Ni la historia ni los personajes me pertenecen.
Capítulo 22
El primer día de nuestras vacaciones oficiales/tiempo de gira juntos, lo pasamos en su mayoría en la cama. Wafles fueron ordenados y consumidos. Por la noche, dejamos la santidad de nuestra habitación de hotel para cenar con sus padres en su suite. Una vez más, Minato fue incondicional y silencioso, permaneciendo al lado de Kushina en todo momento. Kushina fue el alma de la fiesta. Las historias que contó sobre Naruto cuando era niño lo molestaron y me hicieron aullar de la risa.
Mi favorita fue cuando Naruto tenía once años y su papá construyó una pequeña rampa de skate en el patio trasero y él se rompió un brazo, dos dedos y una pierna en los primeros dos meses y medio. Kushina hizo que Minato convirtiera la rampa en leña. Naruto se declaró en una huelga de hambre que duró aproximadamente dos horas y media. Para compensar la pérdida de la rampa, su mamá le prometió una batería. Y así comenzó la leyenda.
Fue una gran noche. Su madre no mencionó su enfermedad, por lo que nosotros tampoco. Si Kushina no estuviera tan delgada y frágil, y los hombres tan tensos, podrías casi imaginar que no pasaba nada. Cuanto más tiempo pasaba con ella, más entendía la devastación de Naruto. Destructora de la rampa de skate o no, Kushina Uzumaki era genial. Ahora que lo sabía, la silenciosa desesperación en los ojos de Minato parecía obvia. Él moría por dentro, pasando por esto con ella. Ese era el problema con el amor, no dura. De una u otra forma, todo llega a su fin. Las personas sufren.
Cuando volvimos a nuestra habitación Naruto se veía retraído, callado. Puse una película de acción llena de explosiones. La vimos juntos, su cabeza en mi regazo. Cuando la película terminó fue cuando realmente comenzó la noche. El sexo fue lento e intenso. Siguió y siguió hasta que apenas recordé mi propio nombre. Me miró a los ojos, moviéndose arriba y dentro de mí como si el tiempo no importara.
Como si pudiéramos hacer esto por siempre.
El segundo día, la totalidad de los equipos e instrumentos fueron trasladados desde la sala de práctica al estadio. Naruto tenía una prueba de sonido, y luego una reunión de negocios a la que ir. Yo tenía mis propios planes. Matsuri vino para hacerme compañía a mí y a mi bajo perfil. Aparentemente un par de reporteros vigilaban la tienda de libros y mi apartamento, aún con la esperanza de la primicia. Una foto mía de la escuela secundaria vieja y borrosa fue lo mejor que pudieron conseguir. Se publicó ayer en el periódico local sin ninguna información destacada.
Afortunadamente, dada su fascinación por Gaara, Matsuri ya tenía una cita organizada para esta noche y no podía quedarse en el concierto.
Esa noche, comenzó la gira. Apenas tenía una semana antes de tener que volver a trabajar. Estuvimos tras bastidores con los chicos hasta que llegó Kabuto, su representante, aplaudiendo con fuerza.
—Cinco minutos chicos. ¿Listos para empezar?
Lo seguía un hombre con un auricular y un portapapeles o una computadora de alguna clase. Había visto bastantes personas alrededor equipadas de esa manera. Exactamente cuántos eran los involucrados en traer a Stage Dive a la ciudad, no tenía idea.
Saku y yo veíamos el concierto desde un lado del escenario junto a una enorme colección de amplificadores. Santo jodido infierno, el rugido de la multitud y la energía que llenaba el enorme espacio era increíble. No era particularmente profunda o espiritual, pero allí de pie, mirando a tantas miles de personas, era algo impresionante. Poseía una energía definida.
Stage Dive había agotado las entradas del escenario para conciertos más grande de Portland en un tiempo récord. Su gira incluía nueve ciudades en Estados Unidos, luego Asia. Estarían tocando en varios festivales en Europa la próxima primavera y verano, además de hacer más conciertos. De alguna manera durante todo esto, también pasarían tiempo en el estudio de grabación. Sasuke aparentemente se mantuvo ocupado escribiendo más canciones sobre la gloria de hacerlo con su esposa. Ah, el amor verdadero y eso.
La música era asombrosa así de cerca y personalmente. Me divertí muchísimo hasta que me di cuenta de una mujer en primera fila que tenía el nombre de mi novio escrito en sus tetas en grandes letras rojas. Era difícil no darse cuenta cuando seguía insistiendo en exhibirlas.
