¡Al fin terminé el capítulo! Disfrútenlo. Es el capítulo más largo que escribí hasta ahora (unas 8.000 palabras aproximadamente).
Ya eran las 10:30 de la noche y Ron aún no podía conciliar el sueño, estaba inquieto y no podía comprender exactamente el porqué. Trató de volver a dormirse, mientras sentía las respiraciones de sus compañeros de dormitorio, pero parecía que esa noche no iba a lograrlo.
Miró la cama de Harry y pudo ver que su amigo tampoco podía dormir, aunque no se atrevió a hablarle. Sentía que debía estar solo, que sus pensamientos e inquietudes debía resolverlas él mismo, era como si su problema fuese sólo de él y no quisiera decirle. Además, si su amigo quería contarle lo que le pasaba, lo haría por su cuenta, Harry era ese tipo de chicos.
Suspiro con resignación una vez que vio su intento de dormir arruinado, mientras se levantaba y caminaba hacia la salida del cuarto. Tropezó unas cuantas veces por estar aún adormilado, pero sus amigos parecían que tenían el sueño demasiado pesado, y Harry no se había dignado a decirle una palabra a pesar de (estaba seguro), saber que él estaba despierto.
Una vez que llegó a su Sala Común, consideró el quedarse allí y pedirle algo de comer a Dobby, pero luego de pensarlo unos momentos desistió, sentía un nudo en su estómago demasiado molesto. Salió de su Sala Común con pasos densos, cual sonámbulo cansado y agobiado. Bufó por la estúpida metáfora, riéndose de si mismo por pensar en semejante estupidez.
El asunto importante era ¿Qué demonios le estaba pasando? No era tonto, sabía que tenía algo raro y no podía precisar muy bien qué era. Algo le tenía inquieto, pero ¿Por qué? Arrugo la frente con concentración, si Hermione lo viera se reiría de él.
Negó con la cabeza varias veces, incapaz de creer que él estuviera pensando en semejante estupidez. Debía dejarse de idioteces, comerse algo y luego seguir durmiendo.
Era tan fácil decirlo, lo contrario a hacerlo.
Tan concentrado iba en sus pensamientos que no fue consciente de nada a su alrededor, mucho menos de que alguien igual o peor de distraído que él caminaba a pasos ligeros en dirección contraria. Esto causó que el otro muchacho cayera, al ser éste más pequeño y bajo que Ron, quien solo se tambaleó.
La otra persona cayó de bruces al suelo, causando un ruido sordo. Ron se puso colorado, mientras balbuceaba una disculpa y trataba de ayudar al otro muchacho a levantarse.
Se quedó sin aliento al ver esos ojos color miel, abiertos y fijos en los de él. Se perdió en los matices dorados de sus ojos, sin ser consciente de que lo hacía. Sólo cuando sintió al muchacho dar un respingo y hacerse inmediatamente para atrás, fue que se dio cuenta, causando un sonrojo en sus mejillas.
Ron estaba paralizado. Algo en él se había removido, contrayéndose y apretujándose en su estómago. Se sentía levemente mareado, y lo peor aún, era que no le podía sacar el ojo de encima al muchacho. Debía ser porque era un Slytherin, y si ese chico andaba tan distraído debería ser por algo. ¿Y si tramaba algo…? El pelirrojo entrecerró los ojos con sospecha.
—Zabini—su susurro se perdió en ese pasillo oscuro, alumbrado sólo por la luz de la luna que se filtraba por uno de los ventanales.
—Weasley—le dijo el muchacho. Ron frunció el ceño, preguntándose el porqué le saludó en primer lugar. Suspiró con resignación, mientras ayudaba al muchacho a levantarse del suelo, tendiéndole una mano.
—Siento haberte chocado, iba demasiado concentrado en mis pensamientos—dijo el pelirrojo con frialdad y una mueca de desprecio en su rostro. Ese chico no le gustaba, su instinto le decía que algo mal andaba con él. Bufó levemente, antes de despedirse con un seco "Adiós" y comenzar a caminar, siguiendo el camino que tenía planeado antes de chocar con el Slytherin. Sin embargo, la voz del otro muchacho le detuvo en su andar.
—Weasley
—¿Qué?—le preguntó bruscamente, girándose y mirándole con cara de pocos amigos. El otro muchacho suspiró y luego le miró con sorna y burla.
—Se te cayó esto, Weasley—Ron entrecerró los ojos, no gustándole el tono que el Slytherin estaba usando con él. Usaba su apellido como si fuera un insulto, a lo que el pelirrojo solo quería golpearle. Seguro que se estaría riendo de él, por pertenecer a una familia "traidora a la sangre" y "pobretona, llena de críos", como bien sabía el muchacho que le decían a sus espaldas.
El pelirrojo suspiró, y luego miró con molestia lo que el otro chico le daba. Era una pequeña libreta, de un color morado oscuro y con letras elegantes, de un color más claro y que hacía resaltar la frase "Diario: Hogwarts".
Ron se puso tan rojo como su cabello, mirando incómodamente la mano del otro chico. Era injusto que de todo el Colegio, justo ese muchacho encontrara algo tan íntimo y secreto como lo era su diario. Ni siquiera Harry sabía de su existencia, y eso ya era decir mucho, puesto que el moreno de su amigo sabía todo de él.
Ese diario se lo habían entregado una vez, como regalo de cumpleaños. Cuando había cumplido los 10 años, la tía Ester Frandouski Weasley se lo había entregado con una gran sonrisa llena de alegría y esperanza, esperando que a Ron le agradara el diario tanto como a ella. Claro que el pelirrojo se había avergonzado mucho, puesto que ese regalo en realidad le tendría que corresponder a Ginny por ser mujer, sin embargo no había tenido el poder de voluntad para decirle "no" a su tía.
Pero ese diario tenía algo especial, como bien había descubierto cuando un día curioseaba entre sus cosas. Cuando una persona escribía algo que le incomodara, una decisión tan importante que no sabía como actuar, o alguna cosa que debía elegir, el diario le respondía como su consejero, diciéndole qué estaba bien o qué le convenía hacer. Pero ahora ese estúpido Slytherin lo había encontrado, y aunque el Diario tuviera contraseña, eso no omitía el hecho de que era vergonzoso.
Se enfurruñó enseguida, tomando con brusquedad el diario y luego sonrojado, miró hacia los ojos dorados del otro muchacho.
