- Esta avanzando, no quedará mucho tiempo luego. Sesshomaru, ¿Estás seguro de seguir en silencio?
El susodicho miró a la mujer, a esos ojos cafés que demostraban cualquier sentimiento.
- Se lo diré, pero es muy pronto todavía. - murmuro el yokai, acariciando la melena castaña de su protegida. Dormía placidamente en su regazo, con una inconciente sonrisa. - Todavía es muy pequeña...
- Kagome, Sesshomaru sabrá que hacer. - le dijo el hermano del daiyokai.
Ella solamente asintió, con su mirada baja y en silencio.
Sesshomaru se levantó, no sin antes acomodar bien a Rin en el futon. Caminó con sus pasos silenciosos hacia la puerta, antes de desaparecer volteó su rostro. Miraba a Kagome e Inuyasha con sus ojos tranquilos, pero un brillo en ellos captó su atención.
- Esta noche yo la cuidaré, así que descansen.
Al salir de la cabaña, pudo escuchar el llanto ahogado de la mujer de su hermano.
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¿Cómo una personilla de quince años podría hacer que hagas lo imposible?
Pero la pregunta mas importante es...
¡¿Por qué demonios le hacía caso?!
Pero al ver la sonrisa de inocencia en su rostro, y aquellos ojos castaños que la miraban con un brillo adorador, supo que no podía resistirse. Su protegida era el ser mas peligroso que podía encontrarse, sabiendo que podía hacerlo caer con solo el rozar de sus labios en su mejilla pálida y un "Gracias, Sesshomaru-sama, Rin lo quiere con todo el corazón".
Ahora se encontraba caminando hacia la aldea del estúpido híbrido de su hermano con ella a su lado, sonriendo y tarareando una cancioncilla con felicidad. Aquella sonrisa que tanto le gustaba en su dulce rostro de jovencita estaba allí, enterneciendolo. Pero claro, él gran Sesshomaru no dejaría ver eso.
Todavía recordaba con claridad cuando la pequeña Rin le pidió ese "deseo". Los deseos que pedía en su cumpleaños siempre tenían que ver con él y con cosas... difíciles de hacer.
"Sesshomaru-sama, a Rin le gustaría que deje de pelear con su hermano. Me duele ver que son de la misma sangre y se detesten, eso no esta bien..."
Y todo eso lo dijo con tristeza, haciendo derretir al temible Daiyokai.
Y se encontraba allí, frente a la cabaña de su medio hermano hanyou. De allí, por el grito que Rin dio, la compañera de su hermano salió con su traje de sacerdotisa. Llevaba una sonrisa en el rostro y un pequeño niño salía detrás de ella con timidez. Supongo que es el hijo de Inuyasha y la miko.
Buscaba con su mirada y olfato a Inuyasha, pero no lo encontraba por ningún lado. Quiza se habría ido con aquel monje mano larga (Que muchas veces amenazó de muerte al verlo tan cerca de Rin, con una de sus manos muy cerca de sus curvas.) a hacer algun que otro exorcismo. Miró de nuevo a la miko, que le saludaba con amabilidad. El solo se limitó a asentirle, sabiendo que estaba al lado de Rin y quería hacerles saber que el era "educado". (Por así decirse).
Quería suspirar y suspirar por lo que le estaba haciendo hacer aquella adolescente, rindiéndose ante sus caricias y/o miradas. Aquellos ojos castaños tan vivos y alegres, ocultos en ellos una gran inocencia. A lo largo de su vida solo pudo ver en ella felicidad y risas, por esa misma razón se alarmaba cuando la escuchaba triste o deprimida. Pensar que le había recriminado a su padre enamorarse de una humana, y ahora el cedía ante los encantos de una.
Ah, la extraña y irritante ironía.
- ¿Se puede saber que estas tramando? - le preguntó su medio hermano.
Ahora se encontraba mirando el cielo, sentado en el centro del claro donde estaba el pozo devora huesos mirando el horizonte. El Daiyokai miraba con serenidad el paisaje, olvidando el por qué estaba allí. Pero la pregunta de su hermano lo sacó de sus pensamientos, molestandolo. Cerró sus ojos, controlándose.
"Tal vez si hago esto, Rin me dejará de pedir estas estupideces"
- Inuyasha, baja. - le ordenó. Su estúpido hermano se encontraba arriba de un árbol, mirándolo con desconfianza.
El revoloteo del aire le dijo que su hermano se encontraba a solo metros de él. Sesshomaru abrió los ojos.
- Dime, ¿Qué sabes de nuestro padre? - le preguntó el Daiyokai, mirando el cielo.
Inuyasha cortó su respiración un momento, mirando sorprendido a Sesshomaru. Bajo su mirada, mirando sus manos.
- Pues, muy poco. - contestó Inuyasha en voz baja.
Una charla sobre nuestro padre le va servir para que no sea tan ignorante.
