CAPITULO 29
El primer mes con el pequeño Anthony en casa pasó más rápido de lo que hubiesen podido imaginar.
Anthony comía cada dos horas y nunca parecía tener suficiente, por lo que rara vez se contentaba con el pecho de su madre. Era entonces, cuando Edward se encargaba de preparar biberones y alimentar al bebé.
Edward casi no fue por el despacho en ese mes. Hizo todo el trabajo que pudo desde casa y el que no pudo hacer intentó compactarlo en uno o dos días semanales, así que pasaba la mayor parte del tiempo en casa.
Heidi estaba contenta con la idea de ser hermana mayor aunque no podía evitar sentir celos, ya que su hermanito demandaba demasiada atención.
- Mami, Anthony huele muy mal! – gritó Heidi desde su lugar frente al televisor con Anthony en su minicuna durmiendo a su lado
- Qué sucede, cariño? – preguntó Edward entrando en el salón
- Anthony huele muy feo – explicó la niña haciendo un mohín que hizo reír a su padre
- No quieres cambiarle el pañal? – indagó Edward anticipando su negativa sabiendo que Heidi se negaba a cambiar pañales que tuvieran algo más que pis.
- No, estoy viendo Hanna Montana que acaba de comenzar.
No hacía mucho que habían estrenado la nueva serie y Heidi era otra de las niñas fanáticas de la adolescente y no se perdía ningún capítulo, ni siquiera por la posibilidad de cambiar el pañal o vestir a su hermanito.
- Y mami?
- No sé – respondió sin despegar la mirada de la pantalla del televisor
Edward tomó al bebé en brazos y subió a la habitación del pequeño donde le cambió el pañal sucio antes de dejarlo en la cuna de la habitación.
Después de dejar al niño durmiendo se fue a su habitación en busca de su mujer. Desde la puerta la vio en el baño. Vestida con un albornoz se esparcía crema hidratante por su pierna que apoyaba en el borde de la bañera.
Puso llave a la puerta de la habitación y se acercó a ella para abrazarla por la espalda.
- Hola – susurró contra su oído haciéndola estremecer con su tibio aliento
- Hola – sonrió Bella
- Vas a darte una ducha?
- Ya he acabado.
- Creí que podría acompañarte – dijo sugerente acariciando sus pechos por encima de la prenda
- Y los niños?
- Acabo de dejar a Anthony durmiendo en su habitación – explicó enseñándole el transmisor del intercomunicador que había dejado en la cuna del niño – Y Heidi está viendo Hanna Montana. Tres capítulos – susurró – nos dan una hora y media, más o menos.
Bella se giró en sus brazos riendo para quedar de frente a él.
- Veo que lo tenía todo calculado, doctor.
- Para no aceptar alegaciones – sonrió bajando sus labios sobre los de la chica y acometiéndola en un beso necesitado y posesivo
Deshizo el lazo que ceñía la cintura de ella y deslizó la prenda por sus hombros para dejarla caer a sus pies.
- Estás preciosa – murmuró deslizando la mirada por su cuerpo
- Aún me queda bastante para recuperar mi cuerpo de antes
- Estás preciosa – repitió
- Es una pena que ya haya terminado – sonrió – Habría estado encantada de compartir la ducha contigo
- Tal vez pueda ayudarte a vestirte – aceptó él resignado – O quizás a darte la crema hidratante.
Bella sonrió y tiró de su marido tras ella para dirigirse a la habitación con el bote de crema en la mano.
Bella se tumbó sobre la cama y le entregó el bote a él.
Edward jadeó sentándose a horcajadas sobre los muslos de ella. Puso un poco de crema en su mano y la extendió sobre el frente de Bella sin llegar a tocar sus pechos llenos.
Bella cerró los ojos rindiéndose a las sensaciones, mientras sentía que su sexo comenzaba a humedecerse tibiamente.
Las manos de Edward se dirigieron a sus senos y comenzó a acariciarlos, sobándolos y endureciéndolos. Bajó sus labios para tomar entre ellos el sonrosado pezón. Un tibio líquido dulzón se coló en sus labios y su erección se endureció al saborear el alimento de su hijo.
Acalorado tiró de su camiseta para sacarla por su cabeza antes de acostarse sobre su mujer e invadir su boca con su desesperado beso.
- Dios, Bells, no imaginas cuánto te necesito
- Oh, Edward – gimió ella restregando su pelvis contra la de él – Cielo, sabes que aún no podemos hacerlo – suspiró frustrada
- Lo sé. Cuándo tienes tu cita con el ginecólogo?
- La próxima semana.
- Crees que entonces te de el visto bueno?
- Seguramente sí
- Puedo esperar hasta entonces
- Igual podemos hacer otras cosas – ronroneó ella moviéndose sugerente a la vez que desabrochaba los vaqueros de Edward
- Sí, por favor – suspiró él quitándose el resto de la ropa con premura
Se tumbó sobre la chica completamente desnudo.
Besó sus pechos, tomándose su tiempo con cada uno, hasta tenerlos firmes y erguidos frente a él. Llevó la mano a la femenina unión entre las piernas de ella y se dedicó a acariciarla y atormentarla endureciendo el clítoris palpitante.
