CAPITULO 10
- A qué hora quieres que pase por ti? – le preguntaba contra su cuello haciéndola erizar
- El restaurant queda al lado de tu departamento, no tienes que irme a recoger. Iré en mi coche.
Habían comido juntos como ya era habitual y Edward la había acompañado de vuelta a la boutique.
Estaban en el despacho de Bella.
Edward, de pie contra el escritorio. Bella entre sus piernas, dejándose abrazar y acariciar.
- Puedo ir a recogerte, quiero hacerlo. – murmuró contra su piel dejando suaves besos
- Sé que puedes, pero no hace falta. Iré a tu casa después de que Alice recoja a Heidi.
- No imaginas las ganas que tengo de que vengas a mi casa – ronroneó apretándola contra él para dejarla sentir su erección - Pero quiero recogerte. Es una cita, déjame ser un caballero.
- De acuerdo, como quieras. – sonrió restregándose contra él un instante antes de separarse y darle un casto beso en los labios – Venga, vamos
Cogió su bolso y las llaves de su coche y salió con él tirando de su mano.
- No es justo que hagas que tus empleadas vean la tensión de mis pantalones – le dijo en el oído risueño – Pensarán que soy un salido
- Seguro que ya lo piensan – se burló ella
Saludó a sus empleadas y se marcharon al parking del centro comercial. Edward había ido hasta allí andando así que subieron al coche de Bella y lo llevó hasta el edificio del bufete.
- Pasaré por ti a las 7 – dijo besándola antes de bajar del coche
No fue capaz de trabajar lo que quedaba de la tarde. Llevaba toda la semana planeando la cita de ese viernes y se sentía realmente excitado.
Sin dudas esa noche harían el amor y llevaba casi un mes esperándolo.
Algunos días creía que iba a explotar. Siquiera se había masturbado desde que había empezado a salir con Bella y temía que sus testículos se volvieran azules.
Por otra parte, pensaba, tal vez sería conveniente que se descargase en la ducha esa tarde o no duraría dentro de Bella más que dos minutos. Algo en él se resistía a hacerlo. Estaba decidido a hacerlo con ella. Nada más.
De momento, se dijo, lo mejor era dejar de pensar en eso y concentrarse en el trabajo. Cuando vio que eso era imposible, se despidió de Renata, su secretaria, que lo miró como si pensara que estaba enfermo por irse tan temprano, y se marchó.
- Y falta mucho para que venga Alice? – preguntó Heidi por enésima vez
- Un poco aún – respondió también por enésima vez mientras guardaba el pijama de la niña en su pequeña maleta de las Bratz
- Y qué vamos a hacer en su casa?
- No lo sé, cariño. Podréis jugar con Chelsea, tal vez veáis una película.
- Puedo llevar mis películas de princesas?
- Supongo que sí. Le preguntaremos a Alice y a Chelsea cuando lleguen, de acuerdo?
- De acuerdo – aceptó la niña nerviosa – Y tú vas a echarme de menos?
- Siempre te echo de menos, cielo
- Y no te pone triste quedarte sola en casa
- No, porque tú estarás feliz y ya sabes... – dijo mirando a su hija con cariño
- Si yo soy feliz tú eres feliz – completó la chiquilla repitiendo las palabras que su madre siempre decía – Quieres que te deje una peli para que puedas ver y no te aburras?
- No hace falta, cariño. En realidad yo también voy a salir hoy – confesó
La pequeña la miró con sorpresa y desilusión a la vez.
- Y a dónde vas a ir?
- Edward me invitó a ir a cenar
- Ah. Y yo no puedo ir con vosotros? A mí me gusta cenar fuera.
- Oh, cielo, es que vas a divertirte mucho más con Chelsea y Alice. Nosotros sólo iremos a cenar, no veremos ninguna película ni estaremos en casa para jugar – intentó conformarle – Además estoy segura de que Edward no me llevará a ningún lugar divertido para cenar
- No vas a McDonald's? – preguntó con estupefacción ya que para Heidi el concepto de cenar fuera era ir a McDonald's y comer hamburguesas con patatas fritas
- Oh, no. No lo creo
- Oh, vale – aceptó convencida de que su plan era mucho más divertido – Pero si un día te lleva a McDonald's yo puedo ir?
- Desde luego que sí, cielo, te prometo que cuando Edward me invite allí tú vendrás también.
- Vale – dijo antes de correr a la puerta donde ya habían escuchado el timbre
.
- Hola, cariño – saludó Alice cuando Heidi abrió la puerta después de gritar preguntando quién era
- Hola – contestó ésta abrazando a Chelsea y tirando de ella para subir a su habitación
- Hola, Alice – saludó Bella cuando bajó – Un café? – ofreció y se dirigieron a la cocina
- A qué hora pasará por ti? – preguntó curiosa la morena
- A las 7 – aún tenía dos horas para prepararse
- Ya sabes dónde iréis?
- Sí, vamos al Toulouse
- Wow, restaurant francés. Sí que se está trabajando esta cita – se burló Alice – Y qué te pondrás?
- Ropa – contestó tajante
- Lo imaginé. Aunque estoy segura de que la intención de mi hermano es de dejarte sin ella – se rió la otra ruborizándola – creo que es conveniente que la lleves.
