Ni la historia ni los personajes me pertenecen.

Capítulo 17

Salimos de la limusina, todavía acomodándonos la ropa. Las cosas entre mis piernas se encontraban pegajosas e hinchadas. Pensándolo bien, creo que no sería muy buena vaquera porque mis muslos aún no se recuperaban de la montada. Realmente necesitaba volver a hacer Pilates. Sin embargo, un poco de lesión muscular no borraba la estúpida sonrisa de mi rostro. Requería más práctica y las probabilidades decían, por la manera en que Naruto seguía poniendo sus manos sobre mí, que no le importaría practicar.

—Hay tantas estrellas. Mira lo claro que está. —Dejé que mi cabeza cayera hacia atrás, inspeccionando el cielo. Recién salida de un gran orgasmo con Naruto Uzumaki a mi lado, el mundo era un lugar jodidamente impresionante.

Naruto me besó el mentón. Metió un dedo en la pretina de mi falda y me llevó hasta la puerta principal de nuestro edificio de apartamentos.

—Vamos, tu camisa se ve incómoda. Necesitas quitártela.

—Pero la naturaleza es hermosa y eso.

—Tus tetas son hermosas y eso. Estoy más que dispuesto a pasar mucho tiempo mirándolas. ¿Te parece bien?

—Sí.

Se rio.

Metí la llave en la cerradura, torpemente por la prisa. La cerradura giró y la puerta se abrió, estrellándose contra la pared. Mierda, qué ruido. Hizo eco a través del pasillo y arriba por las escaleras. Romperíamos el edificio antes de entrar. La Sra. Lucía se iba a enojar con nosotros por ser tan ruidosos. Ella vivía en el primer piso y se consideraba el alguacil de aquí. Nadie tenía el valor de decir lo contrario. Pero si tuviera que hacerlo, me gustaría encontrar el valor y hacerle frente.

Lo que no sabía era cómo hacerle frente a la visión de Shino sentado en las escaleras con un ramo de flores en la mano. Tenían todos los colores del arcoíris. Me detuve abruptamente con Naruto a mi lado. Shino me traía rosquillas de vez en cuando. Una botella de vino cuando salíamos para celebrar mi cumpleaños o el suyo. No me traía flores. Y de seguro no se sentaba en mis escaleras luciendo desesperado, con un mechón de cabello colgando sobre su frente.

—Shino… —Subí las escaleras hacia él.

Naruto se quedó dónde estaba, su mano deslizándose de mi agarre. El color se drenó del rostro de Shino. Se veía tan blanco como una hoja de papel. Mi estado despeinado y el de Naruto no podían ser interpretados de muchas formas diferentes. Shino parecía un niño que había perdido su juguete favorito. No creo que hubiera apreciado en su totalidad las diferencias entre Naruto y él antes de ahora. Pero a pesar de todas sus bromas, Naruto tenía la cabeza y el corazón de un hombre. Shino era un niño. Y ni siquiera podía explicar las diferencias. Simplemente jugaban de diferentes maneras.

—Hinata. —Shino le dio a las flores una mirada perpleja, como si no estuviera muy seguro de cómo llegaron a su poder—. No me di cuenta que tenías compañía. Lo siento.

En silencio, extendí las llaves hacia Naruto. Su boca era una línea plana. Me dio una pequeña sacudida severa de su cabeza y empujé las llaves hacia él. ¿Qué diablos esperaba que hiciera? No podía dejar a Shino sentado en las malditas escaleras. Naruto me miró fijamente y le devolví la mirada, en silencio deseando que entendiera. Dios, este era básicamente mi mejor amigo. Después de un momento, arrebató las llaves de mis manos y siguió adelante, caminando alrededor de Shino. Entró, cerrando la puerta (no de un portazo, gracias a Dios).

Shino me ofreció una sonrisa forzada.

—Eso fue incómodo.

Era un eufemismo. Me senté a su lado, apoyando los codos en mis rodillas.

—Bonitas flores.

—Son para ti. —Me las entregó, el olor era dulce y embriagador.

No me miró a los ojos.

—Gracias. Son hermosas.

—Me tenías preocupado.

La declaración se sentía como una acusación. No sabía que decir. La emoción nunca fue mi punto fuerte. Desgraciadamente, me hallaba muy mal preparada para esta mezcla de tristeza y culpa y lo que sea que él trajo consigo. Mi mamá me enseñó hace mucho tiempo a jugar a lo seguro y mantener la boca cerrada.

—Ustedes dos arreglaron las cosas —dijo.

—Sí. —Por otro lado, mi madre era un modelo bastante de mierda para seguir. Shino merecía algo mejor—. ¿Qué está pasando aquí?

—Me puse a pensar en las cosas. En nosotros.

