CAPITULO 15
- No me creo que le dijeras que no – dijo Rosalie mirándola con clara sorpresa, mientras sostenía las cortinas que Bella estaba colgando en la habitación de invitados.
- No le dije que no – arguyó – Sólo dije que no aún – recalcó la última palabra
- Y por qué?
- Porque aunque a ti te parezca suficiente, aún no hace un mes que estamos saliendo. El viernes fue la primera vez que hicimos el amor. No es suficiente para mí – replicó molesta
- Venga ya, Bella. Es verdad que sólo hace un mes que salís juntos pero estás loca por él y él por ti, tenéis muchísima conexión, os lleváis muy bien. Te trata increíblemente bien. Ya te ha demostrado que estáis muy bien juntos. Sois adultos.
- También me trataba muy bien el padre de Heidi – discutió realmente enfadada – Después de tres años con él también creía que me había demostrado muchas cosas
Rosalie la miró sorprendida. Era la primera vez que Bella le contaba algo sobre el padre de Heidi. En seis años era la primera vez que le confiaba algo sobre ese hombre.
Al principio le sorprendió descubrir que había estado con él durante tres años, ya que eso significaba que era sólo una chiquilla cuando le conoció. Pero supuso que allí debió comenzar su romance de instituto.
- Bells, cariño – dijo comprensiva – No puedes comparar, en ese entonces erais unos críos.
- Yo era una cría! – gritó y las lágrimas corrieron raudamente por sus mejillas.
Aún sin poder contenerse confesó.
- Él tenía diez años más que yo. Era mayor de lo que soy yo ahora y de todos formas no funcionó.
Rosalie se dejó caer en el sillón que había al costado de la ventana. Fue entonces que se dio cuenta de lo que había hecho. Le había contado a su cuñada su secreto mejor guardado de los últimos diez años de su vida.
Rosalie tenia el rostro desencajado.
- Oh, Dios – se lamentó Bella bajando de la escalera para ponerse de rodillas frente a la rubia– Rose, lo siento, por favor. No quería decir eso. Olvida lo que he dicho, por favor. Olvídalo, por favor.
Rose la miró con una mezcla de confusión y desconsuelo.
- Cómo voy a olvidar lo que has dicho? – susurró
- Por favor, Rose – imploró – Te lo suplico, por favor. Olvídalo. No se lo digas a Emmett. Por favor, prométeme que no lo harás, que no se lo dirás a Emmett.
- No entiendo, Bella. Por qué no quieres que Emmett se entere?
- Me avergüenza demasiado – confesó bajando la mirada
- Te avergüenza? Qué es lo que te avergüenza, cariño? Cómo puede avergonzarte que te haya utilizado un pervertido? Cuántos años tenías, Bella? Catorce? Quince? Cuántos años tenías?
- Catorce – murmuró
- Catorce. Con sólo catorce años te engatusó un pervertido de, cuántos? Veinticuatro?
Sólo pudo asentir con un movimiento de cabeza.
- Y dónde cojones estaba la zorra de tu madre mientras su hija adolescente era violada por un pederasta?
- No me violó. En ese momento yo quería hacerlo.
- Te violó, Bella. Vaya si lo hizo. A esa edad no sabías lo que hacías, pero él sí que lo sabía. Se aprovechó de ti, Bella.
- Lo sé. – reconoció sin poder aguantar el llanto mientras hundía el rostro en el regazo de Rosalie quien acariciaba su cabello de forma consoladora. – Pero entonces era lo que yo creía que necesitaba. Estaba tan sola, Rose, me sentía tan sola y abandonada. Renée se marchaba de la ciudad a menudo con Phil, y yo me quedaba sola en la casa. Tenía sólo catorce y me dejaban sola durante semanas. Me dejaron sola desde que llegamos a Phoenix y sólo tenía doce. A los catorce debí estar acostumbrada, pero no pude adaptarme a eso.
- Dios, cariño – dijo la rubia sin contener sus lágrimas – Dios mío, Bells. Lo lamento tanto, cielo. Nadie debería pasar por algo así. Nadie debería tener una madre tan decadente como Renée. A esa mujer debieron haberle arrancado los ovarios al nacer.
- Por favor – suplicó alzando la cara para mirarla – Por favor, no se lo digas a Emmett.
- Tranquila, cielo, no se lo diré. Pero no entiendo por qué no quieres que él lo sepa.
- Ya te lo he dicho. Me avergüenza. Pero además conozco a Emmett, no quisiera que pudiera intentar tomar represalias contra él. Lo he dejado atrás en mi vida. Muy atrás. Tengo a Heidi. Soy muy feliz con mi hija y no quiero que él forme parte de nuestras vidas ni para saber que Emmett le ha dado una paliza.
- Quién era él, Bella? Emmett le conoce?
- Sí – murmuró volviendo a esconder la mirada – Es un amigo de Phil. James Witherdale. Fue compañero de Emmett en el instituto de Phoenix, cuando Emmett aún vivía allí.
- James Witherdale – repitió la joven pensativa
- Era mi profesor de gimnasia.
- Era profesor tuyo en el instituto? – preguntó con sorpresa
- Sí
- Dios – gimió Rosalie dejando caer la cabeza sobre el respaldo del sillón
- Prométeme que no se lo contarás nunca
- Te lo prometo
- Confío en ti, Rose
- No se lo diré, cielo, pero creo que tú deberías hacerlo.