- Tonta – dijo sacándole la lengua
- Te ayudaré a vestirte
- No hace falta. Aprendí a hacerlo sola cuando tenía 6.
- Pero seguro que no tan bien como si yo te ayudara
- Tú quieres estar aquí cuando Edward venga por mí - le acusó
- No lo dudes
- No. Le incomodarás.
- Yo? – dijo con fingida indignación
- Y a mí también.
- Ok, me iré pronto si me enseñas lo que llevarás y prometes llamarme mañana y contarme qué tal.
- Puedes preguntárselo a él. Es tu hermano.
- Ya, pero los hombres no tienen ni la mitad de gracia que nosotras para los detalles.
- Ok – aceptó aunque a desgana, pero sabía que sería la única forma de que Alice se fuera pronto
Se echó un último vistazo al espejo de la entrada. Edward acababa de llamar al timbre.
Siguiendo el consejo de Alice se había hecho un recogido que dejaba completamente expuesto su fino cuello.
Llevaba un vestido verde con escote halter y la espalda desnuda. No llevaba sujetador pero sus pechos pequeños y erguidos no lo necesitaban. Cogió su pashmina y su pequeño bolso e inspiró profundamente antes de abrir la puerta.
Edward estaba de pie al otro lado. Vestía un traje gris marengo con camisa y corbata oscuras.
Ya le había visto de traje muchas veces, pero verlo vestido así para salir con ella y no para ir a trabajar al bufete, lo hacía lucir particularmente sexy.
- Hola – susurró al verla – Estás preciosa
- Gracias. Tú también. – sonrió
Edward se adentró un momento sólo para estrecharla entre sus brazos y borrar todo el carmín de sus labios con un beso necesitado.
- Mmm – dijo cuando se separó – Si no me detienes creo que perderemos la reserva – rozó su cuello desnudo al hablar y su aliento tibio la hizo estremecer
- Mmm, y estaría muy mal perder esa reserva...
- A mí no me importaría – agregó Edward ahuecando las manos sobre sus glúteos a través de la seda del vestido
- Suena tentador – aceptó ella – Pero no me he puesto este bonito vestido para llevarlo dentro de casa
- Ok – suspiró – Entonces será mejor que nos vayamos y luzcamos este bonito vestido
Se separó de ella y la tomó de la mano para guiarla hasta su coche.
Cenaron una deliciosa combinación de ensaladas y mariscos. Ambos se habían sentido muy cómodos durante la cena pero al acercarse el fin de la misma, crecía en ellos por igual, un patente nerviosismo provocado por la anticipación de lo que, aún sin hablarlo, ambos intuían que sucedería a continuación.
Cuando finalmente el volvo aparcó frente a la casa de Bellevue, tanto Edward como Bella esperaban lo mismo, pero ninguno se atrevía a poner en palabras sus deseos.
- Bueno – dijo Edward finalmente para romper el tenso silencio – Aquí estamos
- Sí – susurró Bella como única respuesta
Resignado a que Bella no estuviese preparada para dar el siguiente paso en su relación, Edward bajó del coche y lo rodeó para dirigirse a la puerta del copiloto y ayudar a la chica a bajar del coche.
Tomándola de la mano la llevó hasta la puerta de la casa.
- Hasta mañana – se despidió suavemente cuando Bella se volteó hacia él después de abrir la puerta de calle
Se inclinó contra ella tomando el femenino rostro entre sus manos, posó con delicadeza los labios en los de ella y la besó con suave ternura.
Bella gimió recostándose contra él. Edward rodeó la estrecha cintura con sus brazos y la apretó contra su cuerpo.
- Te gustaría entrar? – susurró ella cuando él se alejó
- Me encantaría – le confesó – pero sólo si tú estás segura – dijo dándole la opción a rechazarle
- Estoy segura – admitió entrando en la casa con él detrás suyo
Se la veía nerviosa y fuera de lugar cuando dejó su bolso y su abrigo colgados del perchero.
Edward la abrazó por la espalda y besó su cuello.
- Ahora es cuando me ofreces algo de beber, - susurró en su oído – yo digo que no y comenzamos a besarnos hasta quedarnos sin aliento.
- Eso es lo que sucederá? – se burló ella girándose entre sus brazos para rodear su cuello enredando sus dedos en el corto cabello cobrizo
- Ajá. Todo desembocará en que haremos el amor de la forma que venimos deseándolo desde hace un mes.
- Debo confesar que no tengo mucha experiencia en estas cosas.
- Mejor así. El tema es que, cuando estoy contigo, no tengo suficiente control para alargar demasiado esos preliminares.
- Y qué sugieres, entonces?
- Que me hagas pasar a tu habitación y me permitas hacerte el amor.
- Vamos a la habitación, entonces – ofreció después de carcajearse y tomó su mano para guiarlo hacia las escaleras que conducían a su habitación.
Sé que esperábais un capi más caliente, lo siento, quizás el próximo.
Igual si llegamos a los 30 reviews para este capi actualizo antes del lunes.
Gracias a todos por leer, y por los reviews, alertas y favoritos.
Besitos y buen finde!
