CAPITULO 19
Heidi estaba agotada, nada más entrar a la casa Bella la ayudó a bañarse y se metió en la cama.
El fin de semana había sido demasiado largo para una niña de casi seis años.
El domingo habían ido al partido de soccer y esto de estrenar papá la tenía excitada y nerviosa.
Edward había estado fantástico en su papel. Había hablado con el entrenador, muy a su pesar le había gritado al árbitro cuando le hicieron una falta a Heidi. Celebró el gol de la pequeña y la consoló cuando perdieron el partido al final.
Emmett, de pie a su lado, se burlaba de las reacciones de su cuñado, aunque las suyas no eran mucho mejores.
Después del partido habían comido con Emmett, Rosalie y los niños en el picnic que el club había organizado como celebración del día del padre.
Era tarde cuando finalmente bajaron del volvo en casa de Bella.
- Se ha dormido – le informó Bella en cuanto bajó y se lo encontró en el sofá del salón
- Ven aquí – susurró estirando el brazo
Bella se sentó en su regazo acurrucándose contra él.
- Te lo pasaste bien?
- Creo que fue uno de los mejores días de mi vida – confesó apretándola contra él y colando su mano bajo la camiseta de ella
- Estabas muy compenetrado con el partido – dijo ella estirándose para facilitarle a sus dedos el camino a sus pechos
Entendiendo su intención deslizó su mano hasta el seno y lo acarició por encima del encaje del sujetador.
- Bells, no sé cómo voy a agradecerte todo lo que me has dado
- De qué hablas? – preguntó ella apretando su mano contra la de él para incrementar la fricción
- No te das cuenta, pero no sabes lo que significáis vosotras para mí. Te amo, Bella. Te amo por ti, por quién eres y cómo eres, pero te amo además porque me has dado la posibilidad de ser padre, me has dado una hija, que aunque no sea mía, la siento así.
- Oh, Edward. Quiero que sepas que nadie podría ser más el padre de Heidi que tú. Quiero que sea tu hija. No creo que pudiera darle un padre mejor.
Se separó de ella y la miró con todo el amor que sentía y que sus palabras le hacían sentir.
- Gracias, Bella. Te amo, cariño
Tiró de ella para que quedara sentada a horcajadas sobre él. Bella pasó las manos alrededor de su cuello y comenzó a besarlo con desesperación a la vez que se restregaba contra su creciente erección.
- Cariño – le llamó sosteniéndola por la cintura para detener su vaivén – No quisiera decir esto, te juro que no, pero no tengo condones.
- Oh
- Sí, oh – dijo él apoyando su frente contra la de ella
- Tomo la píldora – le informó ella
- En serio? – preguntó él separándose para observarla
- Sí. Después de nacer Heidi, mi período se volvió muy irregular y el médico me receto la píldora.
- Oh, genial. – sonrió Edward y volvió a meter sus manos bajo la camiseta de ella – Entonces puedes seguir en lo que estabas. – sonrió levantando la camiseta de ella y sacándola por encima de su cabeza
Llevó las manos a las copas del sujetador y apretó los pechos con pericia mientras deslizaba la lengua por el valle de sus pechos.
- Me gusta cuando no llevas sujetador – dijo antes de desabrochar la prenda para quitársela
Ella cruzó sus brazos por delante del pecho para sostener el sujetador e impedir que se lo quitara completamente. Edward la observó intrigado.
- Qué te parece si continuamos con esto en la habitación? – ofreció – Aunque Heidi suele dormir la noche entera, aún es temprano y se podría levantar
- A tus órdenes – sonrió él y se levantó con ella entre sus brazos
La tumbó sobre la cama y se recostó sobre ella sin dejar de besarla.
Sus manos recorrían los costados de la chica con excitantes cosquillas. Deslizó los labios por el cuello de la chica dejando besos suaves como el aleteo de una mariposa. Se deslizó hacia abajo por su pecho hasta alcanzar el duro pezón que se irguió en su boca.
Bajó las manos hasta la cinturilla de los pantalones cortos de ella y los bajó después de desabotonarlos.
Se irguió un momento para quitarle la prenda haciéndola quejarse cuando abandonó el erótico tratamiento que le estaba dando a su seno.
