CAPITULO 25
- Oh, Alice, es tan dulce – dijo Bella mirando emocionada al bebé que dormía en la pequeña cuna
- Sí que lo es – concordó su amiga – pero llevo un mes sin dormir – se lamentó
- Quién lo diría? Parece tan tranquilo.
- Sí, hasta que llega la noche.
- Gajes del oficio – se burló Bella
- Búrlate tú, ya me burlaré yo cuando nazca Anthony.
Bella se giró sonriendo mientras sacaba la lengua a su amiga, antes de sentarse en el sillón frente a ella.
- Ay, Alice, aún me quedan 5 semanas. Heidi nació diez días después de mi fecha de parto. Si Anthony también se toma ese tiempo, aún me queda más de un mes y medio. Ya estoy enorme, no puedo imaginarme con un mes y medio de más – suspiró
Alice la miró comprensiva.
- Cuánto peso has cogido?
Bella bajó la mirada avergonzada.
- Quince quilos – confesó apenada
- Es bastante – reconoció Alice
- Debería haber subido unos ocho, nueve a lo sumo. Mi médico me mira con estupor cada vez que subo a la báscula. Pero te juro que estoy haciendo las cosas bien, no es que esté comiendo todo lo que me apetece ni mucho menos, pero por alguna razón no hago más que subir de peso. No sé cómo evitarlo.
- Te entiendo
- Ya no sé qué ropa voy a usar. Ayer me compré un vestido nuevo para la cena de hoy, pero me veo y me siento una ballena. Tengo tan pocas ganas de ir. – confesó en un susurro
- Lo siento, Bells. Tal vez deberíamos ir Jasper y yo.
- Oh, no, claro que no, Peter es tan pequeñito...
Esa noche era la cena del colegio de abogados y Edward iría como representante del bufete para que Jasper pudiera quedarse en casa con el bebé, pero Bella se sentía demasiado insegura como para acudir aunque no se atreviese a decírselo a Edward.
- Lo sé, pero es evidente que tú no tienes ganas de ir.
- Creo que si por mi fuera me encerraría en casa hasta el día del parto, pero ya le prometí a Edward que le acompañaría.
- Tampoco debéis quedaros mucho tiempo allí
- Lo sé. Es que...
- Qué? – preguntó Alice curiosa
- No se lo digas a Edward – pidió conspirativa antes de confesarse con su cuñada.
- Qué sucede? – indagó extrañada
- Es que, me siento hecha un espanto, y... ya sabes... ahora que Tanya se ha casado con Royce King, lo más seguro es que esté allí hoy...
Finalmente Tanya había vuelto a casarse dos meses antes. Edward compadecía a Royce King, el nuevo marido de su ex mujer, ya que era evidente que Tanya le dominaba completamente, pero después de la boda de Edward y Bella, Tanya había formalizado su relación aquel y no había tardado en convencerle para casarse.
- Y...? – preguntó Alice sin entender los temores de su amiga
- Ya sabes, Tanya siempre ha sido y sigue siendo guapísima...
- Espero que no digas esto delante de mi hermano porque estoy segura que no le gustará escucharlo
- Es la verdad. Ya me la imagino con algún vestido ceñido resaltando todas sus curvas, mientras yo tengo una sola curva que se ha convertido en una circunferencia...
- Eres tonta – rió Alice – Sabes tú, mejor que nadie, lo mucho que mi hermano ha deseado tener un hijo, desde mucho antes, incluso, de separarse de Tanya. Crees realmente, que él cambiaría tu "circunferencia" por las curvas de Tanya?
- No, ya sé que no – sollozó – Pero no puedo evitar pensar en cómo nos veremos ella y yo juntas
- No seas tonta, Bella. Tú eres guapísima y siempre lo has sido. Y ahora eres una guapísima futura mamá. Puedes estar segura que serás la envidia de Tanya y de todas las mujeres que estén allí.
- Ya, pero crees que nadie comparará a la ex y a la actual de Edward Cullen?
- Bella, estás embarazada. Algo que mi hermano hubiera deseado de Tanya durante diez años. Tú le has dado todo lo que alguna vez se haya atrevido a desear.