—Así que te gusta escribir lo que sientes, ¿eh?—su burló con maldad, viendo como la cara de Weasley se ponía tan roja como un tomate. Los ojos celestes del Gryffindor se alzaron, mirándole con resentimiento y ligeramente entrecerrados. Blaise amplió más su sonrisa, haciendo enrabiar aún más al pelirrojo.
Le gustaba como se ponía de abochornado, como se sonrojaba. El rojo de su rostro llegaba hasta el cuello y las orejas; haciendo resaltar las pecas que tenía en sus mejillas y parte de su cuello, le resultaba adorable y a la vez "apetecible" para hacerlo rabiar. Un día se cumpliría lo que Draco le dijo "Si sigues burlándote así de la gente, un día de estos te patearan el culo", y estaba seguro que si el pelirrojo le golpeaba, le dolería hasta en el más recóndito lugar en su alma.
—Cállate—musitó, avergonzado y humillado. Nunca se había puesto tan nervioso y abochornado.
—Oh, el pequeño Weasley es agresivo en las noches. Me pregunto si serías así de apasionado en la cama—Blaise se llevó una mano al mentón, como en verdad pensándolo.
Ron abrió los ojos como platos, al igual que su boca. No podía creer lo que el otro muchacho le había dicho, como se había atrevido a hacerle semejante insinuación, como pudo siquiera pensar en que… ¡Demonios! ¿Es que se había encontrado con un violador en potencia…?
—¡Zabini!—le gruñó, con molestia y mirándolo con la intensión de lucir lo más amenazante y peligroso que podía. Hubiese funcionado si no estuviera tan sonrojadito y "tiernito".
El morocho abrió los ojos con inocencia, mirándole con sus cautivadores ojos. —¿Qué?—le preguntó inocentemente.
Ron se mordió la lengua, tratando de no lanzarle cualquier improperio.
—¡Eres igual de pervertido que tus compañeros!—gruñó con los dientes apretados.
El rostro del otro muchacho cambió radicalmente, para poner en su lugar una expresión seria y levemente molesta. Si alguno de sus compañeros había osado a…
—¿Qué compañero mío te molesta?—le preguntó, con los ojos entrecerrados.
El pelirrojo le miró confundido. ¿Es que más bipolar no podía ser? Primero le miraba con desprecio, luego con burla, después con una cara pervertida y ahora molesto. ¿Qué demonios le pasaba esa semana a los Slytherins? Todos eran unos chiflados e idos del coco.
—No dije que fuera un compañero, ni que me molestara—no arriesgaría a Luce, ella le caía bien por hacer enojar y rabiar al rubio estúpido y presumido. Pero pensándolo bien… en verdad muchas veces le molestaba, mucho más últimamente que no dejaba de acosarlo a él también. —Sólo dije que todos ustedes eran unos pervertidos que aún no han salido del closet—se refería obviamente a algo metafórico, como diciendo que ellos aún no habían mostrado su naturaleza pervertida.
Sin embargo, el otro muchacho interpretó mal las palabras. Blaise le miraba con una cara que estaba postrada entre el horror y el asco.
—¿Es que tú sí has "salido del closet"?—le preguntó despectivamente. El pelirrojo se molestó por ese tono, no iba a permitir que le trataran mal.
—¿Qué demonios quieres decir…?
Sin embargo, la frase quedó en el aire cuando comprendió lo que el otro muchacho le insinuó, y no pudo evitar que los colores se le subieran a la cabeza. Entrecerró los ojos y lo miró con los labios apretados.
—¡Maldito Slytherin hijo de…!—el pelirrojo se tiró a por el otro, tirándolo al suelo y tratando de asestarle un puñetazo en el rostro. Si su carácter era inestable, el de Blaise lo era el doble, por lo que el castaño se enojó también y comenzó a querer devolverle los golpes.
Ron, triunfante, se puso sobre el cuerpo del otro chico y apretó su puño, dispuesto a golpearlo, sin embargo escuchó un pequeño gemido que no pudo ignorar.
Ambos muchachos levantaron la mirada hacia el oscuro pasillo de donde provenía el sonido, y brevemente se preocuparon por el hecho de estar interrumpiendo algo "raro" que estuviesen haciendo algunos pervertidos, pero sin embargo pronto escucharon otro gemido y lo reconocieron como uno de dolor y no de placer.
Ron se levantó rápidamente de encima del castaño, y miró preocupadamente hacia el pasillo. Unos pasos podían escucharse, junto a una respiración agitada y los pequeños gemiditos ocasionales que salían de su garganta.
Pronto pudieron ver la silueta de un alumno, aunque no pudieron precisar si era hombre o mujer debido a la capa que ocultaba los rasgos corporales de la persona.
Blaise se levantó con cuidado y se puso al lado de Ron, mirando también en la misma dirección. De repente, ambos pudieron reconocer el rostro golpeado y amoratado de Luce, la alumna nueva del Colegio.
El pelirrojo, con la preocupación postrada en su interior, caminó rápidamente hacia la muchacha, tomándola con cuidado por la cintura.
—Hay—la muchacha tubo un respingo y trató de alejarse de él, pero Ron no se lo permitió, apretando levemente la mano que tenía sobre la cintura de la muchacha.
Blaise quedó mirando como es que el pelirrojo tomaba a la otra muchacha, y con curiosidad se preguntó que le había pasado a la chica. La morena tenía varios cortes y rasguños en su cara, así también como en su cuello, su ojo derecho estaba algo morado y su labio inferior podía verse aún desde lejos hinchado. Caminaba con pasos cortos, lentos y costosos… sin duda le habían golpeado en las piernas, así también como en el estómago pues ahora podía ver claramente como sus manos estaban allí. Sin embargo, lo que más llamó la atención del Slytherin fue ver como su cabello antes lacio y largo ahora estaba corto, solo llegándole hasta los hombros.
Era una tonta, pensó con desprecio; no servía para ser Slytherin si se había dejado vencer tan fácilmente. Blaise puso una cara de total desprecio, totalmente avergonzado de tenerla en su casa, y se lo hizo saber claramente al enviarle una mirada llena de asco y molestia.
Luce no se preocupó en devolverle la mirada, pues demasiado tenía ya con sus temblores. Sin embargo, lejos de ser por el dolor, los temblores se debían a las ganas irrefrenables que tenía de vengarse. De golpear la cara fea y llena de imperfecciones de esa estúpida y zorra Marietta, de hacerle pagar por lo que le había hecho.
