Ni la historia ni los personajes me pertenecen.

Capítulo 19

Me encontraba a dos manzanas del trabajo cuando vi a Shino caminando hacia mí a través de la multitud mañanera. Su rostro lucía tenso. Cinco minutos tarde. Cinco. Bien, siete (como máximo), ¿y ya salió a buscarme? Incluso me salté mi café matutino para no perder tiempo. Excusas corrieron por mi mente, respaldadas por todas las veces que tuve que quedarme hasta tarde para cerrar porque él tenía una cita. Debería haberlas contado. Habrían ayudado ahora mismo.

—Shino, yo…

—Da la vuelta. —Enganchó mi brazo con el suyo y me giró en la dirección por la que vine—. Sigue caminando. No quieres ir a la tienda.

—¿Qué sucede? —Mi celular vibró en mi bolso. El nombre de Naruto destelló en la pantalla—. ¿Naruto?

—Ah, hola. Tengo buenas y malas noticias. ¿Cuáles quieres primero?

—¿Esto tiene que ver con Shino alejándome del lugar donde trabajo?

—Sí, me llamó hace unos minutos. —Hizo un sonido adolorido—. Escucha, fotos de nosotros en el restaurante fueron esparcidas por la red. Alguien te reconoció y le dijo a un reportero, quien está actualmente fuera de la tienda, esperando conseguir una vista interna de nuestro romance.

—Vale. —Mi mente quedó oficialmente aturdida. Shino me hizo cruzar rápidamente la calle y caminar otra manzana—. ¿Cuáles son las buenas noticias?

—Ahora todos saben de nosotros. No tenemos que escondernos.

—No nos escondíamos, de todas formas.

—Buen punto. Lo siento, calabacita, no hay ninguna buena noticia. Las cosas se pondrán un poco locas por un tiempo.

—Tienes suerte de que te aprecie tanto. ¿Qué va a suceder después? — Entramos a una cafetería. Una mesa estaba disponible en la esquina y Shino y yo caminamos hacia ella.

—Los reporteros probablemente vivirán de cualquier información que puedan conseguir de ti o inventarán mierdas, las suficientes como para tener una historia. Querrán que salga rápido, las noticias se esparcirán y habrá más gente hurgando en tu vida. No debería ser cómo lo que sucedió con Saku, porque no hemos hecho nada tan loco y estúpido como casarnos en Las Vegas. —Tomó una respiración—. No hagas nada demasiado relevante y perderán el interés. Mientras tanto, ¿qué tal si nos quedamos en un hotel?

—¿Qué con mi trabajo? —le pregunté, luego negué con la cabeza. Debería de preguntárselo al jefe, así que me giré hacia Shino—. ¿Qué con el trabajo?

Shino arqueó las cejas ante la pregunta mientras Naruto se aclaraba la garganta.

—Bueno, creo que querrás hablar de eso con él.

—Sí, eso quiero.

—Pero, Hinata, por una vez, no te preocupes por el dinero, ¿bien? Lo tengo cubierto.

Mmm. No me sentía segura al respecto. Pero siendo realista, si me quedaba con Naruto, estaría durmiendo en su habitación de hotel. Ya tenía mi renta pagada. Y aparte de la ocasional comida, no debería necesitar mucho.

—Está bien. Dame un minuto, por favor, Naruto. —Alejé el celular un poco— Lo siento. ¿Shino?

—Ya hablamos —dijo Shino—. Dijo que probablemente todo sería un lío por la próxima semana o así, pero luego debería calmarse.

—Lamento lo del reportero. Pero esperaba poder preguntarte si podía tomarme un tiempo libre, de todas formas. Sé que es con poca antelación, pero dadas las circunstancias…

Shino hizo una mueca y el pánico se desató como un maremoto. No parecía molesto la noche anterior, pero eso no significaba que no estuviera resentido, o bien podría decidir que aguantó suficiente y me despidiera. Las cosas podrían arruinarse bastante rápido.

Pero suspiró y se relajó una vez más.

—¿Vas a ir a la gira con él?

—Me gustaría. Sólo por unos días. Me dará tiempo hasta que las cosas se calmen.

—Supongo que tiene sentido. Aunque si te relacionas con él, esta mierda podría seguir. ¿Has pensado en eso?

—¿Estás pidiéndome que renuncie?

—Por supuesto que no.

—No voy a darme por vencida con él, Shino.

Apartó la mirada. —Puedo cubrirte por una semana, Hinata. Con tan poca antelación, no creo que pueda hacer más.

—No, una semana está bien. Gracias.

