VIII:

Decisión Absoluta.

La guerra entre Inglaterra y Francia -llamada "De los 100 años"-, era un tema que interesaba vivamente a Integra, principalmente debido a la imagen de Juana de Arco, esta tenía la edad de ella cuando derrotara al ejército Inglés. Aún así no creía en la figura mítica que de esta se hubiera formado, o que fueran las voces de santas quienes le guiaban en aquella cruzada. Si bien tenía su opinión al respecto, la cual como mucho de lo que ella pensara era más científica y creíble. No dejaba de imaginar la idea de que las voces, fueran la propia Juana, llamándose más por un deber patriótico que religioso excusado en su ignorancia campesina, a la batalla. O simplemente como a ella le ocurría; haber sido elegida por algún demonio disfrazado, solo para traer más muerte.

Si bien se consideraba una privilegiada al poder luchar contra ellos, y fuera de eso, comprendía que la reina avalaba su misión y la bendecía junto con la iglesia protestante. No dejaba de preguntarse qué tan adecuado sería para Dios el guiarse hacia la política, ya fuera Francesa o Inglesa. Consideraba que era algo egoísta; una excusa típicamente humana, solo para hacer más dinero o conquistar más terrenos. Al luchar en su nombre, entendía al mismo tiempo el riesgo que acarreaba su misión, no estaba ella ahí para hacer más dinero u obtener más territorios, sus enemigos eran criaturas malignas, quienes debían de desparecer pues eran enemigas de Dios y destruirían al ser humano.

Pero...

"¿Acaso los humanos no se destruían unos a los otros? ¿No era Alucard un demonio?"

Siempre llegaba a la misma respuesta que su limitado conocimiento sobre el vampiro le entregaba; "Tiene honor y le gusta luchar"

Solo entonces podía ver lo terrible de su especie, eliminaba a los suyos con tal de divertirse, aunque fuera en el nombre de Dios. Era una criatura abominable.

"¿Que haría cuando fuera él, el último de su especie? ¿Eliminarlo?"

Trató de no pensar más en ello y se limitó a su lectura.

Leía los sub discursos, le habían enseñado a captar las señales tras cada relato, pues la historia, como ella bien sabía, no estaba completamente compuesta de la "verdad".

°~*OOO*~°

Estaba en una extraña posición para su status, aunque incomoda, le traía cierta complacencia el saber que en plena confianza podía sentarse en el suelo, no frío desde luego, pues estaba alfombrado -no eran tan estúpida y su sentimiento de rebeldía jamás le llevaba el tener que pasar necesidades tontas a su gusto-. Apoyada contra los estantes, mientras que Lucian descansaba la cabeza en sus muslos. Se había quedado dormido de manera repentina. Integra quiso hacerle un comentario, pero le vio descansando y decidió guardar silencio, no pudo evitar sin embargo mirarle fijamente; se sonrojó cuando notó que el rostro de Lucian le parecía hermoso y bello, tenía sus rasgos marcados de manera muy fina, aunque al parecer algún exceso de preocupación le hacía lucir mayor, eso no le quitaba nada de encanto o belleza, por el contario le daban un aire meditativo y calmo, como si en verdad supiera más de lo que decía.

Eso resultaba algo raro, no eran pensamientos comunes para Integra Hellsing. Se espantó aún más cuando recordó, no sin ansiedad y ternura, todas las veces que se habían besado, que si bien no habían sido muchas, a ella le parecían suficientes para toda su vida. Estaba complacida de una manera que no lograba entender, por primera vez algo que no era un asunto de orgullo le llenaba con un bálsamo de tranquilidad y normalidad. Aunque era algo desconfiada con ello, pues ¿Cuanto podía durar eso? no es que no confiara en Lucian o en ella misma, si no que por experiencia propia sabía que las cosas buenas siempre resultaban demasiado efímeras. Podía desde ese punto de vista, ocurrir dos cosas; o todo cambiaba y se convertía en su esposa, o todo empeoraba de manera tan parcial que prácticamente no lo notaría, para finalmente esfumarse y desparecer como algo que alguna vez ocurrió.

Nunca hubiera creído que las relaciones humanas fueran tan complicadas, aunque en ese caso era solamente ella quién se complicaba.

