Capítulo VII
Los preparativos para la coronación transcurrieron sin demasiados problemas, por suerte para Link no tuvo que ocuparse en demasía de organizar la seguridad del evento, pero Zelda le pidió que le acompañase en el baile de honor que se celebraría tras el acto simbólico en que juraría su cargo y sería coronada. En un primer momento estuvo tentado de declinar amablemente la oferta aunque se sintiese halagado, alegando que temía dejarla en ridículo al no ser una pareja de baile adecuada, no obstante Zelda insistió e incluso se ofreció en repasar con él los pasos básicos para que el día del baile no desentonase demasiado. Con alivio recordó que hizo bien en traer la armadura que compró en el Lalomercado en su equipaje, pues le parecía un atuendo lo bastante elegante y sobrio como para asistir a tal acontecimiento.
Entretanto, se entretuvo en acompañar a Maripola, a la que hacía tiempo que no visitaba, Zelda también accedió a tomar el té con la princesa de los insectos, cosa que ilusionó mucho a la pequeña que pudo tratarla de igual a igual, pues ostentaba el cargo de "princesa de los insectos" que ella misma había decidido llevar con gran orgullo. La futura reina de Hyrule pudo abandonar momentáneamente el trajín de palacio y sus trámites y centrarse en una visita de cortesía acompañada por Link en la que conocieron el pasado de la chica, que intrigaba especialmente al héroe. Al parecer, su padre se había dedicado al estudio de las diversas razas de Hyrule de dónde había desarrollado como afición el gran amor por los insectos que transmitió a su hija, durante una búsqueda de insectos en una zona boscosa y montañosa del sur de Hyrule desapareció para no volver, mientras que su madre murió al poco de nacer ella a causa de unas fiebres. De modo que había crecido en parte sola, había tenido que hacerse a sí misma, realmente en ocasiones bajo aquel aspecto infantil y dulce podía intuirse traslucir una madurez y una perspicacia bastante notorias. Tras la tarde de recuerdos y confidencias Zelda invitó a la princesa de los insectos a la coronación o a tomar el té en el castillo como compensación a su hospitalidad, comentando que en los jardines de palacio encontraría algún que otro insecto que quizá quisiera añadir a su colección.
Por su parte, Maripola se sintió algo cohibida y pidió tiempo para meditar sobre el ofrecimiento mostrando un destello de ilusión en sus vivarachos ojos. Seguidamente manifestó que algunos de sus bichitos habían escapado y pidió a Link ayuda para recuperarlos. El héroe decidió emprender la búsqueda cuanto antes aprovechando para alejarse de la atmósfera asfixiante que rodeaba el castillo. Decidió comenzar por el puente de Hylia para no desviarse demasiado, tal vez los áureos insectos hubiesen vuelto al lugar en que se encontraban cómodos y si su memoria no le fallaba allí debían ocultarse un par de mantis. Bordeando las esquinas del puente con cuidado para sortear el desfiladero se encaramó al saliente de una roca al percibir una rutilante mota lejana, en su afán por cazarla vulneró la ley de mantener siempre tres puntos de apoyo durante la escalada y se precipitó al vacío, teniendo que recurrir a las zarpas para volver al lugar en que había iniciado su periplo. Perdió de vista aquello que buscaba pero el hallazgo que realizó compensó con creces la caída y el sobresalto.
En aquel promontorio de rocas apiñadas justo a la entrada del puente encontró el casco de Midna, la legendaria sombra fundida cubierta por una capa de polvo, herrumbre y verdina, por lo demás, estaba en perfecto estado salvo por la voluta derecha que había parecido esfumarse. Fue el punto por el que Ganondorf apretó la reliquia hasta casi reducirla a polvo por lo que obviamente dicha parte se habría perdido. Sacudió la cabeza, satisfecho con el resultado de los acontecimientos y empleó su propio gorro para guardar la sombra fundida y protegerla antes de volver a tierra firma, temiendo que la precaria superficie sobre la que se apoyaba terminase de ceder. La sombra fundida al ser desmembrada parcialmente por Ganondorf cayó a la enorme planicie contigua al puente de Hylia con lo que muy probablemente las huestes demoníacas de las que se sirvió para hostigarle a él y a Zelda durante la batalla ecuestre terminasen por arrojarla al vacío, era ciertamente casi un milagro que no hubiese caído por el desfiladero.
