CAPITULO 31
Bella entró en la cocina donde Edward y Heidi desayunaban charlando. Anthony dormía en su pequeña hamaca al lado de su padre.
- Buenos días – saludó acercándose a besar a la niña
- Mami! – le respondió con excitación – Papi dice que podemos ir hoy a la playa.
- A la playa?
- Sí! Tienes ganas?
- Desde luego, cariño, si tú quieres ir – aceptó contagiándose del entusiasmo de su hija
- Sí! – exclamó saltando en su regazo
Edward dejó frente a Bella un plato con huevos revueltos y una enorme taza de café, para intentar solventar un poco las enormes ojeras que delataban lo poco que había dormido la noche anterior.
- Podemos invitar a Jen y a Kebi? – pidió la niña antes de correr hacia la puerta trasera para ir a la casa vecina después que sus padres asintieran con aprobación
- Cómo estás? – preguntó Edward acariciando su mano por encima de la mesa
- Agotada. No dormí muy bien.
- Lo sé. Bells, sé que estás preocupada pero te prometo que lo solucionaremos. Quiero que confíes en mí.
- Confío en ti, Edward, siempre lo he hecho. Pero no puedes pedirme que no sienta pánico de que me quite a mi niña. No podría vivir sin ella.
- No tendrás que vivir sin ella. – prometió – Ni siquiera tendrás que permitir que la vea, lucharemos como sea. Pero hay algo de lo que debes ser consciente – dijo temeroso
- Qué? – preguntó ella más temerosa aún
- Esto irá por lo legal.
- Lo sé.
- No sé exactamente cómo lo haré, y si bien, obviamente seré yo mismo quien lleve el caso, tal vez necesite ayuda.
- No entiendo qué quieres decir, Edward.
- Que probablemente haya más gente que se entere de quién es el padre de Heidi y cómo ha sido tu relación con él. – Bella palideció
- No quiero que Heidi lo sepa – afirmó rotunda
- Lo sé, cariño, tampoco yo lo deseo.
- Es mi niñita – sollozó – No quiero que sepa que ha tenido un padre que nunca la ha querido. Tú eres su padre, nadie más.
Edward se levantó de su asiento para acercarse a ella y abrazarla consoladoramente poniéndose de rodillas junto a ella.
- Lo sé, cielo. Yo tampoco quiero que Heidi sufra. Es mi hija. Yo soy su padre, nadie más. Y te prometo que nada va a cambiar eso. Evitaremos que Heidi lo sepa. Tal vez se lo contaremos algún día, cuando sea lo suficientemente mayor para entenderlo, pero no ahora. – aseguró – Pero ahora alguien más lo sabrá.
- Quién? – preguntó escondiendo la mirada tímida
- No sé, cielo. Necesitaré todo el asesoramiento legal que me pueda ayudar. No quiero que se me escape nada. Quiero consultarlo con Jasper, tal vez con Maggie, ella tiene mucha experiencia en disputas familiares. Desde luego que es confidencial pero ellos al menos deberán saberlo.
- Lo entiendo – dijo recostándose contra él resignada
- Te prometo que lo solucionaremos.
- No lo prometas si no estás seguro de poder cumplirlo.
Edward dudó.
- Intentaré solucionarlo – rectificó – Me dejaré la vida en ello, te lo prometo.
- Sé que lo harás.
Emmett y Rosalie se entusiasmaron con la idea de la playa y finalmente ambas familias visitaron Alki Beach.
Comieron en el Alki Café antes de bajar a la playa.
Edward y Emmett estaban de pie a la orilla del mar vigilando a los niños que construían un castillo de arena. Anthony descansaba en los brazos de su padre, mientras Bella y Rosalie les observaban desde las tumbonas que habían instalado bajo la sombrilla.
- Vas a contarme qué te sucede? – preguntó Rosalie con preocupación ante el semblante triste y preocupado de su amiga.
Bella la observó sin poder evitar que las lágrimas desbordaran sus ojos.
Rosalie se acercó a ella inquieta cogiendo sus manos.
- Bells, cariño, qué sucede?
- Oh, Rose, es horrible – confesó dando rienda suelta a su llanto y apretándose contra la rubia que la rodeó con sus brazos
- Bella, cariño, cuéntame, qué sucede? Es por Edward? Habéis discutido?
- No, no. Con Edward todo está muy bien.
- Ya me hubiera extrañado – aseguró Rose – Se os ve tan bien.
- Es James.
- James? – preguntó sorprendida – James, el padre de Heidi?
- Sí. Ayer se presentó en casa.
- Se presentó en vuestra casa? Cómo? Por qué?
- Renée le dijo dónde encontrarme.
- Maldita zorra – gruñó Rosalie – Y qué quiere? Para qué vino?
- Oh, Rose – sollozó Bella escondiendo su rostro en el pecho de su amiga – Vino por Heidi.
- Por Heidi? Cómo que por Heidi? Por qué? Qué es lo que quiere?
