IV

El primer Enfrentamiento.

Parte I.

Lucian había faltado los cuatro últimos días a clases, no se encontraba tampoco con ganas de ver a Integra, quién en dos ocasiones había intentado visitarle. Para la muchacha el tener que conformarse con la compañía de Dante resultaba poco consuelo, sin embargo nada dijo y solo se limitó a acatar los deseos de su amigo. Para Lucian, si bien no era agradable sí le parecía adecuado. Se había limitado a escribir y su hermano, con la ayuda de Integra, le remitía a tiempo sus tareas, deberes y avances en los estudios. El malestar del muchacho se venía haciendo evidente desde aquel día en que despertara semi- congelado en una abandonada calle del centro de Hamburgo. Aún le era imposible el recordar cómo había llegado a ese lugar, solo entendía que desde ese momento había comenzado a ver, oler y sentir cosas extrañas.

No creía en la religión como medio para combatir esas cosas, tampoco encontró muy adecuado el hablarlo con nadie, simplemente se limitó a racionalizar todo y tratar de encontrarle una explicación científica al asunto. Por lo cual había decidido enclaustrarse en su habitación.

°~*OOO*~°

Ajeno era Alucard a todo esto, se había divertido mucho al ver al muchacho actuar de esa manera, no es que él se hubiera apoderado completamente del cuerpo de este, solamente había sacado a relucir el interior de él. La sed de sangre en los humanos, era reconocida por la especie de los vampiros, a diferencia de ellos, los humanos no tenían el poder para hacerse de ella por voluntad propia, las reglas y la sociedad se lo prohibían, sin embargo de cuando en cuando un ser humano era capaz de saltarse las reglas y acceder a su deseo, no era algo que comúnmente ocurriera y en aquella ocasión, Alucard había ayudado al muchacho a saltarse todas esas reglas, sin que él obviamente estuviera consiente. Para el vampiro era muy gracioso, bajo aquella capa de serenidad y compostura de cada ser humano existía un animal tan o más feroz que él, a veces sentía que en verdad era un desperdicio mantener a algunos humanos como tales, muchas veces se preguntó que habría bajo la fría y serena máscara de su ama.

Ahora vagaba en las noches de la ciudad esperando otro llamado u ataque de aquella manada. De vez en cuando y sin que su ama se diera cuenta, se acercaba a ver en qué estado se encontraba y si aún era seguro el lugar, no creía en la posibilidad que no le hubieran encontrado, le parecía que se estaban haciendo esperar, que le esperaban a él, aunque no lograba comprender completamente semejante plan.

"¿De dónde había salido la idea de educar a Integra en Alemania?"

Era obvio que la escuela Luterana era el mejor lugar para enseñar sobre el protestantismo, pero también existía la escuela Anglicana en Newcastle, en Inglaterra, donde la muchacha no estaría tan expuesta. Era sabido para Alucard, que pocas criaturas eran capaces de ir a Inglaterra, ese país se tragaba a la bestia que fuera. Y ahí, él era respetado y venerado, era una ironía con la cual disfrutaba mucho, el país que tanto defendiera aquella familia a la cual se encontraba atado, era un nido de demonios y brujos malditos, temidos y odiados por todas las criaturas que pisaran el resto de Europa.

Le intrigaba además el hecho de que nombraran a Danae.

"¿Estaría ella con ellos?"

Aún como un oscuro eco resonaba en su cabeza la noche en que ella le abandonara para unirse a David. La primera traición que recibiera en su no vida.

"¿Vendría acaso ella también tras su ama?"

Estaba claro que no lo permitiría, pero constantemente recordaba aquel sueño que le alterara hace algunas noches atrás

"¿Morir defendiendo a Integra?"

Hace mucho que no se encontraba ante semejante controversia, para él desde luego que lo era. Le encantaban las batallas y más aún arriesgar la existencia ante un enemigo poderoso. Pero ¿Hacerlo por la muchacha?, eso estaba muy lejos de los retorcidos ideales de Alucard.

