Con la colilla aún caliente en el cenicero encendía otro cigarrillo, así pasaba el día como su única forma de calmarse, a momentos lograba consolarse, tenía derecho a seguir con su vida, ella misma le había suplicado que buscara otra alternativa, Tsunade también, ¿entonces por qué era el malo? ¿por qué no podía olvidar la mirada que ella le dio? que lo evitaba, no era más el objeto de sus sonrojos, sino de una palidez que bordeaba con la enfermedad, un color tan triste. Su mente no lograba concentrarse en el informe, de pronto, en su escritorio se derramó una nueva carpeta, llena de papeles, aquel mocoso sonreía satisfecho de verlo sorprendido y humillado.

- Pedazo de mierda - dijo entre dientes, sabía que lo había escuchado y ninguno de los dos disimulaba su desprecio por el otro.

Sasuke, por su lado, sentía un poco más de tensión, mientras más personas conocieran su lado más oscuro era más peligroso, por el momento estaba a salvo, las partes no gozaban de su credibilidad, Hinata era un cuerpo vacío, Itachi era quizás algo más fuerte, un hombre que renacía de su caída y comenzaba a ganar el afecto del pueblo. Eso sería un riesgo, sino fuera porque Hinata lo evitaba y no toleraba haberle causado daño, eso lo podía contener hasta el matrimonio, su idea de ser cabeza de la familia se vio detenida mientras ascendía, pero eso tomaría varios meses.

En la noche llegaba a preparar la cena, su novia estaba en la cama miraba por la ventana pasar el día, le dio una semana para que mejorara, ella accedía a lo que quisiera hacer, comía lo que le decía, vestía lo que él le asignaba, después de todo, era lo que él quería lo que importaba, si pensaba un poco más las imágenes de esa habitación volvían a su mente. Itachi tenía el cuerpo más fornido, tan guapo como siempre y no podía volver a sentir sus dulces caricias, ya se las brindaba a otra, quizás cuantas más mujeres debieron conocer esa intimidad de la que se creía dueña, como odiaba sentir que él era suyo, nunca lo fue, tal vez él merecía ser libre antes de pensar que tenían que casarse.

- Hina - le llamó a lo lejos desde la cocina - la cena - ella se levantó con rapidez, se sentó y comió lo que él le sirvió.

- Gracias - tomó su plato para limpiarlo y volver a la habitación.

Sasuke la miró preocupado, ordenó el apartamento dentro de lo que pudo, ya estaba en sus ropas de dormir, él la siguió. No podía negar que la falta de actividad en la cama lo estaba matando, anhelaba sentir a su mujer, pero su estado le impedía llevar su acción a cabo. Le tomó la mano y la invitó a que lo abrazara.

- Hina, creo que tu silencio te está matando, ¿no sería mejor que hablaras de eso? - silencio nuevamente, acarició sus largos cabellos que se confundían con los propios - no importa si lo que dices algo que me lastime, me duele más que estés muerta en vida - una parte de él no mentía, una parte sí la adoraba y deseaba su bien.

- Sasuke, no quiero luchar más - fue lo que pudo soltar sin expresión alguna.

- ¿Tan importante era como para que dejaras todo? - ella asintió.

- Él lo era todo - Sasuke lo sintió como un puñal atravesado en su pecho - si acepté todo fue por él - sus ojos se inundaron de lágrimas - pero está bien si él es feliz - si tan sólo supiera lo miserable que era gracias a él.

- Itachi, tarde o temprano encontraría a alguien más, ¿o querías que te esperara toda la vida? - Hinata abrió los ojos sorprendida por escuchar lo egoísta de su deseo.

- Sí, lo esperaba, pero no es justo con él - tampoco con ella, a fin de cuentas se casaba a la fuerza y sostenía una relación a punta de pistola.

- Tú estás conmigo, él tiene derecho a ver a otras personas - la muchacha asintió.

- Pero, es tan doloroso verlo con otra persona cuando lo quiero sólo para mí - él soltó una carcajada.

- Nunca pensé que empatizarías conmigo - la estrechó con fuerza contra sí mismo - he sentido esto por años, ¿de verdad crees que mi corazón puede cambiar? - pudo notar sus mejilla sonrojadas y cómo su mano subía a su pecho.

- No, sé que no, ¿vale la pena? - Sasuke bufó divertido.

- Te lo dije, era capaz de todo, aún lo soy, pero no lo veo necesario, no dudo que te quedarás aquí y llegado el momento, me corresponderás de la misma manera, verás que te puedo hacer más feliz que él - tomó su mentón con suavidad para besarla - besaré cada una de tus heridas y cuidaré de ti más que nadie - vio un dejo de duda en su rostro antes de cerrar sus ojos y esperar que insistiera.

