Titulo: ¡Cuidado con los ojos!

Sumary: AU- Un experimento ilegal basto para que la humanidad fuera expuesta a una gran plaga que tan solo existía en la ficción. Las esperanzas se pierden al igual que las vidas cada día, pero un grupo de jóvenes se levanta a pesar de los terribles pasados de sus miembros. — ¡Ayúdenme!—Vaya, esto lo vi en The Walking Dead—¡Bienvenido al Mekakushi-dan, nuevo miembro!—¿¡Qué!?

Propiedad: Kagerou Project no me pertenece, si no a su creador.


Cuidado con los ojos

Capítulo 3
Mekakushi-dan

—El día será gratamente soleado, perfecto para dar un paseo junto a los que más quieres—decía la chica del programa de clima con su comercial sonrisa, casi como si fuera sacada de anuncios de dentífricos.

Levantó su cabeza que yacía bastante concentrada en un libro, observando las gráficas de clima que seguían intactas: Soleado toda la semana.

"No lo creo" Se dijo mentalmente. No creía en la perfección absoluta, tan solo era algo que se quería aparentar para tener una razón de sonreír y claro, el sol era brillante, tan brillante como el ánimo de la gente.

Cerró el libro y lo dejó a un lado, ladeó la cabeza hasta llegar a la nevera llena de pequeñas notas. Seto trabajaba y llegaría tarde al parecer, Kano…Bueno, no habían luces del idiota ¿Cuánto le costaba tomar un papel y escribir en el qué haría? Ya lo regañaría más tarde, como siempre. Hacía poco que ella había vuelto sola del distrito y él sin decirle nada se le había separado, su paciencia se colmaba en ocasiones.

Años que llevaba conociendo a ese rubio; cada gesto, frase y movimiento le eran completamente usuales, pero aún sentía que nada sabía de él. Tal como un gato venía y se iba sin aviso, solo volviendo cuando el cansancio o el hambre lo invadieran y claro, con su actitud de "nada ha pasado". Kano Shuuya era un imbécil y se lo recordaba a cada instante, bueno, un imbécil que la hacía preocuparse al tope.

—A cocinar…—susurró para sí con aquel objetivo, mas no lo pudo cumplir. Una foto fuera de lugar que adornaba uno de los antiguos mueble de madera, deteriorada por el tiempo: La foto de la infancia. Cuatro siluetas con una imborrable sonrisa fingiendo salvar al mundo, no temiéndole a lo cruel que la vida podría ser y sobre todo eso, felices.

No se preguntó por el hecho de porqué esa fotografía estaba fuera de lugar ni tampoco sobre el paradero del rubio, solo se hundió en el más profundo de sus recuerdos gratos donde la maldad no existía. Eso fue durante unos segundos o tal vez minutos, pero fue interrumpido por el estridente ruido de su teléfono recibiendo un mensaje.

"Líder, me ha ocurrido algo bastante gracioso y puede que no lo creas, pero está bien. Salí a dar un paseo al distrito comercial, estaba tranquilo caminando y adivina que paso: Comenzó.
Nunca espere que de verdad pasara tan pronto y claro, ¡todos estaríamos con la guardia baja en pleno ataque Zombie!
Vaya, esto lo vi en The Walking Dead y ¡nunca pensé que sería tan divertido!
Saque unas cuantas fotos de la experiencia para que las disfrutes como yo… La misión empieza, ¿No?"

Todo eso adjuntado a fotos de él sonriente posando junto a un caminante que parecía querer atacarlo, siempre con una reluciente sonrisa. Bloqueó su teléfono, lo volvió a abrir y captar las imágenes… En serio lo tendría que llevar con un especialista para que lo revisaran sí es que salía con vida de esa.

¡Solo había pasado una hora desde que regreso a casa y eso ya ocurría!

—Seto, distrito comercial, ahora—dijo la chica al marcar el número de ese contacto, escucho una afirmación afirmativa y una pregunta: "¿Qué paso?" —. Empezó…


Abrió los ojos con pesadez, su cuerpo seguía adormecido pero no lo suficiente para impedir que se levantara. Ella por fin escaparía de esa prisión, de esos tubos de ensayo y los constantes sueños artificiales en los que la hundían de vez en cuando. Olía la futura libertad en la que estaría

— ¿Lista? —escuchó fuera de su habitación (Si se le podía llamar así a un cuarto sellado totalmente por fuera para evitar la salida) haciendo que al instante se levantara para quedar en frente de lo que le impedía marcharse de esa prisión —Por favor, apártese de la puerta un segundo— siguió la instrucción para ver como la metálica y sólida puerta caía haciendo un fuerte ruido. Salió al fin.