- Dice que quiere reconocerla como hija suya – Rosalie se estremeció
- Por qué? – preguntó con un hilo de voz
- Su padre va a desheredarlo si no tiene hijos. Su mujer lo dejó después de enterarse de que tenía un lío con Renée. Quiere demostrarle a su padre que tiene una hija. Heidi.
- Es un maldito cabrón. – gruñó furiosa – Qué vais a hacer?
- No lo sé. Llevaremos el tema con abogados, pero no sé cómo vamos a hacerlo.
- Qué dice Edward?
- Que lo solucionaremos.
- Y James? Tiene derechos realmente? Después de tanto tiempo aún puede reclamar su paternidad? Aunque la niña haya sido adoptada por Edward?
- No lo sé – sollozó la joven apesadumbrada
- Oh, Bella, cariño, lo siento mucho
- Estoy desesperada, Rose, tengo pánico de que pueda llevarse a Heidi.
- Crees que puede hacerlo?
- Edward dice que no, pero yo no sé qué pensar.
- Oh, Bells, debes confiar en Edward, él es el que entiende de leyes, sabes que no permitirá que nada os suceda a ti o a Heidi.
- Lo sé, pero tengo tanto miedo.
- Te entiendo, cariño – aseguró Rosalie abrazándola – Desde luego que te entiendo, cariño.
.
- Va todo bien, Edward? – preguntó Emmett con preocupación al ver a la distancia a su mujer y su hermana abrazadas.
Edward siguió su mirada y vio el consuelo que Bella estaba recibiendo de parte de Rosalie. Hizo una mueca antes de responder.
- Ayer apareció James – dijo ganándose una mirada sorprendida de parte de Emmett
- Qué quieres decir?
- Eso, exactamente. Ayer cuando Bella y Heidi volvían del cine, James las esperaba en la puerta.
- Maldito cabrón – gruñó Emmett – Qué quería?
- Reclamar la paternidad – explicó intentando mantener sus palabras fuera del interés de los niños
- Cabrón! Voy a matarlo. Y por qué ahora?
- Su mujer lo dejó, ya sabes, por el lío con Renée. Parece ser que necesita un hijo para evitar que lo deshereden o algo así.
- Maldito hijo de perra. Te juro que le mataré.
- Yo lo intentaría también.
- Puede hacerlo? Puede lograrlo? – preguntó Emmett preocupado
Edward suspiró incómodo.
- En principio, no. Yo la adopté legalmente y el trámite está más que formalizado. Pero supongo que podría salir con mil cosas que nos dificultarían el proceso.
- Cómo qué? – indagó interesado
- No sé. Decir que él nunca lo había sabido hasta ahora. Algo así como que ella se lo ocultó – explicó intentando no decir nombres que llamaran la atención de los niños que jugaban en la arena – Que nunca supo que era padre. Qué sé yo – se quejó lastimero – Tal vez no llegue a obtener la paternidad pero al menos nos haría entrar en trámites burocráticos. Pruebas de paternidad, una batalla legal. Qué sé yo!
- Puede hacerlo?
- No lo sé, Em. Aún no me he sentado a ver todas las puntas de este asunto. – suspiró agotado – No queremos que la niña se vea involucrada en nada de esto. Ni en las pruebas ni mucho menos en derechos de visita.
- Puede obtener derechos de visita? – preguntó Emmett sorprendido
- Podría pedirlos y podrían otorgárselos hasta tanto se resuelva la situación, al menos para conocerla. No queremos siquiera que la vea.
- Desde luego que no – reconoció Emmett mirando comprensivo a su pequeña sobrina que jugaba en la orilla del mar una pequeña guerra de agua con sus primos.
- En principio lo primero es el bienestar de la niña, pero a veces los jueces pueden ser unas verdaderas mulas, tercas y obtusas. Y desde luego, existen todo tipo de abogados, sin escrúpulos ni moral. James tiene el dinero suficiente como para molestar y su apellido es lo bastante importante como para montar un circo.
- Desde luego que el abogado que contrate James será de estos últimos. Podría generar al menos una guerra en los medios.
- Eso me temo, en ese caso sería difícil mantener a la niña ajena a todo. – reconoció Edward temeroso
- Y Bella?
Edward se volteó para mirar a su mujer con mirada triste.
- Ya te imaginarás. Está devastada. Preocupada, asustada.
- Ya lo creo. Será que mi pobre hermana nunca podrá ser feliz?
Edward le miró con dolor.
- Haré todo lo que esté en mi mano por hacerla feliz, Emmett, te lo prometo. No permitiré que ese cabrón venga a arruinar nuestras vidas.
- Lo sé, hermano, lo sé – le consoló Emmett palmeando su espalda – Agradezco a Dios que hayas entrado en sus vidas. Quiero que sepas que mi padre estaría más que feliz de que tú fueras parte de nuestra familia.
- Gracias, Emmett, espero ser siempre digno de formar parte de ella.
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