Titulo: ¡Cuidado con los ojos!

Sumary: AU- Un experimento ilegal basto para que la humanidad fuera expuesta a una gran plaga que tan solo existía en la ficción. Las esperanzas se pierden al igual que las vidas cada día, pero un grupo de jóvenes se levanta a pesar de los terribles pasados de sus miembros. — ¡Ayúdenme!—Vaya, esto lo vi en The Walking Dead— ¡Bienvenido al Mekakushi-dan, nuevo miembro!— ¿¡Qué!?

Propiedad: Kagerou Project no me pertenece, si no a su creador. Oh sexy Jin.


¡Cuidado con los ojos!

Capítulo 4
Mekakushi-dan (Parte dos)

Una brisa despejó el molesto cabello que yacía sobre su frente. Se removió en su mismo lugar para sentir el incómodo piso en su espalda. Sus sentidos estaban volviendo en sí al igual que los recuerdos de la situación anterior, quiso gritar que estaba en medio de una mentira, mas nada hizo.

Abrió los ojos una vez para cerrarlos nuevamente, su cara ardía en fiebre y no lo negó, pero quería seguir cayendo en el sueño. Hace bastante que no dormía sin soñar nada, solo quedando en blanco junto a su conciencia y disfrutarlo era lo más lógico en esos momentos según él.

— ¡Rápido, el camino está despejado otra vez! —gritaron.

—Toma al chico y vamos—otra voz alzada se rebeló, ninguna le era conocida, pero sintió como su cuerpo era tomado tal como un costal de papas y llevado lejos.

Shintaro no iba a despertar en un buen rato al parecer y era por ello que Kido lo miraba con desprecio en ocasiones ¿Razón? Sus propios parpados pesaban y por cada paso que daba sus piernas flaqueaban al punto de querer ceder. Ella estaría en el piso si Momo no la ayudaba a caminar.

— ¿Cuál es tu nombre, Kido? —preguntaba Kano a cada momento conservando una gran sonrisa con el objetivo de tranquilizar, sin conseguirlo, pues ya se estaba irritando que el chico no se despegara de la delantera.

—Imbécil, ya tú mismo lo has dicho—contestaba por la misma cantidad de veces que había escuchado la pregunta.

—Kukuku~ ¡No eres divertida, Kido!

Los ojos de la chica estaban a punto de cerrarse para cuando una ligera sacudida la hizo que volviera en sí.

— ¡Kido-san, no te duermas!

Bufó con toda la fuerza que tenía, sabía a la perfección que luego de un golpe en la cabeza perder la conciencia o dormir no era accesible, pero no lo podía soportar del todo.

Autos policiales pasaron por en medio de ellos causando que tuvieran que moverse a las orillas, los disparos no se hicieron esperar a sus espaldas.

Con un nuevo parpadear, Kido ocultó su presencia junto a la de sus amigos y a los recién conocidos, no debían ser vistos para evitar preguntas exageradas y hasta interrogatorios para comprobar si esa catástrofe era culpa de ellos. Todo a tiempo, pues una patrulla ya se habría devuelto al notarlos anteriormente.

—Qué extraño, juro haber visto a personas…

—Estás loco, ¿seguro que no bebiste antes?

Y el grupo de jóvenes pasaba por el frente de ellos como si nada pasara con un rumbo al hospital.


Enomoto Takane despertó por las 16:00 de la tarde en una sala blanca. Por un momento pensó que la capturaron nuevamente y ahora estaba en el laboratorio otra vez, pero se dio cuenta que por la aliviada cara de una enfermera que ya estaba bastante lejos de lo que se llamaba terror.

— ¿Te sientes mejor, querida? —preguntó la mujer con una pequeña sonrisa mientras se acercaba a examinar la botella de suero que le insertaban, Takane se alejó levemente por un auto impulso—Tranquila, no te haré nada malo.

Quiso sonreír al recordar que ya había cumplido ese anhelado objetivo, también quiso saltar de emoción y abrazar a Haruka como nunca antes se atrevió, decirle entre risas que por fin eran libres luego de un año de sufrimiento, hasta confesarle esa horda de sentimientos que sentía por él.

Un balde de agua fría cayó encima en forma de imágenes, esa sonrisa y esas balas incrustándose en el cuerpo del chico sin compasión alguna.

Haruka estaba muerto y ella no.

— ¿Cuánto tiempo he estado aquí?— susurró directamente dejando que la enfermera moviera ligeramente el suero para que las gotas siguieran cayendo como normalmente debían. Alejó con dificultad y desgano las escenas de su escape, esas que desgarraron todo lo que llamaba corazón metafórico y devoraron su sonrisa.

