"Me Verás Caer."
Por B.B. Asmodeus.
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Parejas: Nathan/Peter. Nathan/Sylar.
Aclaraciones: Nathan y Peter no son hermanos. Sylar y Gabriel son hermanos gemelos.
Categoría: Universo/Realidad Alternos. Spoilers de 1ra. y 2da. Temporada. Drama, Romance, Dub-Con (sexo de consentimiento dudoso), Violencia, Contenido oscuro.
Sinopsis: Una noche, Nathan decidió hacer lo correcto, en vez de seguir con los planes de su Madre. Todo cambió. A.K.A. ¿Nathan hubiera estado dispuesto a salvar a Peter de destruir New York, aun cuando no hubieran sido hermanos?
Advertencias: Se habla de abuso sexual/violación, leve tortura (física y mental). Todo cortesía de Sylar, ¿qué esperaban?
Disclaimer: Soy pobre, y después de escribir este fic, seguí siendo pobre.
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2.
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Estoy en llamas
Estoy podrido en el centro
Estoy comiéndome todo tus reyes y reinas
Todo tu sexo y tus diamantes.
-david usher.
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Sylar podía ser predecible a veces.
Cuando Nathan entró a la casa de ladrillo, el calor del ambiente haciéndolo sudar, un perfecto rastro de cabezas le dio la bienvenida. Toda una familia, Nathan analizó enseguida. Una familia de cuatro. Dos niños. Demonios. Sylar no tenía necesidad de haber matado a todos, si la familia compartía la misma habilidad. Era repugnante.
"Nathan."
La puerta se cerró a sus espaldas de un solo golpe. La sangre de Nathan comenzó a arder, como si estuviera reaccionando a su amo. Eso también Nathan lo encontraba repugnante: su propio cuerpo comportándose como su peor enemigo. "Sylar."
Los rayos del sol se filtraban por las cortinas rosas de la sala, pero la electricidad no estaba funcionando. Nathan cerró sus ojos cuando el ardor incrementó, hasta volverse casi insoportable. Estaba al tanto de que Sylar estaba a sus espaldas, escondido en invisibilidad. Respirando sobre su nuca. Sonriendo.
"¿En serio crees que tu pequeño circo de fenómenos pueden pasar desapercibidos? Sé que están afuera, Nathan. Me decepcionas."
Nathan hizo puño sus manos. Respiró hondo. Se dio la vuelta lentamente, poco a poco, destellos invisibles brillando con la magia de una ilusión, volviéndose carne y hueso. Nathan dejó sus labios caer un poco, en cuanto el aliento de Sylar chocó contra su rostro. Fingiendo servicio y lealtad. Deseo.
"Sé que lo piensas, Nate." La voz ronca vibró contra su mejilla, dedos carmines apretándose alrededor del cuello de Nathan. Perfecto. "Vivo dentro de ti… ¿recuerdas? Sé todo… lo que planeas… lo que haces al levantarte... Sé cuántas veces piensas en mi nombre…" Sus mano se apretó y Nathan gimió, al sentir la presión en su garganta. "No necesitas hablar, amor. Sé por qué estás aquí."
-No, no lo sabes. No sabes nada de mí. Nathan quería provocarlo, aun cuando era juguete de trapo, colgando de la mano de Sylar. -Puedes invadir hasta el último rincón de mi cabeza, y ni aun así, te pertenecería, Sylar.
Eso fue lo último que salió de su rebelde mente, antes de que todo se apagara frente a sus ojos.
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Manos lo cachetearon, frías manos. Con una red de fuertes tosidos, Nathan volvió en sí. Sus propias manos viajaron a su cuello de inmediato, respirando—Carajo, estaba respirando. Nathan no creía que esto era real; debía de estar muerto—Levantó su cabeza y frunció su ceño con completa confusión.
Un hombre—René. El Haitiano. El empleado de su madre. Estaba aquí, frente a él. Hiro estaba a su lado, de rodillas frente a Nathan, preocupación tensando su rostro.
Nathan comenzó a ponerse de pie, volteando a su alrededor sin coordinación alguna, buscando por un cuerpo—Mierda. "Lo mataste." Sylar estaba tirado a pocos centímetros de ellos, su cabeza separada de su cuerpo, y a la vez cortada a la mitad. Doble mierda. Eso era tan grotesco que ni Nathan pudo aguantar mirar el cadáver por más de lo debido. Hiro lo ayudó a reincorporarse, asintiendo a su pregunta. "Hiro, lo mataste—¿Cómo? ¿Cómo supiste…?" Nathan estaba en shock. Dios. Sylar estaba muerto. Mierda.
