CAPITULO 8

Estaba nerviosa cuando la recepcionista la hizo pasar al despacho de Edward.

Edward había tenido una reunión imprevista pero había dejado indicaciones de que la hicieran esperarlo.

Deambuló por el despacho admirando las vistas de la ciudad, luego de curiosear la variedad de portarretratos que Edward tenía esparcidas por las estanterías.

Una foto de Edward con Chelsea dominaba el escritorio. Repartidas en las estanterías había fotos de él, sus padres, Alice y Jasper.

Era un despacho claramente masculino pero estos detalles le daban calidez.

- No, Edward, lo siento. Que le defienda Mike – se quejaba Maggie cuando entraron en el despacho

- Maggie tú eres la mejor

- Pero ese tío es un cabrón, no puedo hacerlo

- Y tu profesionalidad?

- Lo siento, pero me toca muy de cerca

Bella se giró para observarlos cuando Edward reparó en su presencia.

- Bella, hola – la saludó acercándose a ella para rozar sus labios con los de ella – Espero que no lleves mucho esperando.

- Oh, no, no mucho, acabo de llegar – le contestó sonrojada por el gesto de Edward

- Hola, Bella – le saludó la abogada sonriendo con simpatía

- Buenos días, Maggie. Puedo esperarte fuera – le dijo a Edward haciendo ademán de salir del despacho

- No, no te preocupes. Ya hemos acabado.

- Ni lo sueñes – rió Maggie – No hemos acabado, ni cerca. Pero podéis iros a comer y luego seguiremos esta conversación – dijo saliendo del despacho

- Lo harás, Maggie Barners. El caso es tuyo – le gritó riendo mientras la otra se escabullía risueña

- Problemas? – indagó Bella mientras Edward se acercaba a su escritorio para dejar las carpetas que llevaba

- No. Quiero que Maggie se encargue de un divorcio, pero el tío es un cabrón infiel y ella se resiste a representarle – explicó acercándose a ella para rodear su cintura y acercarla a él – El ex marido de Maggie le fue infiel durante años y ella no se cree capaz de defender a alguien así.

- Podéis negaros a representarle?

- Podríamos rechazar el caso – dijo acercándose a ella para besarle el cuello con un gesto íntimo que la envaró – Pero perderíamos mucho dinero

Edward acarició su espalda para suavizar la repentina rigidez del cuerpo de Bella a la vez que recorría su cuello y su mandíbula con los labios antes de reclamar su boca en un beso incendiario.

Las manos de Edward se movieron sobre su cuerpo ansiosas y Bella no pudo más que apretarse contra él.

Sintió claramente su erección apretarse contra su vientre e intentó separarse. Edward la cogió por la cintura impidiéndole alejarse.

- Shh, no te vayas – susurró

- Creo que vamos muy rápido – se excusó ella

- No lo creo, sólo nos estamos besando

- Yo creo que hay algo más – se burló haciéndolo reír

- Nada que no pueda controlar – se carcajeó Edward separándose de ella finalmente – Venga, vámonos a comer. Te apetece comer mariscos?

- Me encantaría

- Perfecto. Hay un restaurant excelente en el Waterfront Park

- Sí, lo conozco – concedió

- Pues allí vamos – dijo empujándola hacia la puerta sin quitar la mano de su espalda

Comieron juntos cada día de esa semana y de la siguiente, turnándose en quién recogía a quién.

El segundo viernes a mediodía cuando Edward llegó a la boutique, Angela lo hizo pasar al despacho que Bella tenía en la parte trasera de la tienda.

- Toc, toc – se anunció al entrar

Bella estaba al teléfono y le hizo señas para que entrara y se sentara. Edward entró cerrando la puerta tras de sí. Se sentó frente a ella esperando que acabara su conversación.

No le asombró ver la ingente cantidad de fotos que Bella tenía allí. Una hermosa foto suya con Heidi estaba sobre la mesa. Pero en la cartelera de corcho de la pared del fondo, junto a dibujos de diseños había varias fotos de la niña, de los sobrinos de Bella, de ella misma con su hermano y su cuñada, y una foto de su padre con un pequeño bebé que adivinó sería Heidi recién nacida.

- Hola – susurró ella cuando cortó la llamada – Cómo estás?

