CAPITULO 4

- No me creo que te encontraras con Alice Cullen – decía Emmett preparando la carne para llevar a la barbacoa mientras Bella cortaba los vegetales para la ensalada

- Sí, es increíble que me reconociera después de doce años

- Siempre fue una buena amiga

- Éramos una crías entonces

- Lo sé, pero ahora no parece que puede ser una buena amiga?

- Sí, claro que sí – aceptó – Su familia siempre fue encantadora conmigo y lo siguen siendo

- Y Edward cómo está?

- Físicamente igual que antes

- O sea que guapísimo – acotó Rosalie entrando en la cocina para llevar los platos al patio

- Qué sabrás tú! – se quejó Emmett arrancando una carcajada a su mujer

- Pues sí que sabe – replicó Bella sacando la lengua a su hermano que se marchó al patio refunfuñando – Porque está guapísimo

- Casado? – preguntó Rosalie curiosa a su cuñada

- Divorciado. Se casó con Tanya Denali

- Con esa zorra? – bufó la rubia con asombro

- No la conozco como para emitir una opinión

- Pues te lo digo yo, era una zorra

Rosalie había sido la capitana de las animadoras hasta que dejó el instituto un año después que Emmett. Tanya había formado parte del equipo dos años y todos la recordaban por su egocentrismo. No tenía pasta de líder pero había logrado convertirse en la capitana cuando Rosalie se fue.

- Según Alice siguió siéndolo. Se separaron hace un año o algo más

- O sea que está disponible – sonrió

- Pero tú no estás disponible, Rose – se burló Bella

- Yo no, capulla, pero tú sí – rebatió la otra sacándole la lengua

- No lo sé

- Qué cosa no sabes? Cuánto hace que no sales con nadie?

- Ya lo sabes. Desde Jacob.

Hacía dos años había conocido a Jacob Black, empleado de su banco. Era guapo, divertido y tranquilo. Habían estado saliendo durante cuatro meses. Había tardado en dejar que conociera a Heidi porque no quería generarle inseguridades a la pequeña.

Jacob decía adorar los niños pero eso sólo había sido para intentar llevarse a Bella a la cama, porque cuando conoció a la niña y le quedó claro que no era tan fácil acostarse con Bella, demostró que no tenía intenciones de compartir a la madre con nadie, ni siquiera con la hija.

- O sea que más de un año que no estás con nadie. No es que Jacob se mereciera tanta fidelidad

- No es por Jacob, lo sabes, es por Heidi. No puedo dejar que se ilusione o se encariñe con cualquiera.

- Dale tiempo. Conócelo, sal con él, ve lo que pasa

- Rose – se giró para mirarla risueña – No me ha pedido una cita

- Lo hará

- Qué sabes tú?

- No dejará escapar a la chica más guapa de Seattle

- Gracias por el cumplido, cuñada – dijo abrazándola – Te lo haré saber si sucede

- Sucederá, cariño, lo sé.

El miércoles fue un día para olvidar.

Heidi se durmió y cuando al fin pudo levantarla para ir al colegio estaba de muy mal humor.

El coche no arrancó sino que se limitó a emitir pequeños rugidos que acababan con un simple ¡plop!

El taxi que la llevó hasta el colegio y luego a su tienda se encontró todos los semáforos en rojo hasta tropezar con un infernal atasco producido por un accidente.

Cuando finalmente se pudo sentar frente a una taza de café negro y humeante en su despacho, los problemas no habían hecho más que comenzar.

Irina estaba con vómitos y no vendría a trabajar. Kate, que estaba de vacaciones, se hallaba fuera de la ciudad y no podía cubrir a Irina, por lo que sólo quedaban Angela y Bella para atender la boutique.

Por si todo eso fuera poco, recibió las muestras de la última colección de bebés y nada era como lo había pedido, por lo que se pasó la mañana discutiendo con el taller de confección.

Alice le dejó un mensaje a media tarde contándole lo entusiasmada que estaba Chelsea con la cena de esa noche, así que no se atrevió a cancelarla.

Cuando por fin se encontraba frente a la puerta de la casa de su amiga, llevaba la misma ropa que se había puesto a la mañana y los tacones la estaban matando.

Lo único bueno había sido que Zafrina, la niñera de Heidi, había podido recoger a la niña del colegio, acostarla a dormir una pequeña siesta y ducharla y vestirla para la salida.

- Qué bueno que hayáis podido venir! – exclamó Alice entusiasta – Al fin hay algo mío que Chelsea adora. Mis amigas. – susurró en el oído de Bella antes de inclinarse para saludar a Heidi

- He traído mis muñecas – le informó la pequeña

- Oh, qué bueno, cariño. A Chelsea va a encantarle.

Chelsea las esperaba ansiosa de pie detrás de Alice. Rió con Heidi y abrazó rápidamente a Bella antes de llevarse a su amiga corriendo a su habitación

- Heidi, deberías saludar... – gritó Bella aunque la niña desapareció igualmente – ...a Jasper – terminó la frase mirando a Alice resignada

- No te preocupes, Jasper y Edward se consideran saludados – sonrió su amiga haciéndola entrar

- Edward está aquí – dijo más que preguntó, levemente nerviosa

La conversación del domingo anterior con Rosalie la había dejado preocupada y expectante. Tenía ganas de ver a Edward aunque también sentía pánico. No estaba acostumbrada a relacionarse con muchos hombres y sin dudas había perdido práctica.

En toda su vida sólo había salido con James y con Jacob, y ninguno de los dos eran relaciones de las que se enorgulleciera.

James Whiterdale había sido el más grande cabrón con el que se había podido encontrar. Lo había conocido cuando tenía doce aunque hasta los catorce él no se había fijado en ella.

