Lo que he sacrificado por ti, y lo que he ganado... Solo nosotros sabemos que es.

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- ¿Estas seguro de no querer decírselo?

El asintió, mirando el atardecer con Rin en brazos.

- Será mas seguro para ella si no se entera ahora, es muy pequeña.

Observó fijamente con sus ojos dorados el rostro de su hermano, buscando cualquier sentimiento en ellos.

- Entonces, ¿se lo dirás cuando sea adulta? Sesshomaru, esto no me gusta nada.

Entonces Sesshomaru volteó la vista mirando a Inuyasha. Dorado con dorado, mirándose fijamente.

- ¿Quieres hacerla sufrir a tan temprana edad? - preguntó el Daiyokai, con su voz de calma inquebrantable. - Aun queda tiempo, mucho tiempo.

El hanyou contuvo las ganas de gritarle a su hermano, pero lo que decía era cierto. Si se lo decía ahora, seguramente le destrozaría el corazón. Rin no merecía eso, no merecía sufrir mas de lo que ya había sufrido antes de que Sesshomaru apareciera.

- Dile cuando lo creas conveniente, Sesshomaru.

Y Inuyasha se alejó de su presencia.

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- Ah... Sesshomaru-sama, ¡Hoy es un gran día!

- ¿Te parece? Estamos en Otoño y hace mucho frío para ti.

Ella comenzó a reír, bailoteando delante del yokai.

- Claro que si, si estoy con usted todos son buenos días.

Sesshomaru suspiró.

Rin tiene ahora trece años, su cabello es mas largo y esta mucho mas alta que antes. A la edad de doce años ella pegó un buen estirón, llegando su cabeza a tocar la armadura pectoral de su amo. Eso a Sesshomaru le agradaba, pues sería una joven alta en poco tiempo y eso la haría ver mas bonita.

Hoy Sesshomaru le regaló un kimono amarillo con flores naranjas, y a Rin le encantan las flores. Pero el tonto de Jaken se había olvidado que Rin había crecido y le compró un talle un poco mas pequeño, sin embargo Rin insistió en usarlo ese día. Era un poco corto, pero cómodo. Se pegaba a su figura y la dejaba moverse con facilidad, era muy bonito además.

Caminaron largo rato juntos, uno al lado del otro. Sesshomaru contestaba todas las preguntas de Rin por el simple placer de escuchar la voz de su protegida. Ella charlaba alegremente con él, contándole todo lo que había hecho en su corta ausencia. Por que claro, el la visitaba cuatro días a la semana. Eso era mucho, pero mucho tiempo. ¿Qué mas da? le hacía feliz.

Vengo aquí por que la hace feliz.

- Sesshomaru-sama...

El volteó su mirada, sintiendo como ella colocaba su cabeza en su hombro. Se habían sentado sobre las raíces de un árbol a descansar, en aquel bosque silencioso.

- ¿Qué sucede? - la intriga que provocaba aquella voz lo dejaba intranquilo.

Todas las mañanas era lo mismo: Él llegaba, Rin lo abrazaba, caminaban un largo tiempo en el bosque y en los campos, se sentaban en un árbol cualquiera y entonces ella se volvía... ¿Misteriosa? al preguntarle que sucedía, ella solo negaba con la cabeza y sonreía, diciendo que no era nada importante. ¿Nada importante? ¡Todo lo que salía de su boca era importante para Sesshomaru!

- ¿Usted sonríe?

De acuerdo, esa pregunta era tan importante como las demás pero... ¿Tenía que contestarla?

- No necesito sonreír. - dijo él, restandole importancia.

- Pero, Sesshomaru-sama, yo lo he visto sonreír varias veces. - dijo ella, moviéndose hasta estar arrodillada al frente de el Daiyokai. - cuando esta en una batalla, o cuando a veces se encontraba con Inuyasha-sama... ¿No se acuerda?

Sesshomaru cerró sus ojos dorados, levantando una mano y acariciando la cabeza de Rin.

- Rin, esas eran sonrisas de puro sarcasmo.

Ella enarcó una ceja.

- ¿Sarcasmo? - Oh, por favor. - Sesshomaru-sama... no le he contado lo que he pedido este año para mi cumpleaños.

Él volvió a abrir los ojos, mirándola con una ceja alzada.

