Capitulo XI

Integra y las bestias.

Integra trato de lucir consternada, pero la visión de aquél cuerpo sin vida y cercenado, tuvo una reacción en el cerebro de la muchacha que no se evidenció ni en sus frías facciones, ni en sus controlados movimientos, Heller que no le conocía, no pudo notarlo y el verle ahí, sin demostrar nada le extraño; según su experiencia aquello se podía esperar de dos tipos de personas; los impresionables que generalmente reaccionaban así cuando estaban en shock, otros eran quizás los menos y eran quienes estaban acostumbrados, sabían a que atenerse, la moral le decía que creyera en la primera opción, era lo obvio, más el instinto le empujaba a desconfiar de esta chiquilla, no podía explicarlo, pero era como si la más oscura de las trivialidades estuviera en su vida, rodeándole, convirtiéndole en alguien ajeno a lo que a los humanos conmovía, lo decían sus fijos ojos azules, su impávido rostro, sin embargo él era policía, no podía lidiar con las cosas que no pudiera explicar razonablemente, opto entonces por lo más cuerdo; guardó silencio y con atención continuo observando a la muchacha.

Esta en tanto trataba de manejar sus ideas, dejando de lado la parte humana, la cual le recriminaba su insensible actuar, ante el espectáculo que se desarrollaba frente a sus ojos, ¿Cómo no conmoverse, viendo a una mujer, como ella, así? Tal vez había sido madre, esposa, hermana, hija, todos los papeles que la naturaleza le otorgase de la manera más completa y cabal, y aún así sus días habían terminado tan inverosímil como cruelmente, aquél cadáver destrozado trataba de gritarle desesperadamente sobre aquella injusticia, Integra si no lo sabía era capaz de entenderlo, y le fastidiaba enormemente el no verse tocada por ello, supuso que como castigo; ya que ella no era hija ni hermana, menos esposa y jamás sería madre, le tocaría un final sino igual, peor. Lo asumió con toda la convicción que su propio cerebro le entregaba, sería lo justo y lo tomo como algo personal, así el mundo quedaría equilibrado y aquella injusticia, sobre todos ellos, sería reparada, aunque eso tal vez a nadie más le importaría, consiente de ello evito familiarizarse con aquella mujer, de momento, el universo ya había fallado en su contra, siquiera sabía si era o no la famosa Emil, ahora lo que importaba era averiguar más, pero tendría cuidado, Heller le observaba, lo odiaba, pero tendría que actuar.

Dejo entonces que la emoción le embargara, dejo de ver a la mujer, para trasladarse a la habitación de su padre tres años atrás, tratando de no racionalizar todo, se fijo como meta el controlar su estado emocional, hasta dejar que los recuerdos de aquella época le embargaran y junto con ellos la pena y rabia.

Demás esta decir que no lo logró, cualquier sensación que le embargara en aquél momento se vio diluida por el efecto del tiempo, siquiera la traición de su tío fue capaz de sacarla de sus cabales, noto con espanto reprimido que el fuego dentro de ella se había apagado de la manera mas vergonzosa, dejándolo todo como algo obvio, esperable y entendible.

Entre mirar el cuerpo de la mujer y establecer comparaciones con lo ocurrido a su padre. Poco y nada le quedó para tratar de conmoverse, y Heller seguía con la vista fija en ella, esperando una sola equivocación, en un acto que le pareció algo maquiavélico, se llevo lentamente su mano derecha a la boca y en ella ahogo un suspiro, que a cualquier observador atento le parecería más de aburrimiento que otra cosa, pero para Heller, quién quería creer, fue la primera señal de que algo dentro de ella se movía, más no dijo nada y solo observo.

La muchacha trato de alejarse del cuerpo, el olor ya le estaba molestando, frío y con dejos de podredumbre y sangre muerta, más el ambiente de la habitación; de pronto comenzó a recordar las zonas pantanosas de los lagos que existieran en su propiedad, el subterráneo en donde encontrara al vampiro, su padre… ¡Si! Era el olor y el frío que emanara de aquél cuerpo agonizante. Cuando lo descubrió no valió de nada el suspiro ahogado, ni los recuerdos de muerte o traición, noto entonces que se había comportado de manera soberbia y engreída, como si supiera ella más sobre la vida o la muerte, cuando solo entendía que la primera era demasiado corta y que la segunda podía acaecerle en cualquier momento.

Se alejo de manera rápida o al menos eso intento, pero las piernas no le respondieron, temblaban entumecidas por algo mayor a cualquier cosa que el miedo, y le llevaron de bruces al suelo, la respiración se le había cortado, en una situación que siquiera sabía como explicar, no tenía idea de lo que le había ocurrido. Miro a Heller, sin poder borrar el gesto perturbado y extrañado de su rostro.

Fue suficiente para él, se acerco con rapidez a la muchacha y le sujeto con fuerza, mentalmente se maldecía por dejar que todo ello pasara, era tanta la desesperación por lo poco que sabía o había logrado esclarecer de este caso que venciendo sus propias máximas de la moral había permitido, había expuesto a esta niña a un shock mental y emocional, quizás de por vida, solo por obtener algunas respuestas.

— ¿Estás bien? — Integra seguía sin poder explicarse, con gesto cansado se llevo una mano al rostro, y restregó bajo sus gafas con gesto de fastidio, asintió sin contestar y procedió a colocarse de pie.

En cuclillas, pudo notar algo que había obviado, aún presentándosele tan frontalmente lo había dejado como un detalle sin importancia, ahora que en verdad veían que tan relevante era aquél "detalle", fijo su pensamiento en un primer objetivo; recolectar información, logro esclarecer en parte lo ocurrido, mientras observaba las heridas de la mujer una imagen mental se abalanzó a su cabeza, se aterró en un pensamiento, pero decidida como estaba a no ceder al pesimismo, la ensalzó de manera en que ella no viera derruida sus esperanzas.

— Estoy bien, gracias — dijo alejándose del policía y del cadáver, fingiendo que necesitaba respirar alzó la cabeza perdiendo la vista en las luces de neon, observo a su alrededor y detecto una puerta trasera, más un par de ventanales, mal iluminados y ventilados, volvió los ojos a la mesita contigua al cadáver y vio los instrumentos con los cuales se analizaría el cuerpo, suspiro nuevamente ¿obtendrían alguna respuesta satisfactoria con eso?

— ¿Es tu hermana? — preguntó el policía una vez que lo considero adecuado, Integra negó con la cabeza

— Es irreconocible — contestó con tono desesperanzado

— ¿Tenía alguna marca o característica que la diferenciara? — la pregunta le pareció perfecta y aprovecho la oportunidad que Heller le entregara

— Cerca de su oreja derecha….bajando hacia el cuello — contestó, al policía se le coloca la carne de gallina, tendría que acercarse y entrar en contacto físico con el cuerpo, no dijo nada y muy profesionalmente se coloco los guantes.

Una avalancha de ruido, les hizo saltar a ambos del susto, al unísono fijaron la vista en la entrada de la morgue y sin decir nada Heller, se encaminó a ella, asomó primeramente la cabeza, volteó hacia la muchacha y dijo:

— Espérame unos segundos — seguidamente, tras esto, desapareció.

Aprovecho la oportunidad, Integra, para interiorizarse con el cuerpo, tal cual quería se acerco a él por la parte de la cabeza, sin tocarlo se acomodo para obtener una imagen más visible del cuello de la victima, el cabello era de un castaño claro y la frente le pareció divinamente proporcionada, no tenía nariz y parte de la piel que cubriera sus ojos había sido arrancada; buscaba algo tan pequeño, en una zona tan mal iluminada que su vista no tardo en cansarse, más le creyó verlo, ahí justo al lado de una horrible herida, que comenzaba en la nuca y desaparecía cerca de la garganta, era un solo piquete, lo suficientemente pequeño para ocultarse, pero tan evidente para ella, quiso asegurarse que existía y que no era solamente una visión de su propio deseo, extendió los dedos y a medida de que los acercaba a la piel de la mujer le parecía que aquél frío le invadía, recorriéndole todo el cuerpo a través de sus venas, se estremeció tan levemente que siquiera lo noto, estaba pendiente de obtener aquella imagen, de asegurarse que así fuera, no alcanzó a tocar el cadáver, pero entre más cerca estaba, más podía ver lo que había ocurrido.

"¿Aparecieron de las sombras o no?"