- Bien, te contaré acerca de él. - dijo Sesshomaru, mirándolo de reojo. - Te pediría que te sientes a mi lado mientras tanto, quiero que escuches cada palabra. ¿Entendido?
Inuyasha se quedó congelado, ¿Su hermano siendo bondadoso? No podía ser. De seguro estaba en un sueño cual iba a despertar tras una pesadilla.
Pero quería saber sobre su padre.
Se sentó al lado de su hermano, a una razonable distancia. Miraba de reojo el semblante de Sesshomaru cada tanto, esperando a que hable.
Pasaron diez minutos, y el Daiyokai no hablaba.
- Sesshomaru... - Inuyasha ya estaba empezando a molestarse.
- ¿Sabías que eres muy parecido a nuestro padre? - comenzó.
Inuyasha enmudeció.
- ¿En serio?
- Si, pero tienes muchas facciones iguales a la de tu madre humana. Si no fuera por esas pequeñeces y tuvieras las marcas yokai podría considerarte muy parecido. Claro, quitando tus ridiculas orejas.
El hanyou bufó, frunciendo el ceño delante de Sesshomaru. "Todavía sigue siendo ese idiota."
- ¿Que hay de malo en mis orejas? - preguntó Inuyasha, enfadado.
Sesshomaru sonrió de lado, esas invisibles sonrisas de lo que solo veías una mueca.
- Son algo... poco masculinas.
- Uy si, como si soltar un látigo brillante y ponerse a girar es de machos...
Tras esa conversación, Inuyasha podía percibir las razones de su hermano para tratarla. Aquello era demasiado raro y demasiada tranquilidad había en el ambiente. Tan solo pensar en el por qué de que consentía a su protegida le revolvió el interior, oscureciendo su rostro.
Pero el mismo lo dijo, había que hacer que ella fuera feliz. Lo sería hasta que sus últimos suspiros fueran dados, cobijada bajo la mirada dorada de su protector.
Volvieron su vista al horizonte al tiempo que el viento revolvía sus cabellos blancos. Se quedaron en silencio, con el hanyou recostándose en el césped verde. Sesshomaru respiró hondo, cerrando sus ojos.
- Huele bien. - susurró.
No era tan horrible estar con su hermano.
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- ¡Mas rápido! - gritó ella, riendo.
Entonces el caballo corrió con mas rapidez, llevándosela al profundo bosque. Fueron seguidos por un yokai rana y un dragón de dos cabezas, con el primero gritando que no se alejara demasiado.
Sesshomaru solo los siguió de cerca, con sus dorados ojos vigilantes en la figura de su protegida.
Rin estaba montada en un caballo blanco, regalo de su Daiyokai a petición de ella. El bello animal galopaba energico y veloz, llevandosela lejos del comienzo de la carrera. Se reía a cada saltito que daba arriba de su caballo, aferrándose a la silla de montar con fuerza.
Rin tenía quince años. Su cuerpo ya era el de una hermosa joven y su rostro era el mas encantador de la aldea, (Claro, a excepción de la exterminadora y la miko.). A la vez, los kimonos que le regalaba su fiel protector le quedaban a la perfección con su silueta. Sesshomaru se aseguraba de que todos los kimonos, peinetas y maquillaje que le regalara sean de primera calidad y que combinen siempre con su estilo. Colores poco llamativos, pero atractivos. Nada aparatoso, por que ella era hermosa así. Natural.
Se la estaba pasando en grande, y eso estaba a los ojos de todos. Inclusive, de un muy protector yokai.
El caballo se impulsó hacia adelante, aumentando la velocidad de su trote. Rin se asustó un poco, pero mantuvo la calma y guió al caballo hacia un sendero menos obstaculizado. Gritó de puro jubilo al sentir el viento calido acariciar su rostro. La adrenalina que ese momento le provocaba era sensacional, había olvidado cuando fue la ultima vez que sintió algo así. Pero sabía con exactitud que esas sensaciones fueron junto a su señor.
Entonces, el caballo paró en seco y hizo que Rin sea impulsada hacia adelante contra el piso. Cerró sus ojos con fuerza, esperando que el dolor no sea tan fuerte cuando se impacte contra el suelo.
Unos fuertes brazos la tomaron antes de estamparse contra el suelo, tomándola de manera nupcial. Abrió sus ojos, mirando la silueta recortada bajo el sol.
- Sesshomaru-sama... - susurró. Él la miraba tranquilo, sin estar molesto. - perdóneme, usted me advirtió que esto sucedería si lo presiono...
- Yo lo detuve.
- Oh.
Entonces Sesshomaru comenzó a caminar, alejándose del caballo blanco, alejándose de todo.
Por qué, después de los quince años, todo cambió entre ellos dos. Ya no se necesitaban palabras para demostrarse la importancia del uno y el otro, puesto que comenzaron a comprenderse mejor con sus miradas. Sus ojos castaños, vivos y brillantes; sus ojos dorados, fríos y a la vez cálidos... la conexión en ellos era demasiado grande para no poder entenderse.
