Capitulo XII:

Traición.

A Lucian le ardía el rostro por completo, así que las frías baldosas de piedra, le parecieron una bendición cuando se estrelló en contra de ellas. Llevaba, según sus cálculos, unos veinte minutos recostado, verdaderamente cansado. Las gotas intermitentes le mantenían despierto y atento. Trataba de hacerse una imagen mental de su rostro pero no lo conseguía, nuevamente apelando a su cabeza y en base a las sensaciones que experimentaba, se dio cuenta que su tabique era una masa de dolor punzante que le atizaba cada vez que osaba a respirar por la nariz, tenía que turnar esa cavidad con su boca, la cual no se había librado de la gigantesca pateadura recibida; el aire frío se metía por las aberturas de sus encías, rozando las piezas dentales expuestas, sensibilizándolas al máximo. Sentía la espalda extraña, así como sus costillas, pero todo aquello solo era dolor, en su situación era realmente un alivio el entender que nada importante estaba roto.

— Hijo de Perra…— murmuró. Cualquier movimiento que su hinchada boca hiciera, solo le hacia sentir dolor, mas no quería, ni podía utilizar ningún otro epíteto para el vampiro que no fuera ese, menos después de recibir semejante paliza de parte del sirviente de la muchacha.

Su memoria en aquél momento no trabajaba bien, pero aún estaban marcados a fuego, los momentos en que comprendiera que la traición era inminente, su interior egoísta había experimentado una sensación de alivio y dicha que no tardó en recriminarse. Si bien era la excusa perfecta para que ella voluntaria y definitivamente decidiera alejarse o alejarlo, pronto llego a la conclusión de que si el vampiro ya no estaba de su lado, él también podría ya darse por muerto. Cerró los ojos dolorosamente, para dejar escapar las rabiosas lágrimas que le inundaban. Recordaba con impotencia y frustración la viveza con la cual Integra había defendido su confianza en semejante ser, y lo desolado que se había sentido al notar cuan secundario era en su vida. Pero ahora no estaba en posición de dejarse abatir por el rechazo, quizás más golpeado y aturdido que nunca, entendía que el llorar, tal cual lo hacía en ese momento, no ayudaría en nada. Había visto la llegada de la muchacha inconsciente, le había llamado para despertarle y con dolor vio la enmudecida y fría reacción del vampiro al verla.

— ¡Ahora no reaccionas pedazo de mierda!

Con dificultad se coloco de pie (tenía los brazos atados a la espalda desde los codos hasta las muñecas) y así como lo había hecho desde hace horas, tomo el vuelo suficiente, maldijo nuevamente al vampiro y se lanzó con todas sus fuerzas contra la puerta metálica.

A cada golpe que resonara en su prisión, cada vez que estrellara su cuerpo contra el metal, revivía con fuerza cada uno de los golpes que Alucard le diera, por alguna razón sentía que el vampiro se había controlado, de otra forma él estaría muerto.

Tal vez no vería morir a la muchacha y esa rabia le ahogaba la garganta, se detuvo y apoyo la cabeza contra la fría puerta.

— Integra… — murmuró en un puchero que pronto se perdió, sonaron truenos el techo anego el suelo dejando pasar libremente a la lluvia que arreciaba en forma de tormenta aquella noche. Se sentía tan apegado a ella y aunque no fuera reciproco, aquél sentimiento de dicha que experimentara a su lado, más todos los recuerdos que le trajera su figura, así como la firme idea que su corazón le repetía: de que ella sería su primer amor.

Después de haber admitido todo eso, respiro nuevamente con fuerza, cerró los ojos y recordó.

— Ahora no hablas, ¿cierto? — le dijo a su huésped.

°~*OOO*~°

Las horas anteriores a aquello, se había vuelto loco. Comportándose de manera errática y cambiante; a ratos se mostraba alegre de ver que iban al encuentro de Alucard y en otros tantos se mostraba asustado y vacilante.

Tú sabes que no puedes enfrentarle… — le decía

— Tendrás que mostrarte — le interrumpía con decisión

¿Disculpa?

— ¡Ya me has escuchado!

No sé que es lo que planeas….

— Eso no es importante… ¿Entiendes lo que digo?

No.

— Tengo que hacer que no me mate, tienes que hacer que no me mate — entonces su huésped comenzó nuevamente a despotricar contra semejante idea, aludiendo a la locura de la misma, semejante discurso tenía harto al muchacho, a pesar de que su ser interno tenía razón; el arriesgarse a ello solo era una estupidez, consiente de que talvez, debería ser más optimista dedujo dos cosas; o Alucard ya estaba en camino de encontrar a Integra, cosa que de todas maneras le beneficiaba –pues podría seguirle- o en su defecto, y esto le pareció lo más probable, él le encontraría y Alucard aludiendo a su poder, le volvería loco, o quizás apiadándose de su insignificancia le enviaba de vuelta a la academia. Era la mejor manera de verlo en aquél momento, aunque todo su ser le decía que aquello no era posible, todas las partículas de su cuerpo le indicaban que todo iría de mal en peor y por como su huésped se estaba comportando le parecía esta, en contra de todo razonamiento positivo, la manera más obvia en la cual terminarían las cosas, entonces la discusión continuó.

No puedes obligarme a hacer eso, no te das cuenta que nos colocas en peligro…

— De cualquier manera ya lo estamos, Alucard sabe lo que somos

Quizás deberías dejárselo a él, es evidente que es mejor para esto que tú

— No confío en él

Ella si lo hacía

— ¡Yo no soy Integra…!

¡Pero que testarudo….! ¿Que te hace pensar que al saber lo que somos no nos matara…?

— Tú me ayudaras en eso…— entonces el cuerpo del muchacho cayó al suelo como un muñeco inerte, trató de hablar, pero no el salió la voz, su respiración se volvió dificultosa y su corazón pareció acelerarse.

¿Así que ya lo has notado? — Lucian dio un largo suspiro, tratando de llenar sus pulmones con aire y recuperar el movimiento de sus miembros, haciendo un esfuerzo supremo contestó:

— N…o….Nnn…No…f…fue….di…fi...cil — sintió entonces como su interior se encogía en una dolorosa punzada de hielo — ¡Mier….! — exclamó tratando de recuperar el aire — fuiste muy… evidente — finalizó con rapidez para volver a respirar

Bueno, ahora que lo has descubierto, sabrás que no me moveré para ayudarte

— No…no tie... nes otra op... ción — tosió el Lucian, nuevamente su cuerpo se volvió acero fundido, obligándole a caer por el extraño peso en su interior.

¿Estás seguro muchacho? — esta vez la propia voz le pareció tan escalofriante que dudo, junto a todo aquél dolor, el intentar colocarse de pie. Mas viéndolo crípticamente debería acostumbrarse a tratar con semejante escoria, quizás él nunca lo hubiera querido, pero ya que la vida estaba tan interesada en jodérselo, no le daría el gusto de hacerlo gratuitamente.

— No…no... sabes con... quién te metes… imbecil... — su propio desafío se vio cortado por un poderoso grito de dolor. Quienes le vieron se apartaron rápidamente, estaban ocurriendo cosas extrañas en esa ciudad. Cuando este ceso, Lucian cedió a la rabia y desesperación — ¡MALDITO HIJO DE PERRA! — gritó cuando recuperó la respiración.

