CAPITULO 1
- Vamos, Chelsea, elige de una vez un vestido o tu padre va a matarnos por llegar tan tarde
- Quiero que sea rosa, y aquí no veo ningún vestido rosa – se quejó la pequeña
- De acuerdo, preguntaremos a la dependienta – suspiró Alice intentando contentar a la niña, que no hacía más que buscar la forma de incordiar a la novia de su padre.
Alice se acercó a la primera chica que encontró tras uno de los mostradores y le preguntó si tenían algún vestido rosa para una chiquilla de seis años.
- Oh, sí, acabamos de recibir los últimos diseños y creo que hay algunos en ese tono – respondió sonriente y se acercó a dos chicas que más alejadas observaban varias prendas de niña. – Disculpa, Bella, tenemos algo rosa entre los nuevos vestidos.
- Ya lo creo – sonrió la castaña – Es el nuevo color de moda - dijo burlona
Salió por una de las puertas exclusivas para personal de la tienda, para volver unos minutos después con cinco modelos distintos de pequeños vestidos con volantes.
- Espero que alguno sea del agrado de su hija – le dijo sonriente a la joven que la miraba con una mueca de sorpresa.
- No es mi mamá – declaró la niña con irritación – Es la novia de mi padre.
- Oh, disculpa, no lo sabía. Espero que te gusten los vestidos. – sonrió a la pequeña y volvió el rostro hacia la joven
- Eres Bella Swan? – le preguntó ésta con sorpresa
- Sí, lo soy – le miró intentando descubrir por qué esos ojos azules le resultaban tan familiares
- No sabes quién soy – se rió la otra – Soy Alice, Alice Cullen. Éramos amigas en el colegio. Me recuerdas?
- Alice? Desde luego que te recuerdo, pero es que has cambiado muchísimo desde entonces.
- Ya lo creo, si hubiese seguido creciendo al mismo ritmo, no habría pasado por la puerta del local – se burló recordando la niñita enorme y miope que era a los doce.
Había cambiado mucho desde entonces y los genes Cullen habían por fin hecho su trabajo, haciéndola encajar con su guapa familia. Sus padres y su hermano mayor eran guapísimos y Alice también, aunque de niña fuera el patito feo del colegio.
Sin embargo era la mejor amiga de Isabella Swan, la niña más guapa del curso. Con unos ojos del color del chocolate, una pequeña naricita respingona y la piel clara y lisa como la porcelana. Su rostro en forma de corazón estaba enmarcado por una brillante melena castaña que aún ahora, más de una década más tarde, seguía manteniendo los reflejos rojizos.
Era la niña que todos los niños querían tener como novia, y todas las niñas querían tener como amiga. Pero ella era muy reservada y tenía una sola gran amiga, y ésa era Alice Cullen, la hija del director del hospital, la niña "fea" del curso.
- Cómo estás? No imaginé que aún vivieras en Seattle – confesó con sorpresa
- En realidad he vuelto hace un año, al acabar la universidad, vine a visitar a mis padres y entonces me reencontré con Jasper, es abogado y socio en el bufete de mi hermano y su mejor amigo. Me convenció de quedarme en la ciudad y aquí estoy. Pero y tú? No sabía que hubieses regresado.
- Sí, volví hace seis años. Mi padre enfermó y vine aquí para estar con él y aquí me quedé cuando murió un año después.
- Oh, lo siento mucho
- Me puedo probar los vestidos – interrumpió la pequeña impaciente
- Oh, por supuesto, cariño. Elige el que desees, es un regalo – dijo Bella entregándole las perchas a Alice para que se las probara
- Oh, no, Bells, no hace falta.
- Claro que sí. Dame el gusto. Será un honor para mí que lleve algo mío.
Bella era la dueña de la boutique de ropa infantil "Little Kingdom" ubicada en el centro comercial Pacific Place.
Desde niña se dedicaba a coser la ropa para sus muñecas y cuando Heidi nació, lo hacía para ella. Cuando la revista de modas Fashion decidió hacer un concurso para jóvenes diseñadores, ella no dudó en presentar su proyecto. Ganó el primer premio que consistía en crear su propia línea de ropa. Ellos financiaron sus primeras tres campañas y así había logrado hacerse un lugar en el mundo de la moda.
Hacía dos años había abierto la tienda con parte del dinero que Charlie le heredó al morir y era un éxito.
Cuando Alice se marchó con una Chelsea pletórica con su nuevo vestido de diseño, invitó a Bella para comer al día siguiente para ponerse al día sobre sus nuevas vidas.
- Amo a Jasper – le confiaba frente a su ensalada Cesar al día siguiente – Pero a veces creo que Chelsea acabará separándonos
- No os lleváis muy bien
- No mucho. Ella piensa que quiero robarle a su padre. Su madre se volvió a casar hace seis meses y no quería ocuparse de la niña. Por una módica suma firmó la custodia a favor de Jasper.
- Wow. Cómo puede una madre vender a su hija? – dijo Bella asqueada
- Sí. Lo mismo pensé yo.
- Es entendible que la pequeña dude. Su madre la abandonó por alguien más. Teme que su padre haga lo mismo.
- Exacto. Pero yo no sé cómo hacer para que confíe en mí.
- No creo que haya nada que puedas hacer. Deberás ganarte su confianza y eso sólo lo podrás hacer con tiempo. Tiempo al tiempo.
- Pero, bueno, cuéntame de ti. Así que tienes una hija.
- Sí – sonrió pletórica – Heidi. Tiene cinco y es la luz de mi vida.