—Malditas cobardes—gruñó sin ser consciente de que las palabras salieron de su boca con tanto veneno que hasta el Slytherin cambió un poco su expresión facial. Solo un poco.
—¿Qué te ha pasado, Luce?—le preguntó Ron con preocupación, mirándola a los ojos. Luce gruñó palabras incomprensibles, mientras se alejaba del toque del pelirrojo y con brusquedad se limpiaba su túnica.
—Nada digno de mencionarse.—espetó con molestia, intentando caminar hacia su Sala Común. Se odió por no ser capaz de caminar con normalidad, el tener dolor le hacia enojar, porque no podía aguantar el ser vulnerable, el aceptar que perdió esa batalla…
Pero no perdería la guerra, se dijo con determinación. No dejaría eso impune, se vengaría de la manera más cruel y dolorosa que encontrara, las humillaría a cada una de ellas y de paso, hechizaría a la Chang otra vez.
Su rostro mostró una mirada llena de sadismo y odio, en busca de la venganza. Venganza que le sería concedida, quisiera el destino, o no.
—Oh, claro. ¿Y por "nada digno de mencionarse" estas como si te hubiesen golpeado hasta la inconsciencia?—le preguntó, su voz cargada de ironía. Se olvidó por completo del otro Slytherin que miraba la escena con confusión y a la vez molestia.
Los ojos oscuros de Luce mostraron un tinte peligroso, diciéndole claramente que era mejor que no siguiera si quería tener descendencia.
—A mi nadie me ha golpeado.—gruñó con voz siseante.
—Vamos, Luce, que no soy tonto—dijo Ron, tratando de sacarle la verdad. Luce le miró unos momentos, y luego suspiró con frustración.
—Déjame en paz, Ronald.—había sonado peligrosamente como Hermione, notó Ron.
—Si hay algo en lo que pudiera ayudarte…
—Llévame con Hermione—le dijo, con la voz algo quebrada. Se sentía tan humillada, a la vez que enfadada, odiaba que le tocaran, que le golpearan.
Suspiró con fuerza y cerró los ojos, tratando de controlarse. Apretó los puños y luego se mordió el labio inferior, dando un respingo inmediato al notarlo hinchado y dolorido. Gruñó con resignación, como un gato derrotado y herido.
—Está bien—musitó Ron, antes de hacerle un gesto para que lo siguiera. Luce miró como comenzaba a caminar, y antes de seguirlo, posó sus ojos sobre la figura que seguía inmóvil a unos pasos de ella.
—Espero que no digas a nadie sobre esto, Zabini. Te aseguro que, como buena Slytherin que soy, me vengaré así me cueste cualquier cosa.—sus ojos de repente lucieron peligrosos y un aura llena de odio comenzó a rodearla. Blaise mantuvo la indiferencia en su rostro, aunque por dentro sentía cierta curiosidad.
Luce se perdió junto al pelirrojo antes de que él pudiera contestarle…
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Las voces se escuchaban por todo el Gran Comedor, mientras los alumnos disfrutaban de un ameno pero delicioso desayuno. Eran apenas las siete de la mañana, pero al parecer los alumnos se habían puesto de acuerdo para levantarse más temprano a estudiar, puesto que la mayoría de ellos tenían evaluaciones teóricas.
Los alumnos de cinco año de cierta mesa se veían particularmente inquietos, hasta asustados algunos. La razón no era otra más que el Profesor de Pociones, con quien tenían a la primera hora una evaluación especialmente dura, y ellos sabían que se verían poco favorecidos por el solo hecho de ser de Gryffindor.
Sin embargo, a pesar de esto, lo estudiantes se veían felices… todos excepto un grupo en especifico. El Trío Dorado, junto a Neville, Dean, y Seamus se encontraban con miradas algo preocupadas, entre ellas destacaba Hermione, quien miraba a otra muchacha con preocupación y un poco de miedo. Porque sí, ese día les acompañaba también otra muchacha, una chica que no aparentaba tener más de catorce años y que se veía enfadada y deprimida por una razón incomprensible para algunos del Gran Comedor.
Pero esto, sin embargo, no era lo que llamaba la atención, sino el hecho de que dicha muchacha estaba vestida con un uniforme de color verde y plateado, con un logo en el cual se encontraba una serpiente. Y sí, esto era algo digno de mencionar por el solo hecho de que los Slytherins no se juntaban voluntariamente con los Gryffindors, por esas ya estúpidas y sin sentido peleas y rivalidades que existían entre ambas casas.
—Luce, ¿no quieres comer esta tarta que se ve deliciosa?—le preguntó Hermione a la muchacha, conociendo la obsesión que tenía su amiga por el chocolate.
—Humf—murmuró simplemente la adolescente, sin escuchar realmente lo que le decían. Ella solo estaba concentrada en vengar esa humillación que sentía, no podía quedarse de brazos cruzados.
—¿Qué demonios fue lo que te pasó?—y allí salía a relucir el tacto que poseía Ronald Weasley. Luce le mandó una mirada feroz, negándose a contestar.
Cuando habían llegado finalmente a la habitación de chicas de los Gryffindor la noche anterior, Hermione le había recibido muy preocupada por sus heridas y cortes, preguntándole sin cesar que le había pasado. Pero ella se había negado a contestarle, pidiéndole solamente que le curara y dejara sin ninguna marca de ser posible.
Ella quería sacar todo rastro de golpes, pues mientras más veía cuan dañada estaba, más coraje y odio le provocaba. Hermione había estado casi dos horas curándole, puesto que no tenía las pociones adecuadas y había tenido que limitarse a usar unos cuantos hechizos que conocía. La había dejado tal cual estaba, a excepción de su cabello.
Nada había podido hacer para hacerlo crecer, puesto que las muy perras de las que le habían golpeado habían utilizado una poción para impedir que el cabello creciera de cualquier manera que no fuera la natural. Así que se había tenido que conformar con tener su cabello así, tan corto que a penas llegaban a sus hombros. Eso era lo que más le había dolido, puesto que le había costado mucho tenerlo como lo tenía. Tantos baños de crema para el cabello, tantos cortes, tantos cuidados… para nada.