En ese entonces ella era una niña y él un adulto de 24 años que se había aprovechado de su enamoramiento infantil. La había engatusado y se había servido de la falta de supervisión paterna que Bella tenía para quitarle la virginidad y la inocencia.

Él, el niño rico acostumbrado a tener todo lo que se le antojaba, la había tomado a ella para ser su relación clandestina.

Con la excusa de no poder dejar a su mujer, Victoria, la había convencido para mantener su relación en secreto y ella lo había hecho. Las cosas le habían funcionado bien a él hasta que tres años después dejó embarazada a la adolescente.

Al principio quiso obligarla a abortar, pero al negarse ella, la amenazó.

Bella sabía que su madre no la apoyaría, nunca lo había hecho y no lo haría ahora. Renée no se pondría en contra de James, el mejor amigo de su marido, quién además trabajaba gracias a los Whiterdale.

Confirmó sus dudas cuando la echó de casa al enterarse del embarazo de siete meses de su hija, sin siquiera preguntar quién era el padre.

Bella se marchó a Seattle donde su padre y su hermano la acogieron. Vivió con Emmett y Rosalie hasta que la niña nació pero luego se mudó a la casa de su padre, con la excusa de acompañar a su padre a quien le habían detectado un tumor que no tendría cura.

Rosalie y Emmett no habían podido tener hijos y ella no quería que Heidi les recordase su dolor ya que bastante les estaba costando la adopción internacional que llevaban años tramitando.

Finalmente Emmet y Rosalie lograron adoptar a Kebi, un niño vietnamita de tres años. Dos años después se les unió la pequeña Jen, una niña china que tenía la edad de Heidi.

Charlie murió cuando Heidi cumplió un año. Entonces Bella vendió la casa de su padre así como la de su abuela Marie, intentó repartir el dinero con Emmett, pero éste se negó ya que él no lo necesitaba y en su lugar la convenció de comprar la casa contigua a la suya en Bellevue.

Fue entonces que Bella ganó el concurso de la revista Fashion, y coordinó su trabajo en la cafetería Zoka con la creación de su primera línea de ropa infantil. De ahí en más su carrera como diseñadora infantil había sido un éxito hasta que había inaugurado "Little Kingdom", una boutique infantil que se estaba convirtiendo en la más afamada de la ciudad.

En el banco donde tenía radicada sus cuentas fue que conoció a Jacob Black. El segundo y último hombre en su vida.

Jacob fue encantador durante los primeros cuatro meses. Trataba a Bella como un caballero, aunque finalmente resultara que sólo buscaba llevarla a la cama. Finalmente no llegó a hacerlo, quizás porque nunca la provocó lo suficiente o quizás porque antes de ello se dio cuenta de cuánto le desagradaba a Jacob que tuviera una hija.

El sexo con James siempre había sido para saciarle a él y ella siempre estuvo segura de que las mujeres eran incapaces de tener orgasmos a menos que se masturbasen. James nunca se preocupó por provocarle un orgasmo en tres años, y los pocos que había tenido habían sido autoprovocados. Por esa razón Bella nunca tuvo un especial apetito sexual y nunca se sintió especialmente tentada por Jacob.

A eso se sumaba que Jacob no estaba dispuesto a ejercer de padre y peor aún, no estaba muy dispuesto a que Bella ejerciera de madre. Así fue que cuando, tras cuatro meses de relación, Bella le presentó a su hija, la relación se deterioró a pasos agigantados.

En tan solo dos meses Bella dijo adiós a su novio y a su banco.

Lamentó mucho la ruptura... con el banco.

Alice la llevó hasta la terraza trasera donde Jasper y Edward discutían el partido de los Mariners del fin de semana.

Era una cálida noche de finales de mayo y se estaba estupendamente en la terraza. Jasper le ofreció una copa antes de ir a la cocina para ayudar a Alice y dejarla convenientemente a solas con Edward.

- Qué tal el día?

- Buff – suspiró apoyando la cabeza en el respaldo de su asiento – Mejor ni lo preguntes. Ha sido un desastre de principio a fin

- Bueno, confiemos en que aún pueda mejorar

- Lo mejor del día es esta copa de vino – dijo dándole un trago a su vino blanco

- Gracias por la parte que me toca – sonrió Edward con gesto divertidamente ofendido

- Y la compañía, por supuesto – agregó sonriéndole divertida

- Quieres contarme?

- Se me estropeó el coche y el taller no me lo entregará hasta el sábado. Heidi se durmió y llegamos tarde al colegio. Yo llegué tarde a la boutique, tengo una empleada de vacaciones y otra de baja. Mi taller de confección hizo desastres por lo que se retrasará la colección de bebés. Y por si todo esto fuera poco, mis zapatos me están matando – susurró la última parte haciéndolo carcajear

- Puedes descalzarte. Si quieres puedo hacerte un masaje en los pies – ofreció intentando ocultar la excitación que la sola propuesta le causaba

- Oh, gracias, suena tentador pero no creo que sea conveniente.

- Por qué no?

- Me quedaría dormida aquí mismo

- No creo que eso sea un problema

- Y yo no creo que sea de buena educación

- Para mí sería un placer hacerlo – dijo mirándola fijamente hasta que ella desvió la mirada ruborizándose

Las niñas llegaron en ese momento y se lanzaron a los brazos de Edward con confianza.

El arrumaco de Heidi les sorprendió a ambos, pero Bella pudo ver claramente el gesto de gusto de Edward.

Sin dudas Edward y Jacob no eran comparables, comprendió con placer.


Nuevo Capi. Espero que les guste.

Gracias a todos por leer, y por los reviews, alertas y favoritos.

Besitos y buen finde!