Hiro lo tomó del hombro, mientras el Haitiano se daba la vuelta para dirigirse a la puerta, un escalofriante silencio siguiéndolo. "Debo disculparme, Nathan. No compartí contigo la asistencia del Haitiano porque temía que Sylar leyera tu mente. No podía arriesgarme a que Sylar se diera cuenta de su presencia y lograra escapar."
Nathan parpadeó. Podía escuchar la voz de Hiro y entender sus palabras, pero Nathan simplemente no podía procesarlas. Tapó su boca, su estómago amenazándolo con salirse por su garganta. Sylar estaba muerto. Por fin.
Había silencio de nuevo en la mente de Nathan.
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Hiro los teletransportó de regreso en la terraza de la Base, el cielo oscurecido y el viento chocando contra las mejillas cálidas de Nathan.
Entonces, de repente, Hiro estaba en el suelo, sujetando su nariz. Un furioso Matt casi encima de él, gruñéndole una extensa variedad de vulgaridades. "¡Tú, estúpido, egoísta, hijo de perra!"
Nathan no se sentía con ánimos de actuar como referí, pero tenía miedo que Matt si terminara matando a Hiro. "Matty—"
"¡No, Nathan! ¡No puedo creer que tan imbéciles, ustedes pueden llegar a ser! Y tú—No puedo creerlo, Nathan, ¿en qué demonios estabas pensando?" Matt estaba gritando y moviendo sus brazos como un orangután hiperactivo, y Nathan suspiró, sabiendo que su amigo tenía toda la razón para estar furioso. "Si no fuera por Peter, ni siquiera tuviera idea de la gran estupidez—"
Nathan reaccionó al instante, el silencio en su mente sólo suspirando Peter, Oh, Peter. Matt seguía gritando, ahora prosiguiendo con Tracey y Ando, porque parecía que nadie iba a escaparse. Nathan apretó su abrigo alrededor de su torso, sintiéndose ligeramente desconectado del mundo. Aunque, de una buena manera. Nathan ahora podía sentir la diferencia. Su pecho se sentía ligero, y sus hombros cada vez se erguían más firmemente, como alas preparándose para volar. Nathan sobó su garganta, adolorida, adornada con moretones, pintada con sangre de pobres víctimas.
Dentro de un trance, Nathan se alejó del alboroto, cruzando la entrada de la terraza, flotando todo el camino abajo de las escaleras.
Sylar estaba muerto. Nathan estaba libre.
Hiro le había ordenado a uno de los laboratoristas llevarse el cuerpo a la morgue, antes de él mismo teletransportar al sujeto antes que todos los demás; todo con el propósito de evitar escenas incómodas cuando aparecieran de vuelta a la Base. Nadie reaccionaria bien a una repentina cabeza partida en dos. Mohinder debía de estar en shock a estas alturas, siendo la encargado principal de los laboratorios y la morgue. Aparentemente, nadie se había imaginado la ayuda del Haitiano en esta misión.
Todos iban a estar en shock, no sólo Nathan.
Quien apenas podía recordar respirar.
Dejándose guiar por un pecaminoso anhelo, su cuerpo funcionó a base de sus deseos más básicos, pasando entre los sorprendidos rostros de los otros reclutas, al verlo vivito y coleando. Nathan Petrelli, el experto en misiones suicidas. La mascota de Sylar. Vivo, y para contar la historia.
Las paredes de la enfermería estaban opacadas con persianas oscuras, dando la impresión de querer ser dejada en paz. Nathan mordió su labio. Titubeó por un minuto y luego se pateó mentalmente. Por lo menos debería hacer muestra de presencia para hacerle ver a Peter que seguía vivo. Nathan debió de haberlo asustado bastante, como para que hubiera contactado a Matt.
Nathan caminó a la puerta, el cristal todavía transparente, una luz fluorescente saliendo de él. Nathan observó la espalda agachada de Peter, casi echa bola, frente a un lavamanos, aparentemente lavando unos instrumentos. Nathan tragó saliva. Era ahora o nunca. Empujó la puerta, tratando de no causar mucho ruido y a la vez deseando que algún ruido lo delatara, para que Peter tuviera una excusa para verlo.
