En una cafetería de algún país, ciudad, aldea, pueblo o barrio de Europa...

Candy miró el reloj. Eran las once y dos de la mañana.

La chica rubia que estaba junto con Mizune que era una bruja ratón estaba en la mesa junto con su rival y amiga (Y aventura homoerótica) Kaen y su maestro Cedric. Matsuri se había ido al baño por lo que debían estar esperar hasta que llegara y daba comienzo a la reunión.

Finalmente la pequeña gatita mágica había llegado pero cuando hizo contacto visual con Mizune, las cosas naturales no se hicieron esperar para volverse feas. Los gatos y los ratones fueron enemigos naturales desde los inicios de los tiempos e incluso en los seres mágicos aquella histórica rivalidad tampoco era la excepción. La pequeña chica y la mujer pelirrosa no pudieron evitar mirarse muy feo y todo por culpa de la naturaleza.

Candy miraba el reloj, eran las once y cuatro. Cuando haces algo el tiempo pasa como Flash yendose en menos de nada. Kaen y Cedric se miraron y la pelirroja quien era de las más fuertes junto con Candy también era un alma de la razón. La brujita rubia no tuvo más de otra cosa que acercarse hacia su amante y calmarla con su sola presencia.

Y luego eran las once y cinco donde finalmente las tres aprendices de bruja, la ratona mágica y el maestro mago estaban sentados y como se debía, estando en un rato de total tranquilidad. Si se querían matarse ahí estaba afuera para hacerlo pero en estos momentos debían evitarse su conflicto natural como historico ya que debían tratar dos temas: El paradero de la gata mágica Yuzu y el cumpleaños de la más importante entre el harén de dicha gata mágica.

Una vez más Mizune soltó un pesado suspiro lo mismo que Matsuri y en un modo bastante sincronizado. Cualquiera de las dos estaba de malgenio, de haber sabido que estaban en ese lugar nunca debían estar ahí. Estaban perdiendo tiempo, tiempo muy valioso en cada una de ellas.

Por el lado de la joven gatita mágica, ésta debía estar entrenando con sus amigas la lección que les enseñaría Cedric, hacer una misión que les designaba Merlín quien es el dios gobernante de la magia o no hacer nada; mientras que por el lado de la ratona mágica pues ella debería estar en su apartamento quizás sola o con la idiota de Inazuma Candy, quizás entrenando su magia o haciendo nada cuando no hay nada que hacer.

La pelirrosa suspiró de nuevo y se masajeó las sienes intentando recuperar la poca tranquilidad que poseía e intentando eliminar la ansiedad que la provocaba la falta de ejercicio. Mientras que Matsuri lidiaba un poco con desviar la mirada de la amante que se consiguió su estúpida amiga al tiempo que contaba hasta diez con tal de tranquilizarse.

-Buenos días- Se saludaron pero sin ni siquiera mirarse las caras, eran enemigas naturales.

Luego de eso, para tratar de hacer menos pesada la tensión, Candy decidió tomar la palabra mientras el mesero les servía lo mejor de la casa para cada uno de los presentes.

-Lamento si llegué tarde.

-Puede que hayan pasado un poco más de cinco minutos pero no importa, no es menester de que te disculpes- Dijo sonriente la joven pelirroja alta- Igualmente puedes llamar a esa tardanza minutos de cortesía.

-Estoy de acuerdo contigo, Namahono- El docente encargado asintió estando de acuerdo con su alumna.

Mizune y Matsuri solo bufaron, estaban cara a cara y estaban molestas por solo encontrarse pero debían reservar la ira para otra ocasión por mientras debían tratar el tema que iban a tratar.

Elevó la vista, para encontrarse cara a cara con los ojos oscuros y el pelo verde de la persona que acababa de aparecer enfrente de su mesa. Le miró con el ceño fruncido.