Al regresar al castillo contactó con Zelda quien se mostró muy aliviada con el descubrimiento y optó por guardarla y custodiarla en una sala cercana a las mazmorras, en los sótanos del castillo, donde la presencia de los guardias era más intensa, aunque sin dar detalles de lo que en ella se contenía, esperando el momento oportuno para revelarlo y solicitar la opinión de Shad.
La coronación se celebró en la sala del trono, en lo más alto de la torre del homenaje, la alfombra había sido retirada para que el espacio fuese aprovechado al máximo, la columnata coronada por una intrincada serie de guirnaldas de flores y borlones, el monumento en homenaje a las diosas sobre el majestuoso trono se había restaurado y blanqueado a conciencia. Desde un puesto discreto junto a los cortinajes acompañado por Pericleo y otros miembros de la Resistencia Link observó atentamente la ceremonia, el impecable discurso de Zelda en el que prometía proteger el reino y guiarlo hacia una época próspera recordando con una emoción que no llegó a empañar sus ojos ni su voz a su padre, seguidamente le fue colocada la tiara dorada con amatistas, el manto de armiño y se le entregó el cetro real. Una vez hechas las salvas y vítores el conjunto de invitados descendió hacia el salón central en el que comenzaría el baile. Zelda había escogido un vestido en tonos granates cuyo vuelo se abría hacia los muslos formando una pequeña cola, con mangas holgadas, escote que dejaba libres sus hombros bajo el manto de armiño y bordados dorados en las orillas y un elaborado recogido que sostenía su tiara, dejando sólo los mechones delanteros cayendo sobre sus hombros en sendos tirabuzones. Link desconocía si la elección del atuendo había sido casual pero lo cierto es que ambos parecían haber conjuntado sus vestimentas.
Al llegar al salón de baile, el cuarteto de cuerda estaba dispuesto y comenzó a entonar una agradable pieza de ritmo lento. Link condujo a Zelda, de su brazo, al centro de la sala y besó su mano con una cortés reverencia antes de asir cuidadosamente su cintura y entrelazar su mano con la de la reina para posteriormente iniciar el baile.
-Al…-carraspeó interrumpiéndose, tuvo que corregirse antes de brindarle un tratamiento inadecuado-Majestad, he de admitir que estáis verdaderamente radiante.
-A vos también os sienta muy bien la armadura de gala, Link. -Sonrió con sinceridad ante el halago, siguiendo sus pasos.
La pareja llenaba el enorme espacio de las baldosas de mármol sin necesidad de demasiado lucimiento, Zelda se movía de manera grácil y elegante, guiada por el paso firme de Link, aunque todos los ojos estaban pendientes de ambos lo cierto es que parecían estar ajenos a dicha expectación, dejándose llevar por la música y disfrutando de poder al fin enfrentarse a algo que de una forma u otra habían estado esperando con cierto temor y una enorme presión ante la expectativa de fracasar.
-Os dije que seríais un gran bailarín, al fin y al cabo quienes hacen gala de movimientos rítmicos en el campo de batalla mantienen dicho don en lo referente a la música-Rió Zelda, sorprendida ante la seguridad de Link-En los ensayos estabais mucho más tenso.
-Gracias, Majestad-El héroe respondió tras unos segundos esbozando una sonrisa que duró poco-Creo que más de uno desearía estar en mi puesto o bien esas miradas penetrantes lo que muestran sea admiración hacia vos.-Aprovechando uno de los giros del baile señaló sutilmente con la barbilla a un grupo de soldados de alto rango y nobles tras ellos que contemplaba la escena con una mezcla de envidia, severidad e incredulidad.
-Si me acompañaseis y ayudaseis a evitarles al menos durante el baile os estaría eternamente agradecida.-Zelda estrechó la distancia que les separaba para susurrar en su oído.
Los rumores acerca de la relación que unía a la reina con el héroe se habían extendido enormemente y Zelda no parecía dispuesta a acallarlos, de hecho, casi podría decirse que disfrutase con dicha incertidumbre creada en torno a su persona y se escudaba en la misma evitando el cortejo de ciertos prohombres a los que las camarillas de palacio encumbraban como posibles pretendientes para ella. Por su parte, Link también parecía gozar de dicha posición aunque no supiese exactamente cómo podía afectarle, pero entre los altos mandos del ejército era respetado casi como si se tratase de uno más. Más allá de todo aquello Zelda le había escogido como pareja para agradecerle su dedicación al reino y como un modo simbólico de afirmar su compromiso, demostrando que Link había hecho más por salvarlo y protegerlo que algunos de los bravucones oficiales que se jactaban de valentía sin haber ejecutado actos que apoyasen sus palabras.