—Ya deberías haber salido de vacaciones. Y no puedo tener reporteros en los alrededores, asustando a los clientes. Reorganizaré los turnos con Tara y Alex.

—En serio que lo aprecio.

Hizo un mohín.

—Eres un amigo increíble.

—Yo soy increíble —dijo Naruto en mi oído—. Soy mucho más increíble que él. Ni siquiera puedo… no hay ninguna comparación. ¿Por qué siquiera usarías esa palabra para referirte a él?

—Cállate —le dije.

—Regresa para tu cumpleaños, ¿vale? —pidió Shino con una sonrisa vacilante—. Aún vamos a ir a cenar, ¿cierto?

—Dios, ni siquiera lo había pensado. Estaré de regreso para entonces. — Siempre íbamos a cenar para el cumpleaños del otro. Era nuestra tradición. Naruto aún estaría viajando, así que podía celebrarlo con él antes. Esta sería una buena oportunidad para arreglar las cosas con Shino, salir como amigos—. Me encantaría.

—¿Qué? —preguntó Naruto—. ¿Cuándo es tu cumpleaños? ¿Calabacita?

—Cuídate —dijo Shino—. Si necesitas cualquier cosa, llámame.

—Gracias. En serio, yo… eres un buen amigo.

—Un buen amigo… está bien —dijo a secas. Luego se inclinó, besándome en la mejilla—. Adiós.

—¿Te acaba de besar? —gritó Naruto en mi oído, haciéndolo vibrar.

Hice una mueca, alejando el celular. —Vaya. Niveles de sonido, amigo.

Shino se movió a través de la multitud y hacia la puerta. Tal vez íbamos a sobrevivir después de todo. La noche anterior no me sentía tan segura.

—¿Cuándo es tu cumpleaños? —preguntó Naruto.

—El veintiocho de octubre.

—Dentro de una semana y media. Tendré que comprarte un regalo.

—Bueno. Pero tendremos que celebrarlo antes. Sólo tengo una semana y probablemente fui malditamente afortunada de conseguirla en cinco minutos.

—No puedo creer que te besara. Tiene pelotas, pero aun así, está muerto. — Murmuró un par más de lo que suponía eran amenazas vacías—. No vuelvas aquí, por si acaso. Le pediré a Ino que me ayude a empacar un par de bolsos para ti. Ve a El Benson, ¿de acuerdo? Habrá una habitación lista para el momento que llegues.

—Gracias.

—¿No estás molesta porque haya puesto tu mundo patas arriba?

—Soy una chica grande, Naruto. Sabía quién eras y vi lo que sucedió con Saku. Siempre hubo una oportunidad de que esto sucediera.

—Y si siguiera sucediendo, ¿vas a cansarte de mí y a dejarme?

Mi corazón se rebeló ante el pensamiento. —No. Buscaríamos una solución.

—Sí, lo haríamos —concordó—. Eres bastante suave después de una noche de sexo caliente. Voy a apuntar eso.

—Claro que lo harás, mi amigo.

Se rio.

—Te veo en una hora o dos. Hablaremos en la habitación, ordenaremos algo y pasaremos el rato, ¿sí?

—Suena genial. —Con una sonrisa, me desplomé en la silla. Estaba oficialmente de vacaciones. La última vez que estuve de vacaciones fui a Florida con mamá, papá y Matsuri. Tenía catorce años, el año antes de que todo se fuera a la mierda. Y no había forma de que necesitara estar recordando el pasado.

La vida aquí y ahora con Naruto era como una montaña rusa. Aterradora y divertida. Sin importar cuán extrañas fueran las circunstancias, iba a disfrutar de este rato.

La cena con la banda y sus padres fue agradable.

Después, fuimos a un bar de mala muerte en los límites del barrio chino. Se encontraba ubicado bajando por una estrecha escalera, bajo tierra. No era demasiado limpio, pero tampoco muy sucio. Tenía máquinas de pinball y una mesa de billar, una rockola resonando con Joy Division. La multitud tenía acorralado un mercadillo de estilo clásico. Aparte de un par de miradas, nadie pareció emocionarse cuando entramos. Suponía que todos eran demasiado geniales para enloquecer por unas aburridas y antiguas estrellas de rock. Aunque Suigetsu, el guardaespaldas, vino con nosotros, por si acaso.