Se pasó una mano por el cabello, echando el mechón hacia atrás. Siempre me encantó la forma en que hacía eso, acompañándolo con una sacudida de su cabeza. Pero mi corazón no se volcó ni se derritió por él. No como lo hacía por Naruto. Shino esperó demasiado tiempo.

—¿Nosotros? —apunté, enojada y perpleja.

Su sonrisa se hallaba lejos de ser feliz. Asintió hacia el piso de arriba.

— Pensé que se había ido.

—Yo también. Aparentemente, entendí mal.

—Supongo que eso es bueno para ti. ¿Crees que va a durar? —Su voz no era exactamente cruel. Pero la pregunta obtuvo una reacción inmediata.

Tomé un respiro profundo, una respuesta honesta me eludía. Mi estado de felicidad sexual no se había disipado lo suficiente para una honestidad brutal, no con Naruto esperándome arriba. Mi mente no quería saber. Mamá siempre decía que el amor te hacía estúpido. Supongo que no aprendí esa lección, después de todo.

— No sé. Pero espero que sí.

Todavía era relativamente temprano, pero el edificio se sumía en silencio. Nuestras voces apenas se oían.

Shino se levantó, moviéndose lentamente como si lo hubieran golpeado.

— Me voy. Nos vemos mañana.

—Shino —dije, mi voz firme y fuerte. Algo se rompía justo allí a mi lado, y últimamente, como muchas cosas, no creía que pudiera arreglarlo. No podía darle a Shino lo que finalmente decidió que podría querer—. Lo siento.

Bajó la cabeza.

—Es mi culpa, Hinata. Fui un imbécil. Fui demasiado estúpido para ver lo que tenía justo frente a mis ojos hasta que fue demasiado tarde.

No tenía nada. Absolutamente nada que decir. Esperó un momento, los labios apretados con decepción, tal vez. Luego comenzó a moverse.

—Buenas noches. —Corrió por las escaleras, bajándolas de dos en dos, obviamente ansioso por irse.

—Adiós.

Me senté allí, sosteniendo las flores, mirando fijamente al vacío. Necesitaba un momento para recomponerme. El mundo era tan extraño. Nada tenía sentido. Un minuto después, Naruto salió y se sentó a mi lado. Se inclinó, olfateando el ramo. Sus manos golpeteaban rítmicamente sus muslos, pero no dijo nada. El golpeteo con los dedos parecía significar que estaba inquieto u ocupado meditando las cosas. Esta pieza salvaje de percusión era algo completamente diferente.

—Shino se marchó —dije, rompiendo el silencio.

—Mmm.

—Este ha sido un día extraño —dije, citando muy posiblemente el eufemismo del siglo.

—¿Extraño bueno o extraño malo?

—Ambos.

—Mmm. —Se frotó la nuca, tomando una bocanada de aire—. ¿Estás rompiendo conmigo o qué?

Mi cabeza se disparó.

—¿Quieres romper?

No respondió. Durante un minuto o más, no dije nada y él tampoco. Aparentemente, habíamos entrado en algún concurso desquiciado de voluntades. Cuando le di una mirada inquisitiva, simplemente levantó una ceja, esperando que yo lo soltara.

—No podía dejarlo sentado aquí. Es mi amigo.

Naruto hizo un gesto con la barbilla.

—¿Se suponía que los dejara competir en una lucha de pulsos por mí o algo así? Porque eso nunca iba a suceder.

—Follamos y luego me despides con una palmadita en la cabeza. —La forma baja y fría en que lo dijo no ayudaba en absoluto.

—No —le contesté, igualando su tono de voz—. Vamos, Naruto. Sabes que eso no es lo que pasó. Despedí a Shino. Te pedí que esperaras en mi casa. Para darme la oportunidad de hablar con él.

Se me quedó mirando e hice lo mismo.

—No hagas esto —dije.

—¡Dios! —Se frotó la cara con las manos, gruñendo de frustración—. Joder, odio estar celoso. Lo odio.

—Ni que lo digas. —Alcé las manos con la misma frustración—. ¿Son conscientes de lo que quieren hacerles una buena parte de la población que posee vaginas? Ni siquiera me dejes empezar acerca de la gente que tiene penes, porque hay un buen número de ellos tras ustedes también.

—La mierda que dices... —Soltó una carcajada—. Joder.

La tormenta parecía haber terminado, gracias a Dios. Apoyé la cabeza en su hombro, necesitando estar más cerca. Felizmente, me lo permitió.

—Normalmente no peleo con otras personas —dijo, frotando su mejilla contra la cima de mi cabeza—. En la banda, por lo general evito que los chicos se desgarren entre ellos por mierda estúpida. Cuéntales una broma y los tienes sonriendo de nuevo.