La pieza más lenta terminó y los bailarines se separaron ejecutando sendas reverencias para así recibir un efusivo aplauso, enseguida el cuarteto se decantó por una tonada más alegre, de ritmo más animado y un sinfín de variopintas parejas inundó la pista de baile. Link y Zelda iniciaron su baile, la reina se sujetaba el vuelo de la falda mientras con la mano libre aferraba la de su pareja cada vez que los cruces de los pasos lo exigía. La segunda pieza finalizó, quizá antes de lo que Link y la reina hubieran supuesto dada su cadencia. En aquel preciso instante las puertas se abrieron y la atención se centró en quien las había atravesado.
Link pudo notar cómo su corazón dio un vuelco al reconocer aquella melena flamígera que había ocupado sus pensamientos durante aquellas semanas. Sin darse cuenta la mano de Zelda se escurrió entre las suyas, balbuceó una disculpa argumentando que era una falta de protocolo bailar más de dos piezas con la misma pareja y dilucidó si acercarse a la princesa del crepúsculo o encaminar disimuladamente sus trémulos pasos hacia ella.
Ante el silencio y el estupor general, la reina de Hyrule se volvió hacia los músicos realizando un gesto con la mano para indicarles que siguieran tocando, Link se apartó para no entorpecer el camino de los bailarines en la pista y se quedó varios pasos justo detrás de Zelda, a la espera de lo que esta decidiera. Desconocía si la princesa del Crepúsculo había sido invitada y obviamente no creyó posible que pudiera regresar al mundo de la luz sin el espejo que ella misma había destrozado, de ahí la reacción de la concurrencia. No obstante, los ropajes de Midna no denotaban haberse preparado para la ocasión, pero su llegada había sido bastante oportuna. La reina de Hyrule se acercó a la joven Twili invitándola a buscar un lugar apartado entre los cortinajes que decoraban el salón para recibirla como era debido, pese a las extraordinarias circunstancias y saber, al menos superficialmente, el motivo de su llegada.
-Midna, ciertamente tenéis el don de la oportunidad.-Comentó jovial, sin ocultar su sorpresa-De haber sabido que podíais regresar a Hyrule no habría dudado en invitaros, pero lo cierto es que tampoco habría sabido cómo contactar con vos, pero…-suspiró, tirando del vuelo de su vestido para ajustarlo y que no le entorpeciera al caminar-En cualquier caso, sois bienvenida. Me alegra veros, después de todo.
-Ruego me disculpéis por mi repentina visita-echó un rápido vistazo por encima del hombro para asegurarse de que no había nadie lo suficientemente cerca como para oír aquella conversación-De haberlo sabido, no me habría presentado ante vos en un momento tan memorable como este, pero el destino es caprichoso y ha querido que así fuera.
-No tenéis por qué excusaros, Midna, parece que las diosas han querido que sea así nuestro reencuentro después de vuestra repentina marcha.-comentó la Hyliana negando con la cabeza y realizando un leve gesto con la mano para restarle importancia e incomodidad a la situación, de una sutil mirada de soslayo pudo advertir el hatillo que portaba su interlocutora con lo que dedujo que su propósito en un principio era bien distinto-Intuyo que tenéis mucho de lo que hablarme, al menos en mi caso es cierto, quisiera comentar con vos algunos asuntos al respecto que vuestra partida dejó sin posibilidad de tratar.-Suspiró, en parte abrumada-Si así lo estimáis oportuno puedo ofreceros alojamiento en el castillo durante el tiempo que sea necesario, sólo espero que algunos invitados al baile de hoy no abusen de mi hospitalidad en demasía-añadió susurrando levemente para luego soltar una leve risita-Aunque podéis estar tranquila, con vos será diferente, no es molestia en absoluto. De hecho, no seríais la primera huésped que acojo con gusto.-Cruzándose de brazos señaló con la barbilla disimuladamente a Link, el héroe se hallaba junto a una de las mesas repletas de canapés manteniendo una trivial conversación en un corrillo de soldados y oficiales- Así que, ¿qué me decís? ¿aceptáis?
