VI
El primer enfrentamiento.
Part II.
Dante miraba con atención, mas sin avidez alguna la práctica de esgrima, se encontraba libre aquella tarde pues había sido expulsado de la clase de Historia. Apoyando los codos en la galería de atrás, observaba la habilidad con la cuál Lucian se movía, le asombraba esa capacidad de autocontrol, que a él, le faltaba. Jamás daba un paso innecesario y parecía, en esta ocasión, que estaba más preciso que nunca, quizás a Dante no le gustaba el esgrima (él era del Soccer) pero debía de admitir que su hermano tenía una habilidad única.
Recordó aquella pelea con James Norris, Lucian debió de prácticamente írsele encima para detener la golpiza que le daba al pobre muchacho; al chico Norris debieron de reconstruirle toda la mandíbula. El padre de ambos, no solo debió de correr con los gastos de la recuperación física y mental del muchacho, si no que tuvo que invertir una fuerte suma en las aulas de música, solo para que Dante quedara como alumno condicional. Agradecía Dante a su vez, el encanto con el cual Lucian estaba dotado, orgullo de la institución así como de profesores y dirección; él le sacaba de cualquier problema, hablando con ellos, negociando y en algunos casos sobornándoles.
Por otro lado Dante había tenido un más que aceptable comportamiento aquel año, tenía buenas calificaciones y ya no se peleaba con sus compañeros. Había, a su gusto, llamado pocas veces a Lucian, para que le excusara ante el profesorado. Y a pesar que notaba a su hermano algo reticente a continuar con semejante show nuevamente fue donde él por su ayuda.
— ¡Toque! — la señal le sacó de sus pensamientos y fijó la vista en su hermano. Lucian no se hizo esperar. La mirada en sí fue más que significativa, sabía porque Dante estaba ahí y eso le fastidiaba. Con gestos elegantes se disculpó ante su contrincante y recorrió el espacio que le separaba de su hermano, sin mostrar en ningún momento la molestia que Dante, sabía, sentía. Sus pasos rápidos y precisos le parecían los movimientos de un felino, si, ciertamente que Lucian contaba con toda su admiración.
El gesto impasible de su hermano cambió en cuanto llegó al lado de su hermano.
— ¿Qué hiciste? — le preguntó secamente, por toda respuesta Dante bajo la mirada, no avergonzado, sino que tratando de recordar el suceso.
— Una discusión teológica — contestó sonriendo.
— ¿Con quién? — Lucian ya sabía la respuesta y aquello le hizo enfadarse aún más.
— Fraûlen Bauer — Lucian miró fijamente a su hermano, era un real fastidio tratar con aquella mujer, en tanto Dante comenzó con un clásico discurso si no clasista, muy elitista. Era el modo que siempre usaba para justificarse ante él, en ocasiones Lucian se conformaba con escucharle con atención, ya que al menos en ese sentido, para criticar a los profesores, Dante tenía un gusto exquisito. Pero en esta ocasión lo que menos quería era perder el tiempo gracias a las conductas conflictivas de su hermano. Quería perderlo con Integra, a quién no tenía que rogar, ni sobornar, ni adular.
— No sé porque traen a una católica a educar a este recinto, es más que claro que no está capacitada, no importa todo lo que diga ya todos sabemos cuál es su manera de pensar y está muy…— guardó silencio repentinamente, pues Lucian, haciendo un gesto de desesperación con las manos, no le dejó continuar.
— ¿Qué le dijiste? Fraûlen Bauer, no expulsa solo porque sí — Por unos segundos Lucian tuvo la imagen mental de la mujer, histérica tratando de controlarse ante toda la clase de su hermano y lográndolo solo cuando este fue expulsando la sala. Dante río aceptando la culpa.
— Me exasperó esa mujer, es increíble. Hace enojar al más racional... qué suerte que no tienes clases con ella, ya estarías harto...y…
— ¡Dante...! — el tono le hizo callar de inmediato, era la primera vez que Lucian le interrumpía, es más desde hace algunos días ya, que Lucian estaba muy extraño. Dio entonces un suspiro que sirvió para refrescar tanto su garganta, como su cerebro, preparando el discurso con el cual enfrentaría a su hermano.
