II
El sueño del Vampiro.
Un par de burbujas, blancas, plateadas y cristalinas.
Parecía sepultada en agua, aun así su rostro era apacible, él sabía que ella estaba durmiendo, al menos eso creía. Sus finos cabellos lucían flotando en rededor de su rostro, la blanca camisa traslucía lo delicado de sus formas y notó, como no lo hacía nunca, lo débil que podía ser, el frío que debía de sentir; como el agua congelada, que calaba hasta los huesos, volvía su piel más pálida, más cercana a la muerte, pronto su corazón se detendría el agua llenaría sus pulmones y dejaría de existir.
Aquello era lo que su campo de visión le informaba, luego tendría que añadir la oscuridad y aquél frío opresor que ralentizaba cada uno de sus movimientos, volviéndolo… mortal.
Parecía dormir, extendió su mano todo lo que le fue posible y le cogió de la delgada muñeca; debía de salvarla. Sabía que en ese lugar en ese momento, esa era su misión, pero sus dedos se desintegraron al tocarla, su mano les siguió. Sus rojas pupilas se espantaron al ver que era capaz de morir, de desaparecer. Lo intento una vez más, el resultado fue el mismo, así mismo se vio desintegrado como si fuera de ceniza y la corriente, el viento que le azotaba era el causante de su muerte. Con más terror aún, vio como Integra se hundía, ya muerta en la eterna oscuridad de ese silencioso mar.
¿Era acaso un sueño del pasado?
No, entonces lo entendió, se estaba hundiendo lentamente sin posibilidad alguna de subir a la superficie, en donde se encontraba el oxígeno, el aire, la vida… pero sabía que seguía siendo él, un no muerto aquél al que llamaban Alucard, así que la superficie no representaba la vida. El no necesitaba oxígeno, la luz del sol le molestaría y si era posible le haría daño. ¿Entonces porque se sentía tan desesperado por salir? En aquél lugar la oscuridad era perfecta, tranquila y silenciosa. Sin ruidos artificiales o murmullos incesantes.
Notó entonces que su desesperación venía de la profundidad, de saberse hundido en el agua, él único miembro de la naturaleza que podría tragárselo verdaderamente.
°~*OOO*~°
Despertó preocupado, nunca había tenido semejante sueño ni semejante sensación. Integra hundiéndose en la oscuridad sin que él nada pudiera hacer, no porque no quisiera sino porque su desaparición le resultaba inminente, era finalmente la muerte, de la cual tanto se había burlado a la cual tantas veces había esquivado, quien finalmente le atrapaba inutilizándole por completo.
¿Significaba su muerte la caída de Hellsing? Trató en el silencio de su sarcófago de entenderlo, mas no llegó a ninguna conclusión.
"¿Serán mis pecados los que me atormentan?".
Rió al ver aquella, tan humana, sensación y pensamiento en su cabeza, pues él no tenía corazón, no podía sentirla. Lo desecho por lo tanto de inmediato: la culpa, el arrepentimiento no significaba nada para él, hace mucho que no conocía de ellos los había desechado pues eran inservibles para él; el asesino, mentiroso y sacrílego. No pudo evitar creer que aquel alboroto en su estado de ánimo se debía únicamente a aquella visión de su propia destrucción, no por un enemigo poderoso a quien no pudiera enfrentarse, si no por ella.
"Destruido al salvar a quien detesto"
Ese sin embargo no era un pensamiento dirigido en contra de la muchacha, sino más bien a lo que ella representaba. A los ojos de Alucard, Integra era tremendamente interesante y fuerte, algo poco común en cualquier ser humano. Sobre todo su fuerza, la muchacha le simpatizaba, aún para él, de una extraña manera. Pero era la descendiente de la casa que le tenía prisionero, la última de una línea de sangre orgullosa y déspota que habían hecho su fortuna a expensas de su sacrificio.
Ya no era el animal nocturno que cazaba a su gusto, todo se había vuelto paredes y reglas. Ya no le resultaba divertido el matar y estaba esa pútrida sangre medicinal que le obligaban a beber. Su no vida era lo más parecida a la vida humana y el hace mucho que había dejado de serlo.
¿Cómo combatir eso? Se preguntó muchas veces, ahí encerrado en su propia oscuridad; vio la respuesta aunque de manera lejana, pero para él el tiempo no era problema, él era inmortal, solo debía de esperar a los eslabones débiles de la cadena, entonces sabría atacar esa debilidad, aquella que fuera parte de los que ostentaban el apellido Hellsing.
