Capitulo XIII:
Paseo por el Purgatorio.
Integra observo a su alrededor maravillada y perturbada a la vez. Habiendo calculado el tiempo que tardaron ella y Amy en descender, llegó a la conclusión de que se encontraban a unos trescientos metros bajo la superficie, mas cuando salió a la arena, notó que sus cálculos habían sido bastantes errados, era su vista la que le traicionaba. Pensó entonces en la falta que le hacían sus gafas. Alzo la vista mirando al cielo del lugar, toda la estructura se edificaba como un domo de lo que parecía ser un antiguo circo romano sepultado, ella que no supo del cautiverio de Alucard a manos de Henry, se vio impresionada ante esta ciudadela subterránea; una mezcla que le pareció entre Otomana y Bizantina, que parecía haber sido reconstruida, primero por los romanos y terminada por los bárbaros Germanos, cuando fueran capaces de expulsar a todos los invasores.
Afuera llovía, podía sentirlo, a veces alguno que otro relámpago iluminaba el lugar dándole una mejor idea de cómo eran las dimensiones, el frío que se colaba por el tejado daba a entender lo espacioso del lugar, a lo lejos, muy lejos podía vislumbrar con claridad pequeñas antorchas que daban la ilusión de luciérnagas, pero ella entendía que se trataba de seres como Amy, los que pululaban en aquél lugar.
— Sígueme — le ordenó esta al momento en que ambas recorrían pasillos de concreto, que servían de túneles para dirigir el frío en todos los lugares de la construcción, con este traían los ecos que parecían querer suspirar palabras para la chica, Integra se negó a creer que le llamaban, hubiera sido demasiada paranoia. Cuando el viento se detenía todo se volvía un laberinto de silencio rígido y absoluto, solo los pasos de Integra resonaban ya que ni siquiera Amy era capaz de meter ruido alguno. Descendieron por un pasadizo que les dejo a pocos metros de lo que Integra identificó como una arena de combate, en medio de todas esas sombras, esta era lo único que parecía real, estaba tan helada como el ambiente e inevitablemente se coló en sus pies cuando dio sus pasos sobre la arena.
Entonces, sin haberlos notado de la nada, aparecieron frente a ella ocho gigantescas sombras, o al menos esas contó cuando pasaron de ella, como si de fantasmas se tratase, todos llevaban mascaras sin facciones y por su andar le recordaron a Integra, a los Jesuitas.
— No los mires — le dijo Amy, pero ya era muy tarde, sin sus gafas Integra no podía diferenciar a largas distancias, pero teniéndoles tan cerca, no pudo evitar mirarlos, y de hecho voltear y seguir sus pasos. Se sobresaltó cuando uno de ellos se detuvo y giró en redondo sobre sus pies.
— ¿Qué es esto David? — escuchó ella con tono inexpresivo
— Acércate — le susurro Amy, orden que la chica no dejo pasar
— ¡Nos traes esta peste! — exclamó nuevamente, a lo que seguido emitió un ruido tan grave y gutural, que le erizaron los pelos a la muchacha. Integra se cubrió los oídos a lo que le pareció el rechinar de un caballo moribundo amplificado en toda la extensión del lugar, entonces desde el techo comenzó a emitirse uno más poderoso aún, siguiendo el tono grave ya emitido y esta vez llenando de calor el lugar, otro provino desde las galerías e incluso la arena pareció moverse ante un aullido que provino desde el suelo. Sin esperarlo los aullidos que en el exterior resonaban se hicieron más potentes, Integra tembló al pensar en la idea de Hombres Lobos.
Petrificada y asombrada como estaba, David debió coger a la muchacha para obligarle a seguirle.
— No los mires — dijo, al momento en que extendía su mano y levantaba el dedo medio de su manera derecha con fría furia.
— ¡¿Tienen hombres lobos? — exclamó la muchacha, al momento en que David le hacía atravesar la lluvia que se colara por el enorme agujero del techo. Si David contestó o no, Integra no lo supo, pues sus palabras fueron apagadas por un fulminante trueno que ilumino todo el lugar.
Lo que vio le sobrecogió.