Prefirió que no fuera así, aquello era una seña inequívoca de mucho poder, que fueran varios, si… y no tan viejos, astutos también, sería la única forma en la cual podrían atacar a un edificio, sin que nadie hubiera sido capaz de dar alarma alguna, que fueran muchos, que le dieran una excusa para llamar a Alucard y a Walter; incluso para ella sería más fácil el enfrentar a ese tipo de enemigo. El estar sola en esa ciudad, si todas sus ilusiones paranoicas eran ciertas, no sería para nada seguro.

Entonces la puerta se abrió, automáticamente Integra se incorporo, volteó lentamente y vio a Heller entrar dándole la espalda, casi inmediatamente, notó el brazo alzándole desde el cuello, y conjuntamente vio entrar a una alta figura sujetándole, nerviosa desabrocho su abrigo con rapidez y llevo la mano a la empuñadura.

— ¿Crees que servirá? — le dijo la alta figura, Integra supo que no, ¿Pero que perdería si lo intentaba? Al menos su orgullo así le hablaba, de todas maneras no era su posición el rendirse, no contestó y solo continuo con la vista fija en él, trataba de entender la composición de su cara, pero entre más buscaba, más notaba lo imposible que era describirlo. Por otro lado el alivio absoluto vino a apoderarse de ella al ver que no era Alucard, a su vez la duda le carcomía ¿vendrían a darle muerte de una vez?

Therios dejo caer el cuerpo del policía inconsciente, al momento en que Integra desenfundaba. Como él no estaba para juegos atacó sin señal ni previo aviso, como todos los de su especie, desapareció completamente, para empujar a la chiquilla contra una de las paredes del lugar, Integra no vio nada, pero alcanzó a reaccionar e interpuso su sable, así que el golpe proveniente de Therios no le dio de lleno, aunque rompió en pedazos la vaina de su costosa espada, aún así la chica voló de un lado de la morgue a otro, cayó sobre un par de mesas llenas de instrumentos y sin discreción alguna volteó una con el cadáver de un anciano.

Aturdida se colocó de pie, un corte en la frente comenzó a sangrar.

— ¿Qué pretendías averiguara acá? — Habló Therios nuevamente, la pregunta pareció sacar a la muchacha de su momentáneo aturdimiento, le vio frente a ella y enderezó su posición

— Nada que ya no sepa — contestó secamente, fijo nuevamente sus pupilas en el rostro del no muerto. Trataría de huir, aunque no se daba muchas esperanzas, entendió que le buscaban a ella, de haber querido darle muerte ya lo hubieran hecho, si se dejaba llevar, tal vez podría llegar al meollo del asunto, pero quizás no regresaría, lo mejor era esperar por Alucard y de momento aguantar.

Therios volvió a desaparecer, Integra no se preocupo de retener un nuevo golpe, no le interesaba correr el riesgo de que tal vez este si fuera el último golpe que recibiría en su vida, así que sin más corrió hacia la puerta, sintió como le halaban el cabello al momento en un frío aire le recorría la nuca, se dejo caer para resbalar hasta donde se encontraba el cuerpo de Heller, cogió su arma y se colocó de pie, chocó entonces con una dura masa, que le devolvió al suelo y cubría la salida. Therios le había estado mirando divertido, si sus facciones fueran reconocibles, Integra diría que reía, en peligro y viéndose ridiculizada, apretó los dientes, apunto y disparó al inexpresivo rostro, Therios siquiera se movió.

— ¿Qué planeabas hacer? — Integra no se mostró impresionada, con esa actitud terminó cayéndole en gracia al viejo vampiro, esta chica si sabía como tratar con ellos, fue tanto su agrado que dejo escapar una profunda carcajada, toda la habitación pareció hundirse en aquél gutural sonido, ella no debía de temer, aquél era el pensamiento que cruzaba por su cabeza, bajo el rostro.

"La suerte favorece al osado"

Empuño su espada y tan rápidamente como pudo, alzó el filo hasta sentir como se encajaba en el mentón del vampiro, a este le corto la sonrisa de golpe, Integra esperaba oír las carnes cediendo a su espada, pero solo el agudo murmullo del acero rozando los huesos. Y eso no era todo lo que le esperaba, vulnerado de manera casi ridícula, reconoció su error al confiarse, había obviado que era ella la maestra de Alucard y su domadora, al verla el vampiro tenía razón al decirle que no era una chica común y él se había dejado llevar por aquella apariencia tan endeble, casi podía ver la burlesca y sádica sonrisa de Alucard, si estuviera ahí en aquél momento. Integra dejo el sable ahí, le empujo con la suficiente fuerza como para hacerle perder el equilibrio y desapareció tras la puerta.

No alcanzó a correr mucho, solo paso del pasillo para notar que estaba perdida, miró a su alrededor; lleno de gente y de silencio absoluto, todos detenidos en pleno actuar junto con el tiempo, una tenue neblina le enfrío los sentidos, por el rabillo del ojo vio una figura que parecía diminuta entre medio de todas esas estatuas humanas, giraba en círculos, y los rizos oscuros le dieron una vaga idea de quién era, aunque no pudo recordarlo de inmediato. Un violento aire vino finalmente a paralizarle, no volteó pues sabía que era él, de momento no sacaba nada con huir, solo se conformaba con la idea de que no fuera Alucard, aquello le pareció un buen indicio, el podría rescatarle después, sintió una fría mano, que traspaso su abrigo, sweater, blusa, para darle a entender con quién se había metido.

"Si quisiera matarme, ya lo habría hecho"

Cayo entonces con fuerza, se azoto el rostro contra el suelo, la imagen de la pequeña figura se hizo más borrosa y cercana, así como más poderosa las ganas de dormir, vino entonces el sopor.

"No ha sido Alucard"

Cerró entonces los ojos y finalmente cayó inconsciente.

°~*OOO*~°

Desapareció − se dijo Lucian, o más bien le dijo su "yo" interno

− ¿Cómo que desapareció?

No la veo, no puedo encontrarla

− ¿Dónde desapareció?

Tienes que correr más

− ¿Cuánto más, hacia donde?

Continua por esta calle − no fue necesario de que ninguno hablara más, le pareció algo extraño sí, que su "huésped" no siguiera mencionando a ese poderoso "señor", lo sentía sumiso y cooperativo, cosa que en cierto sentido le estaba extrañando, quizás demasiado.

− ¿Será necesario llevar armas? − preguntó el muchacho

No estaría de mas… ahora voltea en esta esquina − tal cual Lucian obedeció, preguntándose de donde las sacaría o de que tipo le servirían, aludiendo a los recuerdos que le quedaran de la noche en que se topo con Alucard en la ciudad, supuso que una gran pistola sería suficiente ¿Aunque donde encontraría un lugar en Hamburgo, en el cual le vendieran una?

No sacas nada con preocuparte por ello, primero veamos si la encontramos − le pareció razonable al muchacho, si Integra estaba a salvo, nada de aquello sería necesario.

− ¿Sabes a donde vamos?

No, solo me guío por su olor

− ¿Olor?

Jamás lo entenderías − nuevamente guardaron silencio, fuera de los quejidos y la respiración agitada del muchacho, nada más tuvo eco dentro de la cabeza de Lucian mas que encontrar a Integra, el vampiro tenía la culpa, no existía ninguna otra razón por la cual ella decidiera exponerse a semejante situación, esa era su manera de verlo todo fríamente, aunque no negaba que en todo aquél juicio pesaba bastante la brecha que Alucard abriera entre él y la muchacha.

Únicamente se habían topado solo una vez, en la cual él casi perdió la cabeza, después desapareció y ella jamás volvió a mencionarle en su presencia, un extraño ego nacido de las presentes circunstancias, le hizo preguntarse si es que Alucard le consideraba o no como un obstáculo (una idea algo ridícula le hacia creer que nadie de sexo masculino e inteligente podría estar cerca de la muchacha sin enamorarse) a la luz de esta idea, sus suposiciones variaron rápidamente a otro tono más romántico y menos creíble, ¿sentiría ella algo por el vampiro y viceversa? Desde su punto de vista Integra era casi perfecta, aunque nadie jamás lo vería, pues no le conocían como él, para lograr verlo se necesitaba aquél cambio que sufría ella en su presencia, la cual era solo por y para él, ese pensamiento le hizo reír vagamente, entonces llegó a la conclusión de que sí, en parte podía haber sido él quien causara aquél relajo en la personalidad de la muchacha, el cual había desaparecido aquella mañana cuando decidió ir tras la pista de lo ocurrido en la ciudad; vida y trabajo, ambas cosas separadas, viéndolo objetivamente así se comportaban los verdaderos lideres. Le desgano entonces otra idea de las muchas que corrieran a gran velocidad por su cabeza ¿Estaría él a su nivel? Ella era una Hellsing y ya pronto tendría la edad para hacerse cargo de todo en aquella organización, debería resultarle normal el que ella pudiera dominar o no descontrolarse en esas situaciones, era lo que él podía vislumbrar de la muchacha, le confortaba una enormidad el saber que ella era diferente con él…mas.

