Notas importantes de la autora:

Aviso: esta historia también está en AO3 y en Wattpad. La pueden encontrar con el mismo título y todas las plataformas están al día con este último capítulo. Mi user en AO3 es Chemicalfairy y en Wattpad tengo el mismo usuario MiraiMoonlight.


Episodio 14

Seiya se limpió el sudor con una pequeña toalla que colgaba de su cuello mientras bajaba de la plataforma. Chocó el puño con otro chico que ahora tomaba su turno frente a la gran pantalla y se recargó agotado sobre la pared más cercana para seguir observando al resto de los jugadores.

Absolutamente maravillado del hecho de que algunas personas fueran capaces de mover sus pies tan rápido como las flechas iban apareciendo en pantalla, el Dance Dance Revolution rápidamente se convirtió en su hobbie favorito del momento y tras el desastre del primer intento y las burlas de Usagi, se decidió domar aquella máquina, lo cual no estaba siendo tarea fácil aunque si de algo disfrutaba siempre era de un buen reto.

Además de que era un excelente ejercicio cardiovascular.

Cuando la alarma de la puerta del arcade sonó, rápidamente apartó su mirada del jugador en turno para asomarse hacia la entrada. No pudo evitar sentirse un poco decepcionado de no ver las coletas de Usagi atravesar el portal de cristal.

Pensar en ella automáticamente le despertó todo tipo de sensaciones: mariposas en el estómago, sonrojo en sus mejillas, escalofríos en su espina dorsal y, por si fuera poco, una de las sonrisas más bobas de la historia se instaló en su rostro al recordar la huella de los labios de la rubia sobre los suyos.

Labios que, desde aquella noche en la base secreta de las sailor scouts, había podido seguir probando sin parar.

Sonrió para sí mismo, incluso tentado en relamerse las comisuras de su boca al recordar el sabor del lipstick de fresa de Usagi.

Aún no podía realmente comprender todas las cosas que habían sucedido en el poco tiempo que tenía de vuelta en la Tierra: su recuperada fama como nuevo idol, las confesiones de Usagi, su fugaz intento de olvidarla con Hiromi, el rompimiento con Mamoru, la señal de Healer y aquel bendito primer beso.

Seiya tenía grabado en su mente la manera en que Usagi había acortado la distancia entre ambos, sin titubear, y había enterrado sus dedos entre su cabellera al besarlo con abandono. Él, con el cerebro frito, solo atinó a estrechar a la rubia para atraerla hacia su cuerpo con urgencia, queriendo fundirse en sus brazos para siempre.

No supo cuánto tiempo después se separaron, jadeando por aire cuando finalmente sus bocas fueron libres. Seiya, aun recuperando el aliento, presionó su frente contra la de ella, sin romper el contacto visual. Embelesado observó a Usagi reír entre apenada y satisfecha, como si hubiera acabado de encontrar agua después de una larga caminata a través del desierto. Después, ella misma deslizó sus manos desde el cuello de Seiya, pasando por sus hombros y recorriendo sus antebrazos para finalmente poder encontrar sus dedos y entrelazarlos juntos antes de colocarse de puntillas para volver a iniciar otra ronda de dulces besos.

Regresando al presente, Seiya no pudo evitar preguntarse si aquel momento entre ellos hubiese llegado antes si él se hubiese quedado en la Tierra desde aquella primera visita. Era un sentimiento agridulce, por una parte sentía que había hecho lo correcto al regresar y enfrentar sus obligaciones como Sailor StarLight pero, por el otro, habría querido vivir esta etapa de su vida desde antes y evitarse toda la amargura que el retorno a Kinmoku le había causado.

Había querido quedarse desde aquella primera vez y hasta ese momento se había sentido avergonzado de admitirlo abiertamente.

Sabía que no había comparación con el destino contra el que Usagi estaba empezando a rebelarse pero él también se había sentido entre la espada y la pared y había escogido su misión sobre sus verdaderos deseos.