Algunos vestían como esos "Jesuitas", con mascaras sin rostro, mientras que otros parecían vagabundos de la edad media, algunos lucían ropas actuales, otros parecían enfermos terminales, otros estaban heridos y algunos quemados; todos le miraban atentamente. No fue eso lo que la hizo sentirse pequeña, si no lo cerca que estaban, juraría haberlos vistos a metros de distancia, lo suficiente como para sentirse un poco más segura, pero no, bastaba con que ella extendiera su brazo, para tocar a cualquiera de ellos.
En esos segundos, no fue capaz de abarcar todo lo que veía, le extrañaba sobre manera el no haber sido capaz de al menos escucharles. Instintivamente vino Alucard a su cabeza
"¿Se encontraría ahí o habría sido destruido por aquellos asesinos?"
Una poderosa sensación de malestar se vino a colocar en su estómago, como una patada al pensar en aquello. Entonces se concentró, cualquiera fuera su respuesta, se la guardó, no tenía intención alguna de mostrar sus ideas.
— No duraras mucho así… — dijo Amy, Integra reparó en ella como si recién notara su presencia y le observó interrogante
— ¿Cómo dices?
— Tratando de ocultar lo que piensas o sientes
— Entonces ha dado resultado… — Amy rió, gesto en el cual integra le siguió
— No te confíes — finalizó soltándole la mano — tenemos tantos medios para reducirte y volverte loca antes de matarte, que el que te presiones ahora solo para ganar tiempo, te agotara innecesariamente — la reacción que a continuación Integra experimentó le sorprendió, incluso a ella. Principalmente se sentía enfadada, no solo por su captura, si no por el miedo que había sentido frente a aquellas sombras y su incapacidad para notar a todos los vampiros que le rodeaban, además, aquél miedo le obligó a acercarse a Amy de quién realmente ya estaba harta; de sus amenazas, así como de la manera en la cual ignoraba sus preguntas, así que habiéndolo meditado tanto como su situación se lo permitía, le espetó:
— ¡¿Y por que demonios no lo han hecho? — Amy parpadeó — ¡llevas horas hablando de lo mismo, pero solo quedas en palabras
— Deberías guardar silencio
—¡No! ¡No quiero! — Amy le sujetó nuevamente, esta vez de la muñeca, Integra se deshizo con habilidad y bruscamente retrocedió
— ¿Qué quieres entonces?
— ¿Saber por que carajos estoy acá? — nuevamente dio otro par de pasos atrás
— No te alejes de mí — dijo Amy
— ¿Es por Alucard?
Solo entonces, este, que se encontraba en las galerías pareció reaccionar, observando con mayor atención a la muchacha.
— Tu sirviente no tiene nada que ver en esto — contestó Amy con calma.
"Entonces saben de él"
No le creía, pero si era verdad lo que Amy decía, era entonces a ella a quién necesitaban.
"¿Para que?"
Sonrió, gesto que extraño a Amy, le pareció adecuado, entonces, el saber que tan necesaria era, a que tanto se estaba arriesgando Amy al capturarla, así al menos podría tener una idea sobre el uso que ese ser estaba dispuesto a darle.
— ¿Qué pasara si me alejo? — preguntó desinteresada
— No podría garantizar tu seguridad
— ¿No eres acaso el líder de este lugar? — Amy rió
— Así es, pero al igual que tú, muchos quieren destruirme
— ¿Y por qué no te les has adelantado?
— No puedo
— Pero no te obedecen ¿O si? — Integra retrocedió dos pasos más
— ¿Acaso quieres que te maten?
— Da lo mismo el tiempo y el lugar ¿no? — Amy se detuvo y el gesto de Integra le dio a entender que buscaba lograr la muchacha.