− Mas − se dijo

− ¿Qué dices?

− Que él le conoce desde siempre…− concretó, su "huésped" comenzó a hablarle, pero Lucian no le presto atención, ¿Cuánto tiempo llevaría Alucard observándole desde las sombras? conociéndole realmente y viendo cuan adorable podría ser, quizás con él no era mejor de lo que era con el resto, pero claramente existía en ella una turbia y oscura admiración por el poder del vampiro, no podía explicarlo claramente, pero desde que tenía a su "huésped" esas cosas que jamás hubiera notado, se le hacían tan evidentes como si fuera él, el de siempre quien las viera; esa era la niebla que siempre rodeara sus ideas y la imagen de Integra con la insistencia de la vida en sí, quizás sin ella la muchacha no sería así y no sería tan valiosa para él, como lo eran en ese momento, no le consoló en lo absoluto el entender que no era él o Alucard la verdadera brecha, si no que ella…¡Y pensar que ya se sentía enamorado! Ella y por propia decisión, trataba de comprenderlo, el que fuera tan joven y que hubiese decidido no vivir para otra cosa que no fuera su deber, se detuvo ya cansado y abrumado, jadeante necesitaba recuperar el aire.

− ¿Cuánto nos falta?

− ¡¿No me escuchaste…?

− ¡¿Escuchar que….?

Una calle atrás… lo hemos pasado… − Lucian se maldijo, fuera de estar cansado, se sentía alterado

− ¿Dónde es?

La estación de policía

"Carajo"

Ahora le parecía tan obvio….

− ¿Están ahí?

Ya no… aún así dejaron un rastro fuerte… tal vez podamos seguirlo... − el muchacho dejo sus dudas de lado, quizás no lo notaba pero el también sabía separar las cosas, ahora lo importante era encontrar a Integra.

− Muy bien − dio la vuelta, como era obvio se demoro mucho menos en llegar, los saltos de su "yo", difícilmente le hubieran dejado hacer nada, supuso que a pesar de todo y al menos por un tiempo más, sería Integra quién ocupara en gran parte su cabeza, incluso para obviar a su molesto acompañante.

Llego varios minutos después de que se llevaran a Integra, sin embargo podía sentir como el frío se colaba dentro de sí, recorriéndole todos los huesos, erizándole todos los cabellos, colocándole la piel de gallina

− ¿Es esto sentir a los muertos?

A muertos enfadados − entumecido como estaba, siquiera pensó o intento cerrar los ojos

− ¿Lo sientes? − Lucian asintió, era una extraña y fuerte ola de calor eléctrico en aquella estación diferente a la sensación inicial de frío y miedo, detuvo su marcha, al encontrarse frente a la entrada, había movimiento aquél día, mucho más de lo que él esperaba, su "yo" comenzó a reír de manera irónica, seguidamente le dijo:

Podrías descansar ahora… no sé, cerrar los ojos, relajarte un poco…

− Que gracioso − contestó el muchacho con tono de fastidio

Esperas mucho de mí, recuerda que soy parte tuya…

"Eso lo dudo"

Dio entonces un hondo respiro para tratar de calmarse

− Hay cadáveres acá − dijo

-Lo sé, están muy alterados

− ¿Es por que ellos vinieron?

Supongo…tú, me limitas mucho….

− ¿Yo?

Si…con tu eterno temor a todos ellos, no puedo centrarme en lo que nos interesa

− ¿Cómo cuando vimos a Alucard?

Ahora entiendes…− no se hablaron más, cuando le muchacho atravesó la entrada, una fuerte pestilencia inundaba todo el lugar, habían paramédicos y todo parecía haber caído en un somnoliento caos, de un momento a otro, la más absoluta confusión, a Lucian le pareció como si todos despertasen recién de un sueño. Algunos aún estaban estampados al suelo como estatuas y no reaccionaban a nada. Fue entonces cuando el muchacho lo considero adecuado y sin más cerró los ojos.

Todo se volvió entonces lento, las voces humanas desaparecieron para deformarse junto con todos los gritos y llantos que ahí escuchara, uno que otro mensaje le parecía entendible, fuera de las desagradables sombras que parecían fermentar a su lado, nada de lo que vio o escucho le sorprendió, estaba calmado, muy calmado.

Es por que te estás acostumbrando- escucho más claramente de lo que nunca hubiera oído, supuso que todo se agudizaba en aquél estado.

− ¿Qué debo buscar?

Hummm...… acá solo hay formas eternas

− ¿Eternas?

Si…parásitos sin memoria ni propósito, no saben nada… solo penan en este lugar...Y bueno lo harán para siempre − toda esa información no hizo más que perturbar a Lucian, de haber sido un férreo defensor de la razón. La sonrisa pronto se le borró cuando un espantoso grito paralizo sus ideas y movimientos, abrió los ojos debido al susto para ver con casi alegría como todo a su alrededor continuaba en el orden caótico que viera al llegar a la estación, nadie parecía estar interesado en él, así que simplemente aprovecho aquella oportunidad.

− ¿Dónde fue? − preguntó

Tras esa puerta − dirigió la vista hacia donde su huésped le indicaba, el letrero decía: SOLO PERSONAL AUTORIZADO, se encamino hacia aquél lugar, nuevamente sintió como su huésped comenzó a saltar, aunque no podía explicar si era por alegría o miedo, aquello siempre le estremecía, además cada vez que aquello ocurría no era por algo bueno, toco el picaporte y nuevamente sus sentidos aguzados (por la presencia de "él") recibieron una honda expansiva que se tradujo en las molestias físicas de la pena, rabia y muerte. Escuchó como todo dentro de aquél lugar se movía, mas una y otra vez los desesperados gritos de una mujer.

− Que no sea…

No lo es…− había un estrecho pasillo ahogado en una tenue luz mortecina, frío y húmedo, hasta donde estaba entendiendo, se sentía tranquilo, aún con todas aquellas sensaciones provocadas por la tensión en su interior, a su vez "el" le hablaba dando ideas interesantes y desconocidas, aquello podría servirle más adelante, además de que le distraía .

Llegó finalmente a la habitación en donde todo había ocurrido.

Si quieres ver… − le dijo − tendrás que cerrar los ojos − Lucian dio un profundo respiro, consiente de que tal vez esto superase por mucho a cualquier cosa vista, incluso, tal vez, a la verdadera forma del vampiro. Dio un paso seguro y atravesó la puerta. Nuevamente fue golpeado, pero esta vez por una pestilencia que le provoco arcadas, su interior estallo en risas.

− ¿Ese es el maldito olor? − le preguntó

Ahora entiendes… − Lucian enderezo la vista y les vio, había una mujer sin rostro arrinconada y llorando, a su lado dos niños, pero ella parecía no verles, un anciano caminaba pegado a las paredes, dando siempre el mismo recorrido, no le pareció tan terrible.

− ¿Qué debo buscar?

¿Ahora no lo sabes? ¿Qué vinimos a buscar acá? − la respuesta era obvia, Integra, algo que dijera cualquier cosa sobre ella, Lucian nuevamente se cubrió la nariz.

− No veo nada…

Pero sabes que ella estuvo acá

− Tú lo dijiste

Aún te falta chico − Abrió entonces los ojos y se topo con una sala completamente diferente, no había visto en su visión; ni las mesas, ni los cadáveres, vio al viejo muerto caído y a la mujer sin rostro, y aunque la pestilencia desapareció, no pudo reprimir las ganas de vomitar, corrió al lavabo más cercano y ahí se desahogo, solo agua. Con fastidio se limpio la boca, volteo y solo entonces reparo en el cuerpo de Heller, que aún yacía en el suelo, se acerco con rapidez y aliviado vio que respiraba, noto también el arma y no espero para hacerse de ella, entonces vio la espada; él jamás se la había visto a Integra, como esgrimista que era supo reconocer en ella un elaborado y delicado trabajo, no habían rastros de sangre, solo la mesa volteada indicaba signos de lucha, no quiso permanecer más tiempo ahí, como pudo guardo ambas armas entre sus ropas, hubiera ayudado a Heller, pero si volvía a mirar nuevamente el cadáver de aquella mujer vomitaría. Ya en el pasillo se calmo, aunque una extraña y punzante sensación pareció seguirle.