No le quedaba nada, absolutamente nada, Sasuke había logrado convertirse en la única persona en la que podía confiar, la única que seguía ahí sin importar lo que hiciera, que lo empujara y despreciara, volvía, la protegía, cuidaba de ella y era paciente. ¿Había perdido la razón? ¿él la había enloquecido? su actuar metódico le generaba rechazo, pero él esperaba a que se calmara y sin tener a quien acudir, él brindaba su ayuda, su prestigio, su nombre que construyó para convertirse en todo lo que ella necesitara. ¿Debía sentirse halaga de que un monstruo fuera tan dócil con ella? vivir en el filo de la navaja era emocionante, pero agotador, sabía que no le levantaría la mano, al contrario, la trataba con una delicadeza casi como si fuera de cristal. Si lo viera con altura vería que no era un ser humano para ella, sino algo idealizado que debía obtener al punto de desear una relación enfermiza.

- No te pido que me correspondas, te pido que te quedes con el pecho abierto para mí - sus palabras la sonrojaron, apartó la mirada y se dejó besar por él, no era tan malo sentir el cariño de alguien, de quien fuera, cualquiera que aliviara el dolor.

- Ha estado abierto más tiempo del que quiero admitir - con su mano acarició su rostro mientras dejaba caer una lágrima entre risas.

- Hina - la volvió a abrazar con fuerza - prometo hacerte feliz cada día, lo haré, tanto que olvidarás todo tu sufrimiento - era la primera vez que veía sus ojos empañados con una genuina felicidad.

- Se-Seguro - dijo algo incómoda, era vulnerable, estaba sobre ella y no podía escapar, ver aquellos ojos del niño que conocía era extraño.

Sasuke se sentía en paz, la guerra la dio por ganada, era una calma dentro de sí mismo que no reconocía, ella le correspondía, lo quería, no era necesario esperar mucho más. Si era capaz de todo, merecía toda la recompensa, esos lindos ojitos blancos parecían verlo sólo a él, aquella mirada que envidiaba y resentía era ahora suya, entendía porque su hermano la cuidaba tanto, o era su deseo egoísta de querer tener algo exclusivo.

Así fue como los meses trajeron la preciosa ceremonia, Hinata se había encerrado en el departamento y esperaba su llegada, no había posibilidad de ser rescatada ni de poder salvarse a sí misma, se convertiría en una paria y no podía vivir con ese estigma, prefería un matrimonio con un hombre que la amaba aunque ella no lo quisiera de la misma forma. Vestida con el traje ceremonial se veía marchita, triste, a momentos podía sentir un poco de alegría, pero el saber su destino era fatídico, Mikoto la alentaba diciendo que los hijos debían ser su motor, pero, ¿podían ser felices los hijos de un matrimonio así?

Esperó un poco a que la llamaran a la ceremonia, su corazón estaba acelerado, como el miedo antes de saltar al vacío. De pronto, una mano cubrió su mano y la inmovilizó, le suplicó hiciera silencio.

- ¿Qué haces aquí? - ¿por qué él?

- Hina, vine a sacarte de aquí, esto no puede seguir adelante - la tomó de sus mejillas que tomaron un color que no tenía hacía un tiempo.

- Itachi, por favor, si sigues aquí nos meterás en problemas - el moreno negó con fuerza.

- Podemos huir, no me digas que quieres seguir con esto, Sasuke no es la persona que aparenta - la joven asintió sin soltar la mano que él le había dado.

- Lo sé - Itachi abrió los ojos sorprendido.

- Entonces, ¿por qué aceptarlo? - la chica intentó retroceder, pero él afirmó su agarre.

- No te lo puedo decir - esa oscura mirada hacía que sus piernas temblaran y si pudiera ser libre se lanzaría a sus brazos.

- ¿Por qué? Hina, confía en mí, no puedo dejar que estés con él - presionó su mandíbula, no sólo moría de celos, sino que además sería renunciar por un hombre profundamente desequilibrado, ¿sería capaz de levantarle la mano? ¿de serle fiel? ¿de darle lo que ella necesitaba?

- I-Itachi - qué difícil era llamarlo, todavía sentía su corazón saltar de gozo por su mera presencia - es lo mejor, por favor, te pido que confíes en mí, sé lo que hago - esta vez con su mano libre acarició su mejilla, por ese bello rostro era capaz de pasar el resto de su vida en el infierno.

- No pidas eso, yo tengo que protegerte - la alcanzó por la cintura con suavidad, pudo sentir que dio un respingo.

- Por favor, vuelve a la fiesta, seguro esa chica te está esperando - imploró aunque pudo ver un dejo de molestia.

- La verdad ella me dejó - Hinata sintió un alivio profundo - ¿estás feliz? - su sonrisa la delató.

- N-No - negó con fuerza - yo no debo hacer caso de mis deseos egoístas - se le apartó avergonzada.

- ¿Estabas celosa? - su pregunta la hizo bufar.

- Sí, pero eso no cambia mi decisión, no importa lo que yo sienta o quiera, importa lo que debo hacer - le abrió la puerta para que saliera, después de todo, estaba más allá del punto de rescate.

