CAPITULO 11
No había mentido cuando había reconocido no tener experiencia.
James se había ocupado de todo sin siquiera pedir su opinión o esperar su ofrecimiento. Y ella se había dejado guiar. Era una niña en aquel entonces y nadie le había hablado jamás sobre cómo llevar ningún tipo de relación con un hombre.
Su madre, su referencia, había llevado las relaciones con los hombres de una forma que a Bella la disgustaba por lo que no quería copiar nada del comportamiento de aquella.
Por su parte, Jacob se había lanzado sobre ella las pocas veces que Bella había accedido a ir a su casa. Y él había intentado hacerse cargo de cómo, dónde y cuándo tendrían lugar sus relaciones sexuales, las cuales, por otra parte, nunca llegaron a concretarse.
Pero Edward era completamente diferente a todo lo que era conocido para ella. Él no daba por hecho que dormirían juntos ni se mostraba molesto si los planes de ella no coincidían con los suyos. Por el contrario sabía que podría negarse en cualquier momento y él no se lo tomaría a mal ni intentaría coaccionarla.
Pero era justamente con él, con la única persona que era ella quien deseaba hacer el amor, y no para evitar que la dejara, como había sido con James o porque fuera lo "normal", como había dicho Jacob.
La habitación de Bella era amplia y cómoda. Estaba pintada de un color blanco hielo con cortinas de color vainilla. En el centro una cama bastante amplia cubierta por un edredón vainilla donde descansaban varios cojines en distintos tonos de rojo.
Edward la giró de frente a él cuando entraron en la habitación y la rodeó con sus brazos para calmarla cuando notó lo tensa que estaba.
- Hey, cariño, estás bien? – preguntó en voz muy baja
- Estoy un poco nerviosa – confesó sin levantar la vista del pecho del joven
- Shh, relájate, sí? – puso sus dedos bajo el mentón de ella y levantó su cara para enfrentar su mirada – No tenemos por qué hacer nada. Lo sabes, verdad?
Bella no pudo más que asentir.
- Hey, no vamos a hacer nada que tú no desees. Si lo prefieres podemos bajar y tomar un café y me iré a casa – ofreció temeroso de su respuesta
- No. – denegó ella rotunda – Quiero hacerlo, pero deberás tenerme un poco de paciencia. No tengo tanta experiencia como tú crees.
- Tontita – rió besando su frente – Qué sabes lo que yo creo? Bells, ésta es solo una parte más de nosotros que ambos queremos conocer y compartir con el otro. Bella, tú me encantas y te amo. Hacer el amor es un paso más, es algo más que quiero compartir contigo. Y no importa lo que hayamos hecho antes o con quién. Esto es entre tú y yo, y aquí sólo estamos tú y yo. Haremos lo que nos haga sentir bien a nosotros dos y nada más. – dudó antes de continuar – Puedo preguntarte cuánto tiempo hace que no estás con alguien?
- Desde el padre de Heidi – reconoció vergonzosa
Eso le sorprendió. Bella había quedado embarazada hacía más de seis años y desde entonces no había estado con nadie más.
No era extraño que se sintiera nerviosa. Sin contar que no era más que una adolescente cuando se embarazó. Si a eso sumaba el hecho de que, seguramente, como él sospechaba, el padre de Heidi hubiese sido un compañero de instituto de Bella, y por ende un adolescente también, era de esperar que no se considerase con mucha experiencia.
A los 17, y él lo sabía basado en su propia experiencia, los hombres tenían las hormonas tan a flor de piel que no necesitaban mucho para correrse, por lo que rara vez se tomaban mucho tiempo para satisfacer a una chica. A esa edad todos buscaban cantidad más que calidad. Seguramente eso era lo que había sucedido con Bella y era entendible, entonces, que ella se sintiera nerviosa e inexperta.
- De acuerdo. – se separó para observarla – Estás segura de querer hacerlo conmigo?
Bella asintió aún sin mirarlo directamente.
- De acuerdo – dijo levantando su rostro para obligarla a mirarle – Confías en mí, cariño?
- Sí. Confío en ti.
- Perfecto. Tú sólo relájate, sí? Relájate y ten la certeza de que podemos dejarlo en cualquier momento, vale? Sólo debes pedirme que me detenga y lo haré, de acuerdo?
- Sí.
- Bien – dijo intentando centrarse.
Él estaba excitado desde hacía días y no se veía muy capaz de contenerse. Pero se prometió a sí mismo hacer de ésta una experiencia satisfactoria para Bella. Satisfactoria como poco. Así que debería recurrir a todo su autocontrol, aunque en ese momento no sabía dónde estaba éste.
- Ven aquí – dijo tirando de ella para rodearla con sus brazos y besarla, a la vez que retiraba los pasadores de su cabello para liberarlo y dejarlo caer en cascada sobre sus hombros.
Poco a poco su beso se fue volviendo pasional y sintió crecer en Bella el placer y la excitación.
Ok. Eso estaba bien.
Llevó las manos al cuello de Bella para desatar el lazo del vestido. Éste se soltó y dejó el cuerpo de Bella descubierto hasta la cintura.
Edward jadeó viendo sus pechos erguidos hacia él. Sin dejar de besarla posó las palmas de sus manos sobre los turgentes pechos y frotó los firmes pezones haciéndola estremecer.
Bella gimió apretándose contra él. Bajó las manos para cogerla por la cintura y apretarla contra su erección. Llevó una mano a la pequeña cremallera que descansaba sobre el trasero de Bella y la bajó liberando el vestido completamente, y dejándolo caer a sus pies.
El pequeño tanga de encaje verde fue un golpe directo a su estómago que le cortó el aire. La levantó por la cintura instándola a rodearlo con las piernas sin apartar sus labios de los de ella.