—Gracias,—se limitó a decir al ver a su compañero, vestido tal como ella, de blanco, ahora este tenía una pequeña pistola que de seguro era de uno de sus guardias captores—¿no te hicieron daño?

Negó con la cabeza para entregarle el arma que portaba, esa expresión tranquila y sonriente le calmo los nervios que la iban a invadir de un momento a otro, ¿por qué ante él era tan vulnerable? No, no podía dejarse llevar por trivialidades aún, debían salir antes que los descubrieran.

Corrieron por los largos pasillos, blancos y silenciosos, aún nada salía mal, la vigilancia estaba congelada gracias a sus esfuerzos. Todo parecía ir bien, ella adelante familiarizándose con la forma de su arma y él cuidando su espalda, como siempre lo hacía. La alarma sonó al fin, el tiempo acabó y todo ese jodido laboratorio ilegal sabía de ellos.

No contaban con que ella fuera la con mejores habilidades en disparo de la resistencia Anti-Daze.


Nadie la veía y eso estaba perfecto. Sus ojos teñidos de un tibio carmesí señalaban aquello.

Su fiel Katana sonaba en su respectivo estuche colgado a su espalda, un ruido apagado que solo quien estuviera a centímetros escucharía y detectaría. Por un momento temió que eso alarmara a uno que otro infectado que caminaba a su alrededor aunque no era algo que la música de fondo no ocultaba. Esa canción seguía siendo la música de fondo y no le extrañaba, la cantante era bastante querida.

El distrito comercial estaba desolado y lleno de sangre en el piso, contrario a lo que había visto anteriormente cuando le había entregado la billetera a ese chico, ¿tan poco tiempo bastaba para infectar un edificio? Si eso era así era desalentador en el plazo en que toda la ciudad fuera infectada.

— ¡Aléjense de mí! —gritaron bastante cerca, los zombies, como siempre en las películas, siguieron el ruido. La duda quedaba en ayudar o no ayudar, sería tarde o no sería tarde… ¿Qué era correcto? Debía seguir buscando a Kano…— ¡No, les dije fuera!

Maldijo por lo bajo para desenfundar su espada de afilada hoja y dirigirse al lugar del grito.

Una chica tal como ella, al parecer de edades parecidas, era la víctima y a pesar que sus ojos estaban bañados en lágrimas pudo notar algo fuera de lo normal, el rojo teñido en sus ojos atemorizados. En un momento de descuido un caminante chocó con ella rompiendo esa invisibilidad que la escondía, contando los segundos de su fin vio como este seguía de largo hacía la chica.

¿Qué estaba pasando?

¿Esa chica atraía a los zombies o era su imaginación?


Dos hombres heridos en extremidades caían en el piso en frente a sus narices, lo esquivaron con facilidad. Ella no quería matarlos, por más que odiara a todo ser que perteneciera a esa desquiciada organización nunca, jamás, podría matar a alguien enfrente de él. Él era débil en muchos sentidos y temía que verla en acción lo dejara con serias secuelas.

— ¡La salida está al frente de nosotros!

La felicidad recorrió se helada sangre a la vez que eso le daba fuerzas para aumentar su velocidad de carrera. Disparó cuatro veces más acertadamente y sintió la puerta ya a su alcance. Insertó la clave de acceso que tanto les había contado conseguir y la puerta hizo aquel "Click" de la libertad.

Él la empujo haciéndola salir, la luz roja de alarma aún seguía intensificándose cada vez más en sus cuerpos. Al voltearse solo pudo verlo siendo disparado múltiples veces siempre con una sonrisa hacía ella, su sangre cayó al piso sonoramente salpicando en las paredes y…en ella.

—No…—sus labios temblaron, los guardias seguían disparando, el chico se mantenía en su lugar con los brazos extendidos tal como un escudo queriéndole decir solo con su expresión y gesto que escapara— ¡Haruka!