Luce apretó el nudo que tenía en su garganta y luego fijó su atención en Harry, quien estaba callado y la miraba algo pensativo.
—Quizás yo pudiera arreglarlo—dijo él, con una mirada un tanto concentrada. Luce le miró confundida, puesto que ella nunca había leído en algún libro que él pudiese arreglar el cabello o algo así.
—¿Ah, sí?—le preguntó sin esperanzarse demasiado, pero con un poco más de entusiasmo.
—Si, he encontrado un libro que podría ayudarme—dijo él, con la mirada algo rara. Luce se puso seria de repente, mirándolo con reproche y los ojos entrecerrados.
—¿Un libro? ¿Qué clase de libro?—le preguntó con la voz levemente alarmada. Hermione miró a Harry, como diciéndole "Te lo dije", mientras el ojiverde inmediatamente se ponía a la defensiva.
—No tiene nada de malo…
—¿Nada de malo? ¡Podría ser peligroso y te lo he repetido miles de veces, Harry! Pero no, el señorito no se digna a atender razones y…
—¿Qué clase de libro?—interrumpió Luce, mirando a Harry a los ojos y prometiéndole con la mirada no más regaños.
Harry suspiró, si hubiese sabido que armarían ese escándalo ni siquiera habría hablado. Apretó la mandíbula y luego bufó, mirando los rostros expectantes de sus amigos.
—Es solo un libro de Pociones que tiene una que otras indicaciones—dijo Harry, restándole importancia. Luce dejó caer su mochila al suelo, mientras se ponía más pálida de lo normal y miraba con miedo hacia todos lados.
—¿Qué pasa? Es solo un libro y ha ayudado mucho a Harry para estudiar—Ron salió en defensa de su amigo, mirando con reproche a Luce. Pero la aludida, sin embargo, sólo podía mirar hacia el infinito mientras temblaba levemente con miedo. No le gustaba lo que estaba pasando, no le gustaba para nada…
Suspiró, sintiéndose débil, para luego levantarse de su asiento bruscamente y salir del Gran Comedor a pasos apresurados. ¿Qué era lo que había cambiado? ¿Por qué aparecía el libro de Severus justo en ese momento?
Se mordió el labio inferior con fuerza, pensando en las posibles consecuencias de dicho asunto…
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Desde una de las mesas del Gran Comedor, Draco pudo observar toda la escena armada en el espacio de Gryffindor. No supo la razón al porqué la repentina palidez de su compañera, pero algo en su interior le inquietaba.
No quería pensar en el aspecto que su nueva compañera tenía, pues aunque tratara de negarlo la culpa se había instalado en su interior. Después de todo, era por su causa el hecho de que Luce estuviera lastimada y con su cabello arruinado.
Sí, Blaise se había encargado personalmente de informarle lo que había pasado la noche anterior y la culpa comenzaba a hacer mella en él. Sin embargo, se lo merecía, razonó.
Así aprendería a no amenazarle ni tratarle como estúpido… él era un Malfoy y no podía quedar impune una ofensa como esa. No tenía porqué sentirse culpable, él era un sangre pura respetado y que no podía ser tratado de la manera en la que era tratado por esa estúpida.
El rubio tragó un nudo en su garganta y recompuso su expresión facial, mirando entonces a su compañero que le hablaba.
—No sé quien es que le hizo eso a la nueva, pero yo que ellas temblaría. Jamás había visto a esa muchacha tan enojada, aunque no la conozco como para decir tales palabras—fue la frase que dijo Blaise, mirando hacia donde la muchacha había desaparecido segundos antes.
—No me importa demasiado, yo sólo les dije a esas Ravenclaws que Zunch era la que había mandado a su amiga Chang a la enfermería—dijo Draco, con una pequeña sonrisa vengativa. Blaise le miró unos segundos en silencio, antes de suspirar.
—Nunca he cuestionado tus cosas ni motivos, Draco, eso lo sabes. Pero debo decirte que no estoy de acuerdo con que delates a uno de tus compañeros—dijo el chico Zabini, mirando hacia la mesa Gryffindor—Sé que es una deshonra para nuestra casa por sus amistades, pero sigue siendo una Slytherin a pesar de todo. Y nosotros protegemos a los nuestros, siendo así y todo unos bastardos como muy amablemente nos lo dicen los demás—terminó el muchacho, suspirando sonoramente luego.
—Lo sé, pero esa chica ya me tenía hasta las narices—se puso a la defensiva, entrecerrando levemente los ojos—Es una Slytherin, pero es muy amiga de los sangre sucias y mestizos. Además, se junta demasiado con la Comadreja y Potter, obviando que la Granger es su "mejor amiga". No me importa lo que haya dicho, que necesitaba buenas amistades… yo no confío en ella—declaró Draco tranquilamente. Era eso lo bueno de tener amigos indiferentes ante cualquier tipo de cosas sentimentales. Con Blaise se podía hablar tranquilamente de algo como la guerra y cosas por el estilo, sin que éste saliese en defensa o contra obsesiva por los muggles, sin esos estúpidos sentimentalismos.
—A mi también me llamó mucho la atención eso de que la chica nueva estuviera tan amistosamente con esos Gryffindors—Blaise usó tanto desprecio al decir esas palabras que Draco quedó algo sorprendido. No era habitual que su compañero fuera tan expresivo en sus palabras, esto le hizo sospechar.
—Si, es muy vergonzoso tener a alguien de nuestra Casa tan pegado por los Leones. Pero creo que esa chica esconde algo más, algo mucho más de lo que aparenta—el rubio quedó mirando hacia la nada con expresión pensativa. El otro muchacho le miró con el ceño fruncido, eso sonaba demasiado a las novelas que leía su madre.
—Vamos, tampoco nos pongamos dramáticos. Sí, quizás esté escondiendo algo pero eso no nos tiene que incumbir precisamente, yo me conformo con que deje de hacer esas estupideces. Me importa poco y nada si tiene algo que esconder, basta con que no me involucre a mí.—dijo el muchacho de ojos dorados. Ahí era que salía a flote sus sentimientos tan Slytherins, siempre preocupándose por él mismo, si le convenía o no…
—Tienes razón, pero en mi caso creo que esa muchacha sabe más de lo que muestra. A pesar de hacerse la tonta he notado que es muy inteligente, no se puede negar que es Slytherin con esos pensamientos tan egoístas y a la vez esa manera tan cauta de actuar, como parece conocer algún tipo de secreto privado para nosotros—el rubio se llevó la mano al mentón, mientras pensaba en todos esos pequeños pero a la vez grandes detalles que no se le habían escapado.