"Debo de darle tiempo al tiempo"

Rió con calma, debería de acostumbrase a no razonarlo todo, algo dentro de sí le decía que estaba bien el comportarse de esa manera, que no había de que preocuparse. Era joven aún, casi una niña ¿Que tan terrible podría pasarle? Rió nuevamente y esto le trajo recuerdos de su hogar y de Walter y su reacción cuando le viera de novia del joven Lucian Wilbanks ¿Novia?, en verdad que era una palabra que nunca había pensado ostentar y aún así le resultaba llena de un extraño peso y responsabilidad.

"¡Basta Integra!"

No dejaba de pensar, eso sí, en lo extraño de su educación y ahora se daba cuenta de lo egoísta que era ser un noble, esa marca burguesa que le había inculcado la sola devoción hacia su propio ser, sin ser jamás incondicional con nadie. Excepto quizás sus soldados, vino nuevamente el vampiro a su cabeza.

"¿Ser incondicional con Alucard, quién no me respeta, y no con Lucian quién me quiere?"

No importaba, el ser así era algo que hablaba de algo bueno en los seres humanos, aunque el vampiro no creyera en ellos, lo era y ella lo estaba poniendo en práctica. Nunca antes se había interesado ella en alguien de manera romántica, ni menos alguien en ella, agradecía su suerte pues Lucian, en verdad era magnifico, resonaron en su cabeza las palabras de Dante:

"No sé qué es lo que ve en ti"

Tenía algo de razón ¿Que podría haber visto Lucian en ella?, nuevamente río aunque con más ganas, era una situación algo irónica para ella; finalmente tenía en la cabeza y con respecto a si misma, las misma limitaciones que le adjudicara a Dante (a quién consideraba algo torpe y muy lejano a la exquisita inteligencia de la cual Lucian hacía gala) tal vez ella no era muy diferente al torpe hermano de su enamorado.

— ¿De qué te ries? — preguntó Lucian, Integra le miró y sonrió tranquilamente.

— De nada... — Lucian se acomodó el cabello.

— ¿Cuánto tiempo dormí?

— Casi una hora ¿Descansaste? — Lucian asintió, se sentía muy cómodo en el regazo de Integra. Podía sentir lo firme de sus muslos y eso solo contribuía para lograr imaginar las otras partes de su cuerpo. Trataba de imaginársela, algo más ligera de ropa, pues desde que comenzaran su "amistad" solo le había visto con su uniforme, el cual siempre se encargaba de apagar cualquier instinto pasional que se pudiera generar en aquel campus. Había sin embargo algunas chicas, que sabían cómo modificarlo sin alterar las reglas que la Escuela Luterana exigía con respecto a la conducta y presentación de sus estudiantes, chicas como Amy Jones, quién se encamaba con su hermano cada vez que tenía la oportunidad, no era una mala muchacha solo algo atrevida para su gusto y muy liberal para su sensibilidad sobre la moral. Integra obviamente escapaba de esta definición, solo cuando acudía a su clase de natación utilizaba lo más provocativo que Lucian le viera ostentar, aunque era un traje de baño de carácter deportivo para nada llamativo, ni sensual, escueto y poco elegante. Sin embargo y esto al parecer Integra lo desconocía, fue suficiente como para que el joven Wilbanks desease más solo besos encantadores, calmos y abrazos consoladores.

La muchacha había despertado sus pasiones, más por ocultar, sin quererlo desde luego, su figura que por insinuársele. Era algo un poco obvio desde luego, Integra estaba educada de otra manera y le parecería aún más extraño el siquiera imaginar que a ella esas cosas llegasen a preocuparle. Era bella y no lo sabía, más por disciplina que por verdadera afectación, tenía en mente otras cosas y era comprensible en su caso, aunque algo egoísta. ¿Le desearía ella como él le deseaba? La respuesta se la dio él mismo, y no era nada alentadora. No debía sin embargo forzar las cosas, sentía que en verdad se estaba enamorando y no era por las probabilidades que tenía de llevársela a la cama.

Cuando volvió a la realidad, la muchacha aún tenía sus ojos fijos en él. Esta vez ella no pareció incomodarse cuando él decidió sostenerle la mirada, al momento en que tras cortas miradas se preocupaba de retener la mayor cantidad de tiempo grabado en su cabeza las facciones de la muchacha. Era extraña y exótica aquella mezcla que se generaba en el semblante de Integra; la tez morena, Lucian sabía que ello provenía de la unión de Arthur Hellsing, con la hija de padres hindúes, el cabello rubio y los ojos azules denunciaban su ascendencia sajona, no concebía la idea de mayor perfección en formas tan contradictorias, es verdad que su carácter le hacía desagradable, pero eso no importaba, con él era diferente del resto.

