Ni la historia ni los personajes me pertenecen.
Capítulo 20
El texto de Saku llegó a las diez y cuarenta y cinco. Me quedé despierta, mirando al techo, porque mirar las paredes se había vuelto aburrido. Él no regresó al hotel. Estuve esperando por más de media hora.
Saku: Ino me dio tu número. Los chicos hablaron con Naruto y luego se fue de nuevo. No saben adónde.
Hinata: Bien.
Saku: ¿Sabes dónde puede estar?
Hinata: Si lo encuentro voy a hacerte saber.
Saku: Gracias.
Él podría estar conduciendo por la ciudad. Pero era más probable que si se encontraba alterado, querría desquitarse con su batería. Tomé un taxi. El dinero tal vez era escaso, pero no esperaría a que viniera a mí por más tiempo. Esperaba que Sasuke y compañía lo hubieran calmado. Ahora era el momento de hacer mi parte, sea lo que sea. Me senté en el asiento de atrás, tratando de pensar en qué iba a decir. Después de todo, no tenía palabras sabias.
Una llovizna con neblina empezó a caer en el momento que llegué a la sala de prácticas. Mi aliento formaba vaho. Ah, Portland. Nunca decepcionaba. El mejor clima alguna vez visto. Vi el Jeep de Naruto estacionado al lado del edificio. Gracias a Dios, estaba aquí.
El frenético ritmo de la batería se oía a través de las paredes del edificio, sacudiendo hasta sus cimientos. Unos pocos bichos rodeaban la tenue luz por encima de la puerta de metal. Dejó la puerta abierta, por suerte. Entré, preparándome para el ruido. En el escenario, vi a Naruto, sentado en medio de una potente luz, creando una apabullante tormenta de sonido. Más cerca de él, baquetas rotas llenaban la zona. Naruto había roto una cantidad impresionante en tan poco tiempo.
Subí al escenario, caminando hacia él. Siguió sentado, relajado frente a la batería con los ojos cerrados, las manos moviéndose tan rápido que eran casi un borrón. Brillaba con sudor, ya cubriéndole la parte superior del cuerpo. Su cabello rubio pegado a los lados de su cara. Una botella de Johnny Walker Etiqueta Negra yacía en el suelo. Las líneas de sus músculos y los ángulos de sus pómulos eran rudos debajo de la dura luz.
Parecía perdido en su propio mundo, totalmente inconsciente. Dudé por un momento y luego me dejé caer, sentándome con las piernas cruzadas. Me tapé los oídos, pero hizo poca diferencia para el ensordecedor estruendo de la batería. No importaba. El choque de los platillos me atravesó. El fuerte ruido sordo del bombo golpeó mi corazón. Continuó tocando, moviéndose entre los ritmos, pero nunca se detuvo. Ni siquiera para beber. Recogería la botella y la sostendría con una mano, la otra y ambos pies nunca perdiendo el ritmo. Después del segundo trago de whisky, sin embargo, no espero a que la botella llegara al suelo antes de soltarla. Se volcó, derramando líquido. Me deslicé y la puse en posición vertical, volviendo a ponerla en su lugar al lado de él. Pareció registrar mi presencia por primera vez, inclinando la barbilla en señal de saludo o reconocimiento, o no sé qué. Tal vez lo imaginé. Luego se centró de nuevo en la música, con más energía.
Saqué mi teléfono y luego vacilé. Saku me hizo enojar, reteniéndome, pero estas personas también eran su familia. Merecían saber que él todavía continuaba en una pieza.
Hinata: Está en la sala de prácticas.
Saku: Gracias.
Sasuke Uchiha entró no más de quince minutos después. Asintió hacia mí, luego cogió una guitarra y la conectó.
Cuando los primeros acordes resonaron, Naruto abrió un ojo y vio a Sasuke de pie frente a él. No dijo nada. El tiempo pasó, lento y rápido a la vez. Ambos tocaron durante horas. Caí en una especie de aturdimiento. Me tomó un momento darme cuenta cuando finalmente se detuvieron.
—Hola —dijo con voz ronca, las palabras silenciadas como si estuviéramos bajo el agua. El ruido podría haber roto mis oídos.
—Hola.
Se llevó la botella casi vacía de whisky a los labios y tomó otro poco. Su mirada se quedó en mí. Con cuidado, enroscó la tapa de nuevo. Le tomó un par de intentos.
