Protegeme... protegeme de mi mismo.
-.-.-.-.-.-
- ¡No! ¡Si te la llevas no lo soportará! - gritó la mujer que estaba encarcelada en los brazos del hanyou, extendía sus brazos y los movía desesperadamente.
Inuyasha miraba todo, apretando los dientes y cerrando sus ojos. No, debía retenerla. Era por su bien. Aunque el mismo estaba de acuerdo con ella...
Él no le hizo caso, solamente se dio la vuelta con Rin en brazos. Caminando hasta alejarse de aquella cabaña.
- ¡Sesshomaru, por el amor de dios no lo hagas!
Para su sorpresa, Kagome había deshecho el abrazo de Inuyasha y corría desesperada hacia su dirección. Las lagrimas caían a borbotones de sus ojos cafés y jadeaba por un poco de aire. Se paró en seco a varios metros del daiyokai, mirándolo. Los demás estaban corriendo hacia su encuentro, siguiendo a la miko con rapidez.
- Por favor... - susurró, con la voz quebrada.
- No.
En eso, ella comenzó a gritar.
- ¡¿Por qué?! ¡¿Por qué la dejas morir?! - lloraba a gritos y le señalaba con un dedo, luego a la cabaña. - ¡Necesita de nuestros conocimientos y cuidados para poder sobrevivir!
Lo sabía, era consciente de todo lo que estaba haciendo.
Pero...
- Kagome. - Su respiración se cortó, Kagome nunca escuchó su nombre provenir de aquel hombre. - No lo estoy haciendo por mí, esto es lo que ella quiere.
Ella detuvo su llanto, mirándolo a esos ojos fríos. Podía ver que con el paso del tiempo sus ojos comenzaban a tener un brillo que antes era inexistente. Esos ojos dorados fríos y calculadores, comenzaban a demostrar emociones.
Sin embargo, esa no era una emoción grata.
- Qué es... lo que dices...
Sesshomaru miró a Rin, que acurrucaba su cabeza en el hombro del yokai. Su rostro en paz, como si estuviera soñando cosas agradables. Lo sabía, no podía alejarse de ella ahora.
Su deseo es estar conmigo, hasta el fin de sus días.
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Oscuridad.
Fría, solitaria y negra oscuridad. Viéndolo todo con sus inquietantes ojos dorados.
- Sesshomaru-sama...
- Duerme, Rin.
Ella se sienta a su lado, mirándolo entre las penumbras. La luna alumbraba entre la puerta semi cerrada de su habitación y dejaba ver uno de sus ojos dorados. Estaba su lado, acostado y con la mirada puesta en su rostro. Había accedido dormir esa noche con ella, cuando la tormenta la asustó lo suficiente como para no dejarla dormir otra vez. Sesshomaru estaba allí de todos modos, vigilando sus sueños en silencio.
Rin miró toda su habitación, mas grande que las demás del palacio. Desde que ella decidió irse con su señor a las tierras del Oeste nada malo había pasado, ni siquiera una raspadura o un soplo helado. Se sentía bien allí, en los brazos de aquel que la protegió desde los diez años. Casi podía ronronear de satisfacción al saber que Sesshomaru pensaba lo mismo que ella: Los dos debían compartir una cama en las noches, aunque en verano sea mucho mas caluroso.
Rin volvió a acostarse, recostándose de lado con su divertida sonrisa y mirando al yokai.
- Sesshomaru-sama. - susurró ella en la oscuridad.
- ¿Qué pasa, Rin?
Ella tomó una de las manos de Sesshomaru, entrelazando sus dedos con los suyos. Lo separó al tiempo que se relamía los labios de pura emoción.
- Hice algo para usted, un regalo. - su sonrisa fue mas amplia.
- Soy yo el que hace los regalos, no tú. - Sesshomaru se sentó junto a ella, mirando las manos de su protegida con cierto interés.
Había algo en ellas, algo escondido que carcomía su curiosidad. Rin rió bajito, observando con sus brillantes ojos castaños.
- Sesshomaru-sama... cuando muera... por favor no me olvide.
Fueron las mismas palabras que le había dicho un día, hace nueve años. Palabras que lo sacaron de su seriedad y molestaron su frío corazón. ¿Cómo se atrevía a pensar que justamente él la olvidaría?
Pero que tontería...