"Muy astuto de su parte"
— Tienes razón, da lo mismo — finalizó tomando un aire de indiferencia, para luego voltear y dejar atrás a la muchacha, no estaba dispuesto a caer en sus manipulaciones. Era una actitud avezada y valiente, aunque poco inteligente, pero si era un poco más comprensivo sabía que era una medida extrema e Integra, ciertamente que se encontraba en una situación desesperada. Sobre todo si sus opciones eran tan reducidas. Tenía gente de confianza en aquella multitud silenciosa de no muertos que la rodearan, al haberla visto con él, sabían y no podían negar que era su presa, para los más antiguos y conocedores de la historia de aquél clan, no pasaría inadvertida la sangre Hellsing que recorría las venas de la muchacha e intuirían el por que esta se encontraba ahí, además estaban los que le respetaban y aquellos que le temían, sería una estupidez el que alguno siquiera pensara en ponerle un dedo encima, siquiera Francis, el líder "jesuita" se atrevería a tanto.
Entonces el olor a sangre lo detuvo.
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A lo lejos pudo ver que la chica tenía el brazo extendido en el aire y que de la unión entre el índice y el pulgar manaba el líquido rojo.
El olor inundo el recinto y los ojos de Alucard se abrieron con la misma hambre y voracidad del resto. Al ver el líquido de su ama convertir la arena en una masa negra sin forma, un tenso y extenso nudo bajo por su garganta exigiendo el pago de esa sangre para sí.
Todo el lugar se llenó de un aire viciado y la sed de sangre hizo gemir a más de alguna de las criaturas ahí.
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—¡¿Qué haces chiquilla estúpida? — exclamó Amy
— Da lo mismo el tiempo y lugar — respondió Integra burlesca, dicho esto acercó la herida a su boca y con todo el dolor que ello significaba, con sus dientes abrió aún más la herida. La sangre manó con mayor fuerza inundando la mano de la muchacha.
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Amy sentía, como en las galerías, y peor aún en las cercanías, los suspiros y gemidos de hambre se volvían voces exigentes, pidiendo licencia para matar a la chica. Entonces aquellos que le obedecían hicieron un perímetro en rededor de Integra y con sus voces, silenciosas para los humanos, agudas para los inmortales, respondieron el desafío con amenazas de muerte y mutilación. No sería definitivo pero al menos mantendría a raya por algunos segundos a la mayor parte de la multitud.
Alucard tragó con fuerza para acallar al perro dentro de si. Danae abrió la boca tratando de darse un respiro, pero por su lengua, solo entró el aire inundado de aquél olor.
— ¿Qué quiere hacer? — preguntó a Alucard
— No lo sé — contestó este, aunque realmente si lo sabía; Integra estaba poniendo a prueba a David, estaba calculando cuán importante era para el y en base a los datos que obtuviera manejaría sus opciones para sobrevivir. Esa era su ama, una sobreviviente incapaz de rendirse. Sin embargo, ahora, la idea de matarla se le hacía irremediablemente tentadora. Era demasiado el deseo que le provocaba aquella escena. ¿No era acaso celestial? El que Integra se mutilara a ella misma para darle a beber su sangre ¿Quién podría controlarse ante tan adorable espectáculo?
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Todo tambaleo nuevamente, cuando esta retrocedió muchos más pasos, internándose en las sombras fuera del perímetro de seguridad que los cercanos a David habían creado, estos no hicieron ademán alguno para detenerla, Alucard intuía que se debía al mismo deseo que a él atosigaba y al mismo ¿Miedo, disciplina? Que los detenía. Integra extendió su mano hacía el cielo, como si fuera el mismo arcángel Miguel, desafiando al infierno a caer sobre él, la sangre manchó la blanca blusa hasta el codo y pareció bajar la intensidad de su flujo.
Fue algún pobre infeliz el que saltó y otro le siguió, la muchacha que obviamente no podía diferenciar que ocurría en las penumbras, solo vio dos feroces sombras que se cernían sobre ella, sin tiempo de huir, creyó verdaderamente que moriría.
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Entonces, un aire que le pareció conocido, furioso y hambriento, le golpeó empujándola hacia el centro de la arena, dentro del perímetro y cerca de David. Si bien el golpe le dolió, la muchacha entendió de inmediato de que se trataba, lo agradeció por tanto y no pudo menos que culpar por aquella brusca pero necesaria acción a Amy.