Se colocó una mano sobre el corazón, que ya se encontraba latiendo descontroladamente. No habían tenido oportunidad de hablar al respecto, ambos concentrándose tan sólo en vivir el momento, pero Seiya temía que Usagi se viese forzada pronto a enfrentarse a una decisión cuyo resultado no se inclinara por él.

Además, él sabía que ella amaba a Mamoru aún. De eso no tenía duda, pero ahora deseaba saber si acaso ella también le podría amar a él en algún grado.

Necesitaba saber si acaso estaba parado sobre el abismo o si podría estar frente al inicio del resto de su vida.

Por estar inmerso en su remolino de pensamientos no se dio cuenta cuando la mismísima Usagi entró al local. Sigilosamente la rubia se acercó al cantante y le rodeó la cintura por detrás con sus brazos, plantando un pequeño beso en la espalda de Seiya.

―Hola ―susurró sobre su hombro al mismo tiempo que Seiya se giraba para saludarla. ―Ugh, estás sudado.

Él sonrió diabólicamente antes de restregar su rostro empapado en el de ella.

―¡Seiya! ¡Basta! ―Usagi le recriminó entre risas. ―¡Ay me estás dejando toda pegajosa!

Seiya entonces le plantó un camino de besos, empezando en su mejilla izquierda y terminando en la comisura de sus labios.

―Hola ―le saludó finalmente al oído, lo cual hizo a Usagi estremecerse un poco. —¿Por dónde llegaste que no te vi pasar?

—¡Hum! Estabas viendo hacia la pared cómo si estuvieras en trance, no te hubieras dado cuenta de absolutamente nada. ¿Pues en qué tanto estabas pensando?

Seiya le sonrió nuevamente, mordiéndose el labio con antojo al verla frente a él tan apetecible. Dio un rápido vistazo a la escasa clientela del lugar para asegurarse de que nadie realmente les estuviese poniendo demasiada atención y entonces se inclinó para besarla de una manera más profunda que aquel pequeño pico de saludo.

Usagi, que venía de trabajar en el jardín de niños, dejó caer su pequeño maletín lleno de materiales recortables y dibujos a crayola, para anclarse al cuello del cantante y recibirlo con mayor ahínco. Seiya tomó ambos lados de su rostro entre sus manos, usando su pulgar para suavemente acariciar las mejillas de la rubia.

Se separaron poco después de que sus pulmones les exigieran seguir respirando. Usagi mantuvo los ojos cerrados por un par de segundos más, tratando de saborear por completo la diversidad de sensaciones que Seiya le estaba proveyendo.

Estaba empezando a hacerse adicta a la manera en que él aprisionaba sus labios, usando la cantidad de presión exacta para hacerla delirar. Y la manera en que, a veces, emitía un leve sonido de placer al momento de contactar con su boca la volvía absolutamente loca.

Era una pasión desmedida la que Seiya profesaba para ella a cada momento, así compartiesen un tierno beso o uno más profundo; y eso Usagi jamás lo había experimentado.

Fue la voz de Seiya la que la hizo regresar a aquel momento:

—De hecho estaba pensando en ti —confesó Seiya, en referencia a la pregunta que Usagi había hecho antes del beso—. En lo deliciosa que sabes.

—¡S-Seiya! —Usagi se sonrojó violentamente al mismo tiempo que recogía su maletín del suelo—. Uy, mejor vámonos ya.

La rubia tomó la mano del cantante, que reía divertido, para arrastrarlo hacia la salida del local.

Después de trabajar por la mañana ambos quedaban de verse en el arcade para más tarde dirigirse al parque, dónde practicaban todo tipo de ejercicios de combate en lo que esperaban a que el centro de videojuegos cerrara y pudieran colarse nuevamente a la base secreta para seguir buscando la manera de contactar con Kinmoku.