Había notado esa manera de actuar de la muchacha, como parecía medir bien sus pasos y acciones, como muchas veces la encontraba hablando sola y con una sonrisa llena de secretos en el rostro. Esa manera de hablar, de actuar, de mirarle… como si ella supiera muchas cosas que él no. Era muy sospechoso y además, aún no olvidaba el primer encuentro que había tenido con esa extraña.
Ese veneno y advertencia que había notado en su voz, esos ojos oscuros llenos de cautela y a la vez esa promesa de que si se metía con ella, la pasaría mal. Era muy raro, esa manera tan misteriosa de aparecer así como así de repente. La excepción del viejo loco Dumbledore, aceptándola como si nada a mitad de año escolar y para variar, ingresándola ya a 5to año.
Todo eso era demasiado extraño como para ignorarse, decidió Draco.
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—Potter—siseo Draco, mirando frente a él con los ojos entrecerrados.
Harry paró su caminar y miró con frialdad al rubio.
—Malfoy—se colocó frente al Slytherin, entrecerrando también los ojos y mirándole con sospecha.
Para cualquiera que viera dicha situación sería una escena cómica, pues ambos se miraban como si estuviesen a punto de tener un duelo de vaqueros. Pero no había nadie que los viera, el pasillo en el que se encontraban estaba desierto y ni una luz se asomaba por las ventanas, a excepción de la Luna, que serena y silenciosa presenciaba la disputa entre ambos muchachos.
—¿Dónde está Lucinda Zunch?—preguntó el rubio con precaución. Estaba preocupado, no podía negarlo pues aunque tratara de ignorarlo, la culpa comenzaba a carcomerle por dentro y se le hacía insoportable.
Había sido demasiado extremo, podría haberle hecho cualquier otra cosa… pero dejar que esas Ravenclaws la golpearan no había sido algo que un hombre debería hacer. Eso era un error que un sangre pura como él no podía cometer. Vender a su compañera sólo porque le había molestado…
Recién en esos momentos, cuando lo pensaba con calma era que se daba cuenta de la locura que había cometido. Él no era así a pesar de todo, nunca actuaba de manera impulsiva, siempre pensaba las cosas las veces que fueran necesarias, como su padre le había enseñado.
Además, Luce había dicho que era su amiga… y él le había traicionado.
Tragó el nudo de culpabilidad que le subió hasta la faringe, mirando los ojos verdes de Potter y perdiéndose en la profundidad de estos.
Le estaba comenzando a pasar eso de seguido, tenia una pequeña fijación por los ojos de Potter y eso le enojaba. No le gustaba verse vulnerable de ninguna manera. Así que adoptó su actitud fría y de bastardo, como siempre.
Harry entrecerró los ojos cuando escuchó la pregunta del rubio, y algo en su interior se había revuelto (por el desagrado, suponía).
—Tú no tienes porqué venir a imponerme nada ni hablarme como si fuera tu elfo doméstico—gruñó Harry, tratando de alejar ese sentimiento de confusión que comenzaba a atacarle. No que fuera por algo raro, sólo que últimamente, cuando veía al rubio le odiaba más de lo normal.
Eso no era común.
—Ya. Ahora me acuerdo que eres un loco obsesionado con los elfos. Potty Potter, el Gran Salvador y Héroe quiere llamar la atención salvando a estúpidos e insignificantes elfos domésticos—se burló, mas por despecho que por otra cosa. A él le agradaba Dobby, siempre le había agradado ese elfo tímido y a la vez extraño.
Ese elfo era el único que se atrevía a hablarle y mirarle a los ojos, el único que mostraba algún sentimiento más aparte del miedo y deseos de complacerle en todo. Y Potter se lo había quitado, liberándolo y haciendo enrabiar así a su padre. Y también a él, para qué negarlo, le agradaba muy a su pesar el feo y estúpido elfo, aunque le avergonzaba admitirlo…
Harry le miró con advertencia, ese día su humor estaba muy horrible y no tenía ganas de soportar a nadie. Ni siquiera al idiota y ególatra rubio, en esos momentos lo que más quería era practicar un poco de Quidditch y luego tomarse una linda y fresca cerveza de mantequilla.
—Déjame en paz, no tengo tiempo para tus gilipolleces—le miró con enojo unos segundos, antes de comenzar a caminar hacia la salida del Castillo, con el campo de Quidditch como objetivo final.
—¿Ya no estás de humor como para hacerte el mártir y decir que el Señor Oscuro ha vuelto?—Se burló con desdén, mientras hacía unos pequeños gestos imitando aquella vez que había aparecido con el cuerpo de Cedric.
El dolor hizo acto de presencia en el corazón de Harry, mientras imágenes sueltas llegaban a su mente. Aún estaba demasiado tocado con el tema ese, aún dolía esa herida.
Suspiró con enojo, mientras ocultaba sus emociones y miraba luego imperturbable a Draco, quien le observaba a unos pasos con expresión burlona.
—¿Y tú no tienes vida propia que te metes en la mía? ¿O es que esa soledad y falta de atención que tienes hace que tus deseos reprimidos te hagan infeliz, y por lo tanto me quieres hacer infeliz a mí también?—le preguntó, haciendo una pequeña ensalada de palabras. Pero es que había escuchado decir a Hermione algo parecido la vez pasada, y él quería probarlo.
Efectivamente, era demasiado hermoso poder pelearse verbalmente con alguien. En ese momento entendía porqué Hermione disfrutaba tanto de sus peleas con Ron.
Draco entrecerró los ojos con burla, mientras reía suavemente con desdén. Esto hizo a Harry apretar los puños con fuerza, deseando un ataque para poder golpear ese rostro de niñito bonito que tenía el estúpido Slytherin.
De repente y sin que ninguno pudiera decir nada, ambos se vieron arrastrados por una fuerza invisible, mientras el moreno sentía un dolor agudo en su pecho y una ansiedad incontrolable. Era una sensación difícil de explicar con palabras, como si su cuerpo le reclamara algo y le hiciera daño desde adentro.
Era un dolor que sobrepasaba al físico, sin exagerar. Al ver el rostro del Slytherin supo que estaba sintiendo lo mismo que él, así que eso le dejaba exento de culpa (a menos que todo fuera un plan malévolo en su contra).