—Estoy un poquito jodido, calabacita.
—Está bien. Te ayudaré a volver al hotel.
Asintió, olió sus axilas. —Y apesto.
—Te ayudaré a ducharte, también. —Me acerqué y me arrodillé entre sus piernas—. No es un problema.
Sus manos se curvaron sobre mis mejillas, acunando mi rostro. Poco a poco, presionó sus labios con los míos.
—Mm, siento algo por ti, Hinata. Lo cual es jodidamente impresionante teniendo en cuenta lo entumecido que estoy ahora mismo.
—Es enorme —concordé.
—Normalmente no soy así... de beber tanto. Quiero que sepas eso. Es que... —Un músculo tuvo un espasmo en su mandíbula y miró a lo lejos.
—Lo sé, Naruto. Está bien.
No hubo respuesta.
—Superaremos esto.
—Hinata…
En una ráfaga de movimiento, cayó de espaldas del taburete. Agarré sus vaqueros, tratando de mantenerlo erguido. No la mejor idea. Una de las zapatillas de Naruto se topó con un lado de mi cabeza, lo cual dolió. Su otro pie chocó los platillos y cayeron al suelo.
—Mierda. —Pasos se acercaron. Naruto yacía de espaldas, riendo.
Me senté sobre mis talones, frotando el punto sensible en mi cráneo. Qué noche.
—¿Estás bien? —preguntó Sasuke, en cuclillas a mi lado.
—¡Muy bien! —exclamó Naruto, sin dejar de reír como un loco.
—No hablaba contigo, imbécil. Pateaste a Hinata.
—¿Qué? —Naruto se giró, agarró el taburete y lo arrojó a un lado. Corrió a mi lado, empujando a Sasuke—. Calabacita, ¿estás bien?
—Sí, no fue un golpe fuerte. Ningún daño.
—Joder. Oh, mierda, Hinata. —Me rodeó con sus brazos, abrazándome tan fuerte que casi me estranguló—. Lo siento tanto. Tenemos que llevarla a un hospital y hacerle un eceflogarma. Encefalograma. Joder, uno de esos.
—No necesito un hospital o un encefalograma. Es sólo un golpe.
—¿Estás segura? —preguntó Sasuke, comprobando mis ojos.
—Sí —dije—. Fue un accidente, Naruto. Cálmate.
—Soy el peor novio del mundo.
—Seguro como el infierno que no te contradigo —dijo Sasuke.
—Jódete, Sasuke.
—La fiesta terminó. Es hora de que todo el mundo vaya a casa. —Sasuke lo sacó de encima de mí y lo puso de pie.
Naruto parecía sorprendido de verse allí. Permaneció parado y se tambaleó, frunciéndome el ceño.
—¿Estás bien?
—Sip.
—Lo siento jodidamente tanto, calabacita. ¿Quieres que me golpeé la cabeza? ¿Eso te hará sentir mejor?
—Um, no. Pero gracias.
Sasuke colocó el brazo de Naruto sobre sus hombros, arrastrándolo o acarreándolo por el corto tramo de escaleras que conducían fuera del escenario. Era difícil decir cuál.
—Espera, ¿dónde está su camisa?
Se congelará allí fuera.
—Se lo tiene bien merecido.
—Cállate, Uchiha. Eres una pequeña perra llorona.
—Sí, y tú estás borracho.
Me adelanté y mantuve la puerta abierta para ellos. Naruto tropezó y casi cayeron. Pero Sasuke consiguió que se movieran hacia delante otra vez en lugar de caerse de cara. Por poco.
—Estoy bien, hombre —dijo Naruto, alejándose de él para tambalearse peligrosamente por su cuenta. Agarré su mano para sostenerlo y me empujó bajo su hombro, afirmándose—. Mira, todo está bien.
Sasuke asintió, permaneciendo cerca.
—Le di trabajo a mi kit Ludwig esta noche. Rompí un montón de baquetas también. —Naruto lanzó su otro brazo alrededor de mí, sosteniéndome cerca. De verdad necesitaba una ducha—. Unas baquetas American hickory. Unos platillos Zildjian. Fueron hechos para ser golpeados, pero debo haber roto ocho, tal vez diez. Sucede en conciertos a menudo, pero tú no escuchas eso. Sólo tomo la siguiente, y sigo adelante, sin perder el ritmo. Así es como lo hacemos. La mierda se rompe, no importa, sigue tocando.