— No puedo permitir que sigas comportándote de esa manera… — si bien eran palabras que muchas veces había escuchado de su hermano, está vez la sola expresión de su rostro indicaba que era diferente; que su enojo y fastidio era real. Continúo entonces Lucian:
— Ya estoy harto de tener que pedir disculpas por tu comportamiento, y tener que negociar tu continuidad en este lugar — Dante no recibió muy bien este regaño, si bien era Lucian quién hacía el show de padre entre ambos, le pareció extraño, pues siempre más que su hermano, le consideraba un amigo, el ver que le confrontaba de manera tan seria, hizo poner en real duda esa posibilidad. Se sintió de pronto golpeado por una dura verdad; estaba creciendo y quedando solo.
Buscó rápidamente una excusa para verse como la víctima que no quiere justificación del resto. En este caso de Lucian pues él era el ofensor. Se enojó profundamente.
"¿Qué debe de preocuparse Lucian?"
No era él quien daba un centavo, ni para la institución, ni para el profesorado. Todo finalmente terminaba en su padre, quizás era él quién usando su mágico lenguaje había convencido a Lucian de la inutilidad de su hermano. Con la sangre hirviendo en la cabeza e imaginando todas las conspiraciones posibles entre su padre y su hermano para sacarle de la familia y a la vez viendo todos los beneficios que estos obtendrían y obviamente eso era mucho a la imaginación de Dante. Contaba con la absoluta seguridad de que era él; su padre, el culpable de todo. Y a Lucian lo posicionaba como un simple títere. Se tranquilizó, sin embargo, al llegar a esta conclusión, no había opción alguna de que Lucian por su propia voluntad decidiera abandonarle.
Dijo entonces:
— No es necesario que negocies nada con nadie — y en un esfuerzo por lucir tranquilo estiró los brazos — Extraño Londres — finalizó. Lucian como si no le escuchase, se detuvo, volteó y le habló:
— Será la última vez que lo haga, también informaré tanta a Fraü Bauer como a la dirección que tus problemas de comportamiento los traten con nuestro padre…— Aquello le pareció un golpe bajo, bajo, doloroso y traicionero. Y él que creía que Lucian era demasiado noble. Eso sí que era un castigo, que el viejo debiera de enterarse de todo. Nuevamente una fría punzada se apoderó del pecho de Dante, junto a una extraña sensación helada de abandono absoluto. Era cierto; con el viejo estaba perdido. Vino sobre él una gran frustración y exclamó:
— ¡¿Qué rayos pasa contigo hoy? — Lucian le miró por sobre el hombro, sin detenerse y con absoluta calma contestó:
— No entiendo que es lo que ocurre contigo Dante ¿Cuándo dejaras de comportarte como un idiota? Ya estás grande para ello — Lucian volvió la cabeza y le dejó a solas.
Nuevamente la rabia se apoderó del pensamiento de Dante. Imaginándose de todas formas posibles, el abuso que se hacía con él. Y el tipo de venganza que podría efectuar para desquitarse; se imaginaba destruyendo todo el colegio para impotencia de Lucian, abandonando su hogar y viviendo una vida de privaciones, hablando con Lucian e inspirándole lástima, y sin embargo manteniendo su postura; demostrando la justicia de su actuar.
Espero a su hermano hasta que este su hubo duchado y arreglado para la cena, si bien su ánimo se había calmado, en su cabeza todo seguía corriendo de la forma maquinal en la que Dante solía pensar, característica muy propia de los Wilbanks, se colocó de pie cuando le vio y con calmo acento habló.
— ¿Fue el viejo quién habló contigo? — Lucian sabía a qué iba eso, así que solo prosiguió.
— ¿Sobre qué?
— Sobre mi situación... ¿Es él quien ha decidido no ayudarme? — en verdad Dante estaba exagerando y es que el afán de su padre en verlo terminar tan prestigiosa educación, la cual le ayudaría mucho al patriarca de la familia en sus futuros negocios. Le había hecho perdonar todas las barbaridades conductuales que solía reprocharle. Lucian entendía que mandándoles lejos y dejándole a él a cargo de su hermano hacía la tarea más liviana para su padre y además de eso le justificaba al aceptarle a Dante todas sus rencillas escolares, las que en ocasiones ocultaba. El ayudar a su padre excusando el mal comportamiento de su hermano había sido un error y ahora que se encontraba harto de hacerlo, notaba lo mal criado e indisciplinado de su actuar. Y todo ello solo él lo había fomentado. Debía de detenerlo y mejor que lo hiciese en ese momento, el próximo año no estaría para sacarle de ningún problema. Miro fijamente a Dante antes de entrar al comedor.
