DESPUES DE LA HISTORIA
CAPITULO 48
Terminó de jugar con su consola portátil, para luego bajar al primer piso, donde supuso que su madre se encontraba se encontraría cocinando por la hora.
Pero no estaba ahí.
Volvió al segundo piso, pero su búsqueda fue igual de inútil.
Estaba a punto de bajar al primer piso cuando por la ventana de su habitación vio hacia el patio trasero, donde reconoció la figura de su madre.
Bajó rápidamente, para abordarla, casi preocupado al notar que esta se encontraba como perdida, mirando a la nada, con su escoba de patio.
— ¿Ma? ¿Qué haces aquí afuera?
Su madre tardó un par de segundos en reaccionar, hasta que, mirándolo solo de reojo, para seguir mirando ahora si hacia una fija dirección, frente al patio del vecino de atrás
—Nada en especial… solo pensaba en tu hermana…
—¿En la gorda? Ah… es cierto que en este momento debe estar conociendo a sus suegros –se detuvo Suho, bien a su costado, para ver lo que ella estuviese mirando-. Sabes, siempre creí que la gorda seria del tipo que es medio rara, que no tendría pareja y se quedaría en casa a cuidarte hasta que seas bien anciana… -se detuvo por el cocacho de costado que le dio su madre ante su disparatada imaginación-, pero… ahora parece estar tan ocupada en su propia vida, que me asusta que un día de estos, se va mudar de la casa y nos dejará solos… tal como lo hizo Seojin, hace unos años…
—Para una madre, no hay mayor logro del que sus hijos alcancen la independencia y vuelen del nido. Nos trae paz saber que estarán bien por su propia cuenta… Le pasó a tu hermano, puede que le pase pronto a tu hermana y espero también te pase a ti en el futuro –le respondió su madre sin mirarlo, pero extendiendo su brazo para abrazarlo de costado.
—Yo no pienso volar de aquí, me quedaré y haré aquí mi nido para acompañarte.
—Espero que no, no quiero que te sacrifiques por mí.
—No sería un sacrificio, además, no quiero pagar alquiler –refutó este para luego reír.
Su madre volvió a propinarle unos leves sopapos en la espalda por enojarla.
—Ya… ya… solo estaba bromeando… ay… -dejó de defenderse, al robar algo su atención- Eh… no sabía que la casa de atrás había sido comprada…
—Si… también lo noté –se detuvo en golpearlo-. Era una casa con un precio ridículamente caro para la zona… ahora que lo pienso, he visto que siempre hay dos hombres de saco y corbata saliendo de él y merodeando la zona, deben ser vendedores…
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Sin pensar mucho, guardó el diario en el bolsillo interno de ese anticuado traje que portaba, para luego abrir la ventana, cerrarla y esconderse en el pequeño cobertizo que tenía afuera.
Pudo sentir como la puerta se abría por completo.
Los pasos firmes resonaron en la acústica vacía del lugar. Era una de las sirvientas de su tia, que traía consigo otra caja.
—Tenía que recoger yo estas estúpidas cajas del ático… este no es trabajo para una mujer delicada, pero tenía que faltar el mayordomo justo hoy –gruñó la empleada, para luego sacudirse el vestido de sirvienta que portaba-. Por suerte es hora de mi descanso.
Estaba a punto de darse la vuelta y partir de la habitación hasta que notó una ligera brisa de viento entrando por la ventana, por el pedazo de periódico que había tirado en el suelo. Se dirigió a este, cerrándolo correctamente, para luego salir por fin del lugar.
Con recato, Yoosung espió hacia dentro de la habitación.
Por un momento casi sintió que se le saldría el corazón del susto por ser descubierto.
Soltó un suspiro de alivio, para luego abrir la ventana.
Pero esta no cedía ni un centímetro a su presión. Intentó por varios segundos para luego pegar su vista al vidrio y confirmar su temor.
Estaba cerrada con seguro, dejándolo aprisionado afuera.
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—Como le decía, a mí me gusta mucho leer historias bíblicas –expresé para luego tomar un sorbo de mi té y proseguir-. Aunque mis favoritas son las de Jesús…
—Ya veo… -se limitó a responder la señora Min, quien parecía algo impaciente, muy posiblemente por el hecho de que Yoosung se había ausentado por más de 10 minutos de su visita al baño.
