La felicidad & la tristeza son efímeras... solo que hay que darse cuenta de los pequeños detalles que nos hacen sonreír y dejar de darle de más importancia a la tristeza ya que no nos interesa.

-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-

- Perdona por no visitarte ayer, de nuevo nuestras tierras están algo complicadas.

Los cantos de las aves, el crujir de las ramas, el sacudir de las verdes hojas, el caer de las flores rojas. El sol iluminaba todo el campo, haciendo brillar hasta la mas pequeña flor de aquel roble. Caían sus pétalos en el verde césped de primavera. Estaba sentado allí, frente a ella.

- Todo por aquí esta muy tranquilo. Deberías ver aquel roble que planté frente a tu antigua cabaña. Aquella amiga... Kasumi, que se casó con Kohaku, adora ese árbol mas que su propia vida. Dice que la hace recordar los viejos y felices tiempos, y no puedo estar más de acuerdo. Ella te contó que esta embarazada, ¿No es así? Tendrá una niña, ya sabes, lo se por el olfato.

Con su agudizado oído, escuchaba las risas de los niños en la lejanía. Escuchó las replicas de su hermano y su mujer a sus hijos, los gritos de la exterminadora hacia el monje pervertido, el maullido de la nekoyokai, un "¡OSUWARI, BAKA!" de su cuñada... Escuchó todo, escuchó la risa angelical que hacía sus días brillar.

Suspiró, llevando una mano hacia sus cabellos.

- ¿Recuerdas cuando me habías "regañado" por no tratar bien a los niños?, ya sé, ¡Ya sé! Estuve arreglando eso. No puedo creer que me hagas hacer esto, por que sabes que lo hago solo por ti... Jugué con ellos a las escondidas, a atraparse, a las princesas... no quisiera que me vieras de esa manera, fue muy humillante. Daisuke, tu sobrino, es muy buen niño además de fuerte. Cómo me habías dicho, los niños no son tan malos. Ichigo, tu sobrina, es tan encantadora como tú de niña. Gritarías si la escucharías hablar, le estoy enseñando los antiguos pergaminos con los que yo mismo te enseñaba a leer. Seguro te reirías de mí...

Miró el cielo, buscando algo dentro de su haori.

- Ah, ya me acorde.

Sacó de él una coronilla de flores blanca, muy bien trenzada y delicada.

- Te la hicieron las niñas, dicen que a ti te quedaban bien. ¿Te acuerdas aquella coronilla azul que me habías hecho cuando fue tu décimo cumpleaños? Todavía la tengo, colgada en el portal del ventanal de nuestra habitación. Respecto a nuestra habitación... tengo algunos "inconvenientes" con nuestra concubina. Ella quiere dormir en nuestra habitación, ¿Debo dejarla? Ya es muy grande para tener una habitación propia...

El viento sopló mas fuerte, llevándose los pétalos rojos y alborotando sus largos cabellos. Sonrió, mirando el cielo.

- Ella es hermosa. Hoy le regalé un kimono muy parecido al tuyo cuando eras niña, no para de sonreír como tu y baila y canta. ¿Sabes de quien ha heredado eso? De mi padre, aunque no lo creas. Todavía me acuerdo cuando padre cantaba en los pasillos del castillo... - Se rascó la cabeza, aun sonriendo. - Como ya sabes, hoy cumple diez años. Tiene su cabello muy largo, y mas blanco que el mío. Ha sacado tu sonrisa, y no puedo estar mas contento. ¿Sabes que sus ojos además de ser dorados son castaños? Las noches de luna nueva, junto a su infantil tío se pelean por quienes tienen los ojos mas bonitos. Es obvio que nuestra hija, ella es la hanyou mas hermosa... Ah y... Kagome esta embarazada de nuevo, y parece que tendrá otro varón. ¿Piensas que debería decirle? El olfato de ese hanyou esta fallando un poco...

Se escucharon unos grititos infantiles acercarse, alejándose de los niños con los que jugaba.

- Hablando de nuestra hija... - suspiró. - Bien, creo que no voy a seguir tu consejo esta vez. El hijo del monje ya le ha dicho que es hermosa. Es que.. lo se, pero no puede decirlo nadie mas que no sea yo. ¿Crees que no me di cuenta? Estaba coqueteando con mi hija, mi hija. Yo no puedo dejar que un inútil y pervertido humano toque a mi hija, que tiene sangre del gran Sesshomaru...

Cerró sus ojos, apretando débilmente la coronilla en sus manos. Tuvo cuidado de no romperla.