Es tú culpa por desafiarme, si insistes muchacho, puedo hacer esto por muchas horas — Lucian trató de colocarse de pie y solo forzosamente logró hacerlo

— Te has equivocado de Wilbanks, bastardo — sacó entonces el arma y sin ser notado se la colocó en el mentón apuntando hacía su cabeza — Si yo muero, tú mueres — su huésped guardo silencio para luego estallar en una poderosa carcajada

No lo has pensado bien muchacho, acaso te quedaras acá muerto solo por desafiarme ¿qué tanto podrás ayudar a Integra así? — Lucian rió para sí con extraño gesto

— Tienes razón... — cambió entonces la posición del arma y apunto el cañón a la base de su cuello, amenazando su espina — Hay un cincuenta por ciento de probabilidades de que muera… ¿Quieres arriesgarte? —

¡Ja! Puedo tomar el cuerpo que quiera — Lucian rió con ironía y luego agrego

— Eso es mentira, tú lo sabes al igual que yo, la única razón por la cual lograste "entrar" en mí fue gracias a que Alucard, anuló mi cabeza, de otra forma ya hubieses dominado a cualquier otro — en aquél instante Lucian notó que su huésped no era tan listo como él creyera. Si era un demonio, opción que había barajado desde que notara su condición, fácilmente podría haber escapado al notar algún problema, como por ejemplo el encuentro con Alucard. Pero considerando los datos que había obtenido en base al errático comportamiento de este, solo llegó a una conclusión algo básica, que no era un demonio y que al parecer su había visto obligado a permanecer en él. Lucian lo explicó de aquella manera, sin dejar de amenazar su integridad física.

— Además, no puedes leer mi pensamiento, ni controlar mis movimientos — hubo un largo silencio entre ambos hasta que el muchacho habló — Ahora que estamos en el mismo barco exigiré tu ayuda.

Me deberás una, muchacho…

— No te deberé nada... — finalizó Lucian.

Caminaron un par de cuadras, antes de que todo el interior del muchacho se pusiera a dar saltos

Cuando des vuelta a la esquina te toparas con él… — Lucian se detuvo y respiro hondo, escondió el arma que tomara en la estación y avanzó. No vio nada ni a nadie, pero era detectable por todo el alboroto que sentía en su interior.

— ¿Cuál es tú nombre? — preguntó en voz baja

Eh…— esta pareció tomar por sorpresa a su inquilino – la última vez que trataron de llamarme lo hicieron con Edward — a Lucian le dieron ganas de reír, pero se aguantó al escuchar los lejanos pasos discordantes de Alucard y Danae, obviamente en ese momento él no sabía que eran ellos, pero les escuchaba, otra ventaja de tener a Edward de su lado.

Ahí vienen…— dijo, Lucian dirigió la vista hacia donde sus "instintos" le indicaban, solo en ese momento le resulto más fácil el dominar las sensaciones que el miedo de su huésped le generara.

Muy bien…vamos — habló encaminándose hacia donde Edward le indicaba.

°~*OOO*~°

La alta figura de Alucard pareció emerger de las sombras, tras él Danae debió apresurarse para quedar al mismo paso, juntos parecían ángeles caídos en desgracia, que flotaban por sobre los pasos de todos los mortales, lo veía así sobre todo al notar a Danae, quién le pareció la mujer más bella que jamás conociera, pero su interior le advertía agitándose y advirtiéndole de no acercarse a ella.

Si bien este había aceptado a ayudarle, aquello no significaba que quisiera estar a distancia de tiro de esos dos, así que entre más se acercaba Lucian a ellos mayores eran sus deseos de retroceder y desaparecer, mas aquel maldito cuerpo, aquel maldito niño se lo impedía.

¿Qué harás? — le preguntaba titubeante al muchacho, notaba como este hacía acopio de la voluntad que le quedaba para obviar aquella escalofriante figura, que sabía podía ver. Para mantenerse cuerdo y fijar sus ideas buscando obtener al menos una pista sobre la muchacha.

— Lo que sea necesario — contestó.

Edward, consiente que aquel muchacho solo se valía de su poder para atreverse a enfrentar al vampiro, se dejo ver. Extendió toda su "energía" para llenar una a una las cavidades físicas y perceptivas del muchacho, además de fortificar su resistencia para aquél débil cuerpo. De todas maneras interesado en su supervivencia, previó que no le sería posible viajar en busca de algún cuerpo, si es que Lucian moría en aquel encuentro, así como su esencia sería vista por ambos inmortales, quienes no dudarían en despacharlo. Si, muy a su pesar debería de mantener al muchacho vivo, ya que no había podido enloquecerle para apoderarse de él, ya que no podía escapar, no al menos ahora. Solo le quedaba mantenerse y mantenerle a él con vida.

La reacción no tardó en manifestarse, tanto los vampiros – quienes giraron sus vistas de inmediato- Así como el propio muchacho; su cuerpo sepultó ser un hervidero de sensaciones, todas estas provocadas por las reacciones que él creía controladas, desde la fricción de papel que provenía de las facciones de Alucard, hasta oler las pestes sutiles que emanaban de aquellos dos muertos cuerpos, parados frente a él. Todo le resultó caótico, sucio, frío. Mas decidido como estaba, solo una idea fija fue capaz de mantenerle en pie. A medida que se acercaba a ellos, notó como todo le indicaba que ella, solamente ella, era una de ellos.

"¿Por qué Alucard le acompaña?"

°~*OOO*~°

Alucard por su parte sufrió una insignificante conmoción al reconocerle, recordó aquél último momento al lado de su ama y sonrió. Supuso que el muchacho dentro de todo su nauseabundo virtuosismo, había optado por interpretar el papel que tanto él como vampiro, así Lucian como hombre, le habían asignado. Aunque al verlo se preguntó que tan efectivo sería al protegerla; misión en la cual ya había fallado. Además de que en cierto modo Integra le había alejado debido a él, debido a ese insignificante humano. De todas maneras le irrito el notar que había "aumentado" sus habilidades al punto de hacerlas molestas y visibles. Le vio encaminarse hacia él con paso arrogante y decidido, ¡Como le hubiera pateado las bolas hasta dejárselas en la garganta! Al parecer si estaba interesado en su ama, mucho más de lo que él imaginaba.

— ¿Quién es?- preguntó Danae al ver que desviaba sus pasos hacia ellos.

— Nadie… —contestó secamente el vampiro.

Lucian fijo la vista en Danae por sobre el hombro de Alucard hasta verla desaparecer tras la figura de este.

Debes estar atento a ella... — Advirtió Edward

— Lo sé — contestó mentalmente el muchacho

— ¡Se han llevado a Integra! — dijo cuando tuvo a Alucard lo suficientemente cerca, Danae también le escuchó

Cuidado…

— ¡Tenemos que ayudarle! — le espetó el muchacho, solo entonces el vampiro pareció reaccionar. A Lucian le recorrió un escalofrío, al notar su mirada tras las gafas.

Esto no es una buena idea — susurró Edward

— ¿Sabes quién? — preguntó finalmente Alucard

Cuidado…

— La mujer que te acompaña es uno de ellos

¡Cuidado, ahí viene! — Lucian no entendió bien aquel mensaje, se le hizo confuso principalmente porque su cuerpo se contorsiono de extraña manera, doblando su espalda hacia atrás para ver sobre si la delgada extensión de lo que era el brazo de una mujer, sin saber cómo, giro por el suelo y vio Danae a pocos centímetros de la que había sus posición frente a Alucard. Alterado por lo ocurrido, fijo la vista en ambos inmortales.