— Yo lo he decidido — le colocó ambas manos en los hombros —…es hora de que te comportes como un hombre — volteó sin decir más y entró presuroso al comedor.
Desde la distancia Dante le vio tomar asiento junto a Integra.
°~*OOO*~°
Habían pasado cuatro días desde que a Alucard le reventaran su último miembro; la pierna derecha. Aún seguía de cabeza, colgando de una pared. El lugar en el cual se encontraba estaba perdido en el centro del bosque, quizás cercano a alguna región colindante a Hamburgo, podía sentirlo, no había rastros de humanidad, ni olores que delataran semejante presencia en kilómetros a la redonda. Parecía ser una cueva subterránea muy antigua, el interior era espacioso y podían verse, las raíces de los grandes robles que surcaban el suelo.
Había celdas y paredes de tierra y concreto; de una de estas colgaba el vampiro. Sonreía para sí mientras imaginaba la magnífica batalla que le esperaba una vez que saliera de aquel lugar. El mismo poderoso hechizo le mantenía prisionero, mientras cada hora se alargaba lo mismo ocurría con las agujas que le atravesaban el cuerpo, le estaban causando un molesto dolor; las torturas habían sido extenuantes así como deliciosas, aunque ya lo estaban hartando. Cada cierta cantidad de horas traían a un humano al cual daban cruel muerte, le resultaba desagradable ver semejante desperdicio de sangre, por el humano en cuestión siquiera se inmutaba.
Sin embargo, y él debía de admitirlo habían sido muy astutos, durante la última velada trajeron inconsciente a una muchacha, llevaba el uniforme de Integra y la dejaron ahí frente al vampiro; era muy hermosa, de cabello azabache y de facciones angelicales, llevaba las ropas algo rasgadas. Solo cuando la noche cayó, junto al frío la joven despertó. Estaba muy drogada, la forma del lugar pareció marearle, además de los putrefactos olores que de este emanaban; esta tenía la forma de un domo hecho por la naturaleza, en el cielo que daba al suelo había un agujero disfrazado por la maleza por este entraba el aire y la luz del sol, lo cual no molestaba en lo absoluto a Alucard, pues estaba al resguardo en las sombras. El hecho de que la muchacha trajera el uniforme de Integra, solo logró perturbarle ligeramente. Le mostraba lo cerca que estaban de ella. De la misma edad, tal vez la muchacha incluso le conocía, olió en ella mas no percibió el olor de su ama. Esa noche la muchacha despertó muy aturdida, se colocó de pie un par de veces y en ambas ocasiones cayó de bruces. No veía muy bien pues se acercó a las paredes para guiar su caminar. Entró Alucard en sus pensamientos y notó que la muchacha no tenía la más absoluta idea de lo que ocurría, pensaba en exámenes y compañeros, lo más probable es que le hubieran arrancado de su habitación aquella misma mañana. No notó tampoco la presencia del vampiro, lo cual fue un alivio para Alucard.
Entonces Henry hizo una dramática aparición, como si fuese el actor principal de alguna obra, la muchacha se asustó y empezó entonces un torpe dialogo preguntando:
— ¿Qué hora es? — tenía un tono de voz suave y adormecido efecto de la droga ingerida.
— Tarde ya — contestó Henry — ¿No deberías de estar durmiendo? — la chica asintió, Henry sonrió. Alucard pudo ver todo lo que aquel enfermo cerebro planeaba, con delicadeza el joven vampiro le cogió de una mano.
— Hoy tengo examen — dijo ella, Henry rió a viva voz.
— No debes de preocuparte querida — le susurró al oído mientras le abrazaba.
— ¿Ah, no? — Henry negó gentilmente.
Alucard era inmune a todo ello, no le preocupaba la muchacha pero entendía lo cerca que él había estado de hacerle todo ello a Integra. El show continuó y tranquilamente Henry comenzó a desvestirla. La muchacha se dejaba, pues seguía sin entender lo que ocurría solo cuando quiso sacarle la falda, ella le detuvo.
— ¡No!... — exclamó como un niño al que se le quita un juguete.
