Aquí traigo la tercera historia de mi bloc de notas. Esta no estoy segura de que le hubiera dado luz verde cuando la escribí. Ojalá no sea my confusa con los ires y venires del pasado al presente. Geez, viendo las cosas que tengo ahí, parecía una etapa de finales abiertos (xD) o ideas que iban para largo y jamás se darán, jaja.

Disclaimer: Yo no soy la creadora de ningún personaje que puedan reconocer.

Advertencias: Yaoi, absoluto OoC, referencias a abuso y violencia intrafamiliar (Raasa siendo el terrible padre que siempre ha sido y Fugaku también algo mal parado), pobre Izumi.

¡Ojalá disfruten!


There was a time when I was alone

RUNNING

℘ { } ℘

You just don't know it yet, but you love me and I love you the same

One day we'll have a pretty wedding, and I'll be your everything

We'll be together, yes forever, we will never ever part

Oh, you don't know it yet but baby I've already got your heart

—Blake Robinson, Unhealthy obsession.

℘ { } ℘

Sasori se consideraba un artista y, por ello, Akasuna había pintado la sonrisa de Itachi Uchiha en muchos lienzos y bocetos. El taheño dibujaba su expresión de memoria, ya que ahora el pelinegro no tenía más voluntad como para esbozarla. ¡Joder! Quería verla nuevamente, fantaseaba con ella todos los días y perdía el sueño recordándola.

Maldito sentimentalismo, se regañó cuando giró la esquina bajo la pálida luz lunar. A esas alturas, de verdad le faltaba el aliento y empezaba a sofocarse debido al —interminable— camino que iba desde su taller hasta la casa del moreno. Sasori era, lamentablemente, muy bajo de estatura… lo cual dificultaba alcanzar su destino.

Odiaba los míseros 1.64 que separaban su cabeza del piso. La mayoría de sus amigos se burlaban de él y, aún peor, también les gustaba subir las cosas a una altura ridícula sólo para verlo levantarse de puntitas y fracasar de igual forma. Itachi, siempre la excepción, trataba de ayudarlo (cosa que, a decir verdad, le molestaba).

—Me gusta su altura —confesó el pelilargo un día en particular, ofreciéndole el volumen que Hidan había dejado en el librero, muy por encima del oji-café. Éste, quien padecía un dolor agudo en la espalda, miró al Uchiha con ira reprimida, arrugando la nariz como si hubieran dejado algo podrido bajo su nariz—. Se ve bien cuando Sandaime se inclina hacia usted.

—¿Bien? —Exclamó malhumorado, bufando con una nota sombría cuando siguió—:. Permíteme decírtelo, le resulta bastante doloroso.

—Hay labios por los que vale la pena sufrir un poquito —alegó Itachi sin atender realmente al tono de Sasori y, en su lugar, observando el extremo opuesto.

Ahí, la residente más afortunada del hospital (una joven de rostro común y larga melena castaña) saboreaba una bolita de dango mientras se ruborizaba. La sonrisa de ella infectó al moreno en un santiamén y el Akasuna fue testigo del velo de amor que caía sobre los ojos preciosos y brillantes cual ónix, cálidos igual a dos carbones abrasados.

Sasori se acordaba del tirón de su estómago, la punzada de envidia y curiosidad antes de verlos clavarse en él. La mirada de Itachi era tan oscura que le resultó imposible distinguir la pupila.

—¿No lo cree? —Preguntó el Uchiha. El taheño parpadeó; su compañero lucía mortalmente serio.

—¿Qué cosa? —Arguyó, disimulando su nerviosismo.

—Todos merecemos a alguien que nos acepte en las buenas y en las malas.

—¿Huh? Te tomaba por alguien más listo, Uchiha. No importa qué, estamos solos —replicó, volviéndose cuidadosamente de espaldas al moreno—. Tarde o temprano, esa es la verdad que debemos encarar.