Es ella − le dijo su "yo"

− ¿Quién?

La mujer sin rostro….le siguen los niños

− ¿Qué debo hacer para alejarla...?

No lo sé… sabe que tu puedes verla − A Lucian le pareció fantástico, ahora los muertos le seguían, dio un suspiro cansado

− Inútil

Púdrete…. ¿Que te has robado? − dijo cambiando el tema

− Necesitábamos armas ¿no? − Lucian continuó su caminata hasta llegar al vestíbulo donde nuevamente pasó inadvertido, la sensación le seguía, le molestaba, mas trato de no ponerle atención.

Razonando lo mejor que pudo, le pareció normal el que Integra desease visitar primero la estación de policía, ahí podría informarse, aunque sería muy difícil que encontrase ayuda; si a él le relataran una historia como la de la muchacha, jamás en su vida la tomaría por algo valedero, bueno… si nunca se hubiera topado con Alucard. Ahí se acababan sus esperanzas de que Integra obtuviese algún éxito, tal vez estaba en el edificio, sería más fácil escabullirse en la escena del crimen, sobre todo para alguien tan hábil como ella…pero... ¿Y la espada? ¿Y las señales de lucha en la morgue? ¿Quién más se había involucrado? Aquellas piezas no le encajaban ¿Qué estaba olvidando?, entonces sus oídos se percataron de algo que su cabeza no proceso de inmediato.

− ¿Y Heller? − escucho, cuando aquél caos comenzó a ordenarse aún muy confusamente, a esta pregunta en particular no presto atención, no sabía quién era Heller y poco y nada le importaba, fue la respuesta lo que capto su atención.

− Estaba con la chica del instituto…en la morgue…

Esa no podía ser otra que Integra.

Te dije que había estado aquí- Lucian se llevo ambas manos al rostro, con cansancio ¿Cuánto había tardado en llegar? ¿Estaría muerta? La espada no podía ser de nadie mas que ella, ¿Donde podría encontrarla?...de pronto una idea ilumino su cabeza con la fuerza de la esperanza, habiendo recobrado sus ánimos, salio de la estación.

− ¿Qué harás?...-Lucian se detuvo en la esquina más cercana y cerró los ojos, fuera del paisaje normal que viera cada vez que hacía eso, nada le asustó.

− Quiero saber donde esta el vampiro, Alucard — Su huésped comenzó nuevamente de dar saltos, pero esta vez logro diferenciar ansiedad y miedo, Lucian ya se lo esperaba, cada vez todo aquél espectáculo se volvía más normal para él, no quiso pensar en que se estaba acostumbrando. Aunque de momento no le pareció tan malo, el volverse poco a poco, más parecido a aquél moustro.

°~*OOO*~°

A diferencia de Integra, Viktor Van Helsing, a su corta edad, ya sabía como manejarse en la política Alemana, aun cuando la despreciaba. Se le consideraba un ejemplar raro entre los Helsing de ese lado de Europa; refinado e inteligente, para muchos aquél chico prefería cultivar más su aspecto que inteligencia, aunque esa opinión a él poco y nada importaba. Astuto como era, dirigió sus pasos, sin escala, ala oficina del gobernador, cualquier otra cosa para él, con todas las "recomendaciones" que llevaba encima hubiera sido una pérdida de tiempo. Tal cual lo supuso "sus referencias" le llevaron con el alcalde en menos de veinte minutos.

− ¿Viktor Van Helsing? − dijo este, extendiéndole la mano, Viktor se coloco de pie para estrechar e saludo.

− Herr Heinz − Viktor tenía toda la apariencia de joven prodigio. Por su parte el gobernador, conocía, como todos en aquella nación, la parte pública de los rumores que rodeaban a aquella familia, de existir alguna nobleza en Alemania, necesariamente los Van Helsing deberían estar en ella, incluso para los puristas quienes consideraban a todo extranjero como innecesario. Además estaban todos los movimientos que el padre del muchacho pudiera hacer, y esa aura de misterio que rodeaba aquél apellido avivo aún más si interés por conocer al joven muchacho.

− El es Helmut Schrieber, mi asistente − dio un paso adelante también extendiéndole la mano un hombre relativamente joven, tenía gestos joviales, Viktor nuevamente recepciono con tranquilidad el saludo. Finalmente todos procedieron a tomar asiento.

− Y bien…díganos Herr Helsing, ¿A que debemos el honor de su visita? − Helmut emitió estas palabras con cierto tono de ironía, que más que desagradar a Viktor, le parecieron divertidos, se rasco la nariz y habló.

− Me encuentro ante una misión encomendada a mi padre, encargo del ministerio de relaciones exteriores − Heinz fuera de parecer sorprendido, no reacciono de manera alguna, mas Helmut, se mostró incomodo, para Viktor aquel indicio desapareció tan rápido como se manifestara, tanto el gobernador como Schrieber se miraron.

− ¿Y cuál sería aquella misión? − Viktor saco un sobre de entre sus ropas y lo extendió sobre el escritorio.

− Hace poco mas de dos años, se recepciono el ingreso de Integra Hellsing, a las instalaciones de la Escuela Luterana, ella – carraspeo el muchacho- ella…es una importante miembro de la mesa redonda británica, nuestro gobierno a instancias de estos a pedido su inmediato traslado a Berlín − Heinz leyó con detención el sobre que el muchacho le entregara, que no era otra cosa que lo ya dicho por él – Todo eso — continuo el muchacho − debe quedar finiquitado esta noche − Helmut sonrió ante los aires del muchacho.

− ¿Dices que está en la escuela Luterana? − Viktor asintió

− ¿Qué edad tiene?

− No debe de pasar los dieciséis mein Herr

− ¿Y me dices que es miembro de la mesa redonda? − Viktor asintió con un leve gesto de asco en el rostro; odiaba las reiteraciones innecesarias. Heinz comenzó a reír.

− ¡Dieciséis años!

− ¡Y de la mesa redonda! − ambos rieron con gracia, Viktor no tardo en notar que era Helmut el verdadero guía en aquella sala, sería preciso, el sacarlo de ahí. Rió también con ellos.

− Es una ridiculez, lo sé − se coloco de pie − aún así todo debe de concretarse esta noche, si leyó con atención, sabrá que es una orden expresa − Helmut dio un fuerte respiro con el cual llamo la atención del muchacho.

− Será complicado el encontrar a una sola persona en la ciudad, más aún considerando el caos actual ¿supongo que entiende lo que enfrentamos? − Viktor sonrió nuevamente, sería esa su tónica para tratar todos los asuntos con Schrieber, le servía para demostrar cuanto estaba comenzando a odiar aquél gesto.

− No tiene idea de cuánto − esto Heinz se lo tomo directamente a mal, como no hubo separación alguna entre el gesto irónico del muchacho, ambos creyeron que Viktor Van Helsing, se burlaba de la tragedia que estaban sobrellevando, Helmut, con quién había establecido una rivalidad, nuevamente le sonrió.

Viktor a su vez, se preguntaba que tanto estarían dispuestos a creer en lo que tenía para ellos, probablemente nada, siquiera él se lo creía, más como representante de Helsing quizás ¿debería de intentarlo? Fijo la vista en Heinz y su rostro, pero aquello solo le dio a entender que este hombre era un imbécil, por lo tanto utilizaría todos los argumentos que le hicieran ganarse su favor, era lo obvio, pero lo principal era sacar a Helmut de la habitación.

− Estamos al cuello con esto − finalizó Heinz dando un énfasis innecesario en su gesto de abatimiento, Viktor no se dejo engañar − como todo ha ocurrido este fin de semana, muchos de nuestros efectivos están de permiso aún, el tratar de reunirlos nos tomara mucho más tiempo, siquiera hemos podido identificar los cadáveres que hemos recuperado − Schrieber miró a Heinz aunque este no pudo notar el gesto de censura de su asistente, por lo tanto no noto cuando aquél punto en particular llamó la atención del muchacho. Fijo entonces la vista en Helmut.

− ¿Sería tan amable de dejarme a solas con Herr Heinz? − el gesto de fría molestia cedió a la gentileza y así salió de la oficina.