Ya habían pasado casi quince años de que su plan se colocara en marcha, con Arthur, a quien fingía respetar. Le había costado mucho muchísimo, pero lo había logrado, destruyó su temple y su ánimo, lo convirtió en un viejo decrepito que deseaba la muerte. Y aun así, el humano fue lo suficientemente estúpido como para enviar a su hija en pos de él. Su plan no podía haber sido obrado de manera más perfecta
"Estúpidos humanos: sacrifican a quienes aman"
Con todo el poder que era capaz de utilizar en sus condiciones ordenó y manipuló los pensamientos y deseos de quienes le fueron necesarios para lograr el fin de esa casa. Solo faltaba la muchacha, quien en solo un año se había vuelto más complicada de lo normal, (dentro de lo normal que podía llegar a ser ella) un cambio, que a la vez agrado y disgusto al vampiro, se había obrado en ella. Ya no resultaba tan gobernable como antes. Su pensamiento era fijo y no podía ser alterado, no al menos con las tretas que Alucard utilizase con el resto. Rió la primera vez que lo notó, pero ya no era tan gracioso no después de ese sueño.
Y es que en él los sueños no funcionaban como en el resto de los seres, si Alucard tenía un sueño, la mayoría de las veces es porque algo ocurriría y eso le perturbaba; ¿El muerto por tratar de salvarla? No lo comprendía, aunque muchas ideas se cruzaban por su cabeza para hacerle entender esa reacción, ese sentimiento (que el negaba desde luego o simplemente no le prestaba atención) ya se había hecho un pequeño, muy pequeño espacio dentro de él como la fisura que se cola en el concreto a base de un rasguño, no es de importancia, no es para preocuparse, mas estaba ahí fija y presente.
°~*OOO*~°
Darriane golpeo las ventanas de la ambulancia; no quería ir a ese hospital, no estaba loca, ahora entendía que no. Había sido el vampiro, él le había engañado y mentido y ella había creído en él. El enfermero que le acompañaba le sujetó con fuerza, mientras otra enfermera le inyectaba un calmante; todo se le hizo más borroso y no entendió mucho de lo que ocurría, simplemente el sueño se hizo presente en ella y se llevó a su cuerpo a otro estado; su cerebro, que ya había dejado de funcionar correctamente se atrofió, recostada en la camilla miró su mano y la vio con sangre.
"Gustosa se la hubiera entregado a Alucard"
Y no supo más del mundo.
°~*OOO*~°
— Debo de agradecerte Alucard… — musitó Arthur en su interior
— No es nada mi Amo — contestó el vampiro.
Cuando se creyó solo, Arthur derramó amargas lágrimas. ¿Cómo es que todo ello había ocurrido sin que él lo notara? ¿Desde cuándo Darriane había cambiado tanto? ¿Cuantas veces había intentado matar a su hija? De pronto volvió a su memoria aquella escalofriante escena.
"Ve rápido a la alcoba de tu hija"
Le había dicho el vampiro, sabía que estaba rompiendo el trato, estaba quebrantando las leyes y el sello que se le había impuesto, temió a la vez de ver el poder del vampiro. ¿Qué más era él capaz de hacer sin que nadie lo supiera, sin que él lo supiera? no pensó más en ello y obedeció; ahí estaban Darriane y una inconsciente Integra que desfallecía en los brazos de su madre, le tenía sujeta por el cuello, la tez de su hija no era saludable, los ojos vidrioso le anunciaron el poco tiempo que seguiría viva si es que él nada hacía.
Darriane volteó y Arthur no fue capaz de reconocerle; el rostro deformado por la ira y la locura, sus oscuros ojos ya no eran bellos si no enfermizos y una extraña mueca de su boca no daba a entender si estaba gritando o riendo. Todo pasó tan rápido, su grito de advertencia, la disputa del cuerpo de su hija y sentir su cuerpo entre sus brazos, quien aún respiraba débilmente.
— ¡Walter! — llamó con todas sus fuerza, el mayordomo no se hizo esperar, mientras Arthur reanimaba a su hija, Darriane les miró entendió entonces, como si la locura se hubiera apartado repentinamente de ella, lo que había hecho como si hubiera despertado.
¿Qué hacía ahí? ¿Qué hacía con su hija ahí?
¡Oh!... ya lo recordaba, había obedecido al vampiro. Sí, eso estaba haciendo. No era culpa de ella, consciente de lo horrible de su crimen se vio trasformada en un moustro, pero aun así no era su culpa. Ella… ella había sido engañada, el vampiro le había engatusado con sus palabras.
"¡No…!"
