- Rin. - llamó él, viéndola desde la entrada del bosque.
Rin giraba sobre si misma, encantada por una mariposa azul que volaba sobre su cabeza. Sonreía, feliz, nada le gustaba mas que las mariposas con sus hermosos colores. Cuando creciera tendría muchos kimonos con muchas mariposas en el, le había dicho a Jaken. Al escuchar a su protector se giró, con sus hermosas sonrisas adornando su rostro de niña. Fue corriendo hacia donde se encontraba el Daiyokai, quedando en frente su alta figura.
- ¿Si, Sesshomaru-sama? - preguntó Rin con entusiasmo, llevando las manos a su espalda.
- Ven, quiero mostrarte algo. - dijo Sesshomaru sin más, adentrándose en el bosque.
Ella lo siguió, correteando hasta su lado con sus saltarines movimientos.
Siguieron caminando hacia un árbol, un roble. De aquel árbol brotaban flores rojas, unas grandes como una rosa y otras pequeñas como sus capullos. Colgaban de las ramas como campanillas, meciéndose perezosas con el viento. Sesshomaru se sentó en sus raíces, apoyando la espalda en el tronco del árbol y cerrando sus ojos. El viento sopló mas fuerte, moviendo sus blancos cabellos.
- Rin, siéntate. - ordenó él, pero mas bien fue una petición.
Ella se sentó a su lado, estirando los brazos y apoyándose en el tronco como él. Le dedicó una sonrisa y miró las flores, pensando que son hermosas. Nada le gustaba mas que descansar junto a su amo, aunque era callado y ni siquiera se mueva le gustaba. Le gustaba mucho estar con el de esa forma cuando Jaken-sama se iba con su fiel dragón a buscar suministros para ella. Por lo menos no tendría que escuchar las quejas de el yokai sapo por un breve tiempo. El aroma de Sesshomaru era distinto al de los demás, era agradable y suave.
"Dulce"
Al cabo de un rato, Sesshomaru habló nuevamente.
- Debes quedarte en la aldea, Rin.
Fue un balde de agua fría, muy fría.
Su sonrisa desapareció, y la felicidad que antes poseía ahora la sustituyó la sorpresa. Sorpresa y terror, terror de que su protector se fuera y no volviera. Se levantó de un salto, mirándolo con sus ojos castaños bien abiertos.
- ¿Por qué?
- Hmph. - fue la respuesta del Daiyokai. Cuando daba una orden se obedecía y no se hablaba mas del tema.
Si, o eso creyó él.
- ¡No quiero! ¡Sesshomaru-sama no quiero vivir aquí!
El grito hizo que el abriera sus ojos dorados y con la sorpresa tatuada en su frente. Se fijó en la silueta de Rin, que estaba en frente de la suya y con un gran ceño fruncido. Sesshomaru enarcó una ceja, jamás la había visto así en su vida. Nunca estuvo enojada de esa manera y nunca le replicó sobre una orden suya. JAMÁS.
- Rin...
- ¡No, Sesshomaru-sama! ¡Usted no puede apartarme de su lado! - comenzó a sollozar, dejando caer gruesas lagrimas de sus ojos castaños.
Cayó de rodillas, cubriendo su pequeño rostro con sus manos igual de pequeñas y lloró con mas fuerza. Sesshomaru no podía creer lo que veía, nunca la vio llorar y era en serio. Totalmente en serio que no la había visto llorar.
Estaba sufriendo, y el prometió evitar que sufriera de cualquier modo.
Rin se sorprendió al sentir como los fuertes brazos del yokai la abrazaban con torpeza. Sintió su mejilla en su hombro y como Sesshomaru acercaba su cuerpito al suyo. Quitó sus manos de sus ojos y pudo ver los cabellos blancos que caían por la espalda de su protector. No, no podía negarlo.. se abrazó a él, llorando con mas fuerza.
La iba a abandonar, no volvería a viajar con él...
En un segundo se encontraron nuevamente apoyados en el tronco, pero ahora ella estaba en sus brazos. Se abrazó mas a su cuerpo, sollozando y gimoteando contra sus ropas. El solo apretaba ese cuerpito en sus brazos, con todo el cuidado debido a su fuerza.