—Corre, se libre y… logra nuestro objetivo por ambos…— ¿Por qué siempre tenía que sonar tan malditamente amable? ¿Por qué debía actuar así? ¿Por qué sus lágrimas no se detenían? —Takane, ve.

El chico se acercó a los botones con sus últimos esfuerzos e hizo que las puertas se cerraran, Takane intento evitarlo, pero la puerta la había separado de la persona a la que más quería sin compasión. Golpeó el metal, lo pateó, hasta maldijo. Nada se lo devolvería.

— ¡Haruka!


"Muchos" era poca palabra para la masa de infectados que rodeaba ahora a la chica y a pesar de poder matar algunos con su arma, parecían aumentar cada vez más. Lo positivo era que esa muchacha, presa del pánico, había subido a uno de los estantes de productos que había y los lanzaba de vez en cuando un zombie lograba estar a una distancia peligrosa.

Envió un mensaje por última vez a sus compañeros para realizar el plan que tenía en mente, desquiciado, pero era la única manera de salvar a la chica; salió de la sección y montó el carro que debió ser el premio de un concurso de encontrar el envase de ramen ganador. Sin licencia y el mínimo conocimiento de autos que el de una bicicleta (Si es que contaba como un vehículo) giró la llave y retrocedió por error.

"Maldita sea" Fue su pensamiento más censurado. Volvió a intentarlo hasta que en un movimiento de suerte logró avanzar y llegar a salvar a la muchacha, quien al notar el auto su rostro se alivió al tiempo que sus ojos ya no eran rojos. Todo salía bien, en las maniobras la mitad de la masa había sido arrollada, pero el problema era otro: La muralla que no podía esquivar. Chocó lógicamente, su cabeza se golpeó con el manubrio mareándola levemente.

El impacto había sonado por todo el lugar.

En un momento pensó que la muerte abarcaba su cuerpo y que estaba en un profundo sueño, pero al escuchar como los caminantes golpeaban el averiado auto espabiló.

—No moriré aquí sin haber matado al imbécil…

Apretó con su piel el pedal para retroceder y abrió la puerta de una patada, clavó la Katana de lleno en la frente putrefacta del caminante cercano y con el vuelo que tomó para sacarla cortó a otros tres.

Su cabeza sangraba y eso era lo que menos le importaba, no le extrañaba el hecho porqué ese auto era el premio si ni siquiera tenía bolsa de aire para cualquier emergencia.

— ¡Vámonos! —gritó mientras que la muchacha la miraba preocupada, tal vez su aspecto no era del todo bueno, pero ya tenían el camino desocupado y debían aprovechar eso.

Corrieron para evitar otra horda hambrienta.

— ¡Gracias, muchas gracias!

—Ajá.

Bueno, ella nunca había sido demasiado buena hablando o todo lo que implicara socializar con...gente.

—Kisaragi Momo, ese es mi nombre.

Ella sonaba feliz, agradecida en cada frase por lo que tuvo que responder.

—Tsubomi Kido, ese es el mío.


Era curioso.

Siempre su corazón latía con fuerza al verlo, sus mejillas enrojecían cuando este le mostraba sus dibujos exclusivamente a ella y sobre todo, al sentir su cercanía. Haruka Kokonose estaba probablemente muerto y nunca podría decirle lo que pospuso, esas dos palabras que juntas hacían cinco letras que marcaban una gran diferencia en una relación.

"Te amo"

Siempre lo tuvo tan cerca, en la escuela, en sus investigaciones y hasta tiempos libres, pero no pudo. Ahora se lamentaba mientras corría, no para salvarse, para no hacer que esa muerte fuera en vano.

Ya era libre, había llegado a la cima de la colina que indicaba la libertad absoluta. Su mente empezó a estar confusa, rara, como si quisiera tener una especie de error que la apagara por completo.

Cerró sus ojos cediendo a la sensación para no volver a pensar en esa cálida, última, sonrisa que él le dedico.


— ¡Kido! — exclamó una voz familiar acercándose. Ese era Seto, no lo podía confundir con nadie más. — Disculpa la demora, tuve algunos problemas para entrar…

El alto muchacho vestido de verde río algo nervioso mientras se rascaba la nuca, un cuchillo yacía en su mano manchado con restos de carne bastante pálida. Lo miró interrogante.

—Lo pedí prestado de una pescadería cercana, no tuve tiempo de volver a casa a buscar otra cosa…— Kido suspiró. No importaba con que arma estuviera el chico, el resultado siempre sería el mismo— ¿y Kano?

