Titulo: Memorias de Jersey
Autor: eminahinata
Fandom: Hawaii Five-0
Palabras: 1,107
Pareja: Ilyan Wolfe/Daniel Williams
Advertencia: Slash, Personajes Originales, ligero crossover, un poco AU.
Universo: -
Dedicatoria: A Yvarlcris, quien ha pedido sobre Danny antes del canon y con mi personaje original: Ilyan Wolfe.
Disclaimer: Hawaii Five-0 y sus personajes no me pertenecen, son propiedad de K/O Paper Products y 101st Street Television en asociación con CBS Productions. Este fic se hace sin fines de lucrar, ¿vale? Si fueran míos, Danno y Steve estarían juntos desde hace mucho tiempo de forma definida y no sólo por el condenado y maravilloso subtexto. ¿Qué? ¡Se vale soñar!
Resumen: Hay situaciones que marcan una amistad. Y otras que marcan algo más grande. AU.
Notas de Autor: ¡Hola! Bien, ya pasó bastante tiempo desde la última actualización de las memorias, pero ya está aquí la siguiente. No sé, pero últimamente tengo ganas de escribir algo muy emo, así que no se extrañen si encuentran algo así en los próximos días, ¿vale? Saben que sus comentarios son siempre bienvenidos y sin más que agregar, ¡a leer!
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Memoria Dieciocho
By: eminahinata
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Daniel Williams, de veintidós años, parpadeó viendo como a su querido amigo Kevin Harris pasaba a la plataforma en la ceremonia que se hacía para entregar la placa y el arma a los nuevos representantes de la ley. A su lado su familia aplaudía con entusiasmo en el momento que el capitán entregaba la placa al azabache, todos muy contentos por el joven. Unas filas adelante, los padres y prometida de Kevin brillaban de diferentes emociones, Donna prácticamente saltando en los asientos.
Negó con la cabeza, contento por ellos, mientras mecía con suavidad a Naomi, quien al final se quedó dormida en sus brazos; Deian envuelto protectoramente en los brazos de su abuelo. Los niños ya casi tenían los dos años de edad y cada vez estaban más grande para su consternación. Bien, ahora entendía a su hilarante padre. Ambos niños ya caminaban y hablaban, haciéndolo el hombre más feliz de la vida. No veía su vida sin ellos.
Pronto la ceremonia terminó y los novatos se dispersaron para ser abordados por sus respectivas familias.
−Felicidades, Kev –sonrió él al otro joven.
−Gracias, Danny –le dio un medio abrazo ya que Naomi dormía en sus brazos−. El próximo año te espero, eh –sonrió. Él rió.
−Claro –dijo y segundos después Donna se lanzaba contra el azabache, subiéndose a su espalda como si fuera algún tipo de primate.
−¡Donna! –exclamó con falso tono indignado. La rubia rió.
Él los vio con una sonrisa, alejándose para darles un poco de privacidad a la pareja. Era algo tierno ver a esos dos, tan perdidos en su pequeño mundo y felices de la vida. Era como un bálsamo para sus heridas.
Especialmente aquella que Ilyan dejó en su corazón tan profunda que, en ocasiones, temía que nunca se curara.
Y este día era un claro ejemplo de que la vida seguía y que él no se podía permitir quedarse en las sombras del pasado. De que ahora tenía algo muy importante que cumplir y que tenía a personas que lo amaba para apoyarlo a través del camino. Hacía unos meses había perdido eso, viendo con total tristeza y desesperación que no se acercaba el día en que Ilyan despertaría, pero ahora lo volvió a encontrar al ver la alegría en pequeñas y grandes cosas.
Los meses siguieron pasando y con ello volvió a ser septiembre, el viento en su rostro impregnado de la fragancia de las flores silvestres que crecían alrededor del cementerio. Con suave paso, un niño en cada mano, camino hasta la tumba en donde yacían los restos de la madre de los gemelos. Sonrió un poco al ver a la conocida figura de Midori Furukawa, abuela de los niños, encorvada sobre la tierra, susurrando las oraciones taoístas que él nunca termino de aprender.