—Y es que Jesús es un personaje principal en el cristianismo. Desde el momento de su nacimiento, tuvo que pasar por muchas cosas… Pero también tuvo partes de su vida con tranquilidad. ¿Sabía que fue el hermano mayor de su familia? Ayudaba a su padre José con su trabajo de carpintería y por lo tanto se hizo carpintero también… aunque José no era su padre biológico, creo que fue lindo que le transmitiera sus conocimientos. Todos los padres deberían ser así con sus hijos… no fue mi caso, pero creo también lo hubiera preferido…
—Si… ¿Crees que Yoosung se encuentre algo delicado de su estómago?-volvió a interrumpirme la señora, denotando que no me estaba escuchando en lo más mínimo-. Iré a buscarlo…
—Oh por favor, no se moleste, iré yo –me levanté más rápido al notar que ya no podría distraerla más en su ausencia-. Yoosung estuvo tomando unos suplementos… ya sabe… ser universitario te estresa y el estómago se pone algo sensible…
—Si… entiendo, por favor ve por él, señorita… ¿Cómo dijo que se llamaba? Disculpe, me cuesta recordar nombre nuevos…
—¿Mi nombre? Hum… no se disculpe, eso ahora no es lo importante, sino Yoosung, ire por él… por donde encuentro su…
—Por el pasillo detrás suyo, tuerza en L y sube por las escaleras, es la habitación al fondo del pasillo.
—Gracias. Enseguida volveremos.
Caminé con total tranquilidad tanto en caminar como expresión en el rostro, hasta alejarme y perderme de su vista.
Fue entonces que empecé a correr totalmente preocupada.
¿Dónde demonios se perdió tanto tiempo?
Llegué al supuesto lugar donde tendría que encontrarlo, pero obviamente este se encontraba vacío.
Igual me metí en este y me senté en el baño con la tapa cerrada.
¿Qué haría ahora?
¿Me ponía a buscarlo por las habitaciones de ese piso o me esperaba a que la señora Min me tocara la puerta?
No sé si sería por estrés o hambre, pero me estaba empezando a molestar la cabeza.
Tum tum tum… cric… chric…
Un ruido forcejeante de la ventana que había a un costado, hizo que saltara del inodoro.
Una figura, algo borrosa por las cortinas que lo tapaban, se encontraba del otro lado.
Sin pensarlo, las abrí, para toparme con el rostro asustado de Yoosung, quien por reflejo se escondió a un costado.
—¿Qué haces aquí afuera?-dije apenas pude destrabar la ventana para abrirla y sacar mi cabeza-. Te perdiste mucho tiempo… la señora Min estaba por venir a buscarte.
—M-me… quedé encerrado en el cobertizo de la habitación de Rika. Una sirviente entró y tenía que esconderme y…
—Si si… me lo cuentas luego, entra antes de que algún otro sirviente te vea por afuera –lo interrumpí para darle mi brazo y estirarlo dentro de la habitación del baño.
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—Disculpe la demora… resulta que Yoosung quedó encerrado en la habitación del baño. Parece que la manija de la puerta se cerró por fuera…
—Que desastre… por favor, soy yo quien se disculpa. Estamos remodelando justamente las puertas por esa razón pero aun no llegamos al segundo piso. Discúlpame sobrino…
Yoosung asintió, para luego sentarse a mi lado y centrarse en mirar su taza de té con una expresión de molestia contenida, mientras yo volvía a hablar con la tía.
Lo cierto es que quería irse del lugar, para revisar el diario que me mostró y en el que había una posibilidad, aunque baja, de saber algo más sobre Rika.
Pero teníamos que evitar irnos de forma tan abrupta y sospechosa, así que puse mi alarma, para que sonase justo en una hora, donde fingiría que es una llamada importante de mi madre y debíamos retirarnos.
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—Ahora que terminan de ponerte las vendas, te inyectarán un desinflamante para la hinchazón –explicó el médico, escribiendo en su registro mientras la enfermera de la agencia lo atendía-. Por la próxima semana te recomiendo evitar las comidas fritas y el alcohol… En el registro está anotado que en tu último análisis de sangre se notó un incremento considerable en la glucosa y los triglicéridos… Se te recomienda dejar cualquier alimento o bebida que tenga azucares y empieces a hacer más ejercicios cardiomusculares y menos peso, o podrías tener diabetes en un futuro cercano. Ven la semana próxima para hacerte un nuevo estudio y de inmediato si empiezas a sentir síntomas de malestar estomacal.
El paciente asintió en silencio, para salir de la habitación luego de recibir la inyección.