Sasori se alejó, ocultando el insufrible dolor de los golpes que florecían bajo su uniforme, guardado tras una máscara muy bien practicada.

Itachi era un romántico de clóset y parecía, en muchos sentidos, el novio de alguna novela juvenil a quien la protagonista conseguiría sin saber muy bien por qué. Un alma misteriosa y torturada, con una lujosa vida, tratando de mantener el nombre de la familia que lo desheredó cuando eligió ir tras sus propias ambiciones y quien sólo se abriría en presencia de su verdadero amor.

Dioses. Izumi seguramente decía que se había ganado la lotería. Un ángel caído del cielo caminando entre mortales era su prometido y ella, obvio, adoraba el talento del moreno con los niños, ya que sería un buen padre a futuro.

El siempre bondadoso, calculador e imperturbable genio, Itachi Uchiha.

Sólo que Akasuna lo sabía mejor. Oh, sin duda era todas esas cosas.

Quería a su novia y se esforzaba en consentirla, pero la noche de su aniversario, canceló su reunión alegando que lo necesitaban para hacer rondas en el hospital. Fue una mentira, dicha con la destreza de un mocoso acostumbrado a fingir que sabía todo y cualquiera podía depositar su vida en sus —todavía inexpertas— manos. La verdad, nadie le había solicitado extender la jornada ni trató de ser útil.

Itachi simplemente se quedó en la litera, llorando y rechinando los dientes de frustración.

Akasuna lo sorprendió así cuando fue a tomar una siesta. La visión, tan lamentable como inesperada, dejó al pelirrojo estático bajo el umbral de la puerta. El Uchiha hipó una vez más y, por fin, levantó su rostro. Ambos se miraron sin hablar.

La luz que se arrastraba del pasillo hacia el interior no era lo suficientemente tenue para que Sasori no advirtiera las lágrimas cristalinas en el rostro ajeno. Chasqueó la lengua con visible rabia, deseando volver sobre sus pasos hasta la estrecha salita donde estaba cafetera.

Pretendería que el famosísimo estoicismo del muchacho seguía intacto.

—Deseaba matarlo —anunció el Uchiha, haciendo trizas el silencio con voz estrangulada. El pelirrojo frunció el ceño, observándolo de arriba abajo: el par de ríos bañaba sus mejillas rojas y atisbaba unas finísimas telarañas de sangre en los ojos del moreno, haciéndolo parecer salvaje, casi demoníaco—. Creo que si oigo a Raasa decir que Gaara se cayó de las escaleras otra vez, lo haré.

Sasori inhaló profundo (desde fuera, tal vez parecía sobrecogido por la confesión del menor; lo cierto es que Itachi le había arrebatado la oportunidad de largarse). Él era un hombre a quien le gustaba dejar a otros resolver sus problemas y les ladraba que se mantuvieran lejos de los suyos.

—Quizá te equivocaste de carrera. Si querías ir por ahí, repartiendo justicia, debiste ser abogado —objetó e Itachi lo miró con… algo similar al horror—. Raasa es un miembro de la junta directiva del hospital y uno de los hombres más importantes de todo Japón. Te sacará a patadas si hablas y se asegurará que no tengas futuro en la medicina. Todo ese sacrificio que hiciste llevando la contraria a tu padre será un desperdicio.

El Akasuna podría haber terminado su conversación ahí; sin embargo, caminó y tomó asiento junto al muchacho. Itachi se limpió el rostro con violencia.

—¿Con qué derecho me llamaría doctor si dejo que pasen este tipo de cosas por miedo a perder mi trabajo?

—No lo sé —admitió el Akasuna—. Yo nunca he sido alguien interesado en ayudar a otros. Las personas me dan lo mismo.

Itachi resopló y sus cabellos, ahora mechones desaliñados sobre su frente, se levantaron. Tal vez había querido reír, pero el sonido resultó hueco y fue más un gruñido que ninguna otra cosa.