- Llevas demasiada ropa – susurró ella metiendo las manos bajo la camiseta de él
- Puedes quitarme lo que te moleste
- Toda me molesta – sonrió ella y tiró de la camiseta para sacarla por encima de su cabeza
Apoyó las manos sobre los duros pectorales y comenzó a acariciarlo sintiendo los masculinos pezones endurecerse entre sus dedos.
Edward restregaba sus ingles contra la abertura de ella vestida con el encaje rosa de sus bragas.
Bella separó más las piernas y apoyando sus talones en la cama alzó las caderas para apretarse contra él.
Bajó las manos a los pantalones de él, los desabrochó y tiró de ellos hacia abajo para quitárselos. Edward se levantó, se desvistió y volvió a recostarse sobre ella.
- Te necesito, Edward – confesó necesitada
- Aquí estoy, cielo – dijo él mientras le quitaba las bragas
Ella coló sus manos bajo el bóxer de él y se aferró a los firmes glúteos masculinos.
- Hazme el amor
- Ahora mismo – prometió
Se levantó un instante y se quitó su última prenda de ropa. Rápidamente se acostó sobre ella, llevó su mano a la tibia abertura para comprobar lo excitada y húmeda que estaba.
- Estás preparada para mí – murmuró contra sus labios mientras llevaba su hinchado pene a la excitada cavidad y lo acercó para invadirla suavemente
Lentamente se introdujo en su interior sintiendo las estrechas paredes estirarse y apretarse sobre él.
- Dios, nena, me encanta sentir tu piel contra la mía. Estás tan apretada, Bella.
Bella jadeaba excitada por la intrusión. Su canal se adaptaba fácilmente al miembro masculino apretándolo y llenándola de sensaciones indescriptibles.
Edward se dejó caer sobre ella cuando finalmente la penetró hasta la empuñadura, esperando que ella se adaptara a él.
Bella movió sus caderas restregándose contra él.
- Quieres que me mueva, cielo?
- Sí, por favor – imploró
Se movió retirándose de su interior hasta que solo su glande permaneció en el interior del cuerpo de la chica. Se mantuvo allí un momento antes de que ella jadeara y se alzara para volver a introducirle.
Volvió a penetrarla un momento y se retiró nuevamente.
- Por favor, Edward, esto es agónico - rogó
- Quieres más?
- Necesito más. Mucho más.
Él sonrió y la besó dejándose caer dentro de ella y comenzó un suave vaivén que poco a poco fue volviéndose más demandante y necesitado.
Viéndose envuelto en una necesitada espiral la embistió más y más duramente hasta sentirla temblar entre sus brazos.
Sus jadeos entrecortados se mezclaban con los gemidos de la chica.
- Edward, más, más – rogaba ella y él le respondía haciendo lo que le demandaba
Las húmedas paredes se ciñeron contra él mientras con un grito ella le anunciaba la llegada de su orgasmo.
Se dejó ir dentro de ella sintiendo cómo el apretado canal lo ordeñaba, exprimiéndole hasta la última gota de su tibia simiente.
El cuerpo de Bella laxo sintió los últimos espasmos de la liberación que Edward alcanzó cuando se derramó en su interior.
Cayó sobre ella extenuado buscando regular su respiración.
- Cada vez me gusta más hacerte el amor – confesó él en susurros cuando se salió de su interior y se acostó a su lado apretándola contra él
- Y a mí – murmuró ella – Quédate a dormir – le pidió apretándose contra él
- Estás segura?
- Completamente
- Ok – sonrió él moviéndose para retirar las livianas mantas y cubrirse con ellas – Ven aquí – dijo atrayéndola sobre su pecho donde se durmió extenuada
Las siguientes semanas fueron las mejores que podrían haber imaginado alguna vez.
Edward prácticamente se había mudado a la casa de Bellevue. No era que lo hubieran decidido explícitamente, pero cada vez eran más las noches que pasaba allí que las que dormía en su propio departamento.
Heidi estaba encantada con él, y sin dudas, el amor era mutuo.