La puerta fue perfectamente muda y la alfombra se comió el sonido de sus pasos. Peter no reaccionó, el sonido del agua corriendo siendo la única melodía por el frío espacio. Nathan colocó sus manos en su cintura, hipnotizado con los músculos moviéndose bajo el uniforme del joven médico.
Peter colocó un frasco de vidrio a un costado, sobre una hoja de papel para secar. Continuó con otro frasco sucio y repitió el procedimiento, sus manos trabajando con eficacia.
"Matt le rompió la nariz a Hiro."
La cabeza de Peter giró tan rápido, que Nathan pudo jurar haber escuchado su cuello romperse. Los ojos de Peter se engrandecieron inmensamente, y Nathan sintió su pecho apretarse al notarlos algo rojos. ¿Había Peter llorado? ¿Por él? Nathan no tuvo tiempo de contemplar ese pensamiento mucho tiempo—Porque en menos de dos segundos, sus brazos se vieron llenos de—Peter. Un cálido, y tembloroso, Peter. Nathan lo abrazó contra sí, con todas las fuerzas que no había sabido que tenía. Dios, Peter se sentía tan bien contra él. Perfecto. "Estoy bien… Ssh. Estoy bien, Pete."
El cabello de Peter tapaba la mitad de su rostro. Y le hizo cosquillas cuando Peter comenzó a sacudir su cabeza. "No puedes hacerme esto, Nathan—No puedes—Te acabo de recuperar, no puedo perderte otra vez—No puedo, Nathan."
Nathan podía sentir el shock comenzando a disiparse, besó la mejilla de Peter. "Shhh. Shhh, Pete." ¿Recuperarlo? ¿De qué estaba Peter hablando? ¿De lo sucedido con Elle? "Sylar está muerto, Peter." Su voz retumbó por la jaula de cristal, ronca y todavía incrédula. Peter apretó sus brazos alrededor del cuello de Nathan, girando su rostro sólo lo suficiente para encontrarse con el Nathan.
"¿En serio? ¿Qué sucedió?" Sus bellos ojos estaban, de hecho, húmedos y enrojecidos, sus pestañas brillando con gotas de tristeza. Nathan acarició su sedoso cabello, fascinado con la textura y el color. Besó un húmedo párpado, sintiéndose atado a Peter de una inexplicable manera. Una hoguera estaba naciendo en su corazón y su mente parecía volver a la vida con nueva sinapsis. Cuando separó sus labios, las mejillas de Peter estaban rosadas, sus pupilas dilatadas. Tan irracionalmente hermoso. "¿Nathan?" Peter murmuró, también aventurándose, y besando la cicatriz trazada en el mentón de Nathan.
Por todos los cielos, eran como fuego estuviera corriendo por las venas de ambos, como cadenas que estaban uniéndolos y apretándolos.
"Hiro nos engañó." Y de manera muy lista. Nathan estaba impresionado. "Me engañó para que fuera la carnada, para que creyera que no saldría vivo del encuentro cuando Sylar estuviera distraído conmigo… Luego, Hiro trajo al Haitiano antes de que me matara y… lo decapitó." Una mueca de asco se escapó de Nathan, inevitablemente al decir lo último. Peter torció sus labios y sus cejas, pero parecía más asco por las tácticas de Hiro, que por las noticias del final de Sylar. "No me dijo nada de esa parte del plan, porque corría el riesgo que Sylar lo leyera de mi mente."
Algo oscuro y amenazante cubrió la expresión de Peter, como las nubes aglomeradas a punto de liberar una tormenta. Nathan trató de suavizar esas líneas de expresión alrededor de sus ojos con las yemas de sus dedos. Peter mordió su labio por un momento. "¿Por qué tú, Nathan? ¿Por qué tenías que ser tú la carnada?"
Ah. Esa era muy buena pregunta, ¿cierto?