— ¡El ya lo sabe! — exclamó ella — así como tú sabes demasiado — finalizó en amenazante tono hacia el muchacho.

Desapareció.

Lucian, movido por la habilidad de su huésped, alcanzó a esquivarle a medias, para de la nada ser detenido con fuerza de la cabeza, de aquella misma manera sintió una punzada de hielo atravesarle el cráneo y el cuello. Cuando logró notarlo, se lamentó verse a merced absoluta de Alucard, era esté quién le retenía con fuerza de acero. El vampiro le sonrió.

Lucian se maldijo ¿Hasta ahí llegarían sus intentos?

— ¿Qué haces? — preguntó Danae

— ¿Qué es lo que tú haces? — dijo el vampiro

— Es obvio, hay que eliminarlo — Alucard torció el cuello del muchacho para fijar su vista en la de él. En su interior se agitaba el pánico, Edward alterado no paraba de gritar:

¡Me verá… caerá sobre mí!

— Yo me encargaré de él — dijo Alucard, Danae hizo un gesto indefinible con las manos, al momento en que exclamaba:

— ¡David no le permitiría!

— ¡Cállate! — contestó el vampiro, sin dejar de fijar su vista en el muchacho le habló.

— Habiendo sabido todo eso ¿Qué pensabas hacer? — Lucian apretó los dientes y bajo la vista, la sola idea de mantenerla fija en las pupilas del vampiro le torcía la cabeza.

— ¡Contesta! — exclamó riendo

— ¡Púdrete bastardo! — le gritó el muchacho desafiante. Alucard dobló aún más el cuello del muchacho a modo de reprimenda.

— ¡Ayudar….! — gritó Edward, obligando a Lucian a decirlo, Alucard rió con fuerza.

— ¿Y crees que así lo lograrías? — Lucian bajo nuevamente la cabeza, negándose a contestar.

Le molesto al vampiro notar lo orgulloso que era, a pesar de la muerte inminente no parecía tenerle miedo, incluso viéndole tal cual era, sin ese disfraz de humano que todos vieran en él.

Era un joven valiente.

"Mierda…"

Era un joven noble.

"Mierda…"

Y era el amante de su ama.

"¡Mierda!"

Entre más recordaba esa expulsión, más se lamentaba que fuera por él. ¿Qué más podría esperar? Integra era mujer, en una edad en la cual él ya se había desposado. Y menos que lo que ese muchacho ofrecía no debía aceptar. Estaba bien entonces que le eligiera a él como su compañero, sería la única opción que ella tendría de una vida normal. Aunque aquél argumento no hizo más que ofuscarlo, después de todo Integra no era normal, y quizás si… si era parte de su destino el darle muerte a la muchacha, una digna y extraordinaria muerte propia de ella, para que fuera recordada por siempre, como ella, Integra Hellsing, quién sometió, verdaderamente al mounstro que él era.

— ¡¿Crees que lo lograrás? — le gritó, antes de lanzarlo varios metros, Danae le miraba sorprendida, aún no entendía que había hecho el muchacho para alterar tanto al vampiro. Alucard no se hizo esperar y tan rápido como Lucian toco el suelo, lo volvió alzar, esta vez del cuello presionándole con la misma fuerza de antes — ¡Tú jamás podrás protegerla! — le dijo riendo con burla — ¡Porque yo seré quién le de muerte! — le miró fijamente, de aquella manera pensó en inutilizarle, volverle loco de una vez. Era solo un humano y sería fácil para él, hacerle ceder al pánico, someterle y deshacerse de él, una vez por todas.

Pero no fue así.

Lucian le miró con espanto, al momento en que su ira se vio sacudida ante semejante traición. A la fe de su amada y quizás a la única opción de salvación que podía pedir para ella. Edward entonces se volvió eufórico, impulsado por el terror y su espíritu de supervivencia, así como su natural esencia, no le pareció mal el luchar, así sabría qué tan útil podría resultarle el cuerpo de este muchacho, una vez que se dejara manipular. Le obligó a alzar ambos brazos y sujeto la muñeca de Alucard.

— ¡Hijo de perra! — dijo, antes de anonadar a ambos inmortales, separando la muñeca de la mano. Alucard fue lo bastante osado como para reír; complacido y alegre ante semejante demostración.

Danae a quién no le interesaba en lo absoluto el papel del muchacho en aquella historia, le embistió con tal fuerza, que este se les escapo a ambos varios metros hasta azotarse con fuerza contra una pared, aquello fue suficiente para que la ira diera paso al aturdimiento, aún así fue capaz de esquivar y cubrirse de los muchos ataques que la mujer le propinara. Aquello excitó aún más las ganas de Alucard, de dejarles las bolas en la garganta.

— ¡Déjame a mí! — gritó a la mujer, al momento en que una fétida ráfaga se posaba tras Lucian. Lanzó Alucard, aquél manotazo que alguna vez arrancará de cuajo los rostros de los secuaces de Richard Hellsing. Su frustración aumento al notar que no había obtenido el mismo resultado con aquél muchacho, que este había sido lanzando otros tantos metros en una dirección diferente.

Tenía que matarlo, ahora.

Pero solo le dio una paliza histórica, Edward lo notó, Alucard dejó de lado su fuerza para patearlo solo como si fuera un humano más. Lucian resistió tanto como pudo hasta caer inconsciente. Solo entonces Alucard se detuvo. Sin embargo no lo disfruto tanto como había creído, le molestaba el pensar que aquél muchacho, tenía la misma voluntad que su ama.

°~*OOO*~°

Amy caminaba veloz y sutil, Integra no pudo evitar notar lo diferente que era de la Amy que siempre conociera, las zancadas pequeñas y firmes no tenían nada de su acostumbrado paso coqueto y seductor, o esta chica había cambiado radicalmente o sencillamente no era ella, cosa que le hizo presumir cual había sido su final. Le pareció tan injusto, primero la mujer de la morgue y ahora esta chiquilla, ambas dispuestas a cumplir cabalmente su papel. "Otra vez con lo mismo" se dijo, miró fijamente una vez más los pasos de la chiquilla, si no fuera por todo lo extraño que estaba ocurriendo aquel día, se habría atrevido a atacarle y derribarle, después de todo Amy era mucho más pequeña que ella, pero algo le dijo que de solo intentarlo podría despedirse de todo, que no sería como el arrobamiento de valentía que le había sacudido en la ciudad, en la cual le habían dejado vivir, que aquella amalgamaza de movimientos prácticos y rígidos no le perdonaría ninguna jugarreta. Por otro lado ya estaba ahí, cerca de develar el misterio y a riesgo de perderse para siempre ya había decidido averiguar lo que ocurría, y era probable, que esto fuera lo último que hiciera.

Otro pasillo lúgubre se extendía frente a ella, al parecer aquella seria la introducción para cuando conociera a todos lo inmortales de su vida. Le resultó tan familiar como el que recorriera en el sótano de su mansión, las luces de neón funcionaban de manera intermitente, la iluminación resultaba escasa, era muy similar al escenario que enfrentara aquella mañana en la estación. Tratando de guardar la mayor cantidad de detalles en su cabeza, Integra notó como rebasaron tres puertas, lo cual le indicó de grandes habitaciones ¿O cámaras de tortura? Su cuarto en particular no le había parecido tan grande.