La niña, después de encontrarlo por quinta vez desayunando en su casa después de compartir la habitación con su madre, había decidido que ya era su padre. Si dormía en la misma habitación con su mamá, pues entonces era su papá. Así se los hizo saber y para el enorme regocijo de la pareja, le llamaba papá. Algo que sin dudas había estado deseando durante sus casi seis años de vida, tener un papá.
Edward no cabía en sí de gozo.
Por su parte, Chelsea había decidido darle una oportunidad a Alice, y la boda había sido fijada para la última semana de agosto.
Bella y Heidi habían quedado de recoger a Edward al bufete para ir a ver los trajes para la boda.
Heidi era una de las damitas de honor junto a Chelsea y Jen y ese día le habían entregado su pequeño vestido de volantes y diminutas rosas blancas.
Estaba en su despacho con Jasper terminando un informe sobre un caso de fraude en una empresa de electrodomésticos mientras esperaba que Bella y Heidi llegaran, cuando la puerta se abrió de un golpe.
- Cómo es eso de que volverás a casarte? – gritó Tanya cuando entró ante el asombro de los hombres
Bree, la secretaria de Edward, entró al despacho tras ella, con el rostro ruborizado.
- Lo siento, Edward, no me dio tiempo a detenerla – se disculpó la joven
- No te preocupes, Bree. – la disculpó haciéndole una seña para que cerrara - Buenas tardes, Tanya – la saludó con ironía recostándose contra su asiento – A qué debo el honor...?
- No te pases conmigo, Edward – espetó la mujer molesta
Jasper sentado frente a Edward se giró en su asiento mirando a la chica con una sonrisa divertida.
- Qué es eso de que vas a casarte?
- Disculpa? Y te debo una explicación a ti porque...
- Soy tu ex esposa. Acabamos de divorciarnos.
- Tengo constancia de ello. Sigo sin entender...
- Nuestro divorcio aún no está resuelto. No puedes casarte.
- De hecho – le corrigió – Yo tengo ya los documentos firmados y sellados por el juez, lo que indica que el divorcio ya está resuelto e inscripto. Puedo volver a casarme cuando quiera. Tú también, desde luego.
- No es así. Habíamos quedado en que revisaríamos los términos del divorcio. Ya sabes, por lo de las acciones de la clínica.
- Habíamos quedado en eso? De verdad? No lo recuerdo
- No te burles de mí! – gritó molesta
El intercomunicador del escritorio les interrumpió.
- Edward, aquí están Bella y Heidi – dijo Bree por el altavoz
- Que pasen – respondió él antes de dirigirse a Tanya – Te agradezco que te marches, Tanya, estoy muy ocupado.
La puerta se abrió lentamente y Heidi se coló por ella y corrió hacia Edward.
- Papi! – gritó con frenesí antes de dejarse caer en su regazo – Mira mi vestido! – gritó enseñándole la funda de plástico azul que protegía el vestido que acababan de recoger
Edward no pudo más que sonreír ante el entusiasmo de la niña y cogió la prenda para ponerla sobre el escritorio y abrir la cremallera.
Bella sonreía desde la puerta.
- A ver, cariño, enséñamelo – dijo él ignorando la estupefacta mirada de Tanya
- Papi? Qué significa eso? – dijo la mujer y la pequeña se volteó hacia ella notando por primera vez su presencia.
Heidi se ruborizó nerviosa y se recostó contra él mirando a la mujer con temor.
- Quién es? – le susurró al que ya consideraba su padre
- Ella es Tanya, una... – dudó – señora que yo conocía del colegio. Pero ya se iba.
Levantó la mirada duramente hacia la mujer
- Tanya, te agradezco que te retires.
- Papi? – gritó la mujer – Esa niña no es tu hija. No es tu padre, niña – espetó mirando a la pequeña
Heidi se apretó contra él con los ojos llenos de lágrimas. Edward la levantó en sus brazos y rodeó el escritorio para coger a la mujer por el antebrazo.
- No se te ocurra volver a gritarle a mi hija – gruñó a la vez que la arrastraba hasta la puerta – Y no quiero volver a verte por aquí – dijo empujándola fuera del despacho.
Los gritos de Tanya se escuchaban aún cuando le cerró la puerta en sus narices.
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Aquí les dejo un nuevo capi.
Besitos!