—Ahora quisiera golpearlo a usted —dijo entre dientes, poniendo las manos en su cara.

—Oh, ¿después de las molestias que te tomaste con Sandaime? Es como admitir que él tenía excusas para hacerlo.

A su lado, el joven se tensó súbitamente y, muy lento, descubrió su rostro. Éste aún le parecía bastante atractivo, mas lucía demacrado por la guardia de casi 72 horas que habían impuesto al Uchiha.

—Lo siento —susurró Itachi, cansado y derrotado—. Estuvo mal decir eso. Yo paso mucho tiempo imaginando lo que le haría a Sandaime si volviera a lastimarlo. La sola idea de sus manos acercándose… me da asco.

Akasuna dejó escapar una risa musical, divertido por la formalidad del otro.

—Casi suenas celoso —se burló, tratando de aliviar la tensión.

Silencio. Muy largo. Incómodo.

El pelirrojo abrió grandes los ojos cuando Itachi lo encaró.

—¿Y? —espetó el Uchiha.

—Oh —prorrumpió Sasori. Luego abrió y cerró la boca sin articular palabra. ¿Por qué no era capaz de decir algo ingenioso? De pronto, sólo brotó de sus labios un patético—: Oh.

El menor se levantó.

—Iré a casa —anunció, quitándole importancia a la revelación—. Descansar me hará bien —añadió, tratando de convencerse a sí mismo—. Pero he decidido que no estaré de brazos cruzados sobre el asunto con los Sabaku.

"Te arruinarán", pensó rebatir el Akasuna. No obstante, lo que acabó por salir de sus labios fue:

—Escucha… no actúes precipitadamente. Tú… espera. Yo hablaré con él. Creo que podría lograr que se mantenga lejos de Gaara.

Itachi lo miró con extrañeza y cierta incredulidad.

—¿Aunque dijo que no le importaban los demás?

Se encogió de hombros a modo de respuesta.

—Jamás he sido una dama en apuros, Itachi —declaró, serio—. Nunca necesité que vinieras en mi defensa, pero te agradezco. Haré lo mismo por ti. Una vez, solamente. Y lo olvidaremos, ¿OK? Nadie debe enterarse que regreso favores (incluso los que no pedí). Cielos, ¿qué clase de reputación tendría?

Al pelirrojo, siendo francos, le importaba un pepino qué pensara la gente de él. Quería evitar la molestia de gente pululando a su alrededor; además, estrictamente hablando, ayudar a otros venía como un simple efecto colateral de sus intereses personales.

Pero… sí había hablado con Sabaku no Raasa. Tsk. Quizá fue la mirada desesperada del Uchiha o la idea de que el padre de Gaara podía arruinar al pasante y su familia no movería un dedo. Tal vez fueron los aleteos del colibrí que nació en su pecho cuando sus miradas se tropezaron… no, se encontraron como si fuera arte del destino y Sasori, de pronto, enloqueció. Ésa, al menos, sería la única respuesta lógica, ¿verdad?

Tres semanas después de su conversación con el miembro de la junta directiva, Gaara apareció con dos costillas rotas y un pulmón perforado. Mientras Sasori operaba al niño, se preguntó por qué no lo tomaban en serio.

Raasa apareció en su oficina un día después vistiendo una expresión altiva, desagradable. «Soy intocable», parecía clamar frente al Akasuna. Sandaime también lo miraba así, dándole órdenes, actuando como si le perteneciera.

El pelirrojo se levantó y suspiró.

—A mí no me interesa el niño —admitió, ofreciéndole una taza de té al Sabaku—. Conozco mi lugar. Sé cuál es el suyo.

Raasa asintió, satisfecho con la respuesta y bebió mientras Sasori cerraba los ojos, besando la orilla de la porcelana y sorbiendo sin tomar nada.

A nadie sorprendió realmente la defunción del hombre. Incluso si no era muy viejo, era bien sabido la fragilidad de su salud y era tan negligente consigo que el Akasuna podía decir que apenas había dado un empujoncito.