- Te extraño, Rin... No sabes cuanto te extraño. Desearía que estés con nosotros, que veas a nuestra hija crecer y sonreír junto a ella. - suspiró otra vez, dejando ver sus ojos dorados otra vez. - Cuando ella sonríe, te veo a ti. La anterior luna nueva se vistió como cuando eras niña y amarró uno de sus mechones en una coleta, ¿Sabes que frase me ha dicho?

"Sesshomaru-sama, Rin lo quiere con todo el corazón"

- Fue... mágico. Estaba viéndote a ti otra vez. - levantó el rostro con una pequeña sonrisa. - Rin... No abandonaste este mundo después de todo.

Dejaste tu corazón conmigo...

De pronto solo vio negro, y escuchó una risita muy de cerca que conocía tan bien..

- ¿Quien soy? - preguntó esa voz infantil, riendo aun más.

...Tu risa y tu sonrisa, también me las has dejado.

Sesshomaru tomó las manitas que tapaban sus ojos, haciendo una pequeña mueca.

- Sakura, mi hija. - dijo el, con su peculiar tono de voz.

Entonces esos ojos dejaron de estar ciegos, viendo a una niñita con ellos.

Tenía un rostro de ángel, con grandes ojos dorados enmarcados de largas pestañas. Su cabello blanco caía suelto y lo llevaba hasta la cintura, Unas orejitas caninas lucían como coronillas arriba de su cabeza. Tenía una gran sonrisa en su rostro y un kimono rosado con flores lila de vestir. En sus manos había una gran coronilla azul, con pequeñas flores rojas intrincadas en ella.

- La hice para mamá. - le dijo la niña con una gran sonrisa en el rostro.

Sesshomaru se levantó, removiendo su larga estola a su paso. Tomó la mano de su hija mientras avanzaba unos pasos. Se arrodilló allí, frente al lugar en el que Rin y él compartieron su vida. Colocó la coronilla blanca arriba de la roca rectangular, adornándola.

- Ahora pon la tuya. - le dijo a la niña, que esperaba su turno detrás de su padre.

Ella se arrodilló al lado de Sesshomaru, cerrando sus ojos y posando con suavidad la coronilla azul arriba de la roca. Las dos coronillas quedaron colgando de distintos lados, brillando bajo el sol.

- Padre...

Sesshomaru la miró. Estaba con su rostro mirando al suelo, con sus manos convertidas en puños en su regazo.

- Dime.

- Yo... etto... se que no te gusta hablar de esto pero... - cerró sus ojos dorados y apretó los colmillos. - ¿Por qué no me cuentas sobre mamá?

El daiyokai parpadeó, mirando como su hija comenzaba a mirar hacia otras direcciones. ¿Por qué? Por que no le hablaba sobre su madre, sobre su esposa. Le preguntaba por que no tenía la suficientemente confianza para contarle, también le preguntaba por que no superaba el luto, por que no podía dejar de deprimirse al recordar su muerte, por que no podía olvidar ni un minuto de aquellos momentos en los que la vio sufrir...

Pasaron seis años y no pudo olvidarlo. No pudo olvidar aquel atardecer, el día en el que su amada cumplió 21 años de edad. Estaba en todo su esplendor, reluciendo entre las demás y sonriendo como si no pasara nada terrible. Aquel atardecer, cuando la perdió, nunca lo olvidó. Nunca dejó que aquel recuerdo se borrase de su mente. Ni cuando hicieron juntos el amor, ni cuando a las dos semanas se enteraron de que esperaba un bebé, tampoco olvidó el momento en el que su hija nació aquella noche tormentosa... La manera en la que la acunaba entre sus brazos y lloraba de felicidad, aquellos ojos castaños y esa sonrisa...

- ¿Papá?

Sus manitas se posaron en las mejillas del yokai, mirándolo con sus curiosos ojos dorados. Sesshomaru vio como el rostro de su hija cambiaba a distintas expresiones: Curiosidad, luego sorpresa, luego un temblor en los labios, luego unos ojos llorosos.

- No llores.. - le dijo Sesshomaru mientras quitaba esas lagrimas de las mejillas de Sakura, dándole una pequeña sonrisa.

Ella siguió sollozando, acariciando con sus manos el rostro de su padre.

- Entonces tú no llores, padre. - le dijo.

- ¿Llorar? ¿Ves alguna lagrima en mis ojos? - le dijo con una media sonrisa mientras la abrazaba.

- Tu rostro me dice otra cosa.. - Sakura se sorbió la nariz, frotando sus ojos con los puñitos.