Caminando cinco pasos chocó contra el borde de la cama. Suavemente la tumbó sobre ésta.
Bebiéndose su imagen con adoración, se desvistió dejándose puestos los bóxer que evidenciaban su poderosa erección. Se recostó sobre ella después de quitarle con delicadeza los verdes zapatos de tacón.
- Eres preciosa – susurró deslizando la boca por su mandíbula y su cuello hasta alcanzar su clavícula
Bella se sentía completamente excitada de una forma que hasta entonces no había creído que fuese posible sentirse.
Las manos expertas de Edward recorrían su cuerpo tocándola con suavidad electrizándola. Comenzó a sentir su respiración acelerarse presa de las sensaciones. Los dedos de Edward se colaron por debajo de sus bragas mientras su boca succionaba y lamía sus pechos endureciendo las sensibles crestas.
Dio un respingo al sentir los dedos de Edward separando suavemente sus labios íntimos.
- Te gusta esto? – le preguntó mientras pasaba sus dedos acariciantes sobre su clítoris henchido
- Mmm, sí – gimió
- Y esto? – dijo cuando imprimió más fuerza contra el pequeño botón
- Ah... sí... – jadeó nerviosa
- Y ahora? – insistió Edward penetrándola con sus dedos a la vez que su dedo pulgar trazaba círculos sobre el clítoris
- Oh, sí, Edward... por favor... – rogó sin saber a ciencia cierta lo que estaba demandando
- Qué es lo que necesitas, cariño?
- Dios, Edward, no lo sé – reconoció apesadumbrada a la vez que se arqueaba hacia él para profundizar la penetración – Sólo no te detengas, por favor
- No me detendré, cariño – dijo besando el valle entre sus senos
No obstante su promesa, retiró los dedos para llevar sus manos a las bragas y quitárselas. Separó las piernas de la chica y se colocó de rodillas entre ellas. Bajó su lengua por el plano vientre hasta juguetear con el brillante que descansaba en su ombligo.
- Mmm, sexy... – dijo burlón
Bajó aún más hasta alcanzar el suave pubis y deslizó la lengua seductoramente sobre los pliegues.
Bella jadeó excitada por su accionar.
Con sus dedos separó los labios aspirando el almizclado olor que emanaba del sexo de su chica antes de hundir la lengua en él para deleitarse con su sabor.
Ella jadeó ante el caliente contacto pero él la sostuvo impidiendo que se moviera de su lugar.
Aferrándola por los glúteos, se dedicó a lamer, succionar y mordisquear por partes iguales la vagina y el clítoris llevándola al filo del orgasmo.
Un maremoto de sensaciones comenzó a girar dentro de su cuerpo transportándola por sendas de placer que nunca había siquiera vislumbrado. Cuando sus jadeos se convirtieron en pequeños gritos la penetró con los dedos y comenzó a bombear dentro suyo sin dejar de atender su caliente perla con los labios.
El calor electrizante se extendió por sus extremidades para ir a concentrarse al punto que Edward con tanta pasión trabajaba.
- Edward... – jadeó – Voy a correrme...
- Vamos, cielo – dijo alejándose un momento antes de volver e incrementar el ritmo de sus dedos y su lengua dentro de la tibia cavidad
La sintió apretarse sobre sus dedos mientras gritaba presa del orgasmo.
Fue un orgasmo largo que la hizo jadear y retorcerse antes de dejarse caer exhausta sobre la cama mientras cogía la mano de él para apretarla deteniendo los envites.
Edward se separó sonriente y se recostó sobre ella para besar su rostro con reverencia. Besó sus párpados cerrados, sus mejillas, la comisura de sus labios haciéndola sonreír satisfecha.
- Estás bien, cielo?
- Creo que estoy muerta – sonrió haciéndolo reír
- Pues deberá resucitar porque aún tengo mucho más que hacer con usted, señorita – dijo antes de besarla con necesitada devoción
Bella le rodeó el cuello con sus brazos a la vez que sus piernas le rodeaban la cintura.
- Ah, sí? – ronroneó empujando suavemente su sexo contra la erección que se escondía bajo los bóxer – Eso habrá que verlo
- No provoques al ogro
- Y si lo hago?
- Podrías arrepentirte – rió dándole un mordisco suave en la mandíbula
- No lo creo – río a su vez mientras volvía a excitarlo con sus movimientos
Edward se abalanzó sobre sus labios para besarla con avidez. Llevó la mano al clítoris inflamado y comenzó a acariciarlo con fuerza haciéndola jadear.
- Hazme el amor, Edward – le pidió necesitada
- Será un placer – concedió él separándose de ella para quitarse los bóxer y colocarse un preservativo que sacó del bolsillo de su pantalón que descansaba a los pies de la cama.
Sin más preámbulos la penetró con sus dedos para comprobar su humedad y los retiró para reemplazarlos por su ya dolorosa erección.
- Dios, Bells, eres tan estrecha. – gimió – Creo que no voy a aguantar mucho – confesó apenado
- Quiero sentirte, Edward
La embistió lentamente intentando recuperar algo de autocontrol para retrasar su orgasmo. Llevó las manos a los glúteos de la chica y separándolos comenzó a acariciar su ano excitándola.
Bella jadeaba asaltada por emociones hasta entonces desconocidas para ella. Finalmente la pudo sentir apretándose sobre él.
- Oh, Edward, creo... voy...
- Vamos, cariño – la instó embistiéndola con fuerza mientras la penetraba por detrás con su dedo hasta sentirla explotar sobre él y dejarse ir a sí mismo dentro de ella.
Hey! Os lo habéis ganado. Aquí está al fin.
Ahora sí, hasta el lunes.
Besitos y buen finde!