"Es una larga historia, Pete." Nathan susurró, intentando sonreír, de convencer a Peter de no insistir. Nathan nunca había hablado de su relación con Sylar en voz alta, nunca lo había liberado de su cuerpo de esa manera. Matt había atado los cabos por sí sólo, leyendo lo necesario de su mente con el permiso de Nathan. Lo que los demás creyeran saber, eran más suposiciones que otra cosa. Solamente Hiro, Mohinder y Claire conocían la veracidad de los hechos, aparte de Matt. "No estoy… Después, ¿está bien?" Algo debió de haberse mostrado en su cansado rostro. Quizás la desesperación se había mostrado en su mirada, o la fragilidad de su voz fue más reveladora que nada más, porque Peter asintió de inmediato con arrepentimiento. Con culpa. Nathan levantó su mentón y unió sus labios por un momento, "Mmmm." Peter guardaba el sabor a salvación. Dios, ¿cuándo había sido la última vez que se había acostado con alguien? Había intentado seducir a Tracey cuando se habían conocido, pero había sido un profundo fracaso cuando Nathan no había podido ni besarla, sin dejar de escuchar las carcajadas de Sylar en su mente. Cuatro años. Desde la bomba en New York. La última persona que había besado a alguien sinceramente había sido Heidi, y había sido en son de adiós. Nathan rompió el beso y por primera vez en mucho tiempo, sonrió de oreja a oreja. "Está muerto, Pete." -Soy libre.
Nathan era libre.
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Después de aquél día, todo pareció… mejorar. Para todos, no sólo para Nathan. La Base comenzó a llenarse de más reclutas, Hiro comenzó a relajarse ahora que su "némesis y su mayor amenaza" estaba aniquilado. Nathan dejó de acudir en misiones suicidas, ya que Sylar ya no necesitaba ser encontrado o atraído.
Sin embargo, a Nathan le estaba costando trabajo aceptar todo el repentino tiempo libre que estaba cayendo en sus manos, como consecuencia. El ocio nunca había sido un lujo que se había permitido (que sus padres, le habían permitido) durante ningún instante de su vida.
"Oye, ¿quieres cenar con nosotros esta noche? Es el turno de Mohinder de cocinar." Matt le golpeó suavemente la espalda y alzó sus cejas con invitación. Nathan terminó de firmar unos documentos mandados por Hiro.
"No puedo esta noche." Nathan anunció con una calma que recién había recuperado. Le entregó los documentos a la asistente de Hiro (¿Charlie? ¿Charlotte?), y con una sonrisa educada, se alejó del escritorio con Matt, siguiéndole los pasos.
"Aaaah, sí." Matt suspiró con un drama que Nathan conocía de previos caprichos. "Ya recuerdo, estás muy ocupado haciéndole caritas seductoras a Peter como para hacerle caso a tu mejor amigo, ¿verdad?"
Nathan le dio un codazo, ambos entrando al elevador. "Cállate, Parkman. Amar es compartir." Matt giró sus ojos con fastidio pero, una risa se escapó de sus labios. Nathan recorrió sus manos por su chaqueta lo más casual posible, buscando por imperfecciones en el resto de su atuendo, y si Matt notó sus movimientos, decidió no mencionarlos. "Cuando te juntaste con Mohinder no recuerdo haber lloriqueado así contigo."
Matt se cruzó de brazos. "No es lo mismo, Nathan. ¡Apenas conoces al tipo!"
Ahora fue el turno de Nathan de girar sus ojos. "Por Dios, Matt, apenas tenías dos meses viviendo con Mohinder cuando empezaste a acostarte con él, no seas tan hipócrita." Las puertas del elevador se abrieron.
Y ahí estaba Peter, esperando en una banca afuera de las puertas de la cafetería, su iPhone entre sus dedos, todavía en su uniforme, pero con la adición de una frondosa sudadera. Su cabello estaba más despeinado que de costumbre. Su mochila sobre el piso. Nathan volteó a ver a Matt con seriedad. "Tú eres el que lee mentes, Matt, dime si no debo confiar en él."
El silencio que prosiguió fue más que satisfactorio.
Nathan apretó el hombro de Matt como despedida, internamente sintiendo alivio al tener sus secretas sospechas confirmadas—Peter no era una amenaza. Era seguro estar cerca de él, querer estar cerca de él.
Peter despegó su mirada de su aparato en cuanto sintió a alguien caminando en su dirección, y una pequeña sonrisa se dibujó en sus labios al ver a Nathan. Se puso de pie, metiendo su celular a su bolsillo, y en cuanto Nathan acabó con la distancia entre los dos Peter rodeó su cuello con sus pálidas manos, como bienvenida.