Su caminata a los casilleros era extensa y prefería apurarse para evitar encontrarse con sus compañeros, que no lo estimaban tanto…
—Vaya vaya, pero que tenemos aquí… -desafortunadamente se les cruzó un par, al doblar por el pasillo que te llevaba a la cafetería del lugar-, pero si es el gracioso que nos arruinó la misión con los rusos –bufó el agente desconocido, que al igual que los otros dos que lo acompañaban, median casi dos metros-. ¿Tan patético eres que te dejaste golpear por una chica? Yo que tu hubiera muerto en misión a tener que vivir con eso para siempre…
—También extrañaba verte 606… -respondió con ligero sarcasmo el pelirrojo, siguiendo su marcha, rodeándolos por un lado.
Pero 606 le cerró el paso, apoyando su mano en la pared del pasillo a su lado, bloqueando el resto del camino con los otros dos.
—Superior 606 para ti, florecita delicada –lo corrigió mientras le jalaba del cuello de su remera hacia arriba para obligar a mirarlo-. Sé que eres un huérfano asqueroso que no tuvo madre para enseñarte a ser respetuoso, pero tienes suerte que para eso estamos nosotros… -soltaron en risa los dos de atrás-. Adelante, sé que puedes decirlo bien… -lo soltó, pero al ver que este solo quería seguir su camino, volvió a detenerlo, esta vez agarrándole de su cabello rojo, estirándole hacia arriba para que lo mirase-. Dilo… o te haré lamber mis zapa…
—¡¿Que está pasando aquí?! –una voz molesta pero conocida para todos los presentes, lo interrumpió, acercándoseles con total imponencia-. 606, suelta a 707 ¿o quieres que te vuelvan a recluir en las habitaciones de castigo?
606 obedeció con mala gana, soltando al pelirrojo, pero empujándolo al mismo tiempo, como par que este cayese al suelo de rodillas.
—Tienes suerte que tu novio llegó a defenderte, pero no siempre será así, florecita –espetó este para luego largarse junto con sus acompañantes.
Seven se levantó del suelo, para empezar a acomodarse el vendaje de su cabeza que había sido movido por el jalón en su cabello.
—Boludo, te dije que me esperaras afuera de la enfermería –le regañó Vanderwood, quien traía consigo sus cosas en un bolso, debido a que este seguía vestido con bata y pantalones de paciente- Sabés bien que media agencia te quiere golpear por tus "bromas" de mal gusto y te pones a andar solo…
—Sí, pero no quería causarte más molestias –respondió el pelirrojo, mientras le aceptaba el bolso y sacaba de este sus lentes para ponérselos y hacia como que lo anterior no pasó-. Los altos mandos debieron regañarte mucho luego de que llegáramos con dos espías rusos.
—No solo me regañaron por tu culpa, pelotudo –Vanderwood volvió a sonar enojado al recordar de donde venía-. Posiblemente me degraden y quede endeudado porque mi salario ya no va poder pagar mis facturas, ¿sabés?
—Ya, ya, no te enojes, te invito a comer a modo de disculpa.
— ¿Qué comer? Vas a tener que vender unos de tus juguetes de lujo para darme la plata que perdí, idiota… pero si, salgamos de acá a comer a otro lado. En la cafetería a puras cosas picantes y tengo deseo de unos tallarines, con salsa boloñesa, queso parmesano rallado, y un helado sambayón.
Y así, ambos se dirigieron a la salida de la institución.
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La vuelta a casa era silenciosa.
La señora Min nos había ofrecido ser llevados por su auto y chofer, pero un par de minutos antes, este se encontraba saliendo del garaje de esa elegante y misteriosa mansión, en un porsche negro, llevando en los asientos de atrás, a quien supuestamente era el esposo de la señora Min, Un hombre de contextura media, en sus cincuenta, rubio como las chalas de las mazorcas antes de la cosecha, y ojos verdes como las aceitunas que comía mi madre, acompañado de una mujer mucho más joven, que la señora Min mencionó como su secretaria.
Con razón Yoosung antes jamás habría sospechado que Rika era adoptada, teniendo a un tío extranjero.
Y nos tocó caminar de vuelta. En un lugar donde no hay transporte público.
— ¿Crees que tu familia se moleste el que no hayamos llegado a almorzar? –rompí el silencio, ya a unas cuadras de llegar.
— No… o al menos eso espero –me respondió, algo ansioso al pensarlo.
Apenas llegamos, caminamos con sigilo hacia el dormitorio de Yoosung.