Carraspeo y se dedicó a observar el cielo, solo le quedaba esperar los pasos que el enemigo diera, no tenía otra opción.

°~*OOO*~°

— ¿Cómo os encontráis Ama? — la voz del vampiro provino de las sombras como un susurro, que aun así fue capaz de alterar momentáneamente a la muchacha, esta, que no sabía en donde se encontraba el vampiro, volteó y con atenta mirada recibió el saludo.

— Bien... —bajó, entonces, los ojos y los fijó en la portada del libro que llevaba entre sus brazos — haz el favor de mostrarte cuando desees decirme algo — el vampiro rió con gracia.

— Como desee ama... — apareció entonces frente a la muchacha.

Hace algunos meses que Integra no le veía, así que aquella visión de ese monstruoso ser que le sirviera, no pudo menos que impactarle más que en otras ocasiones. Recordó momentáneamente a su padre y aquella fotografía en la cual aparecía junto a la reina, fijo más la vista en el vampiro y le pareció, recordando la fotografía, que era este quien manejaba los hilos de Hellsing y no su familia. Alejó de inmediato este pensamiento de su cabeza, tratando de ocuparla en los estudios y el estado de salud de Lucian, no fuera que el vampiro se diera cuenta de ello, de esa pequeña sospecha que ella tenía.

— ¿Que te trae por aquí? — preguntó finalmente la muchacha, Alucard no pudo menos que notar el cambio, generalmente era él quién iniciaba cualquier conversación que entre ellos mediara, la mayoría de las veces Integra se quedaba a la defensiva, esperando algún ataque verbal del vampiro (lo cual nunca era así, pero eso se debía a que la muchacha le temía), pero ahora se notaba más segura y tranquila ante su presencia, aún después de haberle visto llegar tan repentinamente.

— Solo deseaba saber cómo se encontraba mi ama — hizo una leve reverencia, Integra con la mirada nuevamente fija en él no se confió de ese gesto, aun así, prudente como era no exteriorizó nada.

— Bueno... como ves... me encuentro bien — iban dirigidas estas palabras con tal tono que el vampiro se sintió despedido de inmediato, rió para sí nuevamente, en verdad la muchacha había cambiado, eso era un revés en sus planes, no importaba, no por el momento.

— Eso es suficiente para mí — dijo y sin esperar nada, desapareció de la habitación dejándose tragar entre las sombras.

Integra cerró los ojos y dio un largo y cansado suspiro, conocía los beneficios de su posición Walter se los recordaba en todo momento, veía sin embargo al resto de sus compañeras, obviamente más estúpidas y despreocupadas con algo de envidia. Pensaba como sería su vida sin las presiones que se había visto obligada a aceptar, sin aquellos protocolos que debía seguir de manera rigurosa, a sus dieciséis años estaba ya cansada de todo ello

"Tal vez no soy tan fuerte como mi padre"

"Quizás no estoy hecha para esto"

Su pensamiento; que era disciplinado y estricto, le reprochaba el pensar en aquellas tonterías.

"Eres una Hellsing, la última de tu casa"

De pronto se le venían las palabras Julieta cuando reclamara porque Romeo debía de ser un Montesco.

"¿Que es un Hellsing?"

Maldijo con vehemencia a Shakespeare por inventar semejante dialogo.

Alucard divertido por las luchas internas de su ama rió entre las sombras, los perros comenzaron a aullar, era obvio que ellos si podían oírle esa silenciosa y a la vez sonora carcajada que diera para los espíritus que ahí albergaban, mostraba su poder y su dominio de los espacios y tiempos, no importaban donde estos estuvieran.

°~*OOO*~°

Fue entonces cuando Lucian, que después de muchas horas en vela había conseguido quedarse dormido, despertara alarmado y asustado.

"¿Qué clase de ser podía tener semejante risa?"

No se dejó vencer por el miedo que aquella carcajada diabólica le provocara, en silencio y apacibilidad se dejó llevar por aquella "extraña" habilidad que poseyera ahora.