- Bien. Cansado. Tú qué tal?

- Exhausta también. Tienes hambre?

- De comida, no mucha – dijo él sugerente levantándose para acercarse a ella

Tomó su mano y tiró de ella para ponerla de pie entre sus piernas cuando se apoyó sobre la mesa

- Y entonces de qué? – respondió seductora recorriendo su pecho con los dedos

- Adivínalo – le dijo deslizando la lengua por su cuello

Habían estado las últimas dos semanas manteniendo ese tipo de contacto y ambos eran conscientes de haberse sumido en una ola de placer y ansiedad que en cualquier momento estallaría empapándolos de necesidad.

Bella llevó las manos a sus cabellos y enredó sus dedos en ellos. Se arqueó para facilitarle el acceso a su cuello y su clavícula. Las manos de Edward tiraron de los faldones de su blusa para sacarlos por fuera de la falda de tubo.

Sin dejar de lamer su cuello desabotonó la camisa para exponer a él sus pechos cubiertos por el encaje azul de su sujetador.

Bajó la boca besando el valle de sus pechos. Pasó la lengua por encima del sujetador haciéndola jadear y empujar su pelvis contra él.

La sostuvo por la cintura pegada a él mientras con su otra mano movía la tela para liberar un pecho que se movió sugerente frente a él.

Se introdujo en la boca el pezón y comenzó a chuparlo con fruición.

- Ah, Edward... – gimió Bella excitada como nunca lo había estado

Edward metió la mano bajo su falda y recorrió la parte posterior de sus piernas hasta alcanzar sus glúteos desnudos bajo el diminuto tanga.

Coló un dedo bajo la tira de encaje y acarició los cerrados labios que protegían su vagina.

- Bella? – la tímida voz de Angela tras la puerta la sobresaltó – Tienes un minuto?

- Un momento, Ang – respondió nerviosa separándose de Edward que bajó su falda a la vez que ella ponía el sujetador en su lugar y abotonaba su camisa

Sus mejillas ardían cuando le dijo a Angela que entrara, después de sentarse en su lugar.

Edward se paró mirando la cartelera, de espaldas a la puerta, para evitarle a Angela la visión de su dolorosa erección bajo los pantalones.

- Lo siento. No quería molestar – se disculpaba Angela con la vista en sus zapatos y completamente colorada

- No pasa nada, Ang. Está todo bien. – respondió Bella con una calma que no sentía.

Angela al fin se marchó, después de solucionar unas dudas que le habían planteado desde el taller de confección.

- No preguntaré en qué nos habíamos quedado – susurró Edward a sus espaldas soplando sobre su cuello

- Mejor que no lo hagas – sonrió Bella levantándose para coger su bolso – Venga, vamos a comer

Comieron en un restaurant de sándwiches y ensaladas en el mismo centro comercial.

- Este fin de semana me quedaré con Chelsea – le informó Edward sentado frente a su sándwich de pavo

- Ah, sí?

- Sí. Jasper y Alice saldrán de la ciudad. En realidad necesitan un poco de intimidad, Chelsea no está llevando muy bien la relación de Jasper con Alice. Yo adoro a esa niña y me encanta estar con ella y a ella conmigo, así que pasaremos juntos el fin de semana.

Bella lo observaba encantada. Ese hombre era todo lo que una mujer podía desear. Él levantó la vista para encontrarla observándolo embelesada

- Qué? – preguntó nervioso ante su escrutadora mirada

- Nada – sonrió – Me encanta la relación que tienes con Chelsea. Amas a esa niña.

- Me gustan los niños – confesó – Jasper y yo ya éramos íntimos cuando Chelsea nació. Es como una hija para mí.

- Me encanta – dijo ella cogiendo su mano sobre la mesa

- Siempre he querido tener hijos – declaró vergonzoso sin observarla – Mi relación con Tanya era un desastre, lo fue desde que nos casamos, pero yo seguía con ella porque quería tener una familia y estúpidamente pensaba que tal vez si teníamos hijos nuestra relación mejoraría. Me divorcié de ella cuando me enteré que se había practicado un aborto – levantó la mirada llorosa hacia Bella

- Lo lamento mucho, Edward

- Es duro pensar que mató a mi hijo – una lágrima solitaria se escapó y rodó por su mejilla

- Lo siento mucho – dijo secando el rastro húmedo de su rostro

- Nunca podré perdonárselo

Comieron en silencio, y en silencio abandonaron el restaurant para caminar pensativos por la terraza exterior del centro comercial.