—Hay muchos tipos de justicia —le dijo a Itachi más tarde, cuando los dos estaban en el techo. Ninguno fumaba, pero el lugar estaba solo ese lluvioso jueves, pues además del agua, las ventiscas amenazaban con arrancarlos del tejado igual que cometas—. Está la del hombre, la de Dios y hasta la del Diablo. Nunca sabes cuál vendrá por ti primero, ¿huh? Pero ese niño ahora podrá dormir sin miedo a su padre esta noche.

El Uchiha observaba el borde del edificio.

—Te resfriaras si sigues aquí —insistió Sasori, tomándole de la mano—. Regresa conmigo, Itachi. Esa chica —dijo, una nota contenida en la voz— lleva buscándote una hora y no querrás que espere más, ¿verdad?

—Sasori-san —prorrumpió el menor luego de que el aludido lo guiara hasta el refugio de las escaleras, donde la lluvia no podía bañarlos—, ella no debería quererme. Soy… un mentiroso. La he engañado todo este tiempo. Desearía amarla como se merece. ¿Cree… que pueda aprender a hacerlo?

Mierda. No quería que Itachi cultivara ningún sentimiento por Izumi. Ahí, en ese momento, su alma podrida se derritió gracias a los irises atezados, tan profundos como el oscuro abismo del mar, Sasori vivió una historia que no terminaría en un felices para siempre.

—Ella salvó a su hermano —les dijo Kisame una vez a él y Deidara, cuando el rubio imitaba sonidos de vómito al contemplar el abrazo de la pareja, seguido de un beso. Hoshigaki era un amigo íntimo del Uchiha de la universidad; sin embargo, aquello ocurrió tiempo antes de conocerse—. Han estado juntos desde entonces.

—Ugh, el amor por deuda es apenas un poco menos terrible que el amor por lástima.

—Yo sé que no existe nada en el mundo que Itachi-san no hiciera por Izumi.

—Itachi haría lo que fuera por cualquiera. —Replicó Akasuna a los dos chicos, arrojándoles las formas de sus pacientes.

No le dolía verlos, se repetía una y otra y otra y otra vez. Un círculo sin fin de negación y aberración que luchaba por mantenerse firme contra las atenciones de Itachi mientras compartían una sombrilla, o rodeaba a Sasori con una bufanda perfumada; contra la primera vez que el Uchiha dijo su nombre, acariciando las letras; contra las largas guardias que ambos pasaban juntos, hablando sobre la luz y oscuridad en sus corazones; contra el miedo de esa terrible noche en la cual Sandaime apuñaló a Itachi porque éste se interpuso entre la hoja de acero y el pecho del Akasuna; contra la tibieza de sus manos y el dulce aliento del moreno cuando se inclinó a besarlo.

El taheño se había apartado.

—No —le dijo entonces. Itachi se ruborizó, se disculpó por el atrevimiento y trató de alejarse; pero el oji-café lo sujetó de la mano, impidiéndole marcharse—. No.

—Sasori, ¿quieres lo mismo que yo? —Exigió el moreno cuando el médico permaneció silencioso, sin tratar de explicarse.

—Te vas a casar.

—Si me dices que me amas…

—Yo… es que… ¿puedes darme algo de tiempo? —Preguntó, creyendo que le faltaba el aire. E Itachi, siempre gentil y paciente, asintió.

Los días se convirtieron en semanas y las semanas en meses.

¡¿Por qué no podía darle una respuesta?! ¿Era porque el Uchiha no terminaba su compromiso, esa cadena perpetua a la que estaba dispuesto a irse? ¿Era porque nunca sería más importante que Sasuke o Izumi?

"Casi llego", se animó a sí mismo en el aquí y ahora, corriendo más. Bajó su atención hacia su mano, donde ceñía un —otrora— hermoso ramo. "Las flores quedarán maltratadas."