Le gustaba eso; Integra era todo lo bella, delicada y sensible que una mujer debía de ser. Pero solo lo era con él y eso le convertía en alguien especial.

— Eres muy bella ¿Lo sabías? — dijo azotado por la necesidad de expresar en algo todo lo que sentía en aquél momento. Integra poco acostumbrada a los halagos de ese tipo se sonrojó, mas no se perturbo, entorno los ojos y le miró.

— También me pareces hermoso — fue Lucian entonces quién se sintió avergonzado ante semejante halago. Le besó entonces complacido por su compañía, mientras avanzaba el beso en la boca de la muchacha, reprimió sus deseos de abrazarle con fuerza y hundirse en su vedado cuello.

Deseo hacer más efusivo el beso, pero Integra contestaba con tranquilidad y calma, habría sido una descortesía el obligarla. No hubiera sido una actitud caballerosa ni considerada y a ella le debía, o al menos eso creía él, todo y más. Se interrumpieron mutuamente pues la prudencia así lo ordenó, quizás se veía como una relación aburrida, pero ambos se sentían dichosos así, tal vez Lucian estaba algo impaciente, pero eso no apagaba para nada su alegría de estar con ella. Se dirigieron al comedor central, aunque no era medio día ni la hora de almorzar, las clases habían terminado a las diez de la mañana.

Aún seguían los campos nevados, pero el frío se había mitigado con la salida de un radiante sol. Si bien muchos hablaban de aquella amistad, varios que creían conocer el carácter de Integra, negaban que esta aceptara cualquier cosa que tuviera que ver con hombres. Si caminaba o conversaba mucho con Lucian era porque él era muy listo y nada más.

— Algunos creen que me estás pagando para hacerte compañía — Integra hizo una mueca indefinida

— No creí que fuera tan patética... — Lucian río de manera condescendiente.

— En verdad lo eres... — y en un arrobamiento de pasión intento besarla, aunque contaba con que los reflejos de Integra reaccionaran a tiempo, se arriesgó a ser visto por todos los que a esa hora frecuentaban el comedor. Mas así no ocurrió e Integra muy ágilmente le desvío el rostro es más aún, se movió de tal manera que a todos los que observaban discretamente, le pareció solo una vaga coincidencia. Y como si nada ocurriese, partió el pan en dos y se llevó un trozo a la boca, apoyó los codos en la mesa, cosa que no hacía frecuentemente, miró al muchacho y le sonrió con tranquilidad; había adivinado su estratagema y muy sutilmente lo había desbaratado. Lucian correspondió el gesto de la misma manera aunque dio a entender su posición de vencido.

Era cierto que sentía el pesar de su nuevo "talento" y temía casi de manera reverencial el momento en que el sirviente de su amada se presentara nuevamente frente a ellos, sin embargo Integra le resultaba extrañamente tranquila con respecto a este punto en particular, no es que lo hubieran discutido, pero el nombre del vampiro jamás salía de su boca, aunque por otro lado eso se debiera a que ella misma quería obviar el tema de su situación política frente a él, que nada tenía que ver. Estaba resuelto a enfrentarle, si, era capaz de hacerlo, por ella. De alguna manera esta decisión transformaba a Integra en la más importante de todas las chicas que se cruzaran por su camino. Lo entendía pues nada nunca habría podido superar el terror que Alucard le infundiera; el terror absoluto de la desesperación y locura.