Mi celular estuvo sonando debido a mi recién descubierta fama. Recibí muchos mensajes, pero me aseguré de ver sólo los de Matsuri y preguntarle si estaba bien. En realidad no había nadie más con quien tuviera que hablar. Saku me dio un discurso motivacional sobre cómo tratar con toda la atención. De mantener la cabeza gacha y no alimentar al monstruo. En algún momento, perderían el interés y seguirían adelante.

En el hotel, Naruto y yo vimos películas y nos relajamos. Fue genial. Kushina me invitó al bar en el vestíbulo para beber una cerveza antes de la cena. Parecía más preocupada por los medios que yo. No obstante, me las arreglé bastante bien para esconderme de ellos. Le aseguré que su hijo y yo íbamos a estar bien. Realmente bien.

A pesar de todo, había sido un día increíble. Y este bar era genial y relajado y todo lo que debería ser. Nos sentamos en una mesa contra la pared más lejana. Con un asentimiento hacia uno de los bármanes, Gaara ordenó jarras de cerveza (y agua para Neji y TenTen).

—El dueño es un amigo. A veces venimos aquí a jugar al billar, durante el día —dijo Naruto, acercando mi silla a la suya. Parecía emocionado, tocando un ritmo encima de la mesa con la palma de su mano. Su humor era pegajoso, poniéndome al borde también.

No creía haber entendido cuán unida era la banda y sus familias. Durante la cena, Sasuke y Neji adoraron a Kushina. La trataban como si fuera su propia madre la que los vino a visitar. Incluso Gaara demostró una sutil muestra de afecto. Y todos parecían respetar a Minato, el padre de Naruto. Padre e hijo vigilaron a Kushina toda la tarde. Prácticamente estuvieron encima de ella todo el tiempo. Kushina se cansó nuevamente y Minato la llevó al hotel.

Sí, tenía bastantes sospechas de lo que estresaba tanto a Naruto y lo mantenía despierto por las noches. Pero nos las estábamos arreglando bien. Me pidió que no le hiciera preguntas. Todavía no. Y aún no me sentía lista para darle las respuestas de mis problemas. Así que por el momento mantendría mis preocupaciones para mí misma. Pero el día del juicio final se acercaba para ambos. Podía sentirlo.

A unos cuantos días del comienzo de la gira, todos parecían demasiado inquietos como para acabar la noche una vez que Kushina y Minato se fueron. Era demasiado temprano, sólo un poco después de las nueve. Extrañas miradas pasaron entre Sasuke y Neji. Le daban a Naruto miradas curiosas y luego cuchucheaban entre ellos. Tenía la sensación de que Naruto era bastante consciente de ello, por la forma en que seguía dándoles la espalda, lanzando al par miradas frías.

—Oye —dijo Naruto, su sonrisa nerviosa—. Volvamos al hotel y rompamos un poco más la cama.

—Acabamos de llegar.

—Sí, cambié de parecer. Quiero estar a solas contigo. —Su pie comenzó a tamborilear un hiperactivo ritmo contra el suelo—. ¿Qué dices? Nos desnudaremos y veremos lo que sucede después de eso.

—Suena como un experimento genial. ¿Puedo terminar esta bebida y luego irnos? Sería grosero que nos fuéramos de pronto.

—Puff. ¿Cuán a menudo desaparecen Sasuke y Saku?

—La beberé rápido —prometí, antes de tomarme de un trago la mitad de mi vaso de cerveza. Un pequeño hilillo bajó por mi barbilla y humedeció mi apretado suéter verde. Beber así no era de damas, era cierto. Pero con Naruto queriendo desnudarse y ponerse sucio, ¿podían culparme? Diablos, no.

Con todos los susurros de cosas retorcidas encendiendo mis hormonas, no noté la acalorada conversación de los hermanos Uchiha. Al otro lado de la mesa, casi se gruñían. Neji golpeó la mesa, haciendo que los vasos temblaran y llamando la atención de los clientes a nuestro alrededor.

—Por toda la mierda, Sasuke. Sólo pregúntale.

—Te dije que lo dejaras por ahora —respondió su hermano.

Gaara se recostó en su silla y cruzó sus amplios brazos, sin decir nada, y observando todo. Una nueva canción comenzó, los acordes de apertura eran demoledores.

—¡Sí! —gritó uno de los hombres de cabello largo y tatuado detrás de la barra. Me alegraba que alguien estuviera pasando un buen rato. La atmósfera alrededor de la mesa se puso decididamente oscura.

Un músculo comenzó a latir en el cuello de Naruto. Miró a los hermanos Uchiha, su rostro como un rayo.

—¿Qué?

—Ya sabes qué —dijo Neji, gritando para ser oído por encima de la música.