—Trágatelo y sonríe —dijo Saku, con sus dientes expuestos.
—Que la jodan.
Devolví mi atención al baterista, tocando fuertemente. Balanceaba su cabeza, cabello rubio salvaje y sudor volaba de él. Mi corazón latía con fuerza. Ni siquiera hay que describir lo que le hizo a mi pubis.
Después de una hora y media más o menos, Kushina y Minato se unieron a nosotras. Ambos usaban tapones para los oídos y mostraban sonrisas. Las miradas de orgullo que le dieron a su hijo hicieron que mis ojos se empañaran ligeramente. Kushina debe haberse dado cuenta, porque deslizó su brazo para envolver mi cintura, inclinándose hacia mí. Puse mi brazo alrededor de su hombro mientras la banda tocaba otra canción, y luego otra. Poco a poco me dio más de su peso. No pesaba mucho, pero cuando empezó a tambalearse sobre sus pies le di a Minato una mirada nerviosa. Él puso una mano bajo su codo, inclinándose delante de ella con una sonrisa sutil. Kushina se repuso, restándole importancia con una mano, irguiéndose más. Entonces sus rodillas se doblaron y dejaron de funcionar. Tanto Minato como yo la agarramos, evitando que cayera al suelo. Por desgracia, todo sucedió entre canciones. Neji estaba tranquilo hablándole al público, gritando al frente del escenario. Y a pesar de todas las luces brillantes, Naruto vio a Kushina tambalearse. Se levantó de su taburete, permaneció de pie, mirándonos. La ansiedad ocupaba su rostro. Sin más preámbulos, Minato subió a Kushina en sus brazos y se la llevó. Levanté una mano hacia Naruto y asentí con la esperanza de que recibiera el mensaje de que los seguiría y haría lo que pudiera. Debió entender, porque asintió y se sentó de nuevo.
—Vamos —dijo Saku, agarrando mi mano.
Corrimos tras los padres de Naruto, escondiéndonos y serpenteando alrededor de la gente y el equipo. TenTen nos recibió afuera de la habitación en la que habíamos estado antes, tras bastidores. Junto a ella se encontraba de pie un Kabuto infeliz, pero luego dudé de si alguna vez lo vería feliz.
—Dime si quieres que llame a un médico —dijo.
—Gracias.
Minato acostó a Kushina en un sofá y sostenía un vaso de jugo en sus labios. Un pájaro habría bebido más que ella. Su piel era pálida y muy fina, sus ojos aturdidos.
—No es necesario el escándalo —dijo reprendiendo a Minato. Cuando me vio, su boca se abrió con evidente consternación—. Oh, Hinata, no tenías por qué venir. Disfrutabas del espectáculo.
—Deben estar casi terminado. Y Naruto querría que viniera a ver cómo estás, estoy segura.
—Bueno, lo has comprobado. Estoy bien. Ahora vuelve.
Mierda. Sabía todo sobre estar bien. Cuidar de mi mamá fue un ejemplo temprano, yo era la reina del jodido bien. Me senté en el borde del sofá mientras Minato se ponía en cuclillas al final. De cerca, vi su cara teñida de gris.
—Sé que estás enferma, Kushina. Naruto me lo dijo.
El aire salió de ella en un siseo.
—Le dije que no quería que todos supieran e hicieran un lío. Es la vida, cariño, todos tenemos que irnos en algún momento.
—Me dijo que tenías un mes o dos —dije. Kushina y Minato compartieron una mirada que no me gustó ni un poquito—. ¿Hay algo que tienes que decirle a tu hijo?
—Ahora podría ser menos que eso. Vimos al médico en Spokane antes de venir aquí. —Su barbilla se elevó—. Pero no hay diferencia. No voy a pasar mis últimos días en un hospital.
Algo se atoró en mi garganta. —¿Tus últimos días?
—Semanas —corrigió—. Creen que una o dos en el mejor de los casos. Volveremos a casa mañana por la tarde. Me gustaría estar allí…
Minato inhaló con fuerza y se giró. Su mano se deslizó sobre la de su esposa, sus dedos entrelazados.
—Tienes que decirle —dije. Tenía hojas de afeitar en mi garganta, alambre de púas, clavos, variados equipos y dispositivos afilados. Era tremendamente incómodo.
