¿Qué hay de ese otro lado?

Siempre me lo he preguntado

Tu voz se ha marchado

Pero sé que estás a salvo

Al abrirse la puerta

Me dirijo en cuerpo y alma hacia tí

Esperando que esta oración final

Hoy llegue donde tu estás.

Nubes en el cielo no hay

Solo un débil azul en la inmensidad

Mi dolor no puedo ocultar

El adiós ha llegado ya.

Era un día gris y normal

Cuando diste a mi vida un tono especial

Dulce amor en mí vivirás

Tierno amor en mí vivirás, hasta siempre.

Nos veremos un día

El pensar que es posible fuerzas me da

Pasaremos unidos la eternidad

Y encontraremos la paz.

Si la puerta a tu corazón

Se cerrara no aguantaría el dolor

No sabrías que siento yo

Y en la lluvia se esfumaría este amor

Era un día gris y normal

Cuando diste a mi vida un tono especial

Dulce amor en mí vivirás

Tierno amor en mí vivirás, para siempre.

Saihate

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- Ella te esta esperando en el árbol sagrado.

La información esperada, y se internó en el bosque.

Busqué, la busqué muchas veces. Su aroma cada vez se distanciaba de mi esencia. ¿Por qué tuve que enseñarle a esconder su aroma? Llegué a su antigua cabaña, pero no estaba allí. Sin embargo ese niño hijo de mi hermano me dijo donde estaba, esperándome. Se parecía mucho a mi amada cuando era niña por lo gentil, y era igual de dulce que ella. Nunca me di cuenta que me gustaran los niños semi hanyou, eran diferentes a los niños humanos.

Caminó, siguiendo el camino ya marcado hacia aquel árbol mágico. Esperaba ver pronto el rostro de su mujer, ver su sonrisa y que le salude como siempre lo hizo.

Puedo sentir su aroma, esta muy cerca. Esa fragancia de jazmines y vainilla, cubriendo todo su cuerpo. Una mujer hecha y derecha, tan hermosa como lista, de sonrisa cautivadora y ojos luminosos. Era mi mujer, no podía ser de nadie más.

- Sesshomaru-sama... lo estoy esperando... - escuchó el canturreo acercarse.

Apresuró el paso sin saberlo.

Los días que no paso con ella son diferentes, es como si toda la magia hubiera desaparecido de la atmósfera y me encuentre nuevamente en el pasado. Pero cuando ella está todo cambia, todo vuelve a tener su color brillante y los olores son dulces y cálidos. Es extraño, cuando la encuentro es como si llegara a mi hogar.

- Rin...

Al verla me siento en mi hogar.

Estaba acostada en el césped, haciendo girar una flor roja en sus dedos. Su largo y sedoso cabello estaba esparcido por todas partes, y su rostro miraba el cielo con una pequeña sonrisa. Rin, escapas y te escondes para venir a este lugar... todo para que yo te encuentre allí, tan tranquila que ni siquiera me atrevo a molestarte. Tu hermoso kimono rosado, uno de mis tantos regalos para ti, armonizaba con tu piel blanca como el alabastro y el verde del césped. Todo armonizaba, si estabas tu.

- Sesshomaru-sama... vea las nubes conmigo. - dijo ella a la vez que buscaba su rostro entre los arboles, sonriendo aun más.

Ella pide cosas muy fáciles de hacer, o al menos la mayoría. Adoro estar junto a ella, sentarme con ella entre mis piernas o dormir a su lado. Con el tiempo nos volvimos indispensables para el otro y seguiremos así siempre, hasta la muerte.

Muerte... es lo que mas odio en este mundo.

- ¡Mire, se parece a Jaken-sama! - dijo riendo, señalando una de las tantas nubes que perezosas se movían en el cielo.

- Mira esa. - el yokai señaló una parecida a una flor, tomando la mano de su mujer y entrelazando sus dedos.

- Flores... ¿A usted le gustan las flores, que tipo le gustan? - le preguntó, mirándolo.

¿Qué si me gustan? Me gustan como te gustan a ti.

Es mas, tengo una a mi lado en este momento. De bellos pétalos rosados con pintitas de color castañas en las puntas. Es hermosa, y brilla bajo el cielo azul en este instante. Una especie no muy conocida, por que yo soy el único que la tiene.

Una flor llamada Rin, que comparte su hermoso aroma conmigo.

- Si así lo quieres, llenaré nuestro cuarto con flores al volver.