- Hina, dime una sola cosa, sin importar la situación, en un caso hipotético, ¿te casarías con él? - ella negó - es todo lo que necesito saber - vaya que se arrepentía de ser sincera en ese momento, no podía darle ilusiones.

- Olvida esta conversación, y a mí, puedo cuidarme sola - el moreno obedeció y cerró la puerta sin mirar atrás.

Al poco tiempo, su futuro marido hizo su entrada, él la llevaría al cadalso, con su traje elegante con toques de oro, suntuoso y un poco ridículo, al ver su rostro estaba sonrojado y con una mirada un tanto perdida.

- Hiciste bien - le dijo tomando su mentón.

- ¿Eh? - estaba confundida y un tanto aturdida.

- Eres capaz de rechazarlo por ti misma - su tono demostraba su satisfacción.

- No puedo dar pie atrás a esta altura - ambos salieron de la habitación y fueron cubiertos de vítores y pétalos de flores.

- Claro que no - afirmó el agarre contra ella sin perder la sonrisa - recuerda cada momento, este es el día más feliz de nuestra vida - su tono le heló la sangre, sentía que se desvanecía, que su mente estaba en blanco.

Al volver en sí misma estaba frente al sacerdote, ¿había perdido la noción de lo que vivía? Sasuke decía solemnemente sus votos dejando ver un sonrojo jovial en sus mejillas, si no fuera por el maquillaje todos verían su palidez y el miedo se presentaba en el sudor de sus manos, sentía la mirada de Itachi detrás de ella, aunque estaba alejado del centro de ceremonias, estaba fumando cada cigarrillo existente junto a Neji, quien había sido silenciado por ambos concejos, si no se robaba a la novia no había manera de salvarla.

- ¿Hinata? - le llamó el anciano haciendo que diera un respingo - querida hija, ¿aceptas a este hombre por tu esposo? - aquel hombre era Hyuga, la conocía de toda la vida y por su naturaleza religiosa no podía opinar al respecto.

- S-Sí - trastabilló un poco tratando de no dejar caer una lágrima - lo acepto - un tanto decepcionado siguió con la ceremonia.

No había tortura más grande para él, ver como ella se alejaba contra su voluntad y con un hombre de semejante maldad. Neji le ofreció algo de licor y marcharse de ahí a ahogar las penas, Shisui le había ofrecido calmantes, pero estaba ocupado con la misma ceremonia. Al terminar hubo un gran banquete con todo el mundo en el lugar, bebían, bailaban y reían, dieron costosos regalos a la pareja quienes permanecían sentados en el lugar, ella no había probado bocado.

- Hina, arriba el ánimo, ¿no ves lo felices que están por nosotros? - con dificultad logró sonreír un poco más y hablar con los invitados.

Se decía que él sería la única persona que le sería leal, pero, ¿cómo amar a quien desprecias? Sasuke se encargó de llenarla de detalles en la ceremonia, finas comidas y todo aquello que la complacería, Itachi estaba borracho y con un olor a humo insoportable, se quedó en una mesa en una esquina del lugar.

- Por favor, bebe agua - le dijo siendo al primero que buscó luego de levantarse.

- Hina, por favor, vete, quisiera estar solo - ella le dejó un par de vasos de agua y obedeció.

- Lamento mucho esto - soltó antes de irse.

Sasuke estaba celebrando con sus amigos, parecía que hubiera vuelto de una guerra, sus amigos jugaban con el licor, mientras que las amigas de ella le ofrecían chocolates y pañuelos para llorar su infortunio, pero apenas lograba llorar por miedo a represalias. Engullía cada dulce como si fuera vidrio molido, pero eso parecía hacerlas felices.

- Hinata, ya verás que el amor llega después - dijo Ino acariciando su espalda.

- Sí, además es muy famoso y rico - argumentó su amiga Tenten.

- ¿Cómo puedes insistir con esto, Sakura? creí que estabas enamorada de él - preguntó mirando sin pudor a su amiga, todas se quedaron en silencio.

- No diría que era amor, más bien era que cogía divino - dijo entre risas y un poco sonrojada.

- ¿Eh? - la chica enrojeció y logró reír.

- Bueno, por eso hay que hacerle un templo - dijo la rubia, pues lo decía por experiencia - te garantizo que en ese aspecto no deja nada que desear - todas comenzaron a reír, en verdad que una conversación con amigas le hacía sentir menos miserable.

Si su condena era pasar la eternidad con él, por lo menos debía valer la pena, sus encuentros íntimos eran intensos, aunque más lástima se daba por buscar lo bueno en un hombre que en realidad detestaba, tal vez era su lucha para no enloquecer y simplemente lanzarse al vacío. El resto de la noche hablaron de lo que se podía o no hacer en la cama, después de todo, estaban alejadas del resto, bebían y reían, Hinata les contó lo que fue estar con el mayor de los Uchiha y lo bueno que era, que era a quien verdaderamente le haría un templo por sus cualidades amatorias, pero parte de ello se debía al profundo amor que le tenía. Si no fuera por ellas no habría pasado la noche de forma un tanto más amena.