Finalmente se recostaron contra la balaustrada de la terraza. Fue entonces cuando después de seis años, Bella sintió la necesidad de desnudar su alma.

- El padre de Heidi intentó convencerme de que debía abortar – dijo recostada contra el pecho de Edward

Él la rodeaba con sus brazos, llevó la mano a su mejilla acariciándola en silencio esperando que continuara hablando.

- Era una niña, entonces, y tenía pánico. Él y yo sabíamos que Renée no lo aceptaría y así fue. Me dio una patada cuando supo que estaba embarazada. Aunque tuvieron que pasar siete meses para que al fin lo notara. Siete meses tardó en ver a su hija adolescente y darse cuenta que estaba embarazada.

- Lo siento mucho, Bella. Esa mujer no se merecía ser madre.

- Pero yo... – sollozó - En algún momento creí que finalmente abortaría. Odio haber sido esa persona capaz de considerarlo. – reconoció avergonzada – Tal vez soy más parecida a Tanya de lo que me gustaría.

- No puedes compararte con Tanya, Bells

- Fui a la clínica – dijo en voz muy baja temerosa de generar su rechazo – Fui a la clínica a practicarme un aborto. Pero no pude hacerlo. En el último momento no pude hacerlo. Lo siento, Edward. – dijo intentando separarse de él segura de estarlo decepcionando

- No, cariño – dijo él tirando de ella para volver a rodearla con sus brazos – No lo sientas. No lo hiciste, Bella. Tenías todo en contra y no lo hiciste. Eras una niña. Estabas sola. Sabías que tenías todo en contra y aún así decidiste tener a tu bebé.

- Pero en un momento estuve segura de que lo haría. No sabes lo mal que me siento cuando pienso en lo que estuve a punto de hacerle a mi bebé. – escondió su rostro en el pecho de Edward y rompió en llanto.

Edward la abrazaba acariciando su espalda para reconfortarla.

- Tranquila, cariño

- No podría vivir sin Heidi. Y cuando recuerdo lo que estuve a punto de hacer...

- Shh, tranquila, preciosa – la reconfortó – Tuviste un momento de debilidad, pero no cuenta, cariño, no cuenta porque fuiste capaz de dejar todo para tener a tu niña. No te importó saber que el padre no la quería ni te ayudaría. No te importó tener la certeza de que tu madre se desentendería de ti y te dejaría tirada en el momento más importante de tu vida. Aún sabiéndolo, decidiste arriesgarte y tenerla. Eso es lo que cuenta, cariño. Eso y que ahora tienes la niña más hermosa que pudieras imaginar. No importa lo que estuviste a punto de hacer, Bella, importa lo que hiciste y todo lo que has hecho desde entonces para darle una buena vida a tu hija, una vida feliz.

Levantó su rostro para mirarla

- Heidi te ama y tú la amas a ella. Ella es feliz, y eso es gracias a ti. Eres la mejor madre del mundo, Bella. Nunca serías como tu madre. Nunca serías como Tanya.

- No podría haberlo hecho sin mi padre, Emmett y Rosalie. Ellos hicieron todo por mí.

- Tuviste mucha suerte de tener a tu familia.

- Sí, la tuve. Aunque siempre me lamenté por haberlos defraudado. Mi padre quería que yo fuera a la universidad. Embarazarme a los diecisiete fue como decirle que era igual a Renée.

- Nunca fuiste ni nunca serás siquiera parecida a Renée – lo miró necesitada de sus palabras – No te fustigues, cariño. No te pareces en nada a Renée. Eras una buena chica, Bella, siempre lo fuiste. Pero sobre todo eres una buena madre. La mejor.

Se inclinó hacia ella para besarla y calmó, con ese gesto, todos sus temores.

- Te amo, Bella – confesó después de tres semanas de preguntarse si realmente podría volver a enamorarse – Hace días que lo sospechaba pero me acabo de dar cuenta que te amo.– repitió besándola nuevamente.


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