Sacando cuentas solo podía esperar morir, y tal vez aguantar hasta que Alucard o Walter llegasen en su ayuda, en ese momento todos sus pensamientos le devolvieron a los días traumáticos, la última visita a su madre, el día en que su padre murió, sobresalía por encima de todos cuando conociera al vampiro, el sobresaltarse por ello o angustiarse le pareció sencillamente intolerable, sería darle mucha importancia, aún así las dudas le carcomían ¿Por qué era él tan importante? Se conformaba con la explicación, de que si era como era, se debía a esas situaciones, las cuales simplemente no existirían sin la nefasta presencia del vampiro. Aquello había forjado su carácter, después de todo, lo había aceptado el día en que en aquél pasillo liberara a Alucard.

A pesar de todas las dudas que le carcomían a esas alturas, Integra no era buena demostrando inestabilidad física causada por algún estrés mental. El que su paso fuera regular y firme, le demostraba que tan viva seguía, el ruido de sus pisadas contrarrestaba los silenciosos movimientos de Amy, lo que nuevamente le confirmo que ella no era ella.

Aquella chica… de su edad…

— ¿Qué pasó con Amy Jones? — preguntó secamente. David rió para sí, la inteligencia de la muchacha estaba a un nivel que no sospechaba, como Therios antes que él, había obviado el detalle de que era ella la ama de Alucard, giró la cabeza y le miró por sobre el hombro.

— No querrás saberlo... — contestó, eso solo le indico que una muerte cruel se había llevado aquella muchacha

— ¿Era necesario? — preguntó

— ¿Era tú amiga? — le contestó

— No...

— Entonces ¿por qué te importa? — Integra guardó silencio al notar que no tenía nada que contestar, se estaba envolviendo con demonios que nada entendían de la compasión humana, desvío la vista de su anfitriona para sopesarlo todo un poco más, o quizás necesitaba distraerse un poco, así podía concentrase en darle un poco más de crédito a la chiquilla muerta, aunque personalmente Amy Jones nunca le provocó nada, solo era la culpa de verla caer lo que le obligaba a recordarla, no tardó en pasara de ella a su novio Dante y de este al suyo propio, Lucian. Sufrió una suerte de shock al alegrarse de haberle dejado atrás ¿Estaría en la escuela esperándole? Quizás en la parada del autobús. Se lo imagino en ambos escenarios rogando por que no se le hubiera ocurrido marchar a la ciudad, de momento aquél recurso le estaba funcionando. Recordó las conversaciones amenas, los paseos y abrazos espontáneos, los correctos besos; todo muy aburrido, sin dejo alguno de pasión juvenil, eran como dos ancianos reprimidos y complacientes, hasta ese momento no había notado lo terrible que era en ese aspecto, siquiera trató de culpar al muchacho, si existían los besos y abrazos que valía la pena recordar, era gracias a él. Cosa que le deprimió; otra vez el papel de mujer se burlaba de ella. Y aún así seguía con vida, y Amy y aquella mujer habían muerto, no pudo evitar preguntarse si es que estaba preparada para enfrentar aquél destino, era una idea que aceptaba de manera críptica, aquello le hizo notar que cualquier otra persona en su caso no seria tan sumisa o racional al aceptarlo, aunque resumiéndolo todo, siempre había sido así, era parte esencial de su personalidad, excepto quizás cuando se relacionara con Lucian o cuando Alucard tenía la virtud de hacerle perder sus casillas, pensó en todo lo que desaparecería y en todo lo que se había perdido; jamás se dedico apreciar un atardecer o a mirar al cielo de noche, o siquiera puso más atención que la necesaria en aquellas piezas de música clásica que conociera de memoria, además aún era virgen.

Todo eso le deprimió, hubiera cedido a aquella frustración, mas solo le bastó recordar las injusticias que viera aquél día para desear que todo acabase luego, no había válido la pena que Amy o aquella mujer murieran pues tenían lazos humanos a los cuales estaban atadas, ella no, y todo lo bello que el mundo tuviese le rodeo desde el principio, pero nunca se detuvo a verlo, lo había aceptado con la inercia típica de quién tiene todo, le pareció entonces su vida fría y vacía, sin espíritu alguno. Solo las razones de su deber llenas del honor que su apellido ostentaba, parecían hacerla digna de que Walter o Alucard se dieran el tiempo y la molestia de vengarla.

Camino varios segundos con la cabeza baja, sumida en todas aquellas ideas, sin poder sacarse de encima la desazón al notar cuan deficiente era, sentía amor hacía Lucian, mas todo había cambiado aquella mañana cuando le dejara atrás, había sido lo correcto si, pero solo logró dejarle muchas dudas tontas e innecesarias, que tal vez no podría aclararle.

— Que estúpida… — se dijo, Amy volteó el rostro sin dejar de caminar.

— ¿Cómo dice? — preguntó, Integra le miró y negó con la cabeza. Amy continuó como si nada ocurriese.

David por su parte, se sentía extrañado y vagamente sorprendido, por lo visto en ella. Había, en su larga vida, visto algunos pocos humanos dignos de su aprecio, estos, a veces si, a veces no, pasaban a formar parte de sus filas. Integra de momento estaba llenando todos los requisitos, era enigmática en el amplio sentido de la palabra, por más que trataba de leer el caos que se reflejaba en su rostro, su mente no le daba cabida alguna, parecía infalible. ¿Le habría enseñado eso el vampiro? Por otra parte no podía dejar de lado, ambos enfrentamientos con Therios.

Teniendo aquél ejemplar de esa familia frente a él, no pudo evitar recordar a sus predecesores, a Gabriel, Abraham y Peter. No alcanzó a conocerlos, peri sí a los hijos de estos, Demian y Nathan, en aquél tiempo aquella familia ya se encontraba en apogeo, y fueron capaces, con ayuda del vampiro, de expulsar a todas las alimañas de Inglaterra, el miedo se apoderó de ellos en aquél momento, más jamás entenderían el verdadero poder de aquella situación hasta la segunda guerra mundial, en donde él había demostrado de que tan capaz era. Si no fuera por que en aquél momento tenía asuntos que atender con ella, ya le habría dado muerte, solo por gusto.

— Tu… ¿Eres hija de Arthur o Richard? — Integra hizo una mueca de asco cuando le nombraron a su tío

— Arthur... — contestó secamente.

"Oh...si Arthur"

Carraspeó levemente y agregó:

— Lamento lo de Therios — Integra reaccionó con frío gesto, al mismo tiempo en que ambas se detuvieron.

— ¿Therios? — preguntó mirándole fijamente

— Si… usted se enfrentó a él. Nunca reacciona así, es muy tranquilo, pero creo que no le tiene buena voluntad — dicho esto extendió su mano presionándola contra la pared. Integra iba a decir algo, pero su voz se vio opacada por el ruido que esta emitió al mover una sección completa de bloques, era una entrada oculta, la muchacha solo se estremeció cuando un frío y fétido aire le azotó el rostro y le alboroto los cabellos, aquella entrada dio paso a una oscurecida escalera, supuso que más abajo los escalones seguirían, ya que no se veía absolutamente nada. Amy le sonrió, cosa que ya le estaba hartando y le dijo:

— ¿Quería decirme algo? — Integra le observó con fijeza.

— Eso no existe entre ustedes

— Tiene razón ¿Sabe por que le tenemos acá? — Integra asintió al momento en que siendo indicada por Amy se internaba en es oscuro tubo, como si fuera una mazmorra esta entregó una antorcha eléctrica a la muchacha.

— ¿Esta segura?

— Eso creo… mas tengo una duda — Amy no contestó, dándole el paso para que ella se explicara, Integra lo entendió y continuó.