Sin que él se diera cuenta, Rin colocó un objeto en el dedo corazón de su mano derecha. Era blanco, y al tacto tenía un gran parecido al cuero. En en el lado superior se encontraba una piedra celeste con forma de flor, brillando a sus ojos a pesar de haber poca luz en la habitación.
- ¿Lo has hecho tú, Rin? - Sesshomaru acarició el anillo con delicadeza, con cuidado de no dañarlo. Ella asintió con una sonrisa. - Es muy bonito.
La persona que te olvide...
Pasó el rato, y él solo miraba el anillo que Rin le había obsequiado. Era hermoso, y le gustaba. Le encantaba que su protegida haga cosas a mano como estas, pues eran los frutos del trabajo de sus manos. Sus manos siempre hicieron cosas maravillosas, como si hubiera nacido para tocar las cosas a sus ojos. Sesshomaru lo veía así, y nada más podría hacerle cambiar de opinión sobre eso.
- Sesshomaru-sama... Rin se siente... mareada...
Alarmado, Sesshomaru fijó la vista en ella. El sudor estaba bañando su frente, y su mirada era ida y cansada. Estaba a punto de sufrir un desmayo debido al calor.
...No seré yo.
Rin no entendía el por qué se sentía así en ese momento. Sin dudas ese era un muy hermoso momento, junto a su yokai en la oscuridad de la noche. No podía, las emociones eran demasiadas al encontrarse tan cerca de él y su felicidad explotaba como si fuera un gran explosivo. Enamorada como estaba de él no podía dormir... no quería dormir.
- Rin... ¡Rin!
Entonces Rin dejo de ver a su señor, cayendo en una oscuridad mas profunda que la noche.
Sesshomaru...
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En silencio empacaba, ocultando toda la parafernalia medica en aquel bolso amarillo. Su mirada estaba baja y el temblor de sus labios hacía que todo intento de sentirse mejor volviera a decaer. El yokai la miraba como si de un ángel guardián se tratase. El ángel guardián de su tesoro, su vida.
- ¿Estará bien, Kagome?
La nombrada asintió, mirando con cansancio el cielo negro a través del gran ventanal.
- Sesshomaru, debes llamarme cada vez que pasen esos mareos. ¿De acuerdo? Vendré todos los días a hacerle una revisión y a administrarle la medicina.
Sesshomaru asintió, con sus ojos cerrados.
- Ah Hun te esta esperando para que regreses a la aldea. - fueron sus ultimas palabras con la miko. - Iré a ver a Rin.
Se fue, dejando a la mujer de su hermano en la entrada del palacio. Ahora tenía una cosa muy importante que hacer, y esa era estar con ella. Solamente con Rin.
Pareciera como si hubiese sido ayer que la vio por primera vez, semi escondida entre los arboles con sucios ropajes bordó. Sin temor ella se acercó, con la valentía relucir en sus ojos. A pesar de que él estaba malherido, y de una forma cruel le advirtió que no se le acercase, ella fue y le proporcionó alimentos.
Comenzó a ir días y noches, viéndolo desde una distancia segura y sirviendole lo mejor que pudiera darle. Esa niña de diez años...
Flash Back.
Podía sentir sus pasos, y como siempre esa niña llegaba con un "plato" de comida para él.
Sesshomaru estaba reposando en el árbol, sanando las heridas que la Tessaiga le había provocado. Se sentía débil y eso le fastidiaba un montón, al igual que su furia por no poder poseer la espada de su padre. ¿Por qué tanta maldad hacia el? ¿Por qué su padre no le pudo dar a Tessaiga y a Souunga? Bueno, la espada conquistadora había desaparecido del mapa y no tuvo sentido que la busque, si de todas formas jamás la encontraría. Pero Tessaiga era de verdad un tema serio, ¡Se supone que debería ser suya!
Entonces un aroma a hierbas llamó su atención.
La niña estaba a unos pasos de él, sosteniendo unas cuantas hierbas comestibles. Su kimono estaba más maltratado que el día anterior y no levantaba su rostro, mirando el "almuerzo" en sus manos.
- No quiero. - Esas fueron las frías palabras del yokai, sin mirarla.
Ella dio pasos apresurados al lado de su presencia, arrodillándose como sirviente y ofreciéndole el deficiente alimento. ¿Es qué esta niña no entendía? Si el quisiera podría sacarle las tripas en este momento o de un corte desprender la cabeza de su diminuto cuerpo. Pero no se rebajaría a matar niños, le gustaba matar a personas que al menos pudiesen defenderse. Al correr la niña había mostrado su rostro, y eso le había llamado la atención un poco. -Solo un poco-
- Ya te dije que no quiero nada, entiende.