— Silencio — dijo Henry en voz baja mientras continuaba su tarea con solicitud, parecía entonces que poco a poco la muchacha volvía en sí.
— ¿Qué haces? — le preguntó, Henry sonrió y le miró
— Nada — contestó sin dejar de toquetearla, cayó entonces, o al menos la muchacha comprendió y supo de inmediato lo que él le hacía.
— ¡No...! — gritó entonces mientras le detenía por la muñeca y si bien eso no había sido provocación alguna, bastó para sacar de quicio al extraño carácter del joven vampiro.
— ¡Cierra la puta boca! — gritó y le abofeteó con tal fuerza que la muchacha giró en el aire antes de caer al suelo inconsciente.
— Maldita chiquilla — refunfuño, miró entonces a Alucard, que si bien no reía mostraba abiertamente en su mirada la burla que le merecía aquél sujeto, rió este también y luego agregó su desquite en contra el vampiro.
— Espero que tu ama sepa callarse, o será mucho peor lo que le espere — Alucard no contestó, volteó a la muchacha semi desnuda e inconsciente en el suelo, nuevamente se vino a su cabeza el recuerdo del tren, y de lo cerca que Henry había estado de Integra.
°~*OOO*~°
El aire anunciaba su cambio y la desaparición de la noche era inminente, el joven vampiro que no soportaba la luz del día procedió a retirarse. Solo una vez que se hubo marchado Alucard fue capaz de dar rienda suelta a sus pensamientos; no sabía cuándo o como atacarían a Integra y eso le estaba preocupando.
°~*OOO*~°
Dante arrojó un cuaderno sobre la tarea de Integra, era un recurso infantil para llamar la atención, pero para él bastaba con haberlo conseguido. La muchacha miró el cuaderno y luego a su dueño
— No entiendo ese ejercicio — dijo él mientras que ella le miraba, volvió rápidamente la vista a su ensayo y en tono calmo habló.
— ¿Te has perdido? — Dante rió con gracia, le resultaba agradable ese sentido del humor tan antipático de Integra, observó a su alrededor y finalmente procedió a sentarse frente a ella.
— ¿Desde cuándo que sales con Lucian? — Si bien la pregunta tomó a Integra por sorpresa trató de mostrarse lo más serena posible.
— Cerca de un mes, quizás un poco más — contestó fríamente.
Dante fijó la vista en el ventanal, debería tener en exceso cuidado tanto con lo que hiciera, como lo que dijera.
"Si no también implacable"
Tendría que escoger con atención sus palabras, el más mínimo error desbarataría todo.
— Quizás más de un mes… — dijo suspirando —…No lo entiendo Hellsing — Integra le miró —…Te creía más inteligente — la muchacha rió para sí.
— Supongo que tú entiendes mucho de eso ¿No? — Dante esbozo una irónica sonrisa.
— No creas que soy tan ingenuo Integra, Lucian siempre le ha gustado a las muchachas, por ello no me extraña que te llame la atención, pero otra cosa diferente es que tú llames la de él, debes de estar chantajeándole de alguna manera, pues no sé qué es lo que él ha visto en ti — Dante quería ver alguna reacción en ella que delatará lo que él sabía, más solo se topó con su aburrida mirada.
— Es obvio que no es algo que tú puedas lograr entender; no deberías preocuparte entonces, ya que no es asunto tuyo — finalizó.
— Claro que es mi asunto — dijo con calma — …es mi hermano, no creo en que tu tengas alguna clara intención con él, pues te veo con la misma disposición que el resto de las chicas que se le han acercado, debes de estar buscando alguna recompensa o beneficio de ello y cuando lo descubra…— aquí se acercó a la muchacha — …no permitiré que sigas a su lado — Integra le miró extrañada, era cierto que para ella Dante solo era un pelmazo, pero jamás había esperado tal demostración de estupidez, al fin de cuentas Lucian era un ser más que inteligente, no podía ser posible que este muchacho sobre - valorara tanto a su familia como a su hermano, aristocráticamente ella, estaba muy por encima de ambos. Sin embargo añadió:
— En verdad eres un gran imbécil, no sé si lo que sientes es miedo o envidia ¿Qué yo tendría que sacar algo de esto? Lucian es lo bastante interesante como para prescindir de cualquier cosa que le adornase superficialmente, me extraña que tú pienses así de él, incluso toda la fortuna de tu familia tiene poco que ofrecerme a mí — El tono de Integra había variado mucho desde el inicio de la conversación; pasado de irónico a orgulloso y pedante, hasta la gesticulación de su rostro se había modificado, volviéndose despreciativo y gélido. El carácter de Dante, impulsivo por naturaleza, le obligó a contradecir aquella humillante situación a la cual se le sometía. Fijo en ella la vista y le vio escribiendo, como si él o existiera en su mundo; en verdad a ella poco y nada le importaba lo que él pensara, menos aun lo que sintiera, llegó rápidamente a la conclusión de que Integra era una mujer fría y sin corazón, algo debió de haber hecho para atrapar a Lucian y si eso era posible, fácilmente debió de haber sido ella y no su padre quién decidiera separarles a él y a Lucian, todo lo que se le dijera cobraba finalmente sentido, no podía creer lo ciego que había sido.