— ¿Por qué demoraron tanto? —

"Demorar tanto" ¿A que se refería?

— No le entiendo — contestó siguiéndole

— Amy cambió hace poco más de dos meses, bajo esa conducta puedo deducir que todo ese fue el tiempo que usted se dedico a vigilarme ¿Por qué esperaron hasta ahora para traerme a la ciudad? — aquello David no se lo esperaba, en parte la muchacha tenía razón así como estaba equivocada

— Yo fui quién planeo esto, pero debido a la masacre de la ciudad, temí que se marchara, supongo que ya ha entendido que le necesitamos, debía de evitar a toda costa que abandonara este país — Integra se extraño

— ¿Quiere decir que la masacre no la perpetro usted? — el tono de la muchacha no lo evidenciaba, pero se sentía alarmada. Sus reacciones físicas por lo tanto variaron, y si bien el mensaje que enviaban era confuso pronto tendría un diagnostico de lo que molestaba a la chiquilla. Para obtener aquella respuesta contestó

— No, no lo hice, ni lo ordene, aunque tampoco espere que usted viniera a la ciudad, así que celebró que halla ocurrido — David notó que la respiración de Integra había variado, primero de manera drástica para luego seguir irregular y finalmente desaparecer. Junto con ello su paso se había vuelto vacilante por algunos segundos.

Integra pensaba rápidamente. Habiendo visto a Therios en la estación de policía, tuvo un grato momento de tranquilidad. Pero ahora habiendo descartado a aquél grupo. Solo quedaba la opción de Alucard como culpable de la masacre en el centro de Hamburgo. Tenía que sopesar tranquilamente, dentro de lo que cabía, que tanto debía creer en las palabras de ese demonio disfrazado de Amy. David pensaba igual, la chica pecaría de inocente y él esperaba mucho más de ella. De todas maneras guardó silencio, si bien quería obtener información le pareció innecesario el crear caos en su cabeza.

Dejando de lado aquello pensó en Alucard, debería vigilarlo más, mantenerlo a raya usaría a Danae para distraerlo, lo ocurrido en la habitación le dio a entender que el vampiro podría ser aún más caprichoso de lo que imaginara.

Integra tragó saliva y finalmente habló:

— ¿Voy a morir? — Amy dio una animada carcajada. A la muchacha se le erizaron los cabellos de la nuca, así como la piel se le coloco de gallina, el eco generado en aquél tubo de piedra le pareció tan escalofriante como la risa de su vampiro.

— Solo si es necesario… — Integra no supo que más agregar, imagino que perder la compostura no le serviría de nada, se encontraba sujeta a un delgadísimo hilo, si este se rompía Amy, conocería todos sus secretos. No sabía que ya había revelado más de lo que creía. Así que solo se sujeto con fuerza del barandal de la escalera, le resultaba difícil el definir sus pasos en aquella inmensa oscuridad.

°~*OOO*~°

A diferencia de la alcaldía, en la estación de policía no se dejaron impresionar, ni por su apellido, ni por los papeles que cargaba con él. Como a un ciudadano más, se le anotó en una larga lista y a pesar de sus alegatos fue ignorado. Eran las 7:30 de la tarde, y ya había oscurecido. A pesar de ser invierno un aire tibio movía las restantes hojas que adornaban en paisaje.

Una vez fuera de la oficina Viktor se preocupó de comunicarle a su padre los progresos obtenidos, así como su actuar para las futuras acciones, su padre se mostró de acuerdo, a pesar de que le reprocho su lentitud. Cosa a la cual el muchacho a penas prestó atención. Teniendo el tiempo suficiente decidió ir de inmediato a la escuela Luterana, llevaba consigo una orden directa del ministerio del interior. Sujeta a la orden imperante y absoluta de entregarle a la chica sin mediación alguna, para su traslado a Berlín. De ahí en adelante no se preocupó de evitar los pensamientos concernientes a ella y a su familia directa.

No era para nadie un secreto que los Helsing de Europa habían nacido en Holanda, en donde aún se mantenía un castillo con su nombre. Se habían dividido cuando Nathalie, Gabriel y Christian formaran la familia en Inglaterra, uniéndose a familias adineradas y de la nobleza; como los Wallace y los Fairbok. Sin embargo fue gracias a los hermanos Abraham y Gabriel que el apellido fue conocido como un sinónimo de misticismo y esoterismo ligado a hechicería y otras ridiculeces que a Viktor le parecían sacadas de un libro de fantasía. Consideraba que sus antepasados no eran más que excelentes embaucadores y estafadores que gracias a su grandilocuencia habían conquistado el éxito. Le parecía que su familia se había vuelto poderosa a base de mentiras y falacias o al menos así habría ocurrido con el conglomerado ingles. Había sido misión de ellos, de los Helsing el tener que restablecer a aquel clan como una casa de científicos, abogados y economistas. En síntesis volver el apellido respetable. Alejado de todas esas tonterías mitológicas y absurdas.

Desde que tenía uso de razón, su familia; la rama Helsing, había especulado sobre las funciones y destino de tal muchacha. Por su parte, lo que su padre dijera de ella siempre le pareció ridículo y fantástico. Ahora que las generaciones cambiaban había muchos como él. Sin embargo había cierta sombra que en particular a él le desagradaba, entre murmullos él y sus primos le llamaban "rama torcida" o "rama podrida". Estaba constituida por su abuelo Pietro, el padre de este Johan y su hermano Marcus. De los tres solo conocía a Pietro, a quién por cierto veía muy poco. Viktor odiaba todo ese secretismo y elitismo del cual la rama torcida hacía gala, debían de tener mucho poder, pues eran capaces de fastidiar a su padre y este a su vez mostraba un temor reverente ante aquél grupo de viejos.

Viktor también había cursado parte de su educación en la escuela Luterana, mas por buscar calidad de educación que una inducción religiosa, en aquel asunto en particular, Viktor, siquiera consideraba la existencia de Dios como un ser todo poderoso. Para él no eran fantasías diferentes a las que se dijeran de su familia. De todas maneras habiéndose criado en un grupo elitista, guardianes de un secreto tan fantástico como antiguo. Le habían acostumbrado a sobresalir y su vez, el saber mantenerse en un bajo perfil. Por lo cual había escogido la más silenciosa de las carreras que se extendieran ante él, por los aportes de su familia. El próximo verano ingresaría a la escuela de medicina de la universidad de Berlín, quería ser un médico cualquiera y con un poco de paciencia ir lentamente desvinculándose de su familia.

Sus ambiciones eran conocidas por su padre y no tenía problema alguno con la elección de su hijo (aunque este jamás había mostrado su afán de separarse de la familia). Y al parecer la rama podrida tampoco se había pronunciado en contra de ello. Cuando Wilbur Van Helsing, su primo, quiso ingresar a la escuela de periodismo, se le obligó a enrolarse en el ejercito, hasta que aceptara el cupo que se le ofrecía en Princeton para asistir a su escuela de leyes. En aquel tiempo Viktor tenía catorce años y aún así había entendido lo escandaloso que aquello era, se había jurado a sí mismo, que eso no le ocurriría y condescendiendo en una actitud idealista decidió que el forjador de su destino sería él y nadie más.

Pero ahora estaba ahí, obedeciendo las ordenes de su padre, buscando a una chiquilla que apenas conocía, desistiendo a la idea de seguir sus ideales, los cuales siquiera conocía. Nunca se había detenido a pensar que era lo que él esperaba de su propia vida, ni que logros ambicionaba, ciertamente no eran afines a los que su familia esperaba de él, eso lo daba por contado. Aunque aún no los descubría. Se había dejado estar con la esperanza de llegar a mayor y saber qué hacer. Ya era mayor y seguiría esa carrera por que no tenía idea alguna de que hacer con su vida.

