Titulo: Memorias de Jersey
Autor: eminahinata
Fandom: Hawaii Five-0
Palabras: 1,460
Pareja: Ilyan Wolfe/Daniel Williams
Advertencia: Slash, Personajes Originales, ligero crossover, un poco AU.
Universo: -
Dedicatoria: A Yvarlcris, quien ha pedido sobre Danny antes del canon y con mi personaje original: Ilyan Wolfe.
Disclaimer: Hawaii Five-0 y sus personajes no me pertenecen, son propiedad de K/O Paper Products y 101st Street Television en asociación con CBS Productions. Este fic se hace sin fines de lucrar, ¿vale? Si fueran míos, Danno y Steve estarían juntos desde hace mucho tiempo de forma definida y no sólo por el condenado y maravilloso subtexto. ¿Qué? ¡Se vale soñar!
Resumen: Hay situaciones que marcan una amistad. Y otras que marcan algo más grande. AU.
Notas de Autor: ¡Hola! Bueno, sólo queda una memoria más y la memoria epilogo. Como pasa el tiempo de rápido. En fin, en parte estoy feliz porque pude completarlo y triste porque se me termina. Pero hay más proyectos y eso me tranquiliza. Saben que sus comentarios son siempre bienvenidos y sin más que agregar, ¡a leer!
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Memoria Veintinueve
By: eminahinata
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Ilyan Wolfe, de treinta y dos años, suspiró suavemente, viendo desde su posición, e lado y apoyándose en su brazo derecho, a su mejor amigo que dormía a su lado y su suave respiración chocaba contra su piel.
Con la otra mano acarició con ternura el hombro desnudo al descubierto, maravillado por la sensación en su mano. Dan-Dan se removió un poco, pero no se despertó y con un pequeño suspiro siguió en su mundo, acurrucándose contra su cuerpo.
Esto lo estaba volviendo loco.
Habían pasado ya nueve meses desde que Danny descubriera a Rachel engañarlo y que el caos se desatara. El divorcio fue inminente y aun bajo sus protestas Danny no uso la infidelidad de Rachel contra ella para mantener la custodia de Grace.
"Sigue siendo la madre de mi hija y no quiero que Grace vea en un futuro de esa forma a su propia madre".
Esas fueron sus palabras, recordó.
Luego del divorcio, Danny se fue a vivir a un motel, negándose a irse a vivir con él o a la casa de sus padres, y siendo Matty en ese momento el único capaz de entrar en la caparazón que se volvió el rubio. En parte lo ofendía, pero entendía que todo también era una parte su culpa. Mínima, pero también se hubo involucrado.
Los niños se encontraban en una excursión con su clase ese sábado y para su sorpresa Danny se había presentado en la casa, bastante nervioso de una forma que no veía desde que eran niños, y preguntado si podía pasar. Él había fruncido el seño y hacerse un lado para que el rubio entrara a la casa, por primera vez viendo como los hombros de Danny se curvaban hacia abajo como si llevara todo el peso del mundo en ellos y eso lo entristeció, porque sabía que ese era una de las secuelas del divorcio y temía que poco a poco perdiera a su mejor amigo.
−Danny… −había dicho.
−No –alzó una mano el rubio cuando ya se encontraron en el salón−. No, Ilyan, es mi culpa. Nada de esto fue tu culpa y fue tonto de mi parte querer que lo fuera… −bajo la vista y él dio un paso más cerca, queriendo abrazarlo porque en ese momento se veía tan pequeño−. Rachel tenía razón en que mi trabajo es peligroso y que le dedique mucho tiempo, pero… pero lo hacía para que estuviera más segura… para que todos ustedes lo estuvieran… y que no le preste la suficiente atención y por eso se refugió a Stan y… −fue él que lo interrumpió.
−No, Dan –dijo tajante−. Ella sabía en lo que se estaba metiendo y cuáles eran los peligros. Fue ella la que buscó a Stan y no se refugió en él. Tú siempre estuviste ahí para ella, cuidándola y cumpliendo todos sus caprichos, así que no me vengas con que no le prestabas la suficiente atención. Hacía eso y más de lo que ella claramente no se merecía. No es tu culpa, Danny. La única culpable es ella –terminó con un suave gesto, su ira contra la mujer británica inundando todo su ser, pero calmándose porque Danny lo merecía.
Éste lo observaba desde su lugar con los ojos desorbitados, para luego desviarlos y con cierta vacilación tomar asiento en el sillón negro del salón. Él suspiró y se acercó, sentándose al lado de su mejor amigo y pasando un brazo por sus hombros, atrayéndolo contra su costado, y permitiendo que éste recargara todo su peso en él.
−Lo siento por haberte gritado aquella vez… −susurró el detective. Él besó el cabello y sonrió contra éste.
−Está bien. Sé que no lo decías con el corazón, sólo era la ira y la tristeza la que hablaba por ti –susurró también.
−Naomi y Deian deben estar tan enojados conmigo… −suspiró Danny.