Bella suspiró sabiendo que su amiga estaba en lo cierto, aunque eso no hacía que se sintiera más sexy.
- Crees que después de que nazca Anthony podríamos traer una hermana de otro país? – preguntó Heidi cuando volvían en el coche desde casa de Alice
Bella la miró extrañada a través del espejo retrovisor.
- No entiendo, cariño, qué quieres decir?
- Tú me dijiste que cuando el tío Emmett trajo a Kebi y a Jen ellos no eran bebés
- Es verdad – reconoció aún sin entender el sentido de esa conversación – Kebi tenía tres años y Jen dos. Pero qué tiene que ver eso con Anthony?
- Es que creo que va a ser muy aburrido tener un hermano bebé
- Pensé que querías un hermanito...
- Sí, pero Chelsea dice que Peter es muy aburrido, que sólo está durmiendo todo el rato y cuando se despierta es para llorar y comer, nada más
- Eso es porque aún es muy pequeñito – le explicó sonriendo
- Sí, pero yo creía que los bebés hacían más cosas. Que hablaban y decían "ajó", y hacían monerías y carantoñas, pero Chelsea dice que Peter no hace nada de eso
- Lo hará, todo eso y más, pero aún debe crecer un poco
- Por eso – arguyó – si traemos un hermanito de otro país, lo podemos traer mayor y será más divertido. Además podemos elegir que sea una hermana.
- Y qué haríamos con Anthony? – rió
- Nos lo quedaremos también – concedió – Pero seguro que una hermana es más divertida.
- Ya no te parece divertido un hermano?
- Sí, también – aceptó aunque no muy convencida – Pero después será como Kebi y ya sabes que Kebi sólo quiere jugar cosas de chicos y ver pelis de dinosaurios y de robots y nunca de Barbie ni de princesas. Qué te parece? – le preguntó a su madre entusiasmada
- Ya veremos, cariño – dijo a falta de un argumento mejor – Creo que primero deberíamos esperar que llegue Anthony y darle un tiempo para que veas que también puede ser muy divertido. Luego tal vez lo discutamos. De todos modos tendríamos que planteárselo a tu papi.
- De acuerdo – aceptó a regañadientes – Papi no me dirá que no – murmuró haciendo a su madre carcajearse
Bella se maquillaba en la habitación envuelta en su bata cuando Edward entró con prisa antes de meterse al baño.
- Lo siento, cielo, se me ha hecho tarde – se disculpó besándole la coronilla al pasar mientras se desabotonaba la camisa
- Tienes tiempo, no es tan tarde. Heidi te estaba esperando? – le preguntó observándolo desnudarse en el reflejo del espejo
- Bruja – rió él – Le dijiste que me pidiera a mí lo de la hermanita adoptada.
- Lo siento, me quedé sin argumentos
- Bueno, será mejor que pensemos alguno porque mi único argumento fue que se me hacía tarde para la cena.
- Ya se te ocurrirá algo. Al fin y al cabo eres abogado, tu trabajo es argumentar.
- A riesgo de repetirme: Bruja – espetó sonriente mientras se colaba en el baño.
- Estás guapísima – dijo Edward cuando salió de la ducha y encontró a su mujer colocándose los pendientes frente al espejo
- No estoy enorme? – preguntó esperanzada
- Repito. Estás guapísima.
- Está evadiendo mi pregunta, doctor – sonrió ella
- No estás enorme – respondió sonriente mientras se cerraba la cremallera del pantalón – Estás preciosa. Tienes el vientre redondo y delicioso típico de la mamá de mi bebé.
- Gracias, Edward
Se acercó a ella abotonando los puños de su camisa, antes de coger el colgante que ella tenía en las manos y abrocharlo.
La abrazó apoyando el mentón en su hombro, para mirarla a través del espejo.
- Por qué estás tan insegura, cariño?
- Lo siento, Edward. No puedo evitarlo. Me siento grande y fea.
- Eso es una tontería, cariño. No voy a decir que no estás más grande porque sería una tontería ya que es evidente que lo estás, pero no parece que te hubieras comido un elefante. Estás embarazada y tienes la pancita exquisita de las mamás. – sentenció acariciando el vientre redondeado – Y desde luego que no estás fea. Bells, eres preciosa, nunca podrás estar fea.