Molesto encendió la radio del automóvil y vio desaparecer frente a sí, uno a uno los montículos de nieve que cubrían el horizonte, había dejado de nevar y por alguna razón el frío también había desaparecido, lo prefería así. Si llovía durante la noche la nieve desaparecería. Fue entonces cuando su destino apareció frente a él, desde lejos y con la iluminación del castillo, la escuela Luterana parecía una institución fantasmagórica. El castillo gris, lleno de viejas estatuas y desgastadas gárgolas, una fuente central en la entrada congelada y oscurecida, todo el lugar al estar en silencio tenía cierto aire melancólico que desaparecería en cuanto los alumnos se recogieran, a eso de las 9:00 y 10:00 de la noche.

Esperaba no encontrarse con nadie que le conociera. Estaciono fuera y con seguridad se encaminó por el pasillo principal, vio a un par de chicas conversando y mutuamente se miraron de reojo, a diferencia de otras ocasiones no escuchó las típicas risas coquetas que su presencia solía causar. Y no es que lo creyera, pero sabía que no pasaba desapercibido. Viktor ostentaba el cabello castaño de la familia de su madre y era alto como su padre, aunque se veía pequeño al lado de este. Tenía la espalda recta y sus brazos lucían más largos de lo normal, ostentaba un caminar desafiante y aunque recto, algo calmado, los ojos solían oscurecerse por el cabello que sobre estos caía, así que nadie notaba que eran pardos. Tenía la boca fina y lisa, la cual se trasformaba a una mueca pedante de burla tan evidente como sutil ante la nula expresión de sus ojos. Viktor reía poco y cuando lo hacía era acompañado por su desagradable gesto de superioridad. Las pocas veces que había notado euforia en él se remontaba a escenas competitivas o de alguna pelea en la cual se hubiera involucrado, ya fuera voluntariamente o no. En aquellos escasos momentos en los que notaba que su razón se apartaba, sentía como su siempre calmada boca, tomaba proporciones exageradas para su rostro. Se vio a sí mismo frente al espejo imitando una mueca de locura. De todas maneras, muy poca veces le sacaban de quicio, además de un hecho básico en el cual no le gustaba pensar ¿Sería aquella risa insolente y loca alguna marca de sangre que lo uniera a sus "fantásticos" antepasados?

Para su sorpresa y tranquilidad tanto en la secretaría como en la dirección no le reconocieron, aunque si se mostraron solícitos ante el documento enviado por el ministerio del interior. El director del internado, Franz Kevlar, se mostró extrañado ante semejante petición y más aún el que fuera avalado por el gobierno. Cerró los ojos suspirando pesadamente, tragó saliva y se masajeó el puente de la nariz

— Entenderá usted Her Van Helsing, que nuestros alumnos cuentan con completa libertad durante el fin de semana — dicho esto una atractiva secretaria se hizo presente — Mieke… puedes traerme el archivo de salidas de Integra Hellsing — la mujer anotó y asintió para seguidamente salir de la dirección, luego Her Franz volvió la vista a Viktor y continuó — Es por ello que no puedo asegurarle de entregarle a la muchacha de inmediato, puede encontrarse fuera del establecimiento — Viktor, que conocía el ritmo de la escuela, sabía esa información; generalmente aquellos que vivían cerca de las instalaciones o en las ciudades aledañas, se marchaban los viernes para volver los domingos al caer la tarde, el horario tope eran las diez de la noche.

El muchacho asintió de manera comprensiva, al momento en que Mieke se hizo presente en la oficina, le entregó una capeta a Her Franz, este la abrió y cuidadosamente leyó su contenido.

— No se encuentra en el establecimiento, su última firma fue a las 10:30 de la mañana de hoy…

— ¿Y no ha dado aviso de donde se encuentra?

— Es improbable saberlo… tendríamos que consultar a todos los profesores, aunque por lo que tengo entendido ella no era cercana a ninguno de ellos…—

"Perfecto"

Lo único que faltaba, que la chica fuera una completa antisocial.

— Supongo que tendré que esperar — Her Franz asintió, mientras que Viktor trataba de mantenerse calmo, mas que nada apelando a su parte lógica la cual le decía que las posibilidades de que Integra estuviera en problemas eran de una a mil — Me pregunto…si es que existe la posibilidad de poder ver el cuarto de la señorita Integra — la reacción fue de inmediata, Kevlar se colocó serio y le observó con fijeza.

— Me temo que eso es imposible, a menos de que la muchacha lo autorice — Viktor rió.

— Por favor…usted ha visto mis credenciales, así como sabrá que casi toda mi familia, incluida, obviamente la señorita Integra debe su formación a esta academia ¿Acaso cree que robare algo? — Franz frunció el ceño molesto ante el comentario autoritario del muchacho.

— No es eso…y si, tengo muy presente su importancia, pero el cuarto de la señorita Hellsing es de su exclusivo uso… solo una orden judicial nos daría la razón en caso de entrometernos y molestarla… recuerde usted también quién es ella y quién soy yo.

— Transemos en algo, solo le quitaré unos minutos, bajo su supervisión y sin tocar nada… además si somos sorprendidos tengo conmigo la nota que usted ya ha visto, creo que eso será suficiente para calamar cualquier berrinche de la señorita Hellsing… me encargaré de retribuírselo — Franz Kevlar, se colocó de pie a regañadientes, cediendo finalmente. La verdad era que simple y llanamente no tenía interés alguno en los favores que los Van Hellsing pudieran ofrecerle. Siempre había desconfiando de los poderosos y este chiquillo frente a él le decía que obraba bien Además, el rebelarse contra aquella orden directa de un superior, aunque este no fuera de su campo, le resultaba una pobre demostración de anarquía, la cual desde luego no era parte de él.

— Sígame… — fue todo lo que dijo. Viktor se guardo su sonrisa, algo le dijo que esta vez nadie estaba cediendo por ganarse su favor, No le pareció digno el demostrar su superioridad aun cuando fuera patente.

°~*OOO*~°

Un golpe de aire podrido y nauseabundo pareció despertarlo, aunque no supo definir con certeza si es que se encontraba consiente o no. Hacía frío y sentía el cuerpo pesado y agarrotado, trató de abrir los ojos pero los tenía cristalizados, al mismo tiempo en que estos parecían incrustársele en las cuencas dolorosamente. Parecía que el tiempo se había detenido dentro de su cuerpo, algo le presionaba las orejas obligándole a escuchar los ruidos de su interior, usualmente su respiración y el latir de su corazón, mas esta vez no escuchó nada. El más absoluto silencio lleno su cabeza para luego apoderarse de su exterior y envolver todo en un manto oscuro, frío y doloroso, del cual rebosaba un olor a mierda que le era difícil de aguantar.

Quiso tragar saliva y un asco metálico que le dañaba la garganta, le lleno de arcadas, de las cuales no pudo deshacerse. Aún así nada escuchó, aún sus pensamientos le parecieron esquivos y confusos, no podía hilar idea alguna, no podía mover miembro alguno. Solo entonces llegó a la única idea fija que mantuvo en su cabeza.

Tal vez estaba muerto.