Era razonable, ya tenía la idea fija, era natural que Integra sintiera celos de él; al fin de cuentas, él hasta ese momento, era lo más importante para Lucian en esa escuela, e Integra no podía soportar eso.
"¿Envidia, miedo de ella?"
Eso era lo más absurdo que se le podía ocurrir. Alterado por las palabras de Integra rió y dijo:
— Te valoras en exceso Hellsing y conmigo no funcionan esos trucos, yo sé de ti y quizás Lucian sea alguien bienintencionado y más ingenuo, pero te conozco y a tu familia también ¿Crees que tan poco me interesan las cosas, como para permitir que te mezcles con mi hermano? — se colocó entonces de pie, para acercar su rostro al de la muchacha, este adquirió un tono enfermizo y duro.
— Yo sé que es lo que se habla de ti y de tu madre la loca…
Eso fue mucho para Integra, en un veloz movimiento, le abofeteó el rostro y como era su costumbre el dorso se devolvía para golpearle nuevamente, mas Dante le sostuvo con fuerza de la muñeca, le alzó y le asió hacía él. Comenzó a doblarle la mano con la clara intención de dañarle, quería someterle con el dolor, pero Integra no se dejó doblegar y opuso una firme resistencia, no reflejo ningún gesto en su rostro y eso le resultó aún más molesto a Dante, así que presiono más.
— No te metas entre nosotros perra — amenazó mientras que con la mirada le asesinaba —…O te destruiré- Integra no le desvió los ojos, con seria ira los mantuvo fijos en él.
— No te tengo miedo — dijo con firmeza, solo entonces Dante le soltó y con brusquedad le sentó en la silla que ocupase, Integra se sobó su muñeca mas no le dio la satisfacción de quejarse. Dante no dejaba de observarla, ella sabía lo que hacía, le analizaba de pies a cabeza y eso le estaba enojando. Cambió entonces el muchacho su aire sombrío y amenazante a uno más relajado y se guardó ambas manos en los bolsillos, molestó a todos cuando comenzó a silbar una alegre melodía. Mientras se preparaba a retirarse se acercó nuevamente a la muchacha.
— Entonces no sabes con quién te metes, aléjate o te destruiré…
Se retiró finalmente, como si nada hubiera ocurrido.
Afuera Amy Jones le esperaba.
— ¿Te dijo algo?
— Nada — Contestó el muchacho.
°~*OOO*~°
El carácter de Integra le impidió hablar de lo ocurrido a Lucian, estaba muy enojada. No le gustaba que le amenazaran, además el imbécil le había echado en cara lo de su madre ¿Qué más sabría, qué le contaría a Lucian? Debía de obrar con cuidado, no porque le temiera si no porque no quería alejar al muchacho.
Cuando estuvo lista se posesionó en el carril seis de la piscina olímpica, se tocó la punta de los pies con sus dedos y cuando el silbato sonó fue rodeada por el agua, mientras tomaba aire, pudo ver como Amy Jones le tomaba la delantera. No le prestó mayor atención, aún tenía el pensamiento fijo en Dante y sus palabras, lo que más le intrigaba era como él había llegado a saber eso de su madre. Toco el límite de la piscina y giró rápidamente, no quería hacerlo, más no pudo evitar el recordar la última vez que le viera, tenía en aquella época cinco años. Ya habían pasado tres desde que se llevaran a Darriane de la mansión.
