CAPITULO 30

Un escalofrío la estremeció dejándola inmóvil en su lugar. A su lado, Heidi se volteó curiosa mirando al hombre que se acercaba por el camino de entrada.

- Hola – saludó la niña sonriendo – Quién eres?

Bella se giró en su lugar poniendo la mano sobre el hombro de la niña, impidiéndole acercarse a él.

- Hola, soy James. Y tú? – le respondió con una sonrisa sarcástica

- Heidi, entra en la casa – ordenó Bella empujándola hacia la puerta que acababa de abrir

- Pero...

- Entra en la casa – repitió con firmeza

La niña la miró con desconcierto. El semblante serio de su madre la exhortó a obedecer y se volteó entrando en la casa para cerrar la puerta tras de sí.

- Hola, Bella – repitió el guapo rubio acercándose a ella

- Qué haces aquí, James?

- Estás guapísima, Bella. Y sin dudas nuestra hija es tan hermosa como tú.

- Es MI hija – gruñó – Qué quieres?

- Tú qué crees? – sonrió petulante

La puerta se abrió en ese momento y Edward salió cerrando tras él.

Tembló cuando Heidi entró diciendo que su madre estaba fuera hablando con un hombre que las estaba esperando al llegar.

Verlo y reconocer en él los ojos azules y la pequeña naricilla de Heidi sirvió para confirmar su identidad.

- Bells... – le llamó poniendo las manos sobre los hombros de la chica

Bella se recostó contra su pecho respirando agitada. James lo observó curioso.

- Tú debes ser el marido de Bella – dijo acercándose un poco más – Renée me dijo que te habías casado – agregó dirigiéndose a ella

- Ella fue quien te dijo dónde encontrarme?

- Sí, aunque no era difícil imaginar que estarías en Seattle con tu hermano y tu padre.

- Qué quieres, James?

- Recuperar a mi hija

- Estás loco. No es tu hija.

- Venga ya, Bella, sabes que tengo derechos.

- NO TIENES NINGÚN DERECHO! – gritó furiosa

Edward tiró de ella apretando sobre sus hombros.

- Tranquila, cariño – pidió con suavidad antes de dirigirse al hombre – Qué es lo que quieres en realidad? Verla, conocerla, pasarle la manutención...

- Todo. Todo lo que me corresponde.

- Está claro que este tema lo trataremos con abogados – dijo Edward con calma – No tendrás contacto con la niña mientras no haya una sentencia firme.

- Y tú quién te crees que eres? – espetó el otro presuntuoso

- El marido de Bella, su abogado y el padre de Heidi a todos los efectos legales.

- Pues si eres abogado sabrás que tengo derechos.

- No voy a dejar que te acerques a ella. – soltó ella con rabia – Ya no soy una niña ingenua, James, no voy a dejar que te acerques a mi hija.

- Es mi hija también.

- NO LO ES! Tú me dijiste claramente que sólo tendrías hijos con Victoria, que yo debía abortar.

- Agradezco que no lo hayas hecho.

- Por qué? – sollozó – Por qué ahora? Qué es lo que quieres?

- Victoria me ha dejado – Bella lo miró dudosa – Por la furcia de tu madre.

- Se enteró de lo tuyo con Renée.

- Sí, Phil se lo dijo. A Victoria y a mi padre y ella se ha ido. Victoria no ha podido quedarse embarazada en todo este tiempo, estábamos haciéndonos un tratamiento de fertilidad pero ahora lo ha dejado. Mi padre está furioso, todo lo que quiere es un nieto y está claro que no lo tendré con Victoria.

- Y por eso vienes a buscar a mi hija? – gruñó entre dientes – Eres una sanguijuela.

- Hace un par de años me dijo que no sería el heredero de Whiterdale si no tenía un hijo que continuara la dinastía familiar, ya sabes, tonterías de viejo carcaman. Por eso Victoria y yo estábamos intentándolo. Ahora que todo se ha acabado, tu madre me recordó que no me hace falta engendrar un hijo porque ya tengo uno – sonrió burlón

- Eres un maldito bastardo! – espetó Bella abalanzándose contra él

Edward la tomó de la cintura impidiéndole lanzarse contra el hombre

- En realidad la niña es la bastarda y aquí estoy para darle legitimidad.