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Ya fuera de su vista, Alucard se dio, no mucho tiempo para aplastar ambas cabezas y beber su sangre, que fue un pobre consuelo ante la necesidad que le urgía en aquél momento, estaba fría y viscosa. Cuando volteó notó a Integra observándole y momentáneamente le entró el pánico de que la muchacha le reconociera.
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La oscuridad, la falta de sus gafas y la confusión, evitó que la muchacha siquiera pudiera entender la lucha que se fraguaba por su vida, solo el sonido desgarrador de rápidos y fulminantes gritos, así como huesos quebrados le dio una vaga idea de lo que ocurría.
— ¡Ves lo que has provocado! — le riño Amy, sacándola de su estupor, así como indicándole que no había sido ella su salvadora, Integra le miró con fastidio y se puso de pie, Amy se colocó contigua a ella. A lo lejos vio como Alucard exprimía la última gota de su segunda victima, cuando término este fijo la vista en Amy con gesto aburrido y entendiendo que Integra no le había visto, lanzó el cuerpo hacía un rincón. Sin mirar a nadie procedió a retirarse desapareciendo en las sombras.
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En ese momento, todo se volvió brumoso y negro, Integra sintió como el aroma se volvía húmedo y dulce, situación que le recordó a su hogar. Todo comenzó a girar con fuerza y le pareció que contra su voluntad se alzaba en los aires, en una suave y tibia ráfaga que parecía obligarle a dormir, en aquellos momentos lo único que quería era ceder, pero se repetía una y otra vez que nadie podía saber lo que su cabeza guardaba y forzando al máximo su voluntad se negó a hacer dormida. Cuando volvió a la "realidad" y sus pies volvieron a sentir la fría arena, dejó de ver a Amy para toparse frente a frente, con David.
Era este más alto que Alucard, o al menos así le pareció. Le miraba, David, con una fijeza tan penetrante como molesta, sintió una punzada en su cabeza. De todas maneras no había expresión alguna que dilatara o suavizara la infinita melancolía y pena que irradiaba. Era tan blanco, casi transparente y su cabello eran rizos etéreos y marmóreos recogidos en una descuidada coleta. No tenía delineación alguna en los labios y estos asomaban como una rugosa protuberancia, algo más rosada, insinuante y sensual. Finalmente a Integra le costó mucho el indicar como era la forma de su rostro ya que al no emitir sombra alguna se confundía con su albino cabello.
— Eres muy fuerte — le dijo extendiendo su mano.
Su voz era tan hueca que no era posible diferenciar tono alguno de variación en sus palabras. Tan diferente y al mismo tiempo tan parecido a Alucard.
Sabía que ambos eran no muertos, pero David podía fácilmente pasar por un ángel, mientras que Alucard le resultaba tan humano, tan vivo. No pudo discernir si es que aquello era una buena o mala señal. ¿Hablaría la apariencia de la fuerza?
Integra dio un fuerte respiro, necesitaba espabilar y concentrar toda su voluntad, solo para colocarse de pie. Sin aceptar la ayuda de David apoyó su rodilla en la arena y por un segundo sintió placer ante la textura de esta contra sus miembros. Estaba viva, aturdida, pero viva.
Suavemente se impulso.
— Gracias — contestó, David río para si y nuevamente habló
— Sígueme — esta vez Integra no se resistió y como una autómata obedeció, se sentía borracha y eufórica, si se mantenía calmada, sabía que podía seguir resistiendo. Era todo lo que necesitaba hacer, nada más.
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Si bien los celos de Danae y la sed le habían invitado a matar y devorar a la muchacha, se sentido común, además de la lealtad que profesaba a David, le dijeron que se mantuviera en su lugar y pusiera atención a todos los movimientos de Alucard. No se sorprendió de la reacción de este, hasta que destrozo a aquellos dos, se había separado de ella a tal velocidad y tan lleno de una ferocidad temeraria, que creyó que Alucard, finalmente había decidido darle muerte a la chica, muy optimista e inocente de su parte.
Nada tenía que hacer ahí en aquellos momentos, le desagrada el espectáculo de los carroñeros devorando a los pobres caídos, así que con tranquilidad se encaminó entre las sombras y ahí desapareció.