Esta se golpeaba la cabeza contra las paredes del lugar gritando por alguien de quién Integra no recordaba el nombre, cuando notó que su hija estaba ahí junto a Arthur, se acercó e instintivamente ella retrocedió escondiéndose tras su padre, sintió pavor solo de verla. Darriane se llevó las manos a la espalda y comenzó a caminar por la habitación a grandes zancadas.
— ¿Qué paso con él? — le escuchó preguntar.
— No es de tu interés… — contestó Arthur con sequedad — He traído a Integra, mañana la llevo donde sus abuelos a la India.
— ¡Oh! — exclamó su madre —…Se llevara bien con la vieja perra
— ¡Darriane... no hables así! no enfrente de Integra
— ¿Por qué... tampoco me lo vas a permitir?
— No es adecuado, aún es una niña
— Todos le excusan con eso, yo no le subestimaría tanto… — Integra sabía que su madre hablaba de ella y eso le molestaba profundamente — Yo tendría mucho cuidado con esa chiquilla — se arregló el cabello entonces tratando de parecer más presentable y apoyó las rodillas en el suelo, su rostro pareció serenarse e Integra le vio hermosa, como debía de ser su madre, aquella que debía de cuidarle y protegerle, quiso acercarse pero dentro de sí resonó otra voz diciéndole que no lo hiciera, que no se acercara, Arthur resguardó a su hija, que había retrocedido aún más.
Darriane lo notó todo.
— No te preocupes — sonrió entonces a su marido, y por un momento Arthur la recordó como cuando se habían conocido — Quizás sea la última vez que le vea— Arthur quiso resistirse a ese influjo, pero lamentablemente amaba mucho a esa mujer, tanto como a Integra, aun así fue precavido.
— ¿Hija? — Integra observó a su padre — ve con tu madre — la niña se negó, inclusive prefirió esconderse aún más tras la figura de su padre, quizás era muy pequeña para entender nada, pero odiaba a esa mujer con temor y angustia.
Le dirigió la niña una mirada fría.
— Está loca — dijo, no recordó mucho después de eso, la transformación en el rostro de su madre, como se abalanzó sobre ambos, como le haló del cabello y sus palabras
— ¡Eres una bestia, nunca será tuyo, no lo permitiré!
Se le fue entonces el aire a Integra y sus miembros perdieron su magnífica habilidad entorpeciéndose, siquiera notó cómo el agua entró en su boca arremolinándose en sus pulmones, provocándole una amarga desesperación. Comenzó a hundirse, aunque trataba de buscar el aire, perdió la orientación, no sabía en qué lugar de las piscina había quedado, agitó los brazos y las piernas, pero nadie vino en su ayuda.
"Tranquilízate, tranquilízate, cálmate"
Sus pensamientos, que eran un caos comenzaron a ordenarse, las ideas comenzaron a correr de manera fija y concisa.
"Hazlo bien, te falta poco, impúlsate hacia arriba, tienes poco tiempo"
"Poco tiempo…"
"Tranquilízate"
"Tranquilízate"
"Tú puedes, hazlo"
"Tú puedes"
"Poco tiempo…"
"Usted puede mi ama, solo hágalo"
"Hazlo bien, es poco el tiempo, poco…"
Dentro de su limitado estado pudo diferenciar el color que marcaba el límite de la piscina, adonde debía de ir, donde iban dirigidos sus esfuerzos, estaba por llegar y una puntada de dolor le obligó a dejar escapar todo el oxígeno que precariamente la mantenía consciente, no resistió más, la desesperación le hizo dar una bocanada de aire, pero solo el agua entró, no quiso angustiarse más por el resultado de aquello y solo se dejó llevar por el cansancio, una fuerte mano le sujeto del brazo.
"ALUCARD"
°~*OOO*~°
Le sacaron como si fuera una muñeca de trapo, sintió que alguien lo rodeaba con los brazos
— ¡¿Integra... Integra?
Vomitó el agua que había tragado, miró y vio a Lucian, le tenían sentada al borde de la piscina. El muchacho le sujetaba con firmeza, pasando su brazo tras la nuca de la muchacha.
"Que extraño"
Había creído que era Alucard quién le sostenía. El muchacho había llegado a mitad de la carrera, justo cuando Integra desapareció de la superficie, corrió hacia la piscina y trató de lanzarse, pero el maestro se lo impidió.