Demasiado aturdidos estaban los muchachos, que no fueron conscientes de que sus cuerpos se habían ido acercando poco a poco, por lo que en ese momento estaban demasiado cerca. Tanto que sentían el aliento del otro en sus rostros.
—¿Qué demonios…?—preguntó Harry, mirando como su cuerpo se manejaba sólo, como un títere, sin hacerle caso a sus demandas.
Miró al rubio a los ojos, y sintió como sus cuerpos chocaban entre sí, y sus piernas se entrelazaban. Tan aturdidos estaban que ni siquiera se percataron que dolor que antes habían sentido, había desaparecido.
—¿Qué sucede exactamente?—preguntó el rubio, sin entender nada. Harry tragó saliva y lo miró, completamente perdido.
—No lo sé—musitó con un hilo de voz.
De repente y sin que pudieran hacer nada para evitarlo, sus cabezas se alzaron, y viendo los ojos horrorizados del otro, se besaron.
Era como si alguien se hubiese apoderado de todo su ser. Como si sus cuerpos quedaran completamente dominados por alguien superior.
Draco alzó los brazos y los colocó alrededor del cuello de Harry, quien imitó su gesto y comenzó a besar con pasión al rubio.
Sus labios chocaban una y otra vez, sus dientes se tocaban levemente y sus lenguas luchaban por dominar. Harry estaba aturdido, pues a pesar de no poder controlar su cuerpo, sí podía sentir el placer que le otorgaba la boca del rubio y se avergonzaba al admitirse asimismo que le estaba comenzando a gustar. Jamás había besado a nadie, pero en ese momento podía asegurar que de pronto Le encantaba besar. Por esto fue que trató de olvidar con quien se estaba besando, para pasar directamente a la parte de besar.
Gimió en la boca del rubio, suavemente pero sin dejarse dominar. Separó sus labios sólo unos centímetros, y luego lo miró a los ojos. Tomó sus mejillas con fuerza aunque sin lastimarlo, y le besó de lleno, apretando su mandíbula para que abriera la boca y dejase que su lengua entrara en esa húmeda cavidad. Cuando sus lenguas se encontraron otra vez, Draco gimió y jadeó, aunque tampoco quería dejarse llevar, por lo que se aferró a los cabellos de Potter con fuerza, adueñándose de la boca del moreno y peleando por dominar en el beso.
Ambos testarudos, ambos dominantes por naturaleza… ambos enemigos. ¡Demonios! ¿No podía haber una pareja más complicada?
De repente, a Harry le pareció escuchar un pequeño carraspeo que sonaba tan lejano como las aguas del mar. Sin embargo, a él no le importó… quería seguir embriagándose en esa boca, le encantaba besar y acababa de descubrirlo. No podían quitarle un dulce que sólo hace minutos probó. Eso era injusto.
Ambos chicos siguieron besándose, sin ser conscientes que la presión antes sentida, había acabado por completo. Estaban haciéndolo por cuenta propia. Pero ellos sólo tenían en mente lo delicioso que era besar, y lo suave que era la boca de la otra persona.
Y no es que Draco Malfoy jamás haya besado a nadie… ¡Para nada! Él había besado a muchas chicas, como por ejemplo a… a…
¡Tampoco es que importara demasiado! Si no se acordaba los nombres era porque no habían sido lo suficientemente importantes, pero de que había besado había besado ¡Eso era un hecho!
—Ejem, ejem—se escuchó un pequeño carraspeo, esta vez con un tono un poco más elevado. Harry se sobresaltó, e inmediatamente se alejó de Malfoy, quien al darse cuenta de esto le miró con los ojos abiertos como platos y con el horror marcado en su rostro.
Entonces, como en una mala película de terror, ambos giraron lentamente la cabeza, sólo para encontrarse con una imagen que en su vida olvidarían.
Era Umbridge, y les miraba con un profundo asco marcado en su cara fea de sapo. Harry tembló y quiso que la tierra se lo tragara, y que la sangre dejara de circular alrededor de sus mejillas haciéndole ver como un idiota.
No quiso mirar a Malfoy, demasiada era ya su vergüenza como para aguantar sus burlas. Ocultó sus emociones facialmente y suspiró mentalmente con frustración. De todas las personas en el Castillo ¿tenía que ser Malfoy quien le diera su primer beso? ¡Su vida era un asco!
Carraspeo y miró a la mujer, se le hacia raro que no estuviera diciéndole cualquier cosa rara de las que sólo ella entendía.
—Con permiso—murmuro, antes de comenzar a caminar hacia su Sala Común. Sentía un peso en su espalda que le era muy difícil de soportar.
—Mañana, a las siete en punto, señor Potter, en mi despacho—sólo dijo la mujer, con la voz tan fría y distante que incluso Draco se sorprendió.
Tampoco es para sorprenderse, se dijo asimismo. Su padre, Lucius, le había dicho que esa mujer era incluso más prejuiciosa que ellos mismos, odiando y subestimando a los muggles, sangres sucias y los no—humanos, despreciándolos silenciosamente y con fervor.
No que la culpara, él mismo los odiaba. Se encogió de hombros mentalmente, importándole realmente nada lo que esa vieja pensara. Pero tenía que ganársela incluso si le caía tan mal como lo hacía, no le convenía estar en malos términos con ningún profesor.
Sin embargo, al ver esa cara llena asco y desprecio dirigido hacia él, se enojó. Porque una cosa era que odiara a los muggles, sangres sucias y los estúpidos licántropos, vampiros, duendes, y demás, pero que le despreciara a él… el heredero de los Malfoy, sangre pura y muy importante…
Eso sí que ya no lo soportaba. Si esa vieja le insinuaba algo ofensivo (como su orientación sexual, la cual estaba muy bien encaminada), le diría a su padre.
Pero eso no le importaba tanto en ese momento, lo que más le incomodaba era el hecho de haberse sentido de esa forma cuando se peleó con Potter. Había sido una sensación que no quería volver a experimentar, por lo que debería investigar bien las cosas y llegar a una conclusión.
Vio como a lo lejos la figura de Potter se perdía en el pasillo, y sintió un nudo en su garganta. No le importaba el Gryffindor, pero esa sensación que tenía en su pecho era muy rara… seguro que era de la misma procedencia que la experiencia que acababa de tener con Potter. Esos sentimientos no podían ser de él.