°~*OOO*~°

Danae no había descansado en toda la noche. Tampoco lo había intentado. Se había ahogado de una manera devastadora en el cuerpo de Alucard y a la vez este le había hecho suya tantas veces como le fue posible. Abrió los ojos exhausta después de terminar una vez más. Sus sentidos estaban confundidos y se sentía muy débil. Era de día, quizás el sol estaba en su cenit, a ella no le importaba, la habitación continuaba a oscuras, miró en la penumbra y como si fuera un fantasma logró ver el cuerpo desnudo del vampiro, este le daba la espalda, herida y sangrante debido a sus últimos arrebatos pasionales, miró a su vez lo que había quedado de su cuerpo; pálido resaltaba en aquella artificial oscuridad, sus muslos y pechos estaban heridos, como si hubiera sido una batalla a muerto, desangrada, débil, herida y confundida, a diferencia de otras ocasiones demoraba en sanar, ya que fue Alucard quién lo mordió los pechos y de ellos succionara su sangre, fue Cromwell quién le penetrara y arañara su espalda; no era un simple idiota perteneciente a algún clan quién la poseyera esa noche, había sido Alucard, Adrien para ella, él había bebido de su sangre y ella lo había permitido. Y aunque el goce había sido tan ultra terreno como Alucard quisiera, no podía evitar el considerar que solo en aquello quedaría, pues él ya lo había demostrado con el mismo ardor con el cual le mantuviera toda la noche, manifestó su indiferencia hacia ella, su frialdad había sido patente en todos y cada uno de sus movimientos, en cada uno de sus agotadores besos, en cada gemido y gruñido que diera sobre y bajo ella.

— ¿Que esperabas entonces? — preguntó Alucard — ¿No era esto lo que querías?

"¿Querría yo aquello?" "Si"

— Pero no así — contestó, si en algún momento se hubiera vuelto humana, pues se sentía herida y utilizada, habría llorado. Pero ya no recordaba cómo hacerlo.

Alucard sonrió para sí y con agilidad se deslizó sobre la cama, también hizo lo propio sobre el cuerpo de Danae. Paso su lengua por las heridas y dio un corto paseo por el sexo de la draculina, también dándole un descanso a las heridas de aquella zona, besó los mordisqueados pezones, besó el estomago. Danae solo gemía, no sabía si de placer o dolor, con respiros entrecortados que a él solo le incentivaban a continuar, entonces llegó al magullado cuello, si bien no había sangre más sabrosa que la humana, la sangre de vampiro era tan tentadora como la de cualquier ser pensante. Sobre todo la de un espécimen como Danae, aunque Alucard debía de admitir que era el rito de la diablerie lo que le entusiasmaba. Más que nada por su carácter de prohibido entre aquellos roñosos clanes. Pero ya no era lo mismo, se había saciado de la sangre de Danae toda la noche, nunca le resultó cálida, nunca fue suave, era como la suya propia; viscosa y fría, lo dulce había sido someterla y violarla a su gusto, aunque ella lo consintiera. Y no es que la sangre de Danae no fuera suficiente, pero a esas alturas del día ya no le satisfacía; como un niño que come demasiados dulces, se había hartado de ese sabor.

Aún deseo continuar más por el vago placer que cualquier otra cosa, no quería leer el pensamiento de ella, así que obro con toda la perversidad, lo que sabía a ella gustaría, para desviar su pensamiento y sus palabras.

Comenzó bebiendo de ella, llevo su mano a la entrepierna de la mujer y masajeó con sus dedos toda la zona, hasta sentir sus contorsiones, Danae quién tratando de resistirse cedía, no ignoraba que era lo que impulsaba al vampiro a continuar.

"¿Que le ha dado ahora?"

Al lado de su cuello, salió Cromwell, el también quería satisfacción. Alucard nuevamente río.

"Siquiera él podía controlar al perro, Solo..."

Entonces su pensamiento viajo lejos, Cromwell pasaba su lengua por el rostro de la mujer y a ratos se dejaba aprisionar entre los colmillos de esta, sin dejarse jamás herir, pero no fue suficiente.

"Te cortaré la cabeza y te arrancaré el corazón"

Resonó en su cabeza, sintió un cálido líquido que empapaba la lengua del perro y Cromwell se escondió. Alucard miró a Danae, dejó inmediatamente todos sus actos y de un momento a otro arrobado por la angustia y la duda su cuerpo comenzó a temblar y el calor que sintiera mientras bebía y dañaba a Danae, se había trasformado en frío hielo que le recorrió desde la corona de la cabeza hasta la punta de sus pies.

Entonces, asustado, solo desapareció.

°~*OOO*~°

Danae ocultó el rostro entre las sabanas, avergonzada y excitada aún se guardó muy bien de no dejar salir nada. Le habían entregado un momento para ser mujer y ella se había dejado llevar por su debilidad. No sabía a quién culpar, mientras su cabeza se llenaba de ira, al igual que su corazón.

