botaba mi basura, así debiese caminar dos cuadras para llegar al contenedor. Cuando el terreno tuvo nuevo dueño, este limpió y cercó el lugar para edificar casi enseguida esa casita… Aunque pequeña, era muy bonita cuando estaba nueva. Al igual que sus moradores. No quiero sonar racista, pero creo que eran mestizos o extranjeros. Tenían el cabello rojo como el fuego. Muy llamativos.
─ ¿Extranjeros?
─ Hum, si… aunque podrían ser mestizos también, sus rasgos eran similares a los nuestros. La mujer era muy atractiva. Parecía modelo y tenía el cabello largo y abundante. Sus niños eran parecidos a ella, creo que eran gemelos, aunque uno parecía ligeramente más grande que el otro, posiblemente solo los tuvo seguidos.
─ Suena a que los apreciaba como vecinos.
─ ¿Si? La verdad es que me hubiese gustado amigar con ellos, pero lo cierto es que nunca les dirigí la palabra. La mujer no hablaba con nadie del barrio y sus hijos casi nunca salían a la calle… Solo recuerdo que los solía ver visitando el parque para niños que hay a unas cuadras de aquí, pero eso dejo de pasar cuando los niños crecieron. Recuerdo que había un auto negro que los visitaba en la noche. Supongo que sería el padre, pero nunca se quedaba más de 2 horas. Primero venia casi todos los días, luego cada vez por semana, luego solo mes hasta que un día dejó de venir. Fue casi luego que la mujer paraba en la calle, casi siempre ebria, los vecinos de sus costados me contaron que solía pegar a sus hijos cuando llegaba de sus parrandas. La denunciaron varias veces, pero nunca vinieron los del estado a hacer algo. Cuando los niños estaban grandes, creo que uno se fue a ocultas de la madre… esta al notar que no estaba en su casa, salió a gritar a la calle y tocar la puerta a todos los vecinos preguntando por su hijo. Yo no salí a hablar con ella porque tenía miedo de que me golpeara, estando tan alterada.
─ ¿Fue ahí que incendió su casa?
─ No, pasaron meses para que sucediese eso, pero es posible que fue un desencadenante. Ya no parecía cuerda, andaba con la cara y ropa muy sucia, tufo a alcohol y a veces hasta sin zapatos, siempre preguntando si no habían visto a su hijo.
─ Entiendo ¿pero no que tenía otro hijo?
─ Si, creo que el menor. Pero este nunca salía de su casa. El pobrecito seguro tuvo que soportar a su madre en ese estado. Cuando el incendio se produjo, creo que el también escapó o tal vez se fue con la trabajadora social que solía visitarlos.
─ ¿Trabajadora social? Creo que dijo antes que el gobierno nunca apareció…
─ Si, nunca apareció. Esta trabajadora social era de una iglesia que hay cerca del parque.
─ Entiendo. ¿Y qué pasó con la señora? ¿La policía se la llevo luego del incidente? ¿Sabe en qué cárcel del estado fue condenada?
─ La policía si se la llevó… pero no viva –la anciana poso su tasa en la mesita para levantarse y ver su ventana que daba a la calle, como si buscase algo en que centrar la vista-. El fuego se propagó mientras dormía posiblemente. Nadie sabe nada al respecto. Fue de madrugada cuando pasó. Hay días en los que paso por el lugar y me pregunto qué mal cometieron para terminar así. Ojalá sus hijos tengan ahora una vida más feliz.
El periodista se levantó y luego de agradecer se dirigió a la salida.
No fue necesario aclarar quién era en realidad, tal parece que la anciana se había dado cuenta que no era solo un extraño buscando arriendo.
─ Muchas gracias por el té y la información. Le prometo que buscaré respuestas.
─ No es nada. Solo quiero ser una vieja que se va en paz, sin ningún chisme a medias que saber.
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─ Como mencioné antes, agradezco que nos haya recibido con tan poca anticipación – expresé mientras levantaba la tasa de té, imitando a mi anfitriona, como si estuviese acostumbrada a lo mismo-. No tuvimos el tiempo de presentarnos bien en la casa de los señores Kim…
─ Lo sé. Fueron situaciones que no podemos controlar. Es más grata mi sorpresa que me contactaran ustedes… -miró a Yoosung, quien trataba de ocultar su disgusto detrás de un rostro inerte-. Si le soy sincera, tenía mis dudas sobre usted, pero ahora noto que es una persona apreciable, al haber hecho que Yoosung reconsiderase la idea de trabajar con su tío en el hospital.
─ Me está dando mucho mérito, yo solo disfruto ayudando.
─ Encima es modesta…
Por la próxima media hora tuve que seguirle la corriente en sus charlas sin sentido a la señora Min, con un Yoosung casi a punto de explotar del coraje a mi lado, que se había limitado a asentir cada que le preguntásemos algo.
Lo cierto es que todo este teatro nos estaba saliendo por el momento bien, a pesar de lo improvisado.
─ ¿A que te refieres con que deberíamos escuchar a mi tía sobre lo de Rika? –expresó molesto apenas me escuchó decirlo-. ¿Qué parte de que es una mala persona, no entiendes?
─ No niego que sea una mala persona, pero insisto que si escuchamos su versión de la historia podríamos entender mejor los últimos momentos de Rika –objeté.
Pensaba dejar esto para el final, pero el ver a la supuesta tía recientemente, era una oportunidad que mi instinto me decía que no debía dejar pasar, ahora que esta misma trataba de hacer un acercamiento.
─ Su versión de las cosas es ridícula, tú mismo la escuchaste decir cómo afirma que Rika sigue con vida…
─ Pero… ¿si de verdad lo está?