Fue un contratiempo para Viktor, el notar que el gobernador en sí, no era tan soquete como él creía, aún así no perdería la oportunidad que se había fabricado, lo mejor era intimidarlo, con todas las armas que podía utilizar; fama, poder político y popular. El poder intimidar a Heinz solo vanagloriaba a su propio ego, este gobernadorcillo que había desestimado la importancia de su familia, no se iría libre de aquella reunión, de paso también obtendría todo lo que él necesitaba.

− Integra − habló – el sacar a Integra Hellsing corresponde, como ya lo reiterado a una orden del ministerio de relaciones exteriores, dado el status de la muchacha, es importante que se mantenga su bajo perfil acá en la ciudad y bueno, de paso las relaciones con Inglaterra − Heinz no dejaba de mirarle intrigado, hilando los argumentos del muchacho, no ponía en duda la veracidad de ellos, ni de su misión, mas como todo político venido a menos que era, le había fastidiado la falta de humanidad mostrada por el muchacho hacia la tragedia que estaban sobrellevando, además de sus aires pedantes y superiores, para él, Viktor no era más que el afortunado hijo de papa, su primera impresión de muchacho prodigio se vio afectada cuando este en sustentación de su vanidad había opacado al de él. Mientras razonaba en esto escucho con atención todo lo que Viktor decía, buscaba para cada una de sus objeciones alguna respuesta burocrática que terminara por dejarle callado de una vez y establecido en la posición que él quería darle.

− Eso − dijo una vez que el muchacho hubiese cerrado la boca − puedo comprenderlo, mas usted busca colocarme en una situación incomoda jovencito…yo también tengo que responder a poderes mayores que él mío, además tenemos escasez de funcionarios…

− Si ese es su principal problema, solo déme la autorización, yo mismo puedo ir por Integra − Heinz fijo la vista en él como si fuese un idiota, el gesto no paso inadvertido para Viktor

− La autorización en el caso de extranjeros pasa por la aduana internacional…además la sola autorización del ministerio es un documento incompleto, el hacerlo según sus ideas, Herr Helsing me dará problemas a mí, a usted y al ministerio…− Viktor frunció el ceño… tendría que cambiar de táctica, como se hacia con los ególatras e idiotas, Heinz continuo – y aún así considero que es ridículo, el pensar que nuestras relaciones temblaran con Inglaterra solo por una chiquilla, sin importar el rango de esta…como yo lo veo, esta chica es pariente suyo ¿cierto? − eso era obvio, más Viktor, no había esperado aquella muestra de agudeza, asintió de todas maneras y le dejo continuar – son ustedes quienes quieren a la chiquilla en Berlín, no sé de que argumentos de habrá valido su padre para conseguir esta orden expresa, pero la ciudad no esta para servir los intereses egoístas de una élite, incluso si esta es apoyada − tomo la carta y leyó − por El Ministerio de Relaciones Exteriores Alemán − Heinz sonrió mostrándose desafiante y prepotente, sus enmarcadas y grises cejas solo de daban un aire de patética alegría, como la que se consigue al derrotar a un contrincante muy inferior. Viktor hubiera estallado a carcajadas, era un discurso rebuscado, el tratar de menospreciar la amistad de los Van Helsing, solo por mostrase digno. Como era un chico calculador, le dejo continuar, después de todo, disfrutaba mucho de aquellos arrebatos de voluntad intachable y deficiente verborrea insultante.

− Usted no me atemoriza ni preocupa, Mein Herr, si desde un principio, se hubiera mostrado más cortés − "siempre llegan a esto" se dijo Viktor, todos aquellos políticos eran tan sensibles... − creo que mi posición hacia Ud. Sería mejor

− Aquella respuesta no me sirve…es cierto que Integra Hellsing es pariente nuestra, eso se puede deducir fácilmente, más usted ya tiene sus ordenes, si las cumple, tal cual como usted dice, mein Herr, todos estaremos en problemas, más si decide no hacerlo el problema solo será suyo... por otro lado, se equivoca, no somos egoístas, pero si protegemos nuestros intereses − se coloco de pie y camino lentamente hacia uno de los ventanales de la oficina − no creo que quiera ser usted quién no haya autorizado su salida de este caos, solo por razones que se escapan de lo razonable. ¿Querrá dar esa explicación? − Viktor le miró fijamente, ya serio. Heinz sintió por primera vez que estaba siendo un estúpido, el muchacho tenía razón, ya de por si era un problema el que a algún extranjero le ocurriera algo en la ciudad, imaginar el escándalo que recaería sobre él si además de eso, se descubría que él negó la salida de la ciudad de aquella muchacha.

− Ya lo ha dicho − continuó Viktor − ambos respondemos a poderes superiores a los nuestros y bien sabe que aquellos poderes consideran de mayor valor las buenas relaciones bilaterales entre naciones que cualquier matanza, en cualquier lugar, su tragedia es horrible, pero su deber es su deber… − mientras observaba por la ventana, el chico noto lo agradable que le parecía la ciudad, solitaria y pensativa; fuera del caos de aquellos días, Hamburgo era conocida como un sitio tranquilo y pacifico. Volteo y miro a Heinz, a quién al parecer sus palabras ya habían comenzado a afectar, le sonrió con simpatía y continuo.

− Yo puedo ir por ella, no necesitara usar recursos de los cuales "escasea" siempre y cuando autorice su salida de la ciudad…

− Eso suena a sutil amenaza... − Víctor se contrario, por todos los motivos inexistentes Heinz quería hacerle ver como el adinerado déspota mientras que el se ensalzaba en la posición de justo líder.

− Ha llevado mis palabras muy lejos, unas cuantas sugerencias jamás podrían ser tomadas como amenazas ¿Acaso cree que yo solo estaría acá por un capricho familiar? Desde que llegue no ha hecho más que menos preciar todo lo que le he dicho − Heinz frunció el ceño.

− Según lo que yo veo, es usted quién no toma nuestra situación con la seriedad debida

− Por lo mismo debo sacar a esa chiquilla de esta ciudad… ya no es segura para ella

− ¿Y Berlín si?

− Al menos estará más cerca de las autoridades designadas por su tutores… − bajo entonces el tono Viktor y volvió a sus gestos amigables – considérelo, este gobierno teniendo en cuenta todas las dificultades por las cuales esta pasando, apreciara mucho su ayuda en algo como usted llama; tan "egoísta", por otro lado yo mismo puedo recomendar su buena voluntad hacia nuestra familia − Viktor se fijo frente a él- usted habrá de saber sobre nuestra generosidad… ¿Cierto? − Heinz no reacciono, más la idea cruzaba su cabeza, tal cual el joven se la hubiera ilustrado, los rumores en la política eran de todos los días de toda índole, y todos sabían lo que significaba el afianzarse con los Helsing.

Era una decisión inteligente, la cual tal vez podría volcar su carrera política a puestos mas llamativos para sus necesidades, sin demostrar señal alguna de haber cedido se coloco de pie.

− Tendré que ver el expediente de la muchacha, solo así podré evaluar que tan factible es lo que me pide − se encogió de hombros − ya conoce usted las complicaciones que se generan con los extranjeros…además si ella tiene un apartado diplomático…− Viktor sonrío, era la oportunidad para su verdadera petición.

− Mientras herr Heinz se encarga de todo eso… quisiera pedirle un favor en especial…aunque es directamente de mi parte… − Heinz coloco gesto aburrido, lo cual obviamente no hizo que Viktor retrocediera

− ¿Aún mas...?

− Vera Mein Herr, como este es mucho más simple de lo que cree

− Vamos dígalo de una vez…

− Necesito ver los cadáveres recuperados − Heinz abrió los ojos espantado, el oír semejante barbaridad, la moral le decía que no, más ya se había lanzado en todas sus suposiciones sobre el poder que obtendría si es que lograba llegar a los oídos de aquella familia, más la reticencia a obedecer a alguien que le resultaba tan desagradable, podía contra eso y más, entonces sonó el teléfono. Aquél ruido fue una bendición para el muchacho ya estaba harto de tener que tratar con aquél sujeto.