Se levantó y azotada por una furia caprichosa y recelosa, destrozó cada uno de los cuerpos muertos que quedaban en aquél piso. Cuando encontró el de la niña se ensañó particularmente con este y no dejó de torturarlo hasta destrozarlo llegando incluso a lamentarse el que no estuviera viva para gozar con su dolor. Habían gozado con el suyo toda la noche merecía su venganza y la obtendría.

°~*OOO*~°

Alucard se había esfumado en las sombras de la habitación, necesitaba sentir el aire frío de la ciudad y se refugió en una abandonada estación de trenes, sobre uno de los vagones desgastados y tan fríos, como él, encontró algo de descanso.

— ¿O esa es solo una imagen de mí? — cerró los ojos y su cabeza convertida en un mar de caos no le traía ninguna respuesta que pudiera acallar ese sentimiento.

"Maldición, maldito sentir"

En verdad pensaba como ella y aquello le hizo esbozar una vaga sonrisa.

"Si tuviera corazón, también me lo arrancaría"

Solo para evitar la incomodidad de aquella sensación. Cerró los ojos con algo de pesar, y había, debía de admitirlo, una extraña mezcla de felicidad y vergüenza al recordar.

Estaba embebiéndose en el cuerpo de Danae, avasallándose en ella, pero el efecto de a poco pasaba, aunque reaccionado a los olvidados instintos animalesCromwell deseó salir, el animal le besaba y él la bebía, cuando un cálido líquido, dulce y peor aún tibio le alertó. Cuando levantó la vista, no pudo creerlo, fue presa del pánico ¡Él quién era el amo de tal sensación!, no solo le resultó imposible sino sacrílego... ¡A él! ¡Quién había renegado de Dios y todas sus leyes! Pero a la vez victorioso, más prohibido aún que la diablerie, púes era él quién así lo consideraba y no un grupo de ahogados vampiros, más excitante aún, más perturbador y bello, egoísta y lleno de una vida que no era de él. Vergonzoso y culpable - y le extraño sentir aquello al recordarlo- horrible y aún así hermoso. Eso era lo que lo hacía tan terrible, tan ahogador, tan dantesco y por sobretodo embelesarte.

Cuando sintió las lágrimas de sangre en el rostro de Danae, cuando le vio, el pavor absoluto le había golpeado como nunca desde que era vampiro, nunca siquiera a un poderoso enemigo había temido tanto, siquiera encerrado se había desesperado tanto, no era por él, era por ella. Como herido ante tan extraña idea, grata por lo que significaba, desagradable por lo mismo. Miró, fijó su vista y no era Danae, no era ella a quién había vejado; su piel se había vuelto oscura y sus cabellos claros, no, no era Danae. El miedo le paralizó y le hizo huir.

— Era Integra — Dijo en voz alta. A ella era quién vio.

°~*OOO*~°

Cuatro días atrás Dante se había sentido terrible, no recordaba haber comido nada que le desagradara pero sentía el estómago pésimo y vomitó varias veces antes de poder incorporarse. No pudo asistir a clases, Lucian se preocupó lo suficiente de él, pero su presencia ya no era tan notoria en la habitación como lo fuera a otrora. Si bien ese lunes se sintió mejor, su cuerpo ahora parecía no responder como él quería. Quiso buscar a Amy, solo cuando estaba cerca se sentía mejor, el problema era lo muy agotado que le dejaba, aún así cada vez que Lucian iba a ver a Integra, Amy se dejaba caer en su habitación.

Hace una semana que se enteró de la relación de ambos, coincidentemente había sido en una fecha bastante cercana a la decisión de su hermano de dejarlo por su cuenta. Quizás Amy tenía razón y era Integra quién influenciaba a Lucian para actuar de semejante manera, pero no era eso lo que le hacía dudar, si no que era estúpido el actuar así. Lucian era sobradamente inteligente, su hermano sabía y conocía los limites del enamoramiento y la estupidez, eso era algo que Dante no ponía en duda, aunque quizás estaba exagerando Lucian jamás era tan formal, nunca lo había sido y no esperaba que esta vez cambiara. La prueba de ello es que aún no le decía nada sobre su relación cuándo esta ya había cumplido más de un mes.