"Hola." Susurró antes de presionar su boca contra la de Nathan, quién cerró sus ojos con un gemido contento, disfrutando del contacto. Sujetó la cadera del médico entre sus manos, como se había convertido en su costumbre desde que este raro ritual había comenzado entre los dos. Dos semanas. Dos semanas compartiendo almuerzos y paseos por los pasillos de la Base, hablando de nada y de todo. Conociéndose.
En su opinión, Nathan pensaba que era como re-vivir la pubertad. Solamente compartían acalorados besos como saludo y como despedida, y cada vez que estaban en público, Peter se limitaba a solamente tomar la mano de Nathan con mejillas levemente rosadas. Nada más.
Durante su juventud, Nathan nunca había sido del tipo de andar agarrados de la mano. Ni siquiera con Heidi, quien había sido la mujer que más le había exigido gestos románticos durante toda su relación.
"¿Listo?" Nathan preguntó en cuanto sus labios se separaron, recorriendo su lengua ligeramente por la humedad de sus propios labios, queriendo atesorar el ligero sabor a capuchino que nunca variaba. Peter asintió, y se agachó para tomar su mochila, una mano de Nathan no dejando ir la curva de su cadera. "¿Cómo estuvo tu día?" Esto también era costumbre, porque Peter contaba las anécdotas más chistosas de la Base, pues parecía ser que había varios hipocondriacos alrededor.
"Nada emocionante, me temo. Fue un día tranquilo." Peter metió sus manos a los bolsillos de su sudadera. Comenzaron su camino hacia la salida pero, por un momento Peter volteó a sus espaldas, alzando sus cejas a Nathan. "¿Por qué está Parkman mandándome dagas desde la cafetería?"
Nathan fingió demencia. Se encogió de hombros. Peter empujó su hombro con el suyo juguetonamente en respuesta, no tragándose su acto. Nathan aclaró su garganta y pasó su tarjeta por el registrador de ID de las grandes puertas de metal, Peter imitando sus movimientos después de su turno. Cuando el acceso se les fue admitido, las puertas se abrieron para revelar el -ya muy conocido para los ojos de Nathan- elevador que los llevaría de regreso al mundo real. Mientras esperaban, una ridícula música de fondo sonando por la cabina, los dedos de ambos se encontraron tímidamente, entrelazándose con titubeantes caricias primero… aunque, lentamente encontrando valor y firmeza, con cada latido de sus corazones.
Nathan respiró hondo, extasiado que cuando le ordenó a sus músculos relajarse, lo hicieron. Cielos, como había extrañado ser dueño de su propio cuerpo. "Matt… tiene buenas razones para sobreprotegerme, Peter." Nathan sintió la mirada del médico sobre su perfil pero, Nathan se concentró en sus reflejos de las puertas de metal. "Se le pasará. Con tiempo."
Peter apretó sus dedos. "¿Es Sylar una de esas 'buenas razones'?"
Nathan apretó su quijada. Parecía que Peter era más terco de lo pensado. "Sí. ¿Viste a Mohinder hoy? Andaba como demente por todo el piso exigiendo muestras de sangre. ¿Sabes por qué? No le pude entender ni media palabra." El cambio deliberado de tema fue recibido con silencio. Nathan contó los segundos.
…7, 8, 9, 10. Finalmente, un largo suspiro que Nathan no pudo descifrar.
Las puertas del elevador se abrieron, revelando un largo pasillo.
"Quiere comprobar una nueva teoría sobre… sus habilidades. Cree que son activadas en un momento de intensa adrenalina, en vez de ser herencia genética como habíamos—se había plantado antes." Peter abrió la puerta cuando llegaron al final del corredor y coloridos pósteres de superhéroes se divisaron desde el umbral. Peter le dio el pase con una mirada seria, y Nathan pudo reconocer conflicto también en ella.
Ando estaba en la caja registradora, esperando a que dos adolescentes frente a él dejaran de discutir sobre los grotescos cambios del cómic de X-Men en la más reciente película de Wolverine, para poder cobrarles los cómics que sostenían en sus manos. Nathan sonrió diabólicamente al ver su desesperación. Tener una tienda de cómics como camuflaje había sido idea de Hiro, y los chicos. Como Micah y Molly habían estado extasiados al ser informados, uno podría encontrarlos haciendo sus tareas casi todas las tardes rodeados de Superman y 9th Wonders. Desafortunadamente, Ando no compartía la misma opinión y siempre estaba desesperado por querer cambiar sus turnos, con el que se dejara en la Base. Era patético.