Seiya sonrió orgulloso después de que Usagi lograra evadir con gran facilidad un par de combinaciones de ataques cuerpo a cuerpo, incluso causando que Seiya cayera al pasto.

—¿Qué? ¿Ya te cansaste? —preguntó Usagi en tono egocéntrico aunque jadeaba por oxígeno extra.

—¿Ah sí?

Seiya rápidamente se levantó de un salto y buscó atacar a Usagi desde el costado izquierdo, sin embargo ella logró esquivar el brazo del cantante en el último momento. Usagi después giró para quedar detrás de él y al agacharse deslizó una de sus piernas bajo los pies de Seiya lo cual nuevamente lo tiró al piso.

Usagi río triunfante e incluso colocó su clásica pose en la normalmente amenazaba a algún enemigo con castigarlo en el nombre de la luna.

—Hoy estás haciendo un increíble trabajo —Seiya la elogió mientras sobaba su espalda después de haber caído sobre ella.

—¿Qué te puedo decir? —Subió los hombros— Tengo a un excelente maestro.

Seiya le sonrió embobado y estiró su brazo para jalarla hacia él.

—¡Ah! —Usagi apenas y logró emitir un pequeño grito antes de caer justo encima del cantante—. ¡Seiya! ¡Una noche de éstas vas a meternos en problemas!

El mencionado la deslizó hacia un costado pero, sin dejar de estrecharla, empezó a besar sus mejillas mientras paseaba las puntas de sus coletas entre sus manos.

—No puedo evitarlo Odango-chan —susurró Seiya a su oído—. Mmm ¿Sabes? Siempre había querido acariciar tu cabello.

—Y-yo también —atinó Usagi a responder, con voz temblorosa, estirando sus manos para peinar la coleta azabache de Seiya con sus dedos. —Oh, es muy suave.

—Un día de estos nos pasamos tips de acondicionadores.

Usagi río divertida. Adoraba los comentarios graciosos de Seiya.

Durante aquellos días y desde aquel primer beso, Usagi había decidido experimentar absolutamente todo lo que Seiya le ofrecía. No solo porque le parecía físicamente imposible resistirse a él, a sus comentarios, a su mirada electrizante y a lo suave de su tacto. Sino porque también estaba descubriendo nuevas perspectivas sobre lo que podía significar estar enamorada.

Odiaba hacer la comparación pero no había manera de evitarlo:

A veces sentía que Mamoru la había tratado como aquella princesa que conoció muchos milenios atrás: la seducía a base de galantería y de actos de caballerosidad, le cumplía sus caprichos y la paseaba siempre tomada de su brazo mientras ella lo miraba con adoración.

Era solo en privado que se permitía ser apasionado, gracioso y cursi con su Usako. Y si era sincera consigo misma, aquellos momentos íntimos eran los que más atesoraba de su historia porque sentía que eran en los que genuinamente fueron solo Usagi y Mamoru. Sin pasado, sin futuro, solo viviendo el presente mientras reían de algún comentario idiota al desayunar en la cama.

¿En qué momento había dejado de ser suficiente?

¿En qué momento su historia milenaria había jugado en su contra?

Usagi había odiado conocer el futuro. Aquel evento había instalado sobre sus hombros una presión enorme que se añadía a la que ya tenía tan solo por ser la reencarnación de la princesa lunar. Serenity, pasada y futura, parecía a veces ser más importante para todos que la mismísima Usagi.

Para todos, excepto para Seiya.

Usagi, que seguía besándose con él sobre el pasto, tomó con fuerza su playera deportiva para atraerlo más a ella al mismo tiempo que Seiya acunaba su nuca con una mano y con otra estrechaba su cintura.

Aquellos besos le sabían a libertad, a pasión, a retar las reglas y sentirse triunfante, sin miedo. Era cuando no lo tenía sobre sus labios que nuevamente mil preguntas se instalaban en su cabeza.

¿Había realmente una oportunidad de cambiar el futuro que conocía? ¿Cuáles serían las consecuencias? ¿Todos la odiarían? ¿Qué pasaría con Mamoru?