Naruto extendió las manos. —Neji, soy un hombre de muchos, muchos talentos, pero leer tu jodida mente no es uno de ellos.

—¿Qué sucede con Kushina?

La mirada de Saku se movió a toda velocidad hacia la mía. No sabía más que ella. Aún.

—¿Qué estas insinuando, Neji? —preguntó Naruto, inclinándose hacia delante en su asiento—. Di la verdad, ahora.

—No te hagas el idiota. —Sasuke puso los codos sobre la mesa, mirando furiosamente a Naruto—. Nos preocupamos por Kushina. Ha perdido un montón de peso. Pareciera que hasta una brisa podría llevársela. Tú y Minato nunca dejan de mirarla. Sabes exactamente de lo que Neji está hablando.

Casi podía escuchar a Naruto apretando los dientes.

—Tenemos derecho a saber —dijo Neji.

Sasuke se mordió las mejillas.

—Vamos, hombre. Sólo dínoslo.

Mierda. Naruto se puso rígido en su asiento junto a mí y luego comenzó a temblar. Necesitábamos irnos. Puse una mano en su brazo. Vibraba con tensión. No sabía cómo confortarlo, pero tenía que intentar.

—¿Naruto?

Me apartó sin siquiera una mirada.

—Estuvo enferma o algo —dijo Naruto—. Eso es todo. No hagan un lío por eso. ¡Neji, joder!

—Esto es lo que te ha estado molestando, ¿no? —preguntó Sasuke—. Kushina está enferma. Realmente enferma.

—No sé de lo que están hablando. —La risa de Naruto sonó horrible—. Esto es ridículo. Neji probablemente ha vuelto a inhalar, pero ¿cuál es tu excusa, Sasuke?

TenTen se levantó de golpe. Agarró la cerveza restante en su jarra y se la lanzó en el rostro a Naruto. Líquido espumoso y frío me salpicó, y Naruto retrocedió con sorpresa.

—¿Qué diablos? —gruñó, levantándose rápidamente.

Frente a él, Neji también se puso de pie, protegiendo a una beligerante TenTen con su cuerpo. Todos se detuvieron, toda la conversación en el bar muriendo. El plan de beber un par de cervezas claramente se fue a la mierda.

—No le grites —dijo Neji, sus manos apretadas en puños.

Los hombros de Naruto temblaban. Los dos hombres se enfrentaron por encima de la mesa, ambos furiosos. Lentamente, Gaara y Sasuke se levantaron. Todo se iría al infierno en nada.

—Naruto, vamos —dije— Dales tiempo para que se relajen.

De nuevo, me ignoró.

—Vete, hermano —dijo Gaara, su voz siniestramente calmada.

La cerveza chorreaba del cabello de Naruto. La parte delantera de su camisa se humedeció. Desde atrás de nosotros destelló un flash. Un tipo se encontraba con su teléfono en mano, sacando fotos. Idiota. Sin otra palabra, Naruto se giró y caminó hecho una furia hacia las escaleras, casi mandando a volar a una chica llevando una botella de algo. Permanecí allí, sorprendida por un momento, inútil y pegajosa con cerveza. Gaara y Suigetsu se fueron tras él.

—Hinata, déjanos tratar con esto —dijo Sasuke.

Sasuke y Neji también se marcharon, trotando por las escaleras pequeñas y oscuras. Como el infierno que iba a hacer lo que me pidió. Naruto dejó su chaqueta en la parte trasera de su asiento. Se congelaría afuera. La cogí y una mano agarró mi muñeca. La mano de Saku.

—Por favor, dales una oportunidad de hablar —dijo, cerniéndose sobre mi rostro—. Esos tipos han estado juntos por un largo tiempo.

Cogí mi bolso y apreté su chaqueta contra mi pecho.

—No.

—Pero…

No tenía tiempo para esta mierda. Lo que necesitaba hacer era encontrar a Naruto y ver si se sentía bien. Corrí escaleras arriba, más allá de la planta baja y salí por la puerta. El frío aire me estremeció, cortesía de la humedad en mi suéter y vaqueros. Mi corazón latía a mil por segundo. Mierda. No veía señales de ellos en ninguna dirección. Su Jeep desapareció del otro lado de la calle. Podían estar en cualquier lugar.

—Mierda.

¿Qué hacía? ¿A dónde iba? Tal vez regresó al hotel. Sí, por supuesto. Un taxi pasó y extendí el brazo. Demasiado lentamente, se detuvo.

Abrí la puerta trasera y entré.

—A El Benson, por favor. Lo encontraría.