Furioso, Edward empujó con suavidad a Bella a sus espaldas y se lanzó contra el hombre cogiéndolo por las solapas de su chaqueta, tiró de él dejando su cara a escasos centímetros de la suya.

- No se te ocurra volver a llamar bastarda a mi hija o tendré que borrarte tu blanca sonrisa de la cara. Búscate un abogado, Whiterdale, porque no volveremos a hablar contigo – gruñó entre dientes, dándole un empujón que lo hizo trastabillar

Edward se giró y suavemente guió a Bella hasta la puerta para hacerla entrar en la casa.

- He venido para recuperar a mi hija y voy a hacerlo – gritó James antes de que Edward entrara

- Eso ya lo veremos – respondió Edward molesto – Consíguete un abogado – repitió finalmente entrando en la casa y cerrando la puerta tras de sí.

Bella se hundió en el fuerte abrazo de Edward que la apretaba contra sí recostado contra la puerta.

- Shh, tranquila, cariño – susurraba contra su pelo acariciando sus espaldas

- Dios, Edward, qué vamos a hacer? – sollozaba la chica – No quiero que se le acerque. No quiero siquiera que Heidi le conozca. No puedo imaginar que pueda reclamarla.

- No te preocupes, cariño. No sé cómo pero no vamos a dejar que se le acerque. Heidi es mi hija, de algo servirá que él nunca haya aparecido aún sabiendo de la existencia de la niña.

- No puede ser. Por qué, Edward? Por qué Renée no deja de hacerme daño? Por qué tuvo que decirle dónde encontrarnos? – sollozó

- Mami? – temerosa Heidi se acercó a ellos

- Heidi, cariño – Bella se volteó rápidamente para levantar a la niña entre sus brazos

- Mami? Por qué lloras?

- No es nada, cielo

- Te hizo algo ese señor?

- No, cariño, no tienes que preocuparte – dijo intentando sonreír para calmar a la pequeña – Todo está bien.

- De verdad?

- Sí, cielo. Mami se golpeó al entrar y por eso lloraba – le aseguró Edward

- Te has hecho daño, mami?

- Un poco – sonrió ella

- Quieres que te de un beso?

- Siempre quiero tus besos, cielo – le aseguró apretándola contra ella

Los cariñosos bracitos de la pequeña rodearon su cuello apretándose contra ella.

- Te quiero mucho, mami – le aseguró

- Y yo a ti, mi vida. Ven, vamos a cenar antes de que Anthony se despierte y comience a llorar. Tienes que contarle a papi la película que hemos visto.

- Sí – aceptó entusiasmada – Era muy divertida, papi, si quieres otro día te puedo acompañar a ti para que la veas también.

- Pero tú ya la has visto.

- No me importaría verla de nuevo – explicó con falso desinterés haciendo a sus padres sonreír.

Edward se metió en la cama y atrajo a Bella contra su pecho. No habían vuelto a tocar el tema ya que Heidi no se había separado de ellos hasta la hora de irse a la cama, pero ninguno de los dos había podido dejar de darle vueltas a toda la dura situación que se les planteaba.

- Tranquila, cariño – dijo intentando calmar su llanto silencioso

- No puedo creer que esto esté sucediendo.

- Shh, te prometo que lo solucionaremos.

- Cómo? Es el padre, realmente tiene derechos.

- YO soy el padre de Heidi – gruñó

- Sí, lo eres. Lo eres para mí y lo eres para ella, pero que dirá un juez? Es evidente que lo primero que harán será pedir una muestra de ADN. Cuando confirmen que James es su padre biológico, qué crees que sucederá? – sollozó

- Bells – pidió levantando su rostro para enfrentar sus miradas – Quiero que te calmes, de acuerdo? Déjame a mí que me encargue de los jueces y abogados, vale? De algo me tendrán que servir tantos años de trabajo.

- No quiero perderla, Edward.

- No la perderás – aseguró apretándola en su abrazo – No lo permitiré. No permitiré que la pierdas, ni yo tampoco.

- Tengo miedo, Edward.

- No lo tengas, cielo. Confía en mí. No permitiré que ese cabrón se acerque a nosotros. No permitiré que se acerque a mi hija.

- Espero que podamos lograrlo, Edward. No tengo fuerzas para explicarle a Heidi que James es su padre

- No tendrás que hacerlo – prometió aunque sin saber cómo lo lograría.


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