CAPITULO 12

Bella descansaba tumbada sobre su pecho desnudo después de haber hecho el amor por tercera vez. Edward acariciaba su espalda cansado pero completamente satisfecho y feliz.

- Nunca había sentido algo igual – declaró Bella

- Ni yo – sonrió él besando su cabello

- Nunca había tenido un orgasmo más que masturbándome – confesó avergonzada

Edward se sorprendió ante tal confidencia.

- Quieres decir que nunca alcanzaste el clímax en una relación sexual?

- No, nunca.

Edward se removió inquieto tan sólo imaginando lo frustrante que aquello habría podido ser.

- Quieres contármelo?

- No, particularmente. Es vergonzoso para mí y supongo que incómodo para ti.

- Me gustaría escucharlo

- No hay mucho que decir. El padre de Heidi no se preocupaba por nada que no fuera su placer. Simplemente era así. Yo no sabía lo suficiente como para exigir ni demandar nada más.

No le pasó desapercibido que siempre se refería a ese hombre como "el padre de Heidi" y le dolía que no confiara en él lo suficiente como para ser más explícita a ese respecto.

- A los 17, los tíos solemos no preocuparnos mucho por nuestras parejas de cama. Yo también era así en ese entonces. – confesó – Buscamos cantidad más que calidad y somos bastante poco efectivos a la hora de dar placer.

Entendió entonces, que Edward imaginaba al padre de Heidi como un adolescente. No era de extrañar ya que siendo ella una chiquilla, seguramente pensó que su "novio" debió haber sido un chiquillo también. No tuvo el coraje suficiente para sacarlo de su error, ya que la avergonzaba más reconocer que había sido tan tonta como para creer todas las mentiras de un hombre que le llevaba diez años.

- Creo que en el instituto, en las clases de educación sexual, deberían enseñarnos que los hombres tenemos la obligación de hacer disfrutar a nuestras mujeres. Y a las chicas deberían enseñarles a exigir su placer y no conformarse con menos. Creo que la bendita religión nos ha hecho creer durante siglos que las mujeres no necesitan el placer tanto como los hombres. Y lo peor es que todos, hombres y mujeres, nos lo hemos creído.

- Supongo que tienes razón. Tal vez esa educación debí haberla recibido en mi casa, al menos, pero honestamente, Renée no era el referente que yo quería tener. Mi madre arruinó la vida de mucha gente por su disfrute sexual. – declaró con dolor

- Lo siento, cariño. Nadie debería recibir ese trato de su madre.

La apretó contra su pecho reconfortándola. Tras un largo silencio continuó.

- Bells, por qué nunca hablas del padre de Heidi? Por qué lo ocultas de todo el mundo?

Bella inspiró profundamente sin responder. Cuando finalmente pensó que ella no diría nada le contestó.

- Nunca quise que nadie supiera quién es

- Por qué no? Por qué le proteges después de que se comportara como un cabrón contigo?

- No le protejo a él.

- Entonces? – preguntó dudoso

- Es por mí.

- Por ti?

- Me avergüenzo de haberme acostado con él. – confesó

- Por qué?

- Porque fui una niña ingenua, estúpida, incrédula. Creí todo lo que dijo e hice todo lo que él quiso. Todos decían que yo era muy madura para mi edad, y en realidad fui tan ingenua como para dejarme embarazar por un tipo como él. Me creí todos los cuentos de hadas. – respiró profundamente antes de continuar – Pero lo necesitaba, necesitaba creer en alguien, en algo. Quería creer que era importante para alguien. Creo que en el fondo de mí sabía que todo era una mentira, pero aún así elegí creerle, hacer lo que él decía. Cuando me quedé embarazada sabía que él no me apoyaría, siempre lo supe, por eso nunca se lo conté a nadie. Supongo que porque quería evitar escuchar "cómo fuiste tan ingenua", "cómo pudiste creerle".

- Cariño, te castigas por algo que no es tu culpa

- Y de quién si no?

- Bells, eras una niña. No debiste estar sola, no debiste no poder confiar en nadie, ninguna chica de tu edad debería no tener a nadie a quien contarle las cosas. Cuánto tiempo estuviste con él?

- Demasiado

- Cuánto?

- No quiero hablar de ello, Edward

- Por qué no? No confías en mí?

- Claro que confío en ti, pero no quiero hablar de ello.

Se giró empujándola con suavidad para dejarla tumbada sobre la cama y recostarse sobre ella.

- Por qué no quieres contármelo? – susurró contra sus labios enfocando la mirada en sus ojos marrones

- No quiero que sepas cuán tonta fui – dijo bajando la mirada a la vez que tímidas lágrimas se escapaban de sus ojos – No quiero que te decepciones de mí

- Crees que puedo decepcionarme de ti? – sonrió con cariño

- No me preguntes, Edward, por favor – rogó escondiendo el rostro en el firme pecho masculino

La rodeó con sus brazos apretándola contra él consoladoramente.