Para Dante, esta era tan vaga como las anteriores que su hermano había mantenido con cualquier chica, entonces sopesó seriamente la idea de que tal vez su Lucian, si se estaba enamorando. Pensándolo bien, con ella estaba tardando más de lo acostumbrado, además, y esta era una prueba fehaciente de lo noble de su carácter, el que no le dijera nada, podría no significar que Integra para él significaba lo mismo que el resto, sino todo lo contrario; que significaba demasiado, como para hablarle de ello a un muchacho como él, caprichoso y problemático. Incluso puede que esa fuera la idea inicial al dejarle de lado, ahora iba a compartir su tiempo con Integra y deseaba ser digno de ella, y él Dante Wilbanks, al parecer no lo era.

Este pensamiento le pareció más cercano a la verdad, pues como él lo viera por su propia experiencia y la de su hermano, cuando a alguno de los Wilbanks le atraía una muchacha, poco duraba hasta que esta cayera definitivamente en las garras de cualquiera de ellos.

Tanto Lucian como Dante habían comenzado su vida sexual cerca de los 14 años, en verdad que era una época temprana, pero con el abandono de los padres en cuanto a su educación respectaba, no se podía esperar menos. Ambos hermanos coincidieron en la edad y en sus primeras amantes, ambas muchachas de la institución y mayores en al menos dos años de ellos, cautivadas por la figura de los hermanos.

Lucian se tomó el asunto con calma, creyendo que había obrado mal trató de reformarse, pero eso era algo que su carácter le impedía, no es que fuera un muchacho abusador y frío, era analítico, pero eso no lo convertía en un mounstro. Simplemente había ocurrido que era muy atractivo y encantador como para poder resistirlo, siempre que se interesó en alguien obtuvo el premio bastante rápido, y si bien quizás a él le hubiera gustado esperar más, se dio cuenta de que esa misma rapidez con la cual caían las hacia indignas de su otro lado Dante no supo controlarse y Lucian no lo consiguió tampoco, aunque era menos exigente que este, si bien sus conquistas eran mayores, también lo eran los fracasos y eso era porque él no buscaba una chica ideal como si lo hacia su hermano. Simplemente quería divertirse y para ello sobraban las candidatas. A pesar de lo mucho que se dijera, no era difícil encontrarlas en aquél lugar, abundaban aquellas enviadas al internado como castigo.

Dante agradecía la estadía de Amy, tenía justo lo que él deseaba para satisfacerle en muchos sentidos, desde la conversación hasta las horas de locuras en las cuales disfrutaban bebiendo, drogándose y teniendo sexo. Y todo sin un atisbo de compromiso por parte de ninguno de ellos.

Apoyó nuevamente la cabeza contra el retrete, venía otro impulso que rápidamente le llevo a eliminar todo lo que aquél día comió, ya iban tres y no quería más, quería a Amy cerca o al menos la compañía de Lucian, que su hermano estuviera ahí en ese momento.

— Debe estar con Integra — dijo en voz baja

— A veces la mujeres causan ese efecto — Dante volteó y se encontró con la muchacha a quién tanto esperó. Amy estaba apoyada en el umbral del cuarto de baño.

"No le escuche entrar"

— Aunque insisto — continúo la muchacha — en que algo debió de hacerle — se acercó entonces y le sobó la espalda, mojó sus manos y las pasó por el cuello del muchacho, el efecto fue inmediato y Dante recuperó su ánimo. Amy lo sentó con cuidado en el suelo, acuclillada junto a él, le observó con gesto risueño.

— Estás hecho un desastre — después de eso, le tomó la temperatura, las manos heladas de Amy fueron una bendición para su rostro — quizás deberías ir a hablar con ella — Dante le miró

— ¿Con Integra? — Amy asintió

— Sé que no lo ves porque estimas mucho a tu hermano y quizás ese sea tu error, sé que Lucian es inteligente, pero debes de tomar en cuenta que ella no solo es lista, si no que implacable, es la futura líder de la organización privada más poderosa de Europa, no se llega a semejante puesto solo por el apellido, tú no conoces su historia pero yo si me he preocupado de averiguar — Dante le miró con extrañeza ¿porque estaba Amy tan empeñada en atacar a Integra? como si fuera un relámpago que atravesara su cabeza recordó las extrañas palabras de hace algunos días.