—Un par de horas solamente—respondió con amabilidad la enfermera alejándose siempre con una pequeña sonrisa, de esas que con tan solo verlas daban ganas de imitarlas. Bueno, ella no. — ¡Sí hubieras visto en el estado en que llegaste! Estabas tan pálida como un papel y que decir con tu peso…, las dietas a tu edad no son buenas, jovencita.

"Dietas… Humm, ¿estar encerrada por más de 9 meses con una alimentación precaria es estar a dieta?" Pensó Takane soltando un silencioso gruñido.

Lo que fuera que pasara, ella ya no podía seguir acostada en ese hospital, aún el peligro corría a cierto grado y era mejor no arriesgarse.

—Disculpe, ¿podría traerme un vaso de agua?—forzó de sobre manera su rostro para lograr una expresión que se considerara agradable y sin creerse ni ella, la mujer ya se había tragado esa tan mala actuación.

— ¡Claro!

Vio como la enfermera se alejó para poder levantarse solo usando esa nueva bata blanca y sacando de un tirón las agujas que estaban en sus brazos.


— ¿Cómo están? ¿No les paso nada grave? —preguntó Momo soltando todos sus nervios ante el médico, quien parecía estar algo aliviado y a la vez sorprendido por tantos ojos mirándolo a la vez exigiéndole respuesta en esa sala de espera.

—Están mucho mejor de cuando llegaron—habló el hombre a lo que carraspeó para proseguir, sin antes revisar el nombre de sus recientes pacientes— Kisaragi Shintaro tan solo tenía una ligera fiebre que junto a un shock le hizo una mala jugada.

—Típico de él—murmuró bastante apenada Momo

—Aunque su fiebre bajó, creo que deberá seguir en observación… Sobre Kido Tsubomi, ya descartamos un posible Traumatismo Encéfalo Craneano, pero tal como Kisaragi no podrá marcharse tan pronto hasta que comprobemos que no habrá ninguna secuela a grado cerebral.

—Le agradecemos demasiado, señor—dijo ahora Seto con una pequeña reverencia que el resto siguió.

Suspiraron al mismo tiempo cuando vieron al médico marcharse a atender a otro paciente, algo apurado, la sala estaba llena de personas con distintos síntomas y accidentes. Nunca antes la sala había estado tan llena y eso se delataba en los rostros angustiados del personal.

Lo más extraño era que nadie exclamaba o decía algo respecto a los "Zombies" que antes habían visto, como si no lo supieran aún o ¿habrían detenido esa infección? Quedaban muchas dudas y luego de presenciar todo aquello, bajar la guardia era lo último que necesitaban.

—Así que Momo, ¿cierto? —dijo Kano con rastros de ese tono risueño que tenía, la chica asintió— ¿Por qué estabas tan sorprendida al ver a tu hermano?

¿Responder o no? Eran desconocidos… Desconocidos que salvaron tanto su vida como la de su hermano.

—Él… no había salido de casa durante dos años y bueno…, verlo con ropa normal y fuera de su cuarto fue algo que me impactó realmente—dijo Momo mientras que jugaba con sus dedos.

— ¿Por dos años? Vaya, eso es bastante— y la seriedad del rubio no salía a luz, parecía interesado por esa historia de encierro— ¿Alguna razón?

—Kano, eso ya es personal, no creo que sea correcto preguntar más allá de eso—intervino el alto chico a lo que el otro hizo una mueca infantil.

Kisaragi Momo respiró nuevamente, pues a pesar de lo normal de la apariencia de ambos chicos ocultaban varios enigmas que con tan solo observarlos no bastaban para revelar. Problemáticos o no, la habían salvado a ella y su hermano, eso ya mostraba la calidad de personas que eran.

Ignorando todo tomó su celular para llamar a su hogar para advertir la situación a su madre, pues mucho debían esperar al parecer pero… ¿por qué Seto y Kano se levantaban? ¿Por qué se dirigían al cuarto donde su hermano y Kido se hallaban? No estaba permitido aún y bueno, ella estaba haciendo lo mismo que ellos.

—Seto-san, Kano-san, ¿qué ocurre?

—Tenemos que marcharnos antes que esto sea un desastre también.


Vistiendo tan solo ese traje blanco, Takane se hizo paso por los pasillos repletos del hospital, escuchando quejas de la gente que exigía ser atendida antes o rogaba ayuda. Era gracioso de oír como se pisaban unos a otros verbalmente.

En un segundo, entre la gente, le pareció haber visto algo nostálgico: La imagen de un amigo de su época escolar, antes de que se uniera al grupo Anti-Daze. Un mocoso engreído con una actitud basura, o bueno, esas habían sido sus primeras palabras al respecto de él, pero admitía que fue una persona importante, un verdadero amigo con el cual se podía contar.