Bajó sobre su cuerpo arrastrando su lengua a lo largo del vientre de Bella hasta alcanzar la dulce unión de sus pliegues. Separó las piernas de la mujer anclándolas sobre sus hombros mientras su lengua se dedicaba a lamer acariciante la tibia cavidad.
Con sus dedos expandió la femenina humedad de sus jugos hasta alcanzar la apretada entrada de su ano. Sirviéndose de esta natural lubricación coló un dedo en su interior haciéndola dar un respingo.
- Oh, Dios, Edward...
- Déjame saborearte, cariño – demandó apretando la dura protuberancia de su clítoris entre sus labios
- Por favor, Edward, creo que voy a correrme muy pronto
- Sí, cariño, quiero que te corras para mí
Siguió atormentándola con su lengua mientras con dos dedos la acometía por detrás estirándola.
El dolor se mezclaba con el placer en un cúmulo de sensaciones que la estaban haciendo delirar.
Bella tiró de él alejando de su vagina la boca que la arremetía.
- Quiero que te corras conmigo – dijo sobre sus labios a la vez que su mano asía con fuerza el rígido miembro – Quiero que entres en mí
- No podemos, cariño. Sabe Dios que no hay nada que desee más, pero no podemos – gimió
- No puedes hundirte en mi vagina – dijo ella y la comprensión brilló en la verde y oscura mirada de él
Retiró sus dedos y se estiró sobre el cajón de la mesita que había al costado de la cama, para coger el bote de lubricante. Hundió sus dedos en él para después volver a arremeter en ella lubricándola y estirándola para su miembro.
Lubricó su erección antes de instarla a colocar las pantorrillas sobre sus hombros para quedar expuesta para él. Volvió a colar dos dedos separándolos para ensanchar su apretada entrada.
Bella gimió por la punzada de dolor que sintió.
- Estás preparada? – preguntó acercando su miembro a la rosada roseta de su ano
Asintió sin emitir sonido alguno.
Muy despacio empujó para colarse en su interior haciéndola gemir.
- Estás bien, cariño? – preguntó inspirando profundamente para calmar su necesidad
- Sí – murmuró ella – Húndete en mí, Edward – rogó y él no pudo más que obedecer enterrándose en ella en toda su extensión
- Oh, nena... eres tan apretada... se siente tan bien
- Házmelo, Edward
Intentando calmar su necesidad comenzó el suave vaivén saliendo y entrando en el cuerpo de su mujer que respiraba cada vez más agitada.
Con sus dedos estimulaba su clítoris sin dejar de embestirla. Bella sintió formarse en su vientre la agitada tormenta de su clímax.
- Oh, Edward... voy a correrme
- Vamos, nena... vente para mí – demandó oprimiendo su clítoris con mayor presión
Dos ligeros golpes en su perla la levantaron del suelo para dejarla caer en la profundidad del orgasmo, mientras con violentas arremetidas, Edward volcaba su simiente en lo más profundo de su ser.
- Estoy exhausta – confesó contra el pecho de su esposo después de haberse colado bajo las mantas levemente recuperados
- Y yo – coincidió él besando su pelo
- Hanna Montana debe estar por acabar
- Lo sé – suspiró Edward – Quédate un rato más en la cama. Yo me ocuparé de los niños – ofreció a la vez que se levantaba de la cama y se vestía para salir
Heidi estaba de pie en la puerta cuando Edward la abrió.
- Ah, los estaba buscando – dijo la niña corriendo para lanzarse sobre la cama junto a su madre
- Por qué, cielo? Qué sucede?
- En el cine han estrenado una peli de Barbie, podemos ir? – preguntó con entusiasmo
- Al cine? Cuándo?
- No sé, un día. Y Anthony puede quedarse con el tío Emmett. – ofreció
Edward y Bella se miraron comprensivos. Heidi necesitaba que le dejaran de prestar tanta atención a Anthony.
- No podemos dejarle con el tío Emmett, cariño, porque es muy pequeñito – explicó Bella – pero puedes ir tú con tu papi y yo me quedaré con Ant. Te parece bien?
- Pero Barbie es una película para chicas, no puedo ir con papá – se quejó celosa de que su madre tuviera que dedicarle tanto tiempo al pequeño.
Edward sonrió complaciente.
- No pasa nada, cielo. Tú y tu mami podéis ir al cine y yo me quedaré con Anthony.
- Edward, yo soy quien lleva consigo el alimento – sonrió Bella
- No pasará nada por un par de horas. Le daré un biberón así vosotras podéis ir al cine.
- No te importa, papi?
- Claro que no, cariño – sonrió estirando los brazos hacia ella
- Gracias, papi! – gritó saltando a sus brazos.
Edward se había quedado en la casa con Anthony mientras Bella y Heidi pasaban la tarde en el cine.
La niña estaba entusiasmada cuando su madre aparcó el coche en la entrada de la casa.
Bajó del coche abriendo la puerta trasera para que Heidi bajara a su vez después de desabrochar los cinturones de su silla.
Ensimismada en la conversación de la niña sobre la película, no percibió al hombre que había bajado del coche que estaba aparcado en la calle.
- Hola, Isabella
Acababa de encontrar las llaves en su bolso cuando un escalofrío recorrió su espalda, al escuchar la grave voz de James.
Porque nos merecíamos una escena hot antes de los problemas...
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