—Supongo que tienes razón.
Con un gruñido, Minato le dio a sus dedos un último apretón y se puso de pie.
—Le diré cuando salga del escenario. No podemos pedirle a Hinata que se lo oculte.
—No —concordó Kushina—. Simplemente, ayúdame a sentarme. Todo el mundo va a entrar y voy a estar aquí acostada como una tonta.
Esto no estaba sucediendo. Mierda.
Con cuidado, Minato y yo ayudamos a que Kushina se sentara derecha. Luego se fue a esperar a su hijo. Me hice cargo de los deberes del jugo. Al menos el vaso me dio algo que hacer.
—Me alegra que te tenga —dijo Kushina, enderezando la falda de su vestido verde pálido—. Sé que lo he dicho antes. Pero mi partida lo golpeará duro. Él actúa todo fuerte y resistente, pero tiene un punto débil, mi hijo lo tiene. Va a necesitarte, Hinata.
Tomó mi mano libre en la suya. La mía sudaba, la suya no.
—Me gusta mucho tu hijo —dije. Porque tenía que decir algo. Así que, por supuesto que era totalmente inadecuado de acuerdo a lo común cuando se trata de sentimientos.
—Ya lo sé, cariño. He visto la forma en que lo miras.
—¿Los ojos locos?
—Sí. —Se rio en voz baja—. Los ojos locos.
Afuera, la multitud rugió y la estampida de pies casi sacudió el edificio. Es curioso, allí atrás, la música era una especie de leve zumbido en su mayoría. Insignificante. O tal vez fue el golpeteo de preocupación en mi cráneo. Podía sentir que se acercaba un dolor de cabeza. Toda esta situación iba más allá de intensa, el peso de la misma, paralizante. De ninguna manera podría mejorarlo o arreglarlo.
La gente comenzó a circular en la habitación. Una larga mesa llena de bebidas y alimentos fue establecida. Al parecer la fiesta posterior planeaba hacerse aquí. Kabuto se hallaba junto a la puerta, dando la mano y riendo a carcajadas a cualquier mierda que la gente decía. Era todo tan surreal. En algún lugar por ahí, Minato probablemente hablaba con Naruto, en estos momentos.
—Todo va a estar bien. —Kushina palmeó mis manos. Es curioso, la forma en que se aferraba a mi palabra favorita. Tal vez existía algo en la creencia de encontrar una pareja que reflejara a tus padres. Lo cual era increíblemente espeluznante y malo. Realmente no quería pensar en ello después de todo. Naruto no se parecía en nada a mi padre.
Entonces él irrumpió. Naruto, no mi papá. Su mano derecha envuelta en una camiseta, la sangre goteaba de sus dedos.
—¿Qué diablos pasó? —Salté de mi asiento, corriendo hacia él.
Minato regresó al lado de Kushina. Neji se dirigió directamente a la mesa repleta de licores y productos gourmet. Metió la mano en la gran cubeta llena de cervezas extranjeras con una resuelta dedicación.
—Neji. ¿Qué estás haciendo? —TenTen le agarró el brazo.
Con una mirada de puro fastidio, Neji se inclinó y le susurró al oído. TenTen le lanzó una mirada a Naruto y luego dejó caer su mano. Miró de un lado a otro en la mesa, buscando algo.
—¿Naruto? —Su aroma fue una patada en el estómago, igual que siempre. Pero ¿qué demonios sucedía?
—Hola, calabacita. No es gran cosa. —No me miró a los ojos. También evitó la mirada preocupada de su madre.
Neji regresó con las manos llenas. Él y TenTen convirtieron un mantel de lino en una bolsa de hielo. —Ten.
—Gracias. —Lentamente, Naruto desenrolló la camiseta ensangrentada. Debajo, sus nudillos tenían heridas abiertas y en carne viva. Apretó la mandíbula mientras sostenía el hielo en su mano.
El directivo idiota, Kabuto, se abrió paso a codazos en nuestro círculo —Naruto, amigo. ¿Escuché que hubo un incidente arriba?
—Ah, sí, Kabuto, ¿te importaría ir a arreglarlo? Accidentalmente, Naruto hizo un agujero en la pared. Sólo una de esas cosas, ¿no? —Sasuke puso una mano en el hombro del hombre, llevándoselo lejos.
Dudaba jodidamente de que fuera un accidente, dada la precisión.