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La gigantesca recamara que fuera aquél subterráneo existía desde cientos de años antes de Cristo, tantas cosas habían ocurrido en aquél lugar, que incluso a Alucard se le hacía difícil vislumbrar y entender la historia y eventos ocurridos ahí. Muchas veces había servido de refugio, para los cristianos, moros y judíos. Ahora era su turno, jamás pensó el tener que volver a un lugar semejante, no al menos desde que se hubiera liberado de Henry.
Sintió los pasos de Danae tras él.
"Que Fastidio"
Pero para su ego era un deleite. El verse acosado por semejante criatura, tal vez no lo parecía, pero aquella mujer era odiada, temida y admirada por seres que Alucard consideraría dignos rivales y enemigos, su antigüedad la volvía poderosa y David en persona había ido por ella cuando conoció de la existencia de tan exquisito ser.
"¿Te has decepcionado de ella David, como lo hice yo?"
Supuso que no, ya que aún le mantenía a su lado. Además viéndolo fríamente, si David quería llegar a él, Danae era a quién necesitaban, ningún inmortal podía jactarse de conocerle tanto.
Le miró por sobre el hombro y palpó sus dedos poniendo especial atención en la viscosa sangre que los segundo volvían rápidamente a micro partículas entre las yemas de sus dedos. No podía entender aquella necesidad de hacerse notar frente a él, a su gusto era una actitud demasiado humana. Alucard ya le había rechazado, no solo como su pupila, esposa o amante, si no que ahora nuevamente lo hacia, aún siendo ella un perfecto ser inmortal; le bastaba con recordar la noche que pasaran juntos y como fue que ella cambio para convertirse en Integra ¡Si tan solo él fuera el conde de hace quinientos años! ¿Hubiera preferido a la que un día fue su esposa o a la muchacha?
Hace segundos atrás, le había salvado de una masa sedienta
"¿Por qué?"
Trataba de convencerse que era por que quería él darle muerte, mas cada vez el cuestionamiento sobre esto era mayor, además había jurado protegerla.
Como un relámpago, su memoria volvió al día en que él y Arthur hicieran el trato, Integra no tenía más de dos días de recién nacida y bueno él había detectado de inmediato el cambió que la bebe generara en el ambiente de la mansión, mientras juraba protegerla, ideaba la forma en que volvería aún más loca a Darriane y que a través de ella, la mujer y su hija destruiría a Arthur y todo vestigio de los Hellsing.
"Esta es mi oferta" había dicho Arthur. Era su misión, pero todas las acciones que había llevado acabo le desmentían, tanto en su intención de dar muerte a la muchacha como las de protegerla. ¿Acaso dudaba de la valía de Integra? ¿Lo merecía ella? ¿Merecía su sacrificio? Dentro de si sabía que la respuesta estaba ahí y no era capaz de entender el por que se negaba a aceptarla, siendo que la sabía desde que la muchacha le sacara de ese oscuro sótano. Estaba siendo demasiado errático y aunque era un comportamiento moralmente reprochable…
"Como si me importara una mierda eso"
… se estaba divirtiendo como no lo hacia en años, décadas y quizás no tenía ninguna otra intención para seguir actuando de esa manera. Pero ahora todo parecía habérsele escapado de las manos, Integra corría serio peligro.
Nuevamente miró a Danae, esta también lucía ensimismada en sus ideas, la mujer alzó la vista y le miró interrogante.
— Acostémonos juntos — dijo entonces más a modo de orden que de petición. Danae le observo en hermético silencio.
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Entonces algo raro, que no veía desde que era una niña ocurrió; Alucard apoyó la espalda contra la pared de piedra y se llevó ambas manos a los bolsillos. De un momento a otro Danae retrocedió todos esos años, para volver al castillo del cual había sido señora, para ver al hombre con el cual había sido desposada, el cual en aquél momento lucía cansado y abatido, las huellas de la pelea sostenida le hacían ver frágil y hastiado. Mezclo aquella imagen con los recuerdos de cuando ambos contrajeran matrimonio, en esos años, Alucard ya era un vampiro, solo que nadie lo sabía, excepto los gitanos, era ella la humana, pero dentro de su ignorancia, también había creído a su señor esposo un ser vivo. Solo los campesinos hablaban de semejantes criaturas "los muertos vivos" pero ella era una noble instruida y educada, que entendía de política, religión, filosofía, equitación, cetrería e idiomas.
