CAPITULO 17
Edward dormía abrazándola por la espalda. Ella se recostaba en el pecho del chico sin dejar de mirar el precioso anillo que descansaba en su mano.
- Te gusta? – murmuró Edward somnoliento contra su pelo
- Mucho – sonrió
La presionó contra él acariciando su vientre.
- Edward... – le llamó
- Mmm?
- Sé que te lastimó ayer que te dijera que no quería llevar el anillo todavía
- Olvídalo
- No quiero olvidarlo
- Olvídalo, cariño. Hoy es otro día y tienes mi anillo en tu dedo
- Ya. Es que... - dijo dubitativa
- Qué? – preguntó temeroso – Volverás a decirme que no lo quieres?
- No es eso
- Entonces?
Se giró para mirarle
- No quisiera que Heidi lo vea hasta que pueda explicárselo y me gustaría que estuviéramos juntos cuando le digamos que vamos a casarnos – explicó dejándolo mucho más tranquilo – Había pensado que podrías venir a cenar a casa algún día esta semana y se lo diríamos
- Me encantaría – dijo feliz antes de lanzarse a besarla
En principio habían quedado para cenar juntos el miércoles de esa semana, pero los planes cambiaron cuando Bella llegó a casa ese lunes por la tarde.
Zafrina había recogido a Heidi del entrenamiento de su equipo de soccer y habían llegado a la casa hacía ya dos horas.
El verano anterior Heidi le había rogado que la inscribiera en el Saint Peter, un pequeño club de soccer infantil local y le había gustado tanto que ese verano había vuelto.
Entonces Jen, la pequeña de Emmett, se había entusiasmado y la habían inscripto también y este verano jugaban juntas.
- Buenas tardes, Zafrina – saludó Bella entrando a la cocina donde la mujer acababa de preparar la cena
- Buenas tardes – sonrió aquella
- Y Heidi?
- Está en su habitación.
- No se encuentra bien?
- No mucho, creo – confesó – No me ha querido decir qué le sucede pero al volver del entrenamiento estaba muy desanimada.
Bella se despidió de Zafrina y subió a la habitación de Heidi, intrigada por lo que Zafrina había dicho.
- Hola, cariño – saludó aprensiva cuando entró a la habitación y se encontró a su niña tumbada boca abajo en la cama
- Hola – susurró la niña escondiendo la cara en las almohadas
- Cómo estás, cariño? Qué te sucede, pequeña? – preguntó sentándose en la cama al costado de la niña
- Nada
- Segura? Cuéntame. Tuviste algún problema en el entrenamiento?
- No.
- Entonces?
La niña se sentó en la cama y se lanzó a los brazos de su madre sollozando. Más preocupada aún, Bella acariciaba su espalda y su cabello consoladora.
- Hei, cariño, cuéntame y seguro que lo podremos solucionar.
- No, no podemos – discutió
- Venga, dímelo
Refunfuñando aún la niña se explicó.
- El próximo domingo es el partido del día del Padre.
- Sí... – dijo dudosa esperando que la niña continuara
Con la conmemoración del día del padre, el tercer domingo de junio, el Club Saint Peter organizaba una jornada de soccer donde los padres eran los principales invitados.
Hasta entonces, para todas las actividades de Heidi que requerían la presencia de un "padre", Emmett había tomado este lugar, por lo que el año anterior éste había acompañado a Heidi a su partido y había tomado el lugar preferencial del padre en la charla previa con el entrenador.
Heidi siempre había estado contenta con ello.
- Todas las niñas tienen que ir acompañadas de su papá – explicó
- Ya lo sé, cielo. Recuerdas que el año pasado el tío Emmett fue contigo?
- Sí, pero el año pasado Jen no estaba en mi equipo
- Oh, ahora entiendo...
- Este año el tío Emmett irá acompañando a Jen
- Estoy segura de que puede acompañaros a ambas
- No – discutió – porque todas las niñas saben que Jen y yo no somos hermanas y si el tío Emmett va con ella no puede ir conmigo – lloriqueó
Bella estaba segura de que no habría ningún problema en que Emmett fuera con ambas niñas, al fin y al cabo no era tan raro encontrar madres solteras o padres ausentes, pero sabía que en este caso lo que estaba en juego era el orgullo de su pequeña niña.
Volvió a odiar a James una vez más; esta vez por impedir a su hija vivir su infancia con la normalidad que toda niña debería vivir.
- De acuerdo. Buscaremos una solución – dijo intentando calmarla
- No hay solución. Yo no tengo un papá y no voy a ir al partido.
- Cómo no vas a ir? Heidi, a ti te encanta jugar soccer, no es justo que te pierdas el partido.
- No quiero ir
- Sí quieres. Te prometo que vamos a encontrar una solución. Tal vez sepamos de alguien que pueda acompañarte – dijo dándole forma a la idea que estaba surgiendo en su cabeza.