Nathan y Peter hicieron su escape lo más rápido posible, solamente despidiéndose con unos giros de sus manos.
Afuera, el aire fresco de Las Vegas chocó contra sus rostros. Peter y Nathan se voltearon a ver, casi al mismo tiempo.
"Mira, Nathan—"
"—Lo siento."
Peter rió suavemente, pero parpadeó confundido cuando procesó sus palabras. "No tienes nada de que disculparte, Nathan. Yo fui el grosero. Me metí en asuntos que no me corresponden. Yo soy el que lo siente." Nathan levantó sus dedos para acariciar una de sus mejillas y Peter se restregó como gato contra su mano, automáticamente. Nathan sonrió otra vez. "Es sólo que…" Un frágil susurro se escapó y Peter miró el suelo. "me vuelvo loco con tan sólo pensar—En tan siquiera imaginar a ese desgraciado cerca de ti. Pensé que había muerto hace mucho tiempo, y cuando regresé aquí… Lo último que esperé, fue enterarme de que seguía vivo."
Preguntas aparecieron en la punta de su lengua pero, admitiendo que sería hipócrita de su parte cuestionar a Peter, Nathan solamente se limitó a repetir lo más importante de toda esta tortuosa odisea que había compartido con Sylar. "Ya acabó, Peter. Sylar recibió su merecido." ¿Cuántas veces tenía que repetirlo, hasta que se sintiera válido para los oídos de los demás?
Por un rato la pareja caminó, sin destino exacto, por las calles de la ciudad, sus manos a veces uniéndose entre pláticas superfluas sobre los más recientes cambios y proyectos de la Base, el clima, los romances que de repente estaban naciendo entre los reclutas ("¿Mónica y Hiro? ¿En serio? Pensé que Hiro andaba enredado con su asistente."). Para cuando decidieron descansar en un parque que Peter frecuentaba, Nathan se encontró escuchando atentamente sobre las vacaciones en Lago Como de las que Peter acababa de regresar. Hipnotizado por el brillo de los lentes oscuros de su acompañante, mientras se dejaban caer en el pasto, Nathan se cuestionó mentalmente… con nostalgia y un extraño añoro… si Peter estaba a salvo con él. Sí estaban haciendo lo correcto. Porque aquí mismo, en este instante, Peter lucía como una hermosa ave fénix a la luz del sol, una que no merecía ser encarcelada por nada, ni por nadie. Sus cabellos se movían de un lado a otro con el cálido viento, sus manos bailando expresivamente frente a él mientras narraba sobre la libertad que uno podía sentir, al recorrer el Lago Como en yate.
"Nunca he visitado ésa parte de Italia." Nathan comentó, estirando sus piernas y recargando su peso sobre sus codos, sus propios lentes cayendo unos centímetros sobre su nariz con el súbito movimiento. No necesitando invitación, y extrañamente, como si Peter hubiera escuchado el eco de sus dudas, el médico se acomodó a su lado hasta acostarse sobre su costado, su cabeza recargada sobre su codo, siempre buscando la mirada de Nathan con la suya, a pesar del obstáculo plástico entre sus rostros. Eso era algo que Nathan había notado desde su primera, bueno, cita.
Peter era… afectuoso. Casi tan cariñoso con Nathan, como sus hijos habían sido alguna vez. Buscaba la atención de Nathan casi desesperado, y siempre parecía tranquilizarse, con una mano sobre cualquier parte del cuerpo de Nathan, como si estuviera aterrorizado de que Nathan desapareciera en un parpadeo. Lo cual, no parecía tan ilógico, dada las pasadas circunstancias.
Y no era que Nathan se estuviera quejando. Era sólo que… no estaba acostumbrado. Lo más cariñosa que su madre se había comportado había sido con indiferentes besos en su frente; y apretones de hombro por parte de su sonámbulo padre. Y fuera de la recámara, Heidi siempre había mantenido su distancia.