Y no podían porque a Draco simplemente no le importaba Potter. Y seguiría siendo así siempre…
Que equivocado estaba.
/—/—/D&H/—/—/
Neville miró el lago con una sonrisa nostálgica, mientras sus manos se apoyaban en el césped con suavidad, como las manos de un amante acaricia la piel de su pareja.
Una lágrima cayó por la mejilla del muchacho, bañando su rostro sonrojado. El Gryffindor suspiró, deseando que su vida fuera normal… deseando con todas sus fuerzas poder tener una familia que le cuidara y protegiera. Odiando cada vez más a Bellatrix Lestrange por arrebatarle sus padres, por torturarlos hasta la locura provocando su soledad. Apretó la mandíbula y luego gruñó por lo bajo. A veces su vida se le hacia tan difícil.
—¿Longbottom?—escuchó preguntar a una voz, con un tinte de diversión en ella. Neville se secó rápidamente las lágrimas y compuso su rostro, mientras miraba a Theodore Nott con curiosidad.
—¿Nott?—le preguntó a su vez, sonrojándose furiosamente luego al percatarse de lo ronca que había sonado su voz.
—Si, soy yo—dijo el otro muchacho sonriendo ampliamente. Neville musitó algo incomprensible, mientras se levantaba con torpeza del suelo y se sacudía su capa.
—Hola—le saludó, no olvidándose de la cortesía. El Slytherin le miró con diversión, mientras se acomodaba su cabello tan negro como las profundidades del bosque prohibido.
—Hola—le respondió el muchacho, con evidente diversión en la voz. Neville le miró unos minutos, esperando que el muchacho le dijera qué era lo que buscaba, mas sin embargo el Slytherin sólo lo miraba de una manera un tanto extraña.
—¿Qué necesitas?—le preguntó, cuando su mirada se hizo casi inaguantable. Le ponían inquieto esos posos oscuros que le miraban con persistencia.
—Sólo venía a hacerte compañía—dijo inocentemente, sonriendo con alegría. Neville le miró confuso, no sabiendo si creerle, echarlo a patadas, o ponerse a reír.
El hecho de que un Slytherin se le acercara tanto le producía una sensación extraña, como si algo le dijera que era mejor alejarse de ese muchacho… como si fuera peligroso para él.
Para Theodore, por el contrario, ese muchacho le producía diversión e intriga, omitiendo el evidente deseo que sentía por el Gryffindor. Esa timidez y ternura que desprendía Neville Longbottom le atraía, por eso era que había aceptado la apuesta…
Pero sólo era deseo físico, pues Theodore Nott seguía siendo el mismo bastardo sin corazón de siempre. No le importaba el muchacho en temas amorosos, él sólo quería placer… y el dinero que ganaría con la apuesta. No le hacia falta con la fortuna que tenía, pero le encantaba restregarle en la cara su victoria al perdedor.
Además, podría ganar mucho: demostraba que era muy bueno en la cama (tanto como para conquistar a Longbottom, un hombre), los demás le respetarían un poco más, podía restregárselo en la cara a ese estúpido Ravenclaw que dudó de sus palabras, y tendría a un Gryffindor a sus pies.
Un plan perfecto, de no ser porque Neville se estaba comportando demasiado a la defensiva con él. Debería comenzar a amansarlo, así como con los gatos… se mostraban ariscos al principio, pero luego ellos mismos se ofrecían.
—Estoy bien—le dijo Neville, enmascarando un "Lárgate" amablemente.
Theodore, al darse cuenta de esto, le miró un tanto cohibido.
—¿No quieres mi compañía?—le preguntó con inocencia. Sino quería por las buenas, tendría que ser por las malas.
—No es eso—respondió rápidamente Neville, sintiéndose algo culpable por querer echarlo así de su lado.
El Slytherin sonrió internamente complacido, mientras dibujaba en su rostro una expresión de confusión.
—¿Ah, no? ¿Entonces quieres estar conmigo?—le preguntó, con sus ojos negros brillando de gozo.
Neville dudó, pero al ver el rostro del Slytherin, decidió dejar de lado un poco sus prejuicios.
—Está bien—se dio por vencido, mientras se sentaba nuevamente en el césped y miraba el lago. Segundos después sintió al muchacho sentarse a su lado, demasiado cerca para el gusto de Neville.
—¿Cuándo comenzaremos con los tutoriales?—le preguntó de repente el muchacho, con la voz aparentemente entusiasmada.
Neville le miró, perdido—¿Qué tutoriales?—preguntó.
El Slytherin rió—¿No te acuerdas de nuestro encuentro, ayer? Te dije que te ayudaría con Pociones, si tú lo hacías con Herbología. Aceptaste—añadió, temiendo que se echara atrás.
Neville suspiró levemente, mientras cerraba sus ojos marrones—Me había olvidado por completo—dijo un tanto avergonzado.
Theodore suspiró internamente con molestia. Si el muchacho le daba tan poca importancia a él, su plan no sería tan efectivo. Así que decidió llevar a cabo el típico jueguito del chico "triste y solo", para que Neville se sintiera culpable y pasara más tiempo con él. Juego sucio, pero él nunca había acordado con nadie ser completamente sincero y no iba a ponerse todo cliché y romántico sólo por un ligue.
—No te preocupes. Estoy acostumbrado a ser invisible para la mayoría de las personas—Theodore suspiró con dramatismo, haciendo una pausa más circunstancial. –Mi madre es fanática de las pociones y mi padre muy obsesionado con la política, por lo que evidentemente debo pasarla solo la mayoría del tiempo que estoy en casa. Aquí no es como si tuviera demasiados amigos, siendo mi casa Slytherin mi compañía es la que me conviene, no la que me gustaría—suspiro desgarrado por su parte, para ponerle más drama al asunto—Nunca he tenido un verdadero amigo en toda mi vida—sus ojos se aguaron con dolor al recordar como su único amigo era el Señor Pepe. –Es por eso que quería acercarme a ti, pues parece que tienes el mismo problema—se mordió el labio inferior y lo hizo temblar levemente, viendo como es que Neville se ponía rojo y una expresión avergonzada se hacía paso a través de su rostro.
Sonrió internamente, lleno de gozo y complacido consigo mismo.
