CAPITULO 7

- Entonces te besó? – preguntó Rosalie poniéndose crema solar sobre el plano vientre

Estaban tumbadas en el jardín disfrutando el sol de finales de mayo, mientras los niños chapoteaban en la piscina y Emmett cortaba el césped del jardín

- Seguirás con mi jardín después? – le preguntó a su hermano evadiendo la mirada inquisidora de su cuñada

- No hago jardines, sólo corto el césped. Búscate otro para las flores

- Creo que me alcanza – aceptó

- No me evites – le espetó Rose dándole un pellizco en el muslo

- Hey! Me dejarás un morado

- Tienes intención de enseñarle los muslos a alguien? – se burló la rubia

- Desde luego que no

- Ya. Desde luego. Bueno, vas a decirme qué pasó?

- No pasó nada. Fuimos a la cena. Charlamos, bailamos, nos divertimos. Me trajo a casa y me dejó en la puerta. Eso es todo.

- No intentó nada?

- No – respondió la otra sonrojándose

- No te creo. Tendré que preguntarle a Alice.

- Está bien. Me besó. Pero eso fue todo.

- Te gustó? – indagó

- Mucho – confesó

- En qué habéis quedado?

- En nada.

- De verdad?

- De verdad – confirmó

Ambas se quedaron en silencio dándole vueltas a la situación.

Un interrogatorio similar tenía lugar en el jardín de los Cullen en Kirkland.

- Te gusta?

- Tal vez – decía Edward hundiendo la brocha en el bote de pintura blanca que Alice sostenía en sus manos.

Después de comer, Esme los había convencido de que necesitaba que le dieran una mano de pintura a sus muebles de jardín.

Jasper estaba en la piscina con Chelsea enseñándole a nadar sin manguitos salvavidas.

- No me sirve esa respuesta – se quejó Alice

- Qué esperas que te diga, Alice? Es guapísima, eso salta a la vista así que no hace falta que te confirme que yo lo he notado. Es simpática, inteligente y divertida. Tiene una hija deliciosa. Qué más esperas que diga?

- Realmente, nada – sonrió su hermana – Ya me ha quedado claro que te gusta, y sin tal vez.

- Pues, sí, me gusta. Pero no quiero apresurarme. Acabo de divorciarme y Tanya aún es un fastidio. Tiene una hija y no quiero arruinarlo por ir con prisas.

- Tienes razón, pero creo que tanto tú como ella os merecéis una oportunidad. Ambos lo habéis pasado muy mal en vuestras relaciones, sin dudas lo necesitáis.

- Quiero ir despacio, Alice. Y te rogaría que no interfirieras.

- No lo haré – se quejó – Pero la llamarás?

- Sí, la llamaré.

.

Irina y Kate se habían reincorporado ese lunes así que la mañana había sido mucho más tranquila.

Bella estaba en el almacén comprobando con Angela la entrega que habían recibido del taller de confección. Finalmente habían terminado los cambios que había solicitado y al menos tenía la mitad de la colección de bebés lista para catalogar y colgar.

- Bella – la llamó Kate entrando en el almacén – Ahí fuera hay un chico guapísimo que pregunta por ti

- Por mí?

- Sí – confirmó la otra – Un tal Edward – dijo haciéndola ruborizar – Pero si estás ocupada yo estaré encantada de atenderle

- Ya. Me imagino que sí – se burló la jefa – Aunque seguramente Garret tenga algo que decir al respecto

- No tiene por qué saberlo – le guiñó la guapa rubia

Salió del almacén dejándole a sus risueñas empleadas la cinta métrica que colgaba de su cuello.

- Edward, hola – le saludó haciéndolo voltearse hacia ella luego de volver a colgar una pequeña percha que llevaba un vestido azul de corte princesa – Qué te trae por aquí?

- Hola, Bella – dijo éste inclinándose y dándole un rápido beso en los labios que la sorprendió – Cómo estás?

- Muy bien, y tú?

- Bien. Espero que no estés muy ocupada. Estaba por aquí cerca y pensé que podía invitarte a comer.

- A comer? – dijo dudosa

- Sí, ya sabes, eso que suele hacer la gente al mediodía para coger fuerzas para continuar trabajando

- Sí, sé lo que es. Es que – dudó – en realidad acabamos de recibir la colección de bebés y tenemos bastante trabajo – se disculpó

- Nosotras nos encargaremos de eso – la interrumpió Angela

Se volteó para encontrarse con sus tres empleadas que la miraban con atención desde el mostrador.