-Agradezco vuestra deferencia hacia mi persona-dudó unos segundos sobre si aceptar o no aquella invitación. No quería abusar de la cortesía de la ya Reina, pero aquella, haciendo gala de su sempiterna sabiduría, tenía razón. Había muchas cosas sobre las que debían departir con calma y aquel no era el momento ni el lugar adecuados-Será un placer para mí pasar unos días en Hyrule aprovechando que, indudablemente, hay asuntos de gran enjundia de los que debemos conversar con calma -decidió obviar el tema de que no se trataba de la única invitada a la que acogería en aquel momento en su Castillo- Mas creo que ahora debería dejaros disfrutar de vuestro momento-echó un rápido vistazo al engalanado salón-Por lo que quisiera retirarme ya, a ser posible, del modo más discreto.
-Por supuesto, como gustéis.-Zelda asintió y se tomó unos segundos para contemplar la estancia tratando de dilucidar su distribución original tras los cortinajes y guirnaldas-Aquella puerta comunica con la escalinata del piso superior-señaló un portón de madera a su derecha-Hay sirvientes apostados tras ella, en cuanto os reconozcan no tendrán reparos en dejaros pasar, no obstante, si pusieran algún impedimento, comunicadles que he dado mi visto bueno para que os preparen una habitación. Supongo que estaréis fatigada a causa del viaje, así que podréis tomar un baño o cualquier cosa que necesitéis. Nos veremos mañana entonces, Midna.-Realizó una pequeña reverencia-Espero que todo sea de vuestro agrado.
La Twili no consideró oportuno añadir nada más por lo que con una inclinación de cabeza se escabulló entre los guardias y los borlones de las cortinas buscando el portón que Zelda le había indicado. Los soldados la dejaron pasar cuadrándose a su paso y una sirvienta la guió hasta sus aposentos indicándole todo lo necesario sobre la distribución del castillo en una perorata que sin duda había memorizado a conciencia para recitar ante cualquier invitado que reclamase retirarse cuando los efectos de la fiesta comenzasen a hacer estragos entre ellos. Midna agradeció las atenciones y dejó su improvisado equipaje en el suelo de la habitación buscando el baño, la reina de Hyrule tenía razón, le vendría bien descansar y aclarar sus ideas.
No sabía lo que Zelda tendría pensado comunicarle pero le intrigaba, aún así, deseaba ser cauta y esperar antes de mostrar ella misma todas sus cartas ante la soberana de Hyrule. Confiaba en su buen hacer pero intuía que en la corte podría haber detractores de la idea de comunicar de nuevo ambos mundos, al igual que sucedía en el Crepúsculo, de modo que decidió esperar al desarrollo de la conversación que tendría lugar al día siguiente. En el fondo se sentía aliviada de haber podido abandonar aquel baile en el que su llamativa presencia habría levantado sospechas y miradas indiscretas, se alegraba de tener una excusa y sabía que la reina hablaría en su nombre justificándola adecuadamente.
Ajena al jolgorio de la celebración pensó en el héroe, ¿por qué sintió una punzada al verle bailando junto a Zelda? Tal vez pensó que su reencuentro sería muy diferente y percatarse de que la había sustituido de tal forma le hacía sentirse dolida, aunque en el fondo lo comprendía. Se marchó de manera precipitada, ambos eran de mundos completamente distintos, él un héroe bendecido por las diosas, un ser de luz y ella no podría vivir en el mundo de la luz de la misma forma que él, quizá por eso actuó de aquella forma aunque en un primer momento se arrepintiese de su impulsiva acción. Las cosas habían cambiado y aunque sabía que no podía censurar su acción seguía sintiéndose rabiosa, ofendida. Con él también tendría una conversación de una forma u otra aunque intentase retrasar al máximo el momento en que se produjera. Pensó en todo lo que podría decirle y concluyó que había sido lo más sensato hacer caso a la reina de Hyrule, casi todas las palabras que resonaban en su mente ante un posible acercamiento con Link eran hirientes y nacían de aquellos sentimientos que la dominaban en aquel instante, el espectáculo que podría haber ofrecido en el salón sin duda habría sido bastante desagradable.
Una vez el baño consiguió aplacar su ánimo se deslizó entre las sábanas esperando que el cansancio del viaje le permitiese conciliar el sueño adecuadamente, alejándole de todas las suposiciones y elucubraciones que su mente no dejaba de elaborar.