—Eres el pacificador. Pero parecías dispuesto a desgarrar a Gaara la otra noche.

—Por ti. Estás resultando ser una especie de jode-mentes para mí, calabacita.

Fruncí el ceño.

—No sé lo que quieres decir.

—Sí, eso no me hace sentir nada mejor

Nos sentamos en silencio. Finalmente, levantó las flores de mis brazos, se puso de pie y se dirigió escaleras abajo. El único sonido era el ruido suave de sus zapatos en las escaleras de madera desgastada. Con cuidado, colocó las flores en la puerta de la señora Lucía, antes de regresar a sentarse a mi lado. Hizo una declaración al confiscar esas flores, pero ¿qué significaba? Esa era la pregunta. Naruto Uzumaki era bastante jode mentes por sí mismo. Y se iba de gira en un par de días. Sería tonto de mi parte ignorar este hecho oh-tan-relevante. Tiré de las hebillas de mis botas, toda agitada. Demasiadas emociones se despertaron dentro de mí.

Él hacía eso.

—Cuando me senté arriba, esperando por ti, se me ocurrieron un par de cosas —dijo.

—¿Si?

—Bueno, ahora eres mi novia de verdad.

Dejé de respirar por un momento, sorprendida.

—Creo que necesitaba oírte decir eso.

—Lo has sido por un tiempo. No fue mi intención que lo fueras, pero lo eres. Sólo tengo que acostumbrarme a ello.

Por supuesto, cuando lo decía así, en cierto modo quería hacerle daño físicamente. En lugar de eso, me senté y esperé a ver a dónde iba con esto.

—No te enojes —dijo—. Sólo estoy constatando un hecho.

—No estoy enojada.

—Mentirosa. Ves, por esto es que deberíamos haber ido a terapia cuando lo sugerí al principio.

—¿Qué? —Arrugué la nariz—. ¿Cuándo sucedió eso?

—El día después de que me mudé, cuando sexteábamos.

—No sexteábamos, sólo nos mensajeábamos. También dijiste que querías tener un perro, si no recuerdo mal. Así que no pensé que fueras en serio con lo de la terapia.

La lenta curvatura de sus labios hizo que algo caliente y delicioso se desplegara profundamente en mi estómago.

—Calabacita, siempre hablo en serio cuando se trata de ti. Incluso cuando estoy jugando, sigo siendo serio como la mierda. Lo que sea que necesites, lo que tenga que hacer. Ha sido así desde que nos conocimos. ¿Todavía no te has dado cuenta? Estamos jodidamente destinados o algo así. No puedo contenerme. Es patético, de verdad.

—Ah. —Metí las manos debajo de mis muslos, dándome un momento para asimilar sus palabras—. ¿Eso es lo que descubriste esperando arriba?

—Sip. —Se acercó más, presionando su cadera en la mía—. Piénsalo. Las cosas eran una mierda y luego te conocí en la fiesta y me entretuviste. Quería más tiempo contigo, y entonces vi un lado de la teta de Saku y Sasuke me echó, así que tuve que mudarme contigo. Quería que durmiéramos juntos y accidentalmente rompimos tu cama saltando sobre ella, así que tuviste que dormir en el sofá conmigo. Quería tener sexo contigo y te aburriste en el viaje a casa y saltaste a mis huesos. ¿Ves? Destino.

Me eché a reír a carcajadas.

—Eso es hermoso. Pero no estoy segura de que tenga sentido.

—Es el destino, Hinata. Escrito en las estrellas. Déjalo en paz.

—Estás loco. —Bajé la cabeza y suspiré. ¿Qué otra cosa podía hacer?

—Eso está mejor. Tampoco puedo soportar cuando estás triste.

Su brazo se deslizó alrededor de mis hombros, apretándome contra él. Agarré sus dedos, sólo sujetándolo. Mucho mejor. Todo estaría bien. Pero aún había un problema sobre el que tenía curiosidad.

—¿Por qué me pediste que fuera tu novia falsa?

Se encogió de hombros, desviando la mirada.

—Quería pasar tiempo contigo. Me haces feliz.

Arrugué la frente. —¿Eso era todo?

—Eso es jodidamente importante. Supongo que con Sasuke emparejado, me sentía un poco solo o algo así. Pensé que podríamos ser amigos.

Lo miré fijamente.

—Necesitaba una oportunidad de llegar a conocerte un poco mejor, estando tú y yo solos. Mudarme parecía una buena manera de hacerlo. Y tú necesitabas la ayuda. ¿De acuerdo?

—De acuerdo.

Permanecimos en silencio por un momento.

—Cualquiera que sea la mierda que te estás diciendo, ya basta —dijo.

—¿Qué? ¿Ahora de qué estás hablando?