Suspiró, cambiando su peso contra mí. Separé más mis pies, manteniendo los brazos firmemente alrededor de su cintura. El hombre no era liviano.
—Estoy perdiendo el ritmo, Hinata. Puedo sentirlo. Mierda eso no está bien.
Levanté la mirada hacia su hermoso rostro. Mi corazón rompiéndose por él.
—Lo sé. Pero está bien. Te tenemos.
Me frunció el ceño.
—Te tengo —dije.
—¿Estás segura?
—Mucho.
Asintió lentamente. —Está bien. Gracias, calabacita.
—Volvamos a la habitación del hotel.
La lluvia se detuvo, por suerte. Sasuke intervino de nuevo, ayudando a Naruto a dirigirse hacia el Jeep, apoyándolo ahí. Uno de los Escalade negro brillante estaba estacionado cerca.
—Hombre, ¿dónde están las llaves? —preguntó Sasuke, cavando en los bolsillos de los vaqueros de Naruto.
—Jesús, Sasuke. Guardé eso especialmente para Hinata.
—No estoy interesado en tu polla. ¿Dónde están las llaves de tu coche?
—No me malinterpretes, hombre. Te amo, pero no de esa manera.
—Uh, las tengo —Las llaves colgaban en el dedo de Sasuke— Hinata, ¿puedes conducir con él? Voy a seguirlos, te ayudaré a llevarlo a la habitación.
—Genial. Gracias.
—Increíble —murmuró Naruto. Dejó caer la cabeza hacia atrás y cerró los ojos. Su boca, por otro lado, se abrió completamente—. ¡TE AMO, HINATA!
Salté, algo sorprendida por el ruido.
—Santa mierda.
—TE AMO.
Sasuke me miró con una ceja levantada.
—Eh. Está muy borracho —dije, y Sasuke sonrió a medias. Mejor ignorar mi pequeño ataque al corazón por las palabras de Naruto.
—¡JODIDAMENTE TE AMO, HINATA!
—Sí, de acuerdo. Ahora cállate. —Sasuke intentó poner una mano sobre la boca de Naruto.
—¡HINATAAAAA! —Mi nombre fue un aullido largo, interminable, amortiguado cuando Sasuke se las arregló para cubrir su boca. Gruñidos apagados y refunfuños vinieron después.
—Maldita sea —maldijo Sasuke—. Me acaba de morder, joder.
—¡Mi amor no debe ser silenciado!
Hice mi mejor esfuerzo para no reír.
—¿Naruto? Tengo dolor de cabeza porque me golpeaste accidentalmente en el cráneo. ¿Te importaría estar en silencio?
—Oh, mierda, joder, vale. Lo siento, calabacita. Lo siento mucho. —Levantó la mirada al cielo—. Mira, Hinata, estrellas y mierda. Es hermoso, ¿no?
Levanté la vista y evidentemente las nubes se habían separado, permitiendo a un par de valientes estrellas brillar a través de ellas.
—Cierto. Ahora regresemos al hotel.
—Mm, sí, vamos. Tengo algo en los pantalones que quiero mostrarte. —Sus torpes dedos comenzaron a meterse por la cintura de sus vaqueros—. Mira, es realmente importante.
Le agarré los dedos, apretándolos fuerte. —Eso es genial. Muéstrame en nuestra habitación, ¿de acuerdo?
—Está bien. —Naruto suspiró felizmente. El aire alrededor de él consistía sólidamente en vapores de whisky.
—Gracias por enviarle el mensaje a Saku. —Sasuke abrió la puerta del lado del pasajero, agarró el brazo de Naruto y procedió a empujarlo en el coche—. Crees que esta noche fue divertida, espera hasta que nos vayamos de gira. Entonces las cosas se pondrán interesantes. Es la primera vez que va a haber esposas o novias con nosotros.
—Por la forma en que lo dices... ¿debo estar asustada?
Naruto golpeó la ventana del lado del pasajero.
—Hinata, mis pantalones pican. Creo que les tengo alergia. Ven, ayúdame a sacármelos.
Ambos lo ignoramos. Sasuke se rascó la cabeza.
—Creo que será una curva de aprendizaje para todos nosotros, ¿cierto?
—Sí. —El futuro era una pelota grande y fuerte de la cual no tenía una maldita pista sobre qué pasaría. Y por una vez, eso me parecía bien.