—Kisaragi.

Y desapareció en la multitud.

Quizá lo había confundido con alguien más, su visión le jugaba una mala pasada después de todo y vaya, sí que no le extrañaba de nada a esta alturas.

El camino le pareció bastante extraño, mucho había cambiado desde la última vez que paseo por las calles de la ciudad. No recordaba haber visto una nueva máquina expendedora o ese nuevo edificio lleno de tiendas a la que los adolescentes asistían.

Y allí se encontraba otra vez, en la acogedora y nostálgica casa de su abuela. Todo seguía igual, por lo que era de suponer que su propia abuela se había visto involucrada en los asuntos de su hijo y Takane convirtiéndose así en una víctima más. Injusto, sí, pero se sumaba a las razones para odiar al Kagerou Daze.

Sin mostrar ninguna expresión cerró los ojos buscando agudizar su oído; Silencio y un constante "bip" cerca de la televisión. Ellos ya sabían que estaba en el lugar, pero Takane estaba un paso más adelante a esas alturas.

Buscó un bolso, se cambió los ropajes blancos por su usual traje que en batallas habría sido su fiel compañero y claro, sus audífonos de casco alrededor de su cuello eran infaltables .Colocó esa vieja foto de su abuela con cuidado y algunos papeles importantes también para proceder a sentarse en el sofá con bastante pereza.

Prendió la televisión.

—Los espero—dijo lo más fuerte posible colocándose los audífonos y terminando por recostarse en el sofá tal larga era—, ilusos.

Cerró los ojos un momento mientras que la espera se hacía larga y las razones por las cuáles vivía empezaban a mostrarse nuevamente… La razón de por qué había entrado a la resistencia: Kokonose Haruka.

Ambos hijos de grandes agentes de un grupo anónimo que investigaba experimentos, esos que atentaban el peligro de la humanidad por lo que sus encuentros eran varios. A pesar de las distintas personalidades que poseían se habían convertido en grandes amigos y compañeros, que al seguir el legado de sus padres y poseer habilidades adquiridas por la práctica se unieron a la resistencia.

Bromas, travesuras, discusiones y buenos ratos siempre se pasaban entre él, ella y ese profesor que parecía tener un grado de madurez más bajo que ellos, teniendo Takane 16 años en esa época. Quién lo diría, ese chico se encargó de romper la capa de indiferencia que tuvo alguna vez, pues tan solo con una palabra que sus labios le dedicaran ya alborotaban sus palpitaciones y su respuesta era lo contrario que su mente tenía planeado decir.

Haruka era demasiado puro; Lo odiaba pero amaba a la vez-

Ella no quería que él se involucrara más, temía por su seguridad, pero pasó lo que tenía que pasar: Los atraparon del Kagerou Daze, experimentaron con ellos y peor, mataron a su querido Haruka.

—Ella debe estar aquí—gritaron cerca de la puerta para empezar a forcejearla. Takane solo se levantó, camino hacia la habitación de su abuela y abrió la ventana sin hacer demasiado ruido para pasarse por ella al jardín trasero y marcharse del lugar.

La televisión empezó a parpadear colores rojos y oscuros, emanar un ruido que ensordecía para luego estallar con un poder que destruía todo lo que llamó hogar.

Y la explosión a su espalda fue lo último que escucho antes de volver a su música. La casa de una rebelde fugitiva estaba llena de sorpresas.


Shintaro despertó nuevamente, tranquilo y sin apuro debido que el calor de una cama le hizo pensar que todo había sido un sueño largo y real, la sorpresa le sería enorme al ver unos ojos rosas observándolo desde detrás de un sofá.

Una chica.

No, agreguémosle: Una chica en su cuarto.

¿Estaba soñando? ¿De verdad la suerte le había llegado tal como a muchos protagonistas de Manga?

Se enderezó, su nariz percibió un leve olor a tostadas que enseguida hizo rugir su estómago con tal fuerza que sonó tal como una bestia. Rojo de la vergüenza y bueno, confusión, trató de sonreír a la pequeña chica de cabello blanco tal como el algodón.

— ¿Qué…—intentó decir pero la chica se levantó y huyó por la puerta junto a un gritillo nervioso. —ha pasado…?

Esperen… ¿desde cuándo su cuarto tenía las paredes azules? ¿Las sábanas eran burdeos? ¿Cómo apareció una enorme ventana?