− Pide demasiado joven… − dijo antes de contestar, se llevo el auricular a la oreja y atentamente escucho, por las facciones que pasaron a dominar su semblante Viktor supo que era lo que ocurría, así como la satisfacción se hizo de él, al ver que trataba de colocar "peros" y "usted no entiende"….mientras más se repetía este acto, más ancha se volvía la sonrisa del muchacho, era lo que se merecía ese gobernadorcillo, que viera cual era la real diferencia entre Viktor y él. Cuando corto el teléfono y le miro, el rostro del muchacho tenía su habitual y calculada seriedad. Con fastidio tomo un papel y lo garabateo, coloco su firma y algunos estampados de su oficina, se lo extendió al muchacho con toda la fiereza de un león viejo ofendido, Viktor disfrutaba el momento cuanto podía

− Pregunte por Heinrich Bauer, el le ayudara − Viktor se apresuro a coger el papel, Heinz no quiso entregárselo de inmediato

− Escúcheme atentamente... No caeré solo si esto pasa a mayores…. ¿entendió? − Viktor asintió ante aquella amenaza que difícilmente podría preocuparle.

− Muchas gracias Mein herr Heinz − salió de la oficina triunfante, se topo con Helmut, quién a su vez llevaba el archivo de Integra en las manos, se sonrieron con cinismo, era obvio que ambos sabían que más temprano que tarde se volverían a reencontrar.

°~*OOO*~°

Tanto Danae como Alucard se vieron contrariados al tener que conformarse con no encontrar a Integra en la estación, de todas maneras, debía de darle el crédito que dictase a David, lo más probable, era que la muchacha ya estuviese en la ciudad, él se lo había dicho, recapacito entonces en lo estúpido que había sido ¿Qué otra razón tendría David, para enviarle fuera de la ciudad, mas que para encontrar él mismo a la muchacha? Maldita sea la hora en la cual la chiquilla le prohibiera el paso a su cabeza. Por otro lado el tener a Danae cerca le estaba resultando desagradable, cuando recordaba su historia con ella y el momento en que se enfrentara a los clanes por primera vez, entendía el por que le había utilizado, así como también las razones de ella para odiarle, pero ¿aquél amor sumiso y celoso que le profesaba? no aquello parecía sacado de la mente femenina más básica que jamás conociese, Danae no podía venirle con esos numeritos a estás alturas, se le hacia difícil el tratar de congraciar aquella actitud seductora con los dejos de celos que manifestaba por la muchacha, finalmente se volvía una mujer fastidiosa, falta de todo entendimiento y sabiduría, en ciertos seres como él, el peso de la inmortalidad se convertía en una tediosa carga, a veces llegaba la culpa o el placer, o la culpa por el placer, en fin cada cual era capaz de elegir que camino tomar, cualquiera llevaba inevitablemente a dos direcciones; la sumisión absoluta al destino de un inmortal o a la de su rebelión, la cual muchas veces terminaba en la desaparición de la faz de la tierra. En consecuencia de ello, se debería o al menos así se esperaba, el obtener algo de conocimiento sobre cualquier cosa, y ellos por sobre todas las criaturas. Pero Danae no mostraba avance alguno en ese sentido, era una mujer vampiro, mas mujer que inmortal, demasiado conforme con ello, astuta e inteligente a niveles insospechados, pero mujer al fin y al cabo.

Por su parte Alucard estaba justo en medio de aquellas dos direcciones, rebelándose ahora ya, del yugo al cual se atara y aceptando el hecho de que era tan despreciable como todos ellos; como Danae y David ¿Por qué siendo el tan poderoso demonio como era, debía de mostrar nobleza ante quienes le despreciaban, ante aquella chiquilla insolente? Sonrío para sí al recordar la escena y así de rápido desapareció el gesto cuando otra idea le cruzó la cabeza asustándole; siempre había sabido que era un mounstro, era de un estatus del cual disfrutaba, pues su reputación e historia completa estaba basada en su inhumanidad, en su gusto por hacer daño a sus enemigos y por la violencia ¿Desde cuando, entonces, había tratado de ser alguien aceptable ante los ojos del mundo? ¿Ante los ojos de Integra? Consiente de aquél agrado extraño que ella generaba en él, no pudo evitar concluir lo mucho que le había… ¿herido, molestado, decepcionado…? No podía encontrar la definición adecuada para esclarecer la creciente confusión que le había sobrellevado desde hace un par de días, aquello le hacía sentir muy, pero muy incomodo ¿Qué era? Si, aquél alejamiento a la fuerza impuesto por ella, en ese momento no lo había pensado pero aquello significaba dejar de verle, y había sido eso lo que finalmente trabajo a favor de la idea de matarle, más las constantes palabras de desprecio que Danae siempre le dedicara.

"¿Me estaba dejando manipular?"

La respuesta sonó tan inmediata como la razón, el dejarse llevar por las palabras de la mujer, había funcionado como detonante para todas las emociones… ¡no! reacciones que su cerebro le impulsara a tomar en cuenta o no, como fuere, eran la excusa perfecta para motivar su idea sobre la destrucción de Integra y no cargar la culpa de aquella injusticia ¿Desde cuando le importaba todo eso? El no era un ser piadoso, menos noble. Y aún así dejando de lado las ideas de "su propia libertad" y considerando que aquél desprecio, no era una idea proveniente de él, si no de la mujer, ya no le pareció tan excitante el matar a la muchacha, se considero indigno de su sangre y un traidor caprichoso. Noto entonces, con toda claridad, cuanto le había afectado aquél desprecio, real o imaginario, lo suficiente como para dejarse manipular tan torpemente por Danae, pensar en todo lo que había odiado… debió entonces detenerse abruptamente para tragar otra nueva idea, tan o más paralizante que la anterior, se le altero el pecho, y su cuerpo comenzó a reaccionar de tal manera que difícilmente se reconoció ¿Estaré enamorándome de esta muchacha? Fue como si todo se esclareciera de la nada ¿Por ello le había deseado cuando tomara a Danae? ¿Por ello se presentó frente al muchacho que pretendía a Integra, para abiertamente espantarle y en lo posible volverle loco? ¿Sentía celos de ese mocoso? ¿Era tanto su "amor" que la prefería muerta que lejos? ¿Por ello quería una excusa que no le condenara? No sabía la respuesta a ninguna de aquellas interrogantes, peor que eso, no entendía por que existían esas dudas en su ser como él, que estaba más allá de la línea del bien y del mal. Sacudió la cabeza con fuerza, quería que todo aquello desapareciera y lo único que se le vino con claridad fue la reacción de ella, nada tenía que decir sobre eso, aquél fuego desafiante y frío en su mirada, aquella amenaza tan cierta como poderosa, ¡En una chiquilla que aún tenía pesadillas de niño! Río con fuerza ante la ironía de toda esa situación; era simplemente adorable.

− Vuelvan… − escucharon ambos en sus cabezas

− ¿Y la chiquilla? − preguntó Danae, quién ya se había unido al vampiro.

− Ya la tienen − contesto él.

− Tiene razón − dijo David, − esta con nosotros ¿Decepcionado Alucard?- este sonrió como siempre, aunque su cabeza seguía confusa, Danae le observo con atención, a pesar de todo, prefería el mantener sus dudas sobre el comportamiento del vampiro, desconfiaba de su cinismo, aunque no podía predecir nada sobre él. Por otro lado Alucard, se mostraba impenetrable ¿Podía ser todo una actuación de él? No había muchas cosas por las cuales un vampiro debía de tomarse en serio, no existían las reglas en aquel submundo de demonios y bestias, solo de vez en cuando uno que otro poderoso clan o señor, establecía su propio juego a seguir, en este caso aquél que desease participar se atenía las reglas de este y sus consecuencias, mas no podía descifrar en que juego estaba participando Alucard, ¿En el de David, o en él suyo propio? Hablaba de darle muerte a su ama, mas no se mostraba tan efusivo con esa idea, como siempre lo hiciera con la idea de matar a cualquier enemigo, después de todo era su libertad lo que se jugaba, ¿Acaso aquella chiquilla le habría hecho cambiar?

− Todos cambiamos con el tiempo…deberías ver tu propio ejemplo antes de preguntarte eso sobre los demás − le sonrió el vampiro.

− Al menos en mi caso sería comprensible, pero ¿el creer que toda tu crueldad solo es una fachada? Mas que cambio me parece un argumento patético, para excusar tu falta de valor − Danae pronunció tan pedantemente estas palabras, que al vampiro le parecieron un desprecio y una burla.

− ¿De valor? − se quejó él – parece que no me recordaras….

