Titulo: Memorias de Jersey

Autor: eminahinata

Fandom: Hawaii Five-0

Palabras: 1,398

Pareja: Ilyan Wolfe/Daniel Williams

Advertencia: Slash, Personajes Originales, ligero crossover, un poco AU.

Universo: -

Dedicatoria: A Yvarlcris, quien ha pedido sobre Danny antes del canon y con mi personaje original: Ilyan Wolfe.

Disclaimer: Hawaii Five-0 y sus personajes no me pertenecen, son propiedad de K/O Paper Products y 101st Street Television en asociación con CBS Productions. Este fic se hace sin fines de lucrar, ¿vale? Si fueran míos, Danno y Steve estarían juntos desde hace mucho tiempo de forma definida y no sólo por el condenado y maravilloso subtexto. ¿Qué? ¡Se vale soñar!

Resumen: Hay situaciones que marcan una amistad. Y otras que marcan algo más grande. AU.

Notas de Autor: ¡Hola! Yo, aquí de nuevo, de vacaciones y mucho tiempo libre. Este capítulo fue algo que no sabía exactamente como escribirlo, pero creo que lo he logrado. Al menos eso espero. Y también no puedo creer que haya llegado a la memoria veinte. Ahh, sólo quedan unas pocas más antes de que Danny llegue a Hawaii. Ahora tengo unas grandes ganas de comer chocolate hasta atorarme y caer en un coma diabético por lo mismo. En realidad, necesito chocolate. Saben que sus comentarios son siempre bienvenidos y sin más que agregar, ¡a leer!


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Memoria Veinte

By: eminahinata

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Ilyan Wolfe, de veinticuatro años, aún un poco incrédulo de que, en realidad, esa era su edad, se sentó en la pequeña sala del apartamento en el que ahora vivía él, sus hijos y Danny.

El apartamento no era muy grande y lo justo para una pequeña familia. Dicha familia que se conformaba por dos niños que aún se encontraban temerosos de la presencia de su padre, dicho padre que aún no podía salir del shock cuando paso por todas las terapias físicas y la reorganización de su vida, y el mejor amigo de dicho padre que había sido padre de sus hijos. Que era padre de sus hijos, se corrigió, volteando sobre su hombro para ver en la cocina y ver a Dan-Dan en su uniforme de policía y los niños sentados a la mesa, comiendo con una torpeza que se le hizo adorable.

Sus ojos se inundaron de lágrimas, que obstinadamente no dejó salir, diciendo que esto era su vida.

Había sido una sorpresa cuando hubo despertado, todos esos ruidos y voces y colores que lo abrumaron y que fueron quedando en segundo plano cuando el rostro envejecido de su mejor amigo y gran amor se presento frente a él, las lágrimas rodando por su rostro sin ningún reparo y palabras saliendo de la boca sin que nadie pudiera retenerlo. Unos días más tarde de pruebas y analgésicos (muchos de ellos), se había sentado y permitido que Dan-Dan le contara todo: Del accidente, de la muerte de Emina, del nacimiento de los niños, de los tres años y cuatro meses que estuvo en coma, de la custodia de los gemelos, de Ryan, de la familia y todo lo demás incluyendo que ahora era un policía.

Todo eso lo había abrumado y dejado sin habla, en ese momento muy agradecido por la paciencia que Dan-Dan demostraba. Recordaba primero haber sentido incredulidad, luego una gran cantidad de dolor y desesperación, más tarde culpa y remordimiento, después negación, en seguida tristeza y por último aceptación. Y un gran amor, la constante presencia de Dan-Dan a su lado, un fuerte agarre en su mano izquierda recordándole que no estaba solo.

Una semana más tarde la familia se había presentado y cuando sólo él y Ryan estuvieron en la habitación, permitió que el adolecente llorara en su pecho, éste exigiéndole que no lo dejara de nuevo, que le prohibía hacerlo, y él sólo abrazándolo sin saber qué hacer.

Claro, no fue sencillo desde entonces, no cuando tenía sus arranques de ira y desesperación ante todo lo que había cambiado y perdido y obtenido. Se sentía culpable por la muerte de Emina (si él no hubiera estado tan distraído ante la noticia de que Emina estaba dando a luz y visto al otro conductor y realmente no recordar que sucedió después del impacto) y por lo que tuvo que poner a pasar al resto. También se sentía nervioso alrededor de sus hijos (por todo lo bueno, sus hijos) que se acercaban muy rápido a los cuatro años, cuatro años que no estuvo presente. Y Dan-Dan, por lo cielos, su Dan-Dan, que era la persona más bondadosa y llena de amor y lo que era bueno fue quien no lo dejo, que aceptó los gritos cuando no era ni remotamente su culpa y lo sostuvo cuando el dolor era demasiado y lloraba para descargar todo.