Todo el lugar estaba en un completo silencio.
Pero apenas abrimos su puerta, una figura de nuestro tamaño salió de ella.
— ¡Nietecito! ¿Dónde te fuiste a perder? –La anciana, lo tomó del brazo para arrastrarlo consigo hacia fuera, teniendo que seguirlos en … tu papá me regaló un celular para que pueda llamarlos incluso si estoy en el baño –se lo mostró casi como si fuera una niña preescolar que presume su juguete nuevo-. Pero… yo no le entiendo mucho a esto… me vas a enseñar ¿verdad?
— A- abu- buela… ¿Cuándo llegaste? –apenas pudo articular Yoosung, ya que esta seguía hablando sin parar-. Espera un momento, no estoy solo…
—Oh… cierto –se detuvo por un momento aquella ancianita, al notarme detrás de ellos-. Justo te iba a preguntar por ella, pero me emocioné al verte… -se detuvo y caminó hacia mí, para observarme por instante-. Así que tú eres la novia de mi nietecito adorado.
— Si, señora. Es un placer… mi nombre es…
—Sí, ya sé lo básico sobre ti. Mi hijo y su esposa ya me pusieron al tanto –me interrumpió, para estirarme del brazo al igual que Yoosung y seguir caminando rumbo al jardín de afuera-. Ahora vamos a que conozcas al abuelo, lo dejé sentado tomando sol…
— ¿El abuelo vino contigo? –Yoosung parecía asombrado a esto último.
—Por supuesto. Es mi marido. Él va yo donde voy yo. En especial si ese lugar es para ver a nuestro nietito que se fue a vivir a la capital –sonrió.
En el jardín detrás de la casa, había un gran árbol con una pequeña casita en la cima y unos sillones de jardín, donde un señor muy mayor se encontraba dormitando, sentado en una silla, mientras el ligero sol del otoño lo calentaba y hacia brillar su blanco cabello.
—Cariño, cariño… -la abuela lo sacudió despacio, reaccionando de a poco-. Despierta… Yoosung ya está en casa, y trajo a su novia…
—Qué… ¿Quién vino quién? ¿Yoosung? Ah… mi little star…
— ¡Abuelo! –Yoosung le interrumpió algo apenado-. Mi nombre es Yoosung, ya estoy muy grande para que me sigas llamando little star.
—Je… je… je –rió el anciano con notoria gracia y a la vez pena-. Si… es cierto que ahora eres todo un hombre. Que insolencia la mía llamándote así enfrente de tu novia…
No pude evitar reírme también, aunque por lo bajo.
—Descuide señor, a mí me gusta ese apodo. Muy ingenioso.
— ¿Si? Me alegra que te guste. En esta casa, todos son muy serios… me alegra conocer a alguien con sentido del humor… señorita…
—Un placer conocerlo también señor…
—Yoojung Kim, juez de la corte publica de Busan, ahora retirado. Mi esposa es Hejeon y mi único hijo, Yeosung. Y mis nietos son Sua y Yoosung… Mis únicos pasatiempos son jugar Go y leer…
—Cariño, no estás en una entrevista de trabajo, relájate –le interrumpió la abuela con humor, para luego acomodarle la frazada que lo cubría-. Niña, perdona a mi marido, es medio tímido y termina presentándose como en entrevista con cada persona nueva que conoce.
—Entiendo, no es molestia para nada –expresé algo calmada, para sentarme junto a ellos-. De hecho, siempre quise jugar Go, pero nadie me enseñó y aprenderlo por libros es un poco difícil…
—Yo te puedo enseñar Go, si quieres –se ofreció el señor Yoojung al notar mi interés-. No es difícil… y soy buen maestro, le enseñe a mi hijo y a Yoosung a jugar… ¿verdad Yoosung?
— Si… -Yoosung respondió, mientras me miraba con cierta sutileza como si quisiese expresar que no aceptara-. Mi abuelo es un maestro en el Go. Incluso ganó un campeonato en su club.
—Oh… entonces estaré feliz de ser su aprendiz…
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La tarde pasó rápido hablando con los abuelos de Yoosung.
Aunque nunca supe donde se habían desaparecido sus padres y Sua.
Llegado el anochecer, los abuelos se marcharon y nosotros nos quedamos solos.
Por fin solos.
En la habitación de Yoosung, nos mirábamos fijamente para luego ver el objeto que apenas habíamos podido substraer de la mansión de la señora Min.
El diario de Rika.