—Oh—dijo Neville avergonzado. Se sentía culpable por creer semejantes cosas de ese chico, sólo por ser Slytherin; pero al ver los ojos negros supo que decía la verdad, o eso quería creer él. –Lo siento—musitó con vergüenza, mirándolo algo intimidado y con un repentino toque de timidez en su voz.
—No importa—dijo Theodore, bajando la cabeza, muy avergonzado a los ojos de Neville.
—Podemos empezar las tutorías mañana, si quieres claro—dijo tímidamente Neville, buscando esos ojos oscuros con esperanza. Theodore levantó la cabeza levemente sorprendido y le miró intensamente por unos minutos. Luego sonrió.
—Me parece muy bien… pero ¿estas seguro de que no es un problema?—le preguntó con un hilo de voz, haciendo temblar levemente sus labios y luego pasándose la lengua por ellos. Dicha acción había sido vista detenidamente por Neville, quien siguió el recorrido de su lengua casi sin darse cuenta. Cuando se percató de ello, se sonrojó intensamente y miró hacia otro lado, suspirando y decidiéndose por fin a confiar en el Slytherin.
—Claro que no—aseguró, un poco más contento…
/—/—/D&H/—/—/
—Mi señor—la voz de la mujer, ansiosa y levemente enloquecida, inundó el lugar y llenó sus oídos. Voldemort dirigió sus ojos intensamente rojos hacia la mujer que le hablaba arrodillada frente a su silla.
—¿Si, mi querida Bella?—la voz siseante del Mago Oscuro sólo hizo estremecer de gozo a la mujer, quien tenía una extraña obsesión por complacer a su señor. No era un sentimiento de amantes o algo parecido, sólo era pura fanática provocada por su locura.
—He obtenido más información, y el plan está casi terminado—dijo ansiosamente la mujer, con un brillo ligeramente maniático en sus ojos oscuros.
—Dime—ordenó el Mago Oscuro, mirando a la Lestrange con una curiosidad morbosa. Era como si le produjera un intenso placer el poder ser causante de muerte y dolor en otras personas.
Su alma se había resquebrajado tanto que ya no tenía humanidad, ya no tenía ningún tipo de sentimiento más que el odio y la locura que le provocaba la venganza.
—El elfo doméstico ha aceptado, sólo hay que hacer creer a Potter que tenemos a su padrino, y cuando éste quiera comprobarlo Kreacher se encargará de hacérselo saber.—trató de decirlo todo de manera rápida, ansiosa por contarle la información que había obtenido.
—Además, sé que hay una adolescente que ha llegado al Colegio hace unos días. Parece ser algún tipo de conocido del viejo Dumbledore. La historia oficial que han dado a conocer es que la muchacha ha sido enviada a Hogwarts por sus padres sólo temporalmente, ya que la chica es de Latinoamérica y la familia está considerando el quedarse aquí. Sin embargo, sé por buenas fuentes que la muchacha no tiene padres en este lugar, ni siquiera un responsable… pero el hecho de que hayan armado todo esto debe ser por algo, esa cría puede llegar a ser…
—Importante para la guerra, lo entiendo—siseo Voldemort, con una mueca malvada extendiéndose por su rostro de serpiente. –Cuéntame todo lo que sepas de esa muchacha.
Bellatrix sonrió, complacida consigo misma por ser capaz de complacer los deseos de su señor. –Tiene catorce años, pero está integrada en quinto año por una razón que no pude descubrir. Su nacionalidad es argentina, pero sabe hablar inglés perfectamente, así como también francés y búlgaro. No sé demasiado sobre su desempeño académico, pero según sé ha sido asignada a Slytherin y es compañera de mi sobrino, Draco Malfoy.—la mujer sonrió con maldad, a la vez que varios planes surgían en su cabeza.
—Entiendo—siseo Voldemort—Creo que tendré que llamar a Severus—esta vez su voz adquirió un tono de enojo, mientras su serpiente se enroscaba a su alrededor. –Si, Nagini, ya te daré de comer—le comentó a su compañera en Pársel.
—Bellatrix, trae a un prisionero—dijo el Mago Oscuro con una sonrisa sádica en el rostro. Se encargaría de darle de comer a Nagini, y luego le pediría explicaciones a su espía, Severus Snape.
Definitivamente, esa no sería una buena noche para el Jefe de Slytherin…
Sé que probablemente el fic hasta ahora no tendrá demasiado sentido, pero las preguntas que tengan se resolverán a medida que vaya desenvolviéndose la trama.
Y por favor, no me odien por hacer eso a Luce. Sé que a muchas le desagradará la idea de que Draco haya sido el culpable del ataque que sufrió la muchacha, pero entiendan: el es un Slytherin, y siempre ha sido así de vengativo. Con todos (sino recuerden a Norberto, la casi expulsión de Hagrid, cómo hizo quedar a Harry en ridículo en el libro del Cáliz de Fuego). No se preocupen, pronto haré que hagan las paces y el rubio acepte más a Luce, pero paciencia.
¡No soy una súper escritora! Sé pocas cosas de Lengua (voy a segundo año de secundaria, aún no aprendo lo que debería) Así que me gustaría que resaltaran mis fallas y me aconsejaran para aprender más y saber qué hago mal.
¡Agradezco enormemente los Reviews!
Nunu: ¿Qué pasará? Eso lo descubrirás a medida que vaya avanzando. ¿Una comparación entre los Merodeadores y las Ravenclaws? Nunca lo había pensado, pero ahora veo que tienes razón. ¡Gracias por comentar!
Erynea: Primero que nada ¡Bienvenida! Te agradezco tus reviews. Creo que no te gustó tanto este capítulo entonces, pero te aseguro que pronto Draco y Luce se harán más cercanos (he pensado mucho en lo que me dijiste, tienes razón). Pero era necesario que Draco fuera primero cauto (y vengativo), sino quedará muy OOC. Creo que no podré complacerte con el Sev/Sirius y Remus/Lucius, sería demasiado complicado... pero quizás si no queda tan fuera de lugar en capítulos más adelantados, pueda ser posible una relación entre ellos. Pero por ahora no. No aparecerán los Dursley, pero Draco se enterará de todo a su debido tiempo (no quiero adelantarme demasiado). ¡Voy a seguir el fic! Te lo prometo. Besos desde el Chaco.
Sabaku no Izzy y Saffuran, gracias también (les envié las respuestas a los reviews por PM).
