A pesar de todos mis viajes a Xing nunca dejaba de maravillarme con el gran palacio del emperador, altos muros, leones tallados en piedra vigilantes, jardines que parecían haber sido adornados hasta el mínimo detalle y dentro la opulencia era tal que un falso brillo habría sido rápidamente descubierto, ser emperador era el equivalente a ser una deidad en tierra del sol naciente. No era el único país con esa clase de costumbres pero si era el país del que yo guardaba más memorias.
—Hemos estado esperando por usted doctor Elric –informó un sirviente—. El emperador le espera en sus habitaciones privadas.
Yo asentí y le seguí por un largo pasillo, el hombre que me guiaba me miraba un poco escéptico de que pudiera hacer algo como médico, eso me pasaba siempre porque el parecer de la gente era que yo estaba demasiado joven y demasiado extranjero para ser buen medicó, me olvide de la idea cuando estuve cerca de la habitación de Ling y pude sentir la presencia que todo médico desea alejar de su paciente. La muerte estaba cerca para presentarme batalla.
SOL NACIENTE
UN PASADO EN COMÚN
Por: GAIASOLE
—No me sigas mirando así –decía Mei a su pequeña panda—. No podía solo dejarlo en la calle, no es correcto.
—Me alegra que pienses así –pronuncié mientras entraba a la casa—. ¡Buenos días!
Obviamente Alphonse Elric era la persona menos favorita de la panda que alguna vez había jugado entre mis manos, podía ser que fuera muy pequeña pero la cosita de cuatro patas tenía tanto carácter como su dueña. Al ver que mi saludo no recibía respuesta me senté frente a la mesa del desayuno donde había un semi festín, en Xing el desayuno era una cosa impresionante, se servían hasta seis platos para una sola persona y si se tenían invitados llegaban a servirse hasta treinta platos, para cuando aprendí eso caí en cuenta de porque Ling tragaba incluso más que mi hermano, obviamente Mei no me consideraba su invitado y no planteaba servirme ni un poco de agua.
—Veo que amaneciste de buen humor –comenté a Mei que tenía el ceño llegándole hasta la nariz.
—Lo hice –pronunció con un deje de fastidio—. Hasta que me di cuenta que de nuevo andabas por aquí.
—Te deje una nota diciendo que iba a palacio, ¿No la encontraste?
—Eso no me explica porque de nuevo estás aquí, anoche te di hospedaje pero no ofrecí darlo de manera indefinida.
—Esta mañana estás destilando simpatía –le dije con una sonrisa que pareció irritarla.
La deje comer en paz un rato, ella pareció indiferente a mi mirada y se dedicó a lo suyo, estaba muy guapa con el cabello suelto y usando un tradicional traje de Xing, pantalones rosas y camisa verde jade con bordados.
—¿No me preguntarás de Ling?
—Se esta muriendo –me dijo Mei tranquilamente—. No necesito preguntarte algo que ya sé, que todo él país sabe y que es la razón de que haya hombres deseando mi cabeza.
—Me gusta creer que soy capaz de salvar a mi paciente –le dije convencido aunque incluso yo tenía mis dudas después de ver al enfermo emperador—. Esos hombres que te quieren muerta, ¿Sabes quién los envió?
—No te incumbe.
Yo iba a discutir esa afirmación cuando un chico entró a la estancia de Mei y nos evalúo a ambos con la mirada, estaba tan sorprendido que no me di cuenta que ella ya se había levantado y acercado hasta él para hacer un ligera inclinación de cabeza y sonreírle de la forma que no me sonreía a mí, el intruso le correspondió y río cuando la pequeña panda se acomodo en su hombro.
—Bueno días Mei vine en cuantó supe que anoche habías sufrido un nuevo ataqué, veo que esta vez pudieron alcanzarte –el chico tomó su mano ahí donde aún estaba la venda de la noche anterior—. No deseo que sufras un nuevo daño, ¿Por qué no vienes a vivir…?
—Fue apenas un rasguño –le cortó Mei—. Acordamos que no me presionarías Ryu.
—Y no lo haré aunque no quedaré tranquilo hasta detener a nuestro enemigo.
—Puedo pelear mis propias batallas –decía ella.