- Tal vez algún día pero de momento no tengo la menor intención de hacerlo
- Pero, Bells... – intentó convencerla
- Sin discusión
- De acuerdo – aceptó al fin – Renée lo sabía? – preguntó después de reflexionar un momento
- No
- Siquiera lo sospechaba?
- Claro que no. Cuando quedé embarazada ni siquiera sospechó de él. Ni siquiera porque él visitaba nuestra casa tanto como podía. Cuando Phil y Renée viajaban le pedían a James que se diera una vuelta por la casa para cerciorarse de que todo estaba bien. Creo que de esa forma borraba el sentimiento de culpa por dejar a una niña sola. No sospechaba que en esos momentos el mejor amigo de su marido aprovechaba para acostarse con esa niña. – dijo con una sonrisa forzada – Renée asumió que debía ser algún compañero de clase, como todos.
- Lo siento, Bells. Todos hemos asumido eso
- Lo sé. Yo tampoco he querido sacar a nadie de su error.
- Cómo sucedió? - preguntó Rosalie
- No lo sé. Era el profesor guapo del instituto, todas las niñas estaban locas por él y él estaba todo el tiempo en mi casa porque era amigo de Phil. En un primer momento no se percató de mi existencia, pero cuando cumplí catorce algo sucedió. Un día yo estaba en la piscina, Renée y Phil habían salido. Yo salía hacia el patio trasero en el momento que James entraba a la casa. Él entraba y salía de nuestra casa como si fuera la suya. Nos chocamos en la puerta y yo trastabillé, James me tomó por la cintura y me pegó a él. Yo iba en biquini y sentí claramente su excitación. No me soltó sino que se acercó a mí y me besó. Fue mi primer beso y en ese momento sentí que era la gloria. Yo, la niña invisible había besado al profe de gimnasia. Era una inmadura y me creí una ganadora. En algún momento me percaté de sus manos por todo mi cuerpo bajo la tela de mi biquini, sobando mis pechos, mis glúteos, mi vagina. Escuchamos el coche de Phil y eso fue lo que le detuvo. Me habría desvirgado allí mismo si ellos no hubieran llegado.
- Era un cretino - susurró Rosalie jadeante
- Me dijo que yo le gustaba y que estaba enamorado de mí. Me hice "rogar" - dijo marcando las comillas con sus dedos en el aire - Pero tres meses después estaba segura de que él iba a romper conmigo si no me acostaba con él, entonces lo hice. Estuvimos así tres años. Él estaba casado y decía que le era imposible dejar a su mujer pero que con el tiempo lo haría, que yo era joven y podía esperarlo.
- Cuándo os veíais?
- Básicamente en la casa.
- En casa de tu madre? - preguntó la otra asombrada - Y ella nunca lo notó?
- James era muy discreto. Aprovechaba cualquier oportunidad a solas conmigo para tocarme o tener sexo. Se ofrecía a acompañarme a fiestas del instituto a las que nunca llegué a ir en realidad. Cuando Phil y Renée se iban de viaje venía a verme para asegurarse que estaba bien. Qué sé yo...
- Dios, Bella, no me creo que hayas pasado por eso - se quejó - Se lo has contado a Edward?
- No
- No quieres decírselo?
- No, por el momento
- Ok.
Rosalie se dejó caer hacia el suelo para sentarse al lado de su amiga.
- Bella, no puedes dejar que ese mal nacido influya en tu relación con Edward – susurró – Edward no es como él
- Lo sé. Sé que Edward no es como James. Puedes estar segura de que lo sé. Pero aún así quiero ir despacio con Edward. Lo amo, me gusta. No quiero arruinar las cosas por precipitarnos.
- Entiendo – aceptó Rosalie – Pero prométeme que no dejarás que lo sucedido con James perjudique la hermosa historia de amor que estás construyendo con Edward.
- Tranquila, no dejaré que lo haga.
Rosalie abrazó a su amiga para permanecer allí durante horas hasta que ambas estuvieron mucho más calmadas.
Mientras tanto, en un departamento de West Highland Drive, frente al Kerry Park, un decepcionado Edward cambiaba canales en su televisor sin detenerse en ninguno.
- Cullen – contestó sin siquiera mirar el identificador del teléfono
- Hola, Edward
- Bella – dijo emocionado bajando el volumen del televisor– Cariño, cómo estás?
- Bien. Y tú?
- Aburrido.
- Ja. Si quieres jugar a las Bratz rockeras... – se burló
- Sin dudas sería mucho más divertido que estar aquí tumbado en el sofá
- Estarás en tu departamento esta tarde? – preguntó tímida
- Sí. Vas a venir a visitarme? – contrarrestó sugerente
- Sí, si te parece bien. Tengo que hablar contigo
- Ok – aceptó temeroso – Te esperaré
- De acuerdo. Estaré allí en una hora.
- Ok.
Cortó la comunicación y soltó el teléfono sobre el sofá para sentarse y esconder el rostro entre sus manos. Era lo suficientemente adulto como para saber qué significaba aquello de "Tenemos que hablar", y sentía pánico de sólo imaginarse a Bella cortando con él.
No, no podía ser eso. El día anterior lo habían pasado muy bien. Todo había estado muy bien. Incluso cuando ella rechazó amablemente su proposición. Aún entonces, todo había estado bien. No podía simplemente venir y dejarlo. No, Bella no podía hacer eso.
Aquí un nuevo capi. Bastante revelador sobre Bella y James.
Review=Adelanto
Besitos y nos leemos!