- Sí, claro. Tú ve a comer – agregó Kate – Hoy no entra mucha gente así que podemos ocuparnos de la colección

- Ya, sí, pero... – titubeó

- Venga, compláceme – insistió Edward y no se pudo resistir a su sonrisa torcida

- De acuerdo, vamos – aceptó – Voy a buscar mi bolso – dijo escapando por la puerta de personal luego de acribillar con la mirada a sus amigas

Las chicas lo miraban con curiosidad haciéndolo sentir incómodo. Bella las fulminó con la mirada cuando volvió y no pudieron más que reír incomodándolos aún más.

- Qué planes tienes? – le preguntó cuando salieron del local

- Tú me guías. Seguro conoces algún buen lugar para comer

- Te gusta la comida tailandesa?

- Está bien para mí

- De acuerdo – dijo guiándolo hasta el restaurant Thai Ginger

- Así que estabas por aquí cerca? – inquirió cuando se encontraron sentados en uno de los reservados después de haber hecho su pedido

- Algo así – le contestó con ligero nerviosismo

- Algo así?

- Sí. Luego de decidir invitarte a comer me encontré que estaba por aquí cerca – confesó haciéndola reír

- Ah, ok

- El bufete está en la Smith Tower, no es que me quede muy lejos, y de todas formas tenía que salir a comer

- Sí, supongo que también es verdad

Comieron charlando sobre el fin de semana y Edward se encontró ansiando ver a la pequeña Heidi. Fue una comida amistosa y no hablaron sobre ellos, su relación o a dónde esperaban que los llevase, aunque ninguno de los dos podía evitar pensar en las ganas de estar juntos que sentían.

Edward acompañó a Bella hasta la boutique invitándola para comer al día siguiente. Y así quedaron de acuerdo en que Bella le recogería a él en el bufete.

Cual dos adolescentes, de pie en la puerta del local se despidieron. Bella se volteó para entrar cuando él la tomó de la mano y tiró de ella atrayéndola hacia su pecho.

- Lo siento – le susurró – pero no puedo evitarlo – agregó besándola con ternura y pasión

La tomó desprevenida y separó sus labios con un jadeo. Edward aprovechó para colar su lengua en la boca de ella y comenzar una danza sensual y erótica entre sus bocas.

Se le debilitaron las piernas y tuvo que aferrarse a él apoyando las manos en el amplio pecho del hombre. Pudo sentir el calor y la firmeza de sus pectorales a través de la delgada tela de su camisa y se entregó a él completamente perdida.

Cuando por fin se separó de ella jadeante, la sostuvo para permitir que ella recuperara el equilibrio perdido.

- Te veo mañana – le dijo contra el oído haciéndola erizar con su dulce aliento sobre el cuello

- Hasta mañana – le respondió con un hilo de voz

Entró en la tienda completamente aturdida para encontrarse con sus tres empleadas risueñas y mirando hacia la puerta, escondidas tras el escaparate.

- Wow – rió Angela

- Sí, wow – coincidió Kate risueña

- A ver si me consigues uno parecido, allí donde encontraste a éste – agregó Irina que seguía sin pareja un año después de haberse separado de Laurent, su ex marido francés

- Podríais volver al trabajo? – les replicó con fingida indignación

- Desde luego que sí, jefa – agregó Angela – pero no te salvarás de contarnos todo sobre ese bombón.

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- Hey, te estuve buscando para ir a comer – dijo Jasper entrando en su despacho – Quería discutir contigo el tema de Jason Jenks

- Fui a comer con Bella – informó con soltura – Qué novedades hay sobre Jenks?

Jasper lo miró con ojos desorbitados

- Sí, claro, y crees que vas a escaparte tan fácil. Venga, cuéntame, cómo es que comiste con Bella?

- Así de simple. La fui a buscar al Pacific y comimos juntos, nada más. Dime de Jenks

- No. No te creo. Cuéntamelo o tendré que decírselo a Alice para que te someta al tercer grado y sabes que a ella no te le escaparás

Edward no pudo reprimir una carcajada.

- De verdad, no hay más. Tenía ganas de verla, salí pronto y me fui a su tienda a ver si estaba allí. Estaba y la invité a comer. Comimos en el Thai Ginger. Charlamos, quedamos para comer juntos mañana, la besé y nada más.

- Ja, me daré por satisfecho aunque sabes que con tu hermana deberías profundizar la explicación de "la besé". Pero para mí está bien así. Te gusta? Vas en serio con ella?

- Me gusta mucho y sí, intento ir en serio.

- Me alegro por ti, hermano. Ahora, Jason Jenks es un cabrón y será difícil que su mujer no le saque hasta los calzones.

Jasper cambió de tema con una facilidad asombrosa y pronto se encontraron sumergidos en la demanda de divorcio que le había interpuesto su mujer a Jason Jenks, el importante empresario informático.


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Capi nuevo para el fin de semana.

Besitos!