Reconocía él, que su inteligencia y comprensión de las cosas era superior a la del resto. Y decidió, sin decirle a nadie el sacarle provecho. Era lo más cuerdo a su gusto. Pocas veces Lucian se dejaba llevar por los sentimientos incluso cuando se sentía aterrorizado, se limitaba a analizar todo con su cabeza. Quería, sin embargo, descubrir en que momento había dejado de ser normal, era obvio que eso había ocurrido de un momento para otro. Pues jamás antes había visto en sí mismo algún síntoma que indicara esquizofrenia o alguna enfermedad mental, además en su familia no había registro de nada que le hiciera sospechar de ello. A eso se había dedicado los últimos días de su encierro, aunque resultaba muy, pero muy molesto el tener que soportar semejante situación; se había vuelto loco de un momento a otro y no sabía cómo. Debía, aludiendo a su críptico pensamiento, eludir u obviar cosas que oía y veía.

No sabía cuánto podría aguantar así, antes de perder completamente la cordura. Sabía si que debía de ser rápido, pero muy rápido. La risa que oyera recorriendo los pasillos del lugar, le lleno de pavor. Esto por muy sutil que hubiera sido, le produjo un extraño espanto como si ya le hubiera escuchando antes, en otro lugar, en otra época. Decidió, sin embargo, salir en su búsqueda, quizás entonces podría encontrar alguna respuesta o al menos una pista que le dijera lo que ocurría con él.

°~*OOO*~°

Los dormitorios del recinto estaban separadas en dos grandes secciones, Integra como el resto de las mujeres estaba en la sección A, Lucian junto a su hermano en la B. Estaban ambas divididas, por las aulas del establecimiento, a la vez que por canchas de tenis y soccer, además de un gimnasio y una piscina. La sección B, era un edificio de ocho pisos, gris y antiguo; de estilo gótico, como todo lo que se construyera una vez pasado el terror de la inquisición en Europa. Había un extenso jardín; con robles jóvenes y algunas estatuas grises cubiertas de nieve, una fuente congelada se encontraba en el centro, ahora todo se veía triste pero una vez llegada la primavera el lugar lucía como el paraíso. Estos pensamientos no distrajeron mucho a Lucian, si bien aquella carcajada había desaparecido, sentía un halo de muerte (o eso creía él) proveniente de la sección A del lugar.

Cruzó de manera sigilosa, el borde de la piscina y rodeó el gimnasio. Cerró los ojos y aspiró profundamente… ¡No podía creer lo que veía, no era posible que viera nada! ¡Sus ojos estaban cerrados! ¡Aun así veía! ¡Podía distinguir sombras y cosas en movimiento!...

¡No podía ser posible! pero lo era...

Trato de razonar mas no pudo, como golpeado por la más absoluta verdad se dejó caer, tembloroso por el miedo e impactado por lo que presenciaba, abrió los ojos y todo desapareció.

Ahí estaba el patio tras el gimnasio como siempre. Eso debía de ser, no podría cerrar los ojos mientras estuviese en ese lugar; respiró hondo tratando de entender, mas sabía que eso no sería capaz de entenderlo.

"¡¿Dónde se había ido su razón? ¡¿Acaso ya la había perdido?"

— ¡Mierda…!— exclamó con los ojos llorosos — ¡Mierda... mierda... mierda!

"Detente, estás siendo presa del pánico, tranquilízate"

Fue entonces cuando su cerebro volvió a tomar el control. Comenzó a darse instrucciones y mientras se colocaba de pie y caminaba, tratando aún de tranquilizarse, comenzó a pensar ahora con la mente abierta en lo que posiblemente le estaba ocurriendo.

"Entonces existen más dimensiones, eso es lo que he visto, mi cerebro está funcionando a una mayor capacidad"

Este último pensamiento le alentó bastante, era conocido que aquellas personas que decían ver u oír cosas, fuera de padecer algún tipo de esquizofrenia. Sobresalían debido a su gran capacidad cerebral, pues estaban usando más allá del diez por ciento que la masa solía utilizar. Entonces un extraño aliento, o eso le pareció, llamó su atención, era como si escuchase muy vagamente su nombre en él y había una sombra que rodeaba ese llamado.