Lo peor de todo, lo que cegó toda cordura de sí mismo…

— ¿¡MI COMPUTADORA!? —gritó Shintaro exasperado como nunca lo había estado revisando todo el lugar—Mamá, ella no hizo nada… ¡Solo era una simple computadora inocente, no era para que la quitaras! —Sus ojos se llenaron de lágrimas al imaginarse el simple hecho de que madre la hubiera asesinado gustosa— Mis datos…, todo lo he perdido… ¡Nooooo!

Alguien carraspeó.

—Maestro, ¿acaso no le importo? —ese tono de tristeza exagerada con una pizca de sarcasmo y deseo de hacerle sentir culpa llegó a sus oídos, era su dolor de cabeza favorito.

— ¡Ene! —exclamó para ver su celular en manos de su hermana.

Ahora lo recordó: El distrito comercial, ese chico rubio de nombre Kano, zombies, casi muerte, ese chico casi muere, su hermana junto a un grupo de personas llegaron y para finalizar en un desmayo de su parte… ¡Un día digno de olvidar!

En serio, estaba considerando golpear su cabeza para olvidarlo.

Primera vez que sale de su casa en dos años, invasión zombie. Era una señal divina, si salía otra vez… ¿Tercera guerra mundial, acaso?

Alzó la mirada desviando los pensamientos anteriores vio a los extraños chicos. El alto vestido de verde, detrás del anterior la pequeña de antes, Kano, la chica de capucha, su hermana y Ene… Con sus ojos indicó que nada sabia y muchas eran las respuestas.


Tsubomi Kido miró a Shintaro con esa mirada que muchos decían que intimidaba pero no lo podía evitar, luego de que ese chico se humillara tanto por buscar su computadora llegando al punto de ser eso más importante que la situación actual era algo… peculiar.

—Ella es nuestra líder, Tsubomi Kido, miembro número uno—hablaba el idiota sonriente señalándola a ella—.Que su mirada no te engañe, en realidad es una dulzu—el puño de Kido llegó casualmente a la cabeza de Kano.

— Les agradezco mucho todo esto, pero…

—Él que parece una rana enorme es Kousuke Seto, miembro dos y quien te llevó como una princesa hasta aquí—seguía Kano, alzó su mano en saludo amigablemente mientras que Shintaro se escondía de vergüenza bajo las sábanas—, la pequeña y esponjosa, Kozakura Mary, miembro 4.

Kido empezó a razonar ese juego de presentación que el rubio hacía, pues estaba dando tantos datos que ya la privacidad y el agente "secreto" se estaban yendo al retrete… Kano, el idiota estaba…

— Las más recientes miembros, Kisaragi Momo, la miembro 5 y Ene, la número 6. —Shintaro soltó un sonoro "¿Eh?" — Por último y no menos importante, Shuuya Kano, miembro número 3.

—Kano—dijo Kido, su mirada era más amenazante de lo usual.

—Somos un grupo cuyas actividades pueden ser denominadas como terroristas, tenemos información del gobierno que no deberíamos y somos presa constante de eliminación por empresas clandestinas de farmacéuticos—decía el rubio hablando sin cesar, la expresión del chico de cabello azabache se ponía cada vez más pálida del terror—Te preguntaras el porqué nos persiguen y eso es bastante simple, hemos sido conejillos de indias en experimentos ilega… ¡Kido, con la Katana no, por favor!

Kido enfundó nuevamente su fiel espada que Dios sabe en qué momento la sacó y con seriedad se dirigió a Shintaro, su aura oscura aumentaba cada vez más.

—Ya que descubriste nuestro secreto no podemos dejar que te vayas—sonrió Kano con una inocencia espeluznante mientras que se acariciaba un moretón que en su mejilla había quedado.

—De verdad lamento esto pero…—habló la líder—, ahora eres el miembro número 7 del Mekakushi-dan y no tienes derecho a negarte — Kido lo señaló con su arma cuya funda acarició su cuello peligrosamente— pues sabemos esconder un cuerpo y tus gritos no serán escuchados jamás.

Sí, Kano había ocupado el mismo método que utilizo para introducir -Engañar- a Momo al grupo…

Mataría al idiota, quizás no ahora, tampoco mañana, pero llegaría el día.


Shintaro tragó saliva.

Su alma se fue volando, lejos, muy lejos.

Era un ruin chantaje, cruel y bastante poderoso, demasiado para un chico de 18 años.

— ¿No es genial, maestro? —le dijo Ene con ese tono tan entusiasta suyo.

¿Cómo le diría a su madre que junto a su hermana se había unido a un grupo terrorista llamado Mekakushi-dan y qué una plaga salvaje de zombies atacaba la ciudad y él seguía acostado como si pudiera relajarse?

Un punto sin retorno.

Un Hikikomori, una Idol, un virus y un grupo de extraños frente a una invasión zombie.

¿Qué le esperaba mañana?


Fin del capítulo