- Wow, es genial – dijo su amiga devolviéndole la sonrisa – La tuviste muy joven
- Acababa de cumplir dieciocho
- Y el padre?
- Un cabrón que nunca quiso saber de su existencia
- Oh, Bella, lo lamento mucho. Lo debes haber pasado muy mal. Tan joven y con un bebé.
- La verdad es que fue difícil, Renée se desentendió de mí, pero mi padre y mi hermano me apoyaron y me ayudaron mucho. Y realmente ahora agradezco que él no quisiera siquiera ver a la niña. Estamos muy bien ella y yo solas.
- Me resulta increíble que Charlie no lo fuera a buscar con su pistola
- Nunca le he dicho a nadie quién es el padre de Heidi – aclaró dejando implícito que tampoco se lo revelaría a ella y Alice decidió no preguntar
- El próximo sábado celebraremos el cumpleaños de Chelsea. Será en casa de mis padres, nada complicado, una barbacoa en la piscina. Vendrán algunos amiguitos de la niña del colegio. Me encantaría que vinieses con Heidi. Mis padres estarán encantados de volver a verte. Esme se quedó muy contenta de saber que nos habíamos encontrado. Qué dices? – le invitó entusiasta
- Me encantaría y seguro que a Heidi también, pero tendré que pasarme por la tienda un rato. Tenemos inventario y me gusta estar allí para firmarlo.
- No hay problema. Puedes dejar a Heidi y luego recogerla.
- De acuerdo. Cuenta con nosotras. – sonrió
No tenía muchas amigas en Seattle y ninguna íntima, le encantaba haberse reencontrado con Alice. Su familia siempre la había tratado como a una hija y tenía ganas de volver a ver a Esme y a Carlisle.
Mientras tanto en el despacho de Cullen, Whitlock y asociados, Edward discutía con su ex esposa.
- De verdad crees que puedes sacarme algo más, Tanya?
- Me lo debes
- No te debo nada. El divorcio fue firmado hace meses. No hubieras firmado si no estabas de acuerdo con lo que te había tocado.
- No es justo. No sabía que la clínica de tu padre estuviera cotizando al alza. Ni siquiera me dijiste que tenías acciones, ni que cotizaran en bolsa – gritó quejándose
- Pues te hubieras informado mejor – rumió exasperado – Te dejé el piso de la ciudad, la casa de Cabo, el Mercedes, quieres también la empresa de MI familia?
- Quiero lo que me corresponde
- No me presiones – gruñó – Soy abogado, puedo demandarte por abortar a MI hijo sin mi consentimiento. Podría hundirte y créeme, no querrás que lo haga.
- Esto no se va a quedar así, Edward. Te niegas a pasarme una cuota alimentaria, de qué quieres que viva?
- No tenemos hijos, Tanya. Eres joven y puedes trabajar. No tengo obligación de mantenerte. Pídele a Royce que te mantenga. Al fin y al cabo para algo te lo estarás tirando, no?
- Vas a arrepentirte, Edward Cullen – amenazó saliendo del despacho con un portazo
- No más de lo que me arrepiento de haberme casado contigo – suspiró dejándose caer en su sillón
Había sido la chica más guapa del instituto y había sido su novia.
Cuando Edward consiguió que le aceptaran en Yale, la convenció para que se fuera con él. No logró que la aceptaran a ella, pero en cambio Tanya obtuvo una plaza en la universidad de Connecticut y una hora de distancia no fue suficiente para separarles.
Edward se graduó con honores y cuando volvió a Seattle se asoció con su compañero de clase Jasper Withlock y fundaron su bufete con gran éxito.
Cuando cumplió 26 se casó con su novia de toda la vida, pero a los cuatro años de casados su matrimonio no era tan feliz como había esperado.
Tanya era caprichosa y egoísta, por nombrar sólo sus defectos menos graves.
Pero lo peor sobrevino cuando Edward recibió la factura de la clínica donde su mujer se había practicado un aborto.
El escándalo que siguió a su descubrimiento fue apoteósico y dos días después ya no dormían en la misma casa.
Tanya rogó, gritó y lloró pero nada tuvo éxito. La demanda de divorcio le llegó una semana después.
Llevaban más de un año separados y casi seis meses divorciados legalmente, pero ella aún no se resignaba.
- Puede que escuchara gritos?– preguntó Jasper risueño entrando en el despacho de Edward
- Dudaría de tu oído si no los hubieras escuchado – suspiró
- Tanya otra vez?
- Quién más?
- Qué quiere ahora?
- Manutención o acciones de la clínica, le es igual
- Tuvo éxito?
- Digamos que no mucho – sonrió – Y tú qué tal? Qué tal tus niñas? Ya se llevan mejor?
Jasper suspiró
- Digamos que Alice lo intenta, pero Chelsea es incansable. Si invirtiera en el colegio toda la energía que gasta en luchar contra Alice, ya estaría en el instituto. Y eso que sólo tiene seis años.
- Ya. Lo bueno es que Alice es bastante más terca y no se dejará amilanar
- Es verdad. A veces creo que no me la merezco.
- Te la mereces – le contradijo – Aunque sólo sea porque aguantaste a María durante un año entero
- Este sábado es la fiesta de Chelsea en casa de tus padres. Contamos contigo
- Allí estaré. No muy temprano ya que tengo una reunión con Vulturis pero allí estaré.
Les dejo el primer capi de la historia para pasar el finde:
A ver qué tal les parece.
Besitos! y a disfrutar del Fin de Semana!