"Vigílale, tu hermano caerá con ella"

No estaba seguro de que fuera Amy quién las pronunciara, pero todo este asunto de desacreditarla, no pudo menos que recordárselo. Aunque Dante se inclinaba más por la idea de que fuera un sueño y no Amy diciéndoselo.

Eso no era una actitud típica de Amy, pero cada vez que ella colocaba esa mirada, creía posible que su actitud cambiara, no podía ser siempre una niña juguetona, al menos cuando se trataba de Integra no lo era. Guardó silencio a pesar de sus sospechas, le intrigaba saber sobre la nueva y famosa novia de su hermano.

— ¿Y qué es lo que has averiguado? — Amy sonrió satisfecha, aunque entendía que debía ser más sutil con sus movimientos, había tomado a Dante por una marioneta útil, pero el muchacho era más listo de lo que imaginó. Tendría que dominarlo completamente, necesitaba a un sirviente que ahuyentara el carácter de Integra, necesitaba que él entrara luego en contacto con ella.

Debía de hacerlo luego de otra manera todas las estúpidas preguntas que se le pasaban por la cabeza tomarían forma, era una estupidez que ahora todo se hiciera evidente por las sospechas de un simple humano.

— El padre de Integra mando a su madre a un manicomio, la vieja quiso matarse cuando tenía a Integra en el vientre, después trató de matarla al menos unas tres veces, al parecer padecía de una fuerte esquizofrenia — Dante estaba sorprendido, no es que desconfiara de ella, le intrigaba el saber cómo obtuvo esa información. Iba a preguntárselo cuando ella se le fue encima.

°~*OOO*~°

Directo a su cuello y de él bebió al menos un buen rato, lo suficiente como para dejarlo en sombras. Con la sangre vinieron los pensamientos de Dante a su cabeza, debía de atar los cabos que el capricho le obligó a dejar sueltos, por primera vez en mucho tiempo se sentía sin tiempo. No era el momento de jugar, no podía hacerlo a esas alturas.

— Que vana confianza he tenido — se dijo una vez que llevara a Dante a su cama, eso era algo verdadero y peor aún estúpido.

°~*OOO*~°

Danae abandonó el edificio cuando el anochecer ya hacía su aparición con las primeras estrellas en el cielo, no tenía porque seguir en aquel lugar. En un acceso de furia había eliminado a todo ser viviente del último piso. Y uno de los conserjes cumpliendo con su ronda normal se topó con el desastre, en semejante situación, no sería raro que a ella misma se le diera por desaparecida. Ya había hecho desaparecer a más de un cuerpo y no se sentía bien con respecto a ello, estúpidamente se dejó llevar y ahora tenía que huir, además no solo entendía que había sido utilizada; Alucard bebió de su sangre y si es que se concentraba en ello, podría obtener la información necesaria sobre los planes de David y eso la colocaba en serio riesgo a ella. Ya una vez que hubo comprendido todo, reaccionó como un animal, como una humana normal con ira y cólera, pero ella no era muy humana, se sentía orgullosa de su fuerza e inteligencia vampírica y que todo eso se hubiera ido abajo solo por Alucard y una fría noche de pasión, no solo le daba a entender que aún le quedaba mucho de humana torpe, sino que además le mostraba sin reservas lo débil que había sido y lo inútil que había resultado para esta misión. Y eso era, en esencia, el relacionarse con Alucard ¿Desde cuándo había comenzado a desearle? con el trato que él dio fácilmente podría odiarle por toda la eternidad. Entonces ¿Desde cuándo le amaba? quizás no le amaba, aunque eso era algo de lo que no podía estar segura, se había entregado como mortal e inmortal a él y en ambas ocasiones le había utilizado, debía de odiarle, era lo razonable, pero no entendía de donde provenía el sentimiento de preocupación y afecto por él.

"Si"

Debería odiarle, pero no podía, no lograba imaginar semejante idea, no le había odiado en los últimos siglos ¿Cómo hacerlo de un momento a otro? además ella conocía que él por ella nada sentía. Trataba de recordar el trato, pero esto solo le hería el orgullo como si fuera un insulto vago y sin sentido. Entonces llegó a su cabeza el nombre de ella pronunciado por él, en su cabeza, al derramar ella sus lágrimas.