—Shino. —Apoyó la cabeza en lo alto de la mía—. Estás preocupada por él. Basta.

—Naruto… —¿Cómo podría explicarle esto? Las palabras eran pesadas, imposibles de pronunciar. No había estado pensando en Shino, pero ahora que lo mencionaba...

—No hiciste nada malo.

Me moví debajo de él, necesitando verle la cara. ¿Desde cuándo podía leerme y por qué yo no podía hacer lo mismo? Parecía tranquilo y seguro, hermoso como el pecado. Con sus labios un poco separados y sus ojos serenos. De repente, las palabras no eran tan imposibles de encontrar, después de todo.

—Lo lastimé.

—Quizás. Pero él te dejó esperando. También te lastimó.

—Pero yo arreglo cosas —le dije—. Es lo que hago.

—No puedes arreglar esto. —Jugaba con mi pelo, envolviendo los mechones cortos alrededor de un dedo.

—¿Por qué no?

—¿Vas a botar mi culo? ¿Enviarme a empacar?

—No. Absolutamente no.

Sonrió y se encogió de hombros.

—Ahí lo tienes.

—Lo haces sonar tan simple.

—Es simple. Ahora soy tu novio, lo que significa que no hay espacio para el admirador inconformista. Tendrá que lamerse sus heridas, mientras nosotros lamemos otras cosas. —Levantó una ceja diabólica.

Mi cabeza se llenó de muchas preguntas necesitadas. Cien y una maneras de rogarle por seguridad. No había ninguna maldita manera de que eso atravesara mis labios. Él era tan increíblemente perfecto y yo lo tuve dentro de mí. Mi cuerpo zumbó con los recuerdos, yendo en línea recta hacia la sobrecarga. Lo quería de nuevo. Tal vez debería encadenarme a su tobillo y acabar con esto. Esa podría ser la respuesta.

—No quería disgustarte —dije—. Pero tenía que hablar con él a solas.

—Sí, lo sé. Fui un idiota. —Gimió, miró al techo—. ¿Es suficiente para una disculpa?

—¿Lo lamentas?

—Sí. Entiendo que Shino es parte de tu vida. Voy a tratar de ser amable con él.

—Gracias.

Su pelo otra vez se encontraba sobre su cara. Con cuidado, metí un poco detrás de su oreja y luego ahuequé sus mejillas.

—Oye, ojos locos. La Operación Novia Falsa se acabó —murmuró—. En caso de que te lo preguntaras.

—Se acabó, ¿eh?

—Como yo lo veo, estamos juntos hasta que decidamos que ya no estamos juntos. No lo pensemos demasiado. Déjalo ordenarse por sí mismo, ¿sí?

Era un buen plan, teniendo en cuenta que empezamos a dormir juntos hace menos de una hora.

—Me parece bien.

—Me alegro de tenerte a bordo, señorita Hyuga. —Cubrió mi mano con la suya, presionándola contra su rostro—. No quiero ser excesivamente grosero o cualquier mierda de esas, pero estoy preocupado por algo.

—¿Qué podría ser?

—Tu camisa.

Abrí la boca y luego la cerré.

—¿Mi camisa?

—Creo que está irritándote. Como inconscientemente. —Sus ojos eran intensos, con expresión grave.

—¿Mi camisa está irritando mi subconsciente?

—No, creo que está irritando la delicada piel de tus pezones y el área alrededor... ¿cómo se llama?

—¿La areola?

—Sí, esa parte. Porque es toda color rosa y sensible, ¿sabes? Es delicada, por lo que creo que mi preocupación con respecto a la naturaleza dura e inflexible de tu camisa es muy importante, a pesar de que todavía tienes que reconocer la incomodidad que te está causando.

—¿Sabes? Podrías haber sido un infierno de vendedor. —Era tan convincente, casi me sentí mal por el suave algodón de mi blusa de mangas largas—. Estoy usando un sostén. Pero mis pezones realmente aprecian tu preocupación.

—Sí, tu sostén está en eso también. Los dos están en tu contra.

—¡De ninguna manera! —dije.

Trató muy duro de no sonreír.

—Lo sé, ¿verdad? Jodidas gracias que estoy aquí para hacer frente a esas cosas.

—Qué tal si vamos arriba y me quito la camisa y el sostén, ¿eso aliviaría tu mente?

—Definitivamente me sentiría mucho mejor si hicieras eso, sip.

—Bueno, está bien entonces. Te reto a una carrera.

Me puse de pie y salí corriendo hacia las escaleras, riendo. El brazo del Naruto llegó alrededor de mí desde atrás, levantándome del suelo, presionándome en su pecho.

—Yo gano —dijo, y me llevó al apartamento donde ambos ganamos, a lo grande.