Alucard o Adrien, como constaba en su contrato de matrimonio, era el hijo del último y legitimo rey de Valaquia, al cual después la historia conocería como Vlad el Empalador. Ella en tanto aún no cumplía con los catorce años, cuando su madre la había considerado apta para el matrimonio y para tener hijos. Obviamente como en muchos compromisos de aquella época, no existía amor entre ellos. Solo era una estrategia de Adrien y sus nobles para obtener el apoyo interno que necesitaba. Hace poco que el príncipe había regresado del exilio, era imperioso por lo tanto, unirse a una familia poderosa y rica, situación que era conocida por todos en el reino, así como por ella. No era algo que le complicara, era común ser vendida de esa manera en sus años, era un privilegio ser escogida por el príncipe heredero. La idea era expulsar a Radhu, tío de su esposo y actual monarca, quién contaba con el apoyo de los turcos.
Ya casados, juntos habían marchado a Poenari, residencia de Vlad, lugar que a ella le desagradaba profundamente, estaba lejos de su familia y encerrada en un lugar negro y húmedo. Por otro lado, Adrien, con suerte pasaba con ella algunos momentos al caer la tarde y cuando oscurecía le veía salir con una escolta especial de gitanos – gente que ella consideraba asquerosa y maligna – y no volver hasta llegada la madrugada. En un principio si bien le pareció extraño, creía que solo sería temporal, Adrien no lucía mucho mayor que ella y asumía que ambos sentían el mismo nerviosismo ante la primera noche de bodas, pero con el correr de los meses y ver que la situación no variaba, comenzó a sentirse molesta, no tanto por verse ignorada, si no por las habladurías que las salidas nocturnas de su esposo habían sembrado, pues ¿Qué otra cosa podía ocupar todas las noches del príncipe y dejarlo tan agotado como el yacer con otra mujer?
Aún era muy niña para sentirse indignada y en cierto sentido le agradaba que Adrien le tratara con respeto, pero lentamente su matrimonio se estaba desvaneciendo en la duda ante la imposibilidad de engendrar un heredero así como convertirse en mujer. Entonces vino la sensación de rechazo, no solo hacia ella misma, si no hacia él. No bastaba con su amplio dominio de idiomas o de temas que pudieran interesar a los hombres en general, todo lo que comenzó a desagradarle de si misma se debía exclusivamente a la indiferencia de él.
Estalló y le reclamó, a un perplejo Adrien, sobre todo ello. En un ataque de histeria, le culpó por su desgracia así como por el menos precio del cual ella era victima. La única respuesta que tuvo fue que aún no era tiempo, los años le darían a entender que al no estar encinta, la relaciones entre la casa de Radhu, y la de su esposo eran más que afables, lo cual convenía a los fines políticos del grupo que acompañaba a Adrien. Además de aquello, esa fue la primera vez en que Adrien se sintió conmovido por la muchacha. Con más suavidad de la que utilizara en un principio, le dijo que no la forzaría a hacer nada que ella no quisiera
"Dejad que hablen, solo nosotros, sabemos que ocurre, además sé que el corazón de las damas laten al son del amor"
Danae recordaba esas palabras casi con ternura. No sabía que habían sido planeadas para dejarle tranquila por un tiempo.
Fue cuando aquellas horas que pasaban juntos se desvanecieron y pasaron casi dos años en los cuales ella a penas le veía. Los rumores aumentaron y se volvieron más crueles, pero en esos momentos ella estaba más pendiente de otras cosas. Ya como una adolescente que no había sido tocada, comenzó, dentro de lo poco que le veía, a notar lo apuesto que le resultaba su esposo, en varias de esas ocasiones le vio llegar al castillo cansado y abatido, como si hubiera sobrevivido a un ardua batalla, se lo imaginaba cabalgando hasta los aposentos de ambos, colándose en la cama y volviéndola su mujer. Fue así como comenzó a desfallecer, por una pasión que crecía junto a sus pensamientos y lejanía de él, cayó, entonces, perdidamente enamorada.