Se mantuvieron abrazados frente al roble, absorbiendo los sentimientos del otro en ese cálido abrazo. La tarde de primavera se hacía cada vez mas fresca al paso que la noche se acercaba. El anaranjado cielo los coloreó junto con las nubes.

- ¿Te dormirás aquí? - le preguntó el daiyokai al sentir como la hanyou dormitaba en sus piernas. La pequeña pestañeó.

- Este lugar me produce mucha tranquilidad... ¿No te pasa a ti? - le pregunto algo adormilada, cerrando nuevamente sus ojos dorados. - Oye... ¿Mamá era bonita?

Sesshomaru asintió, con una pequeña sonrisa.

- Era la mas hermosa. - Los ojos de Sakura brillaron, sonriendo. - Era la mujer mas hermosa del mundo. - susurró.

Pasó tiempo donde no volvieron hablar, solo se quedaron en silencio.

- Padre, ¿Mamá me contaba cuentos? - habló ella por fin.

Sesshomaru suspiró, acariciando el cabello blanco de su hija.

- Tu madre te cantaba, desde tu nacimiento hasta... - enmudeció, mirando el árbol de frente con sus ahora fríos ojos.

- Lo lamento. - susurró la hanyou, muy bajito. Otro pensamiento pasó por su mente infantil. - entonces si ella me cantaba... ¿tu eras el que me contaba cuentos?

Sesshomaru resopló, haciendo reír a Sakura al ver la expresión de su padre. Estaba impresionado de como su hija le daba al blanco a todas las respuestas correctas.

- Nunca te acordarás de mis cuentos, eras muy pequeña. - le dijo, mirándola de reojo.

- ¿Podrías contarme un cuento ahora? - le pregunto con una pequeña sonrisa. - ¿Podrías contarnos un cuento?

Sesshomaru la miró, viendo como los ojos de su hija miraban con ternura la tumba adornada de flores de su madre. Jugó con sus pensamientos un buen rato, esperando a que el atardecer aparezca por fin. Parecía interminable, tan eterno...

- Escucha con atención. - dijo, con su habitual voz fría. Sakura asintió con una sonrisa, sentándose en el regazo del daiyokai.

El viento removió sus cabellos con fuerza. Los dos cerraron sus ojos por puro instinto, respirando aquel aire dulce.

- Hace mucho tiempo...

...

Hace mucho tiempo, en una aldea muy lejana, habitaba un poderoso daiyokai que no tenía compasión ante nadie. Mataba a quien interfería en su camino y era el mas poderoso de todos los demonios. El gran perro demonio, lord de las tierras del oeste.

Cierto día, fue herido gravemente por el ataque de una espada. Se recostó bajo un árbol a esperar la curación de sus profundas heridas. Aquel demonio sentía ira, ira de perder contra alguien de bajo nivel. Toda la ira acumulada a lo largo de su vida era por su medio hermano hanyou, que con el paso del tiempo pudo incrementar su fuerza a sus espaldas.

Pero entonces, de los matorrales aparece una silueta humana. El daiyokai comenzó sus métodos para aterrar a la criatura y poder estar solo, pero cuando de dio la vuelta con sus grandes ojos rojos nadie gritó. Había una pequeña niña, de unos diez años parada al lado de un roble. Su kimono estaba sucio y tenía bonitos ojos castaños, pero para el gran demonio los humanos eran inútil y de raza inferior. Sin embargo, aquella niña nunca temió por su vida. Parecía temer por la vida del yokai, viendo sus profundas heridas casi sanadas.

Desde ese día la niña lo visitaba todas las mañanas, llevándole comida y agua para su recuperación. El yokai se burlaba en silencio de la hospitalidad de la niña, pensando que era demasiado ignorante como para saber que él detestaba la comida humana. Aunque le negase repetidas veces, ella volvía con un plato de comida a él.

Cuando por fin el daiyokai se recuperó completamente, se alejó de aquel bosque ordinario. Caminó y caminó por un sendero, y lo que encontró allí lo sorprendió un poco. La niña que le había ofrecido alimentos se hallaba tirada inerte en el suelo, con sus ojos sin vida e inexpresivos. El Gran Yokai sintió compasión sobre esa niña y la revivió con sus grandes poderes, devolviendole una oportunidad para vivir. Desde ese día esa niña lo siguió a todas partes, convirtiéndose en su compañera al viaje del poder superior. Los meses pasaron y el gran yokai le tuvo mucho afectó a esa niña, hasta que la llegó a considerar su esposa cuando llegue a la edad adulta. La quería y mucho, era su protegida y lo sería para siempre.