Una muy tenebrosa sombra. Se acercó a una pared y se situó de espaldas a ella. Cerró entonces nuevamente los ojos: pudo verla, al fondo de la más absoluta oscuridad, una luz, vio a su alrededor formas y figuras que no le daban importancia pues se movían, sin reparar en él. Abrió nuevamente los ojos, un poco más calmado y nuevamente respiró, volvió a cerrarlos quería acostumbrarse a lo que le rodeaba, vio nuevamente aquella luz; parecía impenetrable pues una extraña nube de humo le cubría y de a poco parecía apagarla.

Sin abrir los ojos, a ella se encamino quizás no le diera respuesta o pista alguna. Pero eso ya no importaba, con la suficiente sangre fría le parecía posible vivir y entender las cosas de la manera en que estaban ocurriendo. Cuando nuevamente se dejó guiar por la vista, notó que había entrado al pabellón de los dormitorios de tercer año, estaba en la sección A. Temió entonces por Integra, nunca supo cómo fue que lo adivinó, pero algo en su interior, tal vez resultado de su acelerada funcionalidad cerebral. Le decía que era a ella a quien iba.

"¿Sería acaso ella la luz que estaba siendo ahogada?"

"¿Cómo es que nadie más en aquel lugar emitía luz alguna?"

No quería creer que ella estuviera metida en algo que sobrepasara las leyes normales de este mundo y…

"¿Si así era? Integra... ella..."

No quiso pensar más en ello y solo siguió. Aunque las dudas comenzaron a atormentarle con mayor fuerza entre más se acercaba. Había leído, sobre las que ahora, no le parecían tan tontas teorías sobre el clan Hellsing, los extraños tratados con sectas religiosas, el uso de magia negra y fuerzas sobrenaturales durante la segunda guerra, eran antes para él; cosas de las cuales no valía la pena hablar, incluso le resultaba estúpido el preguntar a Integra por esas teorías, sin embargo ahora que su pensamiento estaba fijo en ella, creía que quizás era posible que de algo ella estuviera enterada, finalmente era su familia de la cual se hablaba. Por otro lado conocía lo que se llamaba por algunos grupos elitistas "la memoria de la sangre" y le resultaba ahora lógico, el que si la familia de Integra, sus antepasados se hubieran relacionado con cosas que estaban más allá del conocimiento humano, sería algo normal el que ella, no por practica o recuerdos si no por genética que estuviera al tanto de todo.

Pero eso era darle cabida a las más deschavetadas teorías que rodeaban al ser humano.

"¿Era esta acaso una situación normal y típica?"

No entendía ni sabía nada, decidió no suponer entonces hasta llegar al final de ello, hasta llegar a aquella luz.

°~*OOO*~°

— Lucian... — escuchó como si le llamaran de un lejano lugar, parecía una voz irreal, de pronto a su cerebro llegaron todos los recuerdos que recientemente había tenido, todas las teorías en las cuales había pensado, todo los que había visto y se levantó de golpe… Para ver a Integra inclinada frente a él. Esta le miraba con extrañeza e incertidumbre. Solo al verle fijamente notó que era ella quién estaba ahí, entendió que le miraba como a un fenómeno, no debía de extrañarse, ya lo era.

Aún era de noche y hacia mucho, pero mucho más frío. La brisa sin embargo le refresco y la sintió como una bendición, no es que tuviera calor, pero esa brisa le hacía aterrizar con más calma. Integra notó que su amigo bien no se sentía, se colocó de pie y extendió una de sus manos para ayudarle a pararse. Lucian no se hizo esperar, habiendo despertado recién, agradeció el gesto de la muchacha, mas debió de contenerse cuando su mano entró en contacto con la de ella, un extraño frío, punzante y doloroso pareció recorrerle los huesos, no fue capaz de aguantar semejante y repentino dolor. Nuevamente se desplomó mas la muchacha actuó con celeridad y fue capaz de sostenerle.