Casi me arrepentí de inmediato al haber soltado tales palabras, ya que no era la forma en la que imaginé abordar el tema.
Pero ya era demasiado tarde para arrepentimientos.
Ya lo había dicho en vos alta.
Y ahora Yoosung me miraba con una expresión que no había visto antes en su rostro.
Posiblemente era una mezcla de emociones que no se describir.
Seguí hablando al ver que se mantenía en silencio.
─ Tu mismo lo dijiste… no hubo un cuerpo que enterrar. Nunca la encontraron, y V fue muy incierto en sus detalles. ¿Te has puesto a pensar en la posibilidad que tal vez ella quería desaparecer? Si tan solo supiéramos más…
─ Por favor, ya no sigas.
─ Pero, Yoosung… tenemos que saberlo… ¿no quieres saberlo? Si investigamos más…
─ ¡Que no sigas! –me interrumpió para luego levantarse con rumbo a la salida del café.
Tomé mis cosas y me levanté para seguirlo.
Por suerte para mí, no era de los que camina rápido.
A la cuadra lo alcancé, y lo detuve de un brazo.
─ Yo la he visto. Ella está viva.
─ ¿Qué?
Fue lo único que pudo soltar al escucharme. Su rostro de dolor ahora estaba pálido.
Ya había hablado demasiado, así que me decidí en seguir.
─ Sé que suena increíble, y no tengo pruebas, pero… yo la he visto viva, Yoosung. Se me apareció en el tren hace un par de meses atrás.
─ ¿Eh?
─ Perdóname no haberlo mencionado antes, pero no quería decírtelo sin pruebas… fue en un vagón de tren mientras volvía a casa.
─ Por favor, deja de decir mentiras…
─ No estoy mintiendo.
─ Si no tienes pruebas, estas mintiendo… ¡Ella si estuviera viva jamás habría dejado de hablar conmigo!
─ Tal vez ella por eso dejó que V les mintiera a todos con su supuesta muerte… ¿Recuerdas que te dije que tenía que decirte algo muy importante sobre Rika pero no te lo diría hasta estar segura? Esto es lo importante. No tengo pruebas, pero las podría conseguir si me ayudas.
Yoosung no me respondió a esto último. Pensé que entraría en estado de shock por lo de hace segundos, pero ahora su rostro miraba a la nada, como si estuviese…
─ ¿Cómo pretendes conseguir esas pruebas con mi tía? –soltó inesperadamente, mirándome fijamente ahora.
─ Yo… -titubee porque a decir verdad iba planeando sobre la marcha, no tenía un plan concreto-. Podemos visitar su casa y distraerla mientras fisgoneamos en su correspondencia o en la habitación de Rika. Debe haber aun algo que demuestre que ella sigue viva. Alguna recibo de tarjeta de crédito… algo.
─ ¿Y si no lo encontramos?
─ Entonces tendremos que idear un plan más avanzado… Jumin y Luciel posiblemente puedan encontrar fragmentos de video. Aun no me confirmaron sí pudieron recuperar algo de la ves que se me apareció en el tren…
─ ¿Jumin y Luciel?
─ Si…
─ ¿Quienes más creen que Rika sigue con vida? –preguntó indignado.
─ Aparte de V, todos, excepto tú, Zen y Jaehee.
─ ¿V les metió esa idea?
─ No… fue el hermano de Luciel quien afirmó que Rika seguía viva, aunque la menciona con otro nombre…
Se apoyó en la pared de la vereda donde nos detuvimos.
Sé que su cabeza tenía mucho por asimilar, así que solo me limite en darle los minutos que necesitaba, apoyándome a su lado en silencio.
Luego de eso fue que planeamos visitar a señora Min, primero vistiéndonos raro y buscando su dirección.
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Caminó hacia el pasillo.
Al final de este se encontraba el sanitario. Pero se detuvo a la mitad, para torcer a un pasillo adherido, donde había dos habitaciones. Una de ellas había pertenecido a Rika.
Tenía 10 minutos para husmearla antes de que su tía se impacientase de su visita al baño. Tal vez tendría un par de minutos más si su novia la distrajera.
La abrió con sigilo para no causar ruido.
El lugar no estaba como la última vez que lo vio.
La cama y demás muebles se encontraban tapados con sabanas de satín a modo de cuidarlos del polvo.
No había visitado mucho ese lugar, pero se veía muy diferente a lo que lo recordaba.
Vacío.
Pero no era tiempo para ponerse nostálgico.
Se puso a abrir las cajas del armario, mas solo encontraba papeles de antiguas reuniones, de hace más de 2 años.
No había nada nuevo ahí que pudiese servir como supuesta prueba.
Sin duda se equivocaban…
Detuvo su pensar al toparse con una caja de cartón prensado, a lado de la puerta, con las palabras "para botar" escritas a un lado.
Parece que había sido rellenado recientemente, porque el periódico de encima era de hace solo unos días.
Lo revisó.
Eran accesorios de cabello, separa libros, aretes, y una par de vestidos que posiblemente eran de Rika en su época adolescente.
Escuchó afuera en el pasillo, unos pasos, que le hicieron volver a poner todo rápido en la caja.
Plop.
En el intento, de entre los vestidos cayó un libro… un diario exactamente.
Se fue hacia la ventana de la habitación para poder leer su interior, pero descubrió que esta se encontraba con un pequeño candado.
Dudó si debería llevárselo, pero si lo dejaba posiblemente terminaría en la basura y este aunque no fuese una "prueba" podía ser la última vez que…
Escuchó como la manija de la puerta se movía, tratando de abrirla, haciendo que se le erizara la piel.
FIN DEL CAPITULO.