Y así, como en todas las tardes que él estaba con Rin, se sentaron en las raíces de un árbol a descansar. Pero esta vez era diferente, ella se acostaba entre sus piernas para abrazarse a él. Eso la hacía feliz.
Por que el estaba para hacerla feliz en ese momento, aunque eso sea cumplirle todos sus deseos bizarros.
- ...entonces Kasumi habló sobre su primer beso. - es lo único que escuchó Sesshomaru con atención, por que lo demás eran de los simples humanos metiches de la aldea. - Sesshomaru-sama, ¿Cómo fue su primer beso?
¿Primer beso? El no tenía tiempo para cosas sentimentales o cursis. Sin embargo...
¿Besar? ¿Cuando fue que besó a una mujer? hace mucho, pero ese recuerdo debió de quedarse en su mente como casi toda su vida.. ¿No? Nunca amó a nadie que no sea a Rin, nunca se interesó por ninguna mujer. De todos modos, las mujeres eran innecesarias en su vida. Pero pensando en el mundo de las mujeres, del que Rin le había hablado junto a su cuñada, era muy importante besarse y esas cosas. ¿Sería de verdad importante?
Oh dios, ahora que se da cuenta nunca a besado a una mujer. Su medio hermano menor había besado mas mujeres que él y eso era imperdonable. ¿Cómo le diría a su protegida que nunca besó a nadie? Pero... ¿Acaso era necesario aquello?
Tonterías.
- No tengo tiempo para cosas tan insignificantes. - miró a Rin, que jugaba con algunas mechas de su cabello blanco. - ¿Tú has tenido tu primer beso, Rin?
Hablar así con ella era tan natural, tan normal... solo con ella podría hablar así, y le hacía bien.
- No, nunca tuve un primer beso. Aunque... Kohaku-kun me lo ha pedido. - dijo ella con un rubor en sus mejillas.
crack.
Se escuchó un chasquido proveniente de la mente de Sesshomaru. ¿Kohaku, ese exterminador, pidiendole un beso a Rin? ¿a SU Rin? Ah, no, eso no lo iba a permitir. Lo mataría antes de que le tocara un solo cabello a su protegida. Por que era suya, ¡suya suya suya!
- ¿y por que no se lo diste? - le dijo con voz contenida, estaba tratando de controlar su demonio interior.
Rin bajo su mirada, ruborizándose más.
- No me interesa Kohaku-kun, además estoy esperando a... otra persona.
- ¿Otra persona para que te de el primer beso? - ella asintió. - ¿Entonces de quien lo esperas?
La intriga lo carcomía vivo, mas cuando se trataba de un inútil humano con deseos de tener a Rin.
Incluso aunque Rin se lo diga, ya se imaginaba al maldito bastardo con intenciones de corromper a su protegida. De seguro era un maldito humano de ojos azules y el cabello suave, con estúpidos brazos fuertes donde ella quisiera recostarse. Seguramente le decía cosas bonitas mientras se ausentaba...
- Etto... estoy esperando el beso de...
Sesshomaru enarcó una ceja, separandola de su pecho y levantando el mentón de su protegida con los dedos.
Ese misterioso pretendiente no le gustaba para nada. No le conocía, pero no le gustaba de ninguna manera.
- ¿De...?
Sus ojos dorados parecían un abismo al paraíso, e invitaban a Rin a inundarse en ellos.
- De... - Miró para otro lado, con las mejillas al rojo vivo. - ...usted.
Fue como si hubiera visto en su mente el pedido a gritos de Sesshomaru.
Sesshomaru enarcó una ceja, mirando como Rin intentaba evitar a toda costa su mirada. De todas formas, aquellas palabras no le molestaron en absoluto. ¿Un beso de su parte? Eso era mucho mejor que haber dicho "un beso por parte de Kohaku".
- Se-Sesshomaru-sama yo... yo no quise m-molestarlo de esa mane...
Y calló sus disculpas.
Tomó sus labios con suavidad, colocando los suyos en esa piel cálida y dulce. Probó por primera vez esos labios, demasiado suaves y tan dulces que resultaban empalagosos. Le encantaba, esa sensación le encantaba. Podría sonar patético, pero era el primer beso de ambos. Le encantaba que sea así, que sea el primero.
Solo yo puedo darte estas cosas...
Se separaron por falta de aire, mirándose a los ojos. El rostro de Rin estaba muy sonrojado, como si hubiera presenciado una horda de cuerpos desnudos. Sesshomaru solo la miró fijamente, evaluando su reacción.
Ella sonrió.
...No dejaré que cualquiera sea dueño de tan preciado tesoro.
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¡Entonces una orca asesina salió en escena y aplastó a todos los pretendientes de Rin!
O mas bien... ¡Un perro asesino!
Okno.
¡Reviews!
Dejenme decirles una pequeña cosa...
Sesshomaru es tierno.
:c
nos veremos en el proximo capitulo ^-^
By: Shelikernr