Al fin y al cabo Edward y ella iban a casarse, él se convertiría en lo más parecido a un padre que Heidi tendría jamás. Por otra parte sabía que a él le entusiasmaría mucho la idea. No perdía nada con pedírselo.
- Quién? – preguntó mirándola esperanzada
- No lo sé. Tal vez le podríamos preguntar a Edward si quiere ir contigo – explicó cautamente
- De verdad? – sonrió – Podemos preguntarle a Edward?
- Sí, podemos preguntarle – accedió – Pero tienes que prometerme que no te entristecerás si él no pudiese venir.
- No. No me entristeré. – aseguró enredándose con las letras – Te lo prometo
- De acuerdo y se dice "entristeceré"
- Y cuándo le podemos preguntar?
- Mira, yo le llamaré y le preguntaré cuándo puede venir a verte. Te parece bien?
- Sí! – gritó entusiasta y se tiró a los brazos de su madre – Podemos llamarle ahora?
- Ok, pero no creo que hoy pueda venir. Tal vez mañana o el miércoles.
- Sí, pero le podemos llamar ahora? Tal vez puede venir hoy
- De acuerdo. Le preguntaremos.
Una hora más tarde, Edward se encontraba en la puerta de la casa de Bellevue. Heidi estaba en la bañera esperando ansiosa mientras se bañaba.
- Hola, cielo – susurró contra los labios de Bella cuando ésta abrió
- Hola, cariño – respondió pasándole los brazos alrededor del cuello – No hacía falta que vinieras tan pronto.
- Has dicho que Heidi necesitaba hablar conmigo
- Podía esperar a mañana
- Yo no quería hacerla esperar
- Ven, entra. Heidi está en la bañera. Has cenado?
- No.
- Por qué no nos esperas en la cocina? Iré a buscar a Heidi y podemos cenar juntos. Hay espaguetis.
- Mmm, me encantan – dijo sugerente antes de darle un profundo beso para dejarla marchar
- Edward... – le llamó Bella volteándose ya a los pies de la escalera
La miró interrogante.
- Heidi quiere pedirte algo – explicó – Quiero que me prometas que no te sentirás obligado a decir que sí. No pasa nada si dices que no, de acuerdo?
- Estás muy misteriosa – sonrió
- Me lo prometes?
- Sí, te lo prometo
Heidi se removía nerviosa en su silla mientras acababan de cenar.
- La cena ha estado deliciosa – dijo Edward recostándose en su asiento
- Se lo diré a Zafrina – rió Bella
- Gracias por invitarme
Heidi casi no había hablado durante la cena. Edward la observaba con cariño intrigado por lo que quería pedirle pero decidido a esperar que la niña se sintiese lo suficientemente cómoda para hablar.
- Hei, cielo... – le llamó su madre
La pequeña la miró temerosa.
- Había algo que querías pedirle a Edward, verdad? – instó
Edward desvió su mirada de Bella a Heidi sonriendo tranquilizadoramente.
- Sí – susurró escondiendo la mirada
- Dime, cariño – le instó él con ternura – Qué querías pedirme?
La niña inspiró profundamente antes de decidirse a hablar.
- El próximo domingo es el partido del día del Padre de mi equipo de soccer.
- Ah, sí? Qué bien! No sabía que jugabas soccer. En qué posición juegas tú?
- Soy delantero centro – informó orgullosa
- Wow, qué bien! Marcas muchos goles?
- Sí. El verano pasado fui la segunda mejor de la liga.
- Wow, la segunda mejor! Sí que eres buena. Tu mami debe estar muy orgullosa, eh!
- Sí – sonrió y miró a su madre que le devolvió la sonrisa
- Algún día tendrás que invitarme a un partido – sugirió él y la niña suspiró aliviada
- Este domingo es el partido del día del Padre – repitió y Edward la observó con atención – y todas las niñas irán con su papá.
Edward la escuchaba con interés
- El tío Emmett vino conmigo el año pasado como hacen los papás y este año irá con mi prima Jen.
- Estoy seguro que estará encantado de acompañarte a ti también – aseguró él
- Pero todas las niñas saben que Jen y yo no somos hermanas, así que no podemos tener el mismo papá. Tú quieres venir conmigo? – pidió expectante y la sorpresa casi hace a Edward caer de la silla
- Yo? – preguntó incrédulo
- Sí
- Quieres que yo vaya como tu papá?
- Sí – contestó la pequeña comenzando a desilusionarse ante lo que imaginaba sería una negativa
- Oh, cielo, me encantaría! – sonrió él y estiró sus brazos para que ella viniera hacia él
- Gracias, Edward! – gritó feliz a la vez que se dejaba caer en el regazo del joven que la sentó en sus piernas
- Oh, cariño, gracias a ti por pensar en mí – dijo él besando su coronilla e intentando controlar las lágrimas que pugnaban por salir de sus ojos
Bella contemplaba la escena emocionada. Edward levantó la mirada para cruzarla con la de su novia y sonreír completamente feliz.
- Pero me tendrás que explicar qué debo hacer, yo no sé nada de soccer.