Su adorado Mamoru que tanto había sufrido ya en la vida.

¿Qué pasaría con…? Ni siquiera podía terminar aquella oración.

Tal vez aquellas preguntas venían de la princesa Serenity que aún vivía en ella y que aún se sentía con voz y voto sobre la vida de Usagi.

En ese momento la rubia entendió, mientras el cantante bajaba de sus labios hacia su cuello, que la cuestión no era elegir entre Mamoru y Seiya.

Era elegir entre Usagi y Serenity.

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Antes de que pudiesen ser reportados por algún vecino, la pareja huyó del parque en dirección al arcade. Nuevamente entraron por la puerta de servicio y accionaron la entrada secreta a la base.

Usar el viejo centro de mandos no había resultado ser nada difícil al contar con un sistema operativo muy amigable (¡hecho especialmente para felinos!). En pocos días habían logrado encontrar la locación de Kinmoku y encontrar algunos puntos sobre el camino en dónde rebotar la trasmisión para hacer llegar su mensaje.

Y aunque los primeros días habían actuado con urgencia para lograr comunicarse lo más pronto posible, al no haber tenido nuevas noticias de Yaten, decidieron trabajar de una manera más lenta pero más segura pues, después de todo, Seiya se había sincerado con Usagi y le había contado del delicado estado político de su planeta natal.

Tomar precauciones era necesario, por el bien de Seiya y el de Yaten.

Usagi incluso había estado increíblemente tentada de pedir la ayuda de Ami o de Setsuna, pero su temor había sido mayor. De hecho había sido incapaz de contarle a alguna de sus amigas sobre lo que estaba viviendo con Seiya y eso le hacía sentirse tan sola.

Mientras terminaban de cargar la configuración y las coordenadas ya guardadas, Seiya la abrazó por la espalda y acomodó su mentón sobre el hombro de la rubia.

—Odango-chan —susurró en su oído—. Yo solo quiero volverte a decir lo mucho que aprecio que estés ayudándome.

Usagi recargó su mejilla sobre la de él.

—Es lo menos que puedo hacer.

—Eres increíble —respondió al mismo tiempo que apretaba su abrazo sobre ella.

Y como en todas las últimas noches, Usagi volvió a sentir en él un extraño nerviosismo. Parecía que Seiya sabía que si llegaban a comunicarse se encontraría con malas noticias.

¿Y si eso significaba que Seiya tendría que regresar?

Usagi rápidamente desechó ese pensamiento, tratando de enfocarse en recordar los pasos que ya habían ido descubriendo para usar aquel centro de control como un transmisor.

—Okay, creo que ya está… ¿Listo para intentarlo nuevamente?

—Estoy listo si tú lo estás Odango-chan

Usagi sonrió mientras cerraba los ojos y nuevamente concentraba toda su energía sobre el cristal de plata.

Seiya había tenido la idea de usar pulsos de energía del cristal, imitando el lenguaje del código Morse, pues sabía que pasaría inadvertido por cualquier miembro del consejo (pues dicho alfabeto no existía en Kinmoku) y qué Maker podría descifrarlo sin problema.

La pantalla les mostraba cómo iban viajando los pulsos y que tan lejos llegaban. Usagi aún no había logrado despertar por completo el poder del cristal de plata pero poco a poco había tenido avances.

Le parecía incluso increíble pensar que tan solo unos pocos meses atrás había estado guardado como un objeto más en el cajón de su mesita de noche.

Ahora la luz de aquella joya cósmica brotaba a diferentes longitudes, tratando de imitar el sistema de puntos y líneas.

—Tú puedes Odango, ya llegamos al octavo punto de rebote.

—Estamos tan… cerca… —gimió Usagi con esfuerzo, tratando de evitar que el poder fuera decreciendo. Estaban probando aquella configuración con diez puntos.