No eran mentiras, el vampiro jamás le engañaría de esa manera, él era su amigo, se había convertido en su amante era el único capaz de entenderle, como nadie más le entendía ¿Qué sabia Arthur o Walter de ella? ¡Nada! ¡Nunca lo sabrían…! ella ya no pertenecía a ese mundo, ya no les pertenecía a ellos .
Así desvariando desapreció de la alcoba, mientras veía como los ojos de su hija se fijaban en ella y parecían brillar de gusto ante el espectáculo que su madre daba. Más le odio Darriane entonces, pero entendió que nada podía hacer en aquel lugar huyó y se alejó, corrió a los subterráneos en busca del vampiro.
Ahí, en donde le escuchara por primera vez la encontraron, desmayada.
°~*OOO*~°
Sintió entonces un leve calor en su mano, Arthur miró y vio a su hija quien le buscaba, le sonrió. No importaba lo que fuera, no importaba que Darriane no le amara, que nunca le hubiera amado, ahí estaba la razón por la cual aceptaba todo ese desprecio, toda esa locura; su hija era ahora lo más valioso que le quedaba. Aunque estuviera destruido por dentro, por ella, por Integra. Valía la pena aguantar todo eso.
— ¿Qué ocurre Integra? — preguntó mientras la llevaba a sus rodillas. La muchacha cogió el
pañuelo que su padre llevaba siempre en su bolsillo y con el comenzó jugar, en ese tiempo la muchacha no tenía más de tres años, hablaba ya y tan claramente que a Arthur le dolió el corazón preguntó
— ¿Se ha ido ya esa mujer? — Arthur le miró fijamente y vio que la mirada de su hija no era la de siempre; era fría y sin sentimiento. En eso Integra se parecía mucho a su madre. Arthur la abrazó, no por que quisiera consolarla sino porque no quería ver nunca más aquella mirada con la cual Darriane le hiriera tantas veces.
— Así es hija… — tragó saliva al momento en que notaba que Integra jugaba con sus cabellos - …ya se ha ido
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La escuela Luterana, estaba a las afueras de Hamburgo, en la zona de Winterhude lugar anexo a Stadtpark. Y era todo lo que la educación de excelencia podía exigir, un castillo solapado y de gran tamaño ubicado sobre una arbolada colina que agrupaba a seiscientos estudiantes de diferentes partes del mundo, en su mayoría norteamericanos descendientes directos de británicos y europeos. Eran este segundo grupo los más elitistas con respecto a las propias amistades que se forjaban dentro del recinto.
Integra no era una muchacha muy popular dentro del mismo, aun así se destacaba por sobre el resto debido a sus buenas calificaciones y las excelentes relaciones que emprendía con el profesorado. Era sin embargo conocida su condición, como la única heredera de la casa Hellsing, una de las más nobles de Europa. De todas maneras dentro de aquel selecto grupo de chicos descendientes de nobles no se le tenía mucha empatía, principalmente ante el hecho de que fuera ella y no su tío quien heredara la casa. Era más bien un desagrado de los padres de los muchachos por ella entregado a sus hijos.
A Integra en tanto el ambiente social estudiantil le aburría sobremanera, encontraba a los muchachos estúpidos y a las muchachas, con quienes no tenía ninguna relación, engreídas y torpes. Ella se aislaba de los grupos y estos hacían bien en no tomarla en cuenta. Alucard quien siempre le vigilaba, encontraba más interesante aún el hecho del ser humano que se aleja de la sociedad, era una contradicción sin embargo, pues se le obligaba a su ama a relacionarse con gente estúpida y muy por debajo de cualquiera de sus características, sin notarlo la imagen de la muchacha, se estaba prácticamente idealizando a los ojos del vampiro, aunque esto él no lo sabía, menos ella. Para él, ella se comportaba como una persona digna de ser su amo. Y eso era algo muy difícil de conseguir para un humano.
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Lucian y Dante Wilbanks pertenecían al grupo de rezagados socialmente de la escuela Luterana. A diferencia de Integra ellos no provenían de familias nobles sino que eran hijos de un industrial Británico que viéndose agobiado por el mal comportamiento de sus hijos, sobre todo de Dante, decidió enviarlos a Alemania a estudiar, este era el primer paso para trasformar a la familia Wilbanks en parte de la nobleza británica y si era posible verla incluida en la tan selecta mesa redonda.