Besó su frente, olvidándose de todo lo demás. La apresó en sus brazos, acariciando su rostro con uno de sus dedos libres.

Hemos luchado contra esto siempre, jurando no volver a separarnos nunca del lado del otro. ¿Pero por qué ahora tienes que apartarte de mi lado? ¿Por qué no puedo contener esta tristeza que ahora siento? tantos sentimientos que oculté detrás de mi orgullo, y no puedo ocultar el dolor que tengo de alguna vez perderte.

Por qué se que te perderé...

- ¡Sesshomaru-sama!

Su gritó alarmó al yokai, que hizo que los dos se levantaran de golpe del césped. Diamantes rojos cayeron en las ropas blancas de Sesshomaru, que al chocar con esta de deshicieron en un manchurron bordó en la tela blanquecina. Miró a Rin, que sangraba violentamente de las fosas nasales. Ella lo miraba alarmada, horrorizada por lo que le estaba pasando a su cuerpo.

Lamentablemente pronto.

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La puerta lentamente se abre. Kagome salió de la cabaña con sus ojos irritados.

- Sesshomaru...

Sintió una ventisca a su lado y el cerrar de la puerta a sus espaldas.

Al abrirse la puerta

Me dirijo en cuerpo y alma hacia tí.

Se encuentra en la cama, con sus ojos cerrados muy fuerte. Sesshomaru caminó con rapidez a su lado, acariciando su rostro con suavidad. Rin abrió los ojos, posando su mano en la del yokai. Sus manos estaban frías, muy frías. Se miraron durante unos minutos en aquel lugar, evitando palabras. La estola de Sesshomaru cubrió sin querer todo el cuerpo de la mujer, proporcionándole calor. Unas voces se escucharon fuera, pero no les hicieron caso. Nada importaba, ni lo que Kagome estaba declarando, ni el llanto de Sango, ni las maldiciones ahogadas de Inuyasha o el silencio de Miroku.

Ya nada importaba.

- Se-sesshomaru-sama... - susurró con la poca voz que le quedaba. Las lagrimas comenzaron a rodar por sus mejillas.

- Calma. Ya todo acabó. - le susurró en respuesta su señor. Acarició y quitó sus lagrimas, con sus finas y suaves garras.

- ... - lloró con mas fuerza, intentando acallar sus sollozos. Intentó sentarse pero los brazos del yokai la tenían cautiva. - Sesshomaru-sama... por favor...

- Rin...

Las lagrimas salían por propia voluntad, nublando la vista de la mujer. Acarició con una de sus manos frías el rostro de Sesshomaru, que la miraba con un pequeño ceño fruncido y ojos tristes. El brillo dorado relucía en la pequeña luminosidad de la habitación.

- ¿Te sientes mejor? - le murmuró al estar a su lado, acostados en aquella cama.

Ella asintió, apretándose en el pecho de su yokai.

- Sáqueme de aquí, Sesshomaru-sama.. Por favor... - susurró otra vez, mirándolo a los ojos.

- ...

La puerta se abrió.

Todos estaban fuera, con sus miradas en el suelo y abrazando a quien tenían cerca. Cruzaron sus miradas con el daiyokai que avanzaba hacia el bosque. Inuyasha y Miroku miraron a su dirección, seguidos por sus mujeres. Kagome, ya con gruesas lagrimas en los ojos, intentó avanzar hacia ellos. Pero su esposo hanyou intervino, negandole con la cabeza y abrazándola por la cintura.

- Déjala ir... - le susurró al oído, mientras miraba a su medio hermano adentrarse en el bosque con Rin en brazos.

Kagome cayó de rodillas con Inuyasha aun abrazándola. Cubrió su rostro con sus manos y sollozó en silencio, siendo consolada por su hanyou. Miroku y Sango miraron el sol en aquel azul cielo que comenzaba a tornarse rosado.

- Vayamos a ver a los niños. Hay que... decirles. - habló al fin Miroku, con la cabeza gacha.

Bello atardecer...

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- Sesshomaru-sama... mire...

Y Sesshomaru vio, aquel árbol donde antes se habían despedido.

De aquel árbol brotaban flores rojas, unas grandes como una rosa y otras pequeñas como sus capullos. Colgaban de las ramas como campanillas, meciéndose perezosas con el viento

Como si hubieran retrocedido once años en el pasado, el viento sopló sus blancos cabellos otra vez.