La niña bajo su rostro, al parecer había entendido las palabras de Sesshomaru.
Tenía su pequeño rostro hecho una pena. Dos moretones morados en las mejillas y uno en la barbilla, un ojo casi cerrado con una leve inflamación y oscurecido. Sesshomaru examino todos esos detalles sin que ella se diera cuenta, aparentando mirar hacia otro lado cuando ella no lo veía.
La habían golpeado, y muy fuerte. ¿Qué clase de monstruo sin piedad golpearía a una niña inocente? Humanos, salvajes y despiadados humanos. Al menos él no se rebajaba de esa manera, no con niños. Como ya lo había dicho.
- ¿Quien te hizo eso en el rostro?
Fue una pregunta, nada más. No estaba siendo cortés con ella.
Sin embargo, ella se sorprendió mucho. Lo miró con el ojo bueno, incrédula. Se quedaron el silencio, parecía que esa niña no hablaba mucho o solamente estaba atónita por alguna tonta razón. ¿Por qué? Si era solo una pregunta.
- Esta bien, no es necesario que me lo digas. - fue otra vez Sesshomaru el que habló, al ver que ella no contestaba.
Entonces él la miró.
Parecía como si hubiese encontrado oro al ver su mirada castaña, tan brillante y curiosa de la niña. A los ojos de Sesshomaru, aquella niña parecía muy débil. Ella comenzó a reír y a sonreír, ahora sorprendiéndolo a él.
- ¿Por qué te pones feliz? Solo te pregunté como estabas.
Pero nada, ella seguía sonriendo y riendo como si nada.
Nunca pudo comprender las emociones humanas, mas cuando eran los niños. Para Sesshomaru, los niños no eran mas que criaturas chillonas y irritantes, siempre chorreando alguna porquería. Algunos tenían muy mal habla y eso el irritaba mas, hasta tal punto de querer erradicar a algunos.
Pero esta niña no parecía tan mala, parecía diferente.
Era diferente.
Fin Flashback.
Entró silencioso en la habitación de su humana, su preciada humana. Su tesoro...
Allí estaba ella, durmiendo.
Se sentó a su lado, mirando su rostro de ángel. Aquellas largas pestañas negras y brillantes, esos labios rosados y entreabiertos, su aliento...
¿Por qué? ¿Por qué lo que mas amaba tenía que marcharse? ¿Será por los actos que ha cometido, por las muertes que ha provocado? ¿Tal vez fue que su padre, donde quiera que se encuentre en los cielos, le ha castigado por ser un monstruo? Si era un castigo divino, y no una mala jugada del destino, debería mantener la cabeza fría y asentir. ¿Cómo podía pensar eso, cuando el dolor y la soledad comenzaban a hurgar en su frío corazón? Un corazón que volvió a latir gracias a una hermosa niña de pelo castaño y ojos como estrellas, de hermosa y pura alma.
- Sesshomaru-sama...
Su susurro fue tan bajo, que parecía hablar dormida. Pero estaba allí, con sus ojos abiertos mirando a su protector. Sesshomaru le acarició el rostro con una de sus manos, evitando todo contacto de sus garras y su piel. Rin sonrió, posando su mano sobre la que la acariciaba.
- ¿Cómo te encuentras? - fue la pregunta del yokai, mirando serio el rostro de su amada.
- No se preocupe por mí, estoy bien. - dijo ella con un hilo de voz, pestañeando entre la oscuridad.
Mientras el acariciaba su rostro, ella suspiraba al contacto suave de su mano. Tan cálido y refrescante a la vez, haciéndola entrar en calor en aquella fría oscuridad. Todo dolor había desaparecido y miles de mariposas volvieron a invadirle el estomago nuevamente.
- Rin.. es tarde, debes dormir. - dijo su ser amado, mirándola con sus hermosos ojos dorados en las penumbras. Brillaban cual soles, hermosos y abrazadores.
- Sesshomaru-sama... quédese conmigo esta noche.
Y él se acostó a su lado, envolviéndola con sus fuertes brazos. Oía suspirar a Rin muchas veces, sintiendo el calor que irradiaba la sangre acumulada en sus mejillas. A ella le gustaba, y eso hacía que a él le encantase.