-Muy bien, chicas. Sobre Yuzu-sensei, no tengo nada de noticias ni siquiera mis cuernitos no han detectado o sabido nada de su cosmos pero por las otras señales que he logrado captar de los otros Caballeros de Athena, la situación ya poco a poco está pasando. Hubo ataques de demonios que vinieron aquí a la Tierra a hacer estragos y algunos de ellos eran poderosos, otros no tanto pero aún así dieron problemas a Lord Saga y los demás.

-¿Entonces tía Yuzu volverá en estos días?- Preguntó Matsuri mientras sus ojos naranjas brillaban junto a una sonrisa que crecía en su rostro, estaba muy preocupada por su tía por lo que rezaba por su bienestar.

-Por supuesto- Asintió la rubia logrando por lo menos hacer, una sonrisa de parte de la pequeña gata mágica- Yuzu-sensei volverá en los próximos aunque quedan uno que otro disperso pero no son nada.

-Que bueno que la gata tonta siga viva- Murmuró Mizune que estaba mirando de lado ya que quería evitar a toda costa a la pequeña gata mágica- Bien, tienen otro tema, ¿No? Si lo quieren hablar, terminemos esto cuanto antes. ¿Alguna idea?-preguntó la ratona mágica mirando con atención a Candy por segundos.

-Mizune, tampoco no es para tratar a cualquiera así- Suspiro- Ni modo contigo- Se limitó a carreaspear- Como saben, este 19 de este mes, Maki-sama cumple años y necesitamos ideas para un regalo para ella. Tengo entendido que ella está lidiando la ausencia de Yuzu-sensei con la carga de trabajo por lo que debemos de hacer lo posible para darle un mejor cumpleaños, así que quiero sugerencias por parte de ustedes... Matsuri, por ser mi gatita mágica eres la primera en dar la primera opción.

-Candy, ¿Cuantas veces tengo que decirte que no quiero nada contigo? Pero como es el cumpleaños de tía Maki, supongo que debo dar la idea en la que estoy trabajando- En eso la gata mágica sacó de su mochila lo que podía ser una pequeña caja roja sobre la cual estaba bordada un circulo de magia- Esto es en lo que estoy trabajando desde hace varios meses, planeaba hacer hacer unas armas, no normales, claro. Igual es algo típico, pero… -dejó el resto en el aire, esperando la reacción de sus amigos.

-¿En serio tratabas de hacerle una serie de armas para Maki?

-Eso para que pudiese defenderse como también ayudar a tía Yuzu ya que algunas de las amantes tienen habilidades o son guerreras, Shaina-sama que es uno de los Caballeros Legendarios, Akemi-dono y Miki-san que son chicas mágicas, Misaki-sama que tiene el Ojo de Muñeca y Takanashi-san que es recientemente hechicera y tiene como discípula a Yohane-san.

-Eso es una buena idea, Matsuri, me gusta- Dijo Kaen con una sonrisa y asentimiento rápido por parte de Cedric y Candy, aquella sonrisa cordial hizo que las mejillas de la pequeña gatita se coloreaban ligeramente, probablemente de vergüenza pues la pelirroja era su amor platónico.

-M-muchas gracias, Kaen-san. Pero decliné esa idea porque pensé que no sería un estilo de lucha apropiado para ella por lo que con ayuda de una persona de confianza y con apoyo de mis padres decidí crear esto...- En eso la joven abrió la caja dando lo que parecía ser un juego de anillos de diferentes colores y un cinturón con una mano marcada en el centro.

Los presentes incluso la ratona mágica quedaron impresionados por los artefactos que hizo la cual solamente estaba sonriendo en señal de agradecimiento como también al ser tenida en cuenta por sus peculiares amigos.

-¡Es increíble! ¡Anillos mágicos!- Exclamó Cedric quien se quitó los anteojos y se limpiaba los ojos sin creerse lo que estaba viendo- Namahono, ¿Dime que estoy soñando? ¡¿Estoy soñando?!

-No es un sueño, maestro Cedric. Es real.- Los ojos azules de la hechicera pelirroja estaban brillando mientras contemplaba el set de anillos como el extraño como llamativo cinturón.