En una de esas ocasiones su dama de compañía la alertó de que el príncipe volvía peor que nunca y ella salió alarmada a recibirle. Lo encontró tambaleándose, dio un par de pasos hacia ella y apoyo la espalda contra una pared, escondió sus manos entre los ropajes y le ordenó, aunque aquella vez parecía más una petición
— Acostémonos juntos… — Danae creyó sus sueños colmados. Sin embargo nada ocurrió. Casi un año pasaría antes de que él se la llevara para tratar de preñarla y ella estaba segura de que se debía a las habladurías –que en aquél momento tachaban a su esposo de homosexual— que al verdadero deseo de poseerla. Solo los años le darían a entender, lo imposible de aquello.
Lo mejor en aquella circunstancias era idealizar la postura a la cual estaba sometida en vez de dejarse caer por el asco que hacia si misma sentía, si él no la deseba ¿Quién más lo haría? Su educación la libró de cometer adulterio y el recuerdo de haber visto a su esposo siendo honesto aunque fuera por una sola vez, le mantenía con la única y perpetua esperanza de que él algo por ella sentía. Era entonces cuando recordaba toda aquella humanidad que le había henchido el corazón, y eso solo ocurría cuando estaba cansado y abatido. Ella lo recordaba así aún cuando ya fuera un no muerto, pálido y sin alma. Pero en esos momentos ¿Qué había despertado en él ese aire? ¿Ella o Integra?
Entonces, de la nada, decidió que no le interesaba seguir en aquél papel, menos cuando de parte de él había recibido tantos rechazos, había diferencia entre amarle y ser su objeto y hasta ese momento ella había creído que ambas cosas estaban unidas de una manera bastante rudimentaria. Ya no era la misma niña superficial que fuera durante su vida humana y su nacimiento como inmortal. Sin embargo, admitía que seguía amándole con fuerza o ¿Era la culpa de haberlo traicionado lo que la arrastraba hacia él? No se explicaba el por que había sentido celos de la mujer de Londres y el por que los sentía ahora. En aquél tiempo y a esas alturas, Alucard o Adrien ya era historia de más de trescientos años ¿Podía la culpa o el amor durara tanto? ¿Qué había hecho él para atarla durante tanto tiempo?
— No — contestó finalmente con seguridad y convencida.
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Alucard sonrió, era algo diferente, que le hizo disfrutar de aquella insignificante rebelión a sus deseos, decidió, en aquél momento, que sería entretenido el averiguar por que. Después de todo el que Danae cambiara una de sus actitudes iba directamente relacionado a que algo se había movido dentro de ella.
Se separó de la pared y con gesto seguro y relajado preguntó
— ¿Por qué? — Danae se llevó una mano a la cintura desafiante.
— No tengo por que hacerlo
— Puedo obligarte — la mujer río
— Es cierto, pero sería un fastidio
— Acostémonos — repitió esta vez acercándose más a ella.
— Parece más una orden que una petición — Alucard se cruzó de brazos, ya había vuelto a ser el vampiro de siempre.
— ¿Qué más da tal diferencia?
— Que ya no soy ni tu esposa ni súbdito ¿Te sientes solo conde? — finalizó avanzando para dejarle atrás y dando por terminada la conversación.
— ¿Cuáles son tus términos? — preguntó él, Danae se detuvo y volteó extrañadísima
— ¿Mis términos?
— Creo haberlo dicho…— si bien era una idea justa, al vampiro poro y nada le importaba todo aquello. La reciente batalla le había dejado un gusto a derrota –momentáneamente recordó al muchacho Wilbanks- y quería "descargarse" no importaba la artimaña.
— Creo que no te interesan — Alucard nuevamente sonrió al versen descubierto, a veces olvidaba que Danae era casi de su edad
— Bueno, no me puedes culpar por intentarlo — Danae esbozo una sonrisa y tranquilamente procedió a retirarse. Alucard se pasó la mano por los cabellos y dio un fuerte respiro.