Entonces, de nuevo volvió a hablar.
- Moriré, ¿no es así?
Solamente una herida en su corazón, y el ardor de tales palabras lo hicieron estremecerse.
- No. No permitiré que mueras nunca más, Rin.
Ella sonrió, apretándose mas a su yokai.
- Sesshomaru-sama... Si muriera al amanecer... ¿Qué debería hacer? - susurró mientras acariciaba sus cabellos blancos.
Sesshomaru bajó la mirada, fijándose en su tesoro. Rin lo observaba mientras un sonrojo nacía nuevamente de sus mejillas, mirándolo con completa inocencia y vergüenza. ¿Pero por qué?
- Quedarte junto a mí. - susurró él, acariciando su rostro.
Cálido y bello amanecer...
- Sesshomaru-sama, es hora de que contarle mi deseo numero 19...
¿Te la llevarás?
Se acercó a él, quedando a centímetros de su rostro serio. Sesshomaru la atrapó por la cintura, atrayendola mas a su cuerpo instintivamente. Ella solo miró esas orbes doradas, maravillándose en la oscuridad de la noche.
- Cualquier deseo que pidas, te lo concederé.
Rin se dirijo a su oído, rozando sus labios cerca de su oreja.
- Sesshomaru-sama... Usted conoce la respuesta, de cuanto me queda para vivir en este mundo. No quiere contarme, no quiere que sepa los días que me quedan a su lado. ¿Y si no son días?, ¿Y si son horas?, ¿O tal vez minutos?
Sesshomaru se quedó helado, sintiendo las manos de Rin en su pecho acariciándolo.
- No lo dice, por que sé que el dolor que le produce es mucho. - el daiyokai pudo sentir el aroma salado de una lagrima. - Por eso juré que nunca vería sufrir a mi señor, ni siquiera por mi causa. - Respiró hondo, dejando rodar aquella lagrima. - Sesshomaru-sama, si pereciera en este momento con usted a mi lado, dejaría el mundo terrenal con una sonrisa en mis labios dormidos.
Se separó de él, mirándolo a los ojos. Una sonrisa apareció en su rostro mientras las lagrimas caían de sus ojos castaños.
- Por que yo te necesito, Sesshomaru.
"Te necesito" Dijo ella...
La luna apareció a través de las nubes, contemplando la escena desde aquel ventanal que daba hacia el jardín.
- Rin...
En ese momento, muchas cosas volvieron a unirse en una sola.
- Sesshomaru-sama, cumpla mi deseo por favor.
El sol y la luna, los pétalos y el río, el frío y el calor.
- Entonces dímelo. - Sus alientos chocaron debido a la proximidad.
El amor y el odio, la alegría y el dolor, el dorado y el castaño...
- Hágame el amor, Sesshomaru-sama...
...Ella y yo.
En aquella oscuridad, comprendí lo que nunca pude comprender antes.
En aquellos campos de batalla, repletos de sangre y destrucción. Aquellas heridas superficiales que terminaron por llenar el vacío en mi pecho, que ahora lo llena su fina presencia.
Desde que la vi crecer, incluso al enseñarle varias cosas, terminamos aprendiendo los dos al mismo tiempo de lo que era necesario para los dos. El calor de un ser amado y el amor mutuo, fueron aquellas cosas que nos sirvieron para seguir adelante. Olvidaste tu pasado y te entregaste al presente que era yo, planeando un futuro a mi lado.
Comprendí que a pesar de todo lo que hemos pasado, tantas tragedias y tristezas, que el amor y la felicidad vencen cualquier pasado amargo.
Comprendí que...
...Te pertenezco, en corazón y alma.
A ti, mi vulnerable y frágil humana.
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Deberían darme un Oscar, no se por qué, pero deberían.
LOL
Es tan... tan...
¡DIOS MIO ESTO SI ES ROMANCE Y LO DEMÁS PENDEJADA!
¡Reviews!
Nos vemos en el próximo capitulo, amantes del SesshXRin :3 :3 :3
Sesshomaru: Lo dice la que ama todas las parejas ¬¬
Yo: Usted cállese y siga haciéndole el amor a su mujer 7o7
Okno.
Bye bye!
By: Shelikernr.
(Inuyasha y personajes no me pertenecen, sino a Rumiko.T)