Algo había cambiado, pues estaba el árbol aquel frente a un precipicio. Toda la aldea vecina podía verse debajo de aquel lugar, y las montañas a lo lejos con el sol que amenazaba con irse. Rin y Sesshomaru observaron toda la escena al lado de aquel roble, recordando los viejos tiempos. Se sentaron en las raíces, con ella sentada entre sus piernas. La acunaba con mucha delicadeza, como si con un solo roce pudiera romperse su piel de porcelana. Ella miró el atardecer, acariciando los brazos del yokai que la envolvían con ternura.

Sesshomaru escuchaba los cálidos latidos de su corazón acompasados con el de Rin, tan vivo y humano. Sentía su respiración, el exhalar e inhalar con lentitud. Él también inhaló, sintiendo el perfume de las flores en uno de sus sentidos.

- Es hoy... Sesshomaru.. ya es hora..

La voz de Rin lo tomó por sorpresa.

- ¿De qué? - preguntó él, no quería pensar que era aquello que había negado todo este tiempo. - No, Rin... No es hora, tienes que aguantar un poco más.

Porque el no podría vivir así...

- Sesshomaru-sama... - sus susurros eran suaves y bajos, con la ternura en sus palabras. - ...¿se acuerda cuando nos conocimos?

- Claro que si... no lo olvidaría nunca, Rin... - le susurró en respuesta.

Rin sonrió, apoyando su rostro en el cuello de Sesshomaru. Miraron el atardecer que comenzaba a ser naranja rojizo.

- Yo quería estar siempre con usted, Sesshomaru-sama. Quería seguirle... - el yokai sintió las lagrimas resbalar por su ropa, provenientes de Rin. - quería quedarme para siempre con mi señor...

No lo contuvo, no dejó que ese sentimiento volviera a ocultarse.

- Era un día gris y normal, cuando diste a mi vida un tono especial. - su suave voz cantando calmó los demonios de Sesshomaru, que escuchaba atento su voz. Era la nana que la "abuela" Kaede le había enseñado, antes de fallecer. - Dulce amor en mí vivirás...Tierno amor en mí vivirás...

¿Para siempre?

- Rin... no te vayas... - le susurró, ahogando un gemido bajo. La apretó mas, haciéndola abrazarse a él. - No te apartes de mí, por favor...

- Sesshomaru-sama... ¿Desde cuando pide por favor? - le pregunto con una sonrisa, acariciando sus brazos.

Dulce amor en mi vivirás... tierno amor en mi vivirás...

- No vayas... Rin...

Ella sonrió de nuevo, pasando los brazos por la espalda del yokai. El atardecer comenzó a ser rojizo.

- No me iré... estaré siempre con usted...

- Quédate junto a mí, Rin... ¡No quiero que mueras! ¡Te necesito conmigo!

Su voz se quebró, y la muchacha que estaba sonriente volvió a llorar, abrazándose mas fuerte a él. Sintió en su mejilla unas lagrimas frías, que cayeron de aquellos ojos dorados.

Nos veremos un día

El pensar que es posible fuerzas me da

Pasaremos unidos la eternidad

Y encontraremos la paz.

- Sesshomaru...

Su rostro estaba consumido por el dolor, aquella tristeza y impotencia que era demostrada en cualquier humano. Pero ver ese rostro, en el rostro de su señor...

- Rin...

Ella lo miró a los ojos, aquellos pares de soles llenos de lagrimas. Acarició el rostro de su amado, quitando las lagrimas que nunca debieron estar allí. Él hizo lo mismo, acariciando la suave piel de sus mejillas sonrosadas. Rin sonrió, y supo que no tuvo miedo.

El atardecer... dejó su color al desaparecer del sol.

Nubes en el cielo no hay

Solo un débil azul en la inmensidad

Mi dolor no puedo ocultar

El adiós ha llegado ya.

- Te amo... - Le sonrió, aun con lagrimas en sus ojos. Tomó su fría mano con la suya, acercándola hacia su corazón. - ... Rin...

Era un día gris y normal

Cuando diste a mi vida un tono especial

Dulce amor en mí vivirás

Tierno amor en mí vivirás...

Ella le sonrió, riendo y llorando a la vez. El llanto le ganó a la risa, abrazándose con necesidad. Unieron sus labios en un beso, tomándose con pasión y dolor. Una lagrima resbaló de su ojo castaño, cerrándolos por única vez.

- Te amo, Sesshomaru...

...Para siempre...

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Próximo capitulo: final.

Sin palabras, escribir este capitulo me hizo llorar a lo loco.

Reviews :')

PD: Los amo, encantadores lectores que son tan... tan geniales ^-^

By: Shelikernr.