- Shh, tranquila, cielo. No te preocupes. No hace falta que me lo cuentes si no quieres. Pero quiero que estés segura de que yo te amo y nada cambiará eso. Nada me haría pensar mal de ti.

- Gracias, Edward.

- No me agradezcas, tontita – dijo separándose de ella para mirarla

Se acercó a sus labios y la besó con ternura. Bella se restregó contra él y rápidamente el beso se volvió erótico y pasional y desembocó en una nueva ronda de sexo.

Se estiró en su lugar y se volteó para recostarse contra el cuerpo de Edward.

La cama estaba vacía aunque en la almohada a su lado, aún permanecía la marca que había dejado la cabeza de él.

Volvió a estirarse en la cama y decidió levantarse cuando escuchó ruidos en la planta baja de la casa.

Se puso unas bragas limpias y su enorme camiseta de los Seahawks. Se calzó las enormes zapatillas con forma de garras de león que había comprado a juego con las de Heidi, y sintiéndose de todo menos sexy bajó a la cocina para encontrarse con su chico.

De espaldas a la puerta y de frente a la cocina Edward freía huevos y bacon. Él sí lucía sexy, descalzo, con el torso desnudo y llevando solamente sus pantalones y un delantal de cocina.

- Buenos días – le saludó apoyada en el marco de la puerta

Él se volteó sonriente con el cabello enmarañado que le daba un toque claramente sexual.

- Mmm – ronroneó él después de recorrerla con la vista de arriba abajo – Esas zapatillas son... sexys

- Sí, claro – rió ella y se acercó para rodear su cintura con los brazos y acercarlo a ella para besarle

Edward la besó sin soltar los utensilios de cocina que llevaba en las manos.

- No tenías que levantarte – le dijo cuando se separaron – Quería llevarte el desayuno a la cama

- Debiste levantarte más temprano – rió ella dirigiéndose a la cafetera para servir dos tazas con el café recién hecho

- Ya. Es que una señorita insaciable me dejó exhausto – contrarrestó haciéndola reír

Bella sacó de la nevera la botella de zumo de naranja y la dejó en la mesa junto con los vasos y los platos donde Edward sirvió el desayuno.

- Qué planes tenemos para hoy? – preguntó Edward cuando estuvieron sentados frente a sus desayunos

- Mmm, esto está buenísimo, Edward, no sabía que cocinaras tan bien – le dijo ella evasiva mientras saboreaba sus huevos con bacon

- Gracias. Otro de mis tantos atributos – sonrió él petulante – Yo que tú no me dejaría escapar, soy un gran partido.

- Eso creo, sí – rió Bella

- Y bien?

- Y bien, qué?

- Qué planes tenemos para hoy?

Bella se sonrojó.

- No lo sé

- Ya. Pensabas librarte de mí hoy.

- Desde luego que no. – le contradijo – Pero no pensé que quisieras que pasáramos el día juntos

- Qué más podría querer hacer que estar contigo? – le confesó él cogiendo su mano a través de la mesa

Sonrió confiada y feliz. Estaba empezando a enamorarse de ese hombre.

No. Eso era una mentira. No estaba enamorándose de él. Ya estaba completamente enamorada aunque aún no se hubiera atrevido a decírselo.

Él sí que lo había hecho. Él sí que no había tenido reparos a la hora de confesarle sus sentimientos.

Tal vez ya era hora de que ella hiciera lo mismo.

Él se lo merecía.

Sobre todas las cosas él se lo merecía, se merecía saberlo. Y para ser honesta ella también se merecía el poder decirlo.

- Te amo, Edward – confesó sin preámbulos sobresaltándole

- Wow – expresó él con los ojos muy abiertos – Gracias

- No tienes que agradecérmelo. Al contrario. Yo te agradezco a ti haberme devuelto la confianza. Haberme devuelto la capacidad de amar.

Edward se levantó de su asiento y rodeó la mesa para acercarse a ella.

- Dios, cariño – dijo levantándola de su silla y abrazándola con fuerza – Te amo, Bella. Eres lo mejor que me ha pasado. Encontrarte a ti es lo mejor que ha podido ocurrirme. Te amo, y no quiero pensar en estar alejado de ti. Quiero estar contigo más que cualquier otra cosa en el mundo. Quiero formar parte de tu vida. De tu vida y de la Heidi.

Unió sus labios a los de ella y se fundió en un beso sediento. Separándose sólo un instante llevó su mano a la espalda de ella y colocó la otra en la parte posterior de sus piernas para levantarla en sus brazos y llevarla a la habitación.

- Hey – protestó ella riendo – No he acabado de desayunar

- Ya lo acabaremos después

- Después de qué?

- Después de que te quite esta camiseta y compruebe lo que hay debajo – rió cuando entró en la habitación y dio un pequeño puntapié a la puerta cerrándola.


Aquí traigo el nuevo capi. Disfrutarlo.

Review=Adelanto

Besitos y nos seguimos leyendo!