—Tenemos que conseguir que alguien vea su mano —dijo Kabuto. Siguieron hablando, pero me desconecté. Llevé mi mano al rostro de Naruto, deseando que me mirara. —Oye.
Sus ojos iban a darme pesadillas, la miseria en ellos. Se inclinó hacia adelante, capturando mi boca con la suya, besándome de lleno, frenéticamente. Su lengua invadió mi boca, exigiendo todo. Y se lo di. Por supuesto que lo hice.
Por fin se calmó, apoyando su frente en la mía. —Todo está tan jodido.
—Lo sé.
—Sólo tiene una semana o dos como máximo.
No existía nada que pudiera decir. Cerró los ojos con fuerza. El sudor de su rostro humedeciendo mi piel. Andaba desnudo de la cintura para arriba y la habitación estaba fría, el aire acondicionado trabajando horas extras por alguna razón. No tan necesario en esta época del año.
—Vamos a hidratarte —dije, agradecida de poder hacer algo por él—. Encontrar otra camiseta para que te pongas. ¿De acuerdo? Aquí vas a enfriarte rápido.
—Vale.
—Quédate con él —dijo Saku, su mano en mi hombro—. Yo iré.
—Saku. —Naruto colocó sus brazos sobre mi cabeza en un torpe abrazo, todavía sosteniendo el hielo en su mano—. Una bebida fuerte.
Su frente se arrugó.
—Whisky escocés o algo así —dijo Naruto—. Por favor.
Con un suspiro, se dio vuelta, dirigiéndose entre la multitud cada vez mayor. El peor maldito momento para una fiesta.
—Mejor conversemos —dijo Naruto, girándose hacia sus padres.
Minato se sentó en el brazo del sofá, un brazo alrededor de su esposa. Los labios de Kushina se apretaban con preocupación.
—Hola, mamá —dijo Naruto, manteniéndome apretada contra él—. Me alegro de que pudieran venir. Tuve un pequeño accidente con mi mano.
—¿Estás bien?
—Oh, sí. No se preocupen.
Los chicos se hallaban cerca, frenando a los espectadores, manteniendo a la industria y a otros tipos a raya de nuestro rincón de la habitación. Pronto, Suigetsu llegó con otro chico de traje negro y se hicieron cargo de esta tarea. Gaara y Neji se mantuvieron cerca, hablando con la gente, haciendo su trabajo y socializando. Pero sus miradas seguían regresando a Naruto.
Saku debió de correr, porque regresó con una camiseta de la Gira Stage Dive para él, una botella de vodka Smirnoff y otra de gatorade. —No tenían whisky.
—Esto funcionará. —Me entregó la bolsa empapada de hielo mientras se ponía la camiseta. Tenía un gran cráneo de caramelo en la parte de adelante—. Gracias, Saku.
—Hijo —dijo Minato. Comunicando mucho a través de una sola palabra.
—Papá, todo bien —graznó Naruto, cambiando repentinamente a un estado de ánimo eufórico. No me dio una buena sensación—. Esta es la forma en la que nosotros la pasamos después del espectáculo. ¡Sabes eso!
Minato no dijo nada. En su lugar, el último álbum de Stage Dive y el parloteo de un centenar de fiesteros llenaron el aire. Naruto se bebió la mitad de la botella de Gatorade verde. Luego me la pasó para agarrar y beber grandes tragos de vodka.
Ah, mierda. Esto iba a ser como ver un accidente de coche.
—Bebé —dije, deslizando mis brazos alrededor de su cintura, atrayéndolo más cerca—. Simplemente detente y respira por un minuto.
—Me llamaste bebé. —Sonrió.
—Sí.
—Me llamaste cariño el otro día.
—Tú eres el que quería un estúpido apodo romántico.
—Sí. Mi Hinata. —Frotó su mejilla en la mía como si me estuviera marcando. Su barba incipiente raspó mi piel y mi cuerpo entero se ruborizó como brasas. La emoción era demasiada, completamente abrumadora.
—Naruto.
—No frunzas el ceño, no hay necesidad de preocuparse. Hazme un favor y ve a hablar con mamá, ¿sí? —preguntó—. Mantenla feliz. No puedo, ah… no puedo hablar con ella ahora mismo. Todavía no.
Colocó la botella en sus labios, echó la cabeza hacia atrás y bebió, mientras yo tragaba saliva. La bebida lo auto-medicaba con respecto a esta situación. Pero estaría mintiendo si dijera que de todas formas no me asustaba. Sus ojos se veían muy abiertos y exhaló.