"Siempre he estado solo"
Justo cuando aquellas palabras se filtraron en la cabeza de Danae una pared de hierro la detuvo en seco. Danae empujo, pero rápidamente la dominaron cuando le cubrieron la boca, al mismo tiempo en que colocaban una mano en su cuello y comenzaban a estrangularle. Todo aquello la hizo enfurecer, de otro veloz movimiento corto ambos brazos, pero un tercero, le sujeto ambas manos desde las muñecas y aquella cercenadas volvieron a crecer para cubrir nuevamente su boca y presionarle nuevamente el cuello. Para terminar la aprisiono contra la pared de piedra, rió con los ojos abiertos para atravesar con su mirada carmesí toda la voluntad de la vampiro y poco a poco comenzó a hundirla en las sombras.
"Perro bastardo"
Y ambos desaparecieron.
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Alucard extendió su brazo derecho y dejo que la mujer apoyara su cabeza sobre este, los negros cabellos de Danae, se subdividieron en los miles que eran, formando una red sobre su pálido y delgado cuerpo. Afuera una feroz tormenta arreciaba, muy similar a la pelea que ambos sostuvieran antes de que él la violara, ahora, Alucard estaba calmo y tranquilo, Danae podía notarlo por el suave vaivén de su pecho
— No siempre estuviste solo — dijo ella — yo estuve a tu lado— Alucard sopeso sus palabras, era una trémula declaración de el amor que hacia él había sentido, a veces trataba de convencerse y verla a ella como lo hacia con Integra, al fin de cuentas Danae también había sido humana siendo él un mounstro, y de la misma edad. No entendía si era por la traición de ella o algo más lo que le hacia rechazar aquella simple verdad.
Finalmente hundió su mano en los cabellos de ella y habló
— Siempre estuve solo, y no sé reconocer la diferencia al tener compañía — dicho esto fijo en el rostro de la mujer sus pupilas — no hubo nada en tu traición que me halla dolido, nada tengo que reclamarte, ya puedes dejar de sentir culpa — Danae le observó con gesto sorprendido pero tranquilo.
— Entonces no hubo nada entre nosotros — Alucard volvió la vista al techo.
— No, nunca — sentenció.
Era una respuesta obvia, sabía que estaba muerto y el vaivén de su pecho solo era una ilusión que le entregaba su cuerpo, ahora todas las sensaciones que le inundaban no eran más que un ahogo a la presión que sentía en aquel momento.
¿Cuándo había hecho el amor, por amor? Recordó a su primera esposa, aquella que estuvo antes de Danae cuando su nombre inspiraba verdadero temor. Luego a la muchacha de Londres y se preguntó que tan válidas para él habían sido sus existencias, cuando solo le volvieron peor de lo ya era. De muerto paso a demonio, a un ser que respiraba artificios, que bebía sangre, que tenía tal confusión sobre si hundirse más, al traicionar a la muchacha o tratar de buscar su salvación saliendo del pútrido agujero al cual se había metido. ¿Qué era finalmente, él, atrapado en ese cuerpo que le daba la ilusión de realidad? De que existía como algo palpable, cuando el odiaba su existencia.
Miró nuevamente a Danae, tenía el cuerpo sin magulladura alguna, esta vez Cromwell se había mantenido dormido. Recordó la visión de Integra y deseo verla ahí, durmiendo a su lado. Ahora estaba tranquilo y ella, Danae, había contribuido a aquello, sentía el aire más tibio, como si ambos hubieran vuelto a la vida y sus alientos cálidos expulsaran aquél vaho tan natural en los humanos. Era eso lo que le tenía calmo, cerró los ojos y sus sentidos le avisaron que el día comenzaría dentro de poco, ahora se prestaría a descansar.
N/A
Bueno, asumo que a mis seguidores ya están acostumbrados a esperar. Espero esto sea recompensa suficiente. Gracias a todos ustedes, esto no es una despedida, ahora tengo el tiempo necesario y trataré de reinspirarme para continuar y finalmente terminar esta historia.
Atte.-
Brujhah.-