Un día cualquiera la pequeña sufrió unas terribles convulsiones, y fue cuando el yokai corrió alarmado hasta una sabia miko. La joven y inteligente miko inspeccionó lo que tenía la humana, tomándole la temperatura y extrayéndole sangre con un extraño objeto mágico. Después de muchas horas y momentos de nervios, la joven miko de ojos cafés le confirmó lo peor. Su hermosa y tierna humana estaba enferma, y no había vuelta atrás a aquella enfermedad.

"Donde provengo se llama Leucemia, causa muchas muertes si no es tratada con rapidez. Por suerte la he descubierto a tiempo y su vida puede ser prolongada mucho tiempo si nos lo proponemos." había dicho la miko al yokai, mirándolo con esos molestos ojos que decían muchas cosas a la vez. El yokai, derrumbado por aquella noticia tan triste, le ordenó a aquella poderosa miko que la salve de todo mal que pueda tener en su cuerpo. Fue así que con las curaciones mágicas y el amor que le tuvieron los demás aldeanos en aquella aldea fue mejorando, y pudo llevar una vida feliz junto a su señor.

Los años pasaron y la pequeña niña se convirtió en una hermosa mujer, que también a su vez se convirtió en la esposa del gran yokai y señora del oeste. Se casaron cuando ella cumplió 19 años, al enterarse que esperaban a un hermoso bebé que uniría la raza humana con la InuYokai nuevamente. A pesar de que él odiara a los hanyou y la mezcla de sangre, olvidó todos sus prejuicios para siempre solo por su mujer. Prometió amar a su familia y no volver a ponerle una mano encima a quien quiera que no le haga daño, solo por el placer de ver feliz a su hermosa humana.

Fue una noche tormentosa cuando el fruto de su amor nació. Pesaba 2kg, con grandes ojos dorados y nariz pequeña. Tenía pequeñas orejas caninas arriba de su cabeza, que se movían levemente si alguien las tocaba. Aquella noche en que nació, la mujer lloró de felicidad, abrazando a su pequeño hanyou recién nacido y cantándole canciones de cuna. El gran yokai no podía estar mas feliz, por fin tenía un heredero.

Dos años pasaron desde el nacimiento del Gran Yokai y su esposa humana, entonces decidieron para celebrar ir a la aldea de su medio hermano y visitar a la familia. La esposa había ido a recoger sola flores, sin la vigilancia de nadie y ¡Completamente sola! El gran yokai estaba en esos momentos muy ocupado, pero al llegar su sobrino le dijo que se encontraba bien, que le estaba esperando. La encontró en un claro mirando el cielo, y así el se le unió al instante. Observaron las nubes por mucho rato, hasta que una desgracia interrumpió el bello momento. A sus ojos su hermosa esposa sangró por sus fosas nasales, brillante carmín de la sangre.

Con la suerte de que su hija este al cuidado de una de las mujeres de la aldea, fueron desesperados con la miko. Ella la curó con delicadeza y con toda la magia que podía haber en este mundo, sanando a la pobre humana que yacía mas enferma mientras los días pasaban. Al entrar donde se encontraba, la humana le pidió al gran yokai que la saque de allí. El entendió a duras penas que no quería abandonar este mundo en la oscuridad, quería ser abrazada por los últimos rayos del sol y siendo tomada por su fiel amor.

Fue así como, bajo la sombra de un árbol y mirando el atardecer, su amada se despidió del gran yokai. Se dieron un tierno beso en los labios y sintió su vida escapar de sus labios, no sin antes susurrarle palabras de aliento a su amado.

"Cuídala, ahora ella es mi corazón..."

Fue así cuando, bajo el rojizo atardecer, su amada esposa murió en sus brazos.

Pero aquel yokai no se dio por vencido, siguió viviendo con su hermosa hija hanyou. Plantó un hermoso roble de flores rojas como la sangre al lado de la cabaña donde ella solía vivir, y enterró los restos de su apasionado amor bajo el árbol donde alguna vez se despidieron. De ahí miles de flores crecieron, adornando el suelo verde con diminutas flores blancas y azules. El gran yokai, pese a que el dolor de la perdida sea grande, cumplió con su promesa y le sonrió a la vida. Su amada esposa sigue con vida en su alma, y en el corazón de su heredera yace el alma de aquella humana que alguna vez fue la Señora del Oeste. Aquella humana que fue y será la dueña de su corazón.

Se dice que, siguen viviendo. El gran yokai perro y su hija hanyou, viven juntos en un palacio donde algunas veces se escucha la risa ausente de su amada.

...