—Y si no puede yo le ayudó –intervine por primera vez—. Mucho gusto, soy Alphonse Elric –le dije al desconocido alejando su mano de la de Mei y estrechándola fuerza—. Me parece que no te conozco chico, ¿Cómo te llamas?
—Vamos doctor Elric no puede haberme olvidado, ¡No se lo perdonaría!
Ryu. Recordé mi primer viaje a Xing, en ese entonces Mei era la niña a la que yo había prometido ser su caballero andante, el tiempo que estuve aprendiendo la alquimia de ese país conocí a muchas personas, a príncipes y princesas algunos de ellos en pañales y otros como Ryu eran de la edad de Mei, pero la última vez que yo lo había visto era un chico desaliñado que me consideraba mucho mayor que él y siempre me llamaba doctor Elric, solo nos llevábamos algunos años de diferencia pero el ahora sí que parecía un príncipe y eso motivo que recordará mi enojo.
—Creo que sabes que entrar a una casa ajena así como tú has entrado Ryu es una descortesía, especialmente porque aquí solo vive Mei –un gruñido me hizo rectificar—. Y también la panda.
—Lo sé doctor y usted tuvo que aprenderlo cada ve que quiso entrar a curar un paciente, pero me temo que ahora es un costumbre para mi entrar así a la casa de Mei, ya lo siento como mi prometida, solo espero que ella de él si, ¿No podría ayudarme a convencerla?
—¡No! –me imaginé diciendo pero en lugar de eso salí de ahí con el animó por los suelos.
Yo tenía muchos títulos, era alquimista, era doctor e incluso guerrero, no me había rendido ni si quiera cuando perdí mi cuerpo y paso mucho tiempo antes de recuperarlo y otro tanto en mantenerlo en forma, antes de decirme a viajar viví un tiempo con mi hermano y su entonces novia Winry y luego cuando por fin me despedí de Amestris y crucé el desierto para llegar a Xing y de ese modo también llegar a Mei no supe que mi camino estaba trazado.
Edward había sido mi compañero, hermano y amigo y luego ese lugar había sido ocupado por Mei, con ella entrenaba el arte de la alquimia que ni siquiera Father había conseguido anular, y cuando ella me confesó amor yo solo supe alejarme y emprender un nuevo viaje, pero siempre regresaba con ella, y cuando ella retomaba ÉL tema escabroso yo me marchaba de nuevo.
Fue una rutina de años que se interrumpió cuando Amestris necesito nombrar un nuevo führer, ese fue Roy Mustang que viendo las habilidades de Mei para la pelea le pidió ayuda para recuperar algo que había perdido, ella accedió, así fue como me reencontré con ella en mi país de origen, fue la primera vez que comprendía que ella ya era una mujer y una que estaba herida por mi comportamiento.
—¿Estás segura que no viniste a Amestris para poder seguirme? –le pregunté una vez.
—¡Solo vine para ayudar a Mustang! Hace años perdí toda esperanza contigo Alphonse y seguir a viajeros errantes no me interesa.
Yo no quise creerla y parecía que ella tampoco la esperaba, estando en Amestris no deje de darme cuenta la cantidad de miradas masculinas que la seguían y lo mucho que a mi me enojaba. Admitirlo me costo tomarme una cerveza entera junto a mi hermano que era incapaz de entender porque no solo cedía a ella.
—Las mujeres hacen bien al hombre –decía Edward que estaba casado y con hijos—. No creo que seas de los que temen al compromiso Al.
Yo me negué a darle ninguna explicación. Pero tal vez ahora se la podría dar a Mei aunque no me sentía preparado, regresé a su casa y la encontré afilando sus cuchillas, no había rastro de Ryu lo que me dejo tranquilo.
—¿Otra vez aquí Alphonse? –preguntó de morros.
—Necesito que hablemos –le dije intentando sonar calmado—. Espero que no estés pensando en aceptar la propuesta de ese chico.
—Ese chico que dices es de mi edad, también es príncipe y además me quiere.
—Puede adorarte pero de lejos, ¿Por qué no le cuentas que no te puedes casar? –ahora era yo quién estaba enojado—. ¿Por qué no le dices que te casaste conmigo en Amestris?
El segundo sol de ese día llegaba a su fin y dejaba nuestros rostros entre sombras mientras yo recordaba como nuestro matrimonio era la sombra más grande entre los dos.
Continuará…
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Gracias por tu comentario Yimel Elric! :D