Lucian que no había perdido por completo la conciencia, notó lo cerca que estaba de ella y lejos de sentirse asustado aún con el dolor encima, el verse tan cerca de Integra le llenó de una extraña dicha y a la vez de miedo. No le era posible explicarlo y al parecer esa noche no podría entender nada de nada.

Miles de pensamientos llegaban a su cabeza; la muchacha, aquella luz que siguiera y que le guiara hasta ahí, las sombras, la tenebrosa risa que le sacara de sus descanso. Se sintió entonces agotado y consumido, presionó su cuerpo al de Integra como sujetándose de ella y abrazándole, cuando nuevamente se desplomó, Integra le siguió pues no quería dejarle caer. Ahí arrodillada en aquel frío pasillo, sostuvo a Lucian hasta que este nuevamente despertó.

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Integra estaba pensativa, no sabía si creer o no en lo que Lucian acababa de decirle, ella por sobre todas las personas en ese lugar debía de ser capaz de entenderle, pues si bien, jamás había visto lo que el muchacho describiera, conocía que existía. De todas maneras guardó silencio, fijó la vista en el cielo gris y vio como solitarios copos de nieve comenzaban a caer, le agradaba eso, era verdad que hacía frío, pero ahora era lo de menos.

— ¿Me crees Integra? — preguntó el muchacho, esta le miró como interrumpida en sus pensamientos, a él le pareció que no le había escuchado.

— Sé que no mentirías... sin embargo — y esto lo dijo apelando a la lógica y no a su verdadero pensamiento — es difícil creer todo lo que me dices — se interrumpió al ver que no ayudaba mucho al muchacho con sus comentarios —… Te creo Lucian — finalizó, este respiró con tranquilidad, notó que Integra miraba al cielo y él también fijo su vista ahí.

— ¿Sabes que es lo que creo...? — Integra nuevamente le miró, este le sonrió con gentileza, no podía creer lo grato que le resultaba estar al lado de la muchacha.

— ¿Qué?

— No lo sé... algo debí de haber hecho que despertó en mi parte de mi cerebro, ahora creo que puedo explicarlo tranquilamente, mi subconsciente esta ahora activo y cuando cierro los ojos trabaja como si yo estuviese despierto. Tal vez nosotros tenemos la habilidad para ver todo lo que te he descrito, solo que no lo sabemos.

— ¿Y no sabes cuál fue la causa de eso? — Lucian negó con la cabeza.

— Me gustaría saberlo — Integra le miró fijamente, pensó entonces en Alucard, lo más probable es que estuviera por ahí cerca vigilándole.

"Si estas acá, no hagas nada que le perturbe"

"Se preocupa mucho por ese muchacho mi ama", respondió el vampiro en tono burlesco.

"Eso no es algo de tu incumbencia Alucard"

"Aun así es un caso interesante Ama, podrías permitirme acercarme"

"¡Nunca!"

Le pareció entonces a Integra que Alucard se alejaba, miró entonces al muchacho, que le observaba con rostro alterado.

— ¿Con quién hablabas? — preguntó Lucian con tono seco y perturbado. Integra se exaltó, no podía ser que él hubiera escuchado todo, si nada había salido de su cabeza, todo lo había pensado ¿Lucian había leído su pensamiento? Integra solo le miró con extrañeza, fingiendo no comprender a que se refería el muchacho — ¿A quién decías que no me perturbara Integra? — el tono de Lucian era cada vez más denso, parecía que el muchacho iba a desfallecer.

Entonces el sirviente, que solo había desaparecido, se hizo ver.

— Era conmigo con quien hablaba... — Integra quedo boquiabierta, Alucard se había hecho presente ante Lucian

"¿Cómo explicar esto?"

A Lucian se le desorbitaron los ojos cuando el vampiro hizo acto de presencia frente a él, alto y hedía a muerte, lo poco que alcanzaba a ver de su rostro, era pálido y no había ningún tipo de vida en él, el muchacho temió, Integra le tomó una de sus mano y solo eso evito que saliera corriendo despavorido.