- Eso dices tú.
- Sí, eso digo yo y no pienso preguntarle su opinión a nadie más porque no creo querer escuchar a nadie diciendo lo hermosa que es mi mujer.
- Hoy todos mirarán a tu ex, más que a tu esposa.
Llevó las manos a los hombros de la chica y la giró para dejarla de frente a él.
- Esto es por ella? Estás preocupada por Tanya?
- Sabes que estará allí – dijo bajando la mirada vergonzosa
- Seguramente, sí. Crees que me importa?
- No sé – se quejó y tímidas lágrimas desbordaron sus ojos – No es que esté demasiado sensible por el embarazo, pero todas las mujeres quisiéramos ser la más guapa, cuando estamos de pie al lado de la ex de nuestra pareja.
- Tontita – rió él abrazándola – Eres más guapa que Tanya. Siempre lo has sido y siempre lo serás.
- Sabes que no – discutió
- Bells – dijo poniéndole un dedo bajo la barbilla para obligarla a mirarlo – Me has dado en un año cientos de cosas más que Tanya en quince años. Si ahora estás más grande que ella es porque llevas contigo a mi bebé, algo que ella nunca fue capaz de hacer. Lo que más he deseado en toda mi vida. No llores, cielo – dijo secando sus lágrimas
- Lo siento, Edward. Sé que todo lo que dices es verdad pero no puedo evitarlo.
- Si no fuera porque llegaríamos tarde, te haría el amor ahora mismo para que te dieras cuenta de lo sexy que te encuentro y lo mucho que me excitas. Pero seré un caballero y no arruinaré tu maquillaje sino que esperaré a que volvamos para demostrártelo. Pero ahora quiero que sonrías y te olvides de todo salvo de que te amo – terminó besándola
Siobhan y Liam ya estaban allí cuando Edward y Bella llegaron. Maggie y Stefan, su nueva pareja, se unieron a ellos unos minutos después.
- Dios, Bella – le saludó Maggie emocionada mientras apoyaba una mano en su vientre – Estás preciosa
- Gracias, Maggie – saludó sonriente – Estoy enorme en realidad
- Qué va! – dijo Siobhan – Estás espléndida. Cuánto te queda todavía?
- Tengo fecha para el 27 de agosto así que poco más de un mes.
- Estás preciosa, de verdad – repitió Maggie con sinceridad – Y Edward está insoportablemente orgulloso – confesó sonriéndole a su amigo que hizo una mueca displicente haciéndola reír
- Buenas noches – la estridente voz de Tanya sonó a sus espaldas haciéndola estremecer
El brazo de Edward, que descansaba en su cintura, la apretó contra él cuando sintió su cuerpo tensarse.
- Buenas noches – respondieron amables las mujeres
- Edward – le saludó instándolo a girarse levemente para observarla
- Tanya – le saludó con un leve asentimiento
- Supe que estás esperando un hijo – dijo mirando el vientre de Bella despectiva
- Es verdad – sonrió él orgulloso acercando a Bella aún más hacia él
- Pues, enhorabuena - dijo sin lograr sonar sincera
- Muchas gracias - sonrió él
- Esa mujer es odiosa – comentó Maggie en cuanto Tanya se marchó poniendo fin a cualquier pensamiento que Bella pudiese tener sobre la mujer.
Aún no habían comenzado a servir la cena cuando el teléfono de Edward comenzó a vibrar en el bolsillo de su chaqueta.
Le sorprendió ver que era Emmett quien llamaba así que se limitó a alejarse del ruido del salón para contestar.
- Emmett? – dijo interrogante
- Edward – respondió su cuñado – Lamento mucho tener que llamarte – confesó aquel con tono inquieto
- No te preocupes, pero qué sucede? Pasó algo? Heidi está bien?
- Sí, tranquilo, Heidi está bien, pero tenéis que volver a casa
- Volver? Por qué? Qué sucede, Emmett? – preguntó preocupado
- Lo siento, Edward. Tienes que traer a Bella a casa. Renée está aquí.
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