Joseph Wilbanks, consideraba que estar en semejante sitial le daría una gran cantidad de oportunidades mercantiles, las cuales ansiaba en ese momento. De carácter calculador, cosa en la cual Lucian, el mayor de sus hijos se le parecía mucho. Los muchachos en si eran muy apreciados en la Escuela, fuera de la gran fortuna de su padre, estaba el hecho de que Dante era muy popular en el cuerpo estudiantil. De carácter vivaz y alegre, era el preferido de los muchachos pues se arriesgaba como ningún otro, era intrépido y retaba abiertamente a los profesores, por quienes pocas veces mostraba respeto, lo mismo ocurría con los estudiantes de los cursos mayores de quienes se burlaba abiertamente y mostraba de manera afanosa su desprecio por la separación de clases que estos imponían, cursaba el mismo grado de Integra, pero en otra clase. Varias veces había reparado en ella, no por los méritos de esta si no por su fisonomía, la tez de Integra era más oscura que el sajón normal y esta hacia una extraño contraste con sus ojos azules además estaba Lucian, quien cursaba un curso más que su hermano, quien varias veces le había hablado de ella.
Lucian por su parte era todo lo contrario a su hermano y si bien no provenían de casta noble, era capaz de ridiculizar a los defensores más acérrimos del sistema impuesto en la Escuela, su inteligencia era de sobrada reputación en el establecimiento, así como su carácter, si bien afable, también calculador, rara vez se relacionaba con alguien a menos de que este fuera en verdad interesante, si no lo era al menos podía servir a sus intereses. No era en si una mala persona siempre estaba dispuesto a ayudar pero solo a eso, jamás se relacionaba de una manera que no fuera directamente "estudiantil", ambos hermanos eran de gran estatura, el cabello de Lucian era azabache, en contraste de su hermano quien lucía un castaño casi rubio, el resto de la fisonomía era particularmente similar en ambos de formas simétricas y agradables a la vista. Mientras Lucian denotaba la inteligencia en su mirada, en la de Dante solo podía verse el brillo contestatario de los jóvenes inconformes con la sociedad y sus reglas.
Lucian varias veces había notado la presencia de Integra en el establecimiento, mas nunca había entablado conversación con ella. No hasta ese año, (pudo, en el verano antes de regresar a la escuela Luterana, informarse, sin quererlo, de ella) había escuchado la historia de su padre condecorado por su majestad durante la segunda guerra. Había oído de cómo Arthur Hellsing, había enfrentado a la inteligencia nazi, desvelando grandes secretos de estado para que las fuerzas británicas pudieran derrotar a Alemania. Le interesó el saber que compartía estudios con la hija de semejante personaje. Así que le observo durante algunas semanas, para estudiar su carácter, no fue mucho lo que pudo deducir, Integra no era de amigos, y muchos le consideraban antipática y petulante.
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Darriane cayó por las escaleras se golpeó fuerte mas sabía que debía ponerse de pie, estaba completamente a oscuras el cuarto y no había visto la pequeña escalera que estaba al pie de la puerta, el olor era insoportable pero eso no importaba, era muy tarde ya, todos en la casa dormían.
Finalmente el vampiro había ido por ella. Le había llamado, le había despertado aquella noche. En silencio se levantó, observo la cuna de su hija, pues a Arthur le había parecido prudente él dejarla en la habitación con ellos, y vio que esta jugaba tranquilamente con sus manos, era escalofriante aquella bebe que no lloraba en la oscuridad, la niña difícilmente le prestó atención.
No le preocupó abrigarse, habían pasado meses desde que viera por última vez a Alucard, aquella noche en la cual él le habló por última vez.
— Vos... — le dijo aquella vez — solo por ser del género que eres, estás destinada a ser vasalla de estos poderosos, obedecer sus reglas, acatar sus órdenes, sin importar tu sentir o pensar, mira ahora preñada de un hombre al cual no amas — y fijó aquella vez Alucard sus rojas pupilas en las de ella — obligada a ser madre y continuar esta casta que ha traído la muerte a mi especie. Pero bueno — se detuvo entonces observando como los pensamientos de ella eran arreglados ante sus deseos — Los hombres dicen amar, pero destruyen y matan aquello que aman — río entonces al ver que todo ya estaba listo.
No importaba como Darriane actuara siempre que él lo quisiera, contestaría su llamado, pues así se lo había ordenado y él tenía absoluto poder sobre todos los que en ese lugar rondaban. Desde aquella vez, en la cual Darriane intentara darse muerte, no había visto nuevamente al vampiro, ni escuchado su voz, ni sentido su presencia, lamentablemente para Alucard el efecto de sus deseos y pensamientos no obraba de la misma manera en todas las personas, cuando las sometía una hipnosis controlada (consistía está en dejar libre al sujeto y solo controlar algunos pensamientos, no todos) y Darriane había salido más impredecible de lo pensado, por eso aquella noche intento darse muerte y él tuvo que impedirlo haciendo temblar toda la casa.