Vino entonces la desesperación, a pesar del dolor en sus ojos y del frío y del entumecimiento de su cuerpo, tenía que mover, sentir algo fuera de aquel doloroso y molesto frío. Quiso respirar, pero solo el apestoso olor llenó sus cavidades para informar a su cerebro cuan asqueroso era todo eso.

Trató de moverse, lo cual le pareció un suplicio, solo entonces notó, que podía abrir la boca, su lengua recorrió una tibia (¡al fin!) y granulosa masa que no supo identificar, entonces su memoria comenzó a funcionar a tal velocidad confundiéndole aún más.

¡La escuela, la nieve, el metal!

— ¡Lucian! — gritó expulsando con fuerza la masa tibia de su boca, que no era otra cosa que vómito. Fue cuando lo comprendió. Golpeado por un choque de corriente, la mitad de su cuerpo reaccionó bruscamente obligándole a golpearse contra una pared metálica que le pareció: hervía. Luego uno de sus brazos reaccionó igual lastimándole los dedos, su cabeza, piernas y brazos parecían poseídos por una extraña enfermedad. Cuando ya hubo controlado sus pensamientos, entendió que estaba desnudo, que aquel olor excremento no era mas que suyo propio, el vómito caía por su cuello, la orina, ya fría, le congelaba el trasero y la espalda. Nuevamente se desespero.

— ¡No! — comenzó a gritar una y otra vez, mientras golpeaba aquél estrecho recinto, negándose a aceptar lo que su cabeza le indicaba, golpeó el metal con sus manos, cabeza y piernas, se contorsionó como un niño haciendo una rabieta, llorando y gimiendo. Hasta aquél momento Dante Wilbanks, no había notado cuan aterradora era la claustrofobia.

Cuando logró calmarse, se vio a si mismo en posición fetal, sollozando como un bebe. Extrañaba a su hermano y por más que trataba de negarlo, sabía que el estar ahí significaba que había muerto o que lo estaba.

De la nada, recordó cada uno de los momentos que le orillaran a aquella situación, desde el momento en que Amy pasara a ser la chica alegre y desinhibida que conociera, para convertirse en aquél ser que le hacia beber de su sangre para luego quitársela, quién le había dicho que alejara a Integra de su hermano, quizás con que fin, quien le había manipulado para asustarla y quién le había convencido de que Lucian, su hermano, le había cambiado por ella. Ahora todo le parecía tan claro como evidente, ahora veía cosas que no había visto y recordaba momentos que jamás pasaron ¿Qué era Amy? ¿En que le había convertido? La respuesta le fue susurrada por su cabeza haciéndole entender que ya lo sabía y que era tan inverosímil como la situación por la cual pasaba.

Suspiró con fuerza, para notar que la inmundicia que le rodeaba le haría vomitar nuevamente. Entonces de la desolación pasó a la rabia, rabia contra Amy e Integra y Lucian, y por sobre todo contra él mismo. Por estúpido, por haberse arriesgado así y haber expuesto a semejante peligro a su hermano, ahora que en verdad deseaba ayudarle. Estaba encerrado y sn posibilidad de ¡salir!, se volteó y dejando de lado el asco, paso encima de sus suciedades, si todo era como decían, debería tener una fuerza extraordinaria, de todas maneras si no era así, tendría que esforzarse al máximo, extendió sus brazos presionándolos contra los bordes de la caja metálica, y extendió sus piernas hacia la entrada de esta; con toda la energía que pudo la golpeó.

La caja gris salió disparada y causo un gran estruendo cuando se estrelló contra una pared paralela del lugar, parte de esta misma quedó dentro del espacio negro y vacío que le había mantenido encerrado, al estrellarse contra el cuerpo del muchacho.

Tal cual lo imaginaba estaba en la morgue de algún hospital, había cuerpos en camillas y por suerte no había tropezado con ninguno.

Sin embargo todo aquél estruendo no podía ser gratuito, mientras Dante trataba de buscar algo con que cubrirse, una joven mujer apareció en la puerta del lugar.

—¡¿Qué es esto? — exclamó alarmada, Dante petrificado no dijo nada, solo atino a vomitar nuevamente para caer de rodillas. Cualquier duda que la mujer tuviera sobre él, debió dejarla de lado, con la ayuda de un muchacho, lo cubrieron y lo subieron a una silla de ruedas, poco a poco Dante se fue desvaneciendo, algo más tranquilo de verse con "vida" y libre, lo último que vio, antes de cerrar los ojos, fue el largo pasillo pálido que se extendía ante él.

°~*OOO*~°

Un hambre superior a toda la que sintiera en su vida, le hizo abrir nuevamente los ojos, ya era de noche aunque había perdido la noción del tiempo. Un pensamiento más agudo que el hambre le hizo reaccionar al recordar sus últimas horas. En aquél momento descansaba, limpio y abrigado. Tenues luces eran mantenidas a lo lejos, lo que daba un aire de calma y silencio en la sala en general.

— Debes tener hambre — escuchó desde la oscuridad, una tenue voz le hizo alzar la vista para ver a la misma chica que viera en la morgue. Pareció entonces como que las sombras se desvanecían en todos los rincones en los cuales sus ojos se posaban y una serie de datos inundo su cabeza. Alzó la vista y noto la menuda figura de la doctora (su cabeza se lo había dicho por su forma de moverse) que le encontrara en la morgue; delgada de ojos cafés, estaba cansada pero atenta.

— Es extraño — dijo sin darle tiempo para decir nada. Rápidamente se acercó a él y le tomo la temperatura mientras hacia anotaciones en lo que debía ser su expediente médico.

—¿Qué es extraño? — preguntó

—Que puedas moverte, personalmente te daba muchos más días de sueño… —Dante le observó interrogante, la mujer sonrío condescendiente — Aún así tus signos son débiles, trata de comer algo, veamos si así tú presión sube — dicho esto se cruzó de brazos observándole.

Un mar de voces pareció golpear sus oídos, llenándole de preguntas que parecían venir de ella. Entre más fijaba su mirada en él, con mayor fuerza oía sus pensamientos, un agudo silbato le golpeó la cabeza taladrándosela de lado a lado, se movió bruscamente tratando de esconderla en su regazo, cubriéndose los oídos.

— ¿Estás bien? — preguntó ella acercándose preocupada y revisando de inmediato los oídos del muchacho, así como sus pupilas, fue ahí cuando todo desapareció y el bullicio se volvió una sola idea, la cual le dio una pista del lenguaje médico de la mujer.

— Ahora sí — contestó él. La mujer se separó y anotó otro par de cosas, miró hacía una de las lámparas y dijo:

— Dante Wilbanks ¿no? — este asintió — todos lo buscan

— ¿Quiénes todos?

—Tu escuela, la policía y unas personas de Berlín

— ¿De Berlín?

— Si, un pariente de uno de tus compañeros — el muchacho no supo que decir, quiso preguntarle a la mujer el por que, pero supo de inmediato que esta no le diría la verdad.

Nuevamente sonaron palabras en su cabeza, con la voz de ella, hablando vertiginosamente, de a poco todas parecían cobrar fuerza y tono, se obligó a si mismo a no permitirlo y poco a poco fueron bajando. "Lucian Wilbanks", leyó o escucho entre todas ellas y preguntó:

— ¿Qué día es hoy?