—No lo encuentro aún… —ella volteó a la chica, Momo si su memoria no fallaba— ¿Crees poder evitar hacer lo que hiciste hace rato?

— ¿Hacer qué? — preguntó confundida Momo desarmando esa media coleta que tenía a un lado de su cabello claro y volviéndola a armar. Seto también esperí la respuesta, parecía no entender que quería decir su líder.

—Eso…, bueno… ¡Atraer la atención! — sí, era difícil de explicar, pero tenía el presentimiento que Kisaragi Momo era tal como ellos.

— ¿Atraer la atención?

—Sí.

Un mensaje llego a su teléfono, nuevamente era Kano.

"Líder, ¡sigo divirtiéndome!
Aunque creo que el chico a mi lado no, está que se desmaya de lo pálido que está Kukuku
Creo que necesitare refuerzos, te mando fotos de mi ubicación.
Kano, fuera."

—El lugar del auto… ¡Seto, Momo síganme!


Ene…—escuchó como si estuviera bastante lejos, era la voz del maestro—, solo quería agradecerte, si es que me estas escuchando. Fuiste mi pilar por este corto tiempo…También quiero disculparme contigo, Ayano…

¿Qué había pasado? No recordaba nada en absoluto.

—Maestro… ¿sigue ahí? —No veía nada, solo el interior del bolsillo rojo de su maestro— ¡Maestro!
No siguió intentándolo, después de todo Shintaro no estaría con los auriculares puestos.

Por alguna razón la forma de su cuerpo estaba variando, sus mejillas sentían más pixeles de lo normal y no tardó en descubrir lo que eran…

"¿Lágrimas?"


Allí estaba él, tirado en el piso sangrando y sin mostrar su rostro, a su lado el chico que en el mensaje mencionó.

El filo de su espada cortó con facilidad y precisión a pesar de la punzada de dolor que seguía afectándola desde el choque. Avanzaba lentamente para evitar las inesperadas olas de mareo que atormentaban de vez en cuando. Al final Seto había hecho más de la mitad del trabajo con ese cuchillo carnicero.

Kido se lanzó de rodillas al piso soltando la Katana. Miró el estado de ambos y suspiro cansada.

— ¡Kano! —exclamó ella.

—Lo siento, él…—percibió el intento de hablar del extraño chico, aunque si lo veía con más cautela… ¿No era el de la billetera? Eso no importaba. Divisó a Kano hasta dar en el punto de su engaño, frunció el ceño para golpearlo con fuerza en el estómago.

"Revivió" mágicamente.

—Deja de bromear, idiota—su molestia no la disimuló, pero ya la tranquilidad volvía a su cabeza—.Siempre nos haces eso, de verdad pensé que ahora… ¡Imbécil!

— ¿Ninguna lágrima para mí, Kido? —rió Kano con sarcasmo. Un golpe en la cabeza fue su gran respuesta, era el borde de su paciencia y no dudó en demostrarlo.

— ¿Estás bien? —Le pregunto Seto al chico— Te vez algo descompuesto.

Sin más el chico se desmayó.

— ¿Hermano? — dijo Momo que no se había acercado hasta ahora, parecía desconcertada por completo afirmando sus manos en su pecho. — ¡Hermano!

Un silencio invadió de pronto, Kido se levantó sosteniendo su cabeza y tomando su Katana nuevamente, no había tiempo de explicaciones y el salir del distrito comercial era lo esencial. Seto llevó al chico con mucha facilidad a la vez que buscaban una ruta para seguir sin mayor conflicto.

—Así que es tu hermano, que coincidencia—dijo Kano con cierta risilla, esa risa tan característica suya. Momo asintió nerviosa.

— ¿Quiénes son ustedes? Es que… nadie se atrevería a hacer lo que ustedes hicieron… —hablaba Momo, Kido por primera vez sonrío en el distrito.

—Nosotros somos el Mekakushi-dan.

No le dio tiempo a responder o preguntar otra cosa a la extraña, pues de un momento se dejó caer sobre su espada. Con las preocupadas miradas de sus amigos y la desconocida. Se regañaba por nunca tomar clases de manejo o algo similar.

"Jodido auto sin bolsas de aire"


Fin del capítulo tres.