- ¿Un deseo? - preguntó el yokai, deteniendo la caricia. Ella asintió, con esas sonrisas encantadoras. - ¿y qué es?

Un brillo inusual parpadeó en los ojos castaños de la niña, ese brillo cuando se esta a punto de cometer una travesura.

- Mi deseo es... - Se acercó tanto hasta quedar su boca al oído del yokai, riendo bajito. - ...que usted me regale una sonrisa. - susurró.

Puedo regalarte un castillo o un carruaje, hasta podría regalarte un reino... y decides aparecer con esto.

- Rin...

En eso, Rin le toma las mejillas. Sesshomaru solo la miraba con calma, sabiendo que solo estaba jugando. Le subió las comisuras de los labios para que sea una sonrisa, estirando y estirando hasta que...

- ¡Es imposible! - dijo ella con un resoplido, volviendo a su posición enfrente de él. - Jamás podre ver una sonrisa suya, usted es malo.

¿Malo? ¿Justo con ella? ¿Cuando? Por favor, díganle cuando fue que ha sido malo con ella. Sesshomaru quiso reír por aquel comentario.

Malo, si.

Vil, tal vez.

Sanguinario, mucho...

Pero con ella no era así, era todo lo contrario.

- No seas tonta.

La atrajo hacia su cuerpo, dejándola entre sus piernas. La abrazo de tal manera que sus pechos quedaron pegados y sus piernas se entrelazaban con facilidad. Rin sonrió. Tal vez el no lo demuestre con sonrisas pero... él tenía una manera muy inusual de demostrarle su cariño hacia ella. Con eso le bastaba, y mucho.

Pero a algunas personas les encanta ver sonrisas, y ella no era la excepción.

- ¿Te gusta vivir con los humanos, Rin?

Ella se apretó mas a su cuerpo, escondiendo su rostro en el hombro del yokai.

- Me gusta mas vivir con usted, Sesshomaru-sama.

Eso no contestaba su respuesta, pero igual le hacía feliz.

Le gusta mas vivir conmigo...

- A mi también me gusta vivir contigo, Rin.

Ella comenzó a reírse, y Sesshomaru miró el cielo.

Bonito comienzo del atardecer, como aquella tarde hace cuatro años, donde la tuvo dormitando en su regazo. El día pronto llegaría, y debería decirle todo. Pero, ¿Cómo le diría cosa semejante? ¿Cómo soportaría todo esto? No podía ni siquiera pensar en como estaría en ese momento, tampoco quería imaginársela. Solo había algo seguro y era que él estaría junto a Rin todo el tiempo, haciéndola feliz todo lo que fuese necesario y entregándole lo que necesitara de él. Era una promesa, una promesa entre ellos que jamás se rompería.

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- ¿Volverá pronto? - su voz parecía preocupada.

Sesshomaru solo asintió, mientras abría los brazos.

Rin sonrió con verdadera alegría y lo abrazó, el daiyokai correspondió con la misma fuerza que la de su protegida.

- Lo estaré esperando, Sesshomaru-sama. - besó su mejilla, despidiéndose. - ¡Salude a Jaken-sama de mi parte!

Entonces Rin vio caminar a su adorado yokai desde la entrada de su cabaña, saludándole con una mano que la agitaba de lado a lado. Se dio la vuelta, dispuesta a meterse dentro y preparar la cena para ella y la amiga que vivía con ella.

- Rin.

Se volteó al escuchar la voz de Sesshomaru. Estaba de espaldas, sin mirarla.

- ¿Si, Sesshomaru-sama?

Entonces, volteó su rostro hacia atrás.

Sus dientes relucían a la luz del atardecer, y las comisuras de sus labios estaban levemente alzadas. Sus mejillas parecían tener una tonalidad rosada bajo aquella luz, mientras que sus ojos acompañaban la curva atractiva de sus labios. A los ojos de Rin, Sesshomaru le estaba dando su regalo de cumpleaños.

Una sonrisa, pero esas sonrisas de verdad. Natural... alegre.

Ella le devolvió una hermosa sonrisa en respuesta, sonrojándose.

Sonrío, por que ella me importa, y eso la hace feliz.

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El secreto de Sesshomaru, los deseos de Rin, la sonrisa...

¿Que sucederá?

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:3 :3

by: Shelikernr.

(Con todo el amor del mundo en crear esta historia)