—Esto está mejor. Esto está jodidamente mejor.
—Creo que Kabuto va a conseguir que alguien venga a revisar tu mano — dijo Sasuke, deslizándose junto a nosotros.
—No es necesario.
Traté de aclarar mi garganta adolorida. —Deja que revisen tu mano, Naruto.
—Calabacita…
Suficiente de esta mierda. —¿Quieres que no me preocupe? Deja que examinen tu mano. Ese es el trato.
Su mirada me evaluó muy lentamente.
—Me encanta cuando te pones dura conmigo. Está bien. Si te hace feliz, dejaré que la vean.
—Gracias.
Otro gran trago de la botella. Saku se situó debajo del brazo de Sasuke, ambos mirándolo con ojos ansiosos. Había tensión y estrés en los rostros de todos, y Naruto sólo seguía bebiendo. Hasta el fondo de la botella, ahí iba él. Por alguna razón, me molestó.
—Es suficiente. —Jalé la botella de su mano. Obviamente no lo esperaba porque no opuso resistencia. Grandes ojos verdes parpadearon hacia mí, luego se estrecharon con ira.
—¿Qué mierda? —dijo en voz baja.
—Encuentra otra manera de lidiar con esto.
—Esa no es tu decisión.
—¿De verdad quieres que uno de sus últimos recuerdos sea viéndote emborracharte?
—Oh, por favor. Mamá ha estado con nosotros desde el principio. Sabe cómo son las fiestas tras bastidores, Hinata. ¿Quiere todo normal? Estoy dándole su normal.
—Lo digo en serio, detén esto.
Me dio más de su mirada enojada. Ningún problema. Si quería hacer competencia de miradas fulminantes toda la noche, me parecía bien. Le dije que cuidaría su espalda. Significaba que lo protegería incluso de sí mismo si era necesario.
—Mira quienes te rodean —dije—. Todos vieron a Neji pasar por esto. Están aterrorizados por ti, Naruto.
—Esto no es así —gruñó.
—Todavía no.
—No es tu trabajo decirme qué hacer, calabacita. Ni de lejos.
—Naruto…
—Hemos estado juntos qué, ¿una semana? Y ahora sabes lo que es mejor, ¿eh? —Me miró, su mandíbula se movía de un lado a otro—. Sí, Hinata está a cargo.
—Ah, joder —dijo Sasuke, dando un paso adelante—. Cállate, idiota, antes de que digas algo de lo que te vas a arrepentir. Tiene razón. No tengo interés en verte a ti también yendo a rehabilitación.
—Oh, dame un respiro —dijo Naruto—. ¿Rehabilitación? ¡Un poco exagerado allí, Sasuke!
—¿En serio? —preguntó Sasuke, acercándose a su cara—. Tú poniéndote tan borracho que accidentalmente golpeaste a tu novia en la cabeza. Tan loco que estás golpeando tu puño en las paredes. ¿Qué te parece, eh? ¿Suena como alguien que lo tiene todo bajo control?
Naruto se estremeció.
—Hay algunas cosas sucediendo.
—Lo entiendo. Todos entendemos eso. Pero Hinata está en lo correcto, joderte a ti mismo cada noche no es la respuesta.
Los hombros de Naruto cayeron, la lucha dejándolo.
—Vete a la mierda, Uchiha.
—Lo que sea. Pídele perdón a tu novia y en serio.
Su mirada de ojos tristes se volvió hacia mí.
—Lo siento, calabacita.
Asentí, tratando de formar una sonrisa.
—Vamos, necesitas un respiro. —Sasuke agarró a Naruto de la nuca y lo sacó de la muchedumbre.
Afortunadamente, Naruto no luchó contra él. Lo vi irse con relativa calma. Claro, todo estaría bien. Sin embargo, pasara lo que pasara, no quería darme la vuelta. Podía sentir el peso de la mirada de Kushina quemar un agujero en la mitad de mi espalda. Ella y Minato tenían que haber visto y oído todo. ¿Qué podría decirles? Yo era demasiado horrible en estas cosas de la familia y las relaciones. Deseaba que Matsuri estuviera aquí. Sabría qué hacer. Era mucho mejor con la gente que yo.
—Todo estará bien —dijo Saku, tomando mi mano entre las suyas. Un pensamiento agradable, pero del que dudaba mucho.