-No son anillos mágicos cualquiera, ¡Son parecidos a los anillos mágicos que usa Kamen Rider Wizard hasta ese cinturón es muy parecido a su Driver!- Dijo Candy mientras miraba detenidamente el set mágico.

-No es lo que parece, eso fue lo que diseñó el maestro Haruto para ayudarme pero decidí que ese set le sería de ayuda para alguien que se lo merece.

-Esta vez si te luciste, gata mágica- Dijo la ratona mágica al ver el set aunque la pequeña chica solamente frunció el ceño

-Me impresiona que seas agradecida conmigo, no esperaba eso de una ratona mágica.

Nuevamente ambas se miraban con esas ganas ocultas de querer asesinarse en cualquier momento, de hecho, ambas con su solo contacto visual se enviaban el claro mensaje de que la una le partiría la cara a la otra si se atrevían a mostrar la más mínima señal de ofensa, ninguna de ellas era masoquista, solo eran enemigas naturales por causa de especies.

Las otras dos brujas estaban en silencio y el maestro mago aprovechó para imaginarse un evento donde las cosas entre ambas se pondrían muy intensas en una situación demasiado íntima, por que vamos, dos personas que se miran con odio durante unos minutos que parecían eternos y sin parar mientras sus rostros estaban a unos escasos metros entre sí daban muchas cosas a la mente de cualquier persona de mente pervertida y Cedric efectivamente era un pervertido que todo le valía verga.

-Candy, maestro... ¿No notan ese olor fuerte a carne BBQ?- Dijo Kaen mientras comenzaba a usar levemente su olfato.

-Es bastante obvio que esas dos no se arreglarán. Es tan obvio como trato de convencer en vano a Yuno y Kotonoha de hacer las paces entre ellas.- La brujita pecosa una vez más dio un suspiro y carraspeó irrumpiendo a las dos oponentes naturales la cuales dieron su atención.

-¿En que estábamos? Ah, sí, Matsuri nos dijo que hizo un set mágico para Maki-sama, ¿No es así?- Solucionó aunque sea por un instante el conflicto de alguna forma.

-Ah cierto, mis padres y el maestro Haruto me ayudaron a crear ese cinturón de runas y los anillos. El color que tiene cada anillo representa un elemento, una vez que se coloca el anillo automáticamente el usuario obtiene en sus memorias los conjuros y hechizos de acuerdo a su elemento y lo traslada al driver para realizar el hechizo dependiendo de la situación.

-Wow, interesante.

-Pero no es sencillo, uno de los anillos escogerá a Tía Maki de acuerdo al tipo de cosmos que ella tiene por lo que necesito saber cual de ellos es el apropiado para ella o cual le gustaría a ella.

-Lo que hiciste es impresionante, Matsuri- Dijo Kaen mientras no dejaba de embelesarse junto con Candy y compañía viendo los anillos mágicos- No sabía que eras capaz de crear esas maravillas y para la señorita Maki. Sin duda alguna, en un futuro cercano, serás una gran bruja como lo es Yuzu-sensei.

Los ojos naranja de la gatita mágica brillaban de la emoción, estaba siendo elogiada por su más grande amor.

-¿D-de verdad crees eso?- Preguntó tímidamente mientras que su compañera pelirroja miraba los anillos como el driver.

-Por supuesto, no todos los días ves a alguien que se esfuerza haciendo esto.

-¡Muchas gracias, Kaen-san!

-De nada, Kochiyama...

La pelirroja guiñó el ojo haciendo que la pobre quedara congelada como si quedara en un trance y terminara desmayada en el suelo, sus ojitos estaban en espiral mientras alrededor de ella estaban miles de corazones flotando en el aire, mientras Kaen estaba con una gota enorme sobre su cabeza mientras el profesor se maldecía internamente pues dos díscipulas suyas tenían mucha suerte teniendo a un sinfín de mujeres ante sus pies pero él nunca nada.

-Vaya, eso si que es muy empalagoso pero al menos divertido- Comentó Mizune mientras no dejaba de ver con una risita aquella singular escena, muy típica de algún anime de comedia.