Emina había sido quemada bajo su religión, pero él había insistido que los niños tuvieran un lugar a donde acudir cuando necesitaran a su madre, a lo cual Midori y su familia estuvieron de acuerdo y por tal razón la mitad de las cenizas se encontraban enterradas en aquel cementerio.
Los niños se soltaron, corriendo en dirección de su abuela, y él aligero el paso, viendo a su alrededor por un momento para darles tiempo. Minutos después él se acerco y extendiendo un brazo ayudo a la mujer a colocarse sobre sus pies, una sonrisa cansada en el rostro que empezaba a mostrar signos de la edad marcándose cada vez más.
−Daniel –saludó Midori, su acento aún marcado después de tanto tiempo.
−Señora –sonrió con suavidad antes de dirigir su mirada a la placa en el suelo.
Su familia no era religiosa y por lo tanto nunca había aprendido a hacer una oración de forma adecuada. Y, aún en estos casos, no dejaba de sentirse incómodo por lo mismo.
−Ya han sido dos años y siento que apenas fue ayer –susurró la Sra. Furukawa a su lado, alzando en brazos a Naomi, quien exigía su atención jalando su vestido. Deian, tan tranquilo como era, se encontraba a su lado, un fuerte agarre en su pantalón negro. Él quería creer que los niños entendían porque estaban ahí, siempre les repetía que irían a ver a su mamá cada tercer fin de semana de cada mes, pero sabía que ellos lo comprendería cuando empezaran ya entrar a la pubertad.
Y estaba aterrado de llegar a esa etapa y que Ilyan no haya despertado para nunca volver.
−Como pasa el tiempo, ¿no? –volvió a susurrar la japonesa a su lado y él asintió.
−Si –dijo, carraspeando cuando se hizo un hilo su voz. Alzó a Deian cuando éste empezó a sentirse ignorado, meciéndolo y dejando que cayera la pequeña cabecita en su hombro.
−¿Sabes? Mi hija siempre me decía lo bien que tú e Ilyan se hacían y de lo avergonzada que se sentía al desear a la persona amada de otra persona –esto hizo que volteara a verla, bastante sorprendido por el comentario de la nada−. Y luego cuando Ilyan y ella empezaron a salir y tú les deseaste lo mejor, lo que hiciste todas esas cosas por ellos, ella vino a mí llorando, diciendo la horrible persona que era… −.
−Ella no… −Midori negó con la cabeza.
−Mi hija siempre te admiró y te envidió en ambas partes… Ella siempre me preguntaba por qué no la odiabas… nunca supe contestar eso y luego… Mi esposo y yo supimos que los niños estaban en buenas manos desde que te vimos vigilando su sueño en el hospital –las lágrimas empezaron a rodar por el rostro de la mujer y ambos guardaron silencio, los niños dormitando en los hombros y el sol empezando a caer tras ellos.
Él volteo a ver de nuevo a la lápida y sonrió.
−Yo… −dijo−, yo nunca la odiaría… no cuando amaba… ama a Ilyan como lo hace –cerró los ojos−. No cuando su amor se encarno en estos dos pequeños ángeles –y momentos después, la Sra. Furukawa apoyaba su cabeza en su hombro derecho.
El viento volvió a mover ropas y al fondo el susurro de la naturaleza, todo en una extraña paz que envolvió a los vivos en ese cementerio.
Había momentos en la vida, momentos como aquellos, que él siempre atesoraría. El Sr. y Sra. Furukawa se había vuelto parte de su familia luego de aquella terrible noche y él los quería como tal. Había momentos en la vida, momentos como aquellos, que hacía que sus rodillas fueran débiles y quería permitir que la gravedad lo atrajera al suelo, derrumbándolo. Kevin y Donna eran un ejemplo de que se debía luchar cada día, nunca dejarse vencer.
Y todo estaría bien.
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