Esos seis meses habían sido una montaña rusa emocional que empezaba a dejar atrás y aceptar su nueva vida. Gracias a su tío Ron había conseguido un trabajo en una librería que se ajustaba a su tiempo para poder seguir estudiando, agradecido que le permitieran remontar sus estudios donde los dejo, solamente siendo incluido en otro par de clases para que se nivelara, y que también le permitía pasar tiempo con sus hijos para que pudiera conocerlos y que ellos lo conocieran a él.

Sus hijos, Naomi y Deian, eran una combinación sorprendente de Dan-Dan y Emina, y en ocasiones podía ver algo de él en ello, especialmente en el parecido físico, porque la personalidad era claramente de Dan-Dan y el temperamento de Emina y… eso era sorprendente. Lo dejaba sin aire sólo en pensar en eso.

Tenía dos hijos con sus dos grandes amores.

Y a ambos los había perdido.

No es que Dan-Dan se hubiera ido ("nunca te dejaría, idiota"), pero hace un mes el rubio le había contado sobre esta mujer con la que salía y él veía en esa mirada clara lo que alguna vez –y en ocasiones se presentaba brevemente en el presente− fue dirigido a él. Y entonces supo que lo había perdido y lo dejo tan destrozado y celoso porque Dan-Dan era su única constante y éste amaba a otra persona que no era él y, vale, el pensamiento era egoísta. Pero él quería ser egoísta, muchas gracias.

Suspiró y apoyó la cabeza en el respaldo del sofá viendo la losa blanca que era el techo. Frunció el seño al techo, queriendo echarle la culpa a éste de todos sus males, resignándose a que no podía hacerlo porque era estúpido incluso el pensamiento. Un minuto después el rostro de Dan-Dan se hizo visible en su zona de visión, éste arqueando una de sus cejas rubias hacía él con una paciencia que a veces lo sorprendía. Le sorprendía lo que la paternidad había logrado en el rubio y esperaba que él mismo aprendiera.

−¿Sabes? –comenzó con un claro tono divertido−, no es como que puedes echarle la culpa al techo, gran bobo –ahora él fue quien arqueó una ceja−. ¿Quieres algo de comer? Los niños ya han terminado y los prepararé para la cama, así que si vas a comer hazlo rápido para que vengas y me ayudes a meterlos a dormir, ¿vale? –asintió y vio como Dan-Dan sonreía antes de salir de su vista y escuchar los pasos alejándose y las voces a unos cuantos metros.

Vio como los tres se alejaban por el pequeño pasillo a la habitación en donde dormían los gemelos y volvió a suspirar. Danny hacia todo lo posible para incluirlo en las rutinas y hacer que los niños se sintieran cómodos con su presencia. Lo dejaba bañarlos y llevarlos a al jardín de infantes; y siempre, todas las noches, él hacía que se sentara al borde de la cama de Deian y que les contara algún cuento que él recordaba haber escuchado alguna vez de su difunta madre.

Se levantó y caminó hasta la cocina, tomando un sándwich del plato que reposaba en la mesa y lo mordió, masticando lentamente el pan hasta que no hubo más y se dirigió al cuarto de los niños, quedándose en el umbral de la puerta para ver como Dan-Dan reía ante el puchero de los niños y los reprendía con cariño para que se durmieran y prometiendo que ya que mañana era fin de semana irían a jugar al parque ("Y sí, también iría papá"). Eso lo dejo con un nudo en la garganta, por lo que carraspeó.

Los tres ocupantes voltearon a verlo. Dan-Dan le sonrió, alentándolo a que se acercara. Y lo hizo, con vacilantes pasos hasta estar sentado en la orilla de la cama de Deian y sonriendo con una sonrisa tonta hacia su familia. Poco a poco los niños fueron cayendo en su sueño y fue Naomi la que susurró algo que él nunca olvidaría, porque era la primera vez que lo hacía:

−Te amo, tad –susurró y él vio como ambos pares, desde los opuestos lados de la habitación, se posaron en él−. Te amo, dad –y ese 'te amo' era dirigido a él. Respiró profundo.

−Los amo, mis niños –dijo con suavidad, la caricia constante en el cabello corto de su hijo.

Cuando él y Dan-Dan estuvieron en la sala, la puerta de los niños cerrada lo suficiente para no molestarlos, abrazó al rubio como si su vida dependiera de ello, llorando en su hombro por todo lo que sentía.

−Está bien –susurró Dan-Dan, una mano de éste moviéndose en círculos en su espalda para tranquilizarlo−, está bien. Ya todo está bien –susurró el resto de la noche abrazados en el sofá.

No era perfecto, pero está bien. Él podía hacer esto, se decía. Él podía hacer que todo lo que paso su mejor amigo valiera la pena y hacerlo sentir orgulloso.

Un paso a la vez.

Sólo un paso a la vez.


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