-Como quisiera que fuera así conmigo pero recuerdo que tengo a una yokai, dos yanderes, una niña cejona linda y una ratona mágica y todo eso junto me hace quitar la tristeza.

Eso mismo hizo sonrojar a la ratona mágico.

-Candy...

-Vamos nena, hay todas para Candy y Candy para todas.- La rubia de ojos verdes no dudó en mirar de reojo a su ratona mágica la cual seguía sonrojada.

(...)

Matsuri finalmente recuperó el conocimiento y nuevamente mostró los anillos mágicos haciendo una prueba, a lo que Candy decidió ser el sujeto. Uno de los anillos, el color dorado aceptó a la brujita rubia ya que su cosmos era del tipo eléctrico, a lo que decidió trasladar su mano izquierda pulsando el botón de la cintura izquierda haciendo que la mano runa se moviera en un angulo de 180 grados para luego trasladar la mano derecha sobre el driver creando un conjuro de descarga eléctrica.

-¡Wow! ¡Raijintástico! ¡Eres increíble, Matsuri!- Exclamó Candy con asombro mientras miraba el anillo mágico que portaba mientras que la pequeña gatita mágica se permitió sonreír con algo de arrogancia.

-Por supuesto, ¿Por quién me tomas, Inazuma?

-Son impresionantes –murmuró, mientras mantenía fija la mirada sobre el anillo y el driver mágico pero decidió devolverlos a su creadora y agradecerle.

"Bueno, ya sé qué regalarle a Zero-chan para su cumpleaños", pensó para sí misma la brujita rubia mientras pensaba en aquella mujer yokai que conquistó y enamoró en el pasado y actualmente una de sus amantes pero en eso le llegó a la mente otra chica a lo que se le prendió el bombillo.

"¡Claro! ¡Tokisaki!"

-Ah, Matsuri, dijiste que antes de que creaste los anillos diseñaste unas armas, ¿Cierto?

-Exacto, ¿Por que lo preguntas, Candy?

-Solo por curiosidad, ¿Las tienes?

-De hecho, traje uno de los prototipos- En eso la gata mágica usó algo de magia para atraer su mochila a la mano y en efecto era una pistola o revolver Colt 45, una de las armas más usadas en los tiempos del Viejo Oeste.

-Parece un arma de una película de vaqueros.

-Exacto, ese revolver era el arma más común cuando los vaqueros y bandidos se batían a muerte en el Viejo Oeste. A simple vista parece una Simple Colt 45 pero ese arma en anexo con el cosmos de su usuario, elimina armas de la estética de un fusil o una escopeta, las considera horteras.

-En español.

-Esa arma puede eliminar cualquier cosa grande sin importar la potencia que empleé debido al cosmos.

-Vaya, ¿Me la puedes prestar por mientras tanto?

La gata mágica negó rotundamente.

-Lo siento, Candy pero apenas esta arma es un prototipo y no se ha probado aún.

"¡Demonios! Y yo que quería un par de esas para enfrentarme a Tokisaki... Y de paso cogérmela y hacerla una de mis mujeres".

-Bueno, está bien. Te la devuelvo.- En eso devolvió el arma a la gatita mágica la cual guardó el prototipo en su mochila mientras maldecía mentalmente, Mizune era testigo de primera mano de la actitud de su amada hacia ese arma.

La rubia se sentó en su asiento mientras la ratona mágica aprovechó para hablarle en murmullos.

-Candy, ¿Por que pediste a esa gata ese revolver? No es común en ti pelear con esas cosas.

La rubia desvió la mirada mientras la pelirroja frunció un poco el ceño como si indagara más a fondo.

-No me digas, te topaste con otra vieja y ya le tienes ganas, ¿No?

-Mizune, ¿Podemos hablar de eso más tarde?

-Candy, no intentes eva...