- Escucha, Rin. Estarás aquí, vivirás con la sacerdotisa del pueblo y tendrás una vida humana con los humanos de esta aldea. No puedo permitir que arriesgues tu vida nuevamente, por que eso sería un error que no puedo cometer. Se que es dificil, pero no tienes por que llorar. El llanto no arregla nada y la desición ya esta hecha...
- P-pero Sesshomaru-sama...
- Déjame terminar. Podrás volver nuevamente conmigo cuando cumplas la edad adulta, vendré a verte siempre que pueda y podrás estar tranquila de que no me olvidaré de ti. Si tienes problemas, escríbeme, llámame. Puedes silbar, con los dedos como te enseñé. Cada vez que me llames siempre estaré allí para ti. ¿Entiendes? No me apartaré de ti hasta que decidas que lo haga. - lo dijo todo con la lentitud y suavidad de su voz, que creyó que hablaba en sueños.
Ella escuchó, sorprendida a pesar de su llanto. Sesshomaru-sama nunca habló tanto, ni siquiera en una batalla. Su presencia y personalidad no encajaban con las palabras que acababa de decir, mas cuando se las dirigía a ella. Sin embargo, eso le hizo sentirse bien, le brindó la seguridad que necesitaba.
- ¿Lo promete? - dijo con su voz quebrada.
- Lo prometo, Rin.
Se separó de él, mirándolo a los ojos y asintiendo. Aun el dolor recorría sus ojos, pero debía obedecer a su amo siempre que fuera. Si eso significaba que debía separarse de él...
- Lo voy a extrañar mucho, Sesshomaru-sama. - le dijo entre sollozos, abrazándose a él nuevamente. Tomó entre sus manos un puñado de las ropas, apretándolas.
Rin escuchó un suspiro casi inexistente del lord, como si lo hubiera imaginado. Pero no, era demasiado fuerte como para hacerlo fantasía.
- Yo también te extrañaré, Rin.
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- ¡Sango, Inyectale la morfina como te he enseñado! - Kagome gritaba instrucciones mientras trabaja sobre ese cuerpo.
- ¡Va! - gritó la taijiya mientras clavaba la aguja en el brazo.
Inuyasha y Miroku miraban todo con impotencia desde un extremo, doliendo al saber que no podrían hacer nada útil para mejorar aquel alma. Aquella alma que pronto acabaría por caer en los brazos de la muerte si no procedían rápido.
- ¡Su corazón a dejado de latir! - gritó desesperada Sango.
- ¡Inuyasha! - gritó Kagome, volviéndose hacia su marido. - ¡Las descargas eléctricas!, ¡YA!
El hanyou entró en acción sosteniendo sus manos en el pecho aquel repleto de sudor y dándole descargas eléctricas, una técnica aprendida especialmente para ello.
tump
tump
tump
Silencio.
El ser volvió en si, respirando jadeante y quedando inconsciente ante la morfina. El dolor, la fiebre y la hemorragia habían cedido, gracias a aquellas dos mujeres y el hanyou. Sin embargo, esas eran las pruebas de que estaba empeorando. La vida se le iba a pasos forzados y aunque reúna la fuerza suficiente no sería capaz de sobrevivir diez años más.
Kagome lloró, aferrándose al cuerpo de Inuyasha y ocultando su rostro en el pecho de este. Sango no tardó en imitar su gesto, al ver tal ser querido sufrir de esa manera...
Y un aullido resonó a lo lejos, maldiciendo al cielo y al infierno con todas sus fuerzas.
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La nieve cubre el campo que los rodea, cayendo copos por doquier de aquel cielo cubierto por u manto gris. El mundo se veía frío, lento y aburrido. Deprimente. Dos criaturas hablando entre si, mirándose mutuamente y declarando verdades.
- Sesshomaru-sama...
El solamente asintió, mirándola con sus indescifrables ojos dorados.
Hay tantas cosas que quiero decir...
Rin bajó la mirada, con un temblor naciendo desde el interior de su cuerpo.
Decirte...
- Entonces.. eso era lo que me estaba ocultando, Sesshomaru-sama.
"¿Sesshomaru-sama, usted conoce la ilusión del tiempo?"
Aquella pregunta, bajo los blancos copos de nieve, sonó como si lo hubiera soñado.
Su susurro se quebró dos veces, pero fue claro y fuerte para él. Por que aquellas palabras no podían dolerle más de lo que le dolía aquello que sabía, aquello que le confesó en ese momento. El viento helado volvió a soplar con mucha fuerza, y el yokai cubrió protectoramente a la mujer con sus brazos.