− No hagas que no me has entendido – Alucard se extraño, era quizás una de las pocas veces en las cuales no entendía el doble sentido de aquella frase − ¿Estás seguro de que podrás darle muerte?... − Danae se jugó nuevamente por estás palabras, aunque su cabeza seguía rondando en las épocas anteriores en que le viera, cuando un escabroso recuerdo le tenía la mente y el rostro cerrado como en la actualidad. ¿Qué le habría hecho cambiar todo? Para todos era un secreto, y al parecer a él difícilmente le gustaba recordar. Finalmente la mujer agregó.

− Me parece natural el desconfiar de ti, nunca sabré si tus mentiras son verdaderas…o si tus juramentos son reales….

− ¿Te encanta ser humana no?

− No entiendo lo que dices… − Alucard sonrió al tiempo que se despojo de sus gafas, las pupilas carmín, perturbaron a la mujer, era el efecto que él quería darle, que ella viera lo diferentes que eran.

− De eso se trata todo tu espectáculo, supongo que David lo sabe − se coloco nuevamente las gafas y procedió a continuar su camino, Danae se guardo su extrañeza y con indignado tono le dijo

− Lo sabes todo ¿no? − Alucard se detuvo y espero a que ella se acercara, de alguna manera le gustaban esos jueguitos de la mujer, en los cuales parecía ceder a su encanto y belleza, para solo terminar humillándole y recordándose a si mismo, cuan predecible era y cuanto más habría esperado él de ella. Danae quién no era capaz de notar todo esto, solo siguió, extendió su mano a rostro del vampiro y paso el índice por sus mejillas marcando sus pómulos y rozándole levemente los labios − Dime entonces ¿Cómo mataras a la muchacha? − con un rápido movimiento, Alucard le cogió de la muñeca con fuerza, la atrajo hacia sí y con su mano libre le tomo del cuello.

− Te sobreestimas demasiado, ya te he visto, no debo de preocuparme por ti − era una burla directa y abierta, la cual reflejo rápidamente en su rostro la vergüenza e ira. Se quedó observándole mientras se alejaba, se rememoro todas las humillaciones y ultrajes que este conde le hubiera hecho y con aún más pena recordó como ella había vuelto a él, para nuevamente ser desplazada, si era ira la que tenía, y la impotencia de verse sobrepasada por alguien que en una batalla solo jugaría con ella, la terrible idea de tener el poder, pero no el suficiente como para acabar con el sufrimiento, eso le carcomía más que la devoción que él mostraba hacia Integra.

Para el vampiro resultó ser mucho mejor el que David encontrase a su ama, le pareció que el haberle expuesto a esa perra loca y celosa hubiera sido un problema, así como el haberse dejado engatusar tan fácilmente por su dulce veneno, se encogió de hombros pensando "¿Qué más da?" esta batalla parecía ser grandiosa o al menos se encaminaba en esa dirección. Pensó en su ama, en su bella y joven ama

"¿Estás preparada Integra?"

Las sombras comenzaron a desaparecer en cuanto la estación se ilumino con los focos que ceden el paso al sol, con ellas desapareció el vampiro, la noche sería espectacular, los truenos resonaron en la lejanía, la tormenta se acercaba a ellos.

°~*OOO*~°

Dante se quedó dormido a los pocos minutos de tomar el autobús, al momento de subir, todos notaron que el muchacho no estaba bien, apestaba y tosía constantemente, mejor para él, no quería gente cerca, se sentó al final del autobús, trato de mantenerse alerta, o era al menos lo que sentidos le exigían, oía y podía oler todo a su alrededor, las imágenes del resto y del bus en si le resultaban lentas y borrosas, un murmullo le parecía el grito más desenfrenado y el raspaje de los zapatos en el metal del suelo, le crispaba los nervios, aún así guardo silencio, apoyo los brazos en el asiento de enfrente y en ellos escondió el rostro, su cuerpo se negaba a responderle, bueno era mejor que los ardores que hubiera estado sintiendo hasta esa tarde, fue así como cayó dormido, extrañamente se sentía más consiente que nunca, podía notar como su respiración variaba dependiendo de las diminutas corriente de aire frío que le atacaban como verdaderas ventiscas de hielo, pudo, sin necesidad de mirar, descifrar cuantas personas habían en el autobús, de parte estaba más helado, quién era el mas alterado de todos, los diferentes tonos de voz, le indicaban mucho y los rápidos o lentos movimientos que hicieran denunciaban sus estados de animo. Para cuando se hubo quedado dormido, sintió como su cuerpo semi inerte golpeaba el exquisito y frío suelo, cosa que no le pareció en lo absoluto desagradable.

Todo se volvió nieve, como los campos de la escuela en esas fechas ¿O era que estaba ahí? Los patios y los lagos, reconoció el cuchicheo de los pasillos en las horas de clase y los pasos rápidos y ágiles de todos ellos corriendo, en una ya lejana época, cuando recién llegase. Se levanto de su cama para ir al estudio, era esa habitación anexa a la de él, en la cual Lucian solía encerrarse a hacer sus deberes, él estaba recostado sobre contra el respaldo de la silla y fumaba su pipa mientras leía atentamente un papel, la silueta que se formaba contra luz le dio la vaga idea de un hogar, la sombra alta de su hermano, le pareció, sin embargo oscura quizás demasiado, por el rabillo del ojo se le coló una fugaz e intimidante figura, se movía de manera errática, cuando volteó Lucian también la observaba, fue hacia la puerta y la abrió, por ahí huyó aquella sombra. Fue como si todo lo entendiera de pronto. Lucian lo veía todo, o al menos mucho más de lo que parecía ¿Se habría percatado él de el cambio en Amy? no, si Amy podía haberle hecho eso a él, sin que él mismo lo notara hasta que ya era muy tarde, significaba que esa muchacha tenía mucho más poder del que pudiera imaginarse, rió dentro de su sueño, o tal vez también lo hizo fuera de el. Despertó con un vago ataque de euforia, el cual le permitió colocarse de pie, ¡era una completa revelación! Y eso de alguna manera le animo, tenía el mentón entumecido, miró a su alrededor y noto que solo dos personas quedaban en el autobús, faltaba poco para llegar a la ciudad, el malestar se había ido, así como los estruendosos ruidos que le perforaran la cabeza, se miro las manos y noto que estaba palideciendo, había visto ese síntoma antes, cuando en plenos partidos su presión bajara debido a una calma repentina en su actividad, lo más probable es que hubiera sufrido alguna alza repentina debido a lo débil que se encontrara, jugarretas del cuerpo humano, para mantenerse consiente, vino entonces el hambre, así como el cansancio, pero primero el hambre y con más fuerza desde luego le llamó a colocarse de pie y pedir la parada, faltaba poco para llegar a la estación, mas ya estaba en la ciudad, dio el aviso y lentamente el autobús comenzó a detenerse, cuando las puertas se abrieron Dante sintió un shock eléctrico, que le recorrió desde la planta de los pies hasta la corona de la cabeza.

Todos sintieron el golpe, el muchacho que viaja en el autobús, asomo la cabeza por la puerta al notar fugazmente lo que había ocurrido, una mujer que también viajaba ahí, se llevo la mano a la boca ahogando un grito angustiado, el chofer que había visto todo por el espejo retrovisor no tardo en colocarse de pie y dirigirse a la puerta trasera. Como era un hombre decidido, bajo los escalones, le siguió el muchacho, la mujer corrió a pedir ayuda, dos hombres le siguieron, cuando llegaron miraron al chofer quién era el más cercano a Dante, este les miró con gesto abatido y negó con la cabeza

− Esta muerto − les dijo. Lo demás fue puro protocolo, llamaron a la policía, y sacaron una manta para cubrir el cadáver, muy pocos estaban ahí a esa hora, así que no hubo público que observara nada, era lo mejor, la ciudad se había llenado de tragedias aquél fin de semana.

°~*OOO*~°

Integra despertó asustada, aunque aquello pronto se trasformo en alivio, al notar que estaba viva, no había borrado ningún recuerdo, entonces alertada por sus propias conclusiones se llevo una mano a la base del cuello, no encontró nada, solo le chichón que Therios le dejara, quizás si no hubiera presentado resistencia, si se hubiera dejado llevar aún tendría sus armas, aunque aquello era improbable, lentamente sus ojos se adecuaron a la oscuridad, no tenía sus gafas, así que todo se le complico un poco más. Había perdido la noción del tiempo, lo único que se evidenciaba como obvio era la inminente y nocturna tormenta que azotaba la única ventanilla que existiera en aquella habitación, se acerco a esta y utilizando los pocos muebles de los cuales disponía se encaramo para observar el exterior, estaba descalza, en un sótano y en lugar que desconocía, solo algunos árboles pudo diferenciar en el exterior, y eso si es que su vista no le engañaba, escondió rápidamente el rostro, al notar que extraños seres recorrían lo que parecía ser un jardín, no podía diferenciar sus formas, brazos extremadamente largos, creía ver, aunque jamás podría asegurarlo. Tropezó varias veces mientras recorría y reconocía su habitación, fue así como encontró su abrigo y en los bolsillos de este algunos objetos personales; las llaves de su cuarto y un bolígrafo, se cubrió, pues el frío comenzaba arreciar, no tenía muchas ideas fijas o un plan con el cual apoyarse, no sabía donde estaba y lo que más le desesperaba era el no tener idea sobre a que atenerse.