Estaba algo avejentado, pero seguía viéndose elegante, de tapa dura con pliegues grumosos en forma de rosas color bordó.
No se podía abrir debido a que tenía una cerradura que conectaba ambas tapas.
—Entonces… ¿lo leemos para ver que encontramos?
—Siento que le faltamos el respeto a su memoria, pero supongo que necesitamos saber lo que ella pensaba y esta es la única forma de saberlo ahora… -expresó Yoosung mientras lo tomaba en sus manos y observaba la cerradura-. Pero tendrá que ser mañana… creo que hay un cerrajero que puede ayudarnos en el centro…
No le dejé terminar, ya que agarré el diario y lo golpee contra el borde de la mesa, para deformar la cerradura.
— ¡¿Qué estás haciendo?!
—Ahorrándonos la visita al cerrajero –solté, para luego sacar la deformada cerradura con palanca, ayudada por una cuchara que había en la mesa-. Listo, a leer.
Puse el diario en la mesa, para levantar los pedazos de la cerradura y botarlos en el basurero.
— Me pareció algo violento, pero no puedo quejarme del resultado –murmuró Yoosung, levantándolo y revisando su contenido de forma rápida-. Sin duda es un diario… según las fechas, parece de hace unos 4 años…
Ambos nos sentamos en el suelo para empezar a leerlo.
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La puerta del consultorio se abrió dejando salir a la paciente.
— Señorita Serena, el doctor Who va atenderla, por favor pase –se escuchó a la secretaria, llamándola de entre todas las personas esperando en la recepción.
Se levantó y caminó directo a la entrada del lugar, cerrando detrás suyo, la puerta.
—Hola Serena, me alegra verte, faltaste la semana pasada a tu sesión.
— Hum… lo lamento doctor Who –se sentó en el sofá, para acomodar su bolso a un lado, bastante nerviosa-. Tuve un improvisto con el trabajo y no llegué al horario.
—Entiendo, no estás aquí para que te reclame… trabajas como gerente de una fundación, ¿no? –Le siguió hablando el médico, mientras revisaba sus informes y datos-. Debe ser un trabajo muy demandante. Se nota que lo haces con pasión… recuerdo cuando me lo contaste las sesiones anteriores. Pero centrémonos en el ahora… veo en tus registros, que te llevaste de ejercicio, escribir en un diario, todo lo que recuerdes y quieras expresar… ¿pudiste hacerlo?
—Mmm… yo… casi no tuve tiempo… -su ansiedad aumentó mientras estrujaba con ambas manos, la correa de su bolso, como tic nervioso-, solo pude escribir una hoja…
— ¿En serio? Para iniciar, una hoja es bastante, muy bien –la encomió el médico mientras se acomodaba los lentes y preparaba su libreta de anotaciones-. ¿Podrías leérmelo?
— ¿Leérselo? Pensé que lo leería luego, cuando se lo dejara…
—De poder, podría, pero prefiero escucharlo leído por su propia autora.
—Hum… esto… yo…
—Pero si no te sientes capaz por ahora, está bien. Me lo leerás cuando te sientas cómoda…
—Es… esta… bien… voy a leerlo –Rika cambió de parecer, para sacar el diario de dentro de su bolso y abrirlo en sus primeras hojas.
Suspiró profundo, a modo de tranquilizarse, para luego empezar.
"Hoy desperté como siempre… con el brazo derecho medio adormecido.
Mi novio Vue, me llevó el desayuno a la cama.
Es algo que siempre hace cuando se queda a dormir. Es muy atento conmigo y adoro que lo sea, pero parte de mí se siente miserable cada que lo hace… no sé cómo describirlo… pero…"
FIN DEL CAPITULO.
NOTA DE LA AUTORA.
Hola hola caracolas!
Reaparezco aquí, luego de… ya no sé cuánto, disculpen xD
Solo venía a comentar que he terminado de estructurar la historia, y esta tendrá cien capítulos aproximados. Ósea que ya vamos casi por la mitad. Trataré que en los próximos diez capítulos, termine este arco de "magenta", para dar inicio al arco de la "universidad".
Ya he avisado antes, pero la historia contendrá spoilers del juego, ahora que lo pienso, de todas las rutas y DLCs posibles, para así darle más apego a lo canónico.
En fin, creo que eso es todo lo que quería decir por el momento. Muchas gracias por leerme y dejar que DDLH cobre vida en sus mentes.
Hasta otra nota.
Corazones verdes para el mundo!
Ei.