- No importa, es fácil. Los papás van con sus hijas – le explicó – y le piden al entrenador que las ponga a jugar cuando están en el banquillo. Y si el árbitro le pita falta a sus hijas, entonces le gritan que se ha equivocado y que hacia dónde estaba mirando...
- Tampoco creo que estés obligado a gritarle al árbitro – acotó Bella ganándose una mirada reprobatoria de su hija, lo que le hizo alzar las manos defensivamente con cara de disculpa
- Claro que sí. Y si alguien le hace falta a su hija, los papás tienen que pedirle al árbitro que cobre penalti
- Creo que eso puedo hacerlo
- Y cuando tu hija hace un gol, tienes que correr y cogerla en brazos y hacerla girar por el aire
- Muy bien – dijo obediente – Hay algo más que deba saber?
- Mmm – pensó la niña haciendo un mohín – Ah, sí. Si al final del partido el equipo de tu hija, que es el Saint Peter, va ganando, tienes que pedir que piten el final y cuando acaba y todas las niñas salen del campo, tú le dices a tu hija que ha jugado muy bien.
- De acuerdo. Eso también puedo hacerlo.
- También – agregó Bella – si ves que tu hija le pega un puntapié a alguna niña, o se enoja con alguien, le deberás decir que eso no debe hacerse y que tiene que jugar limpio. Y sobre todo, si el equipo de tu hija pierde, ella debe ir y saludar al otro equipo y felicitarles, si no lo recuerda tú se lo dices.
- Sí, eso también – concordó Heidi con la boca pequeña
- De acuerdo, cielo. Dalo por hecho. Seré el mejor papá de todos. Ya lo verás.
- Gracias, Edward.
- De nada, cariño.
La niña se recostó en el pecho de Edward complacida.
- Heidi, cielo – le llamó Bella llamando la atención de Edward – También hay algo que Edward y yo queríamos contarte a ti
- Qué? – preguntó curiosa
- Bueno, eh – dijo dubitativa – Recuerdas que te explicamos que Edward y yo somos novios...
- Sí
- Bien – continuó después de echar una mirada a Edward que sonrió confiado – Edward y yo hemos decidido que vamos a casarnos
- Os vais a casar?
- Sí
- Como Kate y Garret? – preguntó con entusiasmo
- Bueno, seguramente será una boda bastante más pequeña que la de Kate y Garret
- Oh – respondió desilusionada – Pero tendrás un vestido blanco y largo?
- Oh, no lo sé – dijo confundida mirando a Edward
- Supongo que sí – agregó él haciendo que Bella frunciera el seño – Aún no lo hemos decidido
- No lo sé, cariño
- Y después vais a vivir juntos en la misma casa?
- Sí
- Aquí?
- No lo hemos decidido aún – agregó Bella
- Dónde te gustaría que viviéramos, Heidi? – le preguntó Edward
- Aquí – dijo con seguridad – Así yo podría vivir con vosotros
- Oh, cielo – rió él apretándola entre sus brazos – Tú vas a vivir con nosotros. Si nos fuéramos a otra casa, tú también vendrías con nosotros.
- Ah, sí? Vale – dijo tranquila
- Pero preferirías vivir aquí?
- Sí. Porque aquí viven el tío Emmett y la tía Rose y Jen y Kebi.
- De acuerdo. – aceptó Edward mirando a Bella – Entonces tal vez podríamos vivir aquí
Bella sonrió complacida a su novio.
- Y tú dónde vas a dormir?
- Ehm, esto, yo...
- Conmigo – acotó Bella – En mi habitación
- En tu habitación?
- Sí. Tú sabes que el tío Emmett y la tía Rose duermen en la misma habitación, porque los papás y las mamás duermen en la misma habitación.
- Entonces tú vas a ser mi papá de verdad y para siempre? – preguntó con los ojos muy abiertos girándose hacia Edward
- Eh, sí. Te gustaría?
- Sí! - gritó la pequeña poniéndose de rodillas en su regazo para abrazarle – Genial! Gracias, Edward!
La abrazó emocionado mientras estiraba su mano para coger la de Bella y apretarla.
Ya nada le hacía falta. Había conseguido la familia que tanto había anhelado. Y la formaban la mujer y la niña de su vida.
Gracias por los reviews, alertas, favoritos y sobre todo gracias por seguir leyendo!
Dejo un adelanto ya que no podré enviarlos el fin de semana.
- Es verdad que te vas a casar con la mamá de Heidi? – preguntó curiosa la niña
- Sí, es verdad.
- Y vas a ser el papá de Heidi?
- Sí – Edward esperaba entender a dónde quería llegar la pequeña – Como Heidi no tiene papá, yo seré el suyo. A ti te gusta Heidi, te gusta saber que será tu prima?
- Sí me gusta Heidi, pero no quiero que sea mi prima. – confesó sin mirarle
- No? – dijo extrañado – Por qué no?
- No quiero que te cases con su mamá
Felices Pascuas!