— ¡Se está ahogando! — había gritado y solo entonces se le permitió pasar al área más cerrada de la piscina pues todos fueron allá. Integra reapareció cerca de la orilla para volver a hundirse; había nadado doce metros a punto de ahogarse, antes de que él le sacara.
— ¿Estás bien? — ella asintió y como una recién nacida fijo la vista en su alrededor, se sintió algo avergonzada al notar que todos le miraban.
— ¿Está bien? — preguntó el maestro.
— Si Herr Kaufmann — contestó Lucian con evidente gesto de alivio.
— Bien...bien — Kaufmann aplaudió — no hay nada que ver acá, todos de vuelta a sus actividades— volteó entonces y a Lucian ordenó.
— Llévale a la Enfermería, quizás tenga algún traumatismo — Wilbanks asintió, le fue entregada una toalla al muchacho, este cubrió a Integra con ella, aún estaba mareada y se sentía muy cansada, él aprovechó la ocasión para tomarle en brazos (cosa que no estaba dispuesto a negar, hace tiempo quería hacer), ella no sentía ganas de comenzar nada, así que nada dijo, apoyó su cabeza en el hombro del muchacho y antes de que llegarán a la enfermería se quedó dormida.
°~*OOO*~°
Alucard estaba harto de semejante espectáculo. Henry llevaba horas violando a la muchacha, lo había hecho de las maneras más dolorosas posible. Pero no había obtenido mucho; en un arranque de admirable valor la chica había decidido no quejarse de nada. Alucard podía leer sus pensamientos, la sumisión con la cual aceptaba su desgracia lejos de conmoverle le hizo valorar aún más a aquella desconocida víctima, además ese sistema estaba molestando mucho, pero mucho a Henry.
Existían muchos sádicos que deseaban ser vampiros, pero generalmente los no muertos solo disfrutaban el sadismo con los de su misma especie, pues el infringir dolor a aquellos que no pueden defenderse se les hacía aburrido, diferente era con otro inmortal, pues ello en verdad conllevaba a la supremacía de uno sobre otro. Bajo ese dogma Henry no solo le resultaba ser despreciable, si no que insignificante aunque aquello no le desmerecía para nada en cuanto a lo que su locura era capaz de obligarle a hacer; como desafiarle abiertamente o intentar colocarle un dedo encima a su ama. Prefería de todas maneras y aunque le aburriera en demasía, que estuviera ahí con esa chiquilla, significaba que no andaba suelto y que no era él quien tocaba a Integra. Al menos si iban solamente Danae y Therios, sabía no le matarían, al menos no de inmediato. Solo cuando conocieran la verdad sobre el ritual les dañarían y hasta el momento él no estaba dispuesto a darles detalle alguno. Entendía sin embargo que el solo hecho de mostrarle todo aquello, no era solo para darle a conocer todo lo que a Integra harían cuando cayera en sus manos, torturaban a la muchacha debido a su reticencia a decir nada.
Notó entonces el daño que le había hecho el relacionarse con los humanos, inmediatamente vino el cuestionamiento ¿Qué beneficio le había traído ello? Estaba prisionero, era un esclavo de una casta que le destetaba, la cual le restringía y le había encerrado por veinte años, la cual le exterminaría cualquier día en el que consideraran que él se había vuelto peligroso. Era verdad que había tenido sus grandes batallas. Se había divertido como nunca durante la segunda guerra, pero la recompensa había sido muy mezquina; de parte de Hellsing, de parte de su Majestad y por parte de Inglaterra. Ahora se encontraba ahí encerrado y sufriendo dolores que hubieran vuelto loco a cualquier humano, además le mostraban un espectáculo que predecía el futuro de su ama si es que no le ayudaba, eso le estaba perturbando ¿Por qué? ¿Qué había hecho esa chiquilla para importarle tanto? Más, mucho más de lo que le hubiera importando cualquier Hellsing.
Habían sido muy injustos encerrándole durante todo ese tiempo. Eso le había enfurecido y por ello destruyó a Darriane y a Arthur.
"Que suerte que el primogénito eliminara a Richard, que suerte que el primogénito sea mujer"
¿Suerte? Esperaba ver en Integra la debilidad de Darriane pero no, esperaba ver en ella las dudas de Arthur, pero hace tiempo que las había dejado atrás. Integra merecía más que nadie ser su ama y él debía de aceptar de una vez por todas que la chica le había ganado, eso le deprimió y mucho. No por el hecho de haberse interesado en una humana (aunque en el caso de Integra este interés se alejaba mucho de cualquier idea romántica o física), sino porque ella le detestaba ¿Valía entonces la pena el continuar con todo ello, el seguir protegiéndola? ¿Porque le gustaba tanto?