— ¡Alucard…! ¡¿Qué crees que haces? — el tono de la muchacha era bajo, aun así lleno de una intensa ira y frialdad.

— Solo le saco de una situación embarazosa mi ama.

"¿Acaso le ha llamado ama, él sirve a Integra?"

— Como una fiel mascota Joven — dijo entre sombrías risas el vampiro —…y era conmigo con quién hablaba.

Todo fue demasiado para Lucian, sintió nuevamente desfallecer, mas esta vez no se desmayó, se llevó su mano a su frente y con fuerza la presionó

Debía de admitirlo esto era demasiado para intentar describirlo con vagas y vacías palabras, él que se había jactado tantas veces de su inteligencia, ahora no entendía nada, no quería entender ni comprender nada. Sentía un gran horror frente a esa criatura, nada sabía de él y sin embargo estaba a punto de huir como un cobarde, era todo a su alrededor el aire que de él emanaba esa oscura aura que le rodeaba.

En un estúpido acto de curiosidad cerró los ojos, quiso ver que era lo que frente a él tenía, entonces el poco valor que le quedaba desapareció, como absorbido por una densa y oscura locura cayó nuevamente desmayado.

°~*OOO*~°

— ¿Quién crees que eres Vampiro? — Integra estaba sentada frente a Alucard, observándole fijamente, el vampiro quién siempre se divertía con las actitudes que sacaban a relucir el carácter de la muchacha, no encontraba divertida la presente situación y es que había algo fundamental que la hacía extraña a sus ojos, Integra en verdad estaba enojada, más que enojada furiosa, la sola mirada de la muchacha revelaba todo lo que hacía él sentía en ese momento.

— Solo quise evitarle un mal momento — fue la única disculpa que encontró.

"Maldita esta niña, maldita sea mi disculpa"

Estaba incómodo, la mirada de la muchacha le tenía incómodo.

— Pues lo has hecho satisfactoriamente — dijo con sarcasmo — no recuerdo haberte pedido ayuda para ello, es más te ordene que jamás te acercaras a Lucian— para el vampiro todo se veía ahora más claro, era obvio que a Integra le gustaba el muchacho y el haberse hecho presente en semejante situación, no le ayudaría en absoluto a relacionarse con él, podría ser una domadora de moustros como él pero eso lejos de atraer a alguien solo servía para espantar.

Rió al pensar ello y no se molestó en guardar su sonrisa. Lo hizo enfurecer aún más a la muchacha ¿Cómo podía ser posible que semejante ser sirviera a su familia?, abrumada por la ira, sus pensamientos se movían a gran velocidad.

"En que momento los idiotas de mis antepasados decidieron traer a esta bestia junto a nosotros, a este demonio que contamina todo lo que está cerca de mío"

Tenía el rostro bajo, Integra, y la gutural voz del vampiro le hizo volver con él.

— ¿En serio piensas eso de mí, que solo soy un demonio? — Integra no le desvió la mirada y asintió. Con tono frío y calculada calma habló.

— Maldigo el día en que decidiste servirnos, maldigo el día en que tuve que liberarte. Todo eso gracias a ti, a nadie más que a ti — el rostro del vampiro se había vuelto serio y constreñido.

Extraña suerte la de él, sentía que en verdad podía morir por aquella chica, veía que todo lo había retrasado por ella, para no lastimarla, había detenido el plan para destruir a esa casa, solo porque ella no lo merecía, había retrasado su libertad porque quería ver en que podía convertirse ella y ahora era despreciado desde lo más profundo de ese ser. No sabía si había sobreestimado a Integra o le había subestimado, ella podía odiar tanto o más que él.

Pero el odio de ella significaba más que todo el que pudiera aguantar, ahora entendía eso. Y pensar que había visto su muerte por salvarle a ella.

Sin embargo aún estaba conmocionado por lo revelado, en verdad la muchacha le despreciaba, aunque lo prefería al miedo que antes le tuviera, ahora sabía, quizás de una no muy agradable manera que en verdad tenía carácter.