- Dicen que el invierno trae noticias poco gratas. - susurró ella, apretando sus puños.
Cuando pienso en el invierno, yo recuerdo...
Como volaban los copos de nieve en el viento, como bailan... lo bonitos que son...
Que tan frágiles son... Como sus sueños.
- Rin...
- Sesshomaru-sama, el deseo de mi cumpleaños... - su mirada estaba gacha, y no había hablado por veinte minutos. Aquella era una voz distinta a muchas otras, diferente. - ¿Puedo... pedírselo?
"Primavera, verano, otoño e invierno" dijo ella. "Ellos son la ilusión del tiempo..."
Al igual que cuando me despierto de repente y parece que estoy solo...
Todo lo que veía tal vez era solo un sueño, tal vez verla era solamente un sueño.
- Cualquier deseo que pidas... te lo concederé.
Su voz fue la copia de la voz de Rin, con su tono fuerte y suave a la vez.
Ella levantó su rostro. Una gran sonrisa y pequeñas lagrimas en sus mejillas y ojos, una combinación un tanto preocupante. Le quitó esas molestas lagrimas con sus garras, acariciando aquel hermoso rostro a su paso. Sin embargo, ella le estaba sonriendo. Nuevamente a él.
- ¿De verdad? - susurró, mirándolo con sus bellos ojos castaños.
Sesshomaru asintió, regalandole una sonrisa. Sonrisas que solo a ella regalaba. Abrió sus brazos, acercándose a ella.
- Haga como que lo que me ha dicho solo ha sido una broma. - le susurró al abrazarse a él, mirando el cielo mientras Sesshomaru le correspondía el abrazo con fuerza. - Quiero estar con usted todo el tiempo, solo con usted...
- ¿Ese es tu deseo? - sintió a su protegida asentir. - Entonces... feliz cumpleaños número 17, Rin.
Sesshomaru no pudo percibir antes que, Rin le había dado uno de sus tantos besos. Aquellos besos que calmaban los gritos de su alma.
- Te necesito cerca. - fue lo único que le susurró al abrazarla, apretando sus colmillos con fuerza.
Ella nunca, Nosotros nunca expresamos algo como... el amor. De esta manera, nunca lo ha sido hasta ahora.
Tal vez por un tiempo, yo la necesito. Eso es todo lo que puedo decirme a mi mismo.
¿Desde cuando me di cuenta?
Sus sonrisas contienen tanta felicidad, tanto como sus lagrimas...
...Al igual que la nieve se derrite en la primavera...
- Sesshomaru-sama... A Rin le gustaría conocer el norte.
- ¿Y por qué el norte? - preguntó él, mientras volvían cogidos de la mano hacia la aldea.
- He oído que en el norte la nieve nunca se derrite. ¡Quiero ver la nieve en verano, sería sensacional!
Caminaron por un largo rato, hasta que llegaron a la aldea.
- Con que... el norte...
Un beso de despedida, cerrando sus ojos y apretándose mas a su cuerpo. Deseó que aquello nunca terminara.
- ... Contigo. - susurró entre la brecha de sus labios.
Sus deseos, tan infantiles y sencillos, son mis mas preciadas ordenes.
Antes de que el aroma de la primavera vuelva, nosotros viajaríamos al norte.
Solo nosotros viajaríamos...
- Lo amo, Sesshomaru-sama.
¿Desde cuando me di cuenta?
Nunca estuve solo, desde la primavera en la que nos conocimos...
De alguna manera mis dudas y aquellas sensaciones fuertes... no son dolorosas ya.
- y yo a ti, Rin.
-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.
Me encantaría saber que pasa por la mente de Sesshomaru, ¿Se imaginan?
Les dejo esta capitulo adelantado, por que no se... estaba aburrida y quería satisfacer a las lectoras ^-^
Maldito aburrimiento.
T-T
Bueno como se habrán dado cuenta, en cada capitulo pasan dos años. En esos dos años Rin comienza a crecer y comienza a conocer mas a su señor, enamorándose de él y siendo correspondida.
Tal vez el invierno no sea tan malo, de todos modos...
¿Quieren una pista para el final?
¡Pues entonces déjenme un review sobre que les pareció este capitulo!
Bye bye!
By:Shelikernr.