La idea de verse sobrepasada por alguien siempre afectaba el orgullo de Danae y si bien aquello era una característica muy humana para seres como David, Therios o el mismo Alucard, estos mismos se permitían el único orgullo para seres inmortales como ellos; el orgullo del guerrero. En su mundo no había muchas draculinas a las que les interesara ostentar semejante idea sobre aquel sentimiento, era algo que no cambiaba entre lo vivos y los no muertos. Ahora el único ser que le había rechazado siendo ella una joya de belleza en su reino, se había apoderado de ella en todas las formas posibles como humana, transformándole en inmortal para luego desecharla -incluso considerando que fue ella quién le traicionó y abandonó- para luego poseerla nuevamente, beber su sangre y nuevamente desecharle. Le había utilizado tanto como quería y ella como un perro faldero acudió a él cada vez que este le llamara. ¿Por qué? porque alguien más ocupaba no solo el pensamiento de Alucard, si no que su muerto corazón. Y no con un sentimiento de atracción o posesión (aunque tal vez eso le resultaba discutible), sino con una verdadera idea de romanticismo heroico y de admiración que le volvía loca de celos; estaba mucho más allá de cualquier ideal normal que pudiera pertenecer a algún ideal vampírico a veces era la belleza, a veces los no muertos caían presa del exoticismo de algunos humanos y no solo les resguardaban sino que a veces también les iniciaban.

Lo que veía en Alucard superaba lejos cualquier idea de posesión natural o incluso de aniquilación, eso se había vuelto una excusa para permanecer a su lado, era como si estuviera enamorado pero no de Integra, si no de la idea sobre la virtud humana, que él creía tan perdida y que ella representaba. Pero eso él no lo admitía, hacerlo significaba su muerte como inmortal. Llegó a la conclusión que le enfermaba los nervios y que la hacía reaccionar de maneras estúpidas para su elevada inteligencia; Alucard admiraba fervientemente a Integra Hellsing, mucho más de lo que él estaba dispuesto a aceptar, jamás había pensado en hacerla suya de ninguna manera, siquiera para transfórmala en inmortal pues ello desharía a Integra Hellsing como Alucard le conocía y admiraba, por eso había huido aquella mañana; era un sentimiento que lo ennoblecía a un punto que para ellos como carroñeros y asesinos estaba casi vedado y era imposible de alcanzar.

Esa era la idea que más le disgustaba ¿Por que Alucard debía de sentirse así con esa chiquilla, con esa humana que le despreciaba?

—"¡Danae!" — la voz de Therios sonó en su cabeza —"Henry ha desaparecido y nuestro huésped a escapado"

— "Yo no he escapado" — contestó Alucard acercándose al viejo vampiro, Therios había llegado a la antigua cárcel solo un par de minutos antes, fijó en Alucard una mirada exigiéndole saber sobre Henry, Alucard lanzó el seco corazón de su víctima a los pies de Therios.

— Me colmo la paciencia — río este, Therios temió una batalla mas por la incomodidad que esta generaba que por verdadero temor al vampiro, este reía con fuerza, para él el pensamiento de Therios no estaba vedado, pero eso era porque Therios no estaba interesado en ocultarle nada.

Habló entonces con gutural tono, aunque esto no sacó eco alguno del bosque, solo el frío viento que se colaba en los árboles aulló en ese momento.

— Haré lo que queráis — dijo — estoy a vuestras ordenes — dicho esto de sus manos desaparecieron ambos guantes y lanzó una aguda carcajada.

°~*OOO*~°

En tanto a Integra le atacó un extraño escalofrío, le estaba recordando; a su sirviente. Cuando una extraña noticia causo conmoción en el comedor y en toda la ciudad. Se hablaba de una sangrienta masacre en un céntrico edificio de Hamburgo a Lucian no se le escapó la reacción de Integra y le tomó de la mano, esta le presionó, dejó de pensar y solo una idea se vino a su cabeza, tal vez fuera así, tal vez no; pero en verdad temía que hubiera sido Alucard el causante de semejante masacre, tal vez otros vampiros estaban atacando la ciudad, como fuera debía de saber si es que él había vuelto o no a Inglaterra.

"La sangre ha corrido como si fueran ríos" dijo el periodista que en aquél momento y visiblemente afectado, cubría la noticia. Entonces abandonó el lugar, Lucian salió tras ella. Debía de comunicarse con Walter, de inmediato de ser posible.

"Que estupidez el haberse descuidado así"

— Que estupidez — se repetía una y otra vez.