Tan diferente a Peter, quien colocó su mano libre sobre el firme pecho de Nathan, en cuanto lo observó acostarse por completo sobre el pasto, sus brazos cruzados debajo su cabeza. Uno de los tennis de Peter pateó hacia un lado su mochila, rozando su pierna en el proceso contra la de Nathan, mezclilla contra mezclilla, y para cuando los Nike de Peter terminaron de juguetear con sus botines de cuero, Nathan tenía sus ojos cerrados serenamente, un relajante trance apoderándose de su cuerpo.
"Nathan." El sonido de su nombre acarició su mejilla, pronunciado con calidez. La mano sobre su pecho subió hasta su cuello, acariciando suavemente.
"¿Mmm?"
"Nada. Sólo me gusta decir tu nombre." Peter apoyó su cabeza su hombro y aún entre la risa que salió de los labios de Nathan al escucharlo, el ex-abogado inclinó su cabeza sobre la de Peter, sin titubear ni un instante. "Ignórame." El murmuro chocó contra su cuello, con voz baja y algo más. Algo que Nathan no logró descifrar.
"Nunca podría hacerlo." Las palabras tomaron forma y salieron al aire antes de que Nathan pudiera detenerlas, resonando una verdad que aún tenía a Nathan bañado en incertidumbre. Desde el primer día, Nathan no había podido alejar sus ojos de este hombre, como una fuerza que simplemente no podía resistir. "Me refiero a ignorarte."
En respuesta a su confesión, Nathan pudo jurar sentir el contorno de la sonrisa de Peter contra la piel de su cuello, seguramente victorioso. Presumido. Porque, por lo poco que tenía de conocerlo, Nathan ya podía ver que Peter era un poco malcriado y consentido.
Con la voz de Elvis cantando desde un viejo radio, que otros visitantes del parque tenían en posesión, los minutos transcurrieron en paz y tranquilidad. Nathan no supo exactamente cuánto tiempo permanecieron ahí acostados, ambos levemente tomando una siesta a la luz del sol, con sólo el ruido de la demás gente disfrutando del día; de ladridos y de llantos infantiles. Dos o tres horas, tal vez hasta cuatro. Claro, hasta que sus estómagos decidieron por ambos y se vieron obligados a romper con su reposo, aunque con una secreta promesa de regresar.
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Una semana después, Nathan estaba cambiando los canales de su televisor, decidiéndose en un especial de Jack, The Ripper en The History Channel, cuando notó algo peculiar en los hábitos de Peter. Ambos descansaban en la recámara de Nathan, a punto de cambiarse a sus ropas de dormir cuando Peter, a las ocho en punto, se levantó por un vaso con agua, susurrando un suave "Ahora vuelvo". Solamente pausando por la puerta para sacar una botella naranja de píldoras de su mochila.
Nathan asintió pero, como ya se había convertido en costumbre, se guardó sus comentarios. Para distraerse, mejor se dedicó a prepararse para ir a dormir. Se fue a lavar su rostro y dientes al baño adjunto a la recámara, la televisión en volumen bajo. Y sí duró cinco minutos, más de lo normal, mirándose en el espejo con ojos idos, bueno, a quién le importaba, ¿verdad? Era su asunto, si es que todavía sentía miedo de oír la voz de Sylar en su cabeza, mientras se examinaba en su reflejo.
Dos horas después, Peter dormía exhausto sobre su pecho, elevándose y bajándose al ritmo de la respiración de Nathan, sujetándose como si Nathan fuera su peluche favorito, contento con los besos y caricias que habían intercambiado en la oscuridad de la habitación. El sabor salado del sudor de Peter permanecía sellado en su boca, definitivamente adictivo, así como los temblorosos gemidos, que habían sido como música para los oídos de Nathan. Vulnerables sonidos, que Nathan había causado con sus manos y labios, con la apasionante manera en que Nathan había acogido el cuerpo de Peter contra el suyo, chocando sus regazos para originar fricción, ambos apresurando el camino a un placer mayor, desesperadamente. A pesar de tener ropa entre ellos, separándolos por milímetros, la experiencia había dejado a Nathan incoherente con la dosis de éxtasis corriendo por sus venas. Completamente hambriento por más.
Sin embargo, eso no era lo que mantenía despierto a Nathan en plena noche, sino la revelación que había recibido Nathan instantes después, cuando Peter había sonreído entre jadeos, sus cabellos un desastre sobre las almohadas y con sus pijamas húmedas. La revelación que había detenido su corazón por un segundo: Nathan estaba cayendo. Cayendo por altos cielos, sin miedos, y estaba comenzando a creer que Peter estaría ahí para atraparlo.