Ya mas calmada y despierta, habiendo reconocido toda la habitación se dirigió a la puerta, sabía que estaba cerrada por fuera, era lo obvio y evidente, aún así fue, extendió los brazos para sentir la pared cercana y calcular la distancia, había un extraño cortinaje por toda la habitación, comenzaba mas o menos a la altura de su cabeza y terminaba en sus muslos. Integra investigo alguna hendidura o ladrillo suelto bajo aquello; no encontró nada, solo fría piedra, muy bien unida –aunque ella en sí, no se consideraba experta en fugas- cerca de la puerta sintió un relieve que estancó por segundos sus dedos, sin avanzar mucho sobre el resto de la pared, extendió su mano izquierda y cogió el picaporte, solo entonces llevo ambas manos a este y trato de forzarlo, la puerta no se movió, ella lo sabía, era "lo obvio y evidente", aún así se frustro al notarlo, como si todas sus esperanzas dependieran de ello, la excusa fue perfecta, podría de una vez deshacerse de toda la tensión que había acumulado aquél día.

Furiosa encajo tres poderosos puntapiés en la puerta, no grito, no gimió, ni se quejo, solo golpeo con toda la fuerza que su cuerpo le prodigaba, golpeó con rabia e ira, las paredes retumbaron ante aquél esfuerzo inútil, pronto ese murmullo se perdió y la muchacha se dejo caer sobre el alfombrado suelo de rodillas, como un niño muy cansado para hacer nada, con gesto abatido escondió su rostro en la palma de su mano para luego recostarse; no había nada que pudiera hacer y aquella simple verdad le carcomía toda la voluntad, estaba atrapada y no tenía la suficiente fuerza ni habilidad como para lograr nada por si misma.

Alucard estaba anonadado, llevaba horas viéndole dormir, la curiosidad se había apoderado de él al verle despertar tan asustada y exaltada ¿habría sido una pesadilla, estaría él en ella? Le vio recobrarse y buscar una solución a su situación, le vio encaramarse para luego "esconderse" de lo desconocido, mientras buscaba o reconocía el lugar, vio como sus rostro se contorsionaba en fríos gestos razonando y seccionando ideas, ojala hubiera podido verlas, entonces le vio recorrer las paredes, jamás lo admitiría pero se coloco ansioso, vio como la chiquilla acercaba el rostro, la vista, las manos, como acariciaba aquellos rincones en busca de una abertura que le diera una opción de libertad, le vio apoyar la frente para buscar una corriente de aire, él quería estar ahí, quería ser parte de esa estúpida pared, sería la única manera de saber que se sentía el tacto de la muchacha. Integra paso a centímetros de él, él movió la piedra y se dejo tocar por ella, cerró los ojos y solo dejo que su cabeza vagara en todos los pensamientos que le hubieran atormentado aquél día, no…no había sido solamente aquél día, si no que todas las últimas semanas. La muchacha se alejó, mudo y sonriente vio con encanto aquella fuerza, entonces la chiquilla se dejo caer, ahí quedó anonadado, creyó firmemente que le vería llorar, mas se encontró nuevamente con aquella cabeza razonándolo todo, al parecer no había cambiado tanto en aquél tiempo en que no se vieran ¿Cuánto habría aguantado para llegar ahí? ¿Le habrían hecho daño? Le molesto el verse tan preocupado, eso solo acentuaba sus dudas hacía ella, además aquél arrebato para sentirle no había sido inteligente, después de todo ¿de que le servía el dejar que aquella sensación creciera cuando no existía opción alguna en ningún sentido?.. Además era tan pequeña. ¡¿Por qué le fascinaba tanto? En tratar de responderse aquella pregunta se quedó nuevamente observándole, en silencio decidió tal cual ella lo hacia racionalizarlo todo, ahí le vio, escucho como golpeaban la puerta, como ella levantaba la cabeza y se colocaba en alerta, sin responder fue por un banquillo y se coloco tras la puerta. Espero y esta se abrió, no vio ninguna cabeza asomarse, mas para Alucard, Therios se movió con tanta calma que le pareció ridículo, de la nada Integra era sujeta de una muñeca y alzada en el aire, el banquillo cayó al suelo y su rostro quedó frente al de Therios.

− Deberías aprender a quedarte quieta − dijo, no espero respuesta y la muchacha tampoco se molestó en dársela, solo recibió una fría mirada, cosa que le hizo reír de manera gutural, como siempre. Integra no dejo de estremecerse más nuevamente no evidenció nada. Therios aguzo la vista tratando de descubrir los secretos de aquella chica tan interesante, Integra si no lo noto, fue capaz de percibirlo, estaba a punto de ser expuesta o quizás controlada, estaba indefensa, pero no se quedaría en eso. Con su mano libre empuño su bolígrafo y atacó, nuevamente al vampiro, el insignificante objeto se deshizo antes de llegar a su objetivo.

− Siempre estás lista ¿no? − Integra no contesto, Therios le lanzó a la cama como si fuera una muñeca de trapo, la muchacha se temió lo peor, él río hundiendo toda la habitación en aquel ruido − Tienes una cabeza muy vivaz… − le dijo.

Alucard se estremeció, el rostro frío y fijo se transmuto en un rictus de alarma e ira.

Tal cual Integra lo creyera, Therios se hinco sobre la cama, sus brazos alcanzaron una longitud anormal, así mismo como un tercer brazo apareció de la axila derecha, una de aquellas manos se fue al rostro de la joven mientras que las otras dos sujetaban sus combatientes brazos, fuera del escándalo que la muchacha hacía, le mordió un par de veces la amorfa mano, para sentir con asco como toda esa masa se deshacía en su boca para volver a tomar forma aplastándole los labios o la nariz. Trato de hacer fuerza con las piernas para evitar que él se acercara más. Alucard no lo pensó más, en el punto de ebullición en el cual se encontraba salió de las sombras y noto confuso como Therios, quién tampoco se había percatado de su presencia extendía su cuello hasta dejar nuevamente su rostro frente al de la muchacha, tal cual como le forzaba, tenía el cuello de la chiquilla, a su merced. Alucard no pudo dar más de dos pasos, cuando la misma oscuridad de la que provenía le atrapó y sujeto.

"No harás nada" escucho.

− Maldito − mascullo seguidamente

− Yo me haré cargo de esto…− impotente de momento, solo puedo fijar la vista llenándose aún de rabia, al ver aquella bestia sobre su ama.

− Veamos por que David te quiere tanto − solo entonces su rostro pareció tomar forma, los colmillos sobresalieron y una extensa sed babeo por ellos hasta caer fría sobre el rostro de la muchacha.

− Bastardo − le dijo ella, con contenida ira

− Hasta que decides hablar − hizo presión la muchacha y tratando de usar toda la fuerza que disponía para quitárselo de encima, mas ¿Cómo hacerle frente a un ser tan poderoso? entonces el vampiro no resistió.

− Aléjate de ella Therios − escuchó ella en una voz quizás familiar, pero irrelevante y olvidada, Alucard observo la entrada y la pequeña figura de Amy, le alivió al ver que se hacía presente, Integra le vio con la misma extrañeza como si viera a Dios ¿Qué hacia ella ahí? Amy sonrío, al tiempo en que Therios se deshacía para tomar forma fuera de la habitación, Integra no tardo en incorporarse, Amy traía sus zapatos con ella.

− Bienvenida − le dijo, sin dejar de sonreír.

Integra estaba desconcertada, tenía tantas preguntas y ahora todas se habían multiplicado al ver ahí a la muchacha. Alucard fue liberado, mas supo que debía de permanecer escondido.

− Vamos − le dijo Amy a Integra, extendiéndole la mano, Integra no devolvió el gesto, solo le siguió.