-¡Ay siempre lo mismo con el maestro Cedric!- Exclamó Kaen en tono lamentable mientras se daba un fuerte facepalm

-De todos los maestros que conozco es el peor- Dijo Matsuri mientras comenzaba a enfadarse viendo una peculiar escena que hizo que la ratona y su amante rubia trasladaran su vista ante un incidente en plena cafetería y para colmo, la mesa que reservaron estaba en el centro del establecimiento publico, obviamente en el ojo del huracán.

Como si los dioses habrían oído a la brujita rubia, de pronto, un tremendo grito seguido de un golpe cortó la casi discusión entre ella y su amante ratón. Las cuatro féminas giraron la cabeza en dirección a la mesa de la que provenía tanto alboroto, la cual estaba a pocos metros de ellas.

Una mujer con cara de indignada se estaba levantando para irse a grandes pasos, mientras Cedric, el docente albino alto y de piel morena y vestido como si fuera cazador crack de vampiros la perseguía con una marca de dedos en su cara. La mujer sintiendo la presencia del desafortunado mago le estampó una fuerte cachetada que lo hizo dar algunas vueltas hasta llegar a casi tambalearse.

Pasados unos segundos, el mago vestido de negro suspiró y revolviéndose el pelo, giró la vista hacia la mesa donde estaban sus alumnas, dejando su cara al descubierto. El pobre hombre estaba con la vista nublada pero sobresalía una extraña silueta femenina de cabellera brillante y de un fuerte amarillo puro como una fuerte bombilla eléctrica.

Las reacciones entre el maestro y las mujeres al verse fueron completamente distintas. Mientras que la cara del hombre se adornaba con una boba sonrisa pervertida, Mizune empezó a soltar maldiciones en voz baja mientras que Kaen y Matsuri estaban completamente avergonzadas por la peculiar actitud de su docente de curso.

Candy quien conocía mucho mejor a su docente como también estando de igual de avergonzada como decepcionada fijó su atención en el pobre trigueño albino, que se acercaba lentamente con lo que trataba de ser una forma de caminar sexy, evidentemente mancillada por su cara roja por el bofetón y la mirada de pervertido-acosador que llevaba permanentemente inscrita en su cara.

Cuando llegó a su altura, se sentó con descaro al lado de la brujita rubia, pasándole un brazo por los hombros. Las caras de las tres chicas se ensombrecieron sobretodo la de la ratona mágica que estaba con un aura oscura ya que como diablos esa rubia estúpida se dejaba toquetear del sujeto quien se decía ser su maestro. La rubia solamente alzó una ceja mientras su cara ya era de pocas pulgas, como si supiera obviamente el futuro del hombre.

Tampoco era muy difícil de adivinar.

La rubia sin necesidad de la fuerza bruta empujó a su maestro casi haciéndolo caer al suelo pero el hombre que aún no recobraba el conocimiento fue hacia la rubia la cual solamente quedó con una cara de completo malgenio mientras que el sujeto una vez más le pasaba el brazo sobre los hombros como si tratara de decirle algo insinuarle de manera más barata posible.

La ratona mágica sentía que su sangre comenzaba a hervirse mientras no toleraba ver a su chica de esa manera, pero Candy aunque tenía algún que otro defectito sabía como mantener a raya a quienes no agradaba por lo que sabía como sacarse del medio al infortunado profesor.

-¿Qué pasa, hermosa? ¿Cómo tú por Le France? Estoy seguro de que es el destino que nos ha unido y… ¡Ay, ay, ay! ¡Para, PARA! –gritó el pobre moreno albino. Candy manifestaba su cosmos eléctrico (Algo similar al Impact Trueno de Pikachu) dándole al pobre sujeto una descarga eléctrica haciendo que el pobre cayera al suelo retorciéndose de dolor al estilo anime.

Fue en eso donde la ratona mágica aprovechó para tratar de hacerle una llave a Candy pero terminó retorciendo el brazo derecho a Cedric en una firme luxación, ¿Por que no con Candy? Simple, porque esa idiota era imposible tocarle un pelo aunque sea por cosas evidentes... Síndrome de Estocolmo por así decirlo pero así eran las cosas con la rubia y la ratona.