— Martes... — contestó ella —…17 de diciembre…— la mujer miró su reloj — son las 18:35 ¿Crees que podrás ver a la policía? — Dante asintió de inmediato, tal vez así tendría alguna información sobre su hermano. La mujer sonrió — Te traeré comida primero… — dicho esto ella se retiró. El hambre arreciaba, que la mujer no demorara, sentía que el corazón se le saldría si no tragaba algo de inmediato. A los pocos segundos entró un enfermero dejándole una bandeja de comida en el regazo, Dante la destapó y el olor a carne y papas cocidas le dieron arcadas y asco nuevamente.

¿Serían ciertas toas esas historias de la sangre? ¿Sería el capaz de darle muerte a alguien con tal de alimentarse?

Pasó su lengua por sus colmillos; filosos y puntiagudos, se pico la lengua y sangró, tragó el liquido rojo y le pareció exquisito aunque frío. Por unos segundos temió de si mismo y de cómo reaccionaría si no era capaz de acallar esa sensación. De momento solo podía ignorarla y tratar de ahogarla.

Pudo sentir a la policía en cuantos estos colocaron un pie en el pasillo, por sus pisada pudo diferenciar a un hombre y una mujer, por sus aromas, que ambos llevaban días trabajando, por sus movimientos que estaban tan cansados como les era posible. Se presentaron ante él como: Eliza Becker y Adam Goldsmith. El parecía harto mientras que ella trataba de mostrarse lo más afable posible.

Eliza pasó a sentarse a los pies de la cama, Adam se mantuvo alejado de ambos en la oscuridad de la sala, Dante podía sentir la tensa mirada del sujeto fija en él. Fue ella quién habló primero.

— Sabrás muy bien el peso que tiene tu familia en Inglaterra…— aquel comentario le dio al chico un molesto sabor a su padre, Dante asintió y la mujer continuó – bueno eso no es nada comparado con el poder que manejan los Van Helsing acá y los Hellsing allá- ella se encogió de hombros con el gesto de "¿Que hacer no?", seguramente le fastidiaba el tener que preocuparse de semejante caso cuando en la ciudad se suscitaba la mayor matanza de los últimos 50 años.

— ¿Lucian esta perdido?

—Así es…— contestó finalmente Adam con tono tenso — ¿Crees que haya escapado con su novia… — saco una libreta — Amy Jones?

— Amy no era su novia… Era mi novia…— rápidamente Adam hizo otra anotaciones

— ¿Qué relación tenías tú con Integra Hellsing? — Dante trataba de leer sus ideas aunque a veces estas tomaban más fuerza que las palabras. Así se le hacía más difícil el comprender

— Ninguna, ella era la novia de mi hermano… — nuevas anotaciones de lo que él había dicho, la cabeza del policía le resultaba impenetrable, mientras que ella trataba de mantenerse al margen, evaluándolo según sus reacciones.

— ¿Consumes drogas? — preguntó nuevamente Adam

— A veces… — la mujer le miró extrañada

— ¿Dentro del establecimiento? — Dante rió

— No soy tan estúpido…

—Tu hermano… ¿Las consumía? — Dante rió con más fuerza

— No — dijo co gesto irónico

— ¿Amy Jones? — Dante trató de recordar alguna vez que lo hiciera, no encontró la imagen que buscaba y antes de contestar movió la cabeza negativamente.

—No recuerdo haberla visto en eso…

— Pero no lo sabes con certeza… — dijo Eliza

— Es obvio que no…

— Y ¿Qué sabes de Integra Hellsing? — finalizó Adam

— ¿Sobre si consumía Drogas? — preguntó el muchacho, ambos policías asintieron

— No lo creo, Lucian jamás se hubiera interesado en ella…

— ¿Crees que se escaparon?

— No, no lo creo

— ¿Por qué estás tan seguro?

— Lucian es demasiado responsable para hacer algo así — Fue entonces cuando la cabeza de Adam dio paso al muchacho, la teoría que manejaban era que él o Lucian consumían o traficaban estupefacientes en el instituto y que Integra o Amy, eran clientas o traficaban junto a ellos. Era por esa razón que Integra había ido a la estación de policía el pasado Domingo y por la misma razón que la cámara había captado a Lucian horas después. A Integra la recordaban vagamente, mas había desaparecido sin que nadie supiera como. A Lucian lo captaron dos horas después.

— ¿Habían discutido tu hermano y la chica? — preguntó Adam, expulsándolo nuevamente y ahora que lo mencionaba si, Amy antes de dejarlo se lo había mencionado

— Si, Amy me lo dijo antes…— guardó silencio. No sabía con certeza lo que había ocurrido después así que no considero apto el hablar. De todas maneras ya había dejado la idea inconclusa y Adam prefería conocerla completa.

— ¿Antes de que…?

— Antes de irse…

— ¿Dijo donde…?

— No…

— ¿No te parece extraño que también halla desaparecido?

— Claro que si

— No te ves preocupado

— Lo sé…

— Eso es extraño ¿No te parece? — Dante colocó gesto de fastidio y contestó

— Creo que me están acosando innecesariamente, aún no he comido y hace 24 horas estaba muerto… quizás tenga algún problema para asimilar las cosas…— Adam sonrió mientras que Eliza se mostró molesta.

— Parece que eso lo entiendes muy bien…— Agregó Adam

— No soy estúpido — finalizó desafiante — tal vez si esperan algunos días podré ayudarles — habiendo dicho esto presiono el botón que llamaba a la enfermera y se recostó. Mientras que su cabeza analizaba todas las ideas que Eliza Becker suponía, al lado de Adam, era mucho más romántica, creía en un triangulo amoroso formado por Integra, Lucian y Amy. Aunque no tenía idea concretas de cómo funcionaba. De todas maneras las mismas preguntas acosaban a ambos.

¿A que había ido Integra a la estación de policía? Y ¿Por qué se había hecho pasar por la hermana inexistente de una de las fallecidas?

Aquellas preguntas le parecieron interesantes a Dante, los escucho alejarse sin decir palabra alguna. Por su parte la única respuesta que encontraba factible era que la muchacha sabía mucho, pero mucho más de lo que aparentaba. Rió vagamente al notar que su hermano si que tenía un gusto interesante.

Entonces el aire se volvió denso de la nada y aquel sentimiento era acompañado por las pisadas de unos mocasines que se movían presurosos y firmes; dos hombres, sus ritmos hablaban que ambos eran jóvenes, uno de ellos excepcional, era por él que todo había cambiado, tenía una aura extraña, la cual no sabia describir, más la sentía similar a la suya. Algo serio se acercaba.

La tenue luz no fue impedimento para distinguir las dos figuras, altas ambas, en contra de lo que percibiera una de ellas no era joven, si no más bien adulta, bastante adulta. De esta emano un extraño brillo a la altura de los ojos, que no tardó en reconocer como un fino monóculo, ambas poses eran perfectas, recias, soberbias y elegantes "Aristocratorpes" se dijo, recordando como los llamaba en el instituto.

Caminaron hacia él; el más joven se mostraba impaciente y molesto, para el otro hombre parecía ser que todo aquello era más común de lo que podía esperarse, él sabía mucho más de todo eso, que cualquiera de los que estaba ahí.

— ¿Quiénes son ustedes?-preguntó Dante desafiante y algo asustado ante el más anciano de ellos.

— Viktor Van Helsing — contestó el más joven, con cierto aire de desprecio, Dante lo asoció de inmediato a Integra.

Fue cuando el más anciano se acerco, a diferencian del muchacho se mostró más tranquilo y gentil, aunque aquello por alguna razón le causo más temor. Este extendió la mano y le sonrió.

—Walter C. Dornez… un gusto Señor Wilbanks…