Alucard desvío la vista como si buscara en otro lugar algo, Integra había guardado silencio. No se arrepentía de lo dicho. Con tono más frío aún dijo;

— Deberías de habernos matado a todos antes, así no tendrías que aguantar esto — rió para sí el vampiro en verdad Integra le conocía más de lo que él creía.

— ¿Acaso le preocupa como pueda sentirme? — le miró entonces Integra.

— No creo que seas capaz de sentir nada en absoluto, no entiendo cómo es que mi padre podía soportar tu presencia — río entonces con fuerza el vampiro y como si fuera aquella vez que se encontraron en los pasillos subterráneos de la mansión, aprisionó con brusquedad a Integra entre él y la pared.

Integra se asustó, era esto a lo que siempre había temido, aunque quizás fuera la mejor solución para todo.

— ¿Qué es lo que crees niña? — Integra no se atrevió a contestar — ¡¿Qué es lo que crees niña? — gritó Alucard, Integra quería dejar escapar las lágrimas, pero algo dentro de sí le dijo que no lo hiciera, que no podía hacerlo, de pronto estaba aterrorizada, el vampiro pronto le daría muerte… No importaba ya.

— ¡Que eres lo peor que le pudo haber pasado a mi familia!... — gritó —…a mí no me engañas maldito chupa sangre — las lágrimas corrían por las mejillas de la muchacha llenas de furia y su mirada era fuego puro, nunca le pareció más detestable al vampiro, él nunca le vio más hermosa.

— Gracias a mi es que aún tienes familia — dijo con helado tono el vampiro y le sujeto del cuello como si fuera a estrangularle — ¿Crees que puedes con mucho… no? ¡Ni tu padre, ni el suyo antes que él hubieran logrado todo esto sin mí! — entonces repentinamente se calmó, no se alejó para nada de Integra, pero tampoco le perdió de vista — Tienes razón cuando piensas que soy yo quién mueve los hilos en Hellsing…— eso fue más de lo que la muchacha pudiera soportar, herida en lo profundo del orgullo que siempre le inculcaran abofeteó al vampiro con el dorso de la mano.

Para Alucard la cachetada fue como un balde frío de agua en su aún más fría piel, sabía que es lo que había pasado, mas aún no era capaz de creerlo. Miró entonces a Integra, quién le miraba con serena frialdad. Para él eran visibles los salados surcos que recorrían sus mejillas y de la nada se sintió tentado a lamerlas.

— No es de ti — dijo con un tono más tan helado como la muerte ¡Ja! Y él que creía que la muchacha no había aprendido nada a su lado —…de quién Hellsing depende, ya no será más así, solo eres un moustro... — dio un hondo respiro como tratando de preparase para algo, fue entonces cuando Alucard notó que ya no podía entrar a su pensamiento, no podía manejarlo como lo hiciera con los "eslabones" más débiles de esa casa, ya no era la misma mirada, Integra ya había cambiado.

Cogió con brusquedad la corbata del vampiro y como era mucho más pequeña que él, este debió bajar la cabeza, así ella le atrajo hacia sí.

— Siquiera se te ocurra... maldita bestia... el amenazar lo que es mío — el tono era bajo, pero lleno de la más absoluta repulsión— o te cortare la cabeza…y te sacaré el corazón — le soltó con brusquedad y prontitud, tal vez pronto dejaría de actuar y volvería a ser la de siempre o tal vez se sintió intimidada, solo miró una vez más al vampiro y procedió a retirarse.

— Mañana volverás a Inglaterra, le hablaré a Walter, para que prepare todo para tu regreso, ya no te quiero más acá — dijo sin mirarle, mientras se alejaba de él dándole la espalda.

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Alucard se quedó mirando fijamente a la puerta por donde su ama había salido en verdad le había subestimado. Arthur nada era al lado de la muchacha y Darriane parecía solo un vago recuerdo sin alma, ni importancia. Esa muchacha era Hellsing ahora y gracias a él, Hellsing era lo que era, rió para si con una extraña afectación. En verdad había perdido ante ella.