−Al principió sí, pero ellos entienden. Son dos niños muy inteligentes, ¿sabes? –apoyó la cabeza contra la otra cabeza. Danny rió suavemente.
−Eso lo han sacado de su madre –dijo con cariño Danny.
−¡Hey! –murmuró y con suavidad dio un pequeño golpe en el hombro de su mejor amigo−. Soy muy inteligente, muchas gracias −.
−Lo sé… por eso eres mi mejor amigo –ambos rieron y se quedaron de esa forma, en un silencio agradable y que ninguno quiso romper hasta que fue hora del almuerzo y comieron viendo la televisión una pizza que ordenaron.
Luego… luego fue una falta de definición. Sólo podía recordar haber estado viendo una vieja película en la televisión y luego sus bocas peleando por el dominio y ellos moviéndose torpemente hasta su habitación, dejando la televisión encendida y el resto de pizza en el salón, y cayendo en la cama en un enredo de brazos y piernas y caricias y demandas y mucho calor.
Ahora veía el reloj sobre el cuerpo de su mejor amigo y veía como marcaban las 5:07pm en el, una hora para que los adolecentes regresaran a casa. Habían dormido durante dos horas y no se había sentido tan completo en tanto tiempo.
Pero él no era idiota. Sabía que esto era para dar comodidad a Danny, para que Danny se sintiera querido y protegido y que una relación entre ellos no se podía. No como lo había sido cuando fueron adolecentes y creyeron tener el mundo en sus manos y eran tan ingenuos. Esos tiempos ya habían terminado y él haría cualquier cosa por Danny. Cualquier cosa y si eso significaba darle comodidad de esa forma, lo haría y no se arrepentiría de nada luego. Porque él y Danny se amaban pero a la vez ya no de la misma forma que alguien más podía decir que era el verdadero amor. Era un amor maduro y profundo que había pasado por muchas situaciones y lo había superado, pero no eran las almas gemelas que los cuentos de hadas recalcaban con tanta pasión y alegoría. No eran el otro extremo de su hilo rojo.
Él pudo haber encontrado eso en Emina, pero ella había muerto, y Danny era obvio que tenía que seguir buscando a esa persona.
Así que estaba bien.
Porque era lo indicado y quizá en otra vida o universo ellos terminarían juntos y en parte lo tranquilizaba.
Aunque en cierta forma él no pudiera darle mucho sentido a eso.
−Deja de hacer eso− escuchó la voz adormilada de su mejor amigo a su lado. Sonrió.
−¿Qué cosa? –preguntó, acariciando la mejilla con el vello facial que empezaba a mostrar en la zona.
−Pensar tanto –se removió el rubio, dando un bostezo y estirando sus brazos sobre su cabeza. Él vio como la espalda de Danny se arqueaba y hacia que la manta que los cubría cayera hasta el estómago del más bajo.
−Bueno, a mi me gusta pensar y no veo que eso sea un delito, detective –dijo con sorna, inclinándose hasta donde Dan-Dan parpadeaba en su dirección y besando los labios con suavidad antes de bajar y besar una marca en el hombro derecho de éste.
Bueno, que esto fuera por Danny no significaba que tampoco podía no disfrutar de ello todo lo que podía.
El rubio soltó un suspiró y sintió como con suavidad guiaba su rostro para que pudieran verse directamente. Se entristeció cuando vio la culpa nublando los ojos azules de su mejor amigo.
−Ilyan… −dijo el rubio.
−Está bien, Dan-Dan –susurró, apoyando su frente contra la otra y permitiendo dejar caer parte de su peso en el otro cuerpo−. Yo entiendo. No hay nada que explicar, ¿vale? Sabes que yo haría cualquier cosa por ti… Eres mi mejor amigo –dijo sonriendo suavemente.
Danny cerró los ojos y asintió, aun sus frentes unidas, antes de besarlo en la mejilla en un pequeño movimiento.
−Yo haría cualquier cosa por ti también, Ilyan –murmuró y abrió los ojos, la culpa fuera y el alivio mostrándose en ellos−. Gracias –él lo besó un poco más antes de levantarse.
−Hay que levantarse, los niños vendrán en 40 minutos –resopló, el agradable dolor recorriendo su cuerpo.
−¿Sabes? Deberías dejar de llamarlos niños. Ya son unos adolecentes y en poco tiempo les molestara que los compares con niños de seis años –dijo entre risas, sentándose a su lado.
Él resopló.
−Para mí siempre serán unos niños –bufó y el rubio se rió suavemente.
−Lo sé –sonrió Danny con nostalgia−. ¿Crees que una cena de disculpa será suficiente? –pidió un momento después. Lo consideró.
−Tal vez si haces su favorito y les pides muchas veces perdón y les prometes cumplir sus caprichos… tal vez lo hagan –dijo con un tono de sabelotodo, consiguiendo un golpe en su brazo y una fuerte risa.
Las cosas mejorarían con el tiempo, pero sería un paso a la vez.
Un paso a la vez.
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