Nathan nunca había sentido semejante cosa.
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Los acontecimientos que siguieron de aquella revelación fueron algo extraños, pero de una forma no esperada. Hiro lo había solicitado para interrogar a un espía de la Compañía que se había atrevido a infiltrarse a la Base y el proceso había durado más de seis días. Vanko era difícil de quebrar pero, Nathan tenía muchas ventajas sobre él, y metódicamente, Vanko fue escupiendo información, aunque algo lento. Sin embargo, durante todo ese proceso, Nathan apenas tuvo tiempo de regresar a su apartamento, mucho menos de ver a Peter.
Para el sexto día, Nathan estaba tan irritable cuando salió de la sala de interrogación por un descanso, que estaba considerando seriamente permitir que Matt tomara mando con sus poderes. Algo que solían evitar hasta que fuera estrictamente necesario. Comió un sándwich y un té negro en la pequeña cafetería instalada cerca de las salas de interrogación, pero aún después seguía sintiéndose molesto y de mal humor, lo cual ni él mismo comprendía por qué.
Hasta que su celular decidió vibrar minutos antes de regresar con Vanko y Nathan notó lo que le había hecho falta todo ese tiempo. "Pete."
"Hola, Agente Bistrow. ¿Cómo va la tortura?" A pesar del tono cómico que Peter le quiso dar a su saludo, Nathan podía escuchar el cansancio en su voz. Por previos mensajes que el médico le había estado mandando, Nathan sabía que Peter había estado asistiendo tres cirugías, desde la última vez que se habían visto cara a cara.
"Perfectamente. Estoy a punto de proseguir con las navajas de doble filo. ¿Cómo estás? Suenas como zombi." Nathan se recargó en la pared que formaba parte de la entrada de la cafetería. Peter rio suavemente en su oído, su voz algo desapacible.
"¿Cuándo te van a dejar ir? Te extraño." Peter evadió la pregunta, pero Nathan escuchó la respuesta de todas maneras. Y todo su mal humor se desvaneció. Porque Peter lo extrañaba tanto como Nathan -aparentemente- lo había estado extrañando. "No me puedo reír solo con Everybody Loves Raymond, es demasiado patético." Un enorme bostezo le siguió.
Nathan sonrió levemente. "¿Dónde estás? ¿Todavía en la Base? Porque puedes irte a mi apartamento. Ya no tardaré mucho aquí…" O eso Nathan esperaba. Le llamaría a Hiro después de esta sesión con Vanko para entregar la información que había logrado extraer hasta ahora.
"Bueno, parece que mentes brillantes piensan igual. Ya estoy aquí, Nathan. Así que, apresúrate si no quieres que comience sin ti, ¿de acuerdo?" A pesar del intento de seducción, Nathan sonrió al escuchar a Peter casi cayendo dormido en el celular. Con una promesa de estar ahí lo más pronto posible, Nathan se despidió y colgó.
La última sesión probó, por una hora y media, ser inútil porque Vanko parecía haber aprendido de sus previos errores y sus labios permanecieron cerrados por más diferentes tácticas a las que Nathan recurría. Al cumplir las dos horas, la voz de Matt le avisó por vía mental de su llegada al Piso, junto con Hiro y Mohinder. Nathan dio un último intento de amenaza con la presencia de un telepata tan poderoso como Matt.
Vanko comenzó a sudar al escucharlo, sin embargo, no abrió su boca.
Nathan limpió su frente, respiró hondo y se puso de pie. Su trabajo estaba hecho. Si Hiro quería más información, tendría que usar otras herramientas.
Para cuando Nathan arribó a su apartamento, Peter roncaba en su cama, acostado sobre las cobijas y todavía en su ropa de trabajo. Su mochila, y su chaqueta, estaban regadas por la recámara, sin orden alguno. Nathan apagó el televisor, donde el logo de CNN anunciaba una nueva tragedia; se quitó sus zapatos, aventó su chaqueta al piso y se acomodó a lado de Peter, completamente exhausto.
Un frasco naranja de píldoras descansando en el bureau fue lo último que logró vislumbrar, antes de que sus ojos se cerraran con el peso del mundo.
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Continuará…
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