Esa carrera ya había tomado meses, gruñó. Necesitaba apresurarse. Estaba convencido de que siempre fue un muñeco de trapo deshilachado y únicamente Itachi se había molestado en parcharlo, rodearle con fuerza para jurarle que no lo dejaría solo.

¡Convertiría al Uchiha en su para siempre!

Y, sin embargo, cuando Izumi abrió la puerta del departamento, Sasori se quedó helado durante un momento. La expresión del taheño se descompuso al verla ahí, como si estuviera en casa (y, acordándose, supuso que así era realmente).

Las imágenes de ambos llovieron a cántaros en la mente de Sasori, quien revivió las emociones tan despiadadas que lo golpeaban siempre que los veía juntos. Parpadeó y escondió las flores detrás de su espalda en un acto reflejo, atribuyendo su silencio a la maratón que acababa de echarse en vez del nudo de la garganta.

¿Cómo un renombrado doctor (y asesino) podía sentirse tan vulnerable frente a una chiquilla de lo más común? ¿Qué lo tenía parado en un hielo frágil?

"Se van a casar en seis días, idiota."

Akasuna nunca había experimentado un dolor tan agudo como ahora. Su expresión lívida se demoró un poco en obedecer a su cerebro y transformarse en una máscara impasible. Detrás de sí, sus dedos maltrataron con fuerza temblorosa los tallos de las flores, cuidadosamente elegidas y envueltas.

Carraspeó la garganta y se convenció de que era más valiente de lo que se sentía. Apabullado, forzó a su voz a salir a trompicones.

—¿Está Itachi? —Dijo, sacando las flores a la vista de la mujer, quien le dedicó una sonrisa, ajena a la venenosa mirada del Akasuna.

—Se ha quedado dormido —contestó ella con gentileza y, como para reforzar aquello, hablaba en susurros—. Creo que realmente necesita descansar, Akasuna-san, pero yo podría usar tu compañía, si gustas entrar y tomar un poco de té.

Sasori sintió que una serpiente se enroscaba en su corazón y apretó los dientes.

—No —siseó—. Sólo quería… uh… vine a…

"Ofrecerles mis felicitaciones."

"Sacarte del camino."

"Decirte que no te puedes casar con Itachi. Él sólo lo hace por tu felicidad, no la suya."

"Preguntarle por qué no me ha elegido él."

"Confesarle que lo amo."

Akasuna sacó el aire y le extendió el ramo de flores a la chica. Ella las tomó con cautelosa amabilidad.

—¿Puedes decirle que tenía razón sobre el diagnóstico de Ai? Yo me equivoqué. Quiero… compensarlo. Haré lo que sea, si él está dispuesto a perdonar mi obstinación y… si es así, podemos hablarlo mañana.

—Para ser alguien que dice odiar hacer esperar a otros, te has demorado mucho —interrumpió una tercera voz y el mundo se abrió bajo sus pies. Sasori miró por encima del hombro de Izumi, encontrándose con el Uchiha—. ¿Por qué no salimos ahora y hablamos?

Por primera vez, desde hace meses, el Akasuna se sintió repentinamente lleno de vigor en presencia de Itachi.

Asintió y le dedicó una mirada a Izumi mientras su prometido le tocaba el hombro para tranquilizarla.

Sasori pensó que, si todo salía bien para él, Itachi sólo regresaría a ese departamento para recoger sus cosas.

THE END


La excusa de Sasori sobre el diagnóstico de Ai, según mis notitas, se refería a "Amor" y no a una persona de verdad. No sé si eso tenga sentido.

En fin, sospecho que en algún momento iba a convertir este one shot en un lemon, pero literal sólo había ahí un: "LEMON XP" y me saltaba a lo demás; pero no tengo muchas ganas de escribirlo en esta ocasión, así que habrá de tenerlo como pendiente para después.

Ojalá no les haya parecido tan cuestionable como a mí al transcribirlo. ¡Gracias por leerme!