CAPITULO 28
Todo sucedió muy rápido.
Cuando Kate llamó a Edward para decirle que Bella tenía contracciones, salió despavorido del despacho.
Era sábado y no había mucho tráfico por lo que se encontró a la entrada de urgencias del hospital cuarenta minutos después de recibir la llamada.
- Tengo miedo, Edward – susurró Bella cuando la ayudó a bajar del coche
- Tranquila, cariño, todo saldrá bien – dijo intentando transmitirle una paz que él no sentía
- Es muy pronto, aún faltan 5 semanas
- Shh, tranquila – repitió ayudándola a sentarse en la silla de ruedas que el auxiliar de enfermería había acercado
- Usted debe quedarse aquí – le explicó – Haremos el ingreso de su esposa y le haremos pasar de inmediato
- De acuerdo – aceptó besando a Bella en la frente – En un momento estaré contigo – susurró a su rostro preocupado – Te amo, Bells
- Y yo a ti
Edward se dejó caer sobre una de las sillas de la sala de espera y sólo entonces se permitió dar rienda suelta al llanto que tenía atravesado en la garganta.
Carlisle y Esme llegaron entonces. Edward les había avisado que estaba ingresando a Bella y no tardaron en aparecer por el hospital.
- Edward? Dónde está Bella? – preguntó Carlisle acercándose a él
- Papá, gracias por venir. La acaban de ingresar.
- De acuerdo – dijo adentrándose por una de las puertas del personal – Iré a verla. Te diré algo en seguida.
- Gracias, papá.
Esme le abrazó acunándolo entre sus brazos como cuando de niño se hacía alguna herida.
- Tranquilo, cariño. Todo estará bien.
- No lo sé, mamá. Aún nos faltaban varias semanas.
- No te preocupes, cariño. Seguramente intentarán retrasar el parto, pero aún si no pudieran hacerlo, hoy en día los bebés prematuros pueden sobrevivir sin complicaciones, cielo.
Carlisle salió unos veinte minutos más tarde para informarle que Bella y Anthony estaban siendo monitorizados. De momento intentaban retrasarle el parto pero había roto aguas, por lo que, si todo estaba bien con el bebé, entonces seguramente dejaran que transcurriese el curso natural y Anthony nacería.
Así fue como seis horas después el pequeño Anthony descansaba en una cunita de la sala de neonatos del hospital.
Bella se despertó sintiéndose aún agotada. Edward dormitaba en la butaca al costado de su cama. Se despertó cuando ella se removió en la cama.
- Hola – susurró sonriente acariciando la mano de la chica – Cómo te sientes, cariño?
- Estoy cansada – confesó
- Ya lo creo – sonrió él
- Y Anthony? – preguntó preocupada
- Bien – la sonrisa de Edward se hizo más profunda – Está muy bien. En este momento está en la incubadora pero el médico dijo que sería sólo un par de horas.
- Cómo es? – preguntó curiosa
Sólo lo había visto por unos instantes al nacer ya que se lo habían llevado de inmediato para hacerle pruebas.
- Es precioso, cariño. Es muy pequeñito, pero es la cosita más hermosa que haya visto en mi vida.
- Es muy pequeñito? – indagó con inquietud
- Nada que no sea normal. Pesó 2,700. Normal para un bebé de ocho meses. Está muy bien, de verdad – le aseguró sentándose en el borde de la cama a su lado
- De veras?
- Te prometo que sí. Está todo muy bien.
- Gracias a Dios. Tuve tanto miedo.
- Ya pasó todo, cariño. Anthony y tú estáis bien. Todo ha sido perfecto. – se acercó a ella para dejar un suave beso en sus labios – Gracias, mi amor – susurró junto a sus labios – Me has hecho el hombre más feliz del mundo.
- Te amo, Edward
- Y yo a ti.
Estuvieron en silencio un buen rato antes de que Bella se decidiera a hablar.
- Renée vino a verme
- Lo sé – reconoció molesto con la mujer que había puesto en peligro la salud de su mujer y de su hijo
- Le dije que James era el padre de Heidi. No debí hacerlo pero no pude esconderlo más.
- Está bien, cielo. Supongo que debía saberlo, para saber hasta qué punto ese tío es un cabrón.
- Él fue quien la convenció de que me echara.
- Eso no la justifica, cariño. Lo sabes.
- Lo sé. No creas que la justifico. Todo lo contrario, nunca podría hacerlo. Era mi madre. Debió haberse comportado como tal.
Edward asintió sin dejar de acariciar sus dedos.
- Crees que vuelva? – preguntó temerosa
- No lo creo, cielo. En realidad me extrañó que se haya atrevido a hacerlo hoy. Ayer le dije que le pondríamos una orden de alejamiento si volvía a acercarse a ti o a Heidi.
- No obstante se presentó hoy...
- Lo sé, pero se marchó aterrada al ver que era la causante de que tú te hayas puesto de parto. Supongo que debe estar aterrada de que algo te pasase a ti o al bebé. Sabe que yo iría por ella. No creo que se atreva a aparecer otra vez.
- Eso espero – suspiró – Ahora sólo quiero que disfrutemos de nuestra familia.
- Es lo que haremos – prometió él con una amplia sonrisa.
Una enfermera entró en ese momento trayendo consigo una pequeña cuna transparente, donde el pequeño Anthony dormía acurrucado.
Emmett entró tras ella con Heidi de la mano.
- Mami! – exclamó la pequeña acercándose corriendo a la cama de su madre
- Cariño! – le saludó Bella cuando Edward ayudó a la pequeña a encaramarse en la cama para abrazarla
- Hemos visto al bebé! – le informó excitada mientras apuntaba con su dedito al pequeño – Es muuuy pequeñito!
- Sí que lo es – reconoció Bella sonriente
- Hola, Bells – le saludó su hermano inclinándose para besarla – Felicidades! Aunque bien podías haberte aguantado un poco más, no?
- Ya hubiera querido – sonrió ella
- Tía Rose dijo que vendríamos mañana con Kebi y Jen – le notificó Heidi – Pero yo tenía que venir antes porque soy su hermana.
- Claro que sí, cielo. Quieres cogerlo?
- Puedo? – preguntó excitada
- Por supuesto que sí
Edward la ayudó a sentarse en la butaca antes de ponerle al bebé en su regazo.
- Tienes que tener mucho cuidado con su cabecita – le explicó con dulzura
- Se puede romper? – preguntó la niña en un susurro cuando Edward dejó al niño en sus brazos aunque sin alejar sus manos de él
- No, claro que no, pero es tan pequeñito que aún no tiene fuerza para sostener su cabecita.
- Ah – asintió más tranquila
Los adultos observaban emocionados a los pequeños.
- Wow, mami, es muy chiquitín.
- Sí. Qué te parece? Te gusta?
- No mucho – confesó la niña – Tiene un color feo y está arrugado.
No pudieron evitar carcajearse ante la cruda sinceridad de Heidi.
- En unos días su piel tendrá el mismo color que la tuya y tampoco estará tan arrugadito.
- Ah, bueno, mejor así porque sino no sé lo que haríamos con él – confesó solemne divirtiendo a sus padres y a su tío.
He vuelto. Capi cortito. Perdón la tardanza pero FF no me dejaba publicar.
Gracias a todos por leer y también por los reviews, alertas y favoritos!
Besitos!