— Oh…Integra — Musitó en voz baja, cerró los ojos y se vio realmente apenado y traicionado.
"Te cortaré la cabeza y te arrancaré el corazón"
En su momento había quedado encantado con aquella muestra de soberbia, pero en verdad si ella hubiera tenido el poder en aquel instante lo hubiera hecho, le hubiera destruido ¿Ese era el agradecimiento que le debía?
— Ese es el problema — escuchó desde la oscuridad, era Danae — Creen que no te deben nada, cuando son lo que son gracias a ti…
Alucard le miró con desprecio pero tenía razón, él lo sabía, ella lo sabía.
— La muchacha es lo que es gracias a ti — y pasó por la cabeza del vampiro las muertes de Darriane, Arthur y Richard. ¿Si Integra era lo que era debido a él? ¿No había sido acaso él al fin de cuentas quién blandió el arma para asesinar a este último, para finalmente dejarla sola?
Era cierto que estaba Walter, quién le amaba como a una hija, mas Integra y él sabían que no lo era.
— ¿Por qué has de deberle algo a esa chiquilla? — se colocó entonces en cuclillas de tal manera que su rostro quedó frente al de Alucard — ¿Es porque te gusta? ¿Quieres hacerla tuya? — hasta el momento semejante idea no había cruzado por la cabeza del vampiro, mas en cuanto la concibió supo que era tentadora.
"Hacer mía a Integra"
— ¿Es por eso que no quieres que nadie le toque?
— Es porque no quiero que le den muerte… — contestó finalmente.
— ¿Por qué Adrien? — Era la segunda vez que escuchaba aquel nombre — Es solo una humana, una que te desprecia a ti y a los que son como tú, que solo te tiene porque le sirves, alguien que no siente nada por ti más que solo asco, eso lo sabes — se había acercado tanto al vampiro, que ahora apoyaba su frente en la boca de él, en verdad parecía angustiada por él, y él sabía a qué se debía eso. Lo había viso aquella noche en que le traicionara, como las lágrimas de Danae conmovieron al muerto corazón de David.
— Aléjate — ordenó — o te arrancaré el rostro — finalmente la mujer se separó de él lo suficiente para sentirse segura, era peligroso provocar al vampiro, y se sentó frente a él.
— Nunca has sido estúpido… ¿Por qué ahora sí? ¿Qué le debes a esa familia? — no le interesó seguir escuchando nada más, estaba muy enfadado, con él, con todos; ahí encerrado, empalado por todas partes, inválido y paralítico, apresado y dolorido.
Finalmente Danae se retiró y le dejó a solas, ya había anochecido pronto llegaría Henry con su espectáculo diario, apenas saliera de ese lugar le mataría, la muchacha estaba muerta de hambre y lloraba silenciosamente su desgracia. De a poco Henry le había estado vaciando, cuando ya no le quedarán más fuerzas, ella gritaría y lloraría por perdón, entonces él le mataría. Algo se le ocurrió entonces al vampiro y se maldijo por no haberlo pensado antes. Llego a una triste conclusión la cual le resultaba necesaria, no había paso atrás era él o ellos: finalmente Integra seria para él, él sería quién destrozaría a la última de aquella casa.
— Deja de llorar — habló finalmente, la muchacha espabiló creyendo oír algo.
— ¿Quién es?
— Ya lo verás — la muchacha se acercó al rincón en donde Alucard se encontraba, el olor putrefacto de los coágulos salidos de las extremidades cercenadas del vampiro le hizo sentir arcadas, le vio colgar de la pared sostenido por tres grandes lanzas y miles de agujas, el estómago, el pecho y el cuello, parecían ser los fuertes principales
— Mírame — ordenó Alucard, y a pesar de que le costó a la muchacha ubicar las pupilas carmesí de este cayó inmediatamente en un profundo sopor cuando se topó con ellas, fue entonces cuando el vampiro se apoderó de su pensamiento.
— Tu nombre — le dijo
— Amy Jones — contestó la muchacha.