Esa era la respuesta psíquica obvia de un carácter caprichoso. Más desagradable le resulto entonces la mujer a sus ojos, pero le serviría para comenzar el derrumbe de la casa Hellsing. Esta era la fase final. Vio entonces a Darriane colocarse de pie ahí frente a él, atado y sellado, ella no le veía y le costó acostumbrarse a la luz, hasta que le fue posible ver al vampiro.
— ¿Acá es donde te escondes? — dijo sonriente al verle, no se inmutó ante la figura de este
lejos estaba de sentir asco. Alucard no contestó. Ella se acercó con tranquilidad, le vio ahí, con el cabello grisáceo cayéndole sobre los hombros, notó entonces que poco se parecía a aquel que había encontrado en los jardines esa vez que le había visto, estaba demacrado y esquelético, creyó en que al no sentir asco en verdad estaba enamorada, en su interior el vampiro río.
Entonces una voz que a Darriane le pareció de ultratumba habló, no era el vampiro, según ella, pues en ese estado difícilmente podría decir palabra alguna mas Alucard sabía como confundir a los humanos poco enérgicos, no era que se escuchara una voz, era solamente el cerebro de ella quien escuchaba.
— ¡¿Que has hecho Darriane? — rugió esta y ella se encogió sobre si para no escucharle, mientras las imágenes se apoderaban de su cerebro, mostrándole el mounstro en el cual se había convertido al intentar matar a su hija, le mostraron las imágenes de su propio rostro demacrado y enfermizo, la locura de sus pensamientos, lo aborrecible de su actitud, mientras el
"Que has hecho" se repetía en su cabeza una y otra vez, lo escuchó de la voz de Arthur, la voz de su madre y de Richard cada vez más fuerte, cada vez más agudo, se unió a aquella orgía de ruidos y gritos el llanto de un bebe, de su bebe, mientras veía su rostro fijo en ella su juego con las manos, sus fríos ojos azules. Y aquel estremecedor llanto, más sus propios gemidos el día en que Arthur la embarazara. Un mar de caos se apoderó de sus pensamientos, entonces los gritos, los gemidos y el llanto se detuvieron, ahí frente a ella estaba el vampiro, estaba suelto, ella levanto el rostro y le miró, se deformó Alucard y mostró a Cromwell saliendo de su cabeza.
— No mereces nada — le dijo, mientras le mostraba la visón de su exterminio, Darriane no aguanto más, presa del absoluto terror que el vampiro pudiera mostrar, corrió y se escondió en aquel baño que fuera su refugio la primera vez.
Ahí la encontraron histérica y llorosa.
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No fue ahí en donde el vampiro le dejo de lado, le hizo tener pesadillas una y otra vez, hasta que su cerebro desvariara completamente, fue al cabo de un par de años en los cuales lograra el resultado esperado, arrasando con la cordura de la mujer, quien ya llevaba mucho tiempo sin entender nada, no aguantaba los lugares oscuros, no aguantaba la presencia de la niña y exclamaba que era el demonio cuando se la acercaban.
Renegó de su madre y está obligó a Arthur a dejarla en un centro psiquiátrico.
Ahí Darriane se deprimió aún más y más desvarío, sin embargo se volvió calculadora y de manera intencional se mostró mejorada, solo un poco, pues su cerebro ya estaba destrozado y su alma enferma, aun así pudo fingir lo suficiente como para que la llevaran ante la niña.
Integra ya estaba grande, podía hablar algunas palabras y ya era capaz de correr, la piel se le había vuelto más morena, como la de su madre, el cabello más pálido pero el rostro era de ella, las mismas facciones. Ahí intento su última locura, su última venganza, como la vez anterior Alucard se lo impediría, llamo con fuerza a Arthur, le dijo que fuera con su hija.
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Era nuevamente otro duro golpe para Arthur, ahí vio a su mujer asfixiando a su hija, no es que Darriane no le importara, pero Arthur sabía que era Integra en ese momento lo más importante, se la quitó de los brazos con brusca fuerza y antes de que ella saliera corriendo, poco después de llamar al mayordomo le miró con ira, con furia y con tanta pena que ella no podía soportarlo.
— ¡¿Qué has hecho Darriane? — le gritó, ella solo huyó, nada más tenía que hacer ahí.
Alucard despertó alterado, no podía definir de otra manera su estado de ánimo.
"¿En verdad estaré pagando mis pecados?"