Seiya observaba a Usagi completamente maravillado y a la vez extrañado. La rubia aún no podía usar el cristal de plata para transformarse, lo habían intentado varias veces ya, pero era capaz de manipular su gran poder desde su identidad de civil, lo cual tan solo demostraba lo fuerte que Usagi se había vuelto.

Seiya se mordió el labio con ansiedad al ver cómo poco a poco llegaban al noveno punto de rebote.

Quería ayudar. Odiaba sentirse inútil pero su Star Yell le había sido confiscada al salir de Kinmoku. Solo atinaba a sostener a Usagi por los hombros cuando notaba que las piernas empezaban a fallarle del esfuerzo.

—Seiya… —Usagi se quejó, estaba empezando a llegar a su límite—. Solo un poco… más…

—Eres poderosa. Eres invencible. Eres única Usagi —Seiya le recitó al oído mientras sostenía el peso de sus brazos, que empezaban a flaquear.

Usagi entonces decidió ir por todo o nada y utilizó lo que le quedaba de energía para lanzar un último impulso. Tomó fuerzas de la necesidad que sentía de ayudar a Seiya, de apoyarlo en todo lo que fuese necesario. Pensó en todo lo que aquel hombre había hecho por ella, desde la primera vez que se conocieron, y en cómo había sido su incondicional.

En cómo había colocado su mundo de cabeza.

En cómo le había inspirado a cambiar los paradigmas que ella misma se había impuesto.

En cómo le había dado una opción… y eso había sido todo lo que ella había necesitado para volverlo a intentar.

Sintió su frente arder y simplemente supo que allí estaba: la luna creciente dibujada en el centro sobre sus cejas.

Pero, por alguna razón, no sintió la voz de Serenity invadir sus pensamientos cómo normalmente sucedía cuando la marca lunar se hacía presente. Seguía siendo ella, estaba segura, y en aquel momento de verdad sintió que jamás había sido más poderosa.

Era ella, Usagi, y el Cristal de Plata.

—¡Odango!


¡Hola! ¡Muchas gracias a todxs los que siguen esta historia! Sus comentarios me motivan a seguir esta historia, que pronto entrará en otro arco.

Entiendo que algunos comentarios mencionan que Usagi esta comportándose de una manera injusta con Mamoru y, aunque no deseo realmente justificar mis decisiones como autora, no veo porque aquello sea algo malo (hablando del plot, no de ser injusta con alguien jaja). Las relaciones cambian, las personas toman malas decisiones, a veces no lo hacen con la cabeza fría, y las personas generalmente sobreponemos nuestra propia perspectiva y dolor sobre el de otras personas. La relación de Usagi y Mamoru, por más que haya traspasado las barreras del tiempo y reencontrarse milenios despues, no quiere decir que tiene que funcionar si o sí, o que son perfectos el uno para el otro. La vida, la de ellos como personas actuales, los van cambiando. Y bueno, ahora le toca a Mamoru reaccionar.

Eso era algo que personalmente me causaba mucho conflicto en la serie (lo perfectos que tenían que ser) y creo que es la razón por la cual muchas fans nos fuimos inclinando por el ship de Seiya y Usagi. Era caótico, desordenado, problemático para todos, pero el amor que llegaron a sentir el uno por el otro hacía que aquello valiera la pena. De alguna manera ¿no fue asi también para Endymion y Serenity también? Con aquello que los terrícolas y las personas de la luna no debían estar juntos.

En fin, cada lector le da el significado que quiere a las acciones de los personajes, segun sus propias experiencias personales. No me enoja, al contrario, me gusta ponerme a debatir tanto aqui en las notas, como internamente. Personalmente yo también dejo un poco de mis experiencias (muchas de las cuales no fueron para nada maduras o buenas) reflejadas en Usagi.

Asi que bueno, sin mas que decir, nuevamente quiero decir que agradezco todos los comentarios a esta historia jeje!

Nos vemos pronto!