- ¿Sakura? - movió con delicadeza el cuerpo de su hija, encontrándose con una hanyou completamente dormida. Parecía descansar tranquilamente, con una de esas pequeñas sonrisas. Uno de sus colmillos estaba al descubierto, y su cabello blanco cubría sus delgados hombros.

Suspiró, levantándose del suelo con su hija en brazos. El sol dio sus últimos rayos naranjas sobre el árbol y la tumba, haciendo el paisaje cada vez mas bello y nostálgico. Sesshomaru miró por un segundo la tumba, regalandole una sonrisa a la aun presente alma de su amada mujer.

- Volveré a verte mañana, Rin. - le susurró bajito, sin despertar a su hija.

Se volteó y dio unos pasos, cuando el viento sopló con mas fuerza aun. Era cálido y con ese hermoso aroma.

Sesshomaru-sama...

Se giró con brusquedad, siendo testigo de aquella voz que hace ocho años no pudo volver a escuchar.

Bajo aquel árbol el viento hacía girar las hojas, y la brisa comenzó a tomar una forma humana ante sus ojos. Parecía que las pequeñas fajaras de viento comenzaron a tomar color, primero un suave rosado... y arriba, dos ráfagas de viento castañas. brillantes. Bailaron a sus ojos esa ventisca que formaba esa figura, esa presencia volvió a aparecer...

- Rin...

Le sonrió, mirándolo con ternura en aquellos ojos castaños.

- Lo amo, Sesshomaru-sama...

Entonces se disolvió al tiempo que el atardecer trajo la noche.

El viento volvió a ser tranquilo y fresco, sintió como su pequeña se removía entre sus brazos. La pequeña parpadeó con sueño, frotándose sus ojos con los puños. Miró hacia arriba y lo único que hizo fue quedarse callada.

- ¿Padre? ¿Qué ocurre? - le preguntó ya curiosa, solo podía ver el mentón de su padre y no sabía que estaba viendo. Estaba siendo cubierta por la larga estola del yokai. Sesshomaru bajo la mirada.

Sus dientes relucían a la luz de la luna, y las comisuras de sus labios estaban levemente alzadas. Sus mejillas parecían tener una tonalidad rosa pálido bajo aquella luz, mientras que sus ojos acompañaban la curva atractiva de sus labios.

Una sonrisa... pero una natural, alegre.

Sesshomaru inclinó su rostro, besando la frente de su hija con suavidad. Ella sonrió, cerrando sus ojos.

- Feliz cumpleaños, Sakura. - le dijo, y ella rió.

Caminaron nuevamente a la aldea, donde antes de adentrarse nuevamente al bosque fijo su vista hacia el árbol desde el rabillo del ojo. Aun en la oscuridad, vio aquella luz que se mantenía fiel en las ramas de aquel roble. Un roble repleto de recuerdos y sentimientos. Aquel lugar donde tanto amor dieron, cuantos besos compartieron y sus caricias fueron recordadas. Donde jugaron con su hija al nacer y donde se despidieron por ultima vez. Aquella silueta hecha de brisa pudo hacerlo feliz, por que sabía que la esencia de su amada estaba en el viento, en las flores, en el árbol, en su corazón... vivía con él, estaría con él acompañándolo para siempre. Observó, recordó las palabras de su alma hace minutos con una sonrisa en el rostro.

Lo amo, Sesshomaru-sama...

Yo también te amo, Rin.

La felicidad fue un regalo, un regalo al que él le sonrió.

Fin.

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Pues... aquí voy...

*comienza a llorar*

¡No vuelvo a hacer mas historias tristes, llore mucho! D':

Pero me encantó hacer la historia, siento que deje un poco de mí en cada frase. Muchas veces me pregunto como es que hace la gente para cambiar el corazón de una persona, es algo complicado para mí. Pero... oh dios, ver cambiar a Sesshomaru me fascinó. Rin le dio una lección de vida sobre como ser feliz D': *llora mas fuerte*

Quiero hacer acordar a algunas pershonitash que Rin no puede ser salvada de nuevo, ¿recuerdan lo que le dijo la madre de Sesshomaru? ella ya tuvo dos oportunidades, y el no podía jugar a ser dios. (llora y se deprime)

Gracias por leer la historia, gracias por todos los reviews y las visitas :'3

Los amo :'D y voy a seguir con mas historias, así que si quieren pasarse tengo dos que pueden gustarles. :3 :3 :3

Amo el romance :'3 Todos lo aman, lo sé. XD

Bye bye! cuidense y.. los quiero mucho 7u7 *